Categoría: Desmontando los mitos de la propaganda occidental

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (y 4)

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FRANK DIKÖTTER, EL PENÚLTIMO FARSANTE DE LOS “MILLONES DE MUERTOS”

Si los autores mencionados por Joseph Ball en las entradas anteriores (Becker, Chang, Halliday, Aird, Coale, Banister, más los que publicaron la superchería panfletaria llamada “Hambruna en China”) proponían una visión apocalíptica de la China de Mao, donde millones de personas morían de inanición gracias a un malévolo plan llevado a cabo por el líder comunista chino, en los últimos años se ha sumado al “revival” de los “millones de muertos” Frank Dikötter, un historiador holandés radicado en Hong-Kong, especialista en la “China moderna” y nuevo referente del ultraconservadurismo anticomunista con su libro La Gran Hambruna en la China de Mao.

En realidad, Dikötter no aporta nada nuevo que ya se supiera con anterioridad en la literatura de los “millones de muertos de Mao”. Si acaso, utiliza un sesgo aún mayor que los autores antes citados, simplificando y tergiversando a conveniencia sobre el período del Gran Salto Adelante. Dikötter, hay que decirlo, es un entusiasta del período de 1912 a 1949, es decir, antes de la llegada de los comunistas chinos al poder donde, según Dikötter, había en China una suerte de idílica “democracia” precapitalista en la que reinaba la “libertad” económica y política.

Sin embargo, el tan celebrado período “pre-maoista” de Dikötter es uno de los más infaustos y sangrientos de China en todo el siglo XX. Citemos como ejemplo el año 1927, cuando los trabajadores chinos (algunos de ellos pertenecientes al Partido Comunista) intentaron organizar sindicatos y negociar condiciones de trabajo con mejores salarios y el dictador Chiang Kai-Chek ordenó a su ejército que los matara. El resultado más conocido de esta represión fue la masacre de Shanghai, de 12 de abril de 1927, que dio comenzó a la Guerra Civil entre el Partido Comunista de China y la dictadura nacionalista de Chiang, guerra que no terminaría hasta 1949.

Incluso después de que Chiang Kai-Chek perdiera la larga Guerra Civil ante los comunistas chinos en 1949, Chek siguió siendo un presidente nunca elegido de la isla llamada Taiwán. De hecho, declaró la ley marcial en Taiwán el 20 de mayo de 1949 y gobernó con puño de hierro hasta su muerte en 1975. La ley marcial permanecería vigente hasta el 14 de julio de 1987 y Taiwán no celebraría su primera elección presidencial democrática hasta 1990. Entre 1949 y 1990, Taiwán fue un estado autoritario respaldado por EEUU y sus aliados europeos, alianza estratégica que continúa en la actualidad.

Los hechos descritos por Joseph Ball y otros autores desmienten completamente las invenciones de Dikötter y el resto de propagandistas de las “hambrunas masivas” en China, e incluso la misma Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos en un informe decía “En 1949, la esperanza de vida en China era de solo 36 años. A principios de la década de 1980, aumentó a 68 años. Este aumento en la esperanza de vida se atribuye principalmente a la mejora de la nutrición y la disminución de la mortalidad debido a la decrecimiento de las enfermedades infecciosas”.

Desde 1949, la situación de salud pública en China mejoró enormemente, es decir, después de que el Partido Comunista Chino se hiciera con el poder. Para 1949, la población de China era de 541,6 millones de personas. Cuando Mao murió, el número de habitantes de China había llegado a 930,7 millones de personas, un aumento de casi 400 millones de personas. Este incremento hubiera sido imposible de haberse producido la tan aludida hambruna.

Uno de los “argumentos” recurrentes de los divulgadores anticomunistas es recurrir a citas inexistentes o manipuladas de los líderes comunistas y darles veracidad histórica. Pero, como ha ocurrido más de una vez, este tipo de argucias solo surte efecto entre los más crédulos, en los desinformados o en esa ultraderecha cuya retórica está siempre inflamada con el argumento repetitivo de la “maldad comunista”. Una cita conocida que se puede encontrar en la obra de Dikötter (que también utilizaron Chang y Halliday), La Gran Hambruna en la China de Mao, y que se atribuye falsamente a Mao, es la siguiente: “Cuando no hay suficiente para comer, la gente se muere de hambre. Es mejor dejar que la mitad de la gente muera para que la otra mitad pueda comer hasta saciarse”. La realidad de la cita es otra muy diferente: una revisión de los archivos chinos reveló que la “gente” que “moriría de hambre”….no eran personas en absoluto, sino que Mao se refería a grandes proyectos industriales. La cita había sido tomada de una transcripción de una reunión donde Mao habló de reducir a la mitad el número de empresas. Este es el “nivel” de tendenciosidad de “expertos” en China como Dikötter.

Dikötter afirma, entre otras cosas, que si Mao hubiera mantenido el crecimiento demográfico que había logrado en 1953, la población habría aumentado en veintisiete millones de personas en 1961 y atribuye esta diferencia a las muertes por culpa de la hambruna. Pero el demógrafo de la Universidad de Chicago, Ping-Ti Ho, señaló que las cifras de 1953 no proceden en absoluto de un censo, sino de estimaciones provinciales que muestran un muy dudoso aumento de la población del 30% entre 1947 y 1953 -un período de guerra, hambruna e intensa lucha revolucionaria-, lo que sugiere que las veintisiete millones de personas “desaparecidas” probablemente nunca existieron.

Las afirmaciones de decenas de millones de muertes por hambruna se basan, según sugiere el historiador británico, especialista en la China antigua, Gwydion Madawc Williams, en “comparar a Mao con Mao para condenar a Mao”, obviando hechos cruciales como que la población china estaba mejor en 1961 que en los 100 años anteriores, así como el hecho de que la esperanza de vida era de 56 años (en 1949 era, como se ha señalado antes, de 36 años).

Frank Dikötter y otros sobresalientes charlatanes de los millones de muertos no nos hablan del éxodo de trabajadores que se trasladaban a las ciudades, omiten que la caída de la tasa de natalidad se debe a que las mujeres se unieron a la fuerza laboral, no tienen en cuenta la retirada de la ayuda por parte de la URSS a China en 1960, realizan traducciones mal hechas de citas de Mao o ponen imágenes de hambrunas de épocas anteriores (como ha sucedido con el llamado “Holodomor”) y, finalmente, cómo no, tienen que culpar a Mao por la hambruna.

Los historiadores que narran las supuestas “hambrunas de Mao” han difundido falsas evidencias históricas distorsionando la verdad para estar únicamente al servicio de un relato cuya matriz descansa en el ideario del anticomunismo. Es decir, directamente no respaldan muchas de las afirmaciones que realizan en sus escritos, como ya advirtió Joseph Ball en las entradas anteriores, y las fuentes que utilizan las usan al azar y descontextualizadas.

El libro de Dikötter, La Gran Hambruna en la China de Mao, es poco más que una colección de anécdotas de “atrocidades comunistas”, algo que ya habían puesto de manifiesto a lo largo de los últimos años otros autores con leyendas anticomunistas similares, como el celebrado y disparatado manual de propaganda de la CIA, El Libro Negro del Comunismo, u otros que se nutren del fundamentalismo ideológico de la extrema derecha (ej. Anne Applebaum). La realidad es que no hay absolutamente ninguna prueba de que las atrocidades que describe Dikötter (si fueran ciertas), hubiesen sido ordenadas desde la cúpula del Partido Comunista chino. Al contrario, si las hubo, fueron a menudo descubiertas por equipos de investigación enviados por las autoridades centrales de Pekín. La imagen (ya suprimida) de la primera edición del libro de Dikötter, con un niño hambriento es de una hambruna en 1946, doce años antes del Gran Salto Adelante y 3 años antes de que Mao llegara al poder.

Pero veamos la afirmación más absurda, demencial y extravagante de Dikötter: las 45 millones de personas “asesinadas” por la “hambruna” de Mao, un “hecho” anunciado en el sitio web de Dikötter como un “hallazgo clave”. El cálculo de Dikötter se basa teniendo en cuenta el “exceso” de muertes contando todas las que ocurren en un año y restándolas de una mortalidad que el investigador asume que hubieran ocurrido si no se hubiera llevado a la práctica el Gran Salto Adelante.

Dikötter obtiene sus 45 millones de muertos, en primer lugar, inflando las tasas de mortalidad reales, por encima de las cifras reportadas en los archivos, en un 50%, y, en segundo lugar, asume una tasa de mortalidad “normal” ridículamente baja (la misma que la de Occidente) en la década de 1950, a pesar de que China a lo largo de ese período fue uno de los países más pobres de la tierra.

El holandés acepta una mortalidad bruta ‘normal’ de 10/1000 personas/año o el 1%. La adopción por parte de Dikötter de una mortalidad “normal” muy baja de 10/1000 es simplemente inverosímil. Por supuesto, Dikötter asume esta cifra, y esto es importante resaltarlo, para maximizar su cálculo de muertes en exceso, lo cual denota su mala fe para tergiversar hasta el límite de lo practicable su tesis de los “millones de muertos” por culpa de Mao.

Dikötter obtiene la mortalidad reportada, la incrementa en un 50% para permitir el subregistro con el que obtener una mortalidad anual promedio de alrededor de 27,3/1000 durante el Gran Salto Adelante (1958-1962). Así, para llegar a su gran total final de personas “asesinadas” por Mao, Dikötter hace este cálculo ((27,3-10) / 1000) x 650 millones x 4 años = 45 millones de muertes “en exceso”.

El problema es que una mortalidad bruta de 27,3/1000 a finales de los 50 y principios de los 60 era de hecho bastante habitual para los países en desarrollo. La de India e Indonesia fue de 23 y 24/1000 respectivamente. Y la mortalidad de China en 1949, sólo 8 años antes del Gran Salto Adelante, fue de 38/1000 (Judith Banister), en Hong Kong en los años 30 fue de 32/1000, en Rusia antes de la revolución 31/1000, y en la India, justo antes de la independencia, alrededor de 28/1000.

Por tanto, según la tasa de mortalidad bruta durante el Gran Salto Adelante, ofrecida por Dikötter, se puede decir que fue significativamente mejor que la de China en 1949 (38/1000), y prácticamente la misma que la de la India en el último año del dominio colonial británico. Así pues, hablar, basandóse en las propias cifras de Dikötter, de que el Gran Salto Adelante fue la “mayor catástrofe de la historia” de China, o incluso del mundo, es completamente ridículo.

De hecho, si Dikötter acepta la tasa de mortalidad antes señalada de 10/1000 para 1957, entonces tendrá que asumir que los comunistas redujeron la mortalidad de 38/1000 a 10/1000 durante los primeros ocho años de gobierno (1949-1957), salvando así decenas de millones de vidas. Si este fuera realmente el caso, habría sido la más dramática e increíble reducción de la mortalidad en la historia de la humanidad.

Así pues, el tramposo cae en su propia trampa. Si se asume una tasa de mortalidad muy baja para maximizar el exceso de muertes del Gran Salto Adelante, entonces Mao también debe recibir el crédito por haber logrado, durante la mayor parte del tiempo que estuvo al mando del timonel chino, niveles muy bajos de mortalidad. Si se va por el otro lado, el balance sobre el exceso de muertes del Gran Salto Adelante se minimiza y tal vez casi se elimina.

