Categoría: El lobby médico-farmacéutico

La industria del cáncer: un gran negocio basado en el fracaso de una terapia yatrogénica

 PillsGun

 

Tratar el cáncer es un gran negocio en EEUU; de hecho, es un negocio que mueve más de 200 mil millones de dólares al año. Sin embargo, el 98 por ciento de los tratamientos convencionales contra el cáncer no sólo fallan miserablemente sino que también garantizan que los pacientes con cáncer enfermen debido a ellos

(Natural News)

 

Según noticia recogida de Falsimedia Los casos de cáncer en España superan ya las estimaciones que se habían hecho para 2020. En nuestro país se registraron en 2015 247.771 nuevos tumores, una cifra que sobrepasa en más de mil las previsiones basadas en el crecimiento demográfico, según ha puesto de manifiesto el último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). A pesar de todo ello desde el complejo industrial médico-farmacéutico se sigue vendiendo humo sobre los “grandes avances” que ha supuesto la engañifa de la “lucha o guerra contra el cáncer”. Hace casi veinte años se podían leer cosas como esta En investigación del cáncer, la gran mayoría de las veces, la distancia entre el éxito en el laboratorio y el que se pueda obtener en la farmacia es desgraciadamente infinita. Lo que equivale a un fracaso infinito. Y así ha sucedido en las últimas décadas con las promesas científicas sobre avances en la “curación” del cáncer. A pesar de ello cada día los medios siguen vendiendo falsas esperanzas con titulares nada menos que del siguiente tenor: Los nuevos fármacos que curarán definitivamente el cáncer.

Ahí es nada, las farmacéuticas investigando para “curar” una enfermedad que supone renunciar a seguir engrosando su abultada cuenta de resultados cada año. Curar es una cosa y aumentar la supervivencia (o cronificar) es otra. Pero es más fácil invertir el argumento y publicitar una vergonzante falsedad por parte de unos medios de manipulación que sirven a los intereses de las farmacéuticas. De ahí que, de tanto en tanto, llenen titulares sobre tal o cual avance “prometedor” para la cura del cáncer promoviendo un engaño masivo sobre los pacientes o familiares. Pero como dice el gran psiquiatra Peter Breggin ¿a quién benefician esos estudios prometedores?

Los médicos y la industria del crimen farmacéutico juegan con estadísticas triunfales de supervivencia en base a unos tratamientos yatrogénicos que apenas curan, cronifican a medias y las tasas de mortalidad al cabo de unos años (estas no cuentan) siguen ahí, impertérritas e imparables. Como dicen en Natural News Tal vez usted habrá escuchado a través de los principales medios de comunicación que el tratamiento de cáncer de mama en etapa temprana tiene una tasa de curación del 91% a cinco años. Esta declaración es absolutamente ridícula. Usted podría obtener la misma tasa de curación por no hacer nada en absoluto (el cáncer de mama es un cáncer de crecimiento muy lento).

Pero montar un fastuoso circo de propaganda en torno al cáncer (criminalizando tratamientos alternativos) vendiendo la estafa de que se ha descubierto una nueva vía de tratamiento que sólo es un escaparate publicitario para las farmacéuticas que, de este modo, pueden controlar mejor a la opinión pública y hacerse con una posición dominante en el mercado con su “nuevo” fármaco (en realidad un medicamento clonado de otro anterior).

Incluso los sinvergüenzas-criminales del negocio del cáncer muestran su verdadero rostro cuando, con ocasión de un “fallido” medicamento, se leen noticias como esta: El fracaso del fármaco llamado a ser el superventas de la oncología. Estaba llamado a ser el fármaco con más ventas del mundo, además de una nueva esperanza en la oncología. Desde entonces, la cotización de la compañía se ha visto lastrada por la mala noticia. En definitiva, se trataba de otro timo más de la oncología cuantificable sólo por la fría estadística “superventas” (sic) de su rendimiento mercantilista. Ante esto no abren la boca las asociaciones de pacientes pro-farmafia y los grupos del pseudoescepticismo.

El mantra conocido en la industria del cáncer es que “hay avances en la lucha contra el cáncer”. Pero ya no pueden obviar que “el número de casos va en aumento”. Porque somos más viejitos, dicen. El envejecimiento progresivo de la población es la principal causa de que cada vez haya más cáncer. Entonces que expliquen por qué cada día más gente joven muere de cáncer (pongamos un rango de edad > 30 y < de 60 años). ¿Cómo han estimado que la población actual, joven, va a vivir como nuestros abuelos nonagenarios? ¿Afirmando que, cómo desarrollan cáncer tempranamente, van a “vivir mucho” (sic)? Pero si esas personas no han vivido ni la mitad de su vida y son objeto de un cáncer fatal…¿Cómo se atreven esos matasanos a ejercer de tan chapuceros videntes afirmando que van a vivir un determinado tiempo? ¿Vivimos más o nos están envenenando más?

También entran en el lote casuístico del cáncer las consabidas drogas letales explotadas por el Estado a través de sus respectivos impuestos (tabaco y alcohol). Pero nunca he oido hablar a los matasanos acerca de impulsar una iniciativa que suponga la prohibición total de las mismas y enjuiciar al Estado asesino por propagar deliberadamente un crimen. De otras causas que puedan provocar el cáncer no interesa hablar demasiado ya que, para los propagadores de las mentiras de Estado, forman parte del entramado “conspirativo” y el “maguferío”, es decir, las verdades incómodas que molestan a las grandes corporaciones mafiosas de la industria alimentaria, tecnológica (eléctricas o nuclear) o farmacéutica.

La industria del cáncer es un gran negocio y este próspero negocio no puede permitirse el lujo de que nadie pueda encontrar una cura a un grupo de enfermedades que son “oficialmente” incurables. Si cualquiera de los tratamientos alternativos de bajo costo y altamente exitosos para el cáncer fueran aprobados para su uso, entonces todo este negocio se derrumbaría totalmente. El cártel farmacéutico no dejará que eso suceda.

Todas las investigaciones actuales sobre medicamentos contra el cáncer se basan en una misma premisa: el mercado del cáncer va a crecer y no se reducirán los casos. En EEUU, al igual que en España, las previsiones futuras del número de cánceres diaganosticados son más que alarmantes para la población y opíparas para la industria del crimen farmacéutico. Saben que el número de casos de pacientes curados por cáncer es tan irrelevante que quedará sepultado por las muertes debidas a la propia quimioterapia o radioterapia, las únicas herramientas terapéuticas, junto con la cirugía, actualmente válidas para la “ciencia médica oficial”.

Muchos se preguntan, a propósito de la investigación del cáncer en EEUU: ¿A dónde han ido todos esos miles de millones de dólares de investigación? ¿Dónde están los resultados de la guerra contra el cáncer que comenzó en el año 1971? Los fondos para la investigación han sido devorados por el monopolio del cáncer, un cártel que consiste en compañías farmacéuticas, la American Medical Association (AMA), un sistema de investigación que apoya a los fabricantes farmacéuticos, un sistema de organizaciones benéficas que recaudan dinero para la investigación del cáncer y varias agencias federales como la FDA de Estados Unidos. Estos grupos tienen poco interés en la curación del cáncer, pero están plenamente comprometidos con la obtención de beneficios para el monopolio del cáncer que está a cargo de las compañías farmacéuticas.

Para entender cómo se ha pervertido y manipulado el tratamiento de la enfermedad, hagamos un poco de historia de la mano del site Health Impact News: En la década de 1800 había dos enfoques primarios para la curación de las enfermedades. El modelo alopático consideraba la enfermedad como un invasor, por lo que se proponía el uso de diversos tratamientos, que incluían sangrado, administración de sustancias tóxicas como el mercurio y el plomo, y el uso de procedimientos quirúrgicos. El otro estilo común fue un modelo basado en ayudar a la persona a superar la enfermedad reforzando y fomentando su propia capacidad para autosanar con la administración de hierbas y sustancias naturales que ayudaran a establecer el funcionamiento normal del cuerpo.

A principios del siglo XX, todo empezó a cambiar. Ciertas familias ricas de EEUU de apellidos de todos conocidos (Carnegie, Morgan y Rockefeller) se dieron cuenta de los beneficios potenciales que se podrían hacer de los nuevos medicamentos patentados. Unieron fuerzas con la American Medical Association (AMA), que representa a los médicos alopáticos e implementaron un plan para tomar el control del sistema de salud de los Estados Unidos.

Comenzaron a corromper las facultades de medicina de todo el país haciendo grandes donaciones a dichas facultades a cambio de la oportunidad de poner a sus representantes en las juntas rectoras de las universidades. Esto les permitió a esas élites formar de nuevo el plan de estudios para centrarse en lo que se convertiría en los tres pilares de la medicina moderna, es decir, la cirugía, la radioterapia y los fármacos sintéticos. La formación médica debería ahora centrarse en estos pilares, sobre todo en el último pilar, las drogas de síntesis. A los médicos se les enseñaría a depender de los fármacos como primera línea de actuación para todas las condiciones de salud.

Como parte importante del anterior engranaje esa industria farmacéutica controla la FDA (la Agencia federal de alimentos y medicamentos de EEUU) y el CDC (el Centro para el Control de enfermedades), financiados ambos por las compañías farmacéuticas, los cuales disponen de respectivas puertas giratorias para poner en marcha un copioso tráfico de influencias. Sin olvidarse del patrocinio de la farmafia sobre las revistas médicas y los sobornos sobre sus médicos-científicos. Ya lo dijo, no hace tanto, el presidente de la sociedad oncológica española, la SEOM, con total naturalidad cómplice, ‘Hacemos los ensayos clínicos que quiere la industria farmacéutica’. Claro, de ahí que, como dicen en Natural News Las compañías farmacéuticas pagan a los oncólogos para promover medicamentos caros, ineficaces y tóxicos para luchar contra el cáncer. La mayoría de los oncólogos no ganan dinero tratando a los pacientes, sino vendiendo fármacos contra el cáncer.

En resumen, en acertada analogía hablan desde Health Impact News de que: el gran zorro farmacéutico no sólo está guardando el gallinero del sistema de salud, sino que está viviendo en ese propio gallinero. Mientras, cada día, muere más gente joven en los hospitales debido al cáncer en un rango de edad que oscila entre los 30 (y menos) y 60 años (que se pasen por los obituarios de este país; tengo estadísticas al respecto). Debe ser, como dicen los matasanos, que hoy día “vivimos más”. Pues para enfermar y morir de cáncer en el intervalo de edad antes señalado no parece que la gente viva mucho…¿Tienen la vergüenza de seguir propagando campañas inútiles de “lucha” contra el cáncer que no son más que escaparates de la industria del crimen farmacéutico?

