Categoría: 11-M

Los informes desclasificados del FBI sobre el 11-m

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Buscando en Internet información sobre el 11-m me topé hace unas semanas con una página norteamericana que prometía. Se llama Muckrock, un site de noticias que agrupa a periodistas, investigadores, activistas y ciudadanos normales y corrientes cuyo fin es solicitar, analizar y compartir los documentos del gobierno estadounidense, los liberados se entiende, en aras de que haya una mayor transparencia y democracia en el país del Tío Sam. Me lo creo a medias (lo de transparencia y democracia) cuando una nación, la estadounidense, premia, judicialmente, a sus pistoleros asesinos de placa y pistola (léase caso Ferguson). Los miembros de Muckrock tuvieron la feliz ocurrencia de solicitar en el año 2013 una petición de información al FBI, la famosa Oficina Federal de Investigación (los que secuestraron las cámaras de seguridad del Pentágono el 11-s), a cuenta del 11-m español y de acuerdo con el FOIA (el Acta de Libertad de Información). ¿Qué les podría motivar a unos americanos solicitar tal información sobre un atentado acaecido en suelo español y que les era ajeno? Pues supongo que intentar esclarecer la verdad. Mientras aquí, en cambio, sólo tenemos ideas de perra gorda para debatir en la taberna sobre si Rajoy es un tipo mendaz o si el timo-islamista-ETA-Psoe se encargó del 11-m. Este país es experto en cerrar en falso todo tipo de patrañas sin ni siquiera cuestionarnos si hay algo más que “verdades oficiales”, con el añadido de la opacidad habitual del espionaje español quien ha sido blindado siempre desde las altas esferas del poder (como en todos los países, vamos). Todo se reduce a ¿aló CNI? ¿han tenido ustedes algo que ver con Gladio? Respuesta: No. Punto final. Al menos, en el país de Obama algunos buscan ir más allá que conformarse con los amaños oficiales y les facilitan una información, eso sí, sesgada y completamente distorsionada. Luego, “libertad de información” en Yankilandia sí, pero muy convenientemente “capada”.

El FBI redactó un voluminoso informe, de nada menos que cerca de cuatro mil páginas, detallando al milímetro lo que aconteció en Madrid el día 11 de marzo de 2004 y días posteriores. El periodista Michael Morisy, de Muckrock, hizo la petición al FBI y éste respondió afirmativamente entregándole dicho informe desclasificado. He estado leyendo, o al menos intentándolo, el megatocho en cuestión a ver si se cocía algo interesante (por si a los del FBI se les había escapado algún desliz interesante en toda la secuencia de hechos allí relatados). Lo que he podido ver, que ha sido casi todo, pero no muy a fondo, es que no hay nada interesante, al menos para la parte española, en esas cuatro mil páginas ya que se trata de un informe repleto de mutilaciones y omisiones que hacen que resulte incoherente, como suelen ser, por otra parte, la mayoría de documentos desclasificados de las agencias de espionaje. Como dice Shawn Musgrave, otro periodista de Muckrock, en el documento del FBI abundan las redacciones inconsistentes y un verdadero ‘fregado’-intercambio de datos entre agencias. Eso sí, todo con el sello de, en su momento, “SECRET”. De hecho en la propia página Muckrock pedían apoyo a sus lectores para que depurasen el archivo y tratasen de pescar algo interesante, para postearlo después en el Twitter de turno.

Repito, yo no he visto nada destacable que muestre el rastro de algún “complot” de las evidentes cloacas del Estado, de aquí o de fuera (algo quimérico, por otra parte, pretender que se “desclasificase” tal información que, por otra parte, no iban a reflejar de ninguna de las maneras). Se pueden leer en ese informe alusiones a la primera “sospechosa” del crimen, ETA (de la que el FBI hace un breve recorrido histórico), la pifia que cometió el propio FBI con un abogado de Oregón al que confundieron sus huellas dactilares con uno de los “terroristas” del 11-m o las clásicas menciones a AlQaeda, anotaciones a mano que no he sido capaz de descifrar, comunicaciones frecuentes del FBI con la embajada de EEUU en Madrid y otras ciudades de EEUU y Europa, testimonios de algún que otro testigo que estuvo presente en los trenes cuando ocurrió el atentado, recortes de prensa española sobre la explosión del piso de Leganés, además de subrayar las tesis oficiales españolas conforme se iban sucediendo los hechos (¡cómo iban a decir lo contrario!), o realizar algún análisis sobre la situación interna española con menciones a Aznar, Zapatero y la guerra de Irak.

Únicamente, destacaría un hecho, cuanto menos sorprendente, que aparece reflejado en la página 118  del informe y que versa acerca de un testigo que ofreció una curiosa información al FBI sobre una conversación relacionada con el 11-m. Según la transcripción que figura en el informe del FBI, el testigo, miembro de la Guardia Nacional Aérea de California (GNAC), había sido enviado (antes del 11-m, como es de suponer, aunque la fecha del viaje está censurada) a la base aérea de Lackland, en San Antonio (Texas) para, supuestamente, realizar actividades relacionadas con su profesión militar-policial. En el vuelo de vuelta de San Antonio a San Luis Obispo (California), con escala en Phoenix (Arizona), el miembro de la GN escuchó a dos hombres (no relacionados aparentemente entre sí, quienes iban sentados justo detrás de él), lo que parece ser fue una conversación acerca de “terroristas” y “matanza de rehenes” (supongo que se refería a matanza de personas, sin que necesariamente tuvieran que estar retenidas). Aquí el concepto “hostage” (rehén) resulta, como mínimo, extraño por lo que sigue.

Pero lo más interesante del testimonio del militar de la Guardia Nacional es que esos dos hombres hicieron mención a que se iban a producir próximamente “atentados terroristas contra trenes en Madrid o en España” (extraña falta de concreción en el informe). Lo curioso del caso es que esos dos tipos, según este testigo, estaban dando la sensación de hablar “para que su conversación fuese oída por las demás personas” que iban en el vuelo. De este modo, el militar de la GNAC, según el informe federal, “se dió media vuelta y preguntó a los sujetos que querían decir sobre esos atentados que se iban a producir en Madrid”, a lo que uno de ellos respondió que “lo había oído en las noticias” (sin comentarios). Está claro que el guardia nacional le había pillado beodo o con el pie cambiado al susodicho y metiendo la pata hasta el fondo del cazo, o el FBI se inventó esta última patochada (lo de las “noticias”) para salir, más mal que bien, del compromiso. También cabe la posibilidad de que, en un alarde de videncia extraordinaria (sic), ese pasajero advirtiera sobre tal posibilidad terrorista. El 11 de marzo, fecha de los atentados en Madrid, el testigo de la GNAC escuchó la noticia de la masacre de Atocha y, aconsejado por terceras personas, se puso en contacto con el FBI para hablar de lo que había escuchado en dicho vuelo días atrás. Es decir, estaba muy seguro de lo que allí habían captado sus oídos.