Por tanto, las afirmaciones de Dikötter son completamente falsas y carecen de cualquier análisis científico honesto. La hambruna, hasta la victoria de la Revolución, fue un problema crónico para China. Sólo la hambruna de 1876, en el norte de China, mató a 15 millones de personas, superando ampliamente cualquier dificultad que haya ocurrido desde la fundación de la República Popular china. Los problemas de la agricultura en China a finales del decenio de 1950 se debieron en gran medida a dos años sucesivos de calamidades naturales y a la disminución de las cosechas. Las similitudes, en este sentido, con la propaganda que ha llegado del “Holodomor”, son evidentes y con resultados parecidos.

Mediante el racionamiento de las reservas de cereales y las grandes compras de trigo en el extranjero, el Gobierno chino logró controlar la situación. La afirmación de que 40 millones de personas perecieron en China durante una hambruna simplemente no es sostenible según los datos demográficos. China tenía una población de 594 millones de habitantes en 1953 y pasó a 694 millones en 1964, cuando se produjo una supuesta hambruna masiva que se cobró alrededor del 5% de la población.

Desde 1950 hasta 1980, la producción industrial de China creció en promedio más de un 10% al año. El pueblo se benefició de sistemas de bienestar que proporcionaron apoyo para la alimentación, la vivienda y la atención médica, con mejoras concretas en los niveles de nutrición y salud. En las elecciones generales de 1953 en China, el pueblo recibió su derecho democrático a participar en los asuntos del Estado; más de 100 millones de personas participaron en los debates para la nueva constitución. Exactamente, lo mismo sucedió en 1968 en la RDA (República Democrática Alemana), donde el Estado de Obreros y Campesinos puso en práctica la democracia participativa del pueblo, no la de los miserables políticos occidentales que sirven a las oligarquías económicas a través de la “democracia del voto”, pero donde ni una sola Constitución ha sido debatida en asambleas populares o vecinales ni se han incorporado propuestas ciudadanas a la misma. Al contrario, dichos terxtos normativos superiores fueron impuestos por países extranjeros (como la Ley Fundamental de Alemania Federal, por los EEUU) o bien redactadas sin luz ni taquígrafos, de espaldas al pueblo (Constitución española).

Para refrendar y reforzar los argumentos anteriores en favor de las políticas de salud y bienestar social de Mao, el paper Una exploración de la disminución de la mortalidad en China bajo Mao: un análisis provincial, 1950-1980, de los investigadores estadounidenses Kimberly Singer Babiarz, Karen Eggleston, Grant Miller y el chino Qiong Zhang, aprobado por la Junta de Revisión Institucional de la Universidad de Stanford (EEUU) y cuyos autores no tienen conflicto de intereses, desmonta, con enorme calidad científica, una a una, las patrañas de Dikötter y sus predecesores (Jasper Becker, Jung Chang, Jon Halliday..). Dicen los autores del paper que:

“El crecimiento de la esperanza de vida en China entre 1950 y 1980 se encuentra entre los aumentos sostenidos más rápidos de la historia mundial documentada […]Aunque exploratorios, nuestros resultados sugieren que los aumentos en los logros educativos y las campañas de salud pública explican conjuntamente entre el 50 y el 70 por ciento de las reducciones drásticas en la mortalidad infantil y de menores de cinco años durante el período de nuestro estudio […] Se han propuesto muchas explicaciones para la disminución de la mortalidad en China durante la era Mao. Quizás el más destacado sea la expansión de los servicios de atención primaria de salud, incluido el crecimiento en la oferta de los famosos “médicos descalzos” de China a fines de la década de 1960 ( Sidel 1972 ; Dong y Phillips 2008). Otras explicaciones comunes incluyen campañas de salud pública generalizadas (inmunizaciones infantiles en particular); mejoras en agua, saneamiento y nutrición; y avances en el logro educativo”.

El paper subraya un aspecto de singular importancia en la reducción de las tasas de mortalidad en China que, lógicamente, nunca tienen ni tendrán en cuenta los apologistas de los “millones de muertos”: la implementación positiva a gran escala de la educación pública en China, lo que supone deconstruir otra falsedad más a cuenta de las indigentes campañas de desinformación sobre el período del Gran Salto Adelante. Señalan los autores, a este respecto, que: “En general, encontramos que la expansión de la educación durante la década de 1950, junto con las campañas de salud pública a gran escala, explican conjuntamente aproximadamente entre el 50% y el 70% de la reducción de las tasas de mortalidad infantil y de niños menores de cinco años en China entre 1960 y 1980. Gran parte de esta asociación es vinculados a efectos rezagados y de por vida de los logros educativos: la expansión de la matrícula en la escuela postprimaria durante la década de 1950 tiene una asociación grande y estadísticamente significativa con la disminución de la mortalidad después de 1960. Este hallazgo es consistente con una extensa literatura que establece una mejor supervivencia infantil entre las madres más educadas, incluso después de controlar una variedad de características maternas ( Caldwell 1979 ; Preston 1980 ; Barrera 1990 ; Thomas et al. 1991 ;Elo y Preston 1996 )”. 

De hecho, en el apartado 5.2 del paper, los investigadores manifiestan que “La relación entre los avances en educación durante la década de 1950 y la reducción de 1960-1980 en las tasas de mortalidad infantil y de menores de cinco años […]se correlacionan positivamente con las tasas posteriores de mortalidad infantil (1,5%, p <0,01) y las tasas de mortalidad de menores de cinco años (1,7%, p <0,01)[…]”, lo que constituye para estos autores “un hallazgo desconcertante que puede explicarse por el hecho de que las provincias con las peores condiciones al comienzo de la era Mao —como un bajo desarrollo económico, una devastación significativa por la guerra, una baja inversión en capital humano— habrían tenido los mayores avances en las tasas de matrícula en la escuela primaria (habiendo comenzado desde la base más baja) y altas tasas de mortalidad”, tal como ilustran en el siguiente cuadro:

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El estudio de Babiarz et al., rigurosamente técnico, ampliamente documentado, empírico y estadísticamente irreprochable, proporciona un severo correctivo y deslegitima la narrativa de toda la parroquia de vulgares panegiristas del anticomunismo chino que han surgido en las últimas décadas. El análisis del período Mao en la mejora sustantiva de la esperanza de vida, asociada a la calidad general de la salud pública, es irrefutable  en las conclusiones de los autores citados:

“Este artículo describe la construcción de una nueva base de datos provincial sobre la mortalidad china y sus determinantes bajo Mao Zedong, y la utiliza para estudiar la disminución sin precedentes de la mortalidad en China entre 1950 y 1980. Encontramos que los avances en educación (y, en menor medida, sus interacciones con importantes intervenciones de salud pública) pueden explicar una parte importante de las sorprendentes reducciones en la mortalidad infantil y de menores de cinco años durante la era de Mao. En particular, encontramos evidencia sugestiva de los beneficios a lo largo de la vida de una mejor educación. En conjunto, los avances educativos durante la década de 1950 y sus interacciones con las intervenciones de salud pública parecen explicar aproximadamente el 80% de la disminución de la mortalidad infantil y el 75% de la disminución de la mortalidad de menores de cinco años durante la década de 1960, y el 55-70% de las disminuciones en todo el período 1960-1980”.

Si los estudios serios y científicos desbaratan el circo de los millones de muertos del comunismo chino, solo queda la propaganda, la maledicencia, el rosario de manipulaciones y los sobornos para validar la charlatanería anticomunista. Si se indaga en los orígenes de la financiación de libelos como el de Dikötter, aparecen gobiernos e instituciones de “ideas” (think tanks de extrema derecha) para servir de contrabandistas culturales de la CIA. El libro de Dikotter, La Gran Hambruna en la China de Mao, fue financiado por la Fundación Chiang Ching Kuo de Taiwan, una organización creada por el hijo del sanguinario dictador fascista Chiang Kai Chek y por tres organizaciones del Reino Unido: el Wellcome Trust, el Arts and Humanities Research Council y el Economic and Social Research Grants Council, esta última financiada por el gobierno británico. Poco más se puede decir, que no sea el habitual mecanismo de penetración ideológica de Fundaciones y organizaciones que tienen estrechos vínculos con las más altas estructuras del poder capitalista y los servicios de inteligencia.

En definitiva, Frank Dikötter es un maestro de la narrativa sensacionalista, que la utiliza para deslegitimar y difamar a China con un claro propósito ideológico. La investigación de Dikötter sobre el período del Gran Salto Adelante es de mala calidad como, en general, las de sus colegas Chang y Halliday. Pero sobre todo, y lo que es fundamental, el autor manipula intencionadamente y tergiversa los datos buscando únicamente atraer, como sucede con toda la literatura anticomunista, el mayor número de “haters” contra el comunismo, aunque para ello utilice fuentes no contrastadas o, lo que es ya un modus operandi habitual en este tipo de autores, se invente todo lo ininventable utilizando la propaganda más obscena con la que rellenar seiscientas dieciséis páginas de su prescindible libro.

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FUENTES:

Frank DIKÖTTER, La Gran Hambruna en la China de Mao; Editorial: EL ACANTILADO, 2017, 616 págs

Did Mao Really Kill Millions in the Great Leap Forward? by Joseph Ball

M. Chen, W.Y. Lu, Eric Boxtel, reviews of Mao’s Great Famine: The History of China’s Most Devastating Catastrophe, 1958-62 (Frank Dikötter)

Babiarz, K. S., Eggleston, K., Miller, G., & Zhang, Q. (2015). An exploration of China’s mortality decline under Mao: A provincial analysis, 1950-80. Population studies69(1), 39–56. https://doi.org/10.1080/00324728.2014.972432

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (3)

LA DEMOLICIÓN DEL GRAN SALTO ADELANTE POR EL RÉGIMEN DE DENG XIAO PING

Ball afirma que “el liderazgo chino comenzó su ataque contra el Gran Salto Adelante en 1979. Deng movilizó a los suyos contra los partidarios de Mao y ordenó a la prensa oficial que los atacara. Esto tomó la forma de una campaña ideológica contra el “ultraizquierdismo”. La razón de este vilipendio sobre el Gran Salto Adelante, dice Ball, “tuvo mucho que ver con las luchas de poder posteriores a Mao y la lucha para revertir las políticas socialistas de 1949-76”

El partido comunista chino de Deng hizo todo lo posible para promover la idea de que el Gran Salto Adelante fue una catástrofe causada por las políticas ultraizquierdistas de Mao. El mariscal Ye Jian Ying, en un discurso de 1979, habló de los desastres causados por el Gran Salto Adelante. En 1981, el Partido Comunista Chino habló de “graves pérdidas para nuestro país y su pueblo entre 1959 y 1961”. Los académicos se unieron en el ataque.

En 1981, el profesor Liu Zeng, director del Instituto de Investigación de la Población de la Universidad Popular, dio cifras seleccionadas de tasas de mortalidad para 1954-78. Estas cifras se dieron en una reunión académica pública que llamó mucho la atención en Occidente. Las cifras que dio para 1958-1961 indicaron que se habían producido 16,5 millones de muertes en este período. Al mismo tiempo, Sun Yefang, un destacado economista chino, llamó la atención públicamente sobre estas cifras al afirmar que “se pagó un alto precio en sangre” por los errores del Gran Salto Adelante.