 

LOS OTROS MERCENARIOS DE LA FARMAFIA: GRUPOS Y ASOCIACIONES DE PACIENTES

 

La otra “pata” del negocio del cáncer lo constituyen las asociaciones de pacientes y organizaciones benéficas, financiadas ambas por la industria farmacéutica. El objetivo es crear un clima favorable entre la ciudadanía de a pie para la perpetuación de la gran estafa de la “Investigación sobre el cáncer”, siempre bajo la dirección de la industria de las drogas legales. Dicen por aquí que los grupos de defensa de los pacientes de EE.UU. son financiados y dirigidos por la industria farmacéutica. España no es una excepción. Cualquiera que se asome a cada una de las múltiples asociaciones de pacientes de cualquier enfermedad (cáncer, diabetes, esclerosis, enfermedades raras, leucemia, etc) verá en su web, si está disponible, el logo de un patrocinador de la industria farmacéutica.

En EEUU, la financiación de las compañías farmacéuticas a las asociaciones de pacientes es, ciertamente, revelador. Veamos, siguiendo a Carol Adl del site anterior, que vínculos encontramos. Se supone que los grupos de defensa de los pacientes son entidades imparciales e independientes que defienden el interés público con respecto a las cuestiones médicas y de drogas que maneja la FDA. Por ejemplo, un grupo llamado ‘The United Patient Voice’ tiene dos líderes farmacéuticos importantes en su directorio: Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA) y Biotechnology Innovation Organization (BIO), así como representantes de compañías farmacéuticas clave como Sanofi, Johnson & Johnson y Alkermes. PhRMA proporcionó 1,2 millones de dólares en fondos para el grupo hace dos años, y el 77 por ciento de su apoyo financiero provenía de las industrias farmacéutica y de biotecnología.

En particular, asociaciones como la española GEPAC (Grupo Español de Pacientes con Cáncer), financiada por farmaceúticas como la multicriminal Roche y Janssen, o un esperpento demagógico llamado Asociación para Proteger al enfermo de Terapias Pseudocientíficas (además de enfermo, le consideran tonto), representan la fidelidad más ciega y fanática de sumisión a los tratamientos médicos convencionales. Desde su página web, los de Gepac nos remiten a un panfleto llamado Mitos y Pseudoterapias para supuestamente “desmontar”, según ellos, algunos “mitos” existentes entre las terapias alternativas y los tratamientos contra el cáncer. Los expertos de GEPAC sueltan perlas, con la acostumbrada prepotencia y cascada de mentiras del pseudoescepticismo, tales como que “la radioterapia no quema” (debe ser “nutritiva”), “No existen dietas anti-cáncer” (una falsedad propagada sin decoro alguno), “la mejor recomendación es obtener las vitaminas y minerales de los alimentos” (¿de alimentos transgénicos o de los que están repletos de pesticidas?), “los aditivos alimentarios no provocan cáncer” (haciendo de brazo armado de la industria alimentaria), “algunos suplementos en altas dosis pueden ocasionar cáncer” (con base científica cero…pero hay que alarmar acerca de las terapias naturales), “ningún estudio ha demostrado que el azúcar empeore el cáncer” (ignorancia y mala fe manifiesta), “no se ha encontrado evidencia de que el aspartamo cause cáncer” (parten de la “evidencia” fraudulenta de la gran industria alimentaria), “la seguridad de la radiación emitida por microondas está avalada por la OMS” (válgame…el órgano corrupto de la salud planetaria que es financiado en un 75 por cien por las farmacéuticas) y un largo y sinfín de tópicos conocidos y que son la religión de los promotores del complejo criminal médico-farmacéutico.

Tanto es el fanatismo “alopático” que mueve a esta asociación, o más exactamente empresa de dudoso funcionamiento (no audita sus cuentas) y además ha sido acusada de estafa a través de su presidenta, que esta última ha afirmado, cito textual de esta web, “no hagáis nada sin consultarlo con vuestro médico”, en referencia al peligro que algunos pacientes se ven expuestos ante determinados productos milagro que curan el cáncer. Productos milagro en la sacrosanta medicina convencional los hay a espuertas y no veas como matan o enferman. Pero es que la ínclita sujeta que está a cargo del GEPAC, acusada de defraudadora (y se atreve a hablar de otros “fraudes”), representa fielmente lo que señalan con acierto y certeramente en Natural News Hemos sido condicionados a vivir como si los médicos son las personas más cercanas a Dios que podemos ver en la Tierra. Hemos de reverenciarles, respetarles y nunca cuestionar sus juicios médicos. Debemos sentir vergüenza si dudamos de nuestros médicos y debemos considerarnos traidores si no seguimos cada directiva que proponen. Desde nuestros primeros años nos han lavado el cerebro para hacer lo que los médicos nos digan. En resumen, les tratamos como dioses y les adoramos a través de nuestros talonarios de cheques.

De las terapias, o como ellos llaman “pseudoterapias”, señaladas en GEPAC, es cierto que algunas apestan a vulgares supersticiones de la Nueva Era y otras son simplemente estrambóticas y deplorables, pero el sesgo sectario de los que han publicado el libelo pro-farmafia hace que mezclen, con mala fe, esas terapias junto con otras como el MMS, suplemento mineral (no milagroso) de probada y demostrada eficacia (siempre que sea utilizado correctamente) o la nutrición ortomolecular vía suplementos. En mi caso, el MMS (en su variante CDS) funcionó por vía tópica externa sobre un dedo meñique del que me llevé un soberano “tajo” y que casi se va de la mano. En tan sólo tres días el CDS obró el “milagro” como no lo habría hecho ningún ungüento-estafa de la farmafia, de los que dicen están validados “científicamente”. No hubo dolor alguno, suturación, ni rastro de cicatriz, en el meñique durante los días que apliqué el MMS, quedando como nuevo. Decir también que el MMS lo probé por vía oral durante una temporada, como mantenimiento, y no tuve ningún problema..

En Gepac, en cambio, califican al MMS de “muy peligroso” (pero resulta que no ha matado ni la millonésima parte, es decir, a nadie, de la manera que lo hacen decenas o centenares de fármacos sacados al mercado “legalmente” y bajo los auspicios del terrorismo médico-científico-farmacéutico, drogas legales que son la tercera causa de muerte en el mundo), mientras que de las terapias ortomoleculares en GEPAC dicen que no sirven para nada ya que no gozan de la manoseada “evidencia científica” proporcionada por…las farmacéuticas. “Si usted se abona a esta terapia y abandona la convencional le puede causar la muerte”. Así sentencia el desvergonzado autor del capítulo referido a la nutrición ortomolecular.

En fín, como señala el biólogo Thomas N. Seyfred, de forma convincente, acerca del cáncer:

⦁ No se ha hecho un progreso real en el tratamiento del cáncer avanzado o metastásico durante más de 40 años.
⦁ El número de personas que mueren cada año y cada día ha cambiado poco en más de 10 años.
⦁ La mayor parte de los avances conceptuales logrados en la comprensión de los mecanismos del cáncer tienen más que ver con tumores no metastásicos que con tumores metastásicos.
⦁ La opinión de que la mayor parte del cáncer es una enfermedad genética ya no es creíble.
⦁ Las células cancerosas dependen en gran medida del metabolismo de la glucosa y la glutamina para su supervivencia, crecimiento y proliferación (nota de interés para el tonto iletrado que escribió para el Gepac, negando esta cuestión)

La parafernalia ya está preparada para el solemne Dia contra el Cáncer, el día del miedo, inútil boato de propaganda para las farmacéuticas y manipulación colectiva donde te enseñarán que no hay otras opciones terapéuticas posibles que la cirugía, radioterapia o quimioterapia, las que dicen “curan” un 2 por cien de los cánceres. Tendremos otro ejercicio de caridad social en las calles como en aquellas cuestaciones que hacía el franquismo hace cincuenta años, un desfile de acólitos del negocio del cáncer y publicidad masiva pre-diseñada en los telediarreos para seguir sosteniendo la industria matarile por excelencia del cártel médico-farmacéutico.

La homeopatía ‘no funciona’…pero los fármacos son la tercera causa de muerte en el mundo

 

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LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA NO HA SIDO CREADA PARA CURAR SINO PARA CAPTAR “CLIENTES”

 

Cada día 44 personas mueren en los EE.UU. por sobredosis de analgésicos recetados y muchas más se vuelven adictas a ellos

http://www.cdc.gov/drugoverdose/data/overdose.html

 

Estados Unidos obliga a la homeopatía a informar de que no funciona. Con este pomposo titular varios diarios españoles (brazos mediáticos de la industria de las drogas legales) señalaban hace tres días que el gran lobby de presión farmacéutico de EEUU se dispone a abrir un nuevo capítulo de guerra contra la homeopatía. En el falsimedio de la fachenda política, La Razón, advertían que En 200 años de historia la homeopatía no ha demostrado científicamente que sea capaz de curar más allá del efecto placebo, y desde hace unos días los preparados homeopáticos que se vendan en Estados Unidos van a tener que advertirlo con una etiqueta en sus envases que informe de que “no existen evidencias científicas” de que ese producto funcione. La realidad de todo ello es que la industria farmacéutica no tolera que una terapia que actúa al margen de su monopolio criminal de la cronificación no pueda ser eficaz o curativa porque, según ellos, “no hay evidencias científicas”. Pero es que no puede haberlas, lógicamente, cuando el control mafioso de la industria de la enfermedad está en manos del crimen organizado (Peter Gotzsche, dixit).

Con esos preceptos la industria homeopática factura unos 60 millones de euros al año en España y sus defensores dicen que funciona, aunque no expliquen el cómo, afirman en el diario de la carcundia pro-mafia médico-farmacéutica. Calderilla, esos sesenta millones, frente a los miles de millones de euros que se embolsa Farmaindustria dejando cada año un reguero de muertos por fármacos con potenciales efectos letales, además de minimizar hasta lo irrelevante un sinfín de efectos secundarios declarados (y no declarados) en los prospectos de sus medicamentos. Otro día hablamos de vacunas y antibióticos salvavidas.