En la página 287 del informe consta que los federales requirieron para un interrogatorio a uno de los pasajeros que presuntamente habló sobre “terrorismo” en aquél vuelo y, como era de prever, desmintió todo lo relatado por el testigo de la Guardia Nacional, diciendo que el y el otro colega hablaron solamente de negocios, de como mejorar las ventas de su empresa y de la evolución de los mercados. Vamos, que sólo le faltó decir que también era fan de Los Angeles Lakers. A mí este último vodevil me huele a chamusquina, porque, además de que pueda tratarse de un posible montaje del FBI, en este caso, creo más en el testimonio del Guardia Nacional, no porque represente a una autoridad policial o militar, sino porque entre otras cosas es muy difícil de creer que el miembro de la GNAC se inventase, o soñase, tres términos bien relacionados: terrorismo, trenes, Madrid y/o España.

Probablemente, esos supuestos hombres de negocios que, al parecer, hablaron, días antes del 11-m, de terrorismo sobre trenes en Madrid pudieron haber sido algo más que simples mercaderes de Wall Street. Dichos individuos tal vez fuesen (esto ya es una conjetura mía, claro) miembros o colaboradores de algún servicio de inteligencia que disponían de información sobre el crimen que se iba a perpetrar en Madrid (algo totalmente lógico cuando esos servicios de espionaje han sido los encargados de gestar el “terrorismo islámico moderno” y una falsa bandera de libro como fue el 11-m). Por ejemplo, podrían pertenecer al Servicio Nacional Clandestino de la CIA en Arizona (la CIA posee en cada Estado norteamericano este tipo de unidades de inteligencia), es decir, el SNC sería algo así como una división estratégica de la agencia americana que, cito textual de la página de la CIA, provee información sobre los acontecimientos críticos internacionales, desde el terrorismo y las armas de destrucción masiva a asuntos militares y políticos. La misión a menudo requiere que los oficiales de servicios clandestinos tengan que ir a vivir y trabajar en el extranjero.

Es cierto que si esos dos “pasajeros enigmáticos” hubieran pertenecido a algún tipo de agencia de espionaje parece de muy poco tacto e irresponsabilidad el hablar de “terrorismo” en un lugar público para que te oiga el pasaje, pero esta historia no cuadra por este lado y a veces las debilidades surgen por donde menos te lo esperas, nadie es perfecto, ni siquiera un asalariado de inteligencia. Recordemos, por otra parte, que un avión de la CIA aterrizó en Palma de Mallorca dos días antes del atentado de Atocha y partió, precipitadamente, al día siguiente de la masacre. Un hecho de la suficiente relevancia como para tomarlo en cuenta.

Otro hecho, cuanto menos extraño, anotado en el informe del FBI, se refiere a una llamada Operación Conquistador de la que el FBI esta vez se negó a facilitar dato alguno a Shawn Musgrave, el periodista de Muckrock, quien la había solicitado posteriormente a la petición de información sobre el 11-m, una vez que leyó el informe. Lo único que he sacado en claro de esa “Operación” es que lo más parecido que he encontrado en la Red se refiere a una operación anti-droga de la DEA en Latinoamérica, que llevaba ese nombre. Por lo que su aparición en el informe del FBI sobre el 11-m no acabo de ver qué significado podría tener.

Así pues, leyendo este previsible y casi triturado informe sobre el 11-m no se podía esperar ningún dato de verdadero interés, salvo ese “enigma” de dos pasajeros hablando en Arizona de cómo se iba a ejecutar un atentado terrorista contra unos trenes en Madrid. Extrañísimo, oigan…

La escenificada expulsión de España de Rafá Zouhier

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RAFÁ ZOUHIER, UNO DE LOS TONTOS ÚTILES DEL 11-M

El marroquí Rafá Zouhier es uno de los personajes del 11-m que los propagandistas de la versión oficial, incluidos los jueces que le sentenciaron a diez años, han presentado como el presunto “traficante” de unos explosivos que fueron a parar, supuestamente, a los “islamistas” de pegote de todos conocidos quienes los colocaron, al parecer (sic), en los trenes de Atocha el infausto 11 de marzo de 2004. Zouhier, de profesión alunicero y soplón en las cloacas policiales del norte de España, terminó de cumplir hace unos días su condena, por ser cabeza de turco de una inventada “trama asturiana” que los fabuladores del 11-m oficial se sacaron de la manga. Todo para dar pábulo y crédito a la orquestada farsa de unos explosivos que, al parecer, fueron “sustraidos” de las minas asturianas.

El tunante y macarra (es de suponer que ya “rehabilitado”) Rafá Zouhier cumplió sus diez años de cárcel ni más ni menos que por ser uno de los pringados elegidos para hacer creíble la trama oficial del 11-m. Siempre se consideró inocente (no podía ser nunca culpable un vivales de medio pelo de una milimetrada y ejecutada con precisión “falsa bandera”) o como él mismo dijo en el juicio del 11-m “super-inocente” (lo que le costó la bronca por parte de otro chulo con pedigrí -el superjuez y superpresidente del Tribunal de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez). Además, Zouhier manifestó varias veces haber dado aviso (ingenuamente o no) de lo que iban a “cocinar” los “moritos” de Lavapiés con los “explosivos”, gente cuya afinidad con la “yihad” de AlQaeda era prácticamente la misma que la de Rouco con la extrema izquierda. Un bulo del que Zouhier participó activamente al dar carta de naturaleza al “robo” de unos supuestos explosivos procedentes de la mina asturiana Conchita. Pero lo cierto es que en los trenes de Atocha no hubo atisbo alguno de explosivos Goma 2 ECO (ni tampoco titadyne como han propagado los promotores de otra patraña: la engañifa ETA) y sí muchas sospechas hacia el explosivo militar C4, ese juguete que siempre suelen tener a mano los servicios secretos para ejecutar operaciones terroristas de falsa bandera.

