Herejes en la ciencia (2) Pim Van Lommel: conciencia no local más allá de la vida (b)

 

Las ECM parecen demostrar que se trata de vivencias extraordinarias activadas por una hiperconciencia. Pero ¿las ECM demuestran que exista algo más allá de la muerte? No, puesto que este planteamiento es absurdo en sí, ya que es algo absolutamente inverificable y no se podrá probar jamás, aunque los que hayan experimentado tales sensaciones “crean”, legítimamente, que existe “una vida en el más allá”. A lo sumo, y rizando el rizo, tenemos incertidumbres y, como mucho, una aproximación a probabilidades hipotéticas no comprobables en base a suposiciones teóricas de que la conciencia podría existir fuera del cerebro. La conciencia, al menos de momento, es una cuestión filosófica, no empírica, aunque se están proponiendo acercamientos científicos (Hameroff-Penrose) para desentrañarla. Del mismo modo, habría que decir que no se ha podido probar que exista una asociación cerebro (materia)-conciencia (inmaterial) utilizando medios neurocientíficos, salvo una apelación que se ha hecho desde la ciencia a la correlación entre actividad cerebral y conciencia. Pero la correlación no prueba en ningún caso la causalidad y la neurociencia no dice tampoco cuál sería la causa. La navaja de Occam parece proclamar abiertamente, en este caso, que esa no sería la conclusión lógica. Por tanto, parece que nunca podremos saber exactamente lo que es una ECM o lo que la produce, hasta que la ciencia pueda definir exactamente un marco conceptual de lo que es la conciencia

La tesis central del discurso de Van Lommel es que la conciencia es ilocalizable, existe sin lugar y espacio determinados. De este modo para Van Lommel la muerte sería algo así como un cambio de conciencia, ya que pasaría a formar parte de una conciencia no local, donde el espacio-tiempo no existiría. El relato de una persona que experimentó una ECM, un paciente del cardiólogo holandés, es la noción que más se aproximaría a lo que yo creo (o podría creer) sobre este asunto:  La idea de Dios se sustituiría por una conciencia humana colectiva o universal que conecta a cada individuo con todo cuanto existe, ha existido o existirá.

En este sentido, la física cuántica sería la respuesta a la teoría sobre la conciencia de Van Lommel que, por cierto, es explicada aún más de forma más profusa, compleja y técnica a través de la llamada hipótesis de Hameroff-Penrose o Reducción Objetiva Orquestada, una brillante aportación científico-filosófica del “problema de la conciencia” que trataré en la última entrada a propósito de este tema. Por tanto, siguiendo al anterior paciente de Van Lommel La conciencia perduraría más allá de la tumba. Lo muerto ha resultado no estarlo, sino ser otra forma de vida. Algo que, por cierto, se asemeja bastante a los postulados de Hameroff y Penrose.

La conciencia insertada en la no-localidad que propone Van Lommel parece salir fuera del marco conceptual materialista…pero no tanto. La no-localidad es una propiedad fundamental de todo el universo, una realidad subyacente que define eventos físicos que ocurren en el universo. Una partícula fundamental cuántica, por ejemplo un electrón, se ve afectada no sólo por lo que está pasando en un punto concreto (la localidad de la entidad), sino también por acontecimientos que ocurren en otros lugares (otras localidades) que en principio pueden estar en cualquier parte del universo. Estas influencias no locales ocurren instantáneamente, como si alguna forma de comunicación funcionara no sólo más rápida que la velocidad de la luz, sino infinitamente más rápida.

Busquemos ahora un “apoyo” a la sutil argumentación de la conciencia no local de Van Lommel. Se sabe que a escala subatómica una partícula fundamental está en todas partes hasta que es medida, luego el acto de medir del observador podría crear perfectamente la realidad objetiva del universo, como establece la teoría biocéntrica de Robert Lanza. Sin un observador consciente habría una superposición de posibilidades sin que nada sucediera verdaderamente. Si separamos dos partículas siguen estando interconectadas sin importar cuán lejos esté una separada de la otra (incluso a miles o millones de años luz).