La mafia farmacéutica controla los ensayos clínicos de sus drogas legales a través de una fuerte financiación que implica, forzosamente, que se den unos resultados favorables a sus intereses y sean, por tanto, esas investigaciones susceptibles de ser fraudulentas, como así se ha demostrado a lo largo de los últimos años. Después, toca trabajar a los “matasanos” en el Departamento de corrupción médico-farmacéutica a través de los mercenarios que la farmafia envía a los hospitales y Centros públicos de Salud. Trajeados y acorbatados, normalmente ellos, o vestidas con sugerentes trajes ceñidos, maquilladas y con tacones de putánganas de cuarta, ellas. Todos ellos andan apostados a las puertas de los consultorios o pasillos hospitalarios con sus maletines repletos de sobornos para el galeno de turno, que les recibe con la correspondiente cara de felicidad (no es para menos). Dicho lo cual, es cierto, que existen profesionales de la salud (sería de necios no reconocerlo) humanistas, muy válidos y entregados a sus pacientes, pero eso no opta para señalar sus vínculos contaminantes con las farmacéuticas.

Los consumidores (entre los que no me encuentro) de la homeopatía, que son legión, dicen que funciona porque así lo han experimentado objetivamente, abandonando incluso, muchos de ellos, los tratamientos convencionales de la fracasada (en muchos aspectos) medicina oficial y con resultados muy positivos para su estado de salud. Sin embargo, sus detractores, el oficialismo médico y los cruzados pseudoescépticos, objetan lo contrario…Te ha funcionado, dicen, porque seguramente eres tonto, tomaste placebo y colorín colorado..el círculo pseudoescéptico se ha cerrado. “No funciona” porque a los anti-homeópatas les da la real gana.

¿Cómo se puede llegar a tan altas de cotas de estupidez y majadería pseudocientífica de considerar incapaces mentales a miles o tal vez millones de personas que consumen homeopatía a diario para combatir tal o cual dolencia? Es que, argumentan los heraldos de la fe científica: “no es medicina basada en la evidencia”. ¿Pero en la evidencia de quién…habría que preguntarse? ¿De una mafia del medicamento que se ha demostrado que soborna a gobiernos, manipula sus ensayos clínicos, tiene compradas a todas las revistas científicas de “prestigio” que supuestamente publican “por pares” y corrompe a profesionales de bata blanca? ¿La evidencia de alguien que no permite ni permitirá jamás arruinar su negocio de la cronificación?

En los últimos años ha habido un esfuerzo concertado para atacar la homeopatía de todas las maneras imaginables, etiquetándola desde “píldoras de azúcar”, “brujería” hasta “pseudomedicina basada en placebo”, etc. El último ardid es decir que los pacientes no están recibiendo “medicina real” y podrían poner su salud en grave riesgo. La industria de la farmafia, con los bolsillos bien repletos de dinero, con influencia masiva en los mass-mierda y en los grupos del radicalismo científista, intenta influir en la opinión pública como el reciente acuerdo de la Comisión Federal de Comercio estadounidense de exigir a las compañías de productos homeopáticos que indiquen claramente en su etiqueta que “no hay evidencia científica que respalde las afirmaciones de la homeopatía”.

Organizaciones escépticas como la Fundación Randi en los Estados Unidos han sido creadas y financiadas por intereses farmacéuticos con el objetivo de atacar no sólo la homeopatía sino toda la medicina natural, al igual que aquí, en España, ocurre con colectivos de la pseudociencia más inquisitorial. Se sabe que, al menos en EEUU, ejecutivos de las compañías farmacéuticas forman parte de los consejos de las empresas de medios de comunicación, de ahí su capacidad para influir en la prensa y los artículos que se publicarán con posterioridad serán favorables a las empresas farmacéuticas y en contra de terapias como la homeopatía.

La dinámica de las multicriminales farmacéuticas es medicalizar todo lo posible, crear pacientes nuevos y crónicos, de tal modo que si una persona comienza a tomar medicina alopática es difícil que salga de ella “gracias”, entre otras cosas, a los efectos secundarios que provoca y que son muy a menudo devastadores. Una vez que un paciente comienza a tomar medicina farmacéutica muy pronto aparecerán en él síntomas nuevos (efectos secundarios) y tendrá que continuar con otro medicamento y así sucesivamente en una cadena medicalizada sin fín. Por tanto, promover la negatividad de otras terapias alternativas se hace indispensable para todo este complejo delincuencial médico-farmacéutico, arguyendo continuamente mentiras basadas en el dogma cartesiano de la “evidencia científica”. Pero sobre todo de lo que se trata es de poner a buen recaudo su posición dominante en el mercado de la enfermedad.

Esto último, lo argumenta muy bien Dana Ullman en un artículo titulado La campaña de desinformación contra la homeopatía. Ullman explica que los que niegan la homeopatía buscan crear desinformación mediante el uso de tres técnicas sencillas. En primer lugar, hacen un acusación falsa muy simple, mediante una mentira, y lo repiten constantemente y constantemente en un intento de que se convierta en una verdad. En segundo lugar, esta repetición se realiza en el contexto de un elemento de legitimación. En el caso de los que niegan la homeopatía, ese elemento es una corrupción de la ciencia normal. Un análisis de la evidencia científica crea razones (excusas) para excluir estudios de alta calidad que muestran resultados positivos (incluso aquellos estudios que se han publicado en revistas médicas), además de promover un mal uso del concepto del escepticismo. Los negacionistas de la homeopatía ignoran o minimizan el cuerpo sustancial de evidencia de la ciencia básica y la investigación clínica, desde los estudios de resultados a los estudios de coste-efectividad y de evidencia epidemiológica, y sólo cita de los estudios que verifiquen su propio punto de vista, en lugar de revisar todo el cuerpo de la evidencia. El tercer componente de la técnica, dice Ullman, es vender la mentira a una población vulnerable en un intento de tener controlado a ese grupo.

Joachim Hagopian, ex oficial del ejército de EEUU, lo tiene aún más claro. Para Hagopian existe una agenda asesina de la FDA y Big Pharma para destruir la medicina homeopática.. En particular, Hagopian refiere que En los últimos tres meses, la FDA ha establecido su última cruzada advirtiendo a los estadounidenses sobre los posibles efectos secundarios nocivos de sustancias curativas naturales que han existido durante siglos. La FDA ha advertido falsamente a los consumidores y a los médicos que los medicamentos homeopáticos son perjudicialmente peligrosos para su salud. Un ejemplo de ello viene relacionado en la página web de la FDA: “La FDA advierte a los consumidores a no confiar en productos etiquetados como medicamento homeopático para el asma que se venden sin receta (OTC). Sin embargo, en el uso de productos de grandes empresas farmacéuticas a menudo prescritos para el tratamiento del asma, tales como los inhaladores Advair, Serevent y Foradil, fueron encontradas evidencias hace varios aňos, por investigadores de Cornell y Stanford, que indicaban un aumento del riesgo de muerte hasta tres veces y media y de hospitalización hasta dos veces y media más que otros estudios sobre pacientes que tomaban fármacos con placebo. Los resultados mostraron que los inhaladores de Big Pharma causaban hasta el 80% de las muertes relacionadas con el asma.

Un momento, he leído que en marzo del año pasado salió un informe de gran alcance del NHMRC (El Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica, de Australia, dependendiente del gobierno de ese país; la independencia y neutralidad ante todo), donde se señalaba que “Basados en la evaluación de la efectividad de la homeopatía, el NHMRC concluyó que no hay evidencia confiable de que esta sea efectiva para el tratamiento de ninguna condición médica”. El grupo de “expertos” concluyó que 225 estudios científicos habían demostrado la ineficacia de la homeopatía. La publicidad dada a este libelo oficialnoico fue bastante amplia, de tal modo que el aleluya en algunos medios de la desinformación (incluidos los marginales) les llevó a emplear cantos triunfales tales como “golpe a la homeopatía”, “gran estudio desmiente a la homeopatía”, “la homeopatía es un timo”. La “imparcialidad” del informe era fantástica: un encargo del gobierno australiano y las farmacéuticas para “liquidar” todo vestigio de una terapia que está en alza en los últimos años. 

El NHMRC australiano no es más que otro brazo armado de las compañías farmacéuticas. En su página web, el NHMRC Clinical Trials Centre (el centro de ensayos clínicos), nos sirve en bandeja a los patrocinadores que financian a sus “investigadores”. ¿Les suenan de algo?

  1. Abbott Laboratories
  2. Alphapharm
  3. AstraZeneca
  4. Aventis Pharma
  5. Bayer Group
  6. Boehringer Ingelheim
  7. Fournier Laboratories SA
  8. GlaxoSmithKline
  9. Novartis
  10. Roche
  11. Sanofi
  12. Solvay Pharmaceuticals

Ok, ahora ya sabemos por qué la homeopatía “no funciona”….Lo dicen Roche, Bayer..

¿Australianos? ¿Quiénes son estos tipos para hablar de la ineficacia o nulidad de la homeopatía? A ver que veo por aquí...Compañías farmacéuticas gastaron más de 43 millones de dólares en sobornar a profesionales de la salud australianos con viajes, cenas, almuerzos y escapadas al extranjero en tan sólo seis meses. Los gastos, incluyeron un viaje de 70.000 dólares a Suecia para seis oncólogos y 176.000 dólares para nueve dermatólogos en Vancouver, que fueron justificados por las compañías farmacéuticas como “eventos educativos”. Las multinacionales farmacéuticas pagaron los gastos de comidas o viajes de los médicos 14.872 veces en seis meses. Cómo para pensar que los científicos-canguro iban a hacer un pseudoinforme anti-homeopatía a precio de ganga y con la imparcialidad como bandera…¿Ustedes ven noticias de este calado, a menudo, en los medios de deformación masiva españoles?

 

FDA, AGENCIA A SUELDO DE LA FARMAFIA Y LA GRAN INDUSTRIA ALIMENTARIA DE EEUU

 

La Agencia federal de alimentos y medicamentos de EEUU, más conocida por sus siglas FDA, es la encargada de regular todo lo relativo a la aprobación de fármacos y productos alimentarios. Por tanto, uno podría pensar, con lógica y de partida, que ese organismo debería proteger los intereses de los consumidores estadounidenses. Pero hay que ser muy cándido para creerse tal aseveración puesto que la FDA, en realidad, es una herramienta más de las grandes multinacionales fármaco-alimentarias sobre las que opera. En la práctica, la FDA actúa como una sucursal de compañías como Monsanto o los lobbys de presión farmacéuticos. Pero con ser esta una de las puntas del iceberg el panorama se vuelve más siniestro cuando aparecen nombres y expedientes de personas de la FDA que trabajan en alianza con esas corporaciones mafiosas, con el Congreso y con la Casa Blanca para promocionar el crimen farmacéutico.