La expulsión irregular de Zouhier de España, por la vía expedita, sin poner un sólo pie en la calle, de la cárcel a Marruecos huele que apesta. Que se tramitara dicha expulsión con anterioridad y a petición de las víctimas no deja de ocultar la turbiedad de las cloacas del Estado. El hecho de que Zouhier se casara el año pasado con una española debería haber sido motivo suficiente para paralizar la extradición, aunque no fue así sino que desde el Estado español se inventaron un supuesto contemplado en el Convenio comunitario por el que se podía alegar “alteración del orden público”. ¿Cómo? ¿Alteración de qué? ¿Por qué tanta urgencia en echar a Zouhier de España? ¿Para evitar una rueda de declaraciones-testimonios del marroquí en alguna televisión que, de este modo, incomodara a las cloacas del Estado y revitalizara las siniestras chapuzas y manipulaciones del 11-m? Claro, que no habría muchos medios del régimen dispuestos a dar bola a Zouhier tal y como redactaron y contaron la salida de prisión de este injustamente condenado por “tráfico de explosivos” (como el resto de los sentenciados en el juicio, en especial Jamal Zougam, el caso más sangrante) caricaturizándole hasta la náusea y deformando la noticia a placer (la infecta y vomitiva cadena televisiva La Sexta)

Con ser esto último nauseabundo, lo más cómico y grotesco fue la puesta en escena de la salida de Zouhier de prisión grabada por las cámaras policiales (no se permitieron otras, lógicamente) para ser exhibida, como es costumbre, en Falsimedia. Pero por dios y la virgen maría…¿es que nos tomaban por gilipollas? ¿Quién le puso (sic) a Zouhier una kufiyya (pañuelo palestino) anudada al cuello? O más bien una sábana…porque vamos vaya cantazo más vergonzante. ¿Querían mostrarnos que Zouhier se había afirmado en posiciones super-integristas salafistas? ¿Que repentinamente se había convertido en devoto de la causa árabe-palestina? ¿Un chulo de feria que disfrutaba del puterío madrileño, las drogas y las juergas nocturnas antes, durante y después de cometerse los atentados del 11-m sale de prisión poco menos que con el Corán en la mano? ¿Pretendían remarcar una supuesta y delirante ideología islamista en el ex soplón policial? Un corolario, provisional, al 11-m bastante ridículo, simiesco y guiñolesco, la verdad, todo ello adornado con la complicidad asquerosa de los “mass mierda” que han cobijado todas las mentiras del 11-m. Pero del conjunto del 11-m no se pueden decir cosas mucho mejores..si acaso peores.

 

El 11-M (y 16). Las claves de la operación terrorista de Madrid

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El australiano Joe Vialls (1944-2005) fue uno de los más incisivos investigadores independientes de algunas de las operaciones terroristas de falsa bandera que se produjeron desde los años ochenta hasta que aconteció su muerte en 2005. Tan sólo cuatro días después de los atentados de Madrid, el 15 de marzo, Vialls realizó un análisis de los hechos que a la mayoría de los españoles les hubiera parecido inimaginable en aquellos momentos (y también ahora, todo hay que decirlo).

Vialls falleció en 2005 y no pudo continuar su trabajo sobre las que hubieran podido ser otras interesantes aportaciones sobre el terrorismo de falsa bandera (masacre de Noruega, atentado de Londres, Charlie Hebdo, etc). Vialls fue especialista en las llamadas “black op” (u operaciones encubiertas) ejecutadas por la agencia de inteligencia israelí Mossad. Escribió un libro sobre la masacre de Port Arthur (Deadly deception at Port Arthur), en Australia, donde murieron asesinadas 35 personas en 1996, crimen cometido aparentemente por una sóla persona (Martin Bryant, el típico “loco” solitario), pero que Vialls atribuyó al Mossad. Acerca de Vialls se ha dicho de todo por sus detractores. Por ejemplo que fue un ex agente de inteligencia israelí (bajo el nombre de Ari Ben Menashe) el cual habría participado en numerosas operaciones clandestinas del Mossad. Realidad o no, conspiración o no, invenciones gratuitas o no, ese es otro tema. De esta última polémica se habla mucho en determinados foros (de fuera de este país) pero nada se dice de su aportación al 11-m, mucho más interesante.

 

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Vialls comienza mostrando tres fotografías del 11-m, en concreto de los vagones destrozados por las bombas. Estas tres fotografías de los trenes, señala Vialls, proporcionan pistas importantes a la hora de determinar qué clase de explosivos fueron utilizados, donde fueron colocados y, por lo tanto, cómo y desde donde se impulsó la operación terrorista. Vialls nos requiere, para que antes de que leamos su análisis y mediante una radiografía visual, seamos capaces de analizar en las fotos hasta donde pueden dar de sí estas pistas y cómo interpretarlas. Empieza el australiano afirmando que una de las mayores fábulas de la operación terrorista de Madrid tenía su base en que el público tuviera el convencimiento de que un gran grupo de ágiles terroristas subieron a bordo de los cuatro trenes, procedentes de las estaciones de Alcalá de Henares y Guadalajara en dirección a Atocha.

¿Por qué ágiles? ¿Qué quería decir Vialls con esto? Veamos: Ahora piense en esto cuidadosamente. En mi opinión personal cada una de las diez explosiones habría requerido entre 40 y 50 libras (18 a 22 kg) de explosivo militar de alto poder destructivo, categoría C4/Semtex-H. Estos explosivos tienen un peso específico muy bajo, lo que significa que son excepcionalmente voluminosos para su peso. Por lo tanto, esto habría requerido de diez [fuertes] terroristas accediendo a la plataforma baja del tren actuando al mismo tiempo, cada uno arrastrando una gran mochila en medio de una hora punta. Es extraño entonces que ningún testigo en Alcalá de Henares recordase haber visto a alguno de ellos, porque estos señores con sus equipajes voluminosos hubieran, sin duda, destacado entre la multitud y causado una considerable desconfianza entre los viajeros.

Prosigue Vialls hablando acerca de que, no se demostró que hubiera fuego en cualquiera de las diez partes de los coches donde se produjeron las explosiones, lo que demuestra, a su vez, que explosivos militares de alto poder destructivo fueron utilizados en cantidades considerables. Refiere con ironía Vialls: hasta incluso el más escéptico de los lectores estaría dispuesto a admitir que si diez enormes musulmanes barbudos tratasen de cargar mochilas gigantes con explosivos yendo de aquí para allá por todo el país, hubieran sido detectados al instante.

La segunda idea, afirma Vialls, se refiere al patrón de la explosión. Si se observa con cuidado, se dará cuenta de que algunos de los fragmentos incrustados en los paneles del techo destrozado son, de hecho, la metralla del suelo procedente del mismo vagón. Sin entrar en demasiados detalles técnicos, es imposible que pequeñas partes del suelo del vagón pudieran alojarse en el techo, a menos que las cargas se hubieran fijado por debajo del piso del tren antes de la detonación. Esto se ve confirmado por el hecho de que el coche tenía la parte posterior completamente destrozada en dos lugares diferentes. Las cargas colocadas en una mochila y situadas en la parte superior del piso del tren serían completamente incapaces de romper las fuertes vigas de apoyo de acero longitudinales que están situadas a lo largo del chasis de cada vagón. La perspicacia y finura del análisis de Vialls, a escasos días del atentado, sobre la forma de colocar los explosivos en los trenes, enlaza de algún modo a una noticia de hace unos meses, donde se podía leer lo siguiente: Desaparece la única prueba de la existencia de un cráter en el suelo del tren -ignorado por los peritos-. Una prueba que puede ser determinante para aclarar si esa bomba había podido ser colocada por alguien que accediese a ese coche poco antes de producirse la explosión. ¿De ahí la premura por borrar vestigios de las explosiones haciendo ‘desaparecer’ los trenes en las 48 horas siguientes?