Deng quería revertir prácticamente todos los logros positivos de Mao en nombre de la introducción de un “pseudocapitalismo”, o “socialismo con características chinas”, como lo describió. Atacar el Gran Salto Adelante ayudó a proporcionar la justificación ideológica para revertir las políticas “izquierdistas” de Mao. Deng disolvió las comunas agrícolas a principios de la década de 1980.

En los años posteriores al Gran Salto Adelante, las comunas habían comenzado a proporcionar servicios de asistencia social, como atención médica gratuita y educación. La ruptura de la Comuna por el régimen de Deng significó la liquidación de esos servicios. En un artículo sobre el Gran Salto Adelante, Han Dongping, profesor asistente en el Warren Wilson College (Carolina del Norte, EEUU) escribió un artículo en el periódico chino The World Journal, con sede en Nueva York, hablando, casi en tono humorístico, sobre cómo un agricultor de la provincia de Henan, que no pudo pagar sus facturas médicas para obtener un tratamiento sobre su afección de testículos, torturado por el dolor, se los cortó con un cuchillo y casi se suicida. “Este tipo de incidente, señala Ball, es el verdadero legado de las “reformas” de Deng en el campo”.

Según Ball, “para que prevaleciera la línea de Deng, necesitaba probar no solo que las muertes masivas ocurrieron entre 1959 y 1961, sino también que fueron principalmente el resultado de errores de política. Después del Gran Salto Adelante, la línea oficial del gobierno chino sobre la hambruna fue que el 70% fue debida a desastres naturales y el 30% debida a errores humanos. Este veredicto fue revocado por el régimen de Deng Xiaoping”

En la década de 1980 los porcentajes señalados se atribuyeron a la inversa. Pero como dice con buen criterio Ball, si eso hubiera ocurrido (que la supuesta hambruna hubiera ocasionado millones de muertes debido a errores políticos del gobierno chino) “los campesinos se hubieran dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, la evidencia es que no culparon a Mao por la mayoría de los problemas que ocurrieron durante el Gran Salto Adelante”

El profesor Han Dongping viajó a Shandong y Henan, donde aparecieron las peores condiciones de hambruna en los años 1959-1961, y descubrió que la mayoría de los agricultores a los que encuestó estaban a favor de la primera interpretación de los eventos (atribuir a causas climáticas las adversidades que padecieron). Es decir, no creían que Mao fuera el principal culpable de los problemas que sufrieron durante el Gran Salto Adelante.

Esto no quiere decir que no ocurrieran errores trágicos. Los matices, a este respecto, son muy importantes y los describe Ball: “Dongping escribió sobre la forma de introducir la alimentación comunitaria en las comunas rurales. Para empezar, esta era una política muy popular entre los campesinos. De hecho, en 1958 muchos agricultores informan que nunca antes habían comido tan bien en sus vidas. El problema era que esta nueva abundancia aparente conducía al descuido en la cosecha y el consumo de alimentos. La gente parecía haber comenzado a suponer que el gobierno podía garantizar el suministro de alimentos y que ellos mismos no tenían la responsabilidad de la seguridad alimentaria”

Dado que China era un país muy pobre a finales de la década de 1950, este fue un error que seguramente condujo a serios problemas y el liderazgo comunista debería haber tomado medidas más rápidas para rectificarlo. Tres años de terribles desastres naturales empeoraron las cosas. La solidaridad entre los miembros de la comuna en las regiones más afectadas se desmoronó cuando los campesinos intentaron apoderarse de los cultivos antes de cosecharlos. Esta práctica empeoró lo que ya era de por sí una mala situación.

Sin embargo, debe enfatizarse que los propios agricultores no le dijeron a Han Dongping que los errores en la organización comunitaria fueron la principal causa de la hambruna que sufrieron. El mismo Han Dongping critica duramente a Mao por las consecuencias de sus políticas “apresuradas” durante el Gran Salto Adelante. Sin embargo, también escribe: “He entrevistado a numerosos trabajadores y agricultores en Shandong, Henan, y nunca conocí a un agricultor o trabajador que dijera que Mao era malo. También hablé con un erudito de Anhui [donde se dice que la hambruna fue más grave] que creció en las zonas rurales y había estado investigando en esa población y nunca conoció a un agricultor que dijera que Mao era malo, ni tampoco que Deng [Xiaoping] fuera bueno”.

Ball, no obstante, hace una serie de puntualizaciones que aclaran el supuesto “partidismo” de Han por Mao: “Se puede argumentar que la simpatía de Han Dongping, al menos parcial, hacia Mao podría haber influido en su interpretación de lo que escuchó de los campesinos. Sin embargo, también debe señalarse que dos de sus abuelos murieron de enfermedades relacionadas con el hambre durante el Gran Salto Adelante y Han Dongping a menudo parece más crítico de las políticas de Mao en este período que los campesinos que está entrevistando”.

DEMÓGRAFOS ESTADOUNIDENSES CONTRA EL GRAN SALTO ADELANTE. EL CABALLO DE TROYA DE LA HISTORIOGRAFÍA OCCIDENTAL PARA FALSEAR LOS “MILLONES DE MUERTOS” DE MAO

 

La relativa simpatía de los campesinos por Mao al recordar el Gran Salto Adelante debería cuestionar la evidencia demográfica que indica que decenas de millones de ellos murieron de hambre en aquel momento. Los académicos occidentales parecen unidos en la validez de esta ”prueba de oro” insistiendo en que toda la “evidencia disponible” indica que ocurrió una hambruna de grandes proporciones en este período.

De hecho, ciertamente, hay evidencia de varias fuentes de que ocurrió una hambruna en el período del Gran Salto Adelante, “pero la pregunta clave, señala Ball, es si fue una hambruna que mató a 30 millones de personas” (o más). Realmente esto no habría tenido precedentes. “Aunque estamos acostumbrados a leer titulares de periódicos como “decenas de millones se enfrentan al hambre en la hambruna africana”, es inaudito que decenas de millones de personas mueran realmente en una hambruna”, dice Ball.

“Es bastante engañoso, sugiere Ball, decir que todas las “pruebas disponibles” demuestran la validez de la tesis de muertes masivas. La auténtica verdad es que todas las estimaciones de decenas de millones de muertes del Gran Salto Adelante se basan en cifras de tasas de mortalidad de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Solo hay una corroboración muy incierta para estas cifras respecto de otras estadísticas para el período”.

Y es que hay dos problemas muy serios a la hora de abordar la demografía china. El primero de ellos es que las cifras de tasa de mortalidad para el período 1940-1982, como la mayoría de la información demográfica china, fueron consideradas secreto de Estado por el gobierno de China hasta principios de los años ochenta. En segundo lugar, ”la incertidumbre sobre cómo se reunieron estos datos demográficos socava gravemente su condición de evidencia concreta por los autores de los millones de muertos”, según Ball. Fue solo en 1982 que se publicaron las cifras de tasa de mortalidad de los años 50 y 60. Ball nos muestra la estadística (ver Tabla 1).

Supuestamente, los datos demográficos oficiales chinos mostraron que la tasa de mortalidad aumentó de 10,8 por mil en 1957 a 25,4 por mil en 1960, cayendo a 14,2 por mil en 1961 y 10 por mil en 1962. Estas cifras aparentes parecen mostrar aproximadamente 15 millones de muertes debido a la hambruna de 1958 -1961.

Así que sólo quedaba el trabajo de los demógrafos occidentales, no sólo para corroborar esas cifras sino incluso para aumentarlas en proporciones todavía más extraordinarias, en una suerte de calculada inquina anticomunista contra China. Los demógrafos estadounidenses Ansley Coale, John Aird y Judith Banister son las tres personas que primero popularizaron en Occidente la hipótesis del “número de millones muertos” por el Gran Salto Adelante.

  • Ansley Coale fue una figura muy influyente en la demografía estadounidense. Estuvo empleado en la Oficina de Investigación de Población, que fue financiada por la Fundación Rockefeller en la década de 1980 cuando publicaba su trabajo en China.
  • John Aird era especialista en investigación sobre China en la Oficina del Censo de los Estados Unidos. En 1990, escribió un libro publicado por el American Enterprise Institute, que es un organismo que promueve políticas neoliberales. Este libro se llamó La matanza de los inocentes y fue una crítica a la política de control de natalidad de un solo hijo de China.
  • Judith Banister era otra trabajadora de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Se le dio tiempo libre en su empleo para escribir un libro que incluía una discusión sobre las muertes del Gran Salto Adelante.

Precisamente, Banister llevó su particular “gran salto adelante” a la hora de cuantificar y aumentar al alza el número de muertos por el comunismo de Mao: llegó hasta 30 millones de muertes en el Gran Salto Adelante, que era casi el doble de la cifra indicada por las estadísticas oficiales chinas. Ella cree que las estadísticas oficiales subestiman la mortalidad total debido a la falta de notificación de muertes por parte de la población china durante el período en cuestión.

A pesar de ser un texto denso y que puede resultar farragoso, para no dejar espacio a la superficialidad de los datos es necesario saber qué clase de argumentos utilizaron los demógrafos estadounidenses, en particular, Banister, para sacarse de la manga los “30 millones de muertos” del Gran Salto Adelante. Ball lo explica a continuación:

Banister calcula el número total de muertes no reportadas en este período (Gran Salto Adelante) calculando primero el número total de nacimientos entre los dos censos de 1953 y 1964. Lo hace utilizando datos derivados del censo y datos de una encuesta de fertilidad retrospectiva realizada en 1982. (Se pidió a los participantes en la encuesta que describieran la cantidad de bebés que habían dado a luz entre 1940 y 1981).

Una vez que se conoce la población de 1953 y 1964, y se conoce el número total de nacimientos entre estos dos años, es posible calcular el número de muertes que habrían ocurrido durante este período. Ella usa esta información para calcular un número total de muertes durante el período de once años, que es mucho más alto que lo que muestran las tasas oficiales de mortalidad.

Para estimar cuántas de estas muertes ocurrieron en el Gran Salto Adelante, Banister regresa a las estadísticas oficiales de la tasa de mortalidad china. Ella supone que estas cifras indican la tendencia real de muertes en China en este período, a pesar de que fueron demasiado bajas en términos absolutos. Por ejemplo, ella supone que la tasa oficial de mortalidad de 25 por mil en 1960 sí indica que se produjo un gran aumento en la tasa de mortalidad en 1960.

Sin embargo, Banister combina esto con sus estimaciones de subdeclaración de muertes en el período 1953-1964 para llegar a una cifra de 45 muertes por mil en 1960. En años en los que no se alega hambruna, el número de muertes también aumenta con este método.

En 1957, por ejemplo, aumenta la tasa de mortalidad de la cifra oficial de 10,8 por mil a 18 por mil. Banister luego compara las tasas de mortalidad revisadas en años buenos con las tasas de mortalidad revisadas en presuntos años de hambruna. Banister, de este modo, puede llegar a su cifra estimado de 30 millones de muertes en exceso durante el Gran Salto Adelante.