Entonces ¿se podría deducir que todas las partículas que se expanden en el universo y alguna vez estuvieron comprimidas en un punto original (admitiendo la teoría del Big-Bang) donde nosotros también formábamos parte de ese punto inicial, haría que estuviéramos, por decirlo de alguna manera, energéticamente unidos? Si no hay separación entre las partículas fundamentales tampoco la habría entre la conciencia de las personas o de otros seres que puedan habitar el universo (ya que al fin y al cabo todo él está formado por atómos y partículas subatómicas). Todo estaría interconectado, inclusive en hipotéticos universos paralelos y en estados de consciencia infinitos. De momento, pese a todo, sólo tenemos rompecabezas.

De todas formas, en el estudio de Van Lommel sobre las ECM que publica en su libro Conciencia Más allá de la Vida habría que apuntar un hecho cuanto menos contradictorio que podría debilitar, en cierto modo, el sustrato no materialista de algunas ECM. Quizás el planteamiento sea un tanto absurdo por entrar en un terreno, digamos “filosófico-espiritual”, donde la lógica estaría ausente. No se trataría de cuestionar aquí el trabajo del cardiólogo holandés y sus conclusiones, sino que la tarea sería desmitificar a los espiritualistas y su firme creencia en un más allá poblado de “ángeles y seres de luz” ya que ese universo de ultratumba…“cojearía” más de la cuenta.

Según Van Lommel, determinado número de pacientes que tuvieron y relataron ECM, fallecieron poco después y no se les pudo entrevistar para redactar el cuestionario correspondiente. Si como modelo general, común y ampliamente extendido, todos o casi todos los afectados de las ECM ofrecen relatos verídicos y llegan al famoso umbral (más allá de la muerte) que no pueden traspasar y unos “seres de luz ajenos” (o bien familiares) les empujan a volver a la vida terrenal (“tienes que volver”, dicen), ¿cómo es que al poco tiempo, en cuestión de horas o días, ese grupo de pacientes con ECM falleció? ¿No quedamos que les habían devuelto a la vida para continuar su cometido aquí? Claro está, salvo que esas personas relataran experiencias sin relación alguna con “seres mágicos” que les conminaran a no traspasar la “puerta del cielo”. Lógicamente, la única explicación a todo esto sería entrar en el fango del “espiritualismo religioso” y sus conclusiones reñidas con la razón.

Dejando al margen el “detalle” anterior…otro de los argumentos de Van Lommel es que se ha demostrado científicamente que durante las ECM la conciencia aumentada fue experimentada de forma independiente de un funcionamiento cerebral. Basado en la investigación científica sobre las ECM, uno no puede evitar llegar a la conclusión de que la conciencia infinita ha sido y será independientemente del cuerpo. No hay principio ni habrá nunca un fin a nuestra conciencia. Nuestra conciencia reforzada no reside en nuestro cerebro y no se limita a nuestro cerebro, porque nuestra conciencia es no local, y nuestro cerebro tiene una función de facilitador,  no una función de productor de la conciencia”.

En palabras del psiquiatra Stanislav Grof: No creo que se puede localizar la fuente de la conciencia. Estoy seguro de que no está en el cerebro. Es más, según mi experiencia, estaría más allá del tiempo y el espacio, por lo que no es localizable. De hecho, cuando se intenta llegar a la fuente de la conciencia disuelves cualquier categoría que implique separación: individualidad, tiempo, espacio…Sólo se experimenta como una presencia. Las personas que tienen ECM pueden percibir esa fuente o pueden llegar a ser la fuente, completamente disuelta y experimentarla. Pero categorías como el tiempo y el espacio, que son coordenadas de localización, no son relevantes para esa experiencia. Los conceptos de tiempo y espacio provienen de ese lugar, son generados por ese lugar, pero, la fuente cósmica en sí misma, la conciencia cósmica no puede ubicarse ciertamente en el mundo material.