Uno de los casos más vergonzosos y criminales de la FDA fue el del fármaco Vioxx, de la multinacional Merck (ya señalado en otra ocasión en un capítulo de las entradas sobre el Complejo médico farmacéutico), retirado del mercado hace ya más de una década después de que un estudio demostrase que duplicaba el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Fue utilizado por aproximadamente 20 millones de pacientes y los casos de fallecimientos por ataques al corazón se estiman que fueron de entre 27.000 a 140.000. Los datos del riesgo cardiovascular fueron deliberadamente retenidos por la FDA, revistas médicas como JAMA y los médicos que administraban a los pacientes esas drogas. La compañía autora del genocidio desembolsó más de 4.500 millones de dólares en concepto de indemnizaciones a los afectados. Pero, sin duda, el beneficio obtenido del fármaco superó con creces el pago que tuvo que hacer Merck por la matanza. Ni que decir tiene que no hubo responsabilidades penales a nivel de directivos o responsables directos de la compañía, algo que les permite a estas empresas vivir en un entorno o limbo de impunidad permanente. Pues bien, se supo con posterioridad que 10 asesores del panel de “expertos” de la FDA, en el caso Vioxx,  habían tenido vínculos con empresas farmacéuticas.

Las compañías farmacéuticas, en esta intrincada y perfectamente organizada red de delincuencia contra la salud, pagan enormes cantidades, (se habla de siete cifras) que van a parar a las arcas de la FDA para obtener la aprobación de sus medicamentos. Los funcionarios de la FDA saben que el dinero significa salarios más altos y más beneficios en el presupuesto de la agencia. Una bicoca nada despreciable que hace que las puertas giratorias y los conflictos de intereses trabajen a pleno vapor entre la Agencia reguladora y estas empresas multicriminales, intercambiándose ambas empleados clave para sus respectivos propósitos. Todo sea por “velar” por nuestra “salud” (en este caso, la de los americanos; aunque aquí el sucio negocio médico-farmacéutico es exactamente calcado al país del Tío Sam).

Mientras, decenas de drogas legales peligrosas continúan en el mercado acumulando miles de millones de dólares para la industria de la farmafia, con la aprobación previa de la FDA. Cito ejemplos que señalaba hace tres años el site Institute for Natural Healing: Las demandas siguen sumando contra Pradaxa, una droga que sólo ha estado en el mercado unos dos años. Pradaxa es un anticoagulante usado para prevenir derrames. La FDA lo aprobó como una alternativa a la warfarina, también conocida como Coumadin, debido a los peligros relacionados con ella. Los efectos secundarios de la warfarina lo convierten en una de las principales causas de muertes en urgencias hospitalarias. Sólo en 2011 causó 1.106 episodios adversos graves y 72 muertes. Pero eso no es nada comparado con su “alternativa más segura”. Pradaxa tuvo 3.781 eventos adversos en 2011. Eso incluyó 542 muertes y 2.367 hemorragias. Recuerde, Pradaxa obtuvo la aprobación como alternativa más segura en sustitución de la warfarina. Entonces, espera…la FDA sabía que el Pradaxa era realmente más peligroso que la Warfarina y… ¿no lo sacaron del mercado?

Es decir, la FDA y sus compinches de las farmacéuticas saben perfectamente el grado de gravedad o letalidad de sus medicamentos genocidas, pero los ponen en circulación a sabiendas. Cabe preguntarse…¿y estos asesinos en serie de la FDA son los que braman contra la homeopatía intentando estrangularla con campañas intimidatorias en detrimento de la mafia del medicamento? Se me antoja un poco fuerte el asunto, la verdad.

 

PETER GOTZSCHE, UN MÉDICO CONTRA EL TERRORISMO FARMACÉUTICO

 

Peter Goetsche, director de la prestigiosa publicación médico-científica Cochrane, es conocido entre otras cosas por ser el autor del tremendo libro Medicamentos que matan y Crimen Organizado. El danés se expresa con contundencia: Nuestros medicamentos recetados son la tercera causa principal de muerte después de las enfermedades cardíacas y el cáncer. Basado en la mejor investigación que he podido encontrar, he estimado que los fármacos psiquiátricos por sí solos son también el tercer mayor asesino, principalmente porque los antidepresivos matan a muchas personas mayores a través de caídas. Esto nos dice que el sistema que tenemos para investigar, aprobar, comercializar y usar drogas legales está completamente fracturado.

Gotzsche apunta en la diana tan certeramente como lo hace en su libro: Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (NSAIDs) llevan un gran número de muertes, principalmente por el sangrado de úlceras de estómago e infartos de miocardio. Los fármacos antidepresivos son otro gran asesino. Su efecto sobre la depresión es cuestionable. Los resultados estándar son altamente subjetivos. Muchos otros fármacos que probablemente no tienen efecto real como los anticolinérgicos para la incontinencia urinaria y fármacos anti-demencia, también tienen efectos secundarios cerebrales y pueden matar a los pacientes. La mayoría de las muertes son invisibles. Las personas sufren infartos de miocardio y fracturas de cadera y los médicos generales no tienen idea de que matan a uno de sus pacientes cada año.

Hay soluciones simples a nuestra epidemia mortal de las drogas legales, señala Gotzsche. Hacer menos diagnósticos, prescribir menos medicamentos y decirle a los pacientes que lean el prospecto en Internet. Aunque, bien es cierto, esos pacientes nunca tomarían el fármaco si aplicaran al pie de la letra lo contenido en el prospecto. Hace muchos años hice una investigación sobre el naproxeno (Ibuprofeno) y cuando leí el prospecto y me di cuenta de cuántas maneras diferentes este medicamento podía matarme, decidí no tomar nunca un AINE (anti inflamatorio no esteroideo). Una vida sin medicamentos es posible para la mayoría de todos nosotros, sentencia finalmente Gotzsche.

Aunque Gotzsche está embarcado plenamente en el dogma de la medicina oficial, eso sí, disintiendo de sus métodos yatrogénicos, y tampoco es partidario de las medicinas alternativas, sugeriría una palabra: desmedicalizar y buscar, como decía el psiquiatra Peter Breggin, “opiniones disidentes”. Cualquier terapia alternativa (o complementaria con la tradicional), fundamentada, contrastada por la propia experiencia, e incluso que goce de literatura científica fuera de los circuítos controlados por la industria-mafia de las drogas legales será siempre válida. Incluidas, por supuesto, terapias naturales como la homeopatía, remedios herbales, la medicina tradicional china, la medicina ayurvédica o los indispensables suplementos nutricionales (muy superiores, bastantes de ellos, en efectividad y seguridad a los fármacos-asesinos). Eso sí, olvídense (no todo vale) de prácticas chamánicas extrañas, nutriciones cuánticas, la “curación” mediante la fe, dietas extravagantes, “terapias del alma”, autosanaciones con “cristales” y otros ejercicios supersticiosos similares propuestos por mangantes que trafican con la Nueva Era, es decir, exactamente igual que hacen, a sensu contrario, las farmacéuticas o los grupos del pseudoescepticismo (aunque, en el caso de los charlatanes esotéricos, con bastantes menos víctimas mortales que los del negocio de la enfermedad).

Todo lo que sea la consecución, a través de los medios anteriores, de una epidemia de buena salud para la población será siempre una muy mala noticia para el complejo criminal farmacéutico.

La industria farmacéutica pagó cerca de 500 millones de euros a médicos, sociedades científicas y organizaciones sanitarias del Estado español

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Estas son las cifras de la corrupción médico-farmacéutica contadas por ellos mismos. Y lo llaman, eufemísticamente, ejercicio de “transparencia autoimpuesto por los laboratorios farmacéuticos”. Se ha publicado ayer mismo en su página web el presupuesto que esa industria destinó en el año 2015 a sobornar a médicos y a comprar voluntades de las instituciones de Salud. Dicen (los de la farmafia) que la decisión de “transparentarse” en España, como en el resto de países europeos, fue recogida en 2014 en el Código de Buenas Prácticas. En el trillado, vacuo, solemne y neutro lenguaje de la industria de la enfermedad ese gigantesco montante económico, puesto a la luz, significa suministrar apoyo a los profesionales médicos e instituciones sanitarias para, dicen, que “puedan llevar a cabo su labor investigadora”. 

Pero la realidad de las relaciones (incestuosas) entre el conglomerado de la industria farmacológica-médicos es otra bien diferente.  Con esta puesta en escena de “buenas prácticas” lo que han hecho las empresas farmacéuticas es poner en marcha una aseada operación publicitaria, supuestamente “transparente”, que lo único que muestra es el grado de corrupción de lo que hoy constituye la medicina oficial, o lo que es lo mismo, el necesario edificio sobre el que se sostienen los lobbys farmacéuticos que son los que, finalmente, imponen los criterios investigadores, los que supervisan los “papers” científicos, los que corrompen los sistemas de Salud y los que manipulan a conveniencia el resultado de los ensayos clínicos, en definitiva, el contenido, real (yatrogénico), de sus medicamentos.

El desglose de los casi 500 millones de euros es el que sigue: 190 millones para proyectos de I+D (investigación, no hace falta decirlo, para seguir cronificando; la mafia paga, manda y ordena), 119 millones para los inevitables Congresos médicos donde las verdaderas estrellas invitadas son las principales firmas de la farmafia mundial monitoreando a sus perritos falderos de bata blanca. Además, hay otro montante de 66 millones adicionales para la celebración de aquéllos saraos-simposiums a través de distintas organizaciones sanitarias.

A lo anterior, hay que añadir la prestación de servicios profesionales, individuales o grupales, que alcanzan un valor de 88 millones de euros, y las donaciones, que sólo pueden realizarse a organizaciones sanitarias y que sumaron 33 millones. Según Farmafiaindustria Estos servicios pueden ser de diversa índole (ponencias en reuniones, realización de informes, etc.), pero en todo caso implican el abono de una remuneración y, en su caso, los gastos de desplazamiento y manutención.

Lo que no cuenta el lobby de la enfermedad es qué existen otra clase de servicios que se orquestan entre bambalinas (aunque son muy perceptibles), como es la presencia de sus sicarios-vendedores apostados con sus maletines a las puertas de las consultas de Centros de Salud y Hospitales, esperando proponer regalos, viajes y otros sobornos por cada medicamento de Novartis, Roche, Boehringer, Sanofi, Bayer, etc, que los “matasanos” prescriban a su mercancía ambulante (léase, pacientes). La cara de felicidad del doctor de turno al ver al emisario de la farmafia es para enmarcar. Huelga decir que para nada explicita la industria de las drogas legales este concepto opaco de los “visitadores”, caja B o similar, de difícil cuantificación.