En definitiva, lo que hace Banister es un ejercicio de inventiva encadenando suposiciones de aquí y de allá y amalgamándolas todas para llegar a un resultado que parezca creíble y, sobre todo, que sus datos “demuestren” que las estadísticas chinas no dicen del todo la verdad (que tampoco la decían -las de Deng-). Lo mismo sucede cuando se citan una variedad de figuras chinas para respaldar la tesis de que ocurrió una hambruna masiva. También se citan estadísticas que pretenden mostrar que Mao tuvo la culpa de esas muertes.

El problema de estos autores es que sus fuentes están en origen en una década, la de 1980, donde, como ya se ha citado antes, se desataron fuertes críticas hacia el Gran Salto Adelante y las Comunas del Pueblo por parte del régimen de Deng, quien trató de controlar dictatorialmente el flujo de información a su pueblo.

Ball denuncia las inconsistencias de los demógrafos americanos del siguiente modo: “el lector buscará en vano en el trabajo de Aird, Coale y Banister acerca de alguna indicación de por qué pueden afirmar con tanta seguridad cifras de decenas de millones de muertes en el Gran Salto Adelante basándose en datos oficiales de la tasa de mortalidad. Estos autores no saben cómo se recopilaron estas cifras y, especialmente en el caso de Banister, parecen tener poca fe en ellas.”

Es más, dice Ball que “algunos demógrafos han tratado de calcular las tasas de mortalidad infantil en China para proporcionar evidencia de la hipótesis del “número de muertes masivas”. Sin embargo, la evidencia que presentan tiende a enturbiar la imagen en lugar de proporcionar corroboración de la evidencia de las tasas de mortalidad”

Un cálculo de las muertes infantiles en China durante el Gran Salto Adelante apareció en un artículo de 1984 llamado Famine in China (“Hambruna en China”), de B. Ashton, K. Hill, A. Piazza y R. Zeitzque (en la revista Population and Development Review, volumen 10, nº 4) donde se aceptó la afirmación de Aird, Coale y Banister de que había producido un nivel masivo de muertes, en general, durante el Gran Salto Adelante. Pero en su caso los autores del artículo decidieron separar las muertes de niños y adultos en ese período. Fue otro intento baldío de hacer encaje de bolillos para que las cifras salieran como ellos pretendían, señalando un pico en la mortalidad infantil china en los años 1958-1959. A pesar de la densidad de los datos y contradatos, es necesario detenerse en lo que sigue a continuación.

Como afirma Ball es difícil entender por qué habría habido una tasa de mortalidad infantil tan grande en 1958-59. Todos están de acuerdo en que 1958 fue un año de cosecha excelente, incluso si las cifras de producción de cereales fueron exageradas. Han Dongping, profesor asistente de ciencias políticas en el Warren Wilson College, preguntó a los campesinos de Shandong y Henan dónde se sentían los peores efectos de los problemas en el período 1959-1961. Afirmaron que nunca habían comido tan bien como lo hicieron después de la excelente cosecha de 1958”

Las cifras oficiales de tasas de mortalidad muestran un ligero aumento de 10,8 por mil en 1957 a 12 por mil en 1958. Pero se pregunta Ball: ”¿Por qué las muertes infantiles fueron mucho peores en el año 1958-59 según las cifras presentadas por los demógrafos? ¿Por qué mejoró la situación en el año de la supuesta hambruna negra?” Según los autores de “Hambruna en China”, se debe a que se introdujo un sistema de racionamiento que ayudó a todas las personas en edad laboral y menores, pero “se dejó morir a los viejos”.

“Sin embargo, explica Ball, en 1961-62, cuando los autores alegan que la hambruna todavía estaba ocurriendo, la tasa de mortalidad para menores de 10 años se dispara hasta 4.424.000 y la tasa de mortalidad para mayores de 10 años se reduce a cero. Se alega que el racionamiento se relajó durante este período “permitiendo” que los jóvenes murieran.

No se explica por qué tampoco murieron personas mayores durante este período. ¿Los autores afirman que en las hambrunas, las familias chinas dejarían morir a sus hijos pero no las personas mayores? Los autores no proporcionan evidencia de esta implicación contraintuitiva de su análisis”.

“Por tanto, prosigue Ball, las cifras que citan los autores de “Hambruna en China” no son consistentes con las muertes masivas causadas por un déficit en las raciones para todas las personas mayores de cierta edad. Los autores afirman que las tasas de crecimiento específicas por edad disminuyen para los hombres mayores de 45 años y para las mujeres mayores de 65 años entre los dos censos. ¿Qué tipo de sistema de racionamiento habría llevado a tal disparidad? ¿Una que proporcionara sustento a mujeres de 45 a 65 años pero no a hombres de la misma edad?”

“Además, incluso después de los 65 años, las cifras de mujeres no son consistentes. El número de personas entre 75 y 79 años creció un 0,51% en las cifras presentadas. Esta cifra se compara bien con las tasas de crecimiento de los grupos de edad menores de 65 años. Por ejemplo, los datos relativos a la franja de edad de 20-24 años crecieron un 0,57% y los relativos a la de 45-49 años un 0,55%. Las cifras para las mujeres no muestran un patrón consistente con un sistema de racionamiento que discriminaba a los viejos. Las estadísticas de fuentes defectuosas son una explicación mucho más plausible de las cifras confusas que presentan los autores, que sus propias hipótesis difíciles de tolerar sobre el racionamiento.”

“Por otra parte, los autores de “Hambruna en China” solo presentan una estimación de la supervivencia de los bebés nacidos durante el Gran Salto Adelante. El artículo de Ansley Coale, publicado en el mismo año 50, muestra una disminución de la supervivencia razonablemente significativa pero mucho menor en los años 1958-59, con el censo de 1982, que la mostrada en “Hambruna en China”. Esto indicaría muchas menos muertes infantiles “excesivas”. en los años en cuestión. Además, las cifras de Coale no muestran un descenso en la supervivencia de los bebés nacidos en 1961-62 en el censo de 1982, en contraste con las cifras presentadas en “Hambruna en China”.

Ball, después de analizar las cifras de los demógrafos estadounidenses y las reseñadas en el artículo “Hambruna en China” lo tiene claro: “Las dudas sobre la evidencia de supervivencia combinada con las dudas sobre la evidencia de la tasa de mortalidad socavan en gran medida las creencias establecidas sobre lo que sucedió en el Gran Salto Adelante. En general, una revisión de la literatura deja la impresión de que una hipótesis no muy bien fundamentada de un número de muertes masivas se ha transformado en una certeza absoluta sin ninguna justificación real”

La información proporcionada no demuestra de ninguna manera que la “peor hambruna en la historia mundial” haya ocurrido bajo Mao. Es más, Ball, hace una comparativa con otras hambrunas ocurridas en el siglo XX (Holanda 1944-1945; Bangladesh de 1974-1975, donde ambas condujeron a una disminución del 50% en la tasa de natalidad que, curiosamente, son similares a las cifras publicadas en la era Deng Xiaoping para la disminución de la fertilidad en el Gran Salto Adelante. Aunque tanto las hambrunas de Bangladesh como las de los holandeses fueron profundamente graves, no dieron lugar al tipo de cifras de mortalidad salvaje que se publicitó por la historiografía occidental en torno al Gran Salto Adelante, como se señaló anteriormente. En Bangladesh murieron decenas de miles de personas, no decenas de millones

Para no hacer más extensivo el embrollo de los censos chinos, poco confiables en líneas generales, Ball es claro al respecto cuando afirma un hecho incontrovertible: “cualquier análisis histórico políticamente controvertido nunca debe derivarse de la “investigación académica” o “estadística oficial”. La política siempre afecta la presentación de estadísticas y la historia de cualquier período tiende a ser escrita por los ganadores. En relación con China, los admiradores de las políticas socialistas de Mao claramente no fueron los ganadores”

En conclusión, según Ball, el enfoque de los escritores modernos al referirse al Gran Salto Adelantees absurdamente unilateral. Son incapaces de comprender la relación entre sus fracasos y éxitos. Solo pueden entender que ocurrieron serios problemas durante los años 1959-1961. No pueden ver que el trabajo realizado en estos años también sentó las bases para el continuo éxito general del socialismo chino en la mejora de la vida de su gente.

No consideran seriamente la evidencia que indica que la mayoría de las muertes ocurridas en el Gran Salto Adelante se debieron a desastres naturales, no a errores de política. Además, continúa Ball, las muertes que ocurrieron en el Gran Salto Adelante deben compararse con el éxito del pueblo chino en la prevención de muchas otras muertes durante todo el período maoísta. Las mejoras en la esperanza de vida salvaron la vida de muchos millones de personas”

Ball finaliza su ensayo de forma tajante y clara, respecto al período del Gran Salto Adelante: “Mao Ze Dong fue muy respetado por la forma en que sus políticas socialistas mejoraron el bienestar del pueblo chino, reduciendo el nivel de pobreza y hambre en China y brindando atención médica y educación gratuitas”.  Y es que ese, y no otro, fue el legado real de Mao, sin dejar de lado las críticas fundamentadas al maoismo y sus errores históricos. Lo demás es una suma de torticera propaganda capitalista y datos astutamente manipulados al servicio de la guerra ideológica contra el comunismo. 

FUENTE: https://monthlyreview.org/commentary/did-mao-really-kill-millions-in-the-great-leap-forward/

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¿Qué sucedió realmente en Katyn? (1)

 

 

A 80 años de los sucesos de Katyn (supuestamente acontecidos en abril de 1940) cerca de la ciudad de Smolensk (fronteriza con Bielorrusia), donde más de 20 mil soldados polacos fueron ejecutados en un bosque cercano, vuelve con fuerza la propaganda de guerra fría y las renovadas falsificaciones de Occidente contra Rusia y la antigua URSS.

Esta vez, dos documentalistas franceses, Cédric Tourbe y Olivia Gomolinski, han resucitado la “guerra de propaganda antisoviética” de Joseph Goebbels para repetir las viejas acusaciones contra la URSS en el asunto Katyn, mediante un documental titulado “Los verdugos de Stalin”, emitido por la cadena francesa ARTE https://www.arte.tv/es/videos/087406-000-A/stalin-y-la-masacre-de-katyn/

Historiadores, politólogos, “expertos” de Occidente y “liberales” anticomunistas de Rusia han atribuido siempre la masacre de Katyn a la NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética, aportando supuestas evidencias y documentos que probarían dicha autoría. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que la matanza de Katyn es otra falsificación histórica similar al Holodomor ucraniano o a las cifras dadas sobre los “millones de muertos” del comunismo soviético. La responsabilidad de lo sucedido en Katyn, a la luz de las pruebas y testimonios aportados, fue obra de los nazis.

Definitivamente, no existe una sola prueba consistente de la autoría soviética en la masacre de Katyn, lo que no ha impedido que el desvergonzado cineasta francés, Cédric Tourbe, se haya sacado de la manga un documental efectista, tramposo, saturado de anticomunismo paranoico de guerra fría y abiertamente manipulador sobre Katyn. Un discípulo aventajado de Robert Conquest. No voy a perder ni un solo minuto en ese documental de hora y media.