Respecto al tema explosivos que señala Vialls habría que preguntarse si realmente se necesitaba tanta cantidad de C4 ya que una pequeña muestra de C-4 es sumamente poderosa. Por ejemplo, con menos de 500 gramos de C-4 puede matar a varias personas, y varios de los bloques de C-4 M112 de fabricación militar de C-4, con un peso aproximado de ½ kilogramo cada uno, pueden destruir a un camión. Para destruir una viga de acero de 20.3 centímetros cuadrados, por ejemplo, se requeriría de 3.6 a 4.5 kilogramos de C-4. (Explosión en Pemex, México) Aunque dados los destrozos que se observan en los trenes quizás, y siguiendo la secuencia de la explicación anterior, la cantidad de C4 podría estar muy cerca de lo que apunta Vialls, siempre teniendo en cuenta que podría existir la opción de añadir una pequeña cantidad de goma 2 Eco para utilizarla de señuelo y “prueba” falsa a posteriori.

Pero sigamos con Vialls, quien sostenía que: debido a que es imposible colocar cargas explosivas en la parte inferior de los trenes en movimiento, es obvio que tuvieron que colocarse entre el material rodante y al amparo de la oscuridad, mientras los trenes estaban estacionados durante la noche. Esto nos lleva a la próxima gran fábula, descubierta por mí después de realizar una serie de llamadas muy costosas (internacionales) desde teléfonos móviles no listados (protegidos). Aunque los medios de comunicación, dice Vialls, deliberadamente han hecho creer que estos trenes fueron “de tránsito”, como de servicio continuo, este no fue el caso. Cada uno de los cuatro trenes fueron de “primer servicio”, es decir, cada uno hacía su primer trayecto del día desde su respectiva “cochera” o lugar de estacionamiento, después de haber estado en depósito durante la noche, tras las labores de limpieza y mantenimiento.

 

TESTIGO DEL 11-M  RELATA QUE LAS EXPLOSIONES TUVIERON LUGAR EN LA “VÍA”, DANDO A ENTENDER QUE LOS EXPLOSIVOS ESTABAN DEBAJO DE LA PLATAFORMA DEL TREN

 

Así que ahora sabemos donde se colocaron las cargas explosivas, pero ¿cómo consiguieron hacerlo? Aquí empezamos con un tema difícil de desentrañar por entrar en un terreno especulativo. Pero Vialls persiste en su teoría: las cocheras tradicionalmente están bien iluminadas y bien vigiladas durante la noche, lo que significa que los terroristas debieron haber parecido creíbles de alguna manera: o sobornaron a su modo a los encargados de la vigilancia de las cocheras, algo poco o nada factible (el jefe de seguridad de Renfe señaló en el juicio del 11-m que los trenes no estacionaban en cocheras propiamente dichas, sino en las denominadas, en el argot ferroviario, “playas” que supuestamente estaban custodiadas por vigilantes de seguridad), o utilizaron en realidad algún tipo de tarjeta de identidad ferroviaria que pareciese convincente.

¿Quizás no había vigilancia ese día y entraron clandestinamente sin conocimiento de absolutamente nadie del personal de Renfe?. Pero si nos atenemos a lo que dijo el director de Seguridad de Renfe (testigo 459, en el juicio) si se realizan labores de mantenimiento-revisión de los trenes al comienzo y al final de cada trayecto ¿sería tan difícil que hubieran detectado el explosivo colocado debajo de la base del tren? ¿Qué tipo de inspecciones realizan los trabajadores de Renfe?¿O es que simplemente NO había vigilantes ese día ni ningún otro y las revisiones en los trenes no iban más allá de una inspección superficial? Si un “grafitero” puede acceder con facilidad a trenes estacionados y pintarlos a su gusto, cómo no lo iba a hacer un super profesionalizado terrorista para colocar unas bombas. Vialls mantiene la certeza de que también los terroristas necesitaban (obviamente) tener el control del trayecto de los trenes hacia la capital de España, lo que significa que tuvieron que tener acceso directo al sistema informático del sistema ferroviario español (de nuevo Verint).

Vialls refiere de que no estamos hablando de vascos de andar por casa o musulmanes con turbante (en este caso, musulmanes de perra gorda o escasamente devotos del Corán). Esta, dice Vialls, fue una operación muy profesional, organizada en territorio español por sujetos o equipos “durmientes” que conocían perfectamente Madrid y con toda probabilidad habían vivido en esta ciudad la mayor parte o incluso la totalidad de su vida. Estos “organizadores” facilitaron la entrada a un equipo profesional vinculado a algún tipo de “Fuerzas Especiales” seleccionado expresamente para este “trabajo”.

Según Vialls las únicas personas con suficiente experiencia para un trabajo como este, donde el total desprecio por la vida humana es necesario para llevarlo a cabo con éxito, son los descendientes directos de los monstruos Myahudi que cometieron o permitieron que se produjera la masacre de Sabra y Shatilla contra los palestinos en el Líbano.

Como señala acertadamente el historiador suizo Daniele Ganser (supongo que otro ‘conspiranoico’ para los arquitectos de las patrañas terroristas “islamistas”), autor del riguroso y documentadísimo Los Ejércitos Secretos de la OTAN, y a propósito de la OTAN-Gladio y las falsas banderas: “esto no es Roswell -el caso del extravagante “extraterrestre” de la localidad californiana- ni otras teorías conspirativas rebuscadas tan populares para la generación de Internet. Esta es la historia de un movimiento real, que la historia ha probado [en referencia a diversos atentados ocurridos en los años 70 y 80], y que ha operado en territorio europeo.

La estrategia de tensión en contra del islamismo sigue siendo una teoría plausible que explica los crueles atentados en Europa: Madrid, Londres y Noruega”, sentencia Ganser.

 

El último delirio conspiranoico-islamófobo a cuenta del 11-m

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Fernando Reinares es un catedrático de Ciencia Política que siempre ha sido mencionado como supuesto super-experto en “terrorismo islámico” y en cuyo haber figura copiosa literatura sobre el fenómeno del “yihadismo” islámico en el mundo y, en particular, el acontecido en España. Reinares está vinculado al reaccionario, islamófobo y ultraderechista  Real Instituto Elcano, organización para-gubernamental que (siguiendo a librered) está “financiada por el Estado español, resultado de un pacto entre el gobierno, la oposición y las principales corporaciones económicas”. Es decir, un poder fáctico real o “un think tank de referencia”, donde banqueros como Botín, el jefe del BBVA y grandes empresarios del expolio permanente (Repsol y Telefónica) son su principal fuente de financiación, es decir, los que de verdad mandan en este país y dictaminan las políticas ultra neoliberales contra los trabajadores. Quede claro (por lo que viene) que no soy, ni devoto del islam ni pertenezco a rama salafista alguna, ni suelo orar a la llamada del muecín, ni me han nombrado califa de sultanato alguno.

“¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por  qué se atentó en España”, es la última alegoría anti-islámica de F. Reinares, un libelo sensacionalista al servicio del fraude oficial del 11-m en el que su autor afirma, con carácter conclusivo, que  el 11-m fue aprobado por AlQaeda e ideado en Pakistán (puede que ideado en el hospital militar de Rawalpindi, donde dicen que se encontraba ingresado Bin Laden en 2001 aquejado de una grave afección renal, tal vez rodeado de cabras, avispados lugartenientes, ordenadores de última generación  y planos de la estación de Atocha). AlQaeda, ya saben, esa franquicia terrorista creada por la CIA para luchar contra los soviéticos y que luego la utilizaron para atentados terroristas de falsa bandera (el 11-s, el 11-m, 7-j, etc..). La venganza fue el leit motiv del 11-m, dice Reinares, en concreto: “La decisión de atentar en España se tomó por motivos de venganza por haber desmantelado la red de Al Qaeda en 2001 y el conjunto de actuaciones antiterroristas en las que España se había destacado en los 90”. Un disparate-elucubración sin pies ni cabeza apto para consumo de los más crédulos en mamarrachadas oficiales, de aquí y de allá (USA).

Hay quien afirma que Reinares, en su obra del 11-m,  deja sin argumentos a las distintas teorías de la conspiración. Pero la primera argumentación conspiranoica que se queda en cueros es la suya. A pesar de abrumar con un denso, enmarañado, tedioso, epatante y sofisticado volumen de datos obtenidos, al parecer, en medio mundo, el libro resultante no es más que un burdo ejercicio de academicismo al servicio de la estrategia de tensión islamófoba más reaccionaria y neoliberal-ultraconservadora. La reflexión a la que llegas tras la lectura de este libro sólo puede ir en una sóla dirección: chusco propagandismo anti-islamista made in Israel, la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, los verdaderos sostenedores del terrorismo internacional de prefabricado corte islamista.

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Para los delirios islamófobos de Reinares no existe Gladio, el terrorismo de Estado de la OTAN (es decir, el de las “democracias”  europeas ), con sus centenares de muertos civiles de los años setenta y ochenta. En el civilizado Occidente no hay atisbo alguno de crímenes de Estado, operaciones encubiertas de la CIA o el Mossad, falsas banderas, de la financiación y asesoramiento por parte de EEUU e Israel a las milicias terroristas de AlQaeda en Siria, Libia o Irak (a pesar de que lo han reconocido ellos mismos),  no hay relatos de ex agentes de servicios de espionaje incriminando al pulcro y católico Occidente en matanzas con sello y sangre de Estado. Sólo cabe en sus fantasmagóricos presupuestos anti-islámicos análisis orientados a crear una permanente sensación de que existe un peligro “islámico”, de que estamos a merced de la “yihad” y de que los musulmanes no condenan nunca con suficiente firmeza los atentados terroristas. Por lo que, según Reinares, hay que “implementar urgentemente un plan para evitar la radicalización yihadista”. La doctrina del shock y búsqueda de enemigos, con marchamo académico.

Por supuesto, Reinares nada dice de las fraudulentas operaciones policiales desarrolladas en España que condujeron a fiascos como la Operación Nova donde se inventaron yihadistas hasta en el retrete del CNI, el encarcelamiento de musulmanes sin saber siquiera que coño era la “yihad”, por no hablar del “famoso” comando Dixan de Cataluña del que Koldo Campos Sagaseta realizó, hace unos años, un irónico análisis: Durante el gobierno de Aznar, fueron tantas las detenciones de sanguinarios terroristas árabes, especialmente en Cataluña, que cerca estuvieron los brillantes operativos policiales de paralizar los servicios de recogida de basura de esa comunidad, dado que a esos oficios se dedicaba la mayoría de los terroristas apresados. Para su fortuna, las sospechosas sustancias químicas que manejaban no eran sino productos de limpieza. Peligrosos terroristas detenidos en España a los que nunca incautaron armas o explosivos, pero si cosas tan temibles como ordenadores, detergente, paraguas o documentos absolutamente intrascendentes, sin duda algo susceptible para ser considerado un potencial terrorista.

Y, en fin, si las detenciones de “terroristas” islámicos en España han sido un montaje fraudulento para qué hablar de las vergonzantes e inconexas chapuzas del 11-m de todos conocidas: pruebas falsas, desaparición de éstas últimas, compra de testigos, coches plantados, escandalosas “tramas” con confidentes policiales, un juicio infame ..etc, algo que  no es capaz de rebatir con argumentos Reinares si no es jugando a la estrategia de la confusión y sacando fuera de contexto cualquier argumentación en su contra. Si nos vamos al 11-s ya nos quieren vender la cuadratura del círculo. Expertos de verdad, en operativos terroristas clandestinos, ya han afirmado que los actos ejecutados en Nueva York, el Pentágono, Madrid, Londres o Utoya (Noruega) sólo pueden estar al alcance de servicios secretos como la CIA o el Mossad, con la complicidad de elementos de los aparatos del Estado. Pero nos siguen tomando por tontos. Y este Reinares, el primero.

No hay atentado o suceso atribuido a los islamistas que no motive la publicación inmediata en El País de una pieza de opinión del “investigador principal de terrorismo en el Real Instituto Elcano y catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos”, Fernando Reinares. (enlace). Y no hay desvergüenza islamófobo-compulsiva en Reinares para atribuir “el todo es AlQaeda” (como el “todo es ETA”). Por ejemplo, en artículos como el publicado en ELPAÍS (23 de julio de 2011) sobre el atentado-masacre de Utoya (Noruega), ocurrido el día anterior, donde rápidamente y como un resorte pre-programado Reinares metió en el ajo a los “islamistas” en ese atentado, aunque luego ELPAIS rectificó malamente a su “experto” plumífero suprimiendo el artículo, puesto que el sambenito oficial del crimen masivo recayó en un ultra “antiislámico”. También Reinares, recientemente,  ha proseguido con sus extravagantes teorías, esta vez cambiando de protagonista, al afirmar hace unos días que ETA está más armada que en 2004, otro ejemplo vivo de como mantener en candelero, artificiosa y falsamente, la amenaza de la violencia armada separatista para reforzar la estrategia de la unidad de la España eterna.

El 11-M (15). La huella del crimen del Mossad y la CIA

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Mientras en España una mayoría aplastante de ciudadanos se debatía (y sigue debatiéndose) en los días, meses y años posteriores a los atentados del 11-m en la espuria dicotomía ETA-AlQaeda, como posibles autores de la masacre terrorista, y el rebaño domesticado cantaba la unidad de los “demócratas” (¿dónde están?) contra el “terrorismo” (¿de Estado?), fuera de este país otros sospecharon, con muy buen criterio y sobrado sentido común, en un complot urdido bajo la tutela de servicios secretos procedentes del exterior. En particular, el espionaje israelí, el Mossad (y sus homólogos de la CIA) era, y es, uno de los más señalados para cualquier experto en terrorismo internacional que haya estudiado los casos de ataques de “bandera falsa” en el Mundo (EEUU, Madrid, Londres, Noruega, Bombay, Bali..etc..).