Así pues, tanta diafanidad y transparencia de la mafia farmacéutica casi abruma…son tan majos estos del crimen organizado, que diría Peter Gotzsche (director médico de Cochrane), que casi hasta parecen “empresas de caridad social”. En su autocomplacencia dicen Hoy conocemos estos datos gracias a la iniciativa de transparencia europea que han adoptado las compañías adheridas al Código de Buenas Prácticas de la Industria Farmacéutica en España, que entre los días 27 y 30 de junio han publicado en sus sitios web las colaboraciones realizadas en 2015 con organizaciones y profesionales sanitarios derivadas de su colaboración en estos ámbitos.

Ante el descrédito que cada día va ganando el complejo médico farmacéutico y su industria de la cronificación (y muerte) mucha gente ya está empezando a optar por terapias no invasivas, naturales y de comprobada eficacia, por lo que no hay nada mejor que autopublicitarse, ser “transparente” y apostillar con gran énfasis propagandístico las bondades de este “desinteresado” interés de la farmafia por servir a “la investigación de nuevos medicamentos” (que maten) y a los pacientes, todo ello a golpe de talonario, incluidas asociaciones de afectados por tal o cual enfermedad. Objetividad e independencia, dicen ser sus principios, según la mafia del medicamento. Suena, como mínimo, gracioso.

Según Farmaindustria la estrecha colaboración entre laboratorios y médicos genera un círculo virtuoso donde todos ganan: los profesionales, puesto que actualizan y mejoran sus conocimientos sobre medicamentos; la industria, que se beneficia de la experiencia clínica y científica de los sanitarios; el sistema sanitario, que dispone de profesionales a la vanguardia del conocimiento y la investigación biomédica internacional, así como de constantes mejoras farmacológicas, y los pacientes y sociedad en general. Hombre, círculo virtuoso…virtuoso…a mí me suena más a círculo mafioso, vicioso, goloso y más osos de los que no me acuerdo ahora mismo

En definitiva, lo que se dice un negocio redondo, estratosférico, a la par que sucio, donde la única ganancia la constituye un sistema de corrupción clientelar entre laboratorios farmacéuticos, gobiernos y médicos que trafican con la salud de una población convenientemente medicalizada, por tanto, adoctrinada para que sea lo más crédula posible en la santa mafia médico-farmacéutica

El complejo médico-farmacéutico, delincuencia organizada contra la salud (7): la medicina, ese negocio muy corrupto

 

 

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MARCIA ANGELL, EX EDITORA JEFE DE LA PRESTIGIOSA PUBLICACIÓN NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE (LA “BIBLIA” DE LOS MATASANOS) HABLA DEL FRAUDE  MÉDICO-FARMACÉUTICO

 

La sintomatología de la enfermedad médico-farmacéutica tiene unos signos que son evidentes y perceptibles desde hace años y que se han manifestado en una variedad de “patologías” reconocibles: fraude y manipulación en los ensayos clínicos, conflictos de intereses, sobornos, opacidad, ocultación y engaño, puertas giratorias donde se intercambian expertos entre las agencias estatales de salud y las multinacionales farmacéuticas, además de la altavocía que les otorgan los medios controlados (por la propia industria farmacológica). Parece que las cosas no van a cambiar, en ese sentido, a medio o largo plazo. Da igual que no hace tanto el Comité de Finanzas del Senado norteamericano descubriera un pastel delictivo en todas las ramas de la medicina (de la psiquiatría a la cardiología) donde los médicos norteamericanos habían sido recompensados por las farmacéuticas con millones de dólares (en efectivo, mediante viajes pagados, regalos de lujo, etc) a cambio de recetar “a la carta” a sus crédulos pacientes su basura farmacéutica.

Marcia Angell, de la que hemos hablado por aquí otras veces, ex editora del New England Journal of Medicine (el bastión o sancta sanctorum referencia de la medicina mundial), catedrática por la elitista Universidad de Harvard, ha denunciado reiteradamente los vínculos de la farmafia con el colectivo médico. Dice Angell que Las compañías farmacéuticas subvencionan la mayoría de las reuniones y seminarios de las organizaciones profesionales de médicos y la mayor parte de la educación médica que, de forma continuada, necesitan los profesionales de la salud para mantener en activo sus licencias estatales. Nadie sabe la cantidad total de dinero suministrado por las compañías farmacéuticas a los médicos, pero se estima, a partir de los informes anuales de las nueve principales compañías farmacéuticas de Estados Unidos, que se trata de decenas de miles de millones de dólares al año. De este modo, afirma Angell, la industria farmacéutica ha obtenido un enorme control sobre los médicos a la hora de evaluar y utilizar sus propios productos. Sus extensos vínculos, en particular con instituciones de alto nivel y Facultades de Medicina de prestigio, afectan a los resultados de la investigación, al ejercicio de la medicina e incluso a la definición de lo que constituye la propia enfermedad”. Creo que no necesita mucha aclaración.

Prosigue Angell, apuntando bien alto: Debido a que las compañías farmacéuticas ponen como condición que la financiación esté íntimamente vinculada a todos los aspectos de la investigación que patrocinan, pueden introducir más fácilmente el sesgo de que sus medicamentos parezcan más seguros de lo que realmente son.  Antes de la década de 1980, por lo general, se otorgaba a los médicos  la total responsabilidad en la realización de su trabajo investigador, pero ahora son los empleados de una compañía farmacéutica o sus agentes quienes a menudo diseñan los estudios, realizan los ensayos, escriben los papers científicos y deciden de qué manera se van a publicar los resultados. A veces los investigadores de una Facultad de Medicina son poco más que peones en el suministro de pacientes y en la recolección de datos, de acuerdo con las instrucciones que les da la empresa farmacéutica. La prostitución científica se hace tan evidente que Angell deja aún más cristalino el fraude del complejo médico-farmacéutico del siguiente modo: A la vista de este control y conflictos de intereses que inundan a las compañías farmacéuticas no es de extrañar que los ensayos patrocinados por esta industria, publicados en las correspondientes revistas médicas, favorezcan de forma sistemática a los patrocinadores de la industria de las drogas legales, puesto que los resultados negativos no se publican mientras que los resultados positivos se publican varias veces de diferentes maneras.

Por ejemplo, continua Angell, en una revisión de setenta y cuatro ensayos clínicos con antidepresivos, se encontró que treinta y siete de los treinta y ocho estudios positivos habían sido publicados. Sin embargo, de treinta y seis estudios negativos, treinta y tres fueron, o bien no publicados, o publicados de tal forma que diera la impresión que pareciera un resultado positivo. No es raro, pues, que un artículo publicado cambie el enfoque del efecto deseado del fármaco a un efecto secundario que parezca más favorable”, sentencia la americana. La deducción es bien lógica y no admite réplica alguna: la literatura científica, como ya se ha referido en otras ocasiones, está comprada. Lo más sorprendente es que desde los propios púlpitos científicos, al más alto nivel, se ha denunciado varias veces esta certera conclusión, eso sí, con el habitual silencio ensordecedor de la “comunidad de médicos y escépticos”. En particular, en 2011, Fiona Godlee, editora en Jefe de la revista British Medical Journal, declaró ante el Parlamento británico que la literatura científica revisada por pares se había convertido en el brazo comercial de la industria farmacéutica.

Pero todavía hay más. La estafa del colesterol es otro de los temas estrella con los que nos han bombardeado en los últimos años la entente farmafia-matasanos, tanto que una investigación del Senado norteamericano descubrió que los fármacos para reducir el colesterol también son un fraude masivo. En 2004, el llamado Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol de EEUU hizo una llamada para bajar drásticamente los niveles deseados de colesterol “malo”. Así las cosas, no parece por lógica que algo que sea “malo” no pueda ser corregido. Pero el problema radicaba en que ocho de los nueve miembros del panel que escribieron las recomendaciones “anti-colesterol malo” tenían vínculos financieros con los fabricantes de medicamentos reductores del colesterol. Y, lo que es más importante, ya al margen de esta última cuestión, muchos miembros de los comités permanentes de expertos que asesoran a la norteamericana FDA (la todopoderosa agencia reguladora de las drogas legales), sobre aprobación de medicamentos, se sabe que también tienen lazos financieros con la industria farmacéutica. La contaminación científica es un hecho.

Las empresas farmacéuticas también han participado en la creación de enfermedades ficticias  y esto no es ninguna sorpresa ya que la investigación antedicha del Senado estadounidense la dejaba en evidencia, parece ser que con el fin de sacar provecho de lo que se conoce como “medicamentos de mayor éxito” (fármacos con ingresos anuales superiores a mil millones de dólares). Por ejemplo, es conocido que Ahora estamos en medio de una aparente epidemia de la enfermedad bipolar en niños (que parece haber desplazado el trastorno de hiperactividad por déficit de atención como la condición más publicitada de la infancia), con un aumento, en cuarenta veces, de los diagnósticos entre los años 1994 y 2003. Estos niños son a menudo tratados con múltiples medicamentos, muchos de los cuales, cualesquiera que sean sus otras propiedades, son sedantes y casi todos tienen efectos secundarios potencialmente graves.

Hasta el prestigioso microbiólogo David Lewis, un defensor de los medicamentos y vacunas, (a los que reconoce “de vital importancia para la salud pública), señala que el mundo de la medicina está plagado de corrupción: Una vez que el Congreso de EEUU y la literatura científica están controlados por las compañías farmacéuticas, ¿cómo puede tener confianza el público en los fármacos?, se pregunta Lewis, criticando las políticas de vacunación de EEUU a través del CDC (el lobby estatal americano que controla a nivel mundial las enfermedades infecciosas), señalando que la Casa Blanca está financiando organizaciones basadas en la fe religiosa para promover la vacunación. La Secretaria del HHS, Kathleen Sebelius señaló que los grupos religiosos juegan un papel importante en el mantenimiento saludable de las comunidades. Es una vergüenza que la influencia corporativa haya erosionado la confianza del público hasta el punto de que haya que pagar a organizaciones religiosas para dar fe de las políticas del CDC. Vaya, vaya y aquí andábamos con la monja Forcades como la epígona del anti-vacunismo. 