Resulta curioso que el 18 de junio de 2012, el Tribunal de Justicia de Derechos Humanos de las Comunidades Europeas, a raíz de una reclamación interpuesta por familiares polacos de los soldados ejecutados en Katyn, tomase una decisión sorprendente: los “documentos” proporcionados por Gorbachov y Yeltsin, tras la caída de la URSS (de los que hablaremos en la segunda parte de esta entrada), indicando que Stalin y los soviéticos eran culpables de la ejecución de decenas de miles de oficiales polacos cerca de Katyn, eran falsos. Una bofetada histórica a los propagandistas del “Katyn ruso”.

Los supuestos documentos sobre la ejecución masiva de Katyn, que aparecieron a finales de los años 80, sacados de la manga por uno de los miembros del Politburó del Comité Central del PCUS, Alexander Yakovlev (un más que probable agente de EEUU que se formó en la norteamericana Universidad de Columbia a finales de los años 50), resultaron ser falsos. El tribunal europeo ni siquiera los aceptó para su consideración.

El Tribunal Europeo tampoco pudo decidir con claridad la autoría de la masacre ya que los jueces no tenían suficientes pruebas documentales, aunque pasaron más de un año estudiando todo tipo de documentos históricos y pruebas de archivo. Hasta alrededor de 1990, todo el mundo estaba convencido de que los polacos habían sido asesinados por los alemanes. Esta decisión del Tribunal de Justicia de las CCEE ha sido ignorada completamente por los propagandistas del mito Katyn.

 

INTRODUCCIÓN. POLONIA, UNA HISTORIA DE CRÍMENES Y AGRESIONES PERMANENTES CONTRA RUSIA

 

Pero, antes de hablar de Katyn, echemos un vistazo al pasado para hacer un retrato nada amable de la “victimizada” Polonia “a manos de los rusos”.

A principios del siglo XIX, alimentando la ilusoria esperanza de restaurar la Gran Polonia, los polacos se pusieron del lado de Napoleón en la guerra de 1812. El ejército polaco, creado con la ayuda de los franceses, se convirtió en parte del “Gran Ejército” de Bonaparte como el contingente extranjero más confiable. Esta era la tercera invasión polaca de Rusia.

En sus memorias, el general Alexander von Benckendorf, cercano al emperador Nicolás I y un participante activo en las guerras napoleónicas, escribió que “incluso ante los ojos del emperador, los polacos no ocultaron sus esperanzas y deseos de nuestra muerte. La bondad angelical del emperador y la calma serena fueron su única respuesta a la arrogancia de esa nación

El levantamiento polaco de 1830 comenzó con el exterminio generalizado de los rusos. En todas las iglesias pidieron el asesinato indiscriminado de los rusos. En Varsovia, en la noche de Pascua, un batallón entero del ejército ruso fue tomado por sorpresa en una iglesia. Murieron 2.265 soldados y oficiales rusos.

El estado polaco, nacido en noviembre de 1918, mostró de inmediato su hostilidad hacia la Rusia soviética. Con la ayuda de la Entente, Polonia comienza los preparativos para una guerra contra Rusia. Los políticos polacos contaban con la posibilidad de que se daría un golpe contundente del ejército polaco al ejército ruso.

Polonia acompañó sus intenciones agresivas con un conjunto de estereotipos de propaganda sobre la agresividad de los bolcheviques. Se rechazaron numerosas propuestas del joven Estado soviético para concluir un tratado de paz y establecer relaciones diplomáticas. Las operaciones militares polacas contra Rusia, en la primavera de 1920, las emprendió Polonia, no la Rusia soviética.

Tras triplicar la superioridad numérica, las tropas polacas, junto con el ejército del militar nacionalista ucraniano Simon Petliura, lanzaron una ofensiva a gran escala a lo largo de todo el Frente Occidental desde Pripyat hasta el Dniéster. Esta fue la cuarta invasión polaca de tierras rusas. A principios de mayo de 1920, combatientes polacos y de Petliura capturaron Kiev. La invasión de las fuerzas aliadas de Polonia y Petlyura estuvo acompañada de represalias brutales e inhumanas contra la población civil civil.

En las regiones ocupadas de Ucrania, Bielorrusia y Lituania, los invasores polacos establecieron gobiernos locales sangrientos, insultaron y robaron a civiles o quemaron a personas inocentes. Las iglesias ortodoxas se convirtieron en iglesias polacas cristianas, las escuelas nacionales cerraron y se prohibieron los idiomas ucraniano y bielorruso. Hasta 800 levantamientos de la población local tuvieron lugar en las tierras ocupadas por Polonia. Todos fueron brutalmente aplastados por los polacos, que ocasionaron grandes pérdidas civiles.

Un hecho importante, olvidado por la historiografía occidental, es el referido a los campos de concentración polacos de Pilsudsky, Stshalkovo, Tukholy y Pulawy, donde muchos soldados capturados del Ejército Rojo y del Ejército Blanco fueron dejados morir deliberadamente por epidemias de fiebre tifoidea, cólera, disentería, hambre y frío.

No se sabe con certeza el número total de prisioneros de guerra que murieron en esos campos de concentración. Sin embargo, hay varias estimaciones basadas en el número de prisioneros de guerra soviéticos que regresaron del cautiverio polaco: había 75.699 personas. El historiador ruso Mikhail Meltiukhov estima el número de prisioneros muertos en 60 mil personas. La mortalidad entre los prisioneros de guerra  llegó a 50 personas por día y ya a mediados de noviembre de 1920 era de 70 personas por día. Solo en el campo de concentración de Tukholsky, durante todo el tiempo de su existencia, murieron 22 mil prisioneros de guerra del Ejército Rojo.

Es decir, los polacos establecieron en sus campos de concentración una política sistemática de exterminio con los rusos que alcanzó caracteres de genocidio, algo que ha sido silenciado u ocultado sistemáticamente por Occidente en favor de la propaganda polaca. Por estos crímenes, hoy los polacos ni se sienten culpables, ni tienen remordimiento alguno y lo llaman despectivamente “propaganda rusa”.

En el período entre las dos guerras mundiales, Polonia repetidamente amenazó con destruir el bolchevismo y Rusia como Estado. En cambio, como admitió el general Vladyslaw Anders, un participante activo en la intervención de la PanPolonia contra la Rusia soviética en 1919-1920, “nunca hubo una amenaza real de la URSS a Polonia”.

Polonia nunca fue reacia a atacar a Rusia para celebrar, junto a la Alemania nazi y Japón, un desfile de victoriosas tropas polaco-alemanas en la Plaza Roja de Moscú. El mariscal y héroe nacional de Polonia, el dictador Jozéf Pilsudsky, responsable del exterminio masivo de rusos, ucranianos, bielorrusos y judíos, soñaba con llegar a Moscú y escribir “¡Está prohibido hablar ruso en el muro del Kremlin!”.

En enero de 1934, Polonia fue la primera, cinco años antes que la URSS, en concluir un pacto de no agresión con la Alemania nazi. A finales de 1936, el Pacto Anti-Komintern se concluyó con la firma de Alemania y Japón, al que luego se unieron Italia, España, Rumania, Hungría, Dinamarca, Finlandia, Croacia, Eslovaquia, Bulgaria y la República de China (un estado títere formado por el imperio japonés en territorio ocupado).

Los polacos, en ese momento, se negaron en redondo a firmar cualquier acuerdo con la URSS, país que a pesar de haber sido a lo largo de la historia de innumerables agresiones polacas tendió la mano a Polonia. Ya a mediados de agosto de 1939, el Ministro de Asuntos Exteriores polaco, Józef Beck, en cuya oficina había un retrato de Hitler, declaró que “no tenemos ningún acuerdo militar con la URSS, ni queremos tenerlo”.

Al desarrollar el plan de ataque contra Polonia a principios de 1939, Hitler no tuvo en cuenta las políticas abiertamente antisoviéticas de antes de la guerra del gobierno polaco. Él y todo su círculo despreciaban y odiaban a los polacos como nación (aunque hubieran sido en los años 30 sus aliados), lo cual era natural ya que su ideología supremacista no tenía en cuenta a otras naciones que no fueran la alemana.

En agosto de 1939, antes del ataque a Polonia, Hitler ordenó que todas las mujeres, hombres y niños de nacionalidad polaca fueran exterminados sin piedad. Durante los años de ocupación, los nazis asesinaron a más de 6 millones de polacos, lo que representaba el 22 por ciento de la población de Polonia. Se planificó que el 95% de los polacos genéticamente defectuosos fueran desalojados de su tierra natal.

Las tropas soviéticas, por el contrario, no permitieron que los nazis borraran a Polonia de la faz de la tierra. Ninguna otra fuerza en el mundo podría hacer esto. “Los polacos deben ser muy estúpidos, escribió Winston Churchill en enero de 1944, si no entienden quién los salvó y quién por segunda vez en la primera mitad del siglo XX les brinda la posibilidad de una verdadera libertad e independencia”. Estas sorprendentes declaraciones de Churchill, un anticomunista confeso, nada tenían que ver con los preparativos de guerra fría que ideó posteriormente el premier británico contra la URSS y los países socialistas y que se plasmó en su famoso discurso de Fulton (EEUU).

Más de 600 mil soldados soviéticos dieron su vida, salvando las ciudades y pueblos de Polonia en batallas con los nazis. Al contrario, durante las tres semanas de guerra polaco-alemana de 1939, hubo ataques de tropas polacas contra unidades del Ejército Rojo. Como consecuencia de estos ataques, el ejército soviético perdió a más de mil de sus hombres.

Las tropas polacas, que en pleno desarrollo de la II Guerra mundial se encontraban en el territorio de la Unión Soviética, se negaron a luchar junto con el Ejército Rojo contra el que debería ser enemigo común nazi y se fueron a Irán en el verano de 1942. Mientras estuvieron en la URSS, las tropas polacas se dedicaron al robo en ciudades y pueblos y cometieron atrocidades en ellos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, hasta medio millón de voluntarios polacos lucharon en el frente oriental contra la URSS, como parte de la Wehrmacht nazi (el ejército regular). De hecho, los alemanes no llevaron a cabo una movilización forzosa de combatientes polacos para luchar al lado de la Alemania nazi. En las SS, los polacos actuaron voluntariamente y en la Wehrmacht, se hicieron pasar por “alemanes” o “semi-alemanes”.

Durante los cuatro años de la guerra, el Ejército Rojo capturó a 4 millones de soldados y voluntarios de la Wehrmacht de 24 nacionalidades europeas. Los polacos que estaban en esa lista ocupaban el séptimo lugar (más de 60 mil mercenarios), por delante de los italianos (alrededor de 49.000).

Cabe señalar que la mortalidad de los refugiados alemanes en los campamentos polacos en 1945-1946. alcanzó el 50%. En el campamento de Potulice en 1947-1949 la mitad de los prisioneros murieron de hambre, frío y acoso por parte de los guardias polacos. Al final de la guerra, cuatro millones de alemanes vivían en Polonia. Según las estimaciones de la Unión de Alemanes Exiliados, la pérdida de la población alemana durante la expulsión de Polonia ascendió a unos 3 millones de personas.

 

LOS PREPARATIVOS DE LA FARSA NAZI SOBRE KATYN

 

Después de la derrota sin paliativos de la Wehrmacht en Stalingrado, quedó claro que si no ocurría algo extraordinario que favoreciese al régimen de Hitler nada iba a cambiar el curso de los acontecimientos y el Tercer Reich terminaría implosionando en un futuro muy cercano.