En definitiva, la ciencia dogmática catalogaría de forma reduccionista las ECM como una experiencia “hiperconsciente” con memorias detalladas asociadas y cambios psicológicos que transformarían la vida de las personas pero debido, o bien a agentes psicotrópicos externos, a la propia actividad del cerebro liberando drogas producidas naturalmente en el cuerpo o a la actividad mal organizada de grupos de neuronas que aún podrían estar funcionando cuando el resto del cerebro está “apagado”. Mientras que para los no ortodoxos la conciencia no estaría generada por el cerebro sino que sería un componente más fundamental de la realidad, que aquél “sintonizaría”, a modo de “antena receptora”, pero existiendo dicha conciencia siempre independientemente del propio cerebro. El cerebro sería una especie de filtro y la conciencia adquiriría verdadera naturaleza de la realidad. 

Volviendo al consenso dominante sobre la conciencia como fundamento materialista,  hay que decir que no faltan ardorosos personajes que salen en auxilio de la explicación de la conciencia como parte del cerebro, como es el caso del gurú mediático del super-ateísmo Richard Dawkins, cuando éste afirma que: “el concepto de que sobrevivimos más allá de nuestra muerte es similar al pensamiento mágico”. Por supuesto, ya que no está demostrado bajo parámetros científicos. Pero también habría que decir, a sensu contrario, que el concepto de que el cerebro puede producir conciencia sería perfectamente representativo del pensamiento mágico.  Dawkins se está convirtiendo en los últimos años más en una caricatura atea que en un sólido defensor de la causa de la irreligiosidad.

También el físico retirado Victor Stenger es otro que pontifica sobre la cuestión de la conciencia afirmando, sin probarlo, que no hay “cruce” entre el mundo cuántico y la conciencia. De las ECM, dice Stenger, que las experiencias cercanas a la muerte, si son verdad, pueden ser verificadas fácilmente de forma científica. Después de miles de experiencias religiosas relatadas de diversos tipos, incluyendo experiencias cercanas a la muerte (sic), nadie ha proporcionado nunca un solo artículo acerca de que se hayan verificado experimentalmente ¿Ha habido un solo caso de una percepción verídica reportada por ECM bajo condiciones controladas? Ninguno, dice Stenger.

Primero: meter y mezclar torticeramente a Dios, la fe cristiana y eventos como las ECM, como apunta Stenger, es padecer de una ceguera integrista patológica, muy concurrente entre los cientifistas. Segundo: supongo que condiciones “controladas” son, para este epígono de la fe materialista, experimentos “aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo” algo totalmente imposible de llevar a cabo en una ECM donde el único estudio es el fenomenológico y su posterior desarrollo teórico. Pero es que incluso esto último ha sucedido en el campo de la física cuántica, sobre todo en sus inicios, donde no había herramientas observacionales para corroborar las teorías propuestas.

Tercero: Una anomalía extraordinaria, como es el caso de las ECM, puede aparecer inicialmente en un pequeño número de casos (en la práctica no es así) que, no obstante, se repiten lo suficiente como para justificar un desarrollo teórico posterior que conformará unas bases sólidas sobre las que construir una hipótesis plausible de las ECM, no para “demostrar científicamente” su “existencia”. Aunque esto último (las ECM) se podrían probar, indirectamente, a través del papel desempeñado por la conciencia en los procesos cuánticos (hipótesis de Hameroff-Penrose), que niega Stenger.

Por supuesto, los (pseudo) escépticos de calle no podían faltar a la cita para descalificar también a Van Lommel y su trabajo científico sobre la conciencia y las ECM’s. Una agria polémica se suscitó en ELPAÍS a este respecto. El bálsamo reparador de “pseudociencia” apareció de inmediato y los cruzados se pusieron manos a la obra para intentar desfalsificar (o ellos creyeron eso) la consistente argumentación (hipótetica) de Van Lommel. Pero sobre todo lanzaron sus ataques para reconvenir al periodista de ELPAIS, Isidoro Reguera, ya que éste se atrevió a publicar una reseña elogiosa del libro de Van Lommel y claro….aquello resultó intolerable para el Santo Oficio cientifista.

Un representante cardenalicio de la fe científica, JS Aguilar, salió a la palestra para acusar al periodista de PRISA de hacer “propaganda” de un libro que dice este personaje está plagado de ”anécdotas, opiniones y testimonios vividos y, en muchos casos, construidos posteriormente por pacientes que estuvieron cerca de la muerte”. O sea que los miles de testimonios de ECM son meros relatos de personas fabricados o inventados “después” de pasar por el trauma correspondiente. Lo dice alguien que estuvo allí, in situ, y lo pudo “probar”. Este es el tipo de “razonamiento” que hay en el escepticismo militante. Recurre el pseudoescéptico Aguilar, al igual que el credo científico oficial, a descalificar dichas ECM como episodios debidos a la ya sobada y deslegitimada anoxia (que no se produce en todas las ECM), e incluso se refiere a  la epilepsia como causa de las ECM (?). Esta argumentación tan pobre fue destruida por el propio Reguera en una réplica posterior.

Otros fervorosos talibanes que le siguen al tal Aguilar dejaron argucias descalificatorias del siguiente tenor: Del análisis científico se puede deducir que las personas con experiencias cercanas a la muerte experimentan alucinaciones. ¿Hay alguna demostración de dónde está situada esa conciencia si no es en el cerebro? ¿Hay algún experimento científico repetible que permita comprobar que dicha conciencia existe de forma separada del cerebro? Todo vale para justificar lo que no deja de ser un punto de vista “magufo”. Me parece charlatanería “new age”. No se puede ser más indigente, sobre todo cuando esta grey de cientifistas o pseudoescépticos no han logrado demostrar que la ciencia pruebe que la conciencia esté en el cerebro. ¿La han podido replicar en laboratorio? No (como se ha demostrado con anterioridad), puesto que en un laboratorio sólo se miden hechos físicos tangibles ¿Entonces como pueden afirmar que el cerebro (materia) puede generar conciencia (algo no mensurable e intangible)? Lo demás es recurrir a los tópicos indecentes de siempre para denigrar a un científico como Van Lommel. Pero es lo que tiene ser un tonto útil de la ciencia integrista.

Van Lommel también se ocupó de los pseudoescépticos replicando a uno de sus críticos, Michael Shermer, columnista de la revista Scientific American, quién afirmaba que toda experiencia es mediada y producida por el cerebro, y que los llamados fenómenos paranormales –sic- como las experiencias fuera del cuerpo no son más que eventos neuronales. El cardiólogo holandés le refutó diciendo que  el estudio de pacientes con ECM nos muestra claramente y sin discusión que la conciencia con recuerdos, cognición, emoción, autoidentidad y percepción desde fuera y por encima de un cuerpo “sin vida” se experimenta durante un período en el cual un cerebro no funciona (anoxemia transitoria pan-cerebral). A pesar de ello, y de las sonoras bofetadas que siguen recibiendo, algunos cartesianos militantes siguen erre que erre hablando de “fe”, “hechos paranormales”, “sobrenaturales” o “pseudociencia” para referirse a los eventos ECM estudiados por científicos no ortodoxos como Van Lommel, Raymond Moody, Peter Fenwick o Kenneth Ring.

Un verdadero escéptico podría decir lo siguiente: “Está bien, tenemos un montón de pruebas anecdóticas y algunas de ellas son interesantes e impresionantes, pero todavía no estamos preparados para decir que se trata de una evidencia fuera de lo “normal”. Necesitamos más investigación en ese área”. Ahora, sí, tendríamos a un verdadero escéptico. Pero los que se hacen llamar escépticos y fisicalistas dogmáticos se olvidan de aplicar este sano ejercicio de escepticismo  y prefieren llevar a cuestas el mojón del mecanicismo materialista para delimitar radicalmente lo que ellos entienden como “pseudociencia” y ciencia pura, no dudando en desacreditar a los disidentes, inclusive tildándoles de charlatanes.

Los pseudoescépticos enfocan de forma sesgada todo lo relativo a la conciencia o las ECM intentando hacer que la rueda de la ciencia no dogmática se derrumbe doblando los radios. Afortunadamente, existen nuevos investigadores como Van Lommel (y otros) que demuestran que los radios son sólidos y la rueda segura. Para muchos científicos convencionales, necesitados de dinero y becas para seguir financiando proyectos donde la mayor parte de las veces venden humo, les es más confortable seguir parapetados bajo un falso argumento de autoridad.

Y es que cualquier teoría vieja y desvencijada no importa lo mal que se ajuste a las premisas de los pseudoescépticos, lo que importa es que se garantice la supervivencia del dogma.

 

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