 

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LA JAMA PUBLICITABA HACE CINCUENTA AÑOS LAS “BONDADES” DEL TABACO A TRAVÉS DE SUS MÉDICOS. “PROTEGÍA LA GARGANTA CONTRA LA IRRITACIÓN Y LA TOS”, DECÍAN 20.679 MATASANOS

 

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Al sostén de las corruptelas de la industria de la enfermedad contribuye el lobby” médico más influyente de EEUU, la rama política de los poderes médico-farmacéuticos, es decir, la AMA (Asociación Médica Americana), también conocida por aquellos pagos como Asociación Americana de la locura (American Madness Association) o Asociación Americana del Asesinato (American Murder Association), de la que dicen es el segundo mayor grupo de presión que existe en Washington, justo detrás de las petroleras. Un hecho nada circunstancial, sin duda. A la AMA, como a cualquier entidad comercial con ánimo de lucro, únicamente le preocupa aumentar sus ganancias y el poder e influencia de los miembros que la conforman, así como obtener contrapartidas de los cárteles farmacéuticos a los que sirve. También, y esto es decisivo para adoctrinar a la opinión pública, controla los medios de comunicación, ya se trate de periódicos, revistas científicas o la propia televisión.

Ya se citó en la entrada sobre Royal Raymond Rife cómo las únicas credenciales del que fue jefe de la AMA durante veinte años, Morris Fishbein, fueron poner fin a la libertad de medicina en los EEUU. Cualquier curación por vía natural o mediante terapias holísticas que no implicara la venta de productos farmacéuticos fueron suprimidos y perseguidos activamente por los esbirros de Fishbein, es decir, las agencias FDA y la FTC (Federal Trade Commision. Fishbein (conviene recordarlo), junto con la multinacional del tabaco Philip Morris, estableció un programa de publicidad “saludable” de los cigarrillos en la revista médica de la AMA, la JAMA, que se prolongó durante más de 20 años y donde se exaltaban  constantemente los beneficios del tabaco.

La cruda realidad de la medicina moderna en EEUU, que va unida indisolublemente al negocio multimillonario que le es consustancial, es que se ha estimado que al menos 100.000 muertes se producen cada año en ese país como consecuencia de medicamentos que son prescritos y administrados adecuadamente. Entonces, la cuestión que se plantea es…si todos esos medicamentos fueron testados “correctamente” en ensayos aleatorizados, doble ciego y controlados clínicamente, es decir, “científicamente demostrados”, según la jerga cargante de los cientifistas…¿cómo es posible que fueran permitidos sin traba alguna para ser puestos a la venta? ¿Por qué se retiran del mercado todos los años una determinada cantidad de medicamentos, después de ocasionar incluso muertes y lesiones irreversibles, sólo para ser reemplazados poco después por el mismo número de fármacos con idénticos o parecidos “principios activos”?

Algunos se preguntan con toda lógica: si la medicina convencional es tan escrupulosamente científica y detalladamente probada, ¿por qué tiene una demostración tan deplorable cuando se trata de hablar de eficacia? ¿Qué ocurre con las enfermedades? ¿Estamos más sanos o más enfermos cada año? Si funciona tan bien la medicina “basada en la evidencia” ¿por qué mucha gente abandona los tratamientos convencionales y se gasta, sólo en EEUU, 30 mil millones de dólares al año en medicinas alternativas?

Al contrario de lo que piensan los detractores “escépticos” de éstas últimas terapias la gente no está desinformada y es crédula ante lo primero “alternativo” que encuentran por el camino, sino que cada vez son más conscientes del fraude y la corrupción que existe en la industria médico-farmacéutica y, a su vez, tienen una mayor apreciación y comprensión de las dietas saludables y los suplementos alimenticios contrastados como un tratamiento natural para todas las enfermedades. Sabemos que existe una medicina hospitalaria eficaz (a veces negligente y criminal), científica, especializada e insustituible (urgencias, traumatismos, operaciones quirúrgicas) pero eso es sólo una parte positiva de un conjunto que sigue un dogma totalizador, exclusivo y excluyente, que convierte a la ciencia (médica) en una suerte de fundamentalismo mercantilista sectario.

En el actual contexto del negocio médico-farmacéutico las palabras del médico ortomolecular Andrew Saul son especialmente pertinentes cuando afirmó hace unos años, irónicamente, que “Tiene sentido gozar de buena salud, pero sólo si está respaldada por una buena suma de dinero”.

El complejo médico-farmacéutico, delincuencia organizada contra la salud (6): la mafia de bata blanca

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PETER BREGGIN, PSIQUIATRA: “LOS CIENTÍFICOS SON MENTIROSOS Y CORRUPTOS”

Peter Breggin es psiquiatra en Ithaca (Nueva York) y autor de numerosos “papers” científicos. Hace algunos años escribió un artículo titulado Los científicos como mentirosos: del calentamiento global a la psiquiatría biológica, donde evidenciaba las miserias de una profesión, la médica,  denunciando tanto a sus colegas de gremio como al propio sistema de evaluación científica. En definitiva, desmontaba, de alguna manera, los fundamentos y protocolos sobre los que se basa la Medicina moderna, contaminados por los intereses de esos grandes grupos de presión económicos que representan las farmacéuticas. Se ha hablado siempre de esas corporaciones del medicamento como entidades corruptas y mafiosas, pero la mesa de operaciones cojeaba si no se colocaba la otra pata del engranaje, que se encarga de ajustar, oportunamente, Breggin, al que no le duelen prendas ni defensa corporativa alguna, para señalar con el dedo acusador las faltas de sus colegas a la hora de recibir sobornos de la industria de las drogas legales.

Empieza Breggin desmitificando y desfalsificando, con una buena andanada, la profesión a la que pertenece Como científico e investigador he estado enfrentándome a la comunidad de ciencia durante décadas en mi campo de la psiquiatría. Algunos de los mentirosos más grandes de la ciencia son profesores líderes de opinión que son citados habitualmente como expertos científicos. Pero usted sólo tiene que entrar en su perfil público y encontrará un representante de una compañía farmacéutica en su interior.

Muchos de estos investigadores, continua Breggin, que ponen sus nombres en los “papers” científicos en realidad están escritos por los departamentos de relaciones públicas de las compañías farmacéuticas. A esto se le suele llamar “escritura fantasma.” La corrupción, esa gran aliada de la ciencia médico-farmacéutica, alcanza, de este modo, cotas de verdadera desvergüenza y escándalo. Lo anuncia Breggin con un ejemplo: Varios de los profesores universitarios de psiquiatría más respetados de Estados Unidos resultaron ser, en secreto y en gran medida, responsables de la toma de decisiones de las compañías farmacéuticas. Sólo uno de ellos fue despedido, pero rápidamente se hizo cargo de otro departamento universitario de psiquiatría.

Pero ¿es cierto que toda la ciencia está completamente corrupta?, se pregunta Breggin, para afirmar a continuación: En el campo que mejor conozco, la psiquiatría biológica, casi toda ella vende humo y está financiada por la industria farmacéutica. La ciencia psiquiátrica sirve a las compañías farmacéuticas y éstas, a su vez, son la sombra de los profesionales de la salud e instituciones como el NIH, NIMH, la AMA, la Asociación Americana de Psiquiatría y las principales universidades. He descrito esta estructura de poder como el complejo psicofarmacéutico. El libro de Breggin, La locura de los Medicamentos (2008), una suerte premonitoria del lapidario libro de Peter Gotzsche (director médico de Cochrane), Medicamentos que matan y Crimen organizado, nos muestra cómo ese complejo es una completa burla a la adulterada y prostituida ciencia médica. Simplemente, dice Breggin, ya no se puede confiar en los llamados “expertos” de bata blanca. A menos que sirvan a sus amos (de la farmafia), sus investigaciones no serán publicadas.

Y…a vueltas con esa verdad “científica”, de la que suelen hacer gala dogmáticamente y utilizar como parapeto ideológico tanto pseudoescépticos (los modernos cruzados de la fe cientificista) como la propia comunidad médica oficialista, es decir, la tan cacareada medicina basada en la evidencia y su metodología probatoria de los “pares”, Breggin señala, de forma convincente, que La revisión por pares no proporciona ninguna protección en absoluto de esta monopolización de la ciencia. De hecho, es cómplice de ella. Se supone que los artículos revisados ​​por pares son juzgados “ciegamente” por evaluadores sin saber quien los escribió. Pero conocer el nombre del autor no importa tanto porque es el contenido lo que se quiere censurar. Hace muchos años, un revisor “cegado” (nunca mejor dicho) rechazó uno de mis artículos, porque había incluido un ensayo científico firmado con mí nombre real, Peter Breggin, en mi bibliografía.

La revisión por pares, prosigue Breggin, se convierte en un sistema cerrado, constituido por una red clientelar (de amiguetes) que excluye sistemáticamente a todos los científicos que persiguen la objetividad y honestidad. En su lugar, da servicio a una estructura de poder particular en la que está incardinada la propia revista que publica los resultados. Un ejemplo de todo esto es lo que Breggin alude a continuación: Los correos electrónicos que fueron hackeados a los científicos del calentamiento global mostraron una total ausencia de investigación crítica en sus revistas atacando, a su vez, a revistas alternativas. Lo mismo sucede en la psiquiatría y, probablemente, en todo el mundo médico donde grandes sumas de dinero están en juego.

Abordar esta cuestión comporta el hecho, como dice Breggin (y han confirmado otros jerifaltes de ciencia como Richard Horton o Marcia Angell, editor y ex editora, respectivamente, de la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine) de que No haya una solución fácil. Tenemos, continua Breggin, que ser mucho más escépticos acerca de los estudios científicos y sus dictámenes, los cuales sirven a grupos de interés poderosos, así como a las agendas políticas que les sustentan. Debemos hacer esto incluso cuando el artículo parezca apoyar nuestros propios intereses económicos o ideas políticas. Yo mismo me atreví a mirar con escepticismo en la literatura científica en mi propio campo y, en última instancia, la conclusión a la que llegué es que, a pesar de que colisionaba con mis intereses profesionales y económicos, tuve que enfrentarme a la verdad y revelar que la ciencia era errónea en la psiquiatría.

El americano pone el dedo en la llaga del siguiente modo Cuando se publican y se citan en los medios de comunicación frases del tipo “los últimos estudios…”, siempre debemos preguntarnos “¿A quién sirven esos estudios?” Si refuerzan a los enormes intereses financieros y políticos hay que tratar esos informes con total escepticismo. Como a menudo me he encontrado en mi campo, incluso datos subyacentes a esos estudios pueden ser falsificados.