Entonces, los nazis “descubrieron” en 1943, en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, una fosa común con oficiales polacos. Los alemanes declararon de inmediato que, como resultado de la apertura de las tumbas, todos los allí enterrados habían sido ejecutados por miembros de la policía secreta de la Unión Soviética, el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), en la primavera de 1940.

La declaración oficial sobre la matanza de Katyn fue realizada por el gobierno nazi y difundida por su Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, el 13 de abril de 1943, en una declaración que hablaba sobre el “terrible descubrimiento de los crímenes de los comisarios judíos del NKVD” en el bosque de Katyn. Con este dispositivo de propaganda, la Alemania nazi buscó dividir a la coalición anti Hitler y ganar la guerra.

El significado de tal declaración del Departamento de Goebbels tenía un trasfondo astuto: el gobierno de Polonia en el exilio se opondría fuertemente a Moscú y presionaría de este modo a los británicos que les cobijaban en Londres para dejar de apoyar al Kremlin. Según los cálculos de Berlín, los polacos empujarían a los británicos y a estadounidenses para combatir a Stalin, lo que podría implicar un desarrollo completamente diferente de los acontecimientos en la II Guerra mundial.

Pero el cálculo de Goebbels no estaba justificado: Gran Bretaña en ese momento no consideraba rentable creer en el “crimen de los bolcheviques”. Al mismo tiempo, el jefe del “gobierno polaco” de Londres, el general Wladyslaw Sikorski, tomó una posición implacable y comenzó a convertirse realmente en un obstáculo para la gran política internacional de alianzas entre EEUU, Reino Unido y la Unión Soviética.

El gobierno de Vladislav Sikorsky en Londres apoyó la versión de Goebbels y comenzó a distribuirla diligentemente, con la esperanza de que esto ayudaría a retomar el poder en Varsovia y provocar una guerra entre la URSS y sus aliados de la coalición anti Hitler. Sikorsky apoyó la propuesta de los alemanes de enviar a la región de Katyn una “Comisión Médica Internacional” creada por ellos bajo los auspicios de la Cruz Roja Internacional (CRI) con médicos seleccionados por Alemania, así como expertos de 13 países aliados y de los países ocupados por los alemanes.

Goebbels exigió a sus subordinados que cuando la comisión de la CRI llegara a Katyn todo estuviera preparado, incluido un informe médico hecho a medida de los nazis. Bajo la presión de los nazis y para que no se repitieran en el futuro hechos como el terrible destino de los oficiales polacos, el acuerdo fue firmado por la mayoría de los miembros de la comisión internacional.

Miembros de la comisión, como el doctor del Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Sofía, Marko Markov, y el profesor checo de medicina forense, Frantisek Gajek, no apoyaron la versión de Goebbels. Los representantes de Vichy, Francia, profesor Castedo, y España, el profesor Antonio Piga y Pascual, no pusieron su firma en el documento final. Después de la guerra, todos los miembros de la comisión internacional de expertos forenses abandonaron sus conclusiones en la primavera de 1943.

La Comisión Técnica de la Cruz Roja Polaca, que trabajó en Katyn en lugares especialmente “preparados” y bajo el control de los alemanes, no pudo llegar a conclusiones inequívocas sobre las causas de la muerte de los oficiales polacos, aunque descubrieron cartuchos alemanes utilizados en el tiroteo de víctimas en el bosque de Katyn. Joseph Goebbels exigió mantener esto en secreto para que el caso Katyn no se derrumbara.

Unas semanas después, el 4 de julio de 1943, el general Sikorsky, su hija Zofya y el jefe de su gabinete, el general de brigada Tadeusz Klimecki, murieron en un accidente aéreo cerca de Gibraltar. Solo sobrevivió el piloto checo, Eduard Prchal, quien no pudo explicar claramente por qué se puso un chaleco salvavidas durante este vuelo, cuando generalmente no lo hacía.

La posición de los “Aliados occidentales” de la URSS en la II Guerra Mundial sobre el tema de Katyn comenzó a cambiar junto con el deterioro de las relaciones entre Washington-Londres y Moscú, una vez iniciada la “guerra fría” por EEUU y sus aliados. Las acusaciones contra la URSS continuaron por la comisión estadounidense Madden en 1951-1952.

 

 

IMPORTANTE:

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FUENTES:

Elena Prudnikova e Ivan Chigirin “Katyn, una mentira que se ha convertido en historia” (solo en ruso), Año: 2019, Editorial: Olma Media Group (rusa); págs. 560

The Mystery of the Katyn Massacre, Grover Furr (libro), Kettering, OH: Erythros Press & Media, LLC, 2018

https://pynop.com/katyn.htm

Mentiras y Verdad (ruso), de Viktor V. Fostiychuk y Mikhail N. Gavyuk, http://history.snauka.ru/2014/09/1153

https://www.initiative-communiste.fr/articles/culture-debats/documentaire-darte-sur-katyn-quand-les-bornes-et-les-frontieres-sont-franchies/

 

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (2)

EL “GRAN TERROR” CHINO. LA HAMBRUNA INDUCIDA QUE NUNCA EXISTIÓ

La visión occidental dominante de que el Gran Salto Adelante fue un desastre de proporciones históricas, que se plasmó en la supuesta muerte deliberada de millones de personas es uno de los mayores artefactos ideológicos construidos contra el comunismo. Pero, ¿cuál es la base de esta opinión? Ball afirma que “una forma que podría probar la tesis del “número de muertos masivos” sería encontrar evidencia cualitativa creíble, como testigos o evidencia documental. Sin embargo, la evidencia cualitativa que existe no es convincente.”.

Para el estudioso de China, Carl Riskin, “se produjo una hambruna muy grave pero, en general, parece que las indicaciones de hambre y privación no se acercaron a los tipos de evidencia cualitativa de hambruna masiva que han acompañado a otras hambrunas comparables incluidas las hambrunas anteriores en China. La evidencia contemporánea presentada en Occidente debe ser descartada ya que emana de fuentes de derecha y apenas es concluyente”.

Sin embargo, autores como Roderick MacFarquhar, Jasper Becker y Jung Chang afirman que la evidencia que han visto prueban la tesis masiva del hambre. Es cierto que sus principales trabajos sobre estos temas citan fuentes para esta evidencia. Sin embargo, como señala Ball, “en sus libros no dejan suficientemente claro por qué creen que estas fuentes son auténticas”.

En su libro de 1965 sobre China, “A Courtain of Ignorance”, el escritor Felix Greene viajó a través de áreas de China en 1960, donde el racionamiento de alimentos era muy estricto, pero no vio hambre masiva. También cita a otros testigos que dicen lo mismo. Es probable que, de hecho, hubiera hambruna en algunas áreas, sin embargo, las observaciones de Greene indican que no fue un fenómeno nacional en la escala apocalíptica sugerida por Jasper Becker y otros.

Ball explica que “la simpatía de Greene por el régimen de Mao puede distorsionar la verdad en relación con esto por razones políticas. Pero Becker, MacFarquhar y Jung Chang también tienen su propio enfoque político sobre el tema. ¿Alguien podría dudar seriamente de que estos autores no sean anticomunistas acérrimos y no tengan un punto de vista distorsionado o sesgado?”.

No es ningún misterio que EEUU, para desacreditar al comunismo, haya utilizado a sus agencias de inteligencia para buscar una conexión con aquellos que publicaban trabajos sobre regímenes comunistas. No debe pensarse que esas personas con las que buscaban esta conexión eran simplemente proxies pagados para producir sensacionalismo barato.

Por ejemplo, el medio The China Quarterly publicó muchos artículos en la década de 1960 que todavía se citan con frecuencia como evidencia de las condiciones de vida en China y el éxito o no de las políticas gubernamentales en ese país. En 1962, publicó un artículo de Joseph Alsop, un acreditado periodista de la CIA, que alegaba que “Mao intentaba acabar con un tercio de su población a través del hambre para facilitar sus planes económicos.”

El editor de The China Quarterly, Roderick MacFarquhar, fue quien escribió muchos trabajos importantes sobre el gobierno comunista de China acerca de los orígenes de la revolución cultural, en concreto, un volumen sobre el Gran Salto Adelante que presenta la tesis del “número de muertos masivos” así como los Discursos secretos de Mao, todo ello bajo el eficiente respaldo académico del Congreso para la Libertad Cultural, una fachada de intelectuales financiada por la CIA.

La guerra fría anticomunista debía ejecutarse, al igual que la geopolítica, en otro frente: el de la propaganda cultural y académica. Victor Marchetti, ex funcionario de la Oficina del Director de la CIA, escribió que la CIA creó la Fundación Asia y la subsidió por un monto de 8 millones de dólares al año para apoyar el trabajo de “académicos anticomunistas” en varios países asiáticos y difundir en toda Asia una visión negativa de China continental, Vietnam del Norte y Corea del Norte.

The China Quarterly fue el comienzo de la campaña de falsificación de los muertos de Mao y la demonización del comunismo chino, corroborada varias décadas después por una nueva generación de propagandistas de la factoría de los “millones de muertos”. Pero como dice Ball, “El problema clave con esta nueva evidencia es la autenticación de las fuentes. Estos autores no presentan evidencia suficiente en sus trabajos para demostrar que sus fuentes son auténticas.”

El periodista Jasper Becker fue de los primeros que se sumó al hiperbólico universo de los “millones de muertos” del comunismo con su libro Hungry Ghosts (Fantasmas Hambrientos). Jasper Becker no es historiador y en su bibliografía figuran piezas de propaganda anticomunista entre amarillistas y estrafalarias. Becker ha escrito panfletos como “Rogue Regime: Kim Jong Il and the Looming Threat of North Korea” (Estado Canalla: Kim Jong II y la amenaza inminente de Corea del Norte) hecho a mayor gloria de la ulltraderecha atlantista. Una obra deficiente, deshonesta, donde no hay por dónde cogerla, sin relatos autentificados, una parodia en la que está ausente cualquier análisis serio histórico.

En Rogue Regime, los reclamos de Becker sobre la República Popular Democrática de Corea se basan en declaraciones de refugiados que, según sus propias palabras, no pueden ser verificadas (¡), al igual que se mencionan testimonios de científicos norcoreanos, pero sin indicar las fuentes. Rogue Regime es una colección de anécdotas para consumo de mentes no pensantes y para sus acólitos ideológicos, así que imagínense lo que no iba a escribir sobre Mao.

Del pseudohistoriador Becker, Ball dice que que en su libro Hungry Ghosts ”cita una gran cantidad de evidencia de inanición masiva y canibalismo en China durante el Gran Salto Adelante. Cabe señalar que esta es una evidencia que solo surgió en la década de 1990. Ciertamente, las historias más espeluznantes de canibalismo no son corroboradas por ninguna fuente que apareciese en el momento real del Gran Salto Adelante, o de hecho durante muchos años más tarde. Muchos de los relatos de inanición masiva y canibalismo que usa Becker provienen de un documento de 600 páginas llamado “Thirty Years in the Countryside”.