Un político procedente de los USA, candidato por el Partido Demócrata a la presidencia de la Casa Blanca, Lyndon LaRouche, redactó, el mismo día de los atentados en Madrid, el 11 de marzo, un comunicado donde eximía de responsabilidad por aquellos hechos, tanto a ETA como a miembros de una supuesta célula islamista de AlQaeda, descargando toda la responsabilidad del atentado en alguno de los poderosos servicios secretos occidentales, con la necesaria colaboración de los aparatos policiales y de espionaje del Estado español. Para Larouche (que no es precisamente alguien por el que tenga simpatía) como para otros muchos, ese atentado le recordaba el “stay-behind” de la banda terrorista Gladio OTAN y sus múltiples crímenes masivos, ya comentados anteriormente, en contra de objetivos civiles en los años de la “guerra fría”. En concreto, Larouche señalaba las particulares características del 11-m en relación con la masacre de la estación de tren de Bolonia, en 1980, donde una bomba ocasionó la muerte de 85 personas. Este acto, recordemos, fue atribuido a grupos anarquistas, aunque finalmente se descubrió el pastel terrorista de Gladio-OTAN en connivencia con grupos neofascistas italianos.

Otro desfalsificador de mentiras oficiales, el articulista irlandés Joe Quinn (del que vale la pena echar un vistazo a su denso y acertado análisis sobre Siria, titulado: Syria’s Bloody CIA Revolution – A Distraction?, hizo un aproximación crítica en 2007 en contra del servicio de espionaje israelí implicándole directamente en el 11-m. ¿Qué sucedió en realidad?, se pregunta Quinn respecto de los atentados terroristas de Madrid. Quinn afirma que “Por su profesionalidad y sangre fría, los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004 tienen todas las características de ser una operación de falsa bandera ejecutada por el Mossad israelí”. Y apunta lo que él considera que fue un “mal desenlace”, en un sentido. Sin duda, dice Quinn, los planificadores del Mossad estaban convencidos de que un atentado sin comunicación previa implicaba un alto número de víctimas civiles españolas y si, además, era atribuido a “Al-Qaeda” podría no sólo tener un efecto de un cambio en la opinión pública española y obligarla a seguir las directrices de la falsa guerra contra el terror, en contra de los malos “terroristas islámicos”, sino que también podría asegurar un nuevo mandato para el derechista gobierno del entonces presidente del gobierno, el belicista José María Aznar”.

Aunque Quinn señala que el gobierno no podía estar al tanto de ese ataque terrorista ya que el mismo Aceves, el ministro del Interior de entonces, nombró a ETA en un primer momento como autora del atentado, lo cierto es que el resultado, como sabemos, no fue el esperado (la reelección de Aznar) para los supuestos perpetradores del crimen (el Mossad) como así lo sentencia Quinn. Pero la afirmación de Quinn en este aspecto (pensar que Aznar era sustancialmente diferente de Zapatero en política exterior) solo se sostiene a medias.

Lo que sí remarca con contundencia crítica el autor de esta teoría es que “el Mossad había preparado con mucha antelación una pista falsa muy detallada de las “pruebas”, para que se señalara convenientemente con el dedo a “terroristas islámicos” como chivos expiatorios, que incluía una casette con versículos del Corán, así como el orquestar una trama por la que unos “terroristas” supuestamente se inmolaban en pedazos en un apartamento de Leganés (Madrid), tres semanas después de los ataques”.

Wayne Madsen incide en la misma línea señalada por Quinn. Madsen, otro norteamericano que no se cree las patrañas del imperio, tiene un largo recorrido como experto analista en operaciones terroristas de “falsa bandera”, con el aval de haber sido empleado de la todopoderosa NSA durante doce años, y sabe bastante más de terrorismos clandestinos que unos cuantos catedráticos con doctorado en la nada de este país.: el Mossad, señala Madsen, es un maestro en los ataques terroristas de bandera falsa diseñados para castigar a los opositores de la política israelí. Las huellas de la inteligencia israelí, están por todas partes: en los ataques del 11-s en los Estados Unidos, en los atentados del 11-m, en Madrid, los atentados del 7-j en Londres y los ataques del 22-j en Noruega. Mientras, los medios corporativos pro-israelíes bombardean sin cesar sobre los peligros del terrorismo islamista, lo que resulta evidente es que la principal amenaza a la seguridad pública procede del Estado de Israel, una nación terrorista que no duda en matar a inocentes para lograr los objetivos políticos más sórdidos”.

En cuanto a la posible participación de la CIA en el 11-m, se sabe que un avión clandestino de esa agencia, un Boeing 737 inmatriculado como N313P, aterrizó en Palma de Mallorca (base de operaciones de los famosos vuelos “secretos” de la CIA) el día 9 de marzo (tan sólo dos días antes del atentado terrorista) para partir precipitadamente el 12 de marzo (al día siguiente de la masacre). Este hecho fue referido por dos periodistas del Diario de Mallorca. La partida inicial de la aeronave era Suecia, aunque finalmente voló hacia Bagdad.

Hay quien afirma que tal vez saltaron las alarmas en la agencia americana al comprobar algunas de las chapuzas de los autores o encubridores del atentado. Mi idea de partida, deliberadamente ingenua, es el intentar buscar un aparataje “lógico” a la patraña oficial: lo más “normal”, creo yo, ¿no hubiera sido solicitar la presencia en Madrid de esos “expertos” espías de la CIA, curtidos en terrorismo islámico, para proceder a la investigación y detención de la “célula” integrista? En cambio, salieron pitando no fuese que la mierda llegase por “puente aéreo” y en ensaimada mallorquina, quien sabe.

Una hipótesis para dar consistencia a la presencia de ese avión en Mallorca sería la siguiente: la CIA podría haber servido de soporte logístico de la operación terrorista de Atocha en los días previos, junto al “ejercicio” CMX04 de la OTAN. Después, saldrían en vuelo urgente de Madrid a Mallorca para dejar despejado el camino al atentado (si es que no fueron los de la CIA los ejecutores de la matanza), para finalmente partir raudos hacia territorio iraquí. Sí, sin duda, una idea demasiado “retorcida” para los propagadores del mito “islamista”.