Finalmente, Breggin, acaba sentenciando de forma categórica que El ponerse una bata blanca, sobre todo cuando sus bolsillos están llenos de dinero, no hace a un científico fiable. Galileo lo dijo muy bien: “En cuestiones de ciencia la autoridad de un millar de personas vale menos que el humilde razonamiento de un solo individuo.” Confíe en su propio sentido común y busque opiniones disidentes.

El complejo médico-farmacéutico, delincuencia organizada contra la salud (5). La cultura de la corrupción como “modus operandi”

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El norteamericano Jay S. Cohen es doctor en Medicina y no es precisamente de los que son muy condescendientes con la situación actual de ese “pacto de caballeros” que existe entre médicos y empresas farmacéuticas. En dos interesantísimos artículos titulados Cultura de la corrupción en la profesión médica deja bien a las claras que las cosas, en la llamada medicina oficial, están alcanzando unos derroteros que rozan (o sobrepasan) la prostitución de la profesión médica. Los conflictos de intereses de los galenos con la farmafia son moneda de curso común, mientras que esa industria intenta influir en los médicos a través de la promoción de sus drogas legales que son a veces útiles (pocas) e inservibles y iatrogénicas (en una buena parte). El doctor Cohen lo refleja en la primera parte de su artículo Decenas de miles de representantes de ventas aparecen en los consultorios médicos todos los días. Los pacientes en las salas de espera a menudo son superados en número por los representantes de la industria del medicamento (por lo general mujeres jóvenes y atractivas); aquí, lo único “atractivo” son unos buitres gordos encorbatados, apostados con sus maletines al acecho. Sobre este asunto Cohen apunta un dato de relevancia. Y es que, según el galeno norteamericano, los estudios han demostrado que la influencia de las compañías farmacéuticas sobre los médicos suelen dar lugar a decisiones irracionales y tienen un impacto negativo en el tratamiento de los pacientes.

Con ser ese un aspecto importante del entramado médico-farmacéutico, quizás la parte más decisiva de este fraude y corrupción generada por la industria de las drogas legales y las complicidades del establishment médico sea que, según Cohen, ellos (las corporaciones) no sólo ofrecen regalos, cenas y seminarios, sino que seleccionan cuidadosamente los estudios que apoyan el uso de sus medicamentos. El objetivo general es el control de la información que reciben los médicos acerca de los fármacos. Los estudios con resultados desfavorables no se publican. Es decir, los representantes de la industria farmacéutica no incluyen estudios independientes donde existan conclusiones menos favorables.

Marcia Angell, ex editora en jefe del New England Journal of Medicine, quien ya denunció, en su momento, la poca credibilidad de las investigaciones sobre ensayos clínicos, se hace eco de esta cuestión reflexionando acerca de esa telaraña de intereses creados mutuamente entre médicos y la mafia de las drogas legales: algunas instituciones académicas, dice Angell, han entrado en alianzas con las compañías farmacéuticas para establecer centros de investigación y programas de enseñanza en el que los estudiantes y miembros de las facultades de Medicina llevan a cabo, esencialmente, investigación para la industria farmacéutica. Cuando los límites entre esta industria y la medicina académica se ha vuelto tan difusos, como lo son actualmente, los objetivos de negocio de las multinacionales del medicamento influyen de múltiples maneras en esas Facultades de medicina. Entonces ¿qué se puede esperar de la gran mayoría de los médicos si éstos tienen vínculos financieros con la industria farmacéutica la cual marca las directrices, recomendaciones y prescripción de medicamentos que incluso pueden dejar graves secuelas físicas y psíquicas, como así ha sucedido?

Pamela Hartzband y Jerome Groopman afirman en el New York Times que los médicos son recompensados (por la Farmafia) por mantener el colesterol de sus pacientes y la presión arterial por debajo de ciertos niveles objetivo. Jay S. Cohen habla en el mismo sentido que sus colegas anteriores Los métodos de prescripción de los médicos están muy influenciados por los incentivos de las compañías farmacéuticas. Pero ¿Esto no sería, además de corrupción, un delito contra la salud pública? ¿Qué grado de complicidad y encubrimiento tienen las agencias nacionales gubernamentales de salud de los países, sobre todo desarrollados? ¿Tienen algunos la desvergüenza de hablar en contra de la homeopatía y silenciar esta campaña de iatrogenia masiva? Cohen remarca el hecho de que Durante años, muchos de nosotros (los médicos) nos hemos opuesto a las compañías farmacéuticas que ofrecen regalos, cenas caras, viajes, vacaciones, entradas para espectáculos en Broadway, eventos deportivos, campos de golf y otros regalos. Hoy en día, los representantes de las compañías farmacéuticas frecuentan los pasillos de muchas Facultades de Medicina, ofreciendo regalos, almuerzos y seminarios gratuitos. La Asociación Médica Americana (la AMA) y otras organizaciones están de acuerdo en “limitar” estas prácticas y han establecido directrices voluntarias (SIC) que restringen la aceptación de regalos que no vayan más allá del mero valor simbólico. Pero, por desgracia, estas directrices no han funcionado nunca.

No han funcionado y, señalo yo, no funcionarán nunca porque la cultura de la salud hoy día es la cultura de la corrupción médico-farmacéutica gracias, entre otras organizaciones, a la AMA estadounidense, quien tolera y promueve la ciencia de la corrupción (como antes ejerció el gangsterismo contra investigadores como Royal Raymond Rife). Y lo refiere además, acertadamente, Sydney Wolfe, de Public Citizen: Las directrices voluntarias de la AMA no son nada más que una campaña de relaciones públicas apenas disimulada. No confío en la industria farmacéutica o en la AMA para practicar lo que predican porque ya llevan articulando directrices similares durante 11 años y solamente en el último par de años hemos encontrado un gran número de violaciones de esas normas. Este chalaneo, consentido desde los gobiernos en su calidad de gestores de la salud pública de los ciudadanos, les convierte en delincuentes de Estado al servicio de unas transnacionales que actúan del mismo modo que la mafia.

Cohen insiste en la cultura de la corrupción médica: La presencia de la industria de las drogas legales en algunas conferencias médicas es tan penetrante que a veces es difícil saber si se trata de conferencias médicas o de convenios sobre publicidad farmacéutica. Cohen cita al Washington Post para señalar el despiporre de este festival de mangoneo clientelar montado conjuntamente por gobiernos, médicos y la mafia del medicamento: En los días previos a la reunión de la Asociación Americana de Psiquiatría, en Filadelfia [2002], las compañías farmacéuticas enviaron por correo a los asistentes cientos de tarjetas telefónicas gratuitas, así como invitaciones a museos, conciertos de jazz y cenas de lujo. Le faltó decir, también, visitas guiadas a los mejores burdeles de lujo de la ciudad con su inexcusable pack de condones de colores (con la bandera americana, faltaría más).

Pero no hace falta ir tan lejos. Aquí, en España, las sociedades médicas también se “pegan la vida padre” en los congresos que organizan bajo el “mecenazgo” de la farmafia. Un ejemplo. El reciente congreso (junio de este año) de la SEPAR (Sociedad española de Neumología y cirugía torácica) se celebró en la isla de Tenerife y los asistentes se hospedaron en un lujoso hotel (el Baobab) que llaman “resort” (una forma hortera y anglofilizada de neocolonizar el lenguaje español, que significa que está ubicado en un entorno privilegiado, con “extras” como el spa, campo de golf, etc..). En el Palacio de Congresos donde se desarrollaban las actividades de los médicos (conferencias, charlas, debates), se podían ver, de forma preeminente, casi diría que omnipotente, los “stands” de farmacéuticas como Roche, Boehringer o AstraZeneca. Eso sí, novedades médicas para “intentar curar” (es un decir) enfermedades crónicas o letales, propias de la especialidad (asma, fibrosis pulmonar, EPOC, cáncer de pulmón, etc), ninguna que no fuese la habitual y farragosa monserga dialéctica médica, tecnicista, ambigua, amalgamada de “prometedoras promesas” con la que embaucar a los enfermos,  todo ello bajo el patronazgo de una industria del medicamento a la que, sobradamente, lo único que le interesa es expandir el negocio de enfermar y, también, a veces, matar. Aquí les paso algunas fotos del “evento”:

CONGRESO DE LA SEPAR, TENERIFE, JUNIO 2015

 

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LA FARMAFIA EN PRIMERA LÍNEA

 

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Escribir una leyenda

 

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SERVICIO DE MAYORDOMOS PARA LA ÉLITE MÉDICA

 

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CENA DE LUJO, CON JAMÓN IBÉRICO DE BELLOTA…..JOSELITA

 

La estrategia de la farmafia es, pues, la compra de voluntades y que el enfoque médico esté orientado a la iatrogenia de sus fármacos, a cualquier precio, prescindiendo de una visión nutracéutica de la salud que proporcione métodos más curativos y menos agresivos que los de las drogas legales de Big Pharma. Pero no sólo la medicina oficial representada por los galenos es la mina que explota en exclusiva ese lobby mafioso. También las asociaciones de pacientes están en su objetivo, utilizando el siempre sutil chantaje emocional sobre el enfermo. Así lo señala en su artículo Cohen: las compañías farmacéuticas están invirtiendo millones de dólares en grupos de defensa de pacientes y organizaciones médicas para ayudar a expandir los mercados para sus productos. Muchos grupos de pacientes se han convertido en gran parte o totalmente dependientes del dinero de la industria farmacéutica,

En definitiva, no sería descabellado, poniendo punto final a esta larga crítica de Jay S. Cohen, sobre este sistema de extorsión planificada y consentida, que las grandes corporaciones farmacéuticas fuesen (quiméricamente) llevadas ante un tribunal penal internacional independiente (porque el de ahora es una pantomima compuesta por verdugos que sirven de instrumento a los crímenes de EEUU e Israel) para que fuesen enjuiciadas, entre otros muchos delitos, por impedir de forma deliberada el fomento e investigación de alternativas naturales para la salud.

El complejo médico-farmacéutico, delincuencia organizada contra la salud (4). Hipocresía, mafia, crimen y ciencia unidas de la mano

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Un niño no fue vacunado en Olot por sus padres y, desgraciadamente, falleció hace unas semanas de difteria debido, sin duda, a un cúmulo de disparates que no debieron nunca ocurrir. Se monta el subsiguiente cirio por la brunete pseudoescéptica en contra de los “anti-vacunas” exigiendo medidas penales contra los padres, los hijos y el Espíritu Santo. Pero del fiasco de vacunas como la del VPH, Gardasil, que sigue su particular conteo de víctimas, no guten los muy…..a pesar de sus contrastados y nefastos efectos secundarios que han llevado a la silla de ruedas a la gimnasta Erika Carrilero y a otras chicas a la muerte. También de las drogas legales que causan miles de muertos o deformaciones físicas (o psíquicas) cada año callan y otorgan. Recordemos, sólo por refrescar la memoria a los desmemoriados, el reciente caso de las indemnizaciones denegadas a los afectados por aquel medicamento siniestro llamado talidomida, de la que ninguna página del cientifismo militante se hizo eco, como suele ser habitual en los defensores de la iatrogenia farmacéutica cuando de las drogas legales se trata. Un “escepticismo” un tanto curioso, la verdad, tanto que que roza (o sobrepasa con creces) la superchería pseudocientífica.  