En el documento citado, según Becker, se incluyen escritos sacados de contrabando de China en 1989 por intelectuales que se exiliaron. Ball, sin embargo, no se cree el “cuento chino de Becker”: “ahora el lector necesitaría que le dijesen cómo personas que aparentemente eran disidentes y que huían del país fueron capaces de sacar de contrabando documentos oficiales sobre acontecimientos ocurridos treinta años antes, aparte de que Becker debería probar por qué esos documentos son auténticos”.

Igualmente, Becker cita un supuesto diario interno del ejército chino de 1961 como evidencia de un desastre humanitario masivo durante el Gran Salto Adelante. Los informes en este diario aluden a “un desastre bastante significativo que está afectando la moral de las tropas chinas”. El diario fue publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1963 y fue publicado en una colección por la Institución Hoover titulada The Politics of the Chinese Red Army in 1966. Una vez más, dice Ball, “Becker y otros muchos escritores del Gran Salto Adelante que han citado estas revistas necesitan explicar por qué los consideran auténticos”

En definitiva, en el libro de Becker, a pesar de que usa supuestamente relatos de testigos oculares del hambre en el Gran Salto Adelante con entrevistas en la China continental de Deng Xiao Ping, así como en Hong Kong y a inmigrantes chinos en el Oeste, y que según afirma el propio Becker “rara vez, si alguna vez, se le permitía hablar libremente con los campesinos”, Ball insiste en que “en ninguna parte de este libro entra en detalles suficientes para demostrarle al lector que las fuentes que cita son auténticas”. En resumidas cuentas, estamos hablando de un vulgar charlatán que cogió de aquí y de allá relatos dispersos, los echó en una coctelera anticomunista y aparecieron mágicamente 30 millones de muertos en su libro.

Durante algunos años, Hungry Ghosts fue el texto preeminente, en lo que respecta a los críticos de Mao. Sin embargo, en 2005, otro libro, Mao: The Unknown Story (Mao, la historia desconocida) fue muy promocionado en Occidente. Sus acusaciones son, en todo caso, incluso más extremas que en el libro de Becker. De los 70 millones de muertes que el libro atribuye a Mao, 38 millones tuvieron lugar durante el Gran Salto Adelante.

El libro Mao The Unknown Story, cuyos autores son el matrimonio formado por la escritora china Jung Chang y el historiador irlándés Jon Halliday, se basa en gran medida en una colección no oficial de discursos y declaraciones de Mao que supuestamente fueron grabados por sus seguidores y que llegaron hasta Occidente por medios que no están claros. Los autores a menudo usan materiales de esta colección para tratar de demostrar el fanatismo y la falta de preocupación de Mao por la vida humana.

Este capítulo es fundamental para entender la utilización fraudulenta que Chang y Halliday hacen de las palabras de Mao. Ball se encarga de demostrar la falaz manipulación de los autores de Mao: The Unknown Story con algunos ejemplos:

“Quizás lo más importante, afirma Ball, es que Chang y Halliday citan pasajes de estos textos de manera engañosa en su capítulo sobre el Gran Salto Adelante. Chang afirma que en 1958 Mao reprimió lo que llamó “personas que deambulan por el campo sin control”. En un párrafo, los autores afirman que <la posibilidad de escapar de una hambruna era huyendo a un lugar donde había comida que ahora estaba bloqueada>

Pero la parte del discurso” secreto “en el que Mao supuestamente se queja de que las personas deambulan sin control” no tiene nada que ver con la prevención del movimiento de la población en China. Cuando se lee el pasaje completo del cual los autores citan selectivamente, se puede ver que los autores están mintiendo. Lo que en realidad se supone que dijo Mao fue lo siguiente.

[Alguien] de una CPA [Cooperativa de Productores Agrícolas] en Handan [Hebei] condujo un carro hasta la fábrica de acero Anshan [fábrica] y dijo que no se iría hasta que le dieran algo de hierro. En cada lugar [hay] tanta gente deambulando sin control….Esto debe ser prohibido por completo. [Debemos] establecer un equilibrio entre los distintos niveles, y cada nivel debe informar al siguiente nivel superior: la CPA a los condados, los condados a las prefecturas, las prefecturas a las provincias. Esto se llama orden socialista”

En definitiva, de lo que estaba hablando Mao aquí es de la campaña de racionalización para aumentar la producción de acero, en parte mediante el uso de la producción rural a pequeña escala. Alguien sin autoridad se presentó en Anshan para exigir hierro y ayudar a su cooperativa a cumplir con su cuota de producción de acero. Mao lo que parece estar diciendo es que el enfoque anterior, totalmente indisciplinado, no es correcto y defiende un sistema de planificación socialista más jerárquico donde las personas tienen que solicitar a las autoridades superiores autorización para obtener las materias primas que necesitan para cumplir los objetivos de producción.

Una serie de referencias son particularmente engañosas y abiertamente manipuladoras, sobre todo al final del capítulo sobre el Gran Salto Adelante. Ball las describe con precisión: “Primero Chang y Halliday escriben: “Ahora podemos decir con certeza de cuántas personas estaba dispuesto a prescindir Mao”. El párrafo luego da algunos ejemplos de presuntas citas de Mao sobre cuántas muertes chinas serían aceptables en tiempo de guerra.

Luego, estos dos autores, citan a Mao en la Conferencia de Wuchang diciendo: “Trabajando de este modo, con todos estos proyectos, la mitad de China podría morir”. Esta reseña aparece en el encabezado del capítulo de Chang y Halliday sobre el Gran Salto Adelante. La forma en que los autores presentan esta cita parece sugerir que Mao estaba diciendo que de hecho podría ser necesario que la mitad de China muera para darse cuenta de sus planes de aumentar la producción industrial”.

Pero resulta obvio, por el texto real del discurso, que lo que Mao está haciendo es advertir sobre los peligros del exceso de trabajo y entusiasmo en el Gran Salto Adelante, mientras usa un poco de hipérbole. Mao está dejando claro que no quiere que nadie muera como resultado de su impulso de industrialización. En esta parte de la discusión, Mao habla sobre la idea de desarrollar todas las principales industrias y la agricultura de una sola vez. El texto completo del pasaje que los autores citan selectivamente es el siguiente.

“Ante esta situación, creo que si hacemos [todas estas cosas simultáneamente], sin duda, la mitad de la población de China morirá; y si no es la mitad, será un tercio o un diez por ciento, que supondría una cifra de muertos de 50 millones. Cuando la gente murió en Guangxi [en 1955], ¿no fue despedido Chen Manyuan? Si con una cifra de muertos de 50 millones, no has perdido tu trabajo, al menos yo debería perder el mío [y perder la cabeza]. En Anhui se quieren hacer tantas cosas; está bien hacer mucho, pero es primordial no tener muertes”

Luego, en unos párrafos más adelante, Mao dice: “En cuanto a 30 millones de toneladas de acero, ¿realmente necesitamos tanto? ¿Somos capaces de producir [tanto]? ¿Cuántas personas movilizaríamos? ¿Podría esto conducir a la muerte?”

Para abundar en el dudoso proceder histórico del matrimonio Chang-Hallliday sobre la China de Mao, Joshua Ball cita al periodista Nicholas D. Kristof quien en The New York Times planteó algunas dudas interesantes al respecto. Kristof habla sobre la maestra de inglés de Mao, Zhang Hanzhi que Chang y Halliday citan como una de las personas que entrevistaron para el libro. Sin embargo, Zhang le dijo a Kristof que aunque conoció a los dos autores (Chang-Halliday), se negó a ser entrevistada y no les proporcionó información sustancial. Kristof pedía a los autores que publicaran sus fuentes en la web para que puedan ser evaluados con imparcialidad.

Es cierto que hubo algunos defensores de la historia del “número de muertos masivos” en la década de 1960. Sin embargo, como señaló Félix Greene en su libro “A Courtain of Ignorance”, los anticomunistas en la década de 1950 y principios de la década de 1960 hicieron acusaciones sobre hambrunas masivas en China prácticamente todos los años. La historia sobre el Gran Salto Adelante solo se tomó realmente en serio en la década de 1980 cuando el nuevo liderazgo chino comenzó a respaldar esa idea. Fue esto lo que realmente ha dado credibilidad en Occidente a gente como Jasper Becker, Jung Chang, Jon Halliday y más recientemente a otro especialista en tergiversación de la historia: el holandés Paul Dikötter, del que hablaremos más adelante.

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Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (1)

LA DESINFORMACIÓN COMO ARMA DE MANIPULACIÓN MASIVA

En la propaganda de los millones de muertos del comunismo la China de Mao siempre aparece en primer lugar con la escalofriante cifra de (más/menos) 78 millones de muertos. Pero ¿qué evidencias se han presentado que avalen esa cantidad? Es impresionante, pero ninguna se puede decir que es creíble. El argumento de los millones de muertos en la China de Mao, en el período llamado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, es un vehículo de propaganda lleno de falsificaciones, tergiversaciones y fuentes históricas de dudosa veracidad. Una vez confrontados los datos con solvencia crítica y no con anticomunismo de guerra fría, se desvanece el “genocidio comunista”.

Dando un repaso a la literatura crítica de la “hambruna” de los millones de muertos de Mao se llega a la conclusión de que la propaganda y el dinero pagado para mentir han sustituido a la verdad histórica. Y, créanme, no hace falta ser comunista para refutar esa falsificación, por mucho que los neoliberales y  la extrema derecha se hayan embarrado en los últimos años (sobre todo a raíz del ascenso de movimientos social-izquierdistas de raíz no comunista) a impulsar una renovada campaña contra el comunismo y su “horrible” legado de los “millones de muertos”….

Un frente anticomunista de think-tanks ultraconservadores junto a una súbita aparición (muy coordinada todo hay que decirlo) de ciertos “personajillos” en redes sociales como Youtube (llamados eufemísticamente “anarcocapitalistas”, “libertarios” o libertarianos), junto a personajes nefastos del periodismo y la economía ultraliberal (Losantos, Villanueva, Rallo, Lacalle, Braun), no dejan de recordarnos las maldades del “comunismo” todos los días y a todas horas. Añádele la aparición recurrente de profusa literatura anticomunista que te explica cansinamente la “siniestra” ideología del marxismo y sus “consecuencias” prácticas en los países de todos conocidos.

Pero vayamos a la China de Mao. La investigación que existe sobre los supuestas decenas de millones de muertos del sistema comunista chino a finales de la década de 1950 y primeros de los años 60 (a pesar de la voluminosa historiografía existente) es de mala calidad y los autores, prácticamente todos anticomunistas y vinculados a posiciones ideológicas de derecha, tienen en común su falta de objetividad y desconocimiento sobre la historia de China.

El único objetivo de los estudiosos que han escrito contra Mao Ze Dong y la China comunista es engañar intencionalmente a los lectores apelando a su sentido de la indignación (por ejemplo, recurrir a imágenes gráficas impactantes de personas famélicas extraídas de fuentes no verificables). Un ejemplo de esta manipulación, que hace recuentos de víctimas del comunismo de forma gratuita, por tanto de nula credibilidad, es el elogiado panfleto ultraderechista El Libro Negro del Comunismo, un compendio de falsificaciones sin sentido, saturado de propaganda destinada a mentes sugestionables.