El avión antes mencionado fue citado, todo hay que decirlo, en un informe del Consejo de Europa del año 2006. Palma de Mallorca se consideraba, en dicho informe, como “una plataforma de la CIA en el programa de restituciones”. Es decir, ese eufemismo de “restituciones” significaba que Mallorca era considerada una de las bases de la CIA desde donde se ejecutaban operaciones ilegales del gobierno de EEUU (terrorismo de Estado, secuestros y torturas de prisioneros). El tráfico europeo de aviones de la CIA, en el período que va de 2001 a 2005, fue particularmente intenso en España con cerca de 70 escalas en Palma de Mallorca. Todos estos vuelos se hicieron con el conocimiento pleno del gobierno español de Aznar y su servicio de espionaje, el CNI. Lo demás, desmentidos y otras florituras de distracción masiva, no son nada más que las tomaduras de pelo de todos conocidas. Quedarían, finalmente, en la masacre del 11-m, unos flecos pendientes que apuntarían a un seguimiento que, al parecer, hicieron unos satélites norteamericanos de la estación de Atocha en los años 2002 y 2003, la cual habría sido “cartografiada” con especial detalle.

 

El 11-M (14). Las tapaderas tecnológicas del Mossad para las falsas banderas (y II)

VERINT

Renfe, como tantas corporaciones empresariales y financieras-bancarias españolas, colabora con el Estado sionista-terrorista de Israel en asuntos de seguridad. Por ejemplo, en cursos organizados en Israel por el Security and Intelligence Advising, probablemente otra tapadera de espionaje y seguridad del Mossad, donde han asistido también representantes de otras empresas españolas como el BBVA y Telefónica. Verint (recordemos, fachada del Mossad) también tiene acuerdos suscritos con España para proyectos de seguridad integral como el Emergency Support System (ESS) el cual nos dice que “proporciona información en tiempo real sobre cómo actuar a los gestores de crisis durante situaciones anormales, en coordinación con fuerzas sobre el terreno (policía, salvamento, bomberos)”. Esta colaboración con empresas tecnológicas de Israel podría ser una pista sobre el sistema de seguridad que, presumiblemente, podría haber instalado Renfe a través de Verint el 11-m.

A título de ejemplo, y como curiosidad, dentro del marco de estrecha colaboración en materia militar y de seguridad entre España e Israel decir que espías del Mossad han instruido en territorio español a agentes de la guardia civil y del CNI en asuntos de “detección de terrorismo islámico”. Lo que habría que preguntarse es sobre qué tipo de “terrorismo islámico”  han consistido esas actuaciones, si el orquestado por la CIA en países como Irak, Siria o Libia, el de los montajes policiales de Occidente, con la ejecución de sus “falsas banderas” en torno a “AlQaeda”, el financiado por ellos mismos (Mossad) o, tal vez, el que sale en unas viñetas con Mahoma. En fin, todo la información anterior sobre la cooperación en materia de seguridad viene referida en el interesante informe titulado España-Israel. Relaciones en materia militar, armamentista y de seguridad. Balance y tendencias, de Alejandro Pozo Marin.

Verint, por otra parte, también es conocida por colocar “backdoors” (o puertas traseras, en la jerga informática) en su software (lisa y llanamente espionaje) y también por crear virus. Tanto es así, que el virus Stuxnet fue diseñado por esta empresa para ser usado por el Mossad contra el proyecto de energía nuclear pacífico de Irán. Un acto de sabotaje terrorista (otro más de Israel) que violaba claramente el derecho internacional, según expertos jurídicos independientes.

Hay quien va más lejos y señala a esta empresa israelí (u otra similar de Israel) como las creadora de las falsas llamadas que se realizaron el 11-s por “pasajeros” de los aviones “secuestrados”  a sus “familiares” y que luego fueron utilizadas por los conspiradores para hacer más creíble el secuestro de los falsos terroristas. A este respecto solo hay que leer qué tipo de tecnología ofrece Verint en su página de Internet: Verint Security Intelligence Solutions help government and commercial organizations around the globe protect people and property and neutralize terror and crime. Our solutions generate Actionable Intelligence™ through the analysis of voice, video, and unstructured text. (Verint Security Intelligence Solutions ayuda a los gobiernos y empresas de todo el mundo con el objetivo de proteger a personas o bienes y, de este modo, neutralizar el terrorismo y la delincuencia. Nuestras soluciones generan a través de Actionable Intelligence ™ análisis de voz, vídeo y texto no estructurado)

Como apunte final señalar que esta empresa del Mossad, Verint, también se hizo cargo de la seguridad del Metro de Valencia un año antes de ocurrir el accidente que ocasionó la muerte de 43 personas, hecho ocurrido en 2006. El dato de Verint está totalmente confirmado y es accesible. Con esto no quiero afirmar nada, solamente cabría preguntarse si esa seguridad de Verint alcanzaba tanto al control de viajeros como a los sistemas de seguridad propia de los trenes del Metro.

Que cada cual saque sus conclusiones…o investigue. Pero una línea de “false flag”, sin autoría oficial, sobre Valencia no sería, ni mucho menos, descabellada, manteniendo siempre una prudencial distancia. El escandaloso silencio oficial –político y judicial- sobre esta otra masacre da pie a pensar, eso sí, en infinidad de cosas. Recordemos que en el año del accidente Juan Cotino, ex director general de la Policía con el gobierno del PP, un afiliado a la secta Opus Dei, a la sazón Consejero de Agricultura de la Comunidad Valenciana en la fecha del accidente, se dedicó a obstruir la investigación y fue acusado de ocultar pruebas del accidente.


El 11-M (13). Las tapaderas tecnológicas del Mossad para las falsas banderas (I)

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Verint Systems Inc. (antes Comverse) es una empresa de Israel que se dedica, entre otras cosas, a proporcionar videovigilancia en lugares estratégicos gubernamentales o de ámbito privado (es decir, edificios oficiales, estaciones de tren, aeropuertos, corporaciones empresariales y financieras, etc) a través de una red de cámaras de circuito cerrado (CCTV). Verint es conocida por ser una fachada tecnológica que actúa para la agencia de inteligencia israelí, el Mossad, organización de espionaje sobradamente conocida y tristemente célebre por llevar a cabo operaciones terroristas de falsa bandera en todo el mundo, además de practicar secuestros o planificar y ejecutar asesinatos “selectivos”.

Se sabe que las cámaras de circuito cerrado de televisión que misteriosamente fallaron en Londres durante los (auto) atentados del 7 de julio de 2005 pertenecían a esta empresa tapadera del Mossad. No tendría mayor “importancia” este dato si no fuera porque otra compañía privada israelí de seguridad (formada por ex oficiales militares y veteranos del espionaje de Israel), ICTS, mediante la subsidiaria estadounidense Huntleigh, también estuvo a cargo de la vigilancia en el aeropuerto Logan de Boston donde se produjeron dos de los “secuestros” de aviones el 11-s. Y, para redondear la más que presumible triple falsa bandera, Verint u otra empresa similar del espionaje judío, parece ser que también “vigilaba” la estación de Atocha de Madrid el fatídico 11 de marzo de 2004, aunque esto último es algo que no he podido confirmar sino a través de una información exigua y muy dispersa por Internet, por tanto, sin fuentes fiables al cien por cien. En cualquier caso, Renfe (y otras empresas españolas) mantiene muy buenos contactos con la inteligencia israelí en asuntos de seguridad.