La talidomida no fue un fármaco cualquiera sino que fue creado nada menos que por médicos del régimen nazi de Hitler y probada en los campos de concentración, según dos investigadores que llegaron a la conclusión, en 2009, que la farmacéutica propietaria de la patente, Grünenthal, había mentido, ya que presentó el caso de su descubrimiento (el de la talidomida) como una suerte de “carambola” allá por el año 1954, cuando lo cierto es que ese fármaco ya se había gestado durante el régimen nacionalsocialista de Hitler. La cruda realidad es que mientras que en la República Democrática de Alemania el Estado de Obreros y Campesinos confiscó todas las empresas del nazismo y las puso al servicio del pueblo, la otra Alemania (la Federal neohitleriana) mantuvo las empresas del III Reich a disposición de sus dueños nazis, librándose “trust” químico-farmacéuticas como Bayer, Boehringuer Ingelheim, Grünenthal, y otras como Goedecke Pharma ahora integrada en Pfizer, de la llamada pomposamente “desnazificación” (una fachada política de la postguerra inventada por EEUU y Alemania para dejar de perseguir al grueso de los criminales de guerra nazis). Más recientemente, hablando de drogas letales, tenemos el conocido caso del medicamento Vioxx, que provocó más de 60 mil muertos, sólo en los EEUU. Hombre, parece que esto si tiene caracteres de genocidio farmacéutico ¿no? Y perseguible por un Tribunal penal internacional, como mínimo. Pero el caso es montar traca demagógica contra las llamadas “pseudomedicinas”, pero a las oficiales (que matan y rematan) ni tocarlas. Como dice el doctor Juan Gervás, en el caso de difteria aparecido en Olot, todo fue “alimentar los bajos instintos y carne para las fieras. Manipulación sin ética”

Sin duda que hay algunos médicos con vocación humanista, exigentes consigo mismos y volcados en dar una atención de calidad a los pacientes (incluso a veces invidualizada), aunque también los hay prepotentes, soberbios y  despreciables, que faltan al trato humano más elemental (como alguien ha dicho por ahí Bordes trabajando en la Seguridad social y amables cuando por las tardes trabajan en la sanidad privada) Pero lo que verdaderamente cuenta en buena parte de los galenos es estar sponsorizados por la Farmafia por lo que, lógicamente, no pueden morder la mano del amo que les da de comer. Un ejemplo de esto último es la médica Esther Samper que tiene tres blogs en Internet, en la práctica desactualizados (MedTempus, Naukas y Doctora Shora en ELPAIS), donde nos cuenta cuáles son sus principios de actuación: acercar la medicina a todos los públicos y en todas sus formas (avances médicos, consejos de salud, tratamientos, prevención…). Una estrategia mediática de promover la ciencia médica de manera idealista, como suele ser el patrón sobre el que se mueven, cara a la galería, esta gente. El problema es que cuando alguien te empieza a cuestionar la ortodoxia… te quedas sin argumentos y recurres al conocido mantra de la conspiración y el “magufismo”, el lamentable recurso de todos los teólogos de la ciencia.

Cuando un usuario escribía hace unos años a Samper en su blog de ELPAÍS lo siguiente: “creo que las farmacéuticas animan a los médicos a que continúen hablando un idioma no entendible para los pacientes, pues es la manera que tienen de vender sus fármacos” aquélla le respondió con un “eso son conspiraciones surrealistas”. Al margen de que sea discutible o no la afirmación del lector…lo cierto y verdadero es que la conspiración más realista que existe es la de una medicina como asalariada, ideológica y monetaria, de la FARMAFIA. La doctora Samper poco puede hablar de conspiraciones cuando está trabajando actualmente como asesora médica para Roche, una de las multinacionales con mayores prácticas delictivas contra la salud en el planeta y empresa creadora de uno de los antivirales más conocidos para la gripe A, el Tamiflú, un medicamento-asesino sintetizado a partir, cómo no, de un remedio herbal chino conocido como “anís estrellado”. El tamiflú fue conocido mundialmente durante la mediática “epidemia de gripe A” de hace unos años. Este fármaco no ha servido, en la práctica, absolutamente para nada que no sea provocar incluso potenciales efectos letales.

Roche (recordemos, la del “pelotazo” de otro medicamento poco recomendable pero sospechosamente “rehabilitado” por Prescrire, la Pirfenidona) es patrocinador de innumerables congresos, revistas y sociedades médicas y, como muchos de sus “colegas” de mafia y omertá, posee una buena colección de actividades criminales relacionadas con sus fármacos. Veamos algunas de ellas:


Medicamentos de Roche causan inquietud

Tres productos de Roche, Tamiflu, Accutane y Lariam, despiertan sospechas en Estados Unidos. Se presume que esos medicamentos tienen efectos psiquiátricos secundarios potencialmente mortales.

Roche debe indemnizar pacientes por ocultar riesgos de un popular medicamento para el acné

Farmaceutica Roche investigada por ocultar informacion sobre 15 mil muertes en Estados Unidos

Avastin, de Roche, tiene más riesgo de lo que se pensaba

Aquellos  pacientes con cáncer tratados con el medicamento ‘Avastin’ , de Roche, en combinación con quimioterapia, tienen un 46 por ciento más de riesgo de morir por efectos secundarios relacionados con este fármaco que aquellos que recibieron sólo quimioterapia, según un estudio de la Universidad neoyorquina Stony Brook, publicado en ‘Journal of the American Medical Association’.

Italia multa a las farmacéuticas Novartis y Roche por estafa con los fármacos Avastin y Lucentis


Del mediático Tamiflú, es de sobra conocido que Roche falseó todas sus “evidencias científicas” para sacar al mercado un producto que iba a generarle millonarias plusvalías, diciendo que el Tamiflu era seguro y su eficacia estaba validada por una supuesta reducción del 61% en las hospitalizaciones de personas que habían contraído la gripe y luego fueron tratadas con Tamiflu. Roche se lo inventó todo, algo que incluso denunció la revista British Medical Journal. Si tenemos en cuenta que organismos mercenarios de la farmafia como el CDC (el Centro de Control para las Enfermedades de Atlanta) y organizaciones corruptas como la OMS hicieron oídos sordos a las acusaciones sobre las falsificaciones de Roche sobre su antiviral-estafa y que, incluso, la FDA, otros amanuenses de la industria del medicamento, señalaron que el Tamiflú y el placebo eran indistinguibles, se puede llegar a algunas conclusiones de cómo son y actúan las grandes corporaciones del medicamento, cuya estrategia se podría resumir en:

1)   El Departamento de marketing de la multinacional de turno elabora la idea de que el medicamento funciona utilizando una evidencia fraudulenta previa, con el fin de obtener su aprobación

2)  La empresa farmacéutica utiliza, posteriormente, esa idea mediante sutiles mecanismos de coerción psicológica para obtener la demanda necesaria del producto entre gobiernos y, por extensión, entre futuros pacientes

3)   Los organismos nacionales de Salud validan como ciertos los estudios fraudulentos sobre que el medicamento es eficaz y seguro, remitiendo a los ensayos falseados por esa industria, por lo que, al final, lo que sobrevuela es una aureola de corrupción e intercambio de mutuos favores entre gobiernos y multinacionales mientras que el paciente es el pagano y chivo expiatorio de todo ello.

Según este artículo de Prescrire, la farmacovigilancia a cargo de las compañías farmacéuticas es, en la práctica, inexistente ya que se dedican a encubrir todo lo que pueden de forma engañosa las consecuencias desfavorables de sus drogas. De este modo las empresas farmacéuticas tienen un interés innegable en minimizar o incluso ocultar los efectos adversos de los medicamentos. Pero, lo que es más importante y que remarcan en el artículo citado es que distintos actores como son los profesionales sanitarios, las autoridades gubernamentales y las  fuentes de financiamiento de los sistemas de salud (que, por diversas razones, desean que las compañías farmacéuticas continúen participando en el suministro de información a los pacientes y al público) están exponiendo a los pacientes a riesgos inaceptables.

En EEUU algunas voces, desde la medicina oficial, se atreven a denunciar a ese lobby mafioso del medicamento. Ya se habló de Daniela Drake en la primera entrada. Drake sabe de lo que habla dejando bien a las claras algunas cosas: Las grandes farmacéuticas es la nueva mafia de EEUU para a continuación señalar: Las compañías farmacéuticas tienen más poder que nunca, y el pueblo estadounidense está pagando el precio, demasiado a menudo con nuestras vidas. Por si no había quedado claro, la doctora Drake mete a fondo el dedo en el ojo al Tito Sam: Estados Unidos es la nación más medicada de la Tierra, con un 70 por ciento de los estadounidenses tomando medicamentos con receta y, sin embargo, tenemos peores resultados de salud que otros países industrializados.

Para la doctora Inma González el negocio médico-farmacéutico se resume en una serie de puntos bien ilustrativos que sintetizan de forma  transparente qué tipo de ciencia médico-farmacéutica se practica hoy día bajo el falso paraguas del “evidentismo científico”:

  1. La medicina basada en la “evidencia” está financiada por la industria farmacéutica y no es cuestionable por el “establishment” médico porque hay conflicto de intereses.
  2. Los investigadores están pagados por los mismos laboratorios, no teniendo obligación de publicar resultados negativos de sus estudios.
  3. Los ensayos clínicos son cortos y las prescripciones son largas, extrapolando resultados, los cuáles se pueden manipular.
  4. A la industria de la farmafia le interesa (lógicamente) vender su producto e investigar sobre la población sana.
  5. Sólo un 10 por cien de las patentes de la industria del medicamento, utilizadas entre los años 1982 y 2003, ha tenido alguna utilidad terapéutica.
  6. Los médicos se dejan seducir muy a menudo por viajes y regalos de la Farmafia que es la que patrocina, por otra parte, sus Congresos (y, añado yo, de las diferentes Asociaciones de Pacientes)