El investigador británico Joseph Ball hizo un ensayo profundo, certero y conclusivo en 2006 sobre la China de Mao, en particular, sobre las inexactitudes y falsedades de los historiadores y periodistas de Occidente en torno al período del Gran Salto Adelante (y la Revolución Cultural), refutando la fantaseada cifra de las decenas de millones de muertos que figuran en los libros de cabecera del anticomunismo de Occidente. La mayoría de los intentos de socavar la reputación de Mao se centran en el famoso Gran Salto Adelante que comenzó en 1958, un proyecto de mejora masiva de la producción agrícola e industrial. Se argumenta que estas políticas llevaron a una hambruna en los años 1958-1961.

Durante el Gran Salto Adelante, el período crítico donde supuestamente se produjeron los millones de muertos de Mao, es sabido que los campesinos se unieron a grandes comunas formadas por miles o decenas de miles de personas y se emprendieron esquemas de riego a gran escala para mejorar la productividad agrícola. El plan de Mao era aumentar masivamente la producción agrícola e industrial.

“Se argumenta, dice Joseph Ball, que estas políticas llevaron a una hambruna en los años 1959-61 (aunque algunos creen que la hambruna comenzó en 1958). Se citan una variedad de razones para la hambruna. Por ejemplo, la adquisición excesiva de cereal por parte del Estado o el desperdicio de alimentos debido a la distribución gratuita en las cocinas comunales. También se ha afirmado que los campesinos descuidaron la agricultura para trabajar en los esquemas de riego o en los famosos hornos de acero a pequeña escala construidos en áreas rurales”

De hecho, las exorbitantes cifras de la “hambruna china” cuando realmente empezaron a gozar de popularidad fue pasados unos años desde la muerte de Mao. Fuentes oficiales chinas, publicadas después de 1975, sugieren que 16,5 millones de personas murieron en el Gran Salto Adelante. Pero hay que decir que estas cifras fueron publicadas durante una campaña ideológica del gobierno del reformista Deng Xiaoping contra el legado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Por tanto, poco margen de objetividad se podía esperar del “Krushchev chino”.

El problema, como dice Ball, es que “no hay forma de autentificar de forma independiente estas cifras (de Deng) debido al gran misterio sobre cómo fueron reunidas y preservadas durante veinte años antes de ser lanzadas al público en general”, pero que sirvieron para catapultar la propaganda de los millones de muertos de Mao por parte de historiadores occidentales, quienes aprovecharon el “filón Deng” y empezaron a aumentar progresivamente la cantidad de víctimas de la “hambruna forzada maoísta” hasta 30 millones, combinando la evidencia china con extrapolaciones de los censos de China datados entre 1953 y 1964.

Dos historiadores sobre los que Ball volverá más adelante, la escritora china Jung Chang y su marido, el historiador irlandés, Jon Halliday en su sensacionalista Mao: the Unknown Story afirman tranquilamente que Mao mató a 70 millones de personas, incluidos 38 millones durante el Gran Salto Adelante. Esta ha sido, junto al Libro Negro del Comunismo, o el trabajo del pseudoperiodista Jasper Becker, Hungry Ghosts, la base publicitaria que han utilizado historiadores y periodistas vinculados al ultraconservadurismo occidental para repetir, de forma sistemática y anatemizante, el “genocidio” chino de Mao.

No es ninguna sorpresa que agencias estatales de los Estados Unidos, como la CIA brindaran asistencia, a través de fondos económicos. a quienes tenían una actitud negativa hacia el maoísmo (y hacia el comunismo, en general) durante el período de la posguerra o “guerra fría”. Sólo hay que ir a la Operación Mockingbird (Sinsonte), cuando en los años 50 la CIA compró a varios editorialistas de los medios más importantes de EEUU para difundir propaganda falsa contra China, en la que se acusaba a Mao de traficar con toneladas de opio desde China hasta Bangkok (Tailandia). En realidad, era la CIA la que estaba traficando masivamente con opio en el Sudeste asiático (Laos, Tailandia…) para financiar la Operación Gladio y diversos golpes de Estado en todo el mundo.

Resulta paradójico (pero entraba en ese doble juego astuto de Occidente) que EEUU atacara a China con difamante propaganda anticomunista y al mismo tiempo hubiera apoyado, años antes, al PCCh contra el Kuomintang. En 1944, Mao estaba negociando activamente con representantes estadounidenses (misión del general P.J. Hurley) mientras que en enero de 1945, el PCCh comenzó negociaciones secretas con representantes del Departamento de Estado de los Estados Unidos. En los años 70 es conocido que China se decantó (una de las mayores manchas, si no la mayor de su historia) por el régimen de terror de los Jemeres Rojos, dirigido por EEUU. La razón de Washington era clara: tanto a mediados de los años 40, como en los años 70, el objetivo era debilitar a la URSS.

La CIA también encontró en los académicos su particular mina de oro anti-china. Por ejemplo, a través del veterano historiador del maoísmo Roderick MacFarquhar, editor de The China Quarterly en la década de 1960. Esta revista publicó acusaciones sobre muertes masivas por hambruna que se han citado desde entonces. Más tarde, se supo que este medio recibió dinero de una organización del frente de la CIA, como MacFarquhar admitió muchos años después en una carta a The London Review of Books. Roderick MacFarquhar afirmó que no sabía que el dinero provenía de la CIA, mientras estaba editando The China Quarterly.

Afirma Ball que “aquellos que han proporcionado evidencia cualitativa, como los relatos de testigos oculares citados por historiadores como Jasper Becker en su famoso relato del período, Hungry Ghosts, no han proporcionado suficiente evidencia que lo acompañe para autentificar estas cuentas. Mientras que la evidencia documental citada por Chang y Halliday sobre el Gran Salto Adelante se presenta de una manera demostrablemente engañosa”

Pero es que tampoco, y esto es importante señalarlo, las cifras que reveló el régimen de Deng Xiaoping sobre el hecho de que millones de personas murieron durante el Gran Salto Adelante es confiable. La evidencia de los campesinos contradice la afirmación del régimen de Deng de que Mao fue el principal culpable de las muertes que ocurrieron durante el período del Gran Salto Adelante.

A pesar de que demógrafos estadounidenses han tratado de usar la evidencia de la tasa de mortalidad y otras pruebas demográficas de fuentes oficiales chinas para probar la hipótesis de que hubo un “número de muertes masivas” en el Gran Salto Adelante “las inconsistencias en la evidencia y las dudas generales sobre la fuente de su evidencia socavan la hipótesis del “número de muertos masivos”, dice Ball.

Muchos autores que han estudiado las cifras de “millones de muertos” publicadas por Deng Xiaoping después de la muerte de Mao afirman que la producción de cereales per cápita no aumentó en absoluto durante el período de Mao. Sin embargo, se pregunta Ball, “¿cómo es posible conciliar tales estadísticas con las cifras de esperanza de vida que los mismos autores citan?”.

Además, señala Ball “Guo Shutian, ex Director de Política y Derecho del Ministerio de Agricultura de China, en la era posterior a Mao, ofrece una visión muy diferente del desempeño agrícola general de China durante el período anterior a las “reformas” de Deng. Es cierto que escribe que La producción agrícola disminuyó en cinco años entre 1949-1978 debido a “calamidades naturales y errores en el trabajo”. Sin embargo, afirma que durante 1949-1978 el rendimiento por hectárea de tierra sembrada con cultivos alimenticios aumentó en un 145.9% y la producción total de alimentos aumentó 169,6 %. Durante este período, la población de China creció un 77,7%”.

Es más, Ball contradice a toda la propaganda occidental señalando con total seguridad que “Existe un buen argumento para sugerir que las políticas del Gran Salto Adelante en realidad hicieron mucho para sostener el crecimiento económico general de China”. Todo ello en una década, la de 1950, donde China iba a tener que desarrollarse utilizando sus propios recursos y sin poder utilizar una gran cantidad de maquinaria y conocimientos tecnológicos importados de la Unión Soviética debido al cisma ideológico entre Krushchev y Mao, aunque Mao ya había mostrado sus diferencias con Stalin en materia de industrialización pesada (preeminente en el caso soviético, menos en el chino) y diferencias de Stalin con Mao sobre aspectos geopolíticos.

Hay que recordar que en 1960 el conflicto entre China y la URSS llegó a un punto crítico que sería utilizado más tarde por EEUU para acercarse a China con el objetivo de debilitar a la URSS (como fue el caso antes mencionado de los Jemeres Rojos en Camboya). Los soviéticos habían estado proporcionando una gran asistencia para el programa de industrialización de China. En 1960, todos los asesores técnicos soviéticos abandonaron el país y se llevaron los planos de las diversas plantas industriales que habían planeado construir. La alternativa de China a la dependencia de la URSS fue un programa para desarrollar la agricultura junto con un desarrollo más limitado de la industria.

Según Ball, “Aunque se produjeron problemas y reversiones en el Gran Salto Adelante, es justo decir que tuvo un papel muy importante en el desarrollo continuo de la agricultura. Medidas como la conservación del agua y el riego permitieron aumentos sostenidos en la producción agrícola, una vez que terminó el período de malas cosechas. También ayudaron al campo a lidiar con el problema de la sequía. También se desarrollaron defensas contra inundaciones. Las terrazas ayudaron a aumentar gradualmente la cantidad de área cultivada”

Una de las características de la industria rural establecida durante el Gran Salto Adelante es que utilizó métodos intensivos en mano de obra en lugar de métodos intensivos en capital. Al estar atendiendo necesidades locales, no dependían del desarrollo de una costosa infraestructura nacional de carreteras y ferrocarriles para transportar los productos terminados. De hecho, dice Ball “las políticas supuestamente salvajes y caóticas del Gran Salto Adelante se combinaron bastante bien, después de los problemas de los primeros años”.

Uno de los enfoques críticos hacia la supuesta “ineptitud económica” de Mao fue el hecho de que incidir en una mayor productividad agrícola liberaría más mano de obra agrícola para el sector industrial manufacturero, facilitando el desarrollo general del país. Sin embargo, escribe Ball “era correcto para China, como lo demuestran los efectos positivos de las políticas de Mao en términos de bienestar humano y desarrollo económico”

La agricultura y la industria rural a pequeña escala no fueron el único sector que creció durante el período socialista de China. La industria pesada también creció mucho en este período, no al mismo nivel que la URSS de Stalin, pero su avance fue significativo. Desarrollos como la creación del campo petrolero Taching durante el Gran Salto Adelante proporcionaron un gran impulso al desarrollo de la industria pesada.

Esto se desarrolló después de 1960 utilizando técnicas propias nacionales, en lugar de tecnologías soviéticas u occidentales. (por ejemplo, los trabajadores chinos utilizaron la presión desde abajo para ayudar a extraer el petróleo. No confiaron en construir una gran cantidad de torres de perforación, como es la práctica habitual en los campos petroleros).

“Vale la pena recordar, dice Ball, que los “saltos” de los que Mao hablaba más no eran saltos en la cantidad de bienes que se producían, sino saltos en la conciencia y la comprensión de las personas. Se cometieron errores y muchos debieron desmoralizarse cuando se dieron cuenta de que algunos de los resultados del Salto habían sido decepcionantes. Pero el éxito de la economía china en los años venideros muestra que no se desperdiciaron todas sus lecciones”.

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