El día del 11-m, estaba a cargo de la jefatura de seguridad de RENFE un ex comisario de policía nacional que estaba en situación de “segunda actividad” (así llamada porque en razón de la aptitud psicofísica o edad, determinados funcionarios, sobre todo de los Cuerpos de seguridad, no pueden desempeñar de forma normal las funciones correspondientes) Este responsable de RENFE, quien curiosamente había desarrollado labores antiterroristas en el CNP hasta 2001, afirmó en el juicio del 11-m que las cámaras de circuito cerrado de las estaciones de tren donde ocurrieron las explosiones, a excepción de Atocha, no capturaban imágenes de personas en movimiento, sino que solamente actuaban como circuito cerrado de TV en apoyo de los maquinistas, cierre de puertas y movimiento de ratones (esto último es coña..claro). Suena a desvergüenza, pero qué le vamos a hacer.

Resulta bastante poco creíble que no existan cámaras de seguridad en un lugar público tan transitado como unas estaciones de tren en Madrid donde, es de suponer, deberían prevenir supuestos actos delictivos (colocación de artefactos explosivos, sustracción de pertenencias, actos vandálicos, etc.), sobre todo después de que se implantó la doctrina de seguridad global tras la falsa bandera del 11-s. Esa ausencia de cámaras de seguridad NO se la cree nadie. Pero claro, vamos a pensar que efectivamente así funcionaba la seguridad en Renfe. Bien, ¿tal vez era porque esas cámaras estaban configuradas-modificadas, supuestamente, por Verint u otra empresa similar? Y, en cualquier caso…¿qué pasó con las cintas que grababan en la estación de Atocha? ¿Por qué no se han hecho públicas (salvo la famosa que estaba situada en unas escaleras mecánicas) y no constaron en el sumario del juicio sobre el 11-m? ¿Por qué no identificaron a alguno de los mochileros? Y por la noche ¿funcionaban esas cámaras…o es que estaban de vacaciones?

¿Tampoco había videovigilancia nocturna, en la madrugada del día de los atentados, sobre unos trenes que se supone estaban estacionados en alguna parte? ¿Por qué no acudieron en calidad de testigos al juicio los presuntos vigilantes que estaban a cargo de la seguridad de esos trenes (como afirmó el Jefe de Seguridad de Renfe) el día anterior y la madrugada del día de los atentados? ¿O es que no estaban vigilados la madrugada del día 11? Es que no es por nada, pero lo de los mochileros pujando por más de una docena de kg de explosivo militar colocándolos sin esfuerzo en la parte alta del vagón sigue pareciendo una fábula grotesca.

El testigo 459, otro alto cargo de Renfe vinculado también con la seguridad en un departamento de nombre largo y pretencioso, por cierto un militar, para más señas ex coronel de la Guardia civil (otro cargo de Renfe vinculado con las FSE…lagarto, lagarto), vino a decir exactamente lo mismo que el jefe de Seguridad en el juicio del 11-m: no había sistemas “asociados de grabación” fuera de Atocha y Chamartín, en 2004. A pesar de que él mismo afirmó que existía un plan de Renfe desde abril de 2003 que implicaba la extensión de la videovigilancia a todas las estaciones, incluidas las de cercanías, no sabiendo este directivo concretar en qué estaciones se implantaron a 11 de marzo de 2004…en definitiva, tomando el pelo a todo dios, divagando y echando malamente balones fuera. Eso sí, el ex jefe de la guardia civil comentó que el operativo de vigilancia privada (la personal, se entiende) se cambiaba cada semana y en los trenes del 11-m parece ser que hubo un vigilante por cada tren en las denominadas “playas” o lugares de estacionamiento de los trenes (si es que verdaderamente estuvieron allí y no en cocheras propiamente dichas, porque creer lo que se dice creer…hay que tener la fe del carbonero para tragarse tantas patrañas oficiales). Además, el mencionado ex militar señaló que se realizaban labores de revisión-mantenimiento tanto al finalizar cada trayecto del tren como también al comienzo del mismo, un poco para dar credibilidad a su discurso. Si los conspiradores decidieron que tenía que ejecutarse el crimen…ni vigilancia, ni san pedro bendito.

A pesar de todo cantan, saltan las contradicciones y sobresalen unas chapuzas de órdago: un testigo policial en el juicio del 11-m afirmó que su jefe de equipo habló con el jefe de la Estación de Renfe en Alcalá de Henares y le dijo que las cámaras no funcionaban, que recogían lo que se estaba produciendo en el momento pero que esas imágenes no se guardaban en ningún soporte (no se rían). Por tanto daba a entender que había videovigilancia, sí o sí. Y otro policía dijo más o menos lo mismo cuando se acercó hasta aquella estación el 11-m: que las cámaras de Alcalá no grababan. Mientras, una taquillera de esa misma estación afirmó que sí existían cámaras de vigilancia pero parece ser que “estaban instalándolas” (se supone que en los días o meses previos a los atentados), dando a entender que no estaban ¿operativas? Es decir, unas cámaras que sólo funcionan como apoyo al personal de Renfe, otras que graban de forma permanente pero no se guardan en soporte alguno y la taquillera de Alcalá dice que estaban instalándolas (segundo video que sigue). Vamos, rizando el rizo de la patochada y el engaño masivo.

Pero…un momento..¿vigilancia? ¿cámaras? Esto es un chiste…¿verdad? ¿Alguien ha visto alguna vez trenes de cercanías en Madrid, además del Metro e incluso Alvias de larga distancia, “grafiteados”? Yo sí y existen fotografías. Los vándalos sólo pueden “pintarlos”, aparentemente, de una sola manera sin ser vistos: es decir, por la noche, aunque a veces incluso los “enguarran” de día para chulearse. ¿Pero entonces qué vigilancia había aquí con estos “hooligans”? Ninguna, absolutamente ninguna. Y, además, resulta que muchos ‘grafiteros’ llevan controlado al dedillo todo lo relativo a los trenes (vigilantes de seguridad, conocimiento de la zona, cocheras, cámaras…¡que supuestamente graban!). Unos “mataos”, en definitiva, acceden a los trenes casi cómo y cuándo quieren. La coartada de los responsables de seguridad de Renfe no tiene ninguna base sólida y destruye toda pretensión de verdad acerca de lo que nos quieren contar sobre la seguridad nocturna de los trenes. Traduzco, del lenguaje sms, a un grafitero

[…]Luego están las COCHERAS, lugar donde duermen los trenes..los dejan de noche. Para pintar en las cocheras tienes que vigilar durante dias y días e ir mirando qué cochera está mejor para “darle”…. Hoy en día hay “jurados” en todas, tienes que conocerte la zona, por donde entrar, donde están las cámaras…etc..: