La farsa del 11-s (documental)

En este excelente video se refuta toda la cadena de mentiras, puestas al descubierto, del que fue el mayor atentado de falsa bandera de la historia el 11 de septiembre de 2001. Es una compilación de varios videos que fueron subidos originalmente a Youtube hace más de una década y que he unido, además de remasterizar el video en HD (aunque no es ni mucho menos perfecto ya que ha perdido calidad al reducir el peso del mismo). La narración latina, pausada, sin estridencias le da el necesario equilibrio.

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¿Qué sucedió realmente en Katyn? (y 3)

triodelamuerte

LA PERESTROIKA FALSIFICA LA NOTA DE LAVRENTI BERIA, 794/B, QUE “INCRIMINA” A STALIN EN LA MASACRE DE KATYN

Hace ya más de tres décadas comenzó la “Perestroika” y entre fanfarrias y un gran aparato propagandístico se prometió abrir los archivos y revelar todos los secretos de la “totalitaria” URSS, particularmente, en lo concerniente a los sucesos de Katyn. Finalmente, se procedió a la apertura de los archivos soviéticos, pero en lugar de hallar la verdad lo que se encontraron fue un compendio de una de las mayores mentiras prefabricadas sobre la Unión Soviética: la supuesta evidencia documental de la “Carta de Beria Nº 794/B” que incriminaba a Stalin como el supuesto verdugo que autorizó las ejecuciones en masa de miles de soldados polacos Katyn, en la primavera de 1940.

En una época, finales de los años 80 y comienzos de los 90, en que se estaba produciendo una gran involución en la clase dirigente de la URSS, revisionar el pasado soviético formó parte de la tarea liquidatoria de los miembros del Politburó más prominentes: Mikhail Gorbachov, Alexander Yakovlev y Boris Yeltsin. Cuando se (pseudo)argumenta que “hasta la URSS reconoció la autoría soviética de Katyn”, en realidad estamos hablando de un período anómalo donde había un Estado que era, en la práctica, una parodia socialista del anterior a 1985 y donde el trío de golpistas antes señalados (más otros que participaron directamente en la descomposición del país, como Edvard Shevardnadze o el general Alexander Rutskoy), influenciados por Occidente, estuvieron intrigando y preparando el colapso deliberado del sistema soviético.

La famosa nota base de la culpabilidad soviética sobre Katyn fue “descubierta” en septiembre de 1992 en un “paquete cerrado No. 1” depositado en los Archivos del Presidente de la Federación de Rusia (el antiguo archivo del Comité Central del PCUS). Esta nota se considera el original de la decisión del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de la Unión (Bolcheviques) P13 / 144-op, del 5 de marzo de 1940, sobre la ejecución de 25.700 prisioneros y ciudadanos polacos que habían sido arrestados.

Esta nota fue el colofón a la decisión del presidente de la ex URSS, Mikhail Gorbachov, de transferir, dos años antes, el “corpus de documentos de Katyn del Archivo Especial” al jefe del estado pseudosocialista polaco, Wojciech Jaruzelski (quien ya se había entregado totalmente a los designios de Occidente), durante la estancia del mandatario polaco en Moscú, el 13 de abril de 1990. Todo ello se hizo sin ninguna revisión judicial de las circunstancias del caso Katyn, y se admitió por la parte rusa “la culpabilidad de los órganos de seguridad del estado soviético por el asesinato en masa” de prisioneros de guerra polacos, antes del “descubrimiento” de la nota de Beria a Stalin.

A partir de ese momento, es cuando comenzó a forjarse con éxito el “síndrome Katyn” en la literatura antisoviética occidental y dentro de Rusia por los llamados “liberales” o (ultra)derecha antisoviética. Tanto que el otrora periódico comunista, Izvestia, en plena fiebre “aperturista” al capitalismo de la Perestroika, publicó una “Declaración oficial de TASS” (la que era agencia oficial comunista de noticias de la URSS) sobre la tragedia de Katyn, con una admisión de culpabilidad en contra (cito textual) de “Beria, Merkulov y sus secuaces por la muerte de unos 15 mil oficiales polacos”.

El 24 de septiembre de 1992, se produjo un hecho que cambió radicalmente la situación en el asunto Katyn. En ese día, en los Archivos del Presidente de la Federación Rusa, el “paquete cerrado No. 1” para Katyn fue “accidentalmente” descubierto y abierto. Los documentos almacenados en el paquete supuestamente contenían:

(1) La decisión del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de la Unión de los bolcheviques, con fecha del 5 de marzo de 1940.

(2) La carta de Beria a Stalin No. 794/B, con fecha de marzo de 1940 (sin especificar el día, una omisión un tanto extraña).

(3) La carta del presidente del KGB, Alexander Shelepin, a Nikita Krushchev, N-632-sh, con fecha del 3 Marzo de 1959 y otros documentos que “confirmaban” la responsabilidad del liderazgo soviético en la muerte de prisioneros de guerra polacos.

A partir de ese momento, la culpabilidad de la URSS por la muerte de más de 20.000 prisioneros de guerra polacos comenzó a considerarse “absolutamente probada”.

La nota del jefe del KGB, Alexander Shelepin, al primer secretario del Comité Central del PCUS, Nikita Krushchev, N-632-sh, con fecha del 3 de marzo de 1959, que se considera el documento principal que confirma la muerte de 21.857 polacos en la primavera de 1940, contiene una gran cantidad de inexactitudes y errores evidentes. En la nota de Shelepin, la mayoría de los párrafos muestran información inexacta. Sin embargo, en contraste con las conclusiones de la comisión Burdenko, los historiadores polacos y representantes del “Memorial Katyn”, el lobby anticomunista que promueve en todos los foros públicos la farsa de la autoría soviética, no tuvieron la menor duda sobre los datos citados en la nota de Shelepin.

En la Unión Soviética, según historiadores rusos como Vladislav Shved, documentos auténticos sobre Katyn fueron destruidos en los años 50, durante el reinado de Nikita Krushchev. Todo esto creó condiciones especialmente favorables para cualquier falsificación posterior y que apareciesen nuevos “documentos” que “incriminaban” a la URSS en la matanza de oficiales polacos en Katyn. Estos “documentos”, inesperadamente descubiertos a principios de los años noventa, y que han sido estudiados por muchos investigadores independientes, mostraron que su autenticidad no era tal.

Sin embargo, Mikhail Gorbachov y el capataz de la Perestroika, Alexander Yakovlev, en 1990, decidieron entonces sacarlos a la luz y apoyar la versión de los hechos del jefe del Departamento de Propaganda nazi, Joseph Goebbels. Ambos, Gorbachov y su hombre fuerte, Yakovlev, antisoviéticos y anticomunistas, presentaron al mundo la tesis de que miembros de la policía secreta soviética, NKVD, dispararon a los oficiales polacos en Katyn.

Gorbachov había recibido un memorándum del jefe del departamento internacional del Comité Central del PCUS, Valentin Falin, en el que se decía que en los archivos soviéticos supuestamente habían encontrado documentos que confirmaban la conexión entre el envío de polacos desde los campos de prisioneros soviéticos al bosque de Katyn en la primavera de 1940 y su posterior ejecución. A pesar de que Falin expresó sus dudas a Gorbachov sobre el origen de estos documentos, el nuevo hombre de Occidente en Moscú tenía una opinión diferente y las noticias de los “verdaderos culpables” de la ejecución de Katyn se esparcieron por todo el mundo. De hecho, y refutando el texto del Tribunal de Nuremberg, después del mandato de Gorbachov en 1992, Boris Yeltsin entregó a la parte polaca los documentos del llamado “paquete cerrado Nº. 1”, que “probaban” la “culpa” de la URSS por lo sucedido en Katyn.

En noviembre de 2010, el diputado de la Duma estatal Viktor Ilyukhin y los expertos historiadores Sergei Strygin y Vladislav Shved advirtieron que la “Carta de Beria Nº 794/B”, la cual habría sido presentada en el Politburó del PCUS de marzo de 1940, documento que supuestamente probaba que Stalin había emitido la orden de que se diera muerte a más de 20 mil soldados polacos prisioneros de guerra, en realidad se trataba de una falsificación.

Ilyukhin publicó información de que a principios de los años 90 uno de los principales miembros del Buró Político del Comité Central del PCUS había creado un grupo de especialistas de alto rango para la falsificación de documentos de archivo. El nombre de este miembro de alto rango del partido, que Ilyukhin nombró en el verano de ese año 90, era el que fue, probablemente, personaje más siniestro de aquel período, Alexander Yakovlev, el “arquitecto de la perestroika” y el activo principal de Occidente para instigar la disolución de la URSS y promover el separatismo en las repúblicas soviéticas.

El Grupo Yakovlev trabajó en la estructura del servicio de seguridad del presidente ruso Boris Yeltsin, ubicado en el pueblo de Nagornoye, región de Moscú (hasta 1996), y luego fue trasladado a otro asentamiento: Zarechye. Cientos de documentos históricos falsos fueron enviados a los archivos rusos desde allí, y la misma cantidad fue adulterada para incluir información distorsionada en ellos, así como falsificar firmas. Ilyukhin exigió comenzar un trabajo a gran escala para verificar documentos de archivo e identificar hechos que desacreditaban la historia del período soviético.

Según Ilyukhin, “En 1943, Goebbels, tratando de destruir la coalición anti Hitler y confrontar a la URSS con Estados Unidos, difundió la mentira de que Stalin y Beria ordenaron la ejecución de 10 mil oficiales polacos”. Esta mentira fue apoyada por el gobierno polaco en el exilio, que fue guiado sobre todo por un sentimiento de ira hacia la Unión Soviética por la derrota del ejército polaco en el oeste de Bielorrusia y Ucrania y la anexión legítima de estos territorios a la URSS.

Ilyukhin creyó hasta su muerte, ocurrida repentinamente en el año 2010 (el año en que descubrió las “anomalías” sobre Katyn), que las falsificaciones se hicieron para desacreditar a Stalin “en línea con esa frenética campaña de propaganda de avergonzar el liderazgo soviético, que fue especialmente cínica cuando fue realizada a principios de los años 90 del siglo pasado”.

Los investigadores disidentes de Katyn parece que llevan una maldición encima. Si Viktor Ilyukhin murió repentinamente en 2010 después de descubrir la falsedad de la carta de Beria nº 794/B, Sergei Strygin, colaborador en la investigación de Ilyukhin, falleció también repentinamente en 2017 a los 57 años. Strygin era otro disidente de la “narrativa oficial Katyn” que había sido atacado repetidamente por las hordas que sustentan la mentira de la “masacre soviética de miles de polacos” (en particular, por los integrantes del lobby ultraderechista Memorial Katyn, empeñados en refutar a los que ellos llaman burdamente “negacionistas”, como lo eran Ilyukhin y Strygin).

Strygin luchó por desmontar los documentos centrales en los que se basa la “masacre de Katyn”, es decir, los absurdos errores en el diseño y contenido de la nota de Beria que Stalin habría firmado para dar vía libre a los fusilamientos del campo polaco. Strygin, como otros muchos, planteó serias dudas sobre la fiabilidad de ese documento y estableció, de manera confiable, que la nota 794/B debería estar fechada el 29 de febrero de 1940, ya que el 29 de febrero, se enviaron las notas 793 y 795 desde la secretaría de la policía secreta del NKVD. Sin embargo, por alguna razón desconocida, en la nota 794/B se indica el mes de marzo sin un día específico.

Además, la nota de Beria también se imprimió en un momento diferente y en una máquina de escribir diferente. Esto solo confirma las conclusiones sobre la dudosa fiabilidad de la nota de Beria. Como señala sarcásticamente otro crítico de Katyn, Vladimir Schved (del que hablaremos más adelante): “debemos pensar que en el NKVD, a pesar de que había una enorme oficina con muchas máquinas de escribir, probablemente, por generosidad, debido a la “carga de trabajo” de los mecanógrafos, recibió instrucciones de reimprimir sólo tres de las cuatro páginas de la nota”

Strygin, junto a su colega Schved, se centró en el mandato de Nikita Krushchev en relación con información confiable de que fue durante este período en que se llevó a cabo una limpieza y corrección intensiva de documentos del período Stalin en los archivos de la Lubianka (sede del KGB) y en el propio Kremlin.

El ex Secretario del Comité Central del PCUS, Valentin Falin, dijo en privado que en 1956, en los edificios del Comité Central del PCUS y del KGB, incluso se asignaron salas especiales para el trabajo de los llamados “expertos” que debían “ocuparse” de los documentos “estalinistas”. Uno de los “expertos” que trabajaba en una de estas oficinas le contó todo esto. Sin embargo, la falsificación de la “nota Beria” sobre Katyn no se hizo en el período Krushchev, sino que se puede argumentar, con un alto grado de probabilidad, que “especialistas” de la administración Yeltsin participaron en la falsificación de los documentos de Katyn y, sobre todo, en las notas de Beria.

Eduard Molokov, un destacado experto del Ministerio del Interior ruso, descubrió que las primeras tres páginas de esta nota estaban impresas en una máquina de escribir y la cuarta estaba en otra máquina diferente. Además, la fuente (tipo de letra) de la cuarta página se encontraba en las letras originales del NKVD de 1939-1940, y la fuente de las tres primeras páginas era nueva. El número saliente, el famoso 794/B, cree Molokov que estaba falsificado

Además, la nota de Beria contiene una presunta propuesta sobre Katyn: “La consideración de los casos y la decisión se asignará a la troika, integrada por el camarada Beria (el nombre está tachado y está escrito a mano “Kobulov”, el jefe del principal departamento económico del NKVD), Merkulov y Bashtakov”.

El Politburó, supuestamente, discutió la nota de Beria en base a la creación de un consejo de expertos, llamado “troika” (a pesar de que Beria abolió esta forma de “reuniones” a finales de 1938, cumpliendo una resolución conjunta del Comité Central y el Consejo de Comisarios del Pueblo) y toma una decisión: aprobar los planes de ejecución de Beria. La manipulación es tan burda, según Molokov, que dicha “resolución” de llevar adelante la decisión de Beria quedó registrada en el acta No. 144 de la reunión del Politburó, del 5 de marzo de 1940, mientras que el protocolo del Politburó (acta No. 143) está fechada el 6 de marzo.

El 7 de marzo de 1940, Beria supuestamente ordenó una compilación de listas de oficiales polacos detenidos en los campos. Y en noviembre del mismo 1940, le envió a Stalin otra nota, donde decía que en los campos de la NKVD de la URSS estaban detenidos 18.297 polacos, la mayoría de los cuales estaban dispuestos a luchar con Alemania como parte de unidades antisoviéticas, si es que alguna se organizaba en el territorio de la Unión Soviética. Sobre la base de esta nota, el Politburó del Comité Central del Partido Comunista de toda la Unión (Bolcheviques), el 4 de junio de 1941, tomó la decisión de crear una división polaca

Como dato de especial relevancia, y desde una visión ligeramente distinta, el reconocido historiador ruso Yuri Nikolayevich Zhukov solicitó a principios de los años 90 a los Archivos del Presidente de la Federación de Rusia que le proporcionaran material sobre las actividades denominadas “criminales” del PCUS, que se estaban preparando para el Tribunal Constitucional de la Federación de Rusia. En el archivo se le entregó una serie de documentos dispersos sobre diversos temas.

Entre la colección de documentos que fueron aportados a Zhukov este descubrió el “documento clave” del crimen de Katyn. Era una fotocopia de la “nota de Beria a Stalin” con la propuesta del NKVD de fusilar de entre 2.000 a 3.000 mil oficiales polacos capturados que eran considerados culpables de crímenes de guerra y otros delitos. La página 4 era la conocida como la “nota de Beria” sobre la que se basa la versión oficial y que proponía fusilar a 14.700 polacos prisioneros de los campos de Kozelsk, Starobelsk y Ostashkovsk, así como a 11.000 detenidos polacos que fueron llevados a las prisiones del oeste de Ucrania y Bielorrusia.

Zhukov señaló que en esa nota 4 la esquina superior izquierda estaba ocultada, por lo que dedujo que no había ninguna resolución favorable sobre fusilar hasta 3.000 polacos prisioneros. Zhukov cree que “la resolución de Stalin rechazó la propuesta de fusilar prisioneros polacos, de lo contrario no se habría ocultado la resolución. Después de todo, era necesario culpar a todos y a todo en nuestro pasado. Todos mis intentos de obtener el original de la resolución fueron rechazados, en aras del secreto de Estado”. Desde entonces, Zhukov no estaba interesado en el asunto de Katyn, no le dio mucha importancia a su hallazgo y solo en relación con la propaganda antisoviética de 2008, con la película “Katyn”, recordó la nota.

Hasta el descubrimiento “accidental” del “paquete cerrado No. 1, el 24 de septiembre de 1992, nadie conocía la nota de Beria y la decisión del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de la Unión (Bolcheviques). Sin embargo, en un dictamen pericial elaborado por representantes del presidente Yeltsin para la audiencia del “caso PCUS” en el Tribunal Constitucional el 7 de julio de 1992, se dijo que “existen razones convincentes, aunque indirectas, para creer que la ejecución de oficiales polacos fue sancionada por el Politburó del Comité Central del Partido Comunista de la Unión de Bolcheviques”.

Además de cuestionar el hallazgo de los documentos “incriminatorios” contra los soviéticos, el malogrado Strygin pormenorizó una relación de los testigos y pruebas encontradas que destruían la narrativa oficial en un amplio resumen extractado de dos discursos que el autor dio en una mesa redonda llamada “Katyn, aspectos legales y políticos”, en la Duma Estatal de la Federación de Rusia el 19 de abril de 2010 y en una conferencia llamada “Katyn, nuevos hechos y pruebas”

Vladislav Nikolaevich Schved (1944), autor del libro El Misterio de Katyn y co-investigador con Strygin e Ilyukhin en la desfalsificación del consenso antisoviético sobre Katyn, fue miembro del PCUS y del Partido Comunista de Lituania hasta que fue expulsado de este último. Schved ahora pertenece, curiosamente, a un polo ideológico opuesto, el Partido Liberal Democrático de Rusia. Schved formuló una serie de preguntas a los defensores de la versión nazi-polaca de la tragedia de Katyn que difícilmente podrán encontrar una respuesta convincente. Expongo algunas de ellas:

  • ¿Como explican los investigadores polacos y representantes del “Memorial Katyn” el hecho de que, a pesar de que la “acción del NKVD” era de alto secreto, enterraran a más de 4 mil oficiales ejecutados con uniforme polaco y otros documentos que les permitía ser identificados?
  • ¿Por qué la parte polaca aceptó incondicionalmente los resultados de la exhumación alemana en 1943 y nunca trató de comparar los informes oficiales alemanes con los testimonios de los testigos oculares que visitaron Kozy Gora 1943? Esto revelaría la manipulación de las tumbas por parte de los nazis y establecería las fechas reales para la apertura de las tumbas.
  • ¿Por qué los investigadores polacos niegan el hecho de que se descubrieron en las fosas de Katyn zlotys (moneda polaca) introducidos por los nazis en circulación en el territorio de la Gobernación General de Polonia después del 8 de mayo de 1940 y que no podrían haber estado en manos de oficiales polacos del campo de Kozelsk, si fueron fusilados en abril y los primeros días de mayo de 1940? Estos billetes fueron vistos y descritos en un artículo del periódico de Vilna “Gonets Zodzenny” de Y. Matskevich (Goniec Codzienny. No. 577, Vilno, 3 de junio de 1943).
  • ¿Por qué se silencia el hecho de que los expertos alemanes en los entierros de Katyn descubrieran los restos de sacerdotes polacos con largas sotanas negras, además de más de doscientos cadáveres de civiles y unos 700 cadáveres con uniformes de soldados polacos, si se sabe que en el campo soviético de prisioneros de Kozelsk solo había oficiales polacos?
  • ¿Por qué los representantes del “Memorial Katyn” y los investigadores polacos ignoran a los testigos de la tragedia de Katyn, quienes confirmaron la participación de los nazis en los fusilamientos? Estos son principalmente Catherine Devillier, Rene Culmo, Karl Johanssen, Wilhelm Haul Schneider y A. Lukin, antiguo jefe de comunicaciones del 136 Batallón de Convoyes del NKVD.
  • ¿Por qué los representantes del “Memorial Katyn” y los investigadores polacos prefieren no advertir las declaraciones falsas y las inexactitudes en la nota de Alexander Shelepin a Khrushchev? ¿Puede esta nota considerarse un documento histórico confiable y los datos que contiene confiables?
  • ¿Se puede considerar que la nota 794/B de Beria y los extractos de las actas de la reunión del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de la Unión (Bolcheviques) son documentos históricos fiables si están redactados con graves errores en su contenido?

A lo que habría que añadir otro datos críticos que han sido olvidados deliberadamente por los defensores de la versión nazi. Veamos algunos de ellos, ya comentados por el patólogo checo Frantisek Hajek en la entrada anterior:

  • El tiroteo en Katyn se llevó a cabo con pistolas alemanas de calibres 7,65 mm, 6,35 mm y 9 mm. Y se hizo a la manera alemana (recostados sobre la parte posterior de la cabeza).
  • En las excavaciones solo se encontraron cartuchos con marcas alemanas. Algunas de las carcasas eran de acero y su producción comenzó solo en enero de 1941.
  • Las manos de los polacos asesinados fueron atadas con un cordel de fabricación alemana y los cadáveres fueron colocados cuidadosamente boca abajo.
  • En los cuerpos de los polacos se encontraron documentos que datan del otoño de 1940 e incluso del verano de 1941, lo que contradice claramente de que fueron ejecutados en la primavera de 1940.
  • Los testigos mencionan una gran cantidad de billetes militares de dos zlotys encontrados; estos son billetes de banco impresos entre marzo y abril de 1940 en la Cracovia ocupada y no se pudieron encontrar en los bolsillos de los oficiales polacos que habían estado en cautiverio desde 1939 y que supuestamente fueron fusilados en abril de 1940.
  • Muchos documentos de los polacos presuntamente fusilados, en particular dos fichas policiales polacas numeradas (el número 1441 pertenecía a Jozef Kuligovsky, el número 1099, de Ludwik Maloveiski), se encontraron más tarde enterradas en la localidad de Volodimir-Volynsky, en 1941.
  • Los residentes locales vieron vivos a los polacos capturados en julio-agosto de 1941, es decir, algún tiempo después de la captura de Smolensk por los alemanes.

Recordemos que, de acuerdo con las instrucciones del NKVD sobre la supuesta orden de ejecución, los cadáveres de los ejecutados no debían tener documentos, prendas de vestir exteriores u otra prueba material que les permitiera ser identificados o la fecha de ejecución.

Schved recuerda que los resultados de la investigación del crimen de Katyn fueron llevados hace ya muchos años a cabo por personalidades como el historiador y periodista de televisión francés Alain Decaux, a mediados de los años 60 del siglo pasado. En su ensayo, Katyn: Hitler o Stalin, Decaux cita el testimonio de Rene Culmo, un ex prisionero del Stalag II alemán. Culmo, en el otoño de 1941, conoció en el campo al capitán polaco Wenzensky, que acababa de ser traído por los alemanes del Este. Wenzensky informó a Rene Culmo que “los alemanes allí, en el Este, han cometido un crimen monstruoso…Las SS han destruido a casi toda la élite militar polaca”.

Alain Decaux también menciona a una testigo francesa, Catherine Devillier, quien parece ser estuvo enrolada en el Ejército Rojo y alcanzó el grado de teniente. Fue una de las primeras en visitar a Katyn después de su liberación de los nazis y habló con los residentes locales sin el control de la NKVD. A Devillier le sorprendió el hecho de que en una de los compartimentos del museo, junto a las pruebas materiales, encontró una fotografía de su amigo Zbigniew Bogutsky y una copia de una supuesta carta enviada a su madre, fechada el 6 de marzo de 1940.

Después de la guerra, Devillier conoció a Bogutsky, que estaba vivo en Polonia, quien afirmó que en marzo de 1940 no pudo escribir esa carta a su madre . “En ese momento, ella (Devillier) se dio cuenta de que Katyn era un caso totalmente fabricado por los alemanes”. Decaux también cita el testimonio del noruego Karl Johanssen, un ex prisionero del campo alemán de Sachsenhausen, quien en 1945 testimonió ante la policía de Oslo que en dicho campo los prisioneros falsificaron documentos y fotografías polacos para las víctimas de Katyn.

Para contrarrestar todo este abanico de pruebas incontestables, los militantes antisoviéticos “katynistas”, situados en la órbita del liberalismo y ultraderechismo ruso, como Sergey Romanov o Alexei Pamyatnykh (éste como miembro de la Sociedad Katyn, residente en Varsovia) han llevado el peso de la campaña de culpabilidad de la URSS sobre Katyn, acusando sistemáticamente de propagar falsedades a los historiadores que ellos llaman “negacionistas”.

Romanov, como a la mayor parte de los historiadores rusos u occidentales que exponen los sucesos de Katyn, le puede antes su sentimiento anticomunista que lidiar con la verdad histórica. El fabulador y manipulador Romanov describe profusamente, en la web Katyn Files, a través de varios artículos en los que aporta pruebas aparentemente “verídicas y supuestamente contrastadas” lo que él estima que aconteció en Katyn, es decir, la versión que promovieron los nazis y más tarde los polacos. Romanov, intenta refutar y menoscabar a los críticos de Katyn, Ilyukhin, Strygin y Schved y, por supuesto, culpabiliza a Stalin y al NKVD de las atrocidades cometidas en el bosque de Smolensk contra los oficiales polacos.

Además, sin una prueba que valide sus acusaciones, Romanov califica de testigos falsos a los señalados por el historiador francés Alain Decaux (entre otros, a Catherine Devillier o Rene Culmo) que contradijeron (entre otros muchos) la farsa nazi-polaca. Sin embargo, después del repaso dado por el profesor forense independiente Frantisek Hájek, testigo de primer orden en Katyn, quien desmontó convincentemente en el año de 1945 el bulo de la culpa soviética, es una tarea sencilla refutar la tendenciosidad, saturada de animadversión soviética, de personajes como Romanov.

Pamyatnykh, por su parte, es otro ferviente partidario de la versión germano-polaca del crimen de Katyn y la fomenta activamente en sus artículos, reseñas y discursos. Considera “basura” los argumentos y las pruebas que contradicen su versión y trata de desmentirlos de todas las formas posibles, principalmente en Internet, centrándose en detalles menores, inexactitudes y errores tipográficos. No es casualidad que Pamyatnykh utilice esta estrategia engañosa. Este propagandista de la leyenda negra antisoviética sobre Katyn trata de darle, de este modo, un sello de “calidad” histórico-científica por el mero hecho de entrar al detalle en lo que para ellos son datos definitivos pero que lo único que hacen es otorgarle más irrelevancia a sus argumentos.

Como muchos otros historiadores que avalan la fábula polaca sobre Katyn, el anticomunista Pamyatnykh centra sus esfuerzos en imponer discusiones pseudocientíficas sobre inexactitudes en detalles de muy bajo perfil, sin cuestionar los principales hechos y conclusiones de investigadores independientes del caso Katyn. Pamyatnykh está mediatizado por su fobia contra todo lo soviético y, por tanto, su investigación es parcial y prejuiciosa.

Un ejemplo de la utilización capciosa que hace Pamyatnykh de Katyn es la siguiente. A principios de 2008, Pamyatnykh publicó en Internet extractos de la grabación de video del interrogatorio del ex jefe del Departamento de Prisioneros de Guerra de la NKVD, P.K. Soprunenko, por la Fiscalía militar rusa en los años 90. El autor considera seriamente el testimonio de Soprunenko como una prueba incontrovertible de la culpabilidad de la URSS en el crimen de Katyn. Sin embargo, de lo visto en el video del interrogatorio de Soprunenko, se observa cómo los investigadores de la Fiscalía Militar “fuerzan” al interrogado a dar las respuestas que necesitaban. Ningún tribunal que se precie de ser imparcial aceptaría ese testimonio como evidencia confiable. En los medios de comunicación rusos manejaron información de que los miembros del grupo de la Fiscalía de la Federación de Rusia, que trabajaban en los años 90 para aclarar las circunstancias del “caso Katyn”, al mismo tiempo recibieron subvenciones y otros tipos de incentivos materiales y morales de la parte polaca. Esto no puede ser ignorado.

Desde Occidente, a excepción del conocido trabajo de Grover Furr, la maquinaria de la propaganda sovietófoba sobre Katyn ha alcanzado niveles de paroxismo y desvergüenza como pocas veces se han visto desde la guerra fría. Tal es el caso de Allen Paul (ex reportero de la agencia de noticias de la CIA, Associated Press, y premiado por el gobierno polaco) con su poco ético y sesgado “Katyn: Stalin’s Massacre and the Triumph of Truth” o el alemán Thomas Urban, la penúltima golfería de un escritor ultraderechista que ha engrosado la nómina de intoxicadores profesionales con un reciente libro llamado pomposamente “La matanza de Katyn: Historia del mayor crimen soviético de la Segunda Guerra Mundial“. Urban, afirma que las pruebas aportadas por la Comisión soviética (Burdenko) que examinó los cadáveres polacos estaban llenas de falsificaciones, no como las suyas sacadas directamente de los archivos de Goebbels.

Para los Romanov, Pamyatnykh, Paul, Applebaum y Urban, los testigos verdaderos son los que citan ellos y todos los demás que contradigan su narrativa son falsos. Que Goebbels señalase en su diario “Desafortunadamente hemos tenido que abandonar Katyn, los bolcheviques sin duda pronto “descubrirán” que disparamos a 12.000 oficiales polacos”, les trae al pairo a estos maestros de la propaganda de guerra fría, solo porque gente tan traicionera y depreciable como el último presidente de la URSS (Gorbachov) y sus gregarios liquidacionistas admitieran la culpabilidad soviética en Katyn con el objetivo de destruir no solo la Unión Soviética sino su historia.

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FUENTES:

Elena Prudnikova e Ivan Chigirin “Katyn, una mentira que se ha convertido en historia” (solo en ruso), Año: 2019, Editorial: Olma Media Group (rusa); págs. 560

Vladislav Nikolaevich Schved, El Misterio de Katyn, Ed. Algoritmo, Moscú (2007, en ruso solamente)

The Mystery of the Katyn Massacre, Grover Furr (libro), Kettering, OH: Erythros Press & Media, LLC, 2018

https://pynop.com/katyn.htm

Mentiras y Verdad (en ruso), de Viktor V. Fostiychuk y Mikhail N. Gavyuk, http://history.snauka.ru/2014/09/1153

Documentaire d’Arte sur Katyn : quand les bornes – et les frontières – sont franchies…

http://stalinism.narod.ru/docs/katyn/rasstrel.htm

Evidencia de Katyn. profesor František Hájek. 9 de julio de 1945

http://istmat.info/node/26224

https://katyn.ru/index.php?go=Pages&in=view&id=948

http://www.voskres.ru/army/publicist/shved.htm

http://katynfiles.com/

https://tverweek.com/obshchestvo/katyn-i-mednoe-voprosov-bolshe-chem-otvetov.html

http://www.hrono.ru/libris/lib_sh/shwed03.php

¿Qué sucedió realmente en Katyn? (2)

 

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LAS PRUEBAS DE LA FARSA NAZI-POLACA

Durante el período de los tratados fronterizos y de no agresión soviético-alemanes, desde el 23 de agosto de 1939 hasta el 22 de junio de 1941, las agencias de seguridad del estado de la URSS descubrieron 66 estaciones de inteligencia alemanas en territorio soviético y 1.569 agentes alemanes, de los cuales 1.338 estaban las regiones de Ucrania y Bielorrusia, así como en los países bálticos. Además, más de 5.000 agentes alemanes fueron neutralizados directamente en la frontera y alrededor de 50 destacamentos de la OUN (organización de paramilitares nazi-ucranianos) entrenados por la inteligencia militar alemana fueron desarticulados.

En ninguno de los casos anteriores se confiscó documento alguno por las autoridades soviéticas y ni una sola vez de ninguno de los arrestados se recibió información de que los agentes alemanes, al menos una vez, informaran a Berlín sobre “represalia” alguna de los chekistas soviéticos contra oficiales polacos. Pero según la falsificación histórica conocida, la ejecución de miles de prisioneros de guerra polacos por miembros de la policía secreta soviética, o Comisariado soviético para Asuntos internos, NKVD, supuestamente se cometió en la primavera de 1940.

Es más, durante la campaña de liberación en Ucrania occidental y Bielorrusia occidental, los soviéticos se incautaron de documentos de la “Platsuvka” (departamento de inteligencia polaco), que se dedicaba al espionaje en las regiones fronterizas de la Unión Soviética. Resultó que la “Platsuvka” tenía agentes no solo en Ucrania (Kiev) y en Bielorrusia (especialmente en las regiones fronterizas), sino incluso en la parte posterior profunda de la URSS, en Siberia (Novosibirsk) y en Asia Central (en Tashkent).

Antes del ataque alemán a la URSS (1941), ninguno de los agentes polacos de la “Platsuvka” que operaban cerca de la frontera de la URSS había informado sobre hechos de la supuesta masacre de oficiales polacos capturados por los órganos de seguridad del Estado soviético. Si hubiera habido la menor señal de esto, la rusofobia se habría apoderado de todo el mundo a través de todos los canales diplomáticos.

Igualmente, antes del ataque de la Alemania nazi a la Unión Soviética, los militares polacos, que se convirtieron en prisioneros de guerra estaban bajo la protección de la Convención de Ginebra del 27 de julio de 1929 sobre la mejora de la condición de los heridos y enfermos en los ejércitos activos. La Unión Soviética se unió oficialmente a esta convención un año después, el 12 de julio de 1930. El registro legal completo de esta adhesión fue llevado a cabo por el Comisario Popular de Asuntos Exteriores de la URSS Maksim Litvinov, el 25 de agosto de 1930. La Unión Soviética observó estrictamente las disposiciones de esta convención.

Durante las negociaciones de julio de 1941 con el embajador soviético en Londres, Ivan Mikhailovich Maisky, sobre la conclusión entre la URSS y Polonia de un pacto de asistencia militar mutua contra la Alemania nazi, tampoco se planteó ninguna pregunta al respecto. Por el contrario, los polacos exigieron insistentemente la liberación completa de todos sus ciudadanos que estaban en cautiverio soviético. Exigiendo su liberación, los polacos sabían conscientemente que los soviéticos no habían disparado a ninguno de sus prisioneros.

Ante la obstinación de la parte polaca, y con la sanción de Stalin, la anterior formulación se reflejó en un protocolo especial al pacto firmado el 30 de julio de 1941. En él se decía que el gobierno de la URSS “otorgaría la amnistía a todos los ciudadanos polacos que actualmente están encarcelados en territorio soviético como prisioneros de guerra, o por otros motivos” (Política exterior de la Unión Soviética durante la Guerra Patriótica”, Moscú, 1944, vol. I, p. 121).

Así pues, a partir de ese momento, la inteligencia militar polaca no tenía ninguna información sobre el “asunto Katyn” y solo por la simple razón de que los oficiales de seguridad soviéticos no organizaron tal barbarie. En otro caso, una red de agentes polacos en estos territorios habría registrado el tiroteo de varios miles de oficiales polacos, especialmente desde que la inteligencia polaca los estaba monitoreando en secreto.

Hasta el 15 de junio de 1941, 225.791 prisioneros y 16.371 prisioneros de guerra polacos, incluidos oficiales, fueron utilizados en la construcción de aeródromos en los distritos fronterizos occidentales soviéticos, algo que aparece datado en los Archivos estatales de la Federación Rusa (9414. Op. 1. D. 1165. L. 60). El Abwehr (la inteligencia nazi) sabía con certeza que todos los oficiales polacos estaban vivos y los soviéticos los estaban utilizando para construir instalaciones defensivas en los distritos fronterizos occidentales. En la confusión de los primeros momentos de la guerra, los prisioneros de guerra polacos cayeron en las garras de los nazis y luego en la misma tragedia en Katyn.

Durante los años de la ocupación de Smolensk (la zona de las supuestas ejecuciones soviéticas) por los invasores nazis, éstos llevaron a cabo dos “barridos” de la zona. En agosto-diciembre de 1941, las temidas unidades de las fuerzas especiales nazis, las Einsatzgruppen, lograron desalojar de Smolensk y sus alrededores a los enemigos del Tercer Reich: es decir, a los bolcheviques, a los judíos y a los oficiales polacos que, circunstancialmente, estaban en la retaguardia de las tropas alemanas. Antes de abandonar Smolensk, los alemanes asesinaron a los testigos que sobrevivieron casualmente a la tragedia de Katyn.

En marzo de 1942, los residentes de la aldea de Kozy Gory, en la región de Smolensk, informaron a las autoridades de ocupación alemanas sobre un lugar donde había una fosa común con tropas polacas. Los polacos que trabajaban en el pelotón de la construcción desenterraron varias tumbas e informaron de ello al comando alemán, que inicialmente reaccionó con total indiferencia.

Sin embargo, el 13 de abril de 1943, la radio alemana decidió dar publicidad al hecho e informó sobre el lugar de enterramiento donde habían encontrado unos 10 mil oficiales polacos. El cálculo de los nazis había sido realizado de manera bastante burda: tomaron en cuenta el número total de oficiales del ejército polaco antes de la guerra, de donde dedujeron los soldados que estaban “vivos” del ejército del general polaco Wladyslaw Anders. Todos los demás oficiales polacos, según los alemanes, fueron fusilados por el NKVD en Katyn.

Joseph Goebbels, el “propagandista-Jefe” del Tercer Reich, logró un efecto aún mayor de lo que había previsto originalmente. La ejecución de Katyn fue emitida mediante la clásica propaganda alemana de “atrocidades bolcheviques”. Es obvio que los nazis, acusando al lado soviético del asesinato de prisioneros de guerra polacos, intentaron desacreditar a la Unión Soviética a los ojos de los países occidentales.

A mediados de abril de 1943, la Alemania nazi había lanzado una de las mayores campañas para desinformar a la comunidad internacional. El objetivo de Goebbels era global: los nazis tenían la intención de que los aliados de la coalición anti Hitler se enfrentaran entre sí. El método de implementación fueron las acusaciones contra la URSS de la supuesta masacre de oficiales polacos en Katyn.

El 17 de abril, Goebbels dijo: “Con el asunto Katyn, logramos hacer una gran división en el frente enemigo. El gobierno polaco emigrado en Londres está aprovechando esta oportunidad para atacar a los soviéticos”. Unos días después del mensaje de Goebbels en Radio Berlín, el Reichsminister pidió “saturar todos los debates políticos internacionales con el asunto Katyn” y atacó a los “sinvergüenzas judíos de Londres y Moscú”:

Hablando sobre la investigación de Katyn, Goebbels enfatizó lo siguiente: “Los oficiales alemanes que asuman el liderazgo deben ser personas exclusivamente preparadas políticamente y con experiencia para que puedan actuar con destreza y confianza. Los periodistas también deberán ser así. Nuestra gente debería estar allí con antelación, para que en el momento de la llegada de la Cruz Roja todo esté preparado, para que en caso de un posible giro indeseable de los acontecimientos podamos intervenir en consecuencia”.

El 5 de octubre de 1943, la URSS contraatacó con la creación de una comisión especial a cargo del NKVD, bajo el liderazgo del Comisario del Pueblo para la Seguridad del Estado, Vsevolod Merkulov, y el Vicecomisario del Interior del Pueblo, Sergei Kruglov. A diferencia de la comisión alemana, la comisión soviética abordó el caso con más detalle, incluida la organización de interrogatorios de testigos. Se entrevistó a 95 personas. Como resultado, se descubrieron varios detalles interesantes que se exponen a continuación.

  • Antes de que comenzara la II Guerra Mundial, tres campos de prisioneros de guerra polacos estaban estacionados al oeste de Smolensk. Los oficiales y generales del ejército polaco, gendarmes, policías y oficiales capturados en Polonia fueron ubicados en ellos. La mayoría de los prisioneros de guerra fueron utilizados para realizar obras viales de diversa dificultad.
  • Cuando comenzó la guerra, las autoridades soviéticas no tuvieron tiempo de evacuar a los prisioneros de guerra polacos de los campos. Entonces, los oficiales polacos quedaron en cautiverio alemán, y los alemanes continuaron utilizando el trabajo de los prisioneros de guerra polacos en trabajos de construcción y carreteras.
  • En 1940, había cesado la correspondencia con los prisioneros de guerra polacos que se encontraban en el territorio de la Unión Soviética y muy probablemente en agosto-septiembre de 1941, el comando alemán decidió disparar a todos los prisioneros de guerra polacos detenidos en los campos de Smolensk, bajo el mando del teniente coronel Arnes (o Arens) el teniente senior Reckst y el teniente Hott. La sede de este batallón se encontraba en la aldea de Kozy Gory.
  • En la primavera de 1943, los nazis utilizaron a prisioneros de guerra soviéticos para excavar tumbas donde habían sido asesinados los oficiales polacos. Tras las excavaciones, recogieron de las tumbas todos los documentos que databan de la primavera de 1940. Así que la fecha de la presunta ejecución de prisioneros de guerra polacos por los soviéticos fue “ajustada” a lo que deseaban los nazis. Los alemanes posteriormente asesinaron a los prisioneros de guerra soviéticos que estaban realizando las excavaciones para exhumar los cuerpos de los polacos y obligaron a los residentes locales a testificar a favor de los alemanes.

El 12 de enero de 1944, se estableció en la URSS una comisión especial para establecer e investigar las circunstancias de las ejecuciones masivas en el bosque de Katyn bajo el liderazgo del forense principal del Ejército Rojo, uno de los fundadores de la neurocirugía en la URSS, héroe del trabajo socialista, el académico Nikolai Burdenko. La comisión incluyó a destacados especialistas médicos y patólogos.

Se realizó una autopsia de tumbas en las que se encontraron una gran cantidad de cadáveres con uniformes militares polacos. El número total de cuerpos según el cálculo de expertos forenses fue de aproximadamente 11.000. Se realizó, asímismo, una encuesta a numerosos testigos de la población local. Burdenko escribió a Molotov: “Cuando estaba en Orel, como miembro de una comisión gubernamental, desenterré cerca de 1.000 cadáveres y descubrí que 200 ciudadanos soviéticos disparados tenían las mismas heridas que los oficiales polacos”.

A finales de 1945, los principales expertos polacos en medicina forense, los profesores Jan Olbricht y Singilevich, demostraron que fueron los alemanes quienes dispararon a los prisioneros polacos cerca de Katyn, aunque no en la primavera de 1941 sino en el otoño. Sus conclusiones sobre las causas de la muerte de los polacos se confirman con los testimonios de soldados alemanes que dispararon a los oficiales polacos.

En 1946, se presentó un informe de la comisión al Tribunal de Nuremberg. El tribunal no culpó de los crímenes a la URSS. La acusación de la culpabilidad nazi en el asesinato de oficiales polacos indicaba claramente: “En septiembre de 1941, los nazis llevaron a cabo asesinatos en masa de prisioneros polacos en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk”. Por lo tanto, era responsabilidad de Hitler Alemania la comisión de este crimen

La sorprendente uniformidad de las heridas y la ubicación del disparo en una parte muy limitada del hueso occipital permite concluir que el disparo fue realizado por una mano experta. Burdenko también compiló una colección de 25 cráneos ejecutados por alemanes de ciudadanos rusos para establecer la indudable identidad de las heridas con las que se encontraron en los cadáveres en el bosque de Katyn.

Todos los polacos ejecutados, como los rusos en Orel y como 700 pacientes de un hospital psiquiátrico de Voronezh, fueron asesinados con una pistola policial estándar alemana, que estaba en servicio en la Gestapo. Las mismas cuerdas con las que se ataban las manos y el cuello a los polacos resultaron ser alemanas ya que el tipo de hilo utilizado no se produjo en absoluto en la URSS en aquellos años. Y el nodo utilizado en la unión de las cuerdas también era muy característico de la Gestapo.

Pero sin duda, el testimonio más incontrovertible, científico, detallado y verídico que detruye la versión propagandística que idearon los nazis y que asumió Polonia, junto a Occidente, es la del profesor de Medicina forense checo František Hájek, quien expuso el 9 de julio de 1945, ante la Sociedad de medicina de Praga, todas las mentiras e incongruencias flagrantes de los nazis, utilizadas con posterioridad por la propaganda anticomunista de Occidente.

Hajek, tras el “descubrimiento” por los nazis en la primera quincena de abril de 1943 de fosas comunes de oficiales polacos ejecutados en un bosque cerca de Katyn, en la región de Smolensk de la URSS, fue notificado por el Ministerio del Interior de la Checoslovaquia ocupada por el III Reich, de que debía partir hacia Berlín junto a otros miembros de diferentes países (entre ellos un español), también expertos en medicina forense, para formar una Comisión con el objeto de participar en el examen de las tumbas encontradas.

Hájek, advierte en la introducción a su exposición científica de 1945 sobre la masacre de Katyn que, en su calidad de miembro de la Comisión nombrada por los nazis “no tuve la oportunidad de expresar mi propio punto de vista y me vi obligado a firmar todo lo que me ofrecieron”.

Hájek tuvo que firmar el llamado Protocolo de Katyn, hecho a medida de los nazis, donde se asumía la autoría soviética de la matanza de miles de oficiales polacos. Hájek es concluyente a este respecto: “A todos nos quedó claro que si no hubiéramos firmado el protocolo elaborado por los profesores Butz, de Wroclaw, y Orsos, de Budapest, entonces nuestro avión nunca habría regresado”. Hájek fue interrogado por ello por las autoridades soviéticas al finalizar la guerra, pero fue exonerado de cualquier responsabilidad ya que entendieron las circunstancias en que se había producido.

En la introducción a su testimonio Hájek deja claro que no hay ningún interés por su parte de ser parcial en su informe: “Quizás alguien objetará esta idea con el hecho de que puedo estar influenciado por un sentimiento de gratitud hacia los rusos que liberaron a nuestro pueblo y, por lo tanto, no puedo hablar de otra manera. Sin embargo, mi objetivo es que un historiador al que le gustaría tratar los sucesos de Katyn tenga argumentos documentados que daré”

Para Hájek, después de presenciar in situ (Katyn) las tumbas de los soldados polacos asesinados, examinar algunos cuerpos y recabar extensamente toda la información disponible, incluida tanto la de los testigos que propusieron los alemanes como los aportados por la comisión soviética, no tiene ninguna duda al respecto: “el testimonio recibido por los alemanes está lleno de contradicciones, mientras que el testimonio recibido por la comisión rusa es más definitivo, aunque en este caso ninguno de los testigos vio las ejecuciones con sus propios ojos.”

Por ejemplo, según el informe oficial alemán, la prueba decisiva con respecto al descubrimiento de las tumbas es el testimonio de un campesino ruso de 72 años, Parfen Kiselev, del cercano pueblo de Kozy Gory quien hizo un relato describiendo cómo oficiales del NKVD “sin duda habían disparado a los soldados polacos”, aunque no había sido testigo directo de la matanza (como el resto de testigos propuestos por la parte alemana y soviética).

Kiselev, según Hájek, “testificó que en el otoño de 1942 los alemanes lo convocaron dos veces para presentarse a la Gestapo en Gnezdovo, le dijeron que en 1940 elementos del NKVD habían disparado contra oficiales polacos y le exigieron que testificara a favor de esta versión. Cuando le ofrecieron un protocolo con las palabras: “O lo firmas o te destruimos”, se asustó y lo firmó”. Este era el grado de fiabilidad de los testigos propuestos por los nazis, en el que se han basado las fuentes occidentales.

Dado que es muy extenso el testimonio de Hájek, me limitaré a señalar solamente algunos datos relevantes que cita el profesor checo en su informe de 1945. Por ejemplo, el relativo a la munición utilizada para ejecutar a los oficiales polacos. Dice Hájek que “muy importante e interesante es el hecho de que los oficiales polacos fueron ejecutados con cartuchos de fabricación alemana”

“Dichos cartuchos se fabricaron en 1921-1931. en la fábrica de armas Gustav Genschow et somp., en Durlach, cerca de Karlsruhe (Alemania). La firma informó que efectivamente había fabricado estos cartuchos, pero debido al Tratado de Versalles [Alemania] no tuvo oportunidad de adquirir un arsenal, y supuestamente exportó dichos cartuchos, entre otros estados, a Polonia, los países bálticos y la URSS. Por lo tanto, los cartuchos de fabricación alemana podrían haber ingresado a Rusia no solo como un trofeo después de la ocupación de Polonia en 1939, sino también a través de entregas directas”

“Aunque tal explicación es posible, dice Hájek, llama la atención, sin embargo, que según esta versión los rusos usaran cartuchos de hace casi 20 años. Para los alemanes, sería decididamente mejor [nótese el sarcasmo] si los oficiales polacos fueran disparados con armas de fabricación rusa”

Otro hecho que especifica Hájek, y que desmonta la fábula nazi, es el relativo a la aparición de agujeros en la ropa de algunos de los cadáveres polacos. Señala con precisión Hájek que “los alemanes afirmaron que estos agujeros se hicieron con bayonetas rusas de cuatro bordes, que se utilizaron para llevar a las víctimas al lugar de ejecución. Aunque las bayonetas rusas son tetraédricas, tienen una punta en forma de cincel, y a juzgar por el hecho de que ninguna de las heridas penetra profundamente en el cuerpo, sino apenas debajo de la piel, es difícil afirmar que los agujeros fueron hechos por este arma. ¿Y por qué, entonces, unos agujeros eran redondeados, otros aparecían cortados y otros con cuatro puntas, si se hacían con la misma herramienta? Esta evidencia es muy poco confiable y se evapora”

El documento más significativo que consideraron los alemanes es el diario del mayor polaco Solsky, del que Hájek dice que “es bastante sospechoso su contenido y está en conflicto con el testimonio de testigos y otras circunstancias analizadas. Es sospechoso que el diario pudiera mantenerse, por así decirlo, hasta el último momento antes de la ejecución. Por otro lado, la comisión rusa, durante la exhumación adicional de cadáveres, encontró un total de otros 9 documentos sobre varios de ellos que contenían fechas del 12 de septiembre de 1940 al 20 de junio de 1941, es decir. fechas del período en que, según los alemanes, los oficiales ya habían sido ejecutados”

Finalmente, para no extenderme más sobre las revelaciones de Hájek, que ningún historiador occidental se ha molestado en citar o refutar, el checo certifica con ciencia forense sobre la fecha exacta en que fueron disparados y enterrados los oficiales polacos.

“Es importante que en los cadáveres, en las ropas o en las tumbas, no se hayan encontrado insectos o sus formas de transición, como por ejemplo, larvas, pupas e incluso alguno de sus restos. La falta de formas de transición de insectos ocurre cuando el cadáver se entierra durante la ausencia de insectos, es decir, en el período que va desde finales de otoño hasta principios de primavera, y cuando ha pasado relativamente poco tiempo desde el entierro hasta la exhumación”

“Se sabe que incluso si el cadáver está lo suficientemente enterrado, el hedor del cuerpo en descomposición, que es diferente en diferentes etapas de descomposición de acuerdo con el desarrollo del proceso, atrae insectos de diferentes especies, cuyas larvas perforan el suelo y penetran en el cadáver“

“Los alemanes afirman que los oficiales polacos fueron asesinados en la primavera de 1940. Es decir, en el momento de la exhumación (1943) habían transcurrido tres períodos de verano, a saber, el verano de 1940, 1941 y 1942. Los insectos habrían entonces penetrado en los cadáveres con mayor probabilidad durante estos tres períodos que durante, digamos, solo el verano de 1942, y por lo tanto, al menos, quizás se podrían haber encontrad sus restos. Esta circunstancia también sugiere que los cadáveres fueron enterrados aproximadamente en el otoño de 1941”

“Como se desprende de las conclusiones anteriores, ninguna de las pruebas en las que se basan los alemanes es tan confiable como para resistir las críticas, y no prueba que los cadáveres permanecieron en el bosque de Katyn durante 3 años, sino que, por el contrario, todas las circunstancias indican que yacían allí de 1 a 1,5 años”

“Para concluir, recalco que publiqué este trabajo por mi propia iniciativa, que nadie me llamó para hacer esto, y no recibí órdenes para hacerlo de nadie, es decir, ni de instituciones checas ni rusas”

En el relato de Hájek hay que hacer constar una inexactitud: Smolensk fue liberada por las tropas soviéticas el 25 de septiembre de 1943, la decisión de crear la comisión Burdenko fue tomada por el Politburó del Comité Central del Partido Comunista de los Bolcheviques de toda la Unión el 12 de enero de 1944, no en 1943 como afirma el autor.

Por su parte, Elena Prudnikova e Ivan Chigirin en su libro Katyn, Una mentira que se ha convertido en historia, investigaron aspectos muy reveladores que también han pasado inadvertidos intencionadamente para los historiadores occidentales. Por ejemplo, estos autores señalan que todos los cadáveres encontrados en las tumbas en Katyn estaban vestidos con el uniforme del ejército polaco y llevaban insignias. Pero hasta 1941, a los prisioneros de guerra que estaban en manos de los soviéticos no se les permitía usar insignias.

Es decir, los oficiales polacos no podían estar con insignia alguna en el momento de su muerte, si es que realmente fueron fusilados en 1940 (que tal como afirma Hájek no fue así). Como la Unión Soviética no había firmado la Convención de Ginebra, no se permitía en los campos soviéticos de prisioneros de guerra la preservación de las insignias correspondientes al rango militar de los detenidos.

Aparentemente, los nazis no pensaron en este detalle crítico y ellos mismos ayudaron a exponer sus mentiras por lo que es altamente probable que los oficiales polacos fueron fusilados después de 1941 (o en otoño de 1941 como afirma Hájek), cuando Smolensk fue ocupada por los nazis. Estos hechos, por sí solos, ya destruyen toda la propaganda occidental que ha ayudado a lavar la cara y a eludir la responsabilidad del nazismo en Katyn.

Más pruebas a favor de la “teoría de la conspiración soviética”. El investigador armenio Ernest Aslanyan llama la atención sobre un detalle al que hizo referencia el forense checo Hájek: los prisioneros de guerra polacos fueron asesinados con armas de fuego fabricadas en Alemania. El NKVD de la URSS no usó nunca tales armas. Incluso si los oficiales soviéticos hubieran dispuesto de copias de las armas alemanas, de ninguna manera estaban en la cantidad utilizada en Katyn.

Es curioso que esta circunstancia decisiva, la utilización de armas de origen alemán, haya sido ignorada por los partidarios de la versión de que los oficiales polacos fueron asesinados por el NKVD. Cuando este dato fue expuesto en los medios de comunicación “se dieron algunas respuestas ininteligibles”, señala Aslanyan.

Otra versión parece más plausible: las ejecuciones de oficiales polacos en los campos de la región de Smolensk se llevaron a cabo, pero no a la escala de la que hablaba la propaganda de Hitler. Había muchos campos en la Unión Soviética donde se mantenían prisioneros de guerra polacos, pero en ningún lugar se llevaron a cabo ejecuciones en masa.

El historiador polaco Romuald Svyatek, el escritor checo Vaclav Kral y el historiador e investigador francés Alain Decaux en sus respectivos libros The Katyn Forest, Crime Against Europe y Los enigmas de la Historia, escriben que el tiroteo de soldados polacos capturados en Katyn fue ejecutado por los alemanes, mientras que el destacado escritor inglés Alexander Werth en la mundialmente famosa monografía Rusia en guerra, 1941-1945 (Londres: Barrie y Rockliff, 1964) deja claro a los lectores que las masacres de Katyn se llevaron a cabo con un técnica puramente alemana de matar oficiales que ya habían utilizado en otros lugares de ejecuciones masivas contra civiles.

El presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, tampoco creía en la versión de Katyn sobre la muerte de miles de oficiales polacos. Dijo que este había sido un trabajo de los nazis. El gobierno británico y la corte internacional en Nuremberg no lo apoyaron, a pesar de los intentos del nuevo presidente estadounidense Harry Truman de culpar a la Unión Soviética, un ardid para dar impulso a la guerra fría contra el Kremlin.

Una investigación sobre el “caso Katyn” de acuerdo con todas las reglas, con estricta observancia de todos los procedimientos necesarios, no se ha llevado a cabo. Los materiales de la comisión de Nikolai Burdenko no fueron estudiados ni reimpresos. Los diarios de Goebbels ignorados. No se creó una nueva comisión internacional para investigar el caso Katyn. No se realizaron investigaciones parlamentarias en Rusia. La Duma del Estado no estaba autorizada a adoptar una resolución relevante sin evidencia documental. Todos los materiales y pruebas materiales que critican la versión de Goebbels del tiroteo de oficiales polacos por el NKVD de la URSS son ignorados. Los nazis destruyeron los archivos alemanes sobre el “caso Katyn” antes de la rendición, junto con pruebas materiales y “testigos”. Solo se reconoce una versión: la alemana-polaca. ¿Coincidencia?

 

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FUENTES:

Elena Prudnikova e Ivan Chigirin “Katyn, una mentira que se ha convertido en historia” (solo en ruso), Año: 2019, Editorial: Olma Media Group (rusa); págs. 560

The Mystery of the Katyn Massacre, Grover Furr (libro), Kettering, OH: Erythros Press & Media, LLC, 2018

https://pynop.com/katyn.htm

Mentiras y Verdad (en ruso), de Viktor V. Fostiychuk y Mikhail N. Gavyuk, http://history.snauka.ru/2014/09/1153

https://www.initiative-communiste.fr/articles/culture-debats/documentaire-darte-sur-katyn-quand-les-bornes-et-les-frontieres-sont-franchies/

http://stalinism.narod.ru/docs/katyn/rasstrel.htm

Evidencia de Katyn. profesor František Hájek. 9 de julio de 1945

http://istmat.info/node/26224

https://katyn.ru/index.php?go=Pages&in=view&id=948

http://www.voskres.ru/army/publicist/shved.htm

http://katynfiles.com/

https://tverweek.com/obshchestvo/katyn-i-mednoe-voprosov-bolshe-chem-otvetov.html

La ultraderecha literaria y el “revival” imperiófilo

Por JL Kleiber

Sin título

En los últimos años ha habido una preocupante tendencia al alza a la hora de revisionar los episodios más oscuros de la historia de España, no ya de épocas más recientes (la dictadura franquista y el período de la II República española, los caballos de batalla clásicos de la historiografía ultraconservadora) sino, retrotrayéndonos más atrás en el tiempo, se ha puesto en marcha una maquinaria propagandística para distorsionar, reformular, adulterar, malversar y, supuestamente, “deconstruir” los hechos más negros del pasado imperial español con una inusitada profusión de apología literaria imperial-hispanista, plasmada en obras, escritos, conferencias, charlas y documentales a cargo de una variedad de autores que, inflamados de nacionalismo patrioteril, y con el telón de fondo del manoseado centrifuguismo secesionista catalán, ensalzan hasta el paroxismo las “epopeyas” católico-españolas en América, atacando, a su vez, a las corrientes del “indigenismo” y a los críticos de sus deprimentes postulados reaccionarios. Pocas veces se han conjugado tan bien la desvergüenza histórica con una obstinada propaganda nacionalista que descansa en ese síndrome de Estocolmo, tan en boga hoy día, llamado “leyenda negra”. Ni la España franquista llegó a tanto, ni los actuales divulgadores hispano-chovinistas han alcanzado tan altas cotas de miseria intelectual en sus bodrios literarios.

La manipulación y tergiversación del período colonial español en América Latina está de moda. El descubrimiento del continente americano fue una empresa santa y pacificadora; Cristóbal Colón fue ejemplo de antiesclavista; Hernán Cortés y Francisco Pizarro fueron benefactores y protectores de los indios; las misiones californianas de los jesuítas y franciscanos eran centros de enseñanza humanista para los aborígenes; los frailes fueron el bastión católico de la obra “civilizadora” española en América; el oro y la plata de las minas se quedó en América y se entregó a sus propietarios nativos; los esclavos indígenas eran, en realidad, trabajadores asalariados mejor pagados que el albañil real de Carlos V; los conquistadores españoles acabaron con esa práctica tan perversa y desconocida en la España inquisitorial de los “sacrificios humanos”; las “Leyes de Indias” fueron el santoral de derechos humanos de los nativos y les convirtieron en dueños de su destino; la Inquisición fue un tribunal garantista de derechos y libertades; el mestizaje se llevó a cabo sin matrimonios forzosos, ni coacciones ni violaciones; las universidades que fundaron los españoles en América las construyeron los propios conquistadores y su acceso se hizo sin restricciones para los nativos, que dispusieron de cátedras para la difusión de sus lenguas y códices precolombinos. En definitiva, que los protestantes nos llevan persiguiendo desde el siglo nono y esto no hay quien lo aguante.

Los equidistantes reclaman el “presentismo” para ver con ojos de la época lo que no se puede ver con los actuales. “Es un error juzgar el pasado con los valores de hoy”, dicen desde el Hispanic Council, una suerte de remozado Consejo de la Hispanidad franquista acomodado a los nuevos tiempos que parecen ser siempre viejos. Entonces, digo yo, habría que revocar la narrativa de las cámaras de gas nazis porque hay que verlas con los esquemas mentales de entonces, no con los de hoy. Ante ese pensamiento indigente, intelectualmente anémico, solo cabe difundir la realidad cruda de unos hechos que son deformados persistentemente por la propaganda rosalegendaria, que se ha hecho fuerte en los últimos años en los medios audiovisuales y en las plataformas sociales.

Personajes reaccionarios y tradicionalistas que capitanearon la “leyenda negra” como Menéndez Pelayo, Julián Juderías o el fascista Ramiro de Maeztu, son los referentes de los nuevos cruzados de la Hispanidad. La vieja catequesis franquista de “los enemigos de España” vuelve con fuerza para recuperar unas “grandezas imperiales“ que se articularon ideológicamente en el régimen del 18 de Julio y que hoy recogen partidos como Vox y la izquierda nacional-chovinista. El objetivo es socializar en el imaginario colectivo el concepto “Leyenda Negra” y reconfigurar el Descubrimiento español de América como una obra providencial.

Los malvados fueron los otros, nos repiten constantemente desde las tribunas hispánicas, de forma rutinaria, con patetismo. Los anglos, Guillermo de Orange, Theodor de Bry, Lutero, Calvino, los italianos, los afrancesados y traidores negrolegendarios como Bartolomé de las Casas. Revisionismo histórico no es tirar estatuas de Colón, Valdivia, Alvarado o Junípero Serra sino engrandecer su figura con un enfoque metodológico consistente en blanquear sus crímenes, justificarlos o directamente ignorarlos, o bien se usan pretextos vacíos del tipo “fueron hombres de su tiempo” para, de este modo, equilibrar sus faltas y virtudes en una confortable (falsa) equidistancia que es, en la práctica, negacionismo de la mejor ley.

La “leyenda negra” no existió ni existe; es el tocomocho de los cretinos para mantener vivo el victimismo de una antigualla imperial que se derrumbó hace dos siglos.

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (y 4)

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FRANK DIKÖTTER, EL PENÚLTIMO FARSANTE DE LOS “MILLONES DE MUERTOS”

Si los autores mencionados por Joseph Ball en las entradas anteriores (Becker, Chang, Halliday, Aird, Coale, Banister, más los que publicaron la superchería panfletaria llamada “Hambruna en China”) proponían una visión apocalíptica de la China de Mao, donde millones de personas morían de inanición gracias a un malévolo plan llevado a cabo por el líder comunista chino, en los últimos años se ha sumado al “revival” de los “millones de muertos” Frank Dikötter, un historiador holandés radicado en Hong-Kong, especialista en la “China moderna” y nuevo referente del ultraconservadurismo anticomunista con su libro La Gran Hambruna en la China de Mao.

En realidad, Dikötter no aporta nada nuevo que ya se supiera con anterioridad en la literatura de los “millones de muertos de Mao”. Si acaso, utiliza un sesgo aún mayor que los autores antes citados, simplificando y tergiversando a conveniencia sobre el período del Gran Salto Adelante. Dikötter, hay que decirlo, es un entusiasta del período de 1912 a 1949, es decir, antes de la llegada de los comunistas chinos al poder donde, según Dikötter, había en China una suerte de idílica “democracia” precapitalista en la que reinaba la “libertad” económica y política.

Sin embargo, el tan celebrado período “pre-maoista” de Dikötter es uno de los más infaustos y sangrientos de China en todo el siglo XX. Citemos como ejemplo el año 1927, cuando los trabajadores chinos (algunos de ellos pertenecientes al Partido Comunista) intentaron organizar sindicatos y negociar condiciones de trabajo con mejores salarios y el dictador Chiang Kai-Chek ordenó a su ejército que los matara. El resultado más conocido de esta represión fue la masacre de Shanghai, de 12 de abril de 1927, que dio comenzó a la Guerra Civil entre el Partido Comunista de China y la dictadura nacionalista de Chiang, guerra que no terminaría hasta 1949.

Incluso después de que Chiang Kai-Chek perdiera la larga Guerra Civil ante los comunistas chinos en 1949, Chek siguió siendo un presidente nunca elegido de la isla llamada Taiwán. De hecho, declaró la ley marcial en Taiwán el 20 de mayo de 1949 y gobernó con puño de hierro hasta su muerte en 1975. La ley marcial permanecería vigente hasta el 14 de julio de 1987 y Taiwán no celebraría su primera elección presidencial democrática hasta 1990. Entre 1949 y 1990, Taiwán fue un estado autoritario respaldado por EEUU y sus aliados europeos, alianza estratégica que continúa en la actualidad.

Los hechos descritos por Joseph Ball y otros autores desmienten completamente las invenciones de Dikötter y el resto de propagandistas de las “hambrunas masivas” en China, e incluso la misma Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos en un informe decía “En 1949, la esperanza de vida en China era de solo 36 años. A principios de la década de 1980, aumentó a 68 años. Este aumento en la esperanza de vida se atribuye principalmente a la mejora de la nutrición y la disminución de la mortalidad debido a la decrecimiento de las enfermedades infecciosas”.

Desde 1949, la situación de salud pública en China mejoró enormemente, es decir, después de que el Partido Comunista Chino se hiciera con el poder. Para 1949, la población de China era de 541,6 millones de personas. Cuando Mao murió, el número de habitantes de China había llegado a 930,7 millones de personas, un aumento de casi 400 millones de personas. Este incremento hubiera sido imposible de haberse producido la tan aludida hambruna.

Uno de los “argumentos” recurrentes de los divulgadores anticomunistas es recurrir a citas inexistentes o manipuladas de los líderes comunistas y darles veracidad histórica. Pero, como ha ocurrido más de una vez, este tipo de argucias solo surte efecto entre los más crédulos, en los desinformados o en esa ultraderecha cuya retórica está siempre inflamada con el argumento repetitivo de la “maldad comunista”. Una cita conocida que se puede encontrar en la obra de Dikötter (que también utilizaron Chang y Halliday), La Gran Hambruna en la China de Mao, y que se atribuye falsamente a Mao, es la siguiente: “Cuando no hay suficiente para comer, la gente se muere de hambre. Es mejor dejar que la mitad de la gente muera para que la otra mitad pueda comer hasta saciarse”. La realidad de la cita es otra muy diferente: una revisión de los archivos chinos reveló que la “gente” que “moriría de hambre”….no eran personas en absoluto, sino que Mao se refería a grandes proyectos industriales. La cita había sido tomada de una transcripción de una reunión donde Mao habló de reducir a la mitad el número de empresas. Este es el “nivel” de tendenciosidad de “expertos” en China como Dikötter.

Dikötter afirma, entre otras cosas, que si Mao hubiera mantenido el crecimiento demográfico que había logrado en 1953, la población habría aumentado en veintisiete millones de personas en 1961 y atribuye esta diferencia a las muertes por culpa de la hambruna. Pero el demógrafo de la Universidad de Chicago, Ping-Ti Ho, señaló que las cifras de 1953 no proceden en absoluto de un censo, sino de estimaciones provinciales que muestran un muy dudoso aumento de la población del 30% entre 1947 y 1953 -un período de guerra, hambruna e intensa lucha revolucionaria-, lo que sugiere que las veintisiete millones de personas “desaparecidas” probablemente nunca existieron.

Las afirmaciones de decenas de millones de muertes por hambruna se basan, según sugiere el historiador británico, especialista en la China antigua, Gwydion Madawc Williams, en “comparar a Mao con Mao para condenar a Mao”, obviando hechos cruciales como que la población china estaba mejor en 1961 que en los 100 años anteriores, así como el hecho de que la esperanza de vida era de 56 años (en 1949 era, como se ha señalado antes, de 36 años).

Frank Dikötter y otros sobresalientes charlatanes de los millones de muertos no nos hablan del éxodo de trabajadores que se trasladaban a las ciudades, omiten que la caída de la tasa de natalidad se debe a que las mujeres se unieron a la fuerza laboral, no tienen en cuenta la retirada de la ayuda por parte de la URSS a China en 1960, realizan traducciones mal hechas de citas de Mao o ponen imágenes de hambrunas de épocas anteriores (como ha sucedido con el llamado “Holodomor”) y, finalmente, cómo no, tienen que culpar a Mao por la hambruna.

Los historiadores que narran las supuestas “hambrunas de Mao” han difundido falsas evidencias históricas distorsionando la verdad para estar únicamente al servicio de un relato cuya matriz descansa en el ideario del anticomunismo. Es decir, directamente no respaldan muchas de las afirmaciones que realizan en sus escritos, como ya advirtió Joseph Ball en las entradas anteriores, y las fuentes que utilizan las usan al azar y descontextualizadas.

El libro de Dikötter, La Gran Hambruna en la China de Mao, es poco más que una colección de anécdotas de “atrocidades comunistas”, algo que ya habían puesto de manifiesto a lo largo de los últimos años otros autores con leyendas anticomunistas similares, como el celebrado y disparatado manual de propaganda de la CIA, El Libro Negro del Comunismo, u otros que se nutren del fundamentalismo ideológico de la extrema derecha (ej. Anne Applebaum). La realidad es que no hay absolutamente ninguna prueba de que las atrocidades que describe Dikötter (si fueran ciertas), hubiesen sido ordenadas desde la cúpula del Partido Comunista chino. Al contrario, si las hubo, fueron a menudo descubiertas por equipos de investigación enviados por las autoridades centrales de Pekín. La imagen (ya suprimida) de la primera edición del libro de Dikötter, con un niño hambriento es de una hambruna en 1946, doce años antes del Gran Salto Adelante y 3 años antes de que Mao llegara al poder.

Pero veamos la afirmación más absurda, demencial y extravagante de Dikötter: las 45 millones de personas “asesinadas” por la “hambruna” de Mao, un “hecho” anunciado en el sitio web de Dikötter como un “hallazgo clave”. El cálculo de Dikötter se basa teniendo en cuenta el “exceso” de muertes contando todas las que ocurren en un año y restándolas de una mortalidad que el investigador asume que hubieran ocurrido si no se hubiera llevado a la práctica el Gran Salto Adelante.

Dikötter obtiene sus 45 millones de muertos, en primer lugar, inflando las tasas de mortalidad reales, por encima de las cifras reportadas en los archivos, en un 50%, y, en segundo lugar, asume una tasa de mortalidad “normal” ridículamente baja (la misma que la de Occidente) en la década de 1950, a pesar de que China a lo largo de ese período fue uno de los países más pobres de la tierra.

El holandés acepta una mortalidad bruta ‘normal’ de 10/1000 personas/año o el 1%. La adopción por parte de Dikötter de una mortalidad “normal” muy baja de 10/1000 es simplemente inverosímil. Por supuesto, Dikötter asume esta cifra, y esto es importante resaltarlo, para maximizar su cálculo de muertes en exceso, lo cual denota su mala fe para tergiversar hasta el límite de lo practicable su tesis de los “millones de muertos” por culpa de Mao.

Dikötter obtiene la mortalidad reportada, la incrementa en un 50% para permitir el subregistro con el que obtener una mortalidad anual promedio de alrededor de 27,3/1000 durante el Gran Salto Adelante (1958-1962). Así, para llegar a su gran total final de personas “asesinadas” por Mao, Dikötter hace este cálculo ((27,3-10) / 1000) x 650 millones x 4 años = 45 millones de muertes “en exceso”.

El problema es que una mortalidad bruta de 27,3/1000 a finales de los 50 y principios de los 60 era de hecho bastante habitual para los países en desarrollo. La de India e Indonesia fue de 23 y 24/1000 respectivamente. Y la mortalidad de China en 1949, sólo 8 años antes del Gran Salto Adelante, fue de 38/1000 (Judith Banister), en Hong Kong en los años 30 fue de 32/1000, en Rusia antes de la revolución 31/1000, y en la India, justo antes de la independencia, alrededor de 28/1000.

Por tanto, según la tasa de mortalidad bruta durante el Gran Salto Adelante, ofrecida por Dikötter, se puede decir que fue significativamente mejor que la de China en 1949 (38/1000), y prácticamente la misma que la de la India en el último año del dominio colonial británico. Así pues, hablar, basandóse en las propias cifras de Dikötter, de que el Gran Salto Adelante fue la “mayor catástrofe de la historia” de China, o incluso del mundo, es completamente ridículo.

De hecho, si Dikötter acepta la tasa de mortalidad antes señalada de 10/1000 para 1957, entonces tendrá que asumir que los comunistas redujeron la mortalidad de 38/1000 a 10/1000 durante los primeros ocho años de gobierno (1949-1957), salvando así decenas de millones de vidas. Si este fuera realmente el caso, habría sido la más dramática e increíble reducción de la mortalidad en la historia de la humanidad.

Así pues, el tramposo cae en su propia trampa. Si se asume una tasa de mortalidad muy baja para maximizar el exceso de muertes del Gran Salto Adelante, entonces Mao también debe recibir el crédito por haber logrado, durante la mayor parte del tiempo que estuvo al mando del timonel chino, niveles muy bajos de mortalidad. Si se va por el otro lado, el balance sobre el exceso de muertes del Gran Salto Adelante se minimiza y tal vez casi se elimina.

Por tanto, las afirmaciones de Dikötter son completamente falsas y carecen de cualquier análisis científico honesto. La hambruna, hasta la victoria de la Revolución, fue un problema crónico para China. Sólo la hambruna de 1876, en el norte de China, mató a 15 millones de personas, superando ampliamente cualquier dificultad que haya ocurrido desde la fundación de la República Popular china. Los problemas de la agricultura en China a finales del decenio de 1950 se debieron en gran medida a dos años sucesivos de calamidades naturales y a la disminución de las cosechas. Las similitudes, en este sentido, con la propaganda que ha llegado del “Holodomor”, son evidentes y con resultados parecidos.

Mediante el racionamiento de las reservas de cereales y las grandes compras de trigo en el extranjero, el Gobierno chino logró controlar la situación. La afirmación de que 40 millones de personas perecieron en China durante una hambruna simplemente no es sostenible según los datos demográficos. China tenía una población de 594 millones de habitantes en 1953 y pasó a 694 millones en 1964, cuando se produjo una supuesta hambruna masiva que se cobró alrededor del 5% de la población.

Desde 1950 hasta 1980, la producción industrial de China creció en promedio más de un 10% al año. El pueblo se benefició de sistemas de bienestar que proporcionaron apoyo para la alimentación, la vivienda y la atención médica, con mejoras concretas en los niveles de nutrición y salud. En las elecciones generales de 1953 en China, el pueblo recibió su derecho democrático a participar en los asuntos del Estado; más de 100 millones de personas participaron en los debates para la nueva constitución. Exactamente, lo mismo sucedió en 1968 en la RDA (República Democrática Alemana), donde el Estado de Obreros y Campesinos puso en práctica la democracia participativa del pueblo, no la de los miserables políticos occidentales que sirven a las oligarquías económicas a través de la “democracia del voto”, pero donde ni una sola Constitución ha sido debatida en asambleas populares o vecinales ni se han incorporado propuestas ciudadanas a la misma. Al contrario, dichos terxtos normativos superiores fueron impuestos por países extranjeros (como la Ley Fundamental de Alemania Federal, por los EEUU) o bien redactadas sin luz ni taquígrafos, de espaldas al pueblo (Constitución española).

Para refrendar y reforzar los argumentos anteriores en favor de las políticas de salud y bienestar social de Mao, el paper Una exploración de la disminución de la mortalidad en China bajo Mao: un análisis provincial, 1950-1980, de los investigadores estadounidenses Kimberly Singer Babiarz, Karen Eggleston, Grant Miller y el chino Qiong Zhang, aprobado por la Junta de Revisión Institucional de la Universidad de Stanford (EEUU) y cuyos autores no tienen conflicto de intereses, desmonta, con enorme calidad científica, una a una, las patrañas de Dikötter y sus predecesores (Jasper Becker, Jung Chang, Jon Halliday..). Dicen los autores del paper que:

“El crecimiento de la esperanza de vida en China entre 1950 y 1980 se encuentra entre los aumentos sostenidos más rápidos de la historia mundial documentada […]Aunque exploratorios, nuestros resultados sugieren que los aumentos en los logros educativos y las campañas de salud pública explican conjuntamente entre el 50 y el 70 por ciento de las reducciones drásticas en la mortalidad infantil y de menores de cinco años durante el período de nuestro estudio […] Se han propuesto muchas explicaciones para la disminución de la mortalidad en China durante la era Mao. Quizás el más destacado sea la expansión de los servicios de atención primaria de salud, incluido el crecimiento en la oferta de los famosos “médicos descalzos” de China a fines de la década de 1960 ( Sidel 1972 ; Dong y Phillips 2008). Otras explicaciones comunes incluyen campañas de salud pública generalizadas (inmunizaciones infantiles en particular); mejoras en agua, saneamiento y nutrición; y avances en el logro educativo”.

El paper subraya un aspecto de singular importancia en la reducción de las tasas de mortalidad en China que, lógicamente, nunca tienen ni tendrán en cuenta los apologistas de los “millones de muertos”: la implementación positiva a gran escala de la educación pública en China, lo que supone deconstruir otra falsedad más a cuenta de las indigentes campañas de desinformación sobre el período del Gran Salto Adelante. Señalan los autores, a este respecto, que: “En general, encontramos que la expansión de la educación durante la década de 1950, junto con las campañas de salud pública a gran escala, explican conjuntamente aproximadamente entre el 50% y el 70% de la reducción de las tasas de mortalidad infantil y de niños menores de cinco años en China entre 1960 y 1980. Gran parte de esta asociación es vinculados a efectos rezagados y de por vida de los logros educativos: la expansión de la matrícula en la escuela postprimaria durante la década de 1950 tiene una asociación grande y estadísticamente significativa con la disminución de la mortalidad después de 1960. Este hallazgo es consistente con una extensa literatura que establece una mejor supervivencia infantil entre las madres más educadas, incluso después de controlar una variedad de características maternas ( Caldwell 1979 ; Preston 1980 ; Barrera 1990 ; Thomas et al. 1991 ;Elo y Preston 1996 )”. 

De hecho, en el apartado 5.2 del paper, los investigadores manifiestan que “La relación entre los avances en educación durante la década de 1950 y la reducción de 1960-1980 en las tasas de mortalidad infantil y de menores de cinco años […]se correlacionan positivamente con las tasas posteriores de mortalidad infantil (1,5%, p <0,01) y las tasas de mortalidad de menores de cinco años (1,7%, p <0,01)[…]”, lo que constituye para estos autores “un hallazgo desconcertante que puede explicarse por el hecho de que las provincias con las peores condiciones al comienzo de la era Mao —como un bajo desarrollo económico, una devastación significativa por la guerra, una baja inversión en capital humano— habrían tenido los mayores avances en las tasas de matrícula en la escuela primaria (habiendo comenzado desde la base más baja) y altas tasas de mortalidad”, tal como ilustran en el siguiente cuadro:

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El estudio de Babiarz et al., rigurosamente técnico, ampliamente documentado, empírico y estadísticamente irreprochable, proporciona un severo correctivo y deslegitima la narrativa de toda la parroquia de vulgares panegiristas del anticomunismo chino que han surgido en las últimas décadas. El análisis del período Mao en la mejora sustantiva de la esperanza de vida, asociada a la calidad general de la salud pública, es irrefutable  en las conclusiones de los autores citados:

“Este artículo describe la construcción de una nueva base de datos provincial sobre la mortalidad china y sus determinantes bajo Mao Zedong, y la utiliza para estudiar la disminución sin precedentes de la mortalidad en China entre 1950 y 1980. Encontramos que los avances en educación (y, en menor medida, sus interacciones con importantes intervenciones de salud pública) pueden explicar una parte importante de las sorprendentes reducciones en la mortalidad infantil y de menores de cinco años durante la era de Mao. En particular, encontramos evidencia sugestiva de los beneficios a lo largo de la vida de una mejor educación. En conjunto, los avances educativos durante la década de 1950 y sus interacciones con las intervenciones de salud pública parecen explicar aproximadamente el 80% de la disminución de la mortalidad infantil y el 75% de la disminución de la mortalidad de menores de cinco años durante la década de 1960, y el 55-70% de las disminuciones en todo el período 1960-1980”.

Si los estudios serios y científicos desbaratan el circo de los millones de muertos del comunismo chino, solo queda la propaganda, la maledicencia, el rosario de manipulaciones y los sobornos para validar la charlatanería anticomunista. Si se indaga en los orígenes de la financiación de libelos como el de Dikötter, aparecen gobiernos e instituciones de “ideas” (think tanks de extrema derecha) para servir de contrabandistas culturales de la CIA. El libro de Dikotter, La Gran Hambruna en la China de Mao, fue financiado por la Fundación Chiang Ching Kuo de Taiwan, una organización creada por el hijo del sanguinario dictador fascista Chiang Kai Chek y por tres organizaciones del Reino Unido: el Wellcome Trust, el Arts and Humanities Research Council y el Economic and Social Research Grants Council, esta última financiada por el gobierno británico. Poco más se puede decir, que no sea el habitual mecanismo de penetración ideológica de Fundaciones y organizaciones que tienen estrechos vínculos con las más altas estructuras del poder capitalista y los servicios de inteligencia.

En definitiva, Frank Dikötter es un maestro de la narrativa sensacionalista, que la utiliza para deslegitimar y difamar a China con un claro propósito ideológico. La investigación de Dikötter sobre el período del Gran Salto Adelante es de mala calidad como, en general, las de sus colegas Chang y Halliday. Pero sobre todo, y lo que es fundamental, el autor manipula intencionadamente y tergiversa los datos buscando únicamente atraer, como sucede con toda la literatura anticomunista, el mayor número de “haters” contra el comunismo, aunque para ello utilice fuentes no contrastadas o, lo que es ya un modus operandi habitual en este tipo de autores, se invente todo lo ininventable utilizando la propaganda más obscena con la que rellenar seiscientas dieciséis páginas de su prescindible libro.

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FUENTES:

Frank DIKÖTTER, La Gran Hambruna en la China de Mao; Editorial: EL ACANTILADO, 2017, 616 págs

Did Mao Really Kill Millions in the Great Leap Forward? by Joseph Ball

M. Chen, W.Y. Lu, Eric Boxtel, reviews of Mao’s Great Famine: The History of China’s Most Devastating Catastrophe, 1958-62 (Frank Dikötter)

Babiarz, K. S., Eggleston, K., Miller, G., & Zhang, Q. (2015). An exploration of China’s mortality decline under Mao: A provincial analysis, 1950-80. Population studies69(1), 39–56. https://doi.org/10.1080/00324728.2014.972432

La guerra de Occidente contra la RDA (y 3). El Plan DECO II para invadir y “liberar” Alemania Oriental

PLAN DE ATAQUE DECO II CONTRA LA RDA

En una declaración del gobierno de EEUU de 12 de octubre de 1949, se dijo que la fundación de la RDA (República Democrática de Alemania), cinco días antes, era “ilegal”. La hipocresía amnésica de Washington le impedía recordar que unos meses antes, el 23 de mayo, se había constituido unilateralmente como Estado la República Federal de Alemania (RFA), en una clara violación de los acuerdos de Potsdam y con la autorización de EEUU.

La creación de la RDA, el 7 de octubre, fue la respuesta justa, necesaria y proporcionada a la fundación del estado separatista de Alemania Occidental. El territorio que estaba bajo control de la autoridad militar soviética esperaba que a corto o medio plazo la unificación con la otra Alemania se llevase a efecto bajo bajo criterios de estricta neutralidad política. Pero la RFA y EEUU no estaban dispuestas a permitirlo. Tenían otros planes más agresivos.

Por su parte, la fundación de Alemania Federal fue un acto de provocación ilegítimo que iba a servir como piedra de toque de la guerra fría iniciada por Occidente y cuyo objetivo era hacer retroceder la influencia soviética en Europa. Se descartaba de ese modo una Alemania unida, a pesar de que Stalin, en la famosa nota de 1952, propuso (varias veces durante ese mismo año) la unificación alemana bajo bandera neutral, algo que era inaceptable para EEUU quien quería expandir su dominio imperialista por toda Europa.

Como se ha comentado en las dos entradas anteriores, desde el minuto uno de la creación del Estado de obreros y campesinos (RDA) la finalidad de Washington, el Reino Unido y la Alemania de Adenauer fue atacar por todos los flancos a la RDA mediante un amplio repertorio de actos injerencistas que no cesaron hasta noviembre de 1989 cuando se produjo el movimiento contrarrevolucionario que dio lugar a la apertura de la frontera estatal de Berlín (el “Muro”) y a la posterior disolución de la RDA.

El más ambicioso y arriesgado intento de Occidente para apoderarse por la fuerza de la RDA, que finalmente no se llevó a cabo gracias a la construcción de la barrera antifascista de Berlín en 1961, fue el que tuvo como objetivo “liberar” a la RDA a través del llamado Plan DECO II, orquestado en la primavera de 1955. Este episodio, decisivo para entender todas las medidas de defensa que adoptó la RDA a partir de 1961, ha sido censurado y relegado totalmente en los libros de historia de Occidente mientras, a sensu contrario, se ha denigrado, difamado, caricaturizado y calumniado a la RDA con interminables falsedades e historias truculentas.

En la primera década de los años 50, ya el canciller de la República Federal de Alemania, Konrad Adenauer, hizo unas declaraciones al periódico conservador de Koblenz, Rheinischer Merkur (el 20 de julio de 1952), donde dejaba clara la estrategia de guerra de la RFA contra la RDA. Adenauer dijo entonces: Lo que se encuentra al este de los ríos Werra y el Elba son provincias “no redimidas” de Alemania. Por lo tanto, la tarea no es la reunificación sino la liberación. La palabra reunificación debería desaparecer puesto que ya ha traído demasiados desastres; la liberación es la consigna”.

Más que en cualquier otro estado socialista del Este europeo, la RDA se convirtió en objetivo prioritario de las potencias occidentales para ejecutar una “política de rescate” del comunismo. Occidente, en particular EEUU y Reino Unido, encomendaron a Alemania Federal la tarea de realizar operaciones desestabilizadoras contra la RDA a través de Berlín Occidental, aprovechando que había “libre tránsito de personas” hacia Berlín Este.

Como ya se mencionó en la entrada anterior, además de la organización terrorista neonazi KgU (Kampfgruppe gegen Unmenschlichkeit o Grupo de Combate contra la Inhumanidad -sic-), el Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud y la Organización Gehlen (grupos que ideológicamente se solapaban entre sí y cuyos integrantes eran antiguos nazis de la Wehrmacht, las SS y la Gestapo), Alemania Occidental utilizó la agresiva emisora norteamericana radicada en Berlín Oeste, RIAS, (Rundfunk im amerikanischen Sektor) para poner en marcha una “subversión constructiva” contra la RDA, invadiendo su espacio radioeléctrico mediante el uso masivo de propaganda anticomunista.

Las entonces estaciones de radio anticomunistas creadas por la CIA en Europa occidental, como la RIAS o Radio Free Europe/Radio Liberty, constituían potentes herramientas de manipulación y propaganda para llamar a la rebelión de los ciudadanos en los países del Este socialista. Después del fracaso temporal de esta política, el 17 de junio de 1953, con el fallido intento de golpe contrarrevolucionario en la RDA, se consideró cada vez más la opción de utilizar la “liberación del exterior” y, por lo tanto, recurrir a las fuerzas armadas de la República Federal de Alemania para “recuperar” la RDA.

Los antecedentes directos de la Operación DECO II se encuentran en el Acuerdo de Garantía celebrado el 29 de septiembre de 1954 en Londres entre los Gobiernos de los Estados Unidos de América y la República Federal de Alemania, en virtud del cual EEUU se comprometía a cooperar en una operación de largo alcance con el objetivo exclusivo de reunificar Alemania, mediante el inicio de acciones militares contra el territorio de la RDA.

Un documento fechado en 1955, en posesión del Ministerio para la Seguridad del Estado (MfS, la satanizada “Stasi”) de la RDA, a través de una fuente denominada “Kohle”, fue obtenido en el mismo año. “Kohle” tenía conexiones con una empleada que trabajaba en la oficina del General ex nazi Hans Speidel, que también se menciona en la lista de distribución del documento DECO.

Recordemos, antes de entrar en materia, el historial de Speidel, un criminal de guerra de Hitler que fue integrado, como tantos otros nazis, en las estructuras militares de la RFA y en la propia OTAN. Speidel, durante el III Reich, fue jefe de gabinete del mariscal Erwin Rommel, además de un fascista y nacionalista convencido. Las biografías blanqueadoras sobre Speidel nos dicen que conspiró para atentar contra Hitler (pero extrañamente no fue ejecutado por el dictador) y, supuestamente, no era partidario de las leyes raciales, además de ser encarcelado por la Gestapo. Este expediente “amable” sobre Speidel no se corresponde con la realidad.

Speidel participó activamente en la maquinaria de guerra de exterminio del III Reich, tanto en la invasión de Francia de 1940 como en el Frente Oriental, donde desempeñó el cargo de Jefe de Estado Mayor del 5º Cuerpo del Ejército y Jefe de Estado Mayor del 8º Ejército en 1943, siendo ascendido a general. En el Frente Oriental (Unión Soviética), aunque también en Francia, es donde se produjeron las mayores atrocidades contra civiles en la II Guerra Mundial por parte del Ejército nazi.

Durante la posguerra, al igual que otros criminales de guerra que eran generales de alto rango de Hitler, como Adolf Heusinger o Erich Von Mannstein, Speidel fue llamado para desempeñar un papel clave como fundador del nuevo ejército alemán (el Bundeswehr), así como en el rearme de la RFA  e integración alemana en la OTAN.

Speidel fue uno de los autores del memorándum Himmerod que abordó el tema del rearme (Wiederbewaffnung) de la RFA después de la Segunda Guerra Mundial.  Como importante asesor militar del gobierno federal de Konrad Adenauer, Speidel fue ascendido a general de cuatro estrellas (el primero en ser galardonado con este rango, junto con Adolf Heusinger).

LOS PREPARATIVOS DE LA INVASIÓN DE LA RDA: UN CRIMINAL DE GUERRA LLAMADO ADOLF HEUSINGER 

Pero volvamos a la guerra “caliente” contra la RDA. En el año 1956, la inteligencia de la RDA a través de su servicio exterior, el HVA (Hauptverwaltung Aufklärung) descubrió la línea de comunicaciones BASA, una red telefónica que conectaba todas las estaciones de ferrocarril de la RDA y cuya autoría había que buscarla, obviamente, en los servicios secretos de Occidente.

La red BASA estaba compuesta por circuitos de línea, relojes, luces intermitentes, interruptores, conmutadores y otros dispositivos para ser utilizados en caso de llamadas de emergencia. Todas estos actos de sabotaje fueron conservados por los conspiradores, algo que fue verificado con fotos auténticas hechas por ellos mismos. Con la línea BASA se pretendía organizar más eficazmente, en el día X, el Plan DECO II y provocar disrupciones y caos de acuerdo con dicho plan.

El 22 de abril de 1956, los soviéticos hicieron otro descubrimiento espectacular que demostró que la invasión de la RDA estaba en una fase avanzada. Se halló un túnel subterráneo de 300 metros de largo que conducía directamente desde una estación de radio del ejército estadounidense en Berlin Oeste-Rudow, por debajo de lo que era la frontera de la RDA, hasta Alt-Glienicke. El túnel, situado a cinco metros bajo tierra, estaba hecho con un aislamiento especial y paredes de hormigón armado de casi 2 metros de espesor y había sido recubierto con más de 160 pares de cables de comunicaciones.

Esta compleja red de comunicaciones debía ser monitoreada por el servicio secreto estadounidense y, en caso de ser descubiertos, dichas comunicaciones deberían ser interrumpidas con instrucciones incorrectas. Las expectativas de guerra de los fascistas Allen Dulles (Director de la CIA) y Konrad Adenauer (canciller de la RFA), fueron frustradas y ridiculizadas en la escena internacional. Como dice el Washington Post, “los americanos tenían un túnel  pero los soviéticos un topo”. Ese topo no fue otro que el gran espía inglés recientemente fallecido, George Blake, quien hizo un trabajo excepcional para el servicio secreto de la Unión Soviética, el KGB (Comité para la Seguridad del Estado).

El descubrimiento del túnel berlinés por los soviéticos no fue un acto de espionaje enmarcado dentro de la pugna entre dos contendientes antagónicos en la mal llamada “guerra fría”, como pretende distorsionar la historiografía occidental, sino que se trató del más grave caso de agresión imperialista contra la soberanía de un país ocurrido en Europa desde el final de la II Guerra Mundial. Dicho hallazgo no detuvo los planes de Occidente para atacar a la RDA. De 1959 a 1961, con el Plan DECO II listo para ser ejecutado contra la RDA, el Bundeswehr (ejército de la RFA) fue reforzado con más de 40.000 hombres y proporcionó el contingente principal de las fuerzas terrestres en el área del comando central para Europa de la OTAN.

Militares de la RFA ocuparon posiciones de liderazgo en los puestos de mando de la Alianza Atlántica, mientras la República Federal de Alemania exigía cada vez más enfáticamente armamento atómico para el Bundeswehr. En agosto de 1960, los jefes militares de las Fuerzas Armadas de la República Federal de Alemania publicaron un memorándum en el que se decía: “el Bundeswehr no puede renunciar ni al servicio militar obligatorio general, ni a la adhesión a la OTAN, ni a poseer armamento nuclear”.

En la primavera de 1961, estas fuerzas estaban cada vez más decididas a prepararse para la guerra contra la RDA. El ex General de Hitler e Inspector General (el más alto rango) de las Fuerzas Armadas de Alemania Federal y Presidente del Comité Militar de la OTAN, Adolf Heusinger, incluso planteó la demanda provocativa de estacionar misiles nucleares en la frontera con la RDA.

Vamos a detenernos, brevemente, en torno al perfil criminal del ideólogo (o uno de ellos) del Plan DECO II, Heusinger. Este alto mando militar con Hitler y luego con el canciller Konrad Adenauer, en la RFA, fue uno de los generales del III Reich que bajo las órdenes directas de Hitler coordinó la lucha contra los partisanos en la II Guerra Mundial. Estuvo destinado en el departamento de operaciones del Estado Mayor desde 1937 y era responsable, al igual que Reinhard Gehlen, luego director del Servicio federal de inteligencia de la RFA (BND), de la gestión estratégica y operativa de las unidades del ejército nazi contra la Unión Soviética.

La planificación operativa de Heusinger y los hallazgos de Gehlen sirvieron a las unidades de combate del carnicero genocida de las SS, Erich von dem Bach-Zelewski, para rodear áreas enteras de territorio soviético “infestadas” de lo que llamaban los nazis “bandidos” (partisanos) y se registraron en listas los lugares que se consideraban “sujetos a las pandillas” o que estaban en mora con la entrega forzosa de productos agrícolas a los ocupantes alemanes. Luego vino el “peinado”: casas enteras fueron destruidas y la mayoría de los residentes locales fueron asesinados.

Las directrices genocidas de Heusinger sirvieron para perpetrar masacres en las localidades francesas de Tulle y Oradur Sur Glane, en junio de 1944, donde el criminal nazi rehabilitado por la RFA, el general Heinz Lammerding, y sus unidades de la División Panzer de las SS, Das Reich, de la Wehrmacht, llevaron a cabo el asesinato de prácticamente toda la población civil de Oradur (642 personas, sobrevivieron seis), después de ser encerrados en la iglesia del pueblo; mientras que en Tulle, Lammerding y sus sicarios nazis asesinaron a sangre fría a 117 civiles y otros tantos fueron deportados a campos de concentración, donde fueron asesinados.

En diciembre de 1961, la Unión Soviética exigió sin éxito la extradición de Heusinger de los Estados Unidos por crímenes de guerra en la Segunda Guerra Mundial. Al contrario, en agosto de 1963, Adolf Heusinger recibió la Gran Cruz al Mérito con Estrella y Cinta al hombro de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania. Por su parte, el gobierno alemán federal protegió al asesino masivo Lammerding y se negó repetidamente a extraditarlo a Francia, país que había exigido su entrega para ser juzgado por las masacres de las localidades francesas de Tulle y Oradur Sur Glane.

Al mismo tiempo que la amenaza imperialista se cernía sobre la RDA, el gobierno de la RFA intensificó la guerra económica contra Berlín Este cancelando todo acuerdo comercial que existiese con el país socialista a finales de 1960.  De esta manera, la economía de la RDA debía verse debilitada para avivar las dificultades de suministro y, en última instancia, provocar la insatisfacción y rebelión de la población. Esta estrategia criminal de bloqueo económico para asfixiar a la RDA fue el principal motivo de la fuerte emigración de ciudadanos de la RDA  a la RFA desde 1949 a 1961.

En el verano de 1961, se llevaron a cabo nuevamente maniobras de la OTAN cerca de la frontera con la RDA. Dichos ejercicios tenían como objetivo ensayar una guerra limitada contra la RDA y otros estados socialistas.  En los primeros días de agosto de 1961, los militares de la RFA iniciaron los últimos preparativos militares para la agresión contra la RDA.

A principios de agosto, el entonces Ministro de Defensa Federal, el ultraderechista Franz Josef Strauss, del partido CSU, durante una visita a EEUU, dijo al presidente John F. Kennedy y a los funcionarios del Departamento de Defensa de los Estados Unidos que un “levantamiento popular” era inminente en la RDA.

El gobierno de la RFA quería aprovechar esta oportunidad para conquistar la RDA en el curso de una “acción militar” para resolver un “conflicto interno alemán”. En apoyo de este plan, las tropas de la OTAN estacionadas en Europa fueron puestas en alerta.  El comandante de las Fuerzas Terrestres de la OTAN en Europa Central, el ex general de Hitler Hans Speidel, realizó un recorrido por la frontera estatal de la RDA para supervisar la invasión.

La preparación militar para la guerra fue acompañada por una ola de embestidas propagandísticas contra la RDA, de tal forma que los ciudadanos de la RFA creyesen que la mayoría de la gente de la RDA estaba en contra del socialismo y que sería un requisito “humanitario” eliminar el poder de los trabajadores y campesinos

El objetivo de la Operación DECO II, como se ha dicho al comienzo, era proceder a la “liberación” (eufemismo utilizado en la RFA) de la zona de ocupación soviética y reunificar Alemania invadiendo militarmente la RDA, desde Alemania Central hasta la línea Oder-Neisse (es decir, hasta la línea que marcaba la frontera entre Alemania Oriental y Polonia) y preveía una intervención relámpago conjunta entre unidades militares terrestres, aéreas y marítimas, así como unidades de propaganda que se identificarían antes del comienzo de las operaciones militares en Berlín Oriental y puntos estratégicamente importantes de la Zona Soviética.

De los documentos sobre el Plan DECO II que obraban en poder del Ministerio para la Seguridad del Estado de la RDA se pueden observar al detalle todos los preparativos de la invasión y anexión de la RDA, como se puede ver en los ocho documentos de la imagen siguiente, rubricados con un Geheime Bundessache (Asunto Federal secreto). La firma del Plan corresponde a Adolf Heusinger (señalado con una flecha roja), a fecha de 2 de marzo de 1955:

Por ejemplo, en el punto clave “E”, unidades de EEUU y la RFA, desplegadas en Berlín Oriental ocuparían por la fuerza, es decir, de forma violenta, todos los puestos de servicio y de mando militar soviéticos, así como emisoras de telégrafos, estaciones de ferrocarril estatales y transporte urbano, estaciones de radio, medios de comunicación, depósitos de suministros estatales, instalaciones industriales y portuarias, carreteras principales y puntos de control fronterizo.

En el momento señalado como clave “E”, Berlín Oriental debería ser ocupada por grandes destacamentos aerotransportados, cuya tarea sería luchar contra todas las acciones enemigas emergentes, uniéndose a las compañías que se estarían trasladando desde los sectores occidentales a Berlín Oriental.

Después de ocupar las instituciones de radiodifusión y prensa por unidades de propaganda de Occidente, la población de la zona de ocupación soviética debería ser informada inmediatamente del inicio de la operación DECO II y aquélla debería solicitar un pase para recibir cualquier tipo de ayuda además de abstenerse de efectuar contramedidas (resistencia) contra los ocupantes, permitiendo que los invasores se hicieran con las empresas estatales para proceder a “depurar” políticamente a los responsables de las mismas.

Asímismo, se exigiría a los miembros del Ejército de la Unión Soviética, la policía y otras instituciones de seguridad de la RDA que estuvieran en posesión de armamento para que renunciasen a toda resistencia, depusieran las armas y permaneciesen en sus cuarteles o alojamientos hasta la llegada de las fuerzas armadas de la República Federal de Alemania.

Las unidades aerotransportadas se desplegarían al oeste de Berlín ocupando Potsdam (RDA) y las instalaciones del aeropuerto de Werder, estableciendo conexión con las tropas señaladas con la clave AK II en la ciudad de Berlín y avanzarían desde el noroeste hacia el sureste.

Pero, sin duda, una de las partes más siniestras del plan DECO II era la de llevar a cabo asesinatos selectivos previos en la RDA por parte de equipos especiales de EEUU y la OTAN. Este plan de ataque meticuloso se había basado en una recomendación de la OTAN publicada en el libro “General Military Review” (octubre de 1957, página 339), escrita por el capitán canadiense Donald Jones Goodspeed:

“Se pueden distinguir tres fases en este proceso: la fase preparatoria desde el primer complot hasta las primeras acciones militares, luego la fase del ataque…y finalmente la fase de consolidación. La fase preparatoria es sin duda la más peligrosa y también la más difícil. Apenas conoce reglas estrictas, pero tiene algunas reglas comunes. En esta fase se llevan a cabo varios asesinatos contra personalidades “obstructivas” que deben deben ser eliminadas. Este ataque tiene como objetivo provocar una desorganización total en el enemigo en el menor tiempo posible. Para ello las primeras dos horas son cruciales”.

Algunas de las medidas políticas a implementar con el Plan Deco II, y que figuraban en varios informes secretos que databan de 1953 (coincidiendo con el “putsch” o intento de golpe de Estado en la RDA, de junio de ese año), especificaban la absorción de sectores claves como la agricultura, en concreto, se debería ejecutar la disolución de todas las cooperativas socialistas de producción agrícola para ser devueltas a sus antiguos propietarios nazis. La frase literal decía “lo antes posible”.

Igualmente, en los planes del día después de la invasión de la RDA, se establecía la elaboración de un procedimiento para la “transferencia de la industria estatal a la propiedad privada”, la aniquilación total de la educación popular de la RDA y la abolición del sistema de seguridad social del Estado socialista.

El entonces canciller de la RFA, Konrad Adenauer, ya había declarado el 1 de julio de 1953 con renovado optimismo, tras el fiasco del golpe contrarrevolucionario del mes anterior en la RDA:  “Nuestros planes para el día después de la reunificación se han completado. Los comités de trabajo especiales han preparado medidas de emergencia para el día de la reunificación “.

En definitiva, con el Plan Deco II, o invasión del día X, se pretendía llevar a la RDA a la restauración plena del capitalismo liquidando, mediante una invasión armada, todas sus estructuras políticas, militares y económicas (exactamente el mismo plan que se introdujo tras la anexión de la RDA en 1990, pero en este último caso utilizando la (contra)”revolución pacífica”).

Aunque el gobierno de la RDA, en alianza con la Unión Soviética y otros países socialistas, hizo todo lo posible para tender puentes de coexistencia pacífica con el gobierno de la República Federal de Alemania, quedaba claro que la voluntad de Bonn (y Washington) era no aceptar esas reglas de juego sino lanzar sus propios planes de guerra para anexionar la RDA.

LA REACCIÓN CRUCIAL DE LA RDA

El descubrimiento del Plan DECO II, la línea de comunicaciones BASA y el túnel en Berlín fueron la prueba innegable de que Occidente estaba dispuesta a usar la fuerza militar para anexionar el territorio de la RDA a la RFA, lo que forzó a las autoridades de la RDA a frenar el agresivo expansionismo y rearme de Alemania Occidental con la construcción de una barrera protectora antifascista en Berlín, el 13 de agosto de 1961.

Previamente a la construcción del “muro” antifascista, tuvo lugar en Moscú, del 3 al 5 de agosto de 1961, una reunión de los Primeros Secretarios de los partidos comunistas y obreros de los países del Tratado de Varsovia.  En él, se discutieron y determinaron las medidas necesarias para garantizar una paz que estaba siendo amenazada por las potencias imperialistas de Occidente.

Los países socialistas decidieron que la RDA debería crear en Berlín Este una barrera de protección que sirviera de frontera estatal con Berlín Occidental como medida de precaución necesaria para evitar efectivamente los disturbios contra los países de la comunidad socialista, frenando, de este modo, drásticamente, a los agitadores provenientes de Berlín Oeste, tal y como había ocurrido en junio de 1953. En último término, la barrera de Berlín iba a servir de advertencia a Alemania Federal, EEUU y al resto los países de la OTAN para que desistieran de sus planes criminales belicistas.

De acuerdo con las reuniones celebradas en Moscú, la Cámara del Pueblo de la RDA (Volkskammer) encargó al Consejo de Ministros, el 11 de agosto de 1961, que preparara e implementara urgentemente todas las medidas necesarias para asegurar una frontera estatal con Berlín Oeste.  Por orden del Consejo de Ministros, en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, unidades del Ejército Nacional del Pueblo (NVA), la Policía del Pueblo (Volkspolizei) y Grupos de Combate de la Clase Trabajadora (Kampfgruppen der Arbeiterklasse) fueron puestos en estado de alerta.

En las primeras horas del día 13 de agosto de 1961, trabajadores de la RDA sellaron la frontera estatal que había estado previamente abierta con Berlín Occidental desde 1945. Cuando salió el sol sobre Berlín en la mañana del 13 de agosto, las medidas de seguridad se completaron sustancialmente con éxito. Esta excepcional medida preventiva evitó, con total seguridad, una guerra-agresión que era inminente de Alemania Federal y la OTAN contra la RDA.

La construcción del muro defensivo antifascista, que tuvo lugar a un ritmo acelerado gracias a que cobró especial importancia la disciplina de los Grupos de Combate de la clase trabajadora, sorprendió por completo a las potencias occidentales, al gobierno de la RFA y al Senado de Berlín Occidental.  El día después en la capital de la RDA la vida continuó a un ritmo normal, como siempre había sucedido.

Con el cierre de la frontera no sólo no ocurrieron las esperadas protestas y disturbios de ciudadanos alemanes orientales que ansiaba Occidente, sino que la mayoría de las masas trabajadoras de la RDA, y en particular las de Berlín Oriental, dieron la bienvenida a la Barrera Protectora Antifascista (denominada así por el dirigente del Partido Socialista Unificado, SED, Horst Sindermann, quien era entonces jefe del Departamento de agitación y propaganda). El, pueblo alemán oriental, en definitiva,  apoyó las medidas de seguridad ordenadas por el gobierno de Walter Ulbricht.

La bomba de relojería que estaba dispuesta a activar la RFA con el infame Plan DECO II había sido contenida.  El peligro inmediato de la guerra, que habría convertido a Alemania en un infierno dieciséis años después del final de la Segunda Guerra Mundial, fue evitado por la prudencia de la RDA al construir una barrera defensiva Antifascista. La política de hacer “retroceder el comunismo” había fracasado y la RDA se convirtió en el garante de la Paz en Europa.

Al asegurar las fronteras estatales frente al agresivo neohitlerianismo de la RFA, se evitaba una nada despreciable amenaza de guerra nuclear y el partido SED y el liderazgo estatal de la RDA impidieron, igualmente, con éxito, la ocupación militar de la RDA por las fuerzas imperialistas. A pesar de todos los obstáculos externos (sanciones, embargos, intentos de actos criminales en la frontera de Berlín…), la RDA logró excelentes resultados en la construcción del socialismo.

Si bien la decisión de construir la Barrera Antifascista de Berlín fue fundamentalmente a causa de los planes militares de la OTAN de invadir la RDA y la sistemática campaña de agresiones de Occidente contra la RDA, no hay que olvidar que los motivos económicos fueron otro factor de importancia capital (contrabando y mercado negro) que influyeron también en su construcción.

La propaganda miserable de Occidente de que el “Muro” se hizo para “evitar la huida de ciudadanos de la RDA” es una de las mayores fábulas de la historia que sigue perviviendo con fuerza hasta el día de hoy. El ex funcionario del Departamento de Estado, Willliam Blum lo describe muy bien en su libro Killing Hope: “antes de que el Muro se edificase miles de alemanes orientales se desplazaban cada día a la parte Oeste de Berlín a trabajar y luego regresaban a Berlín Este por la tarde. Así que se puede decir que esos ciudadanos no estaban precisamente coaccionados para retornar al Este en contra de su voluntad”

EPÍLOGO. LA PROPAGANDA DE LA “HUÍDA” DE CIUDADANOS DE LA RDA A LA RFA…¿Y A LA INVERSA?

Aunque sería merecedor de otra entrada y se aleja un poco de lo que es el objeto de la presente, voy a hacer una reseña de la tan repetida “ad nauseam” “fuga” (con o sin “Muro”) de ciudadanos de la RDA a la RFA, deconstruyendo las mentiras y la desinformación que ha circulado durante décadas sobre este “vidrioso” asunto.

Hubo miles de personas que emigraron (o huyeron según la propaganda occidental) desde la RDA a la RFA a través de Berlín Occidental, antes de que la RDA reforzase las fronteras (no sólo el “Muro”), debido a muchos factores que no caben en esta breve nota final. El motivo fundamental de esa emigración hacia el Oeste, y, en la práctica, diría que casi el único, fueron causas de origen económico. Señalo, resumidamente, algunas de ellas:

    • La RDA tenía un menor tejido industrial que la RFA, debido a que la potencia ocupante norteamericana, tras el fin de la II Guerra Mundial, trasladó (o robó, según se mire) al sector occidental las fábricas más importantes de la Alemania nazi que se encontraban en el sector soviético, antes de que se hiciera efectiva la presencia de tropas del Ejército Rojo en la zona oriental.
    • Por otro lado, la RDA tuvo que hacer frente al pago de las reparaciones de la II Guerra Mundial a la Unión Soviética (las más altas que un país tuvo que costear tras el final de la contienda bélica), lo que debilitó la economía del naciente Estado socialista.
    • La RDA sufrió, desde su constitución como Estado, una serie continuada de campañas de embargos internacionales y sabotajes terroristas en el interior contra su sector productivo (ya indicados en entradas anteriores) por parte de grupos criminales de Berlín Occidental, creados, entrenados y financiados por los servicios secretos de EEUU, Reino Unido y la RFA, los cuales intentaron (y a veces consiguieron) provocar disrupciones en la economía de la RDA.
    • Las agresivas campañas de propaganda desde los medios de la RFA (emisora RIAS de Berlín Oeste), que instaban a los ciudadanos de la RDA a abandonar el país hacia la RFA mediante promesas de un futuro mejor a todos los niveles, incluido el económico.

En su publicación “13 de agosto de 1961. El Muro de Berlín”, Jürgen Rühle y Gunter Holzweissig dieron unas cifras de casi un millón y medio de alemanes orientales que abandonaron la RDA para irse a vivir a Alemania Federal, mientras que Klaus-Dieter Baumgarten (viceministro de Defensa de la RDA y jefe de las tropas fronterizas de 1979 a 1990) afirma que: “de 1961 a 1989, aproximadamente 100.000 personas intentaron cruzar la frontera ilegalmente hacia Berlín Oeste”.

Hay que incidir una vez más en ello. El cruce de Berlín Este a través de la frontera militarizada (“Muro”) con la RFA estaba prohibido. Era ilegal. A pesar de la narrativa fantasiosa de Occidente sobre la “heroicización” de los que pretendían “saltar el Muro”, los motivos de los violadores de la frontera eran muy variables y entre esos infractores se encontraban bastantes criminales que querían evadir la persecución por parte del poder judicial de la RDA. Es más, en los primeros años de vigilancia fronteriza el uso de armas de fuego fue extremadamente raro. Las cifras utilizadas por distintos autores suelen referirse a fuentes locales, rumores o incluso información muy dudosa.

Respecto de los “disparos en la frontera” de Berlín Este (otro capítulo aparte), la falsedad histórica occidental consiste en decir que las tropas fronterizas (Grenztruppen) de la RDA disparaban “a matar”, lo cual es mentira (tenían un protocolo estricto y realizaban advertencias previas). Ya desmontaré en su día esta otra fábrica de mentiras.

Pero…¿qué ocurrió a la inversa, es decir, la inmigración desde la RFA a la RDA?  En el libro Las fronteras de la RDA, el profesor Wilfried Hanisch, se señala que desde 1957 a 1959 retornaron a la RDA cerca de 150.000 personas que habían “huido” a la RFA. De 1945 a 1989, se dan cifras de casi un total de 1.000.000 de personas que emigraron desde la RFA a la RDA (500.000 retornados descontentos con la RFA).

Según la RFA, 435.000 de sus ciudadanos “huyeron” a la RDA solo entre 1950 y 1968. Según la información de la RDA, hubo incluso 650.000. Es decir, ya con el “odiado Muro” edificado, miles de ciudadanos de la RFA (y probablemente emigrados de la RDA decepcionados con el “paraíso” occidental) emigraron a la “prisión” de la RDA…

En general, la RDA pudo hacer frente a esos 1,5 millones de emigrantes de la RDA en el período de 40 años que duró la existencia del país ya que, por ejemplo, en los años 50, ciudadanos de la RFA fueron reclutados laboralmente en la RDA (buscaban trabajo estable en la Alemania socialista), mientras que en la RFA, a pesar del “período del milagro económico” (un “milagro”-robo construido exclusivamente con millones de dólares del Plan Marshall) de los años 50, ya se habían publicado los primeros desempleados en gran número.

La conclusión es nítida y no admite discusión. Solo alrededor de 1,5 millones de ciudadanos de la RDA realmente emigraron. Eso es menos del 10% de la población de la RDA en los 40 años de la RDA, en su conjunto. Incluso después de la construcción del “Muro”, la mayoría de los emigrantes de la RDA lo hicieron legalmente para establecerse en la RFA.

La emigración entre la RFA y la RDA no fue, por tanto, una calle de un solo sentido, ya que los ideólogos del anticomunismo y la Guerra Fría de Occidente quieren canalizar unilateralmente un discurso hegemónico, abiertamente manipulador. Hubo un movimiento de inmigración o de refugiados en ambas direcciones RDA-RFA. Incluso si el movimiento fue algo más fuerte desde la RDA, no puede haber absolutamente ninguna posibilidad de una “huida unilateral” de la población de la RDA hacia la RFA a pesar del demonizado “Muro”. Esto último es, simplemente, propaganda tendenciosa.

El mito difundido incesantemente por la socialdemocracia, la derecha y ultraderecha de Occidente de que la RDA era una “cárcel” (sobre todo tras la construcción del “Muro”) se puede calificar de basura indecente, teniendo en cuenta que una gran mayoría de ciudadanos de la RDA, décadas después, siguen opinando lo contrario: el sistema político-social de la RDA era mucho mejor que lo que hoy “disfrutan” en la Alemania “unificada”, tanto en materia de justicia social, como en educación, estabilidad laboral, sanidad y seguridad ciudadana.

Por mucho que en Occidente hayan celebrado la “caída del Muro de Berlín” y la disolución de la RDA como un “hito histórico”, el ejemplo global de la RDA y su defensa de protección antifascista de 1961, que evitó una segura tercera guerra mundial, será para siempre ejemplar e imperecedero

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FUENTES:

William Blum, Killing Hope, Capítulo 9 (inglés)

https://sascha313.wordpress.com/2019/11/05/an-einem-tag-im-september-geheime-planungen-fuer-den-tag-x/

https://dietrommlerarchiv.wordpress.com/2015/08/04/die-massnahmen-der-ddr-am-13-august-1961/

Terrorismo contra la RDA: Ernst Benda y el Grupo de Combate contra la Inhumanidad

https://antilobby.wordpress.com/ostdeutschland/gleichnisse/unrechsstaat-ddr/der-rechtsstaat-brd/terrorismus-gegen-die-ddr/

Unter feuer. Die Konterrevolutionen in DDR (Erich Buchholz, Klaus Eichner, Klaus Hesse, Kurt Gossweiler, Dieter Itzerott, Hermann Jacobs, Heinz Kessler, Herrmann Leihkauf, Michael Opperskalski). Hannover 2009. Publicado por “Asociación para la promoción del periodismo democrático” (solo en alemán)

Der kalte Krieg gegen die DDR von seinen Anfängen bis 1961 (La Guerra Fría contra la RDA desde sus inicios hasta 1961). Hans Teller, Akademie Verlag, Berlin, 1979 (solo en alemán)

Die Grenzen der DDR, Geschichte, Fakten, Hintergründe (Las fronteras de la RDA, Historia, hechos, antecedentes, -solo en alemán-). Klaus Dieter Baumgarten, Peter Freitag y otros. ED. Das Neue Berlin, 448 pags. 2004

Headquarters Germany. Die USA-Geheimdienste in Deutschland de Klaus Eichner, Andreas Dobbert; Verlag: Berlin : Ed. Ost,, 2008, 382 pags.

Tod an der Grenze – ein tragisches Kapitel deutscher Geschichte, Horst Liebig – IMAFF™-Taikunedo® Publishing Company Amsterdam, 2017;582 páginas

Unbequeme Zeitzeugen – Eichner, Klaus (Colaborador), Grimmer, Reinhard (Editor); Berlín: Verl. Am Park, 2014; 485 págs.

https://www.washingtonpost.com/outlook/in-cold-war-berlin-the-americans-had-a-tunnel-but-the-soviets-had-a-mole/2019/11/08/d7fa0328-b714-11e9-a091-6a96e67d9cce_story.html

La guerra de Occidente contra la RDA (2): protección, ascenso y rehabilitación de terroristas en Alemania Federal

 

 

 

ERNST BENDA: DE TERRORISTA A PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DE LA RFA

El más destacado de los miembros del grupo terrorista KgU (“Grupo de Combate contra la Inhumanidad”) que actuó contra la RDA fue Ernst Benda, no tanto por sus actividades criminales como por su proyección política posterior, ya que tuvo una meteórica carrera en la Administración pública alemana occidental, llegando no solo a Ministro del Interior, sino incluso a la más alta representación en la judicatura de la República Federal Alemana (RFA) como Presidente del Tribunal Constitucional del país.

Benda fue miembro co-fundador del KgU, en 1948, junto a otros dos fervientes anticomunistas: Rainer Hildebrandt y Günther Birkenfeld. Los tres figuran en los libros de historia y en la Wikipedia como “luchadores de la resistencia anticomunista”. A Benda, sin embargo, en la biografía personal que figura en la enciclopedia virtual, han preferido ocultar su liderazgo en el KgU, tal vez para no manchar su “brillante expediente” como alto representante de la magistratura de la RFA.

Durante su juventud, Benda perteneció a las Juventudes Hitlerianas. En 1943 fue reclutado por la Armada, donde fue empleado como operador de radio en la división Schnellbootlehr de Noruega hasta 1945, siendo ascendido al rango de Obergefreiten (Cabo) en la Wehrmacht. Benda, que se encontraba en el sector soviético tras el final de la guerra, inició su formación académica estudiando Derecho en la Universidad Humboldt de Berlín (Este), pero rápidamente entró en conflicto con las autoridades soviéticas, debido a su actitud hostil contra el comunismo.

En la primavera de 1948, Benda abandona Berlín (Este) y se traslada a la Universidad de Wisconsin Madison, en los Estados Unidos, donde será reclutado por la CIA, quien le ordenará fundar la organización terrorista KgU. Más tarde, Benda se integra en la Universidad Libre de Berlín, el buque insignia académico de todos los anticomunistas y ex nazis de Berlín Occidental. Desde aquí, Benda coordinará, junto a la CIA y la Organización Gehlen, los actos de sabotaje y terrorismo contra la RDA.

Una vez disuelta la KgU a finales de los años 50, Benda empezará su exitosa carrera política. Será nombrado en 1967 Secretario de Estado de Interior y su jefe será otro nazi, el ex oficial de la Wehrmacht, Paul Lücke, quien había sido Ministro de la Vivienda con el canciller Konrad Adenauer y durante cuyo mandato sentó las bases legales para implantar un aumento desorbitado en los precios de los alquileres de las viviendas.

Un año más tarde, en 1968, Benda se convierte en Ministro del Interior por el partido conservador CDU (el refugio político de los ex nazis junto a los liberales del FDP), bajo el gabinete del canciller Georg Kiesinger, para no variar, otro antiguo nazi que recibió el famoso bofetón histórico de la activista cazanazis Beate Klarsfeld.

De todos los altos funcionarios que constituían el departamento de Interior de la RFA, en los años 60, alrededor del 54% habían sido miembros del Partido Nazi, la Gestapo o las SS. El Ministro Federal del Interior era a su vez el jefe directo del Ejército alemán (Bundeswehr) y del BND (el espionaje del Servicio Federal de Inteligencia, también integrado por numerosos criminales de guerra nazis que habían actuado en el frente oriental).

Siendo titular de Interior, Benda ordenó medidas de vigilancia masiva sobre la población a través de la “Ley de Restricción del Secreto de Correspondencia y Telecomunicaciones”. Gracias a esta ley, los servicios de espionaje de la RFA, el BND, y EEUU, la CIA, abrieron e intervinieron millones de paquetes, cartas y llamadas telefónicas dirigidas al Este socialista de Europa, en particular hacia la RDA (la que había liado la “Stasi”).

En el libro de Josef FoschepothÜberwachtes Deutschland, se documenta todo lo anterior, y el autor demuestra, con datos y hechos, que la vigilancia sobre los ciudadanos en la RFA fue muy superior a la de la RDA (teniendo en cuenta que este último país fue objeto, reiteradamente y durante cuarenta años, de acoso y derribo por su vecino, la RFA, y varios países occidentales, por lo que tenía motivos suficientes para desarrollar un sistema avanzado de vigilancia)

Ya en 1971, Benda, el antiguo terrorista del KgU, se desempeñó como Presidente del Tribunal Constitucional alemán federal durante doce años, hasta 1983, siendo galardonado, durante todo ese tiempo, con medallas y órdenes al “Mérito” de la RFA. Benda pasó de ser un ex nazi y terrorista a miembro destacado de la élite política y judicial de Alemania Occidental…¿Qué podría salir mal en la RFA?

 

LOS EJECUTANTES DE LOS CRÍMENES CONTRA LA RDA

Benda fue uno de los ideólogos del KgU que actuó a las órdenes de la contrainteligencia de EEUU, pero los ejecutantes de las acciones de sabotaje y terrorismo contra la RDA fueron sus otros compañeros de “lucha”. Vamos a citar a algunos de ellos.

Gerhard Benkowitz (otro “resistente” contra el “régimen” de la RDA, según la Wikipedia alemana) fue un activo agente terrorista del KgU. La fracasada demolición de la presa de Saale en Schleitz fue preparada al detalle por él.

No solo el suministro de energía para diez distritos habría sido destruido, sino que el maremoto subsiguiente debería haber arrasado ciudades y pueblos en el valle de Saale y toda la vida existente en ellos. Benkowitz fue capturado en Weimar por el Ministerio para la Seguridad del Estado, el MfS (la “Stasi”), en 1955, condenado a muerte y ejecutado el 29 de junio de ese mismo año.

Wolfgang Kaiser, otro miembro del KgU, también fue condenado y ejecutado en 1951. Se probó que Kaiser estaba en posesión de tóxicos en alto porcentaje (cantaridina), artefactos incendiarios y explosivos. La cantaridina que iba a ser diseminada por la KgU estaba destinada a envenenar a la población. También se utilizaría como arma química contra las tropas soviéticas en caso de guerra.

El 29 de febrero de 1952, en el puente ferroviario de Berlín Spindlersfeld, agentes del Ministerio de Seguridad del Estado de la RDA descubrieron a una persona sospechosa que había invadido la noche anterior el área del puente con una caja de explosivos de 30 kilogramos ya conectada a la vía férrea. El criminal que fue capturado y poco después condenado y ejecutado, Johann Burianek, resultó ser un agente del KgU.

Burianek también confesó haber sido el planificador del sabotaje a perpetrar contra el Festival de los Estudiantes y la Juventud de 1957. Miles de jóvenes de todo el mundo visitaron la capital de la RDA, Berlín Este, para participar en el Festival y Burianek encargó a la sede de KgU de Berlín Occidental que provocara incidentes en dicho Festival, siendo él mismo el que llevaría dispositivos incendiarios para hacerlos estallar en dicho festival.

El blanqueo sobre este siniestro personaje (Burianek) no pudo alcanzar mayores cotas de desvergüenza en la revanchista Alemania unificada cuando un tribunal de distrito de Berlín, en una decisión sin precedentes, rehabilitó a Burianek en 2005 por iniciativa del llamado Grupo de trabajo 13 de agosto, una organización fascista de supuestos “represaliados” de la RDA, basándose en la “arbitrariedad” de un “grave incumplimiento de regulaciones penales elementales” de la RDA.

A raíz de la rehabilitación de Burianek, Wolfgang Schmidt, ex coronel del MfS de la RDA, le describió en su sitio de Internet como un “bandido” y como el “líder de una organización terrorista”, por lo que fue denunciado por uno de los personajes más repugnantes de Alemania: el propagador de odio fascista contra la RDA, Hubertus Knabe, ex director del Museo-farsa sobre la “Stasi”, quien interpuso una querella y la ganó, teniendo que pagar Schmidt 1.200 euros de multa.

Dos asesinatos en trenes de pasajeros, donde hubo heridos graves, se atribuyeron al terrorista Albrecht Gessler, especialista en explosivos y armas del KgU, quien utilizó minas de presión procedentes de las reservas del ejército nazi de Hitler, mientras que Heinz Woithe, otro miembro del KgU, destruyó 12 depósitos con medicinas y sacrificó cuantiosas reses de ganado en un mes mediante incendios provocados.

Otro malhechor del KgU que vivía en Leipzig, de profesión veterinario, Walter Schöbe, continuó sin escrúpulos la ominosa tradición de los experimentos de la química IG Farben y los médicos nazis de los campos de concentración. Este criminal fue condenado tan sólo a quince años de cárcel y liberado a los diez. Nunca se arrepintió de sus acciones.

El Servicio Federal de Inteligencia de Alemania Occidental (el BND) reclutó para las operaciones subversivas contra la RDA a individuos con pasado criminal nazi como Hans-Joachim Koch (el BND estaba lleno de ellos).  Koch había pertenecido a las SS con el rango de Unterscharrführer (Subteniente) y había sido entrenado en Berlín Occidental como agente de radio. Koch, estuvo estado involucrado en crímenes de guerra en Francia, Grecia y la Unión Soviética.

No sólo el MfS se dedicó a perseguir terroristas de la RFA sino incluso de otros países del Pacto de Varsovia, como fue el caso del polaco Benedict Schuminski quien pretendía regresar a su tierra natal, a la que había traicionado como criminal en 1953, después de haber ejercido como espía estadounidense. Schuminski había completado un curso en la escuela de espionaje de la CIA, en el centro de subversión anticomunista de “Camp King” alemán de Oberursel, y sus instructores le habían equipado adecuadamente para atravesar el río Oder.

Otro de los ataques menos conocidos a la soberanía de la RDA, fue el reclutamiento de trabajadores cualificados del país por parte de grupos de traficantes procedentes de la RFA que actuaban como organización criminal y utilizaban una red de sobornos. En particular, esta actividad iba dirigida hacia sectores sensibles, como la atención sanitaria, de modo que repercutiera en la población de la RDA y así provocar el descontento de los trabajadores y campesinos.

Todos los criminales anteriores operaban impunemente porque existía una frontera abierta antes de la construcción en 1961 del “Muro”. Dicha frontera con Berlín Occidental tenía 42,5 kilómetros de largo, con 81 cruces de carreteras y 13 km en el metro de S-Bahn que se utilizaron a diario por Alemania Occidental para imponer una guerra de varios frentes contra la RDA hasta 1961.

A través de todos esos puntos, el KgU, los agentes y los espías de Occidente se movieron sin problemas de un lado a otro de Berlín para realizar, al margen de los estragos cometidos contra infraestructuras de la RDA, operaciones subversivas de tráfico organizado y diversos tipos de agresión económica, como la especulación monetaria y de productos básicos a gran escala.

Estos malhechores robaron anualmente 3.500 millones de marcos de riqueza nacional de la RDA, lo que ocasionaba un daño irreparable tanto a la economía de la RDA como el hecho de que constituía un factor de desestabilización política del país.

Todas las operaciones de violencia organizada, bandidaje y terrorismo, incluidas las revueltas de junio de 1953, y el entrenamiento de grupos subversivos fueron planificadas desde el cuartel general del servicio federal de inteligencia de la RFA, el BND, en su sede de Pullach, cerca de Munich, a cuyo frente estaba el ex general nazi de confianza de Hitler, Reinhard Gehlen, criminal de guerra rehabilitado por los norteamericanos y el gobierno Adenauer. Todo ello se hizo con el conocimiento de las autoridades de Berlín Oeste y Bonn.

 

 

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FUENTES:

William Blum, Killing Hope, Capítulo 9 (inglés)

https://sascha313.wordpress.com/2019/11/05/an-einem-tag-im-september-geheime-planungen-fuer-den-tag-x/

https://dietrommlerarchiv.wordpress.com/2015/08/04/die-massnahmen-der-ddr-am-13-august-1961/

https://en.wikipedia.org/wiki/Kampfgruppe_gegen_Unmenschlichkeit

Terrorismo contra la RDA: Ernst Benda y el Grupo de Combate contra la Inhumanidad

https://antilobby.wordpress.com/ostdeutschland/gleichnisse/unrechsstaat-ddr/der-rechtsstaat-brd/terrorismus-gegen-die-ddr/

Unter feuer. Die Konterrevolutionen in DDR (Erich Buchholz, Klaus Eichner, Klaus Hesse, Kurt Gossweiler, Dieter Itzerott, Hermann Jacobs, Heinz Kessler, Herrmann Leihkauf, Michael Opperskalski). Hannover 2009. Publicado por “Asociación para la promoción del periodismo democrático” (solo en alemán)

Der kalte Krieg gegen die DDR von seinen Anfängen bis 1961 (La Guerra Fría contra la RDA desde sus inicios hasta 1961). Hans Teller, Akademie Verlag, Berlin, 1979 (solo en alemán)

La guerra de Occidente contra la RDA (1). La subversión terrorista organizada por EEUU y Alemania Federal

El intento persistente y malintencionado de Occidente de reinterpretar la historia de la República Democrática Alemana (RDA), en su contexto internacional, y difamar su política de seguridad solo puede estar condenado al fracaso, especialmente si oponemos con vehemencia la verdad sobre la base de hechos históricos. Aquí vamos a ir desarrollando algunos de esos hechos que confrontan radicalmente las falsedades difundidas masivamente durante las últimas décadas por historiadores y oligarquías mediáticas que sirven a los intereses de la guerra sucia capitalista.

Los pioneros del anticomunismo ocultan diligentemente las causas reales de las medidas de seguridad fronteriza de la RDA e hipócrita y demagógicamente solo cuentan sus consecuencias y eventos trágicos (víctimas del “Muro”). No dicen una sola palabra sobre los antecedentes políticos y las actividades subversivas controladas por agencias occidentales y organizadas por varios servicios secretos que fueron decisivamente responsables a la hora de sellar la frontera estatal de la RDA (no solo el “Muro”).

Terminada la II Guerra mundial en 1945 y tras la división de Berlín en cuatro sectores, uno soviético y el resto de EEUU, Reino Unido y Francia, Berlín Occidental pasó a convertirse, dentro del propio territorio de la RDA, en el mayor portaaviones de espionaje del mundo con más de 80 agencias de inteligencia occidentales dispuestas a planificar sabotajes, provocaciones, actos terroristas e intentos de golpes de Estado contra la RDA y, por extensión, desencadenar el debilitamiento del Pacto de Varsovia.

Solo en Berlín Occidental, desde 1945, había 117 organizaciones militares alemanas, la mayoría compuestas por antiguos oficiales nazis de la Wehrmacht y las SS, como el “Stahlhelm”, el “Kyffhäuser-Bund”, la “Asociación de Soldados Alemanes”, el “Bund Deutscher Fallschirmjäger” y diversas asociaciones de artilleros. Ex miembros de las SS hitlerianas seguían estando muy activos en Berlín Oeste.

Antes de la construcción del “Muro” antifascista de Berlín, EEUU llevó a cabo el entrenamiento y financiación de grupos criminales compuestos por ex nazis para perpetrar atentados y sabotajes en el interior de la RDA, aprovechando que no había restricciones fronterizas hacia Berlín Este. La relación de actos criminales de la República Federal Alemana (RFA) y EEUU contra la RDA permanecen totalmente ocultos en los libros de historia pero fueron documentados minuciosamente por los órganos de seguridad del Estado de la RDA.

No fue hasta mucho después que se supo que todos esos grupos, capacitados militarmente por Occidente, formaban parte de un complejo entramado de organizaciones “stay behind” (retaguardia) de la conocida red Gladio que diseñaron la CIA, el BND (inteligencia de la RFA) y la OTAN, y que incluso algunas operaban en el territorio de la RDA o desde Berlín Occidental.

La fotografía que se muestra como ilustración para esta entrada es un ejemplo de ello. Es del 5 de enero de 1951. Oficiales norteamericanos y alemanes están entrenando en Berlín Occidental mercenarios para la “guerra contra la RDA” en el ‘Cuartel Roosevelt’ de Berlín-Lichterfelde, Gardeschützenweg (sector estadounidense). La imagen fue captada por la agencia Illus Bilderdienst de la RDA.

Los criminales de guerra nazis buscaron su salvación en Occidente y muchos ciudadanos de la zona de ocupación soviética trasladaron su residencia a Alemania Occidental ya que no encajaban con el desarrollo sociopolítico en el Este. Se trataba, fundamentalmente, de propietarios individuales y corporativos, expropiados y otras fuerzas reaccionarias que organizaron sistemáticamente el robo de materias primas y maquinaria valiosa para llevarla a la zona occidental de Alemania, con la ayuda de EEUU. Esta actividad ilegal se benefició del hecho de que la línea de demarcación, la frontera con las zonas occidentales y Berlín Occidental, constituía una frontera abierta.

Salvo algunas barreras improvisadas y trincheras elevadas, que eran fáciles de sortear, no había un sistema de seguridad tan denso en esta línea que proporcionara un control y protección completos de la frontera. Desde junio de 1948 hasta julio de 1949, soldados soviéticos y policías alemanes de la frontera (de la futura RDA) arrestaron a 214 personas sospechosas de espionaje y sabotaje, así como a 2.418 criminales y confiscaron decenas de toneladas de alimentos y bienes industriales valiosos.

Desde el principio, Alemania Federal, que había sido fundada como nación en mayo de 1949 en violación de los acuerdos de Potsdam, se conjuró para liquidar a cualquier precio el segundo Estado alemán, la RDA, creado el 7 de octubre de ese año en respuesta a la provocación alemana occidental de crear unilateralmente su propio Estado. El KgU (Kampfgruppe gegen Unmenschlichkeit o Grupo de Combate contra la Inhumanidad), fue la banda terrorista más activa que se creó en Berlín Oeste en 1949 para actuar contra la RDA. El KgU recibió mensualmente 220.000 Marcos de la RFA, 1.000.000 de marcos en moneda de la RDA, de la época.

Igualmente, el llamado Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud, fue la contracubierta terrorista del KgU. El “Servicio Técnico” estaba compuesto por al menos 2.000 mercenarios, ex oficiales de la Luftwaffe, la Wehmacht y las SS. Sus integrantes recibieron, durante más de un año, y en pequeños grupos, entrenamiento en una base militar de Estados Unidos en Alemania, adiestrándolos en el manejo de armas y explosivos, así como en “instrucción política”.

El Ministro federal para el Estado de Hesse (RFA), el socialdemócrata Georg August Zinn, en 1952, tras descubrirse la organización y los objetivos del “Servicio Técnico” (que incluía una lista negra de políticos de la RFA potencialmente “asesinables”), ordenó la disolución y detención de sus miembros, los cuales serían puestos posteriormente en libertad por presiones de los Estados Unidos.

Según la manipulable Wikipedia, el KgU se formó con el objetivo de “interrumpir la actividad comunista en la RDA”. Supongo que esta “apreciación” tan “sui generis” fue hecha por algún simpatizante del III Reich. Para “detener el comunismo en la RDA” se utilizó, del mismo modo, la muy influyente estación de radio norteamericana RIAS (Rundfunk im amerikanischen Sektor), como instrumento de guerra psicológica (se instaba a los ciudadanos de la RDA a abandonar el país). Ambos, fueron la puesta a punto de la ofensiva subversiva de Occidente contra la RDA y sus incipientes logros.

Las agencias militares de inteligencia de EEUU, el CIC (Counterintelligence Corps) y el MID (Military Intelligency Division) más la conocida Fundación Ford (una de las fuentes de financiación del feminismo norteamericano y el movimiento LGBTI) fueron las encargadas de ayudar económicamente al KgU para la práctica de sus actividades criminales. Gracias al exitoso trabajo de las fuerzas de seguridad de la RDA (el MfS-“Stasi”) se logró divulgar la misión del KgU y sus prácticas y, lo que es más importante, frustrar muchas de las acciones terroristas que tenían planificadas.

La relación de actos de sabotaje y terrorismo contra la RDA comenzaron nada más constituirse como estado, especialmente en los primeros años de la década de 1950. En 1949, en un momento en que el hambre todavía era omnipresente en todas partes de Alemania, se enviaban trenes enteros con alimentos perecederos hacia la RDA y luego llegaban a la estación de destino con la carga deteriorada. No se puede medir la cantidad de vidas que esto costó a una población hambrienta.

En septiembre de 1951, comenzó la cadena de arrestos en la RDA contra el KgU. Alrededor de 200 miembros de esta organización criminal fueron condenados por espionaje al servicio de la CIA. Diez de ellos habían abandonado la RDA y estaban vinculados a la Universidad Libre de Berlín (Oeste), fundada en 1948 por estudiantes y profesores anticomunistas, muchos de ellos ex nazis .

Del 4 al 8 de septiembre de 1951, el KgU utilizó la táctica de los incendios para cometer sus actos delictivos, como ocurrió en los grandes almacenes de Leipzig donde se utilizaron ampollas de fósforo, incluso en horario de apertura. Muchos de los incendios fueron descubiertos y se apagaron a tiempo.

Un informe capturado al KgU, sobre el intento de quema de un kiosco, decía lo siguiente: “El 22/9/51 alrededor de las 9:00 a.m, el quiosco de periódicos situado entre Bernauerstrasse y Brunnenstrasse detrás del retén de la zona este […] fue incendiado arrojando una ampolla de fósforo. Afortunadamente, el quiosco no se quemó por completo, ya que los bomberos llegaron después de unos 10 minutos con 2 coches. El motivo del ataque: el propietario era “un bolchevique convencido”.

A finales de noviembre de 1951, los tribunales militares soviéticos impusieron la pena de muerte a varios agentes terroristas en 42 juicios secretos y los restantes acusados fueron condenados a entre diez y 25 años en el campo. Las condenas a muerte se llevaron a cabo en Moscú. La captura masiva de terroristas provenientes de Alemania Federal y su posterior ejecución no disuadió a Occidente de persistir en sus actos criminales contra la RDA, a través de la organización KgU.

En mayo de 1952, se planeó volar un puente ferroviario sobre la autopista cerca de Erkner, en Spindlersfeld. Este ataque tenía como objetivo un tren expreso que circulaba en la ruta Berlín-Moscú, que era utilizado por personal militar soviético. Los explosivos fueron entregados al KgU y su origen provenía, con toda seguridad, de los destacamentos militares norteamericanos en Berlín Occidental, a través de la CIA. Fue impedido por miembros de la Volkspolizei de la RDA.

La seguridad del Estado de la RDA (la “malvada” Stasi) descubrió que el KgU, a mediados de diciembre de 1952, también tenía la intención de paralizar la red eléctrica de la RDA mediante la explosión de torres de alta tensión. Obviamente, a los terroristas no les importaba cuántas personas podrían haber muerto congeladas debido a las bajas temperaturas. Otros intentos de atentado terrorista de la época fueron la central eléctrica de Berlín Klingenberg y la prensa de forja de 3.000 toneladas de la fábrica Ernst Thälmann, de Magdeburgo. Ambos sabotajes fueron detenidos a tiempo.

Los actos terroristas fallidos o ejecutados contra la RDA también los detalla el ex funcionario del Departamento de Estado de EEUU, William Blum (1933-2018), en su excelente libro Killing Hope (Matar la esperanza), Alemania años 50, capítulo 8, que resumo brevemente ”los actos criminales iban desde la utilización de explosivos para dañar centrales eléctricas, edificios públicos, astilleros, transporte público o puentes hasta quemar fábricas de azulejos, utilizar venenos como la cantaridina, envenenar animales en cooperativas lácteas (mataron a 7 mil vacas) o añadir jabón a leche en polvo destinada a las escuelas infantiles de la RDA”.

En el matadero de Leipzig, por ejemplo, se frustró lo que debería haber sido uno de los crímenes más espantosos del KgU. Superando el envenenamiento medieval de los Medici y anticipándose a la guerra tóxica estadounidense contra mujeres y niños en Corea y Vietnam, el servicio secreto de los Estados Unidos, el CIC, envenenó ingentes cantidades de carne que estaban destinadas a matar a miles de personas de la ciudad de Leipzig. Pero el culpable pudo ser atrapado y el asesinato en masa ya preparado pudo prevenirse a tiempo.

Otras técnicas empleadas por los terroristas del KgU incluyeron la redacción de falsas instrucciones gubernamentales, operaciones bancarias simuladas y tarjetas de alimentos falsificadas, sin ningún éxito notable ya que fueron abortadas a tiempo por la seguridad del Estado, el MfS-Stasi. Mientras tanto, los preparativos de las organizaciones de inteligencia occidentales y sus agentes diseñaban la guerra radioeléctrica intentando cubrir toda la RDA con una red de radio para facilitar y dirigir las operaciones de ataque contra el Estado socialista.

Una directiva del Partido socialista unificado de la RDA, el SED, de 30 de noviembre de 1956 estableció que la Policía de Fronteras de la RDA (Grenztruppen) tenía la misión de realizar dos tareas: “garantizar la seguridad de la frontera en situaciones convencionales y estar preparados para realizar operaciones de combate en defensa de la frontera estatal”.

La Policía Federal de Fronteras, la Policía de Fronteras de Baviera, el Servicio de Aduanas de Fronteras y la policía de Berlín Occidental a menudo brindaron apoyo adicional (a las agencias de inteligencia) a quienes pusieran a prueba la estabilidad de la frontera estatal de la RDA.

Tres años antes de la construcción del “Muro” (1961) se incrementaron notablemente las actividades criminales de Occidente contra el Estado socialista alemán. Veamos algunos datos reveladores, antes de entrar (en la siguiente entrada) con los nombres y apellidos:

  • En 1958, se cometieron hasta 804 provocaciones contra la frontera de la RDA y sus órganos de seguridad desde el territorio de la RFA.
  • Para 1959, ya había se habían contabilizado 1.425 casos en los primeros tres trimestres. Entre ellos se encontraba la grave provocación del 21 de agosto de 1959, cuando fuerzas motorizadas de la Policía Federal de Fronteras (BGS, Bundesgrenzschutz) en Klettenberg invadieron el territorio de la RDA y destruyeron los sistemas de seguridad fronteriza.
  • El 12 de marzo de 1960, dos oficiales de aduanas occidentales prendieron fuego a la frontera cerca de Ahrenshausen, distrito de Heiligenstadt, destruyendo las marcas fronterizas.
  • El 17 de marzo de 1960, miembros de la BGS desplegados en Zugstärke en el área cerca de Salzwedel amenazaron con disparar a una patrulla fronteriza en la RDA.
  • El 19 de marzo de 1960, miembros de la policía fronteriza de la RDA, en Oschersleben, fueron disparados desde la RFA.
  • El 22 de marzo de 1960, el barco de aduanas “Lave” de la RFA, en el km. 491 del río Elba, trató de embestir a un barco de la policía fronteriza de la RDA.
  • El 23 de marzo de 1960 varios miembros de la BGS, en la sección del puente de en Schoenberg, dispararon desde un jeep con una ametralladora en dirección a la frontera estatal de la RDA.
  • En 1960, hubo más de 500 provocaciones, solo en el primer trimestre.

En una reunión de comandantes de las tropas fronterizas el 20 de noviembre de 1964, el ministro de Defensa Nacional de la RDA, general del ejército Heinz Hoffmann, habló sobre la situación político-militar tras la construcción de la barrera defensiva de Berlín.

“Es novedoso para nosotros el comprobar que hay una forma de guerra que se encuentra entre el límite superior de la Guerra Fría y el límite inferior de la guerra convencional, cuyo objetivo principal es la infiltración de comandos en el interior del país para crear bandas de delincuentes entre la población, formar grupos de subversión y propagar el pánico mediante ataques con explosivos a puestos de mando, enlaces de comunicaciones, etc. “

Por tanto, se ordenó a las tropas fronterizas la exigencia inequívoca de que “liquiden todas las acciones de combate encubierto en el área fronteriza y en provocaciones militares o agresiones para garantizar la inviolabilidad de la frontera estatal de la RDA”.

La pregunta es ¿dónde están los archivos que obraban en poder de la Seguridad del Estado de la RDA, que incriminaban a Occidente y sus agencias de inteligencia en todas las anteriores actividades delictivas, y que no salieron a la luz tras la anexión de la RDA por la RFA en 1990?  La respuesta no es tan difícil de encontrar: por una parte, Occidente tenía que ocultar sus crímenes de guerra encubierta contra la RDA y, por otra, había que construir un relato convincente, fuertemente ideologizado y anticomunista, utilizando técnicas de propaganda y falsedades sobre el justificado espionaje de la “Stasi”, con el fin de borrar de la memoria histórica los logros de la RDA.

Toda la información comprometedora para las agencias de inteligencia occidentales se trasladó a EEUU y sus huellas fueron desdibujadas, mientras que el resto permanece censurado (o ha desaparecido) y está en manos de las autoridades del BstU, el comisionado alemán encargado de  gestionar los archivos de la “Stasi”. Los únicos archivos que permanecen abiertos selectivamente son los que tratan del nunca probado “espionaje masivo” de la “Stasi” a sus ciudadanos”. ¿Para cuándo la apertura de los archivos del servicio de inteligencia de la RFA, el BND, y la exposición de sus múltiples delitos cometidos contra la RDA, incluyendo el envío de terroristas a este país?

En todos los 40 años de existencia de la línea de demarcación y la frontera estatal de la RDA con la RFA (especialmente hasta la construcción del “Muro de Berlín”, en el año 1961), hubo miles de provocaciones, ataques, violaciones fronterizas e invasiones desde el lado occidental, ya fuese desde la RFA o desde Berlín Occidental, incluida la línea de comunicaciones BASA y un túnel con una compleja red de transmisiones (de estos dos hechos se hablará en la tercera parte)

¿Qué país podría soportar todo esto sin defenderse con todos los medios posibles a su alcance, incluido el crear un contundente aparato de vigilancia y construir una frontera militarizada, como fue el caso del mal llamado “Muro de Berlín”?

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FUENTES:

William Blum, Killing Hope, Alemania años 50, Capítulo 8 (inglés)

El último 1º de Mayo multitudinario en Alemania Oriental: ¿Por qué se hundió la RDA seis meses después? (2)

https://berlinconfidencial.com/2015/08/01/el-ultimo-1o-de-mayo-multitudinario-en-alemania-oriental-por-que-se-hundio-la-rda-seis-meses-despues-2/

https://sascha313.wordpress.com/2019/11/05/an-einem-tag-im-september-geheime-planungen-fuer-den-tag-x/

https://dietrommlerarchiv.wordpress.com/2015/08/04/die-massnahmen-der-ddr-am-13-august-1961/

Unter feuer. Die Konterrevolutionen in DDR (Erich Buchholz, Klaus Eichner, Klaus Hesse, Kurt Gossweiler, Dieter Itzerott, Hermann Jacobs, Heinz Kessler, Herrmann Leihkauf, Michael Opperskalski). Hannover 2009. Publicado por “Asociación para la promoción del periodismo democrático” (solo en alemán)

Der kalte Krieg gegen die DDR von seinen Anfängen bis 1961 (La Guerra Fría contra la RDA desde sus inicios hasta 1961). Hans Teller, Akademie Verlag, Berlin, 1979 (solo en alemán)

Kalter Krieg gegen die DDR, Wie ihn die BRD entfesselte, führte, Prof. Georg Grasnick

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (3)

LA DEMOLICIÓN DEL GRAN SALTO ADELANTE POR EL RÉGIMEN DE DENG XIAO PING

Ball afirma que “el liderazgo chino comenzó su ataque contra el Gran Salto Adelante en 1979. Deng movilizó a los suyos contra los partidarios de Mao y ordenó a la prensa oficial que los atacara. Esto tomó la forma de una campaña ideológica contra el “ultraizquierdismo”. La razón de este vilipendio sobre el Gran Salto Adelante, dice Ball, “tuvo mucho que ver con las luchas de poder posteriores a Mao y la lucha para revertir las políticas socialistas de 1949-76”

El partido comunista chino de Deng hizo todo lo posible para promover la idea de que el Gran Salto Adelante fue una catástrofe causada por las políticas ultraizquierdistas de Mao. El mariscal Ye Jian Ying, en un discurso de 1979, habló de los desastres causados por el Gran Salto Adelante. En 1981, el Partido Comunista Chino habló de “graves pérdidas para nuestro país y su pueblo entre 1959 y 1961”. Los académicos se unieron en el ataque.

En 1981, el profesor Liu Zeng, director del Instituto de Investigación de la Población de la Universidad Popular, dio cifras seleccionadas de tasas de mortalidad para 1954-78. Estas cifras se dieron en una reunión académica pública que llamó mucho la atención en Occidente. Las cifras que dio para 1958-1961 indicaron que se habían producido 16,5 millones de muertes en este período. Al mismo tiempo, Sun Yefang, un destacado economista chino, llamó la atención públicamente sobre estas cifras al afirmar que “se pagó un alto precio en sangre” por los errores del Gran Salto Adelante.

Deng quería revertir prácticamente todos los logros positivos de Mao en nombre de la introducción de un “pseudocapitalismo”, o “socialismo con características chinas”, como lo describió. Atacar el Gran Salto Adelante ayudó a proporcionar la justificación ideológica para revertir las políticas “izquierdistas” de Mao. Deng disolvió las comunas agrícolas a principios de la década de 1980.

En los años posteriores al Gran Salto Adelante, las comunas habían comenzado a proporcionar servicios de asistencia social, como atención médica gratuita y educación. La ruptura de la Comuna por el régimen de Deng significó la liquidación de esos servicios. En un artículo sobre el Gran Salto Adelante, Han Dongping, profesor asistente en el Warren Wilson College (Carolina del Norte, EEUU) escribió un artículo en el periódico chino The World Journal, con sede en Nueva York, hablando, casi en tono humorístico, sobre cómo un agricultor de la provincia de Henan, que no pudo pagar sus facturas médicas para obtener un tratamiento sobre su afección de testículos, torturado por el dolor, se los cortó con un cuchillo y casi se suicida. “Este tipo de incidente, señala Ball, es el verdadero legado de las “reformas” de Deng en el campo”.

Según Ball, “para que prevaleciera la línea de Deng, necesitaba probar no solo que las muertes masivas ocurrieron entre 1959 y 1961, sino también que fueron principalmente el resultado de errores de política. Después del Gran Salto Adelante, la línea oficial del gobierno chino sobre la hambruna fue que el 70% fue debida a desastres naturales y el 30% debida a errores humanos. Este veredicto fue revocado por el régimen de Deng Xiaoping”

En la década de 1980 los porcentajes señalados se atribuyeron a la inversa. Pero como dice con buen criterio Ball, si eso hubiera ocurrido (que la supuesta hambruna hubiera ocasionado millones de muertes debido a errores políticos del gobierno chino) “los campesinos se hubieran dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, la evidencia es que no culparon a Mao por la mayoría de los problemas que ocurrieron durante el Gran Salto Adelante”

El profesor Han Dongping viajó a Shandong y Henan, donde aparecieron las peores condiciones de hambruna en los años 1959-1961, y descubrió que la mayoría de los agricultores a los que encuestó estaban a favor de la primera interpretación de los eventos (atribuir a causas climáticas las adversidades que padecieron). Es decir, no creían que Mao fuera el principal culpable de los problemas que sufrieron durante el Gran Salto Adelante.

Esto no quiere decir que no ocurrieran errores trágicos. Los matices, a este respecto, son muy importantes y los describe Ball: “Dongping escribió sobre la forma de introducir la alimentación comunitaria en las comunas rurales. Para empezar, esta era una política muy popular entre los campesinos. De hecho, en 1958 muchos agricultores informan que nunca antes habían comido tan bien en sus vidas. El problema era que esta nueva abundancia aparente conducía al descuido en la cosecha y el consumo de alimentos. La gente parecía haber comenzado a suponer que el gobierno podía garantizar el suministro de alimentos y que ellos mismos no tenían la responsabilidad de la seguridad alimentaria”

Dado que China era un país muy pobre a finales de la década de 1950, este fue un error que seguramente condujo a serios problemas y el liderazgo comunista debería haber tomado medidas más rápidas para rectificarlo. Tres años de terribles desastres naturales empeoraron las cosas. La solidaridad entre los miembros de la comuna en las regiones más afectadas se desmoronó cuando los campesinos intentaron apoderarse de los cultivos antes de cosecharlos. Esta práctica empeoró lo que ya era de por sí una mala situación.

Sin embargo, debe enfatizarse que los propios agricultores no le dijeron a Han Dongping que los errores en la organización comunitaria fueron la principal causa de la hambruna que sufrieron. El mismo Han Dongping critica duramente a Mao por las consecuencias de sus políticas “apresuradas” durante el Gran Salto Adelante. Sin embargo, también escribe: “He entrevistado a numerosos trabajadores y agricultores en Shandong, Henan, y nunca conocí a un agricultor o trabajador que dijera que Mao era malo. También hablé con un erudito de Anhui [donde se dice que la hambruna fue más grave] que creció en las zonas rurales y había estado investigando en esa población y nunca conoció a un agricultor que dijera que Mao era malo, ni tampoco que Deng [Xiaoping] fuera bueno”.

Ball, no obstante, hace una serie de puntualizaciones que aclaran el supuesto “partidismo” de Han por Mao: “Se puede argumentar que la simpatía de Han Dongping, al menos parcial, hacia Mao podría haber influido en su interpretación de lo que escuchó de los campesinos. Sin embargo, también debe señalarse que dos de sus abuelos murieron de enfermedades relacionadas con el hambre durante el Gran Salto Adelante y Han Dongping a menudo parece más crítico de las políticas de Mao en este período que los campesinos que está entrevistando”.

DEMÓGRAFOS ESTADOUNIDENSES CONTRA EL GRAN SALTO ADELANTE. EL CABALLO DE TROYA DE LA HISTORIOGRAFÍA OCCIDENTAL PARA FALSEAR LOS “MILLONES DE MUERTOS” DE MAO

 

La relativa simpatía de los campesinos por Mao al recordar el Gran Salto Adelante debería cuestionar la evidencia demográfica que indica que decenas de millones de ellos murieron de hambre en aquel momento. Los académicos occidentales parecen unidos en la validez de esta ”prueba de oro” insistiendo en que toda la “evidencia disponible” indica que ocurrió una hambruna de grandes proporciones en este período.

De hecho, ciertamente, hay evidencia de varias fuentes de que ocurrió una hambruna en el período del Gran Salto Adelante, “pero la pregunta clave, señala Ball, es si fue una hambruna que mató a 30 millones de personas” (o más). Realmente esto no habría tenido precedentes. “Aunque estamos acostumbrados a leer titulares de periódicos como “decenas de millones se enfrentan al hambre en la hambruna africana”, es inaudito que decenas de millones de personas mueran realmente en una hambruna”, dice Ball.

“Es bastante engañoso, sugiere Ball, decir que todas las “pruebas disponibles” demuestran la validez de la tesis de muertes masivas. La auténtica verdad es que todas las estimaciones de decenas de millones de muertes del Gran Salto Adelante se basan en cifras de tasas de mortalidad de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Solo hay una corroboración muy incierta para estas cifras respecto de otras estadísticas para el período”.

Y es que hay dos problemas muy serios a la hora de abordar la demografía china. El primero de ellos es que las cifras de tasa de mortalidad para el período 1940-1982, como la mayoría de la información demográfica china, fueron consideradas secreto de Estado por el gobierno de China hasta principios de los años ochenta. En segundo lugar, ”la incertidumbre sobre cómo se reunieron estos datos demográficos socava gravemente su condición de evidencia concreta por los autores de los millones de muertos”, según Ball. Fue solo en 1982 que se publicaron las cifras de tasa de mortalidad de los años 50 y 60. Ball nos muestra la estadística (ver Tabla 1).

Supuestamente, los datos demográficos oficiales chinos mostraron que la tasa de mortalidad aumentó de 10,8 por mil en 1957 a 25,4 por mil en 1960, cayendo a 14,2 por mil en 1961 y 10 por mil en 1962. Estas cifras aparentes parecen mostrar aproximadamente 15 millones de muertes debido a la hambruna de 1958 -1961.

Así que sólo quedaba el trabajo de los demógrafos occidentales, no sólo para corroborar esas cifras sino incluso para aumentarlas en proporciones todavía más extraordinarias, en una suerte de calculada inquina anticomunista contra China. Los demógrafos estadounidenses Ansley Coale, John Aird y Judith Banister son las tres personas que primero popularizaron en Occidente la hipótesis del “número de millones muertos” por el Gran Salto Adelante.

  • Ansley Coale fue una figura muy influyente en la demografía estadounidense. Estuvo empleado en la Oficina de Investigación de Población, que fue financiada por la Fundación Rockefeller en la década de 1980 cuando publicaba su trabajo en China.
  • John Aird era especialista en investigación sobre China en la Oficina del Censo de los Estados Unidos. En 1990, escribió un libro publicado por el American Enterprise Institute, que es un organismo que promueve políticas neoliberales. Este libro se llamó La matanza de los inocentes y fue una crítica a la política de control de natalidad de un solo hijo de China.
  • Judith Banister era otra trabajadora de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Se le dio tiempo libre en su empleo para escribir un libro que incluía una discusión sobre las muertes del Gran Salto Adelante.

Precisamente, Banister llevó su particular “gran salto adelante” a la hora de cuantificar y aumentar al alza el número de muertos por el comunismo de Mao: llegó hasta 30 millones de muertes en el Gran Salto Adelante, que era casi el doble de la cifra indicada por las estadísticas oficiales chinas. Ella cree que las estadísticas oficiales subestiman la mortalidad total debido a la falta de notificación de muertes por parte de la población china durante el período en cuestión.

A pesar de ser un texto denso y que puede resultar farragoso, para no dejar espacio a la superficialidad de los datos es necesario saber qué clase de argumentos utilizaron los demógrafos estadounidenses, en particular, Banister, para sacarse de la manga los “30 millones de muertos” del Gran Salto Adelante. Ball lo explica a continuación:

Banister calcula el número total de muertes no reportadas en este período (Gran Salto Adelante) calculando primero el número total de nacimientos entre los dos censos de 1953 y 1964. Lo hace utilizando datos derivados del censo y datos de una encuesta de fertilidad retrospectiva realizada en 1982. (Se pidió a los participantes en la encuesta que describieran la cantidad de bebés que habían dado a luz entre 1940 y 1981).

Una vez que se conoce la población de 1953 y 1964, y se conoce el número total de nacimientos entre estos dos años, es posible calcular el número de muertes que habrían ocurrido durante este período. Ella usa esta información para calcular un número total de muertes durante el período de once años, que es mucho más alto que lo que muestran las tasas oficiales de mortalidad.

Para estimar cuántas de estas muertes ocurrieron en el Gran Salto Adelante, Banister regresa a las estadísticas oficiales de la tasa de mortalidad china. Ella supone que estas cifras indican la tendencia real de muertes en China en este período, a pesar de que fueron demasiado bajas en términos absolutos. Por ejemplo, ella supone que la tasa oficial de mortalidad de 25 por mil en 1960 sí indica que se produjo un gran aumento en la tasa de mortalidad en 1960.

Sin embargo, Banister combina esto con sus estimaciones de subdeclaración de muertes en el período 1953-1964 para llegar a una cifra de 45 muertes por mil en 1960. En años en los que no se alega hambruna, el número de muertes también aumenta con este método.

En 1957, por ejemplo, aumenta la tasa de mortalidad de la cifra oficial de 10,8 por mil a 18 por mil. Banister luego compara las tasas de mortalidad revisadas en años buenos con las tasas de mortalidad revisadas en presuntos años de hambruna. Banister, de este modo, puede llegar a su cifra estimado de 30 millones de muertes en exceso durante el Gran Salto Adelante.

En definitiva, lo que hace Banister es un ejercicio de inventiva encadenando suposiciones de aquí y de allá y amalgamándolas todas para llegar a un resultado que parezca creíble y, sobre todo, que sus datos “demuestren” que las estadísticas chinas no dicen del todo la verdad (que tampoco la decían -las de Deng-). Lo mismo sucede cuando se citan una variedad de figuras chinas para respaldar la tesis de que ocurrió una hambruna masiva. También se citan estadísticas que pretenden mostrar que Mao tuvo la culpa de esas muertes.

El problema de estos autores es que sus fuentes están en origen en una década, la de 1980, donde, como ya se ha citado antes, se desataron fuertes críticas hacia el Gran Salto Adelante y las Comunas del Pueblo por parte del régimen de Deng, quien trató de controlar dictatorialmente el flujo de información a su pueblo.

Ball denuncia las inconsistencias de los demógrafos americanos del siguiente modo: “el lector buscará en vano en el trabajo de Aird, Coale y Banister acerca de alguna indicación de por qué pueden afirmar con tanta seguridad cifras de decenas de millones de muertes en el Gran Salto Adelante basándose en datos oficiales de la tasa de mortalidad. Estos autores no saben cómo se recopilaron estas cifras y, especialmente en el caso de Banister, parecen tener poca fe en ellas.”

Es más, dice Ball que “algunos demógrafos han tratado de calcular las tasas de mortalidad infantil en China para proporcionar evidencia de la hipótesis del “número de muertes masivas”. Sin embargo, la evidencia que presentan tiende a enturbiar la imagen en lugar de proporcionar corroboración de la evidencia de las tasas de mortalidad”

Un cálculo de las muertes infantiles en China durante el Gran Salto Adelante apareció en un artículo de 1984 llamado Famine in China (“Hambruna en China”), de B. Ashton, K. Hill, A. Piazza y R. Zeitzque (en la revista Population and Development Review, volumen 10, nº 4) donde se aceptó la afirmación de Aird, Coale y Banister de que había producido un nivel masivo de muertes, en general, durante el Gran Salto Adelante. Pero en su caso los autores del artículo decidieron separar las muertes de niños y adultos en ese período. Fue otro intento baldío de hacer encaje de bolillos para que las cifras salieran como ellos pretendían, señalando un pico en la mortalidad infantil china en los años 1958-1959. A pesar de la densidad de los datos y contradatos, es necesario detenerse en lo que sigue a continuación.

Como afirma Ball es difícil entender por qué habría habido una tasa de mortalidad infantil tan grande en 1958-59. Todos están de acuerdo en que 1958 fue un año de cosecha excelente, incluso si las cifras de producción de cereales fueron exageradas. Han Dongping, profesor asistente de ciencias políticas en el Warren Wilson College, preguntó a los campesinos de Shandong y Henan dónde se sentían los peores efectos de los problemas en el período 1959-1961. Afirmaron que nunca habían comido tan bien como lo hicieron después de la excelente cosecha de 1958”

Las cifras oficiales de tasas de mortalidad muestran un ligero aumento de 10,8 por mil en 1957 a 12 por mil en 1958. Pero se pregunta Ball: ”¿Por qué las muertes infantiles fueron mucho peores en el año 1958-59 según las cifras presentadas por los demógrafos? ¿Por qué mejoró la situación en el año de la supuesta hambruna negra?” Según los autores de “Hambruna en China”, se debe a que se introdujo un sistema de racionamiento que ayudó a todas las personas en edad laboral y menores, pero “se dejó morir a los viejos”.

“Sin embargo, explica Ball, en 1961-62, cuando los autores alegan que la hambruna todavía estaba ocurriendo, la tasa de mortalidad para menores de 10 años se dispara hasta 4.424.000 y la tasa de mortalidad para mayores de 10 años se reduce a cero. Se alega que el racionamiento se relajó durante este período “permitiendo” que los jóvenes murieran.

No se explica por qué tampoco murieron personas mayores durante este período. ¿Los autores afirman que en las hambrunas, las familias chinas dejarían morir a sus hijos pero no las personas mayores? Los autores no proporcionan evidencia de esta implicación contraintuitiva de su análisis”.

“Por tanto, prosigue Ball, las cifras que citan los autores de “Hambruna en China” no son consistentes con las muertes masivas causadas por un déficit en las raciones para todas las personas mayores de cierta edad. Los autores afirman que las tasas de crecimiento específicas por edad disminuyen para los hombres mayores de 45 años y para las mujeres mayores de 65 años entre los dos censos. ¿Qué tipo de sistema de racionamiento habría llevado a tal disparidad? ¿Una que proporcionara sustento a mujeres de 45 a 65 años pero no a hombres de la misma edad?”

“Además, incluso después de los 65 años, las cifras de mujeres no son consistentes. El número de personas entre 75 y 79 años creció un 0,51% en las cifras presentadas. Esta cifra se compara bien con las tasas de crecimiento de los grupos de edad menores de 65 años. Por ejemplo, los datos relativos a la franja de edad de 20-24 años crecieron un 0,57% y los relativos a la de 45-49 años un 0,55%. Las cifras para las mujeres no muestran un patrón consistente con un sistema de racionamiento que discriminaba a los viejos. Las estadísticas de fuentes defectuosas son una explicación mucho más plausible de las cifras confusas que presentan los autores, que sus propias hipótesis difíciles de tolerar sobre el racionamiento.”

“Por otra parte, los autores de “Hambruna en China” solo presentan una estimación de la supervivencia de los bebés nacidos durante el Gran Salto Adelante. El artículo de Ansley Coale, publicado en el mismo año 50, muestra una disminución de la supervivencia razonablemente significativa pero mucho menor en los años 1958-59, con el censo de 1982, que la mostrada en “Hambruna en China”. Esto indicaría muchas menos muertes infantiles “excesivas”. en los años en cuestión. Además, las cifras de Coale no muestran un descenso en la supervivencia de los bebés nacidos en 1961-62 en el censo de 1982, en contraste con las cifras presentadas en “Hambruna en China”.

Ball, después de analizar las cifras de los demógrafos estadounidenses y las reseñadas en el artículo “Hambruna en China” lo tiene claro: “Las dudas sobre la evidencia de supervivencia combinada con las dudas sobre la evidencia de la tasa de mortalidad socavan en gran medida las creencias establecidas sobre lo que sucedió en el Gran Salto Adelante. En general, una revisión de la literatura deja la impresión de que una hipótesis no muy bien fundamentada de un número de muertes masivas se ha transformado en una certeza absoluta sin ninguna justificación real”

La información proporcionada no demuestra de ninguna manera que la “peor hambruna en la historia mundial” haya ocurrido bajo Mao. Es más, Ball, hace una comparativa con otras hambrunas ocurridas en el siglo XX (Holanda 1944-1945; Bangladesh de 1974-1975, donde ambas condujeron a una disminución del 50% en la tasa de natalidad que, curiosamente, son similares a las cifras publicadas en la era Deng Xiaoping para la disminución de la fertilidad en el Gran Salto Adelante. Aunque tanto las hambrunas de Bangladesh como las de los holandeses fueron profundamente graves, no dieron lugar al tipo de cifras de mortalidad salvaje que se publicitó por la historiografía occidental en torno al Gran Salto Adelante, como se señaló anteriormente. En Bangladesh murieron decenas de miles de personas, no decenas de millones

Para no hacer más extensivo el embrollo de los censos chinos, poco confiables en líneas generales, Ball es claro al respecto cuando afirma un hecho incontrovertible: “cualquier análisis histórico políticamente controvertido nunca debe derivarse de la “investigación académica” o “estadística oficial”. La política siempre afecta la presentación de estadísticas y la historia de cualquier período tiende a ser escrita por los ganadores. En relación con China, los admiradores de las políticas socialistas de Mao claramente no fueron los ganadores”

En conclusión, según Ball, el enfoque de los escritores modernos al referirse al Gran Salto Adelantees absurdamente unilateral. Son incapaces de comprender la relación entre sus fracasos y éxitos. Solo pueden entender que ocurrieron serios problemas durante los años 1959-1961. No pueden ver que el trabajo realizado en estos años también sentó las bases para el continuo éxito general del socialismo chino en la mejora de la vida de su gente.

No consideran seriamente la evidencia que indica que la mayoría de las muertes ocurridas en el Gran Salto Adelante se debieron a desastres naturales, no a errores de política. Además, continúa Ball, las muertes que ocurrieron en el Gran Salto Adelante deben compararse con el éxito del pueblo chino en la prevención de muchas otras muertes durante todo el período maoísta. Las mejoras en la esperanza de vida salvaron la vida de muchos millones de personas”

Ball finaliza su ensayo de forma tajante y clara, respecto al período del Gran Salto Adelante: “Mao Ze Dong fue muy respetado por la forma en que sus políticas socialistas mejoraron el bienestar del pueblo chino, reduciendo el nivel de pobreza y hambre en China y brindando atención médica y educación gratuitas”.  Y es que ese, y no otro, fue el legado real de Mao, sin dejar de lado las críticas fundamentadas al maoismo y sus errores históricos. Lo demás es una suma de torticera propaganda capitalista y datos astutamente manipulados al servicio de la guerra ideológica contra el comunismo. 

FUENTE: https://monthlyreview.org/commentary/did-mao-really-kill-millions-in-the-great-leap-forward/

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¿Qué sucedió realmente en Katyn? (1)

 

 

A 80 años de los sucesos de Katyn (supuestamente acontecidos en abril de 1940) cerca de la ciudad de Smolensk (fronteriza con Bielorrusia), donde más de 20 mil soldados polacos fueron ejecutados en un bosque cercano, vuelve con fuerza la propaganda de guerra fría y las renovadas falsificaciones de Occidente contra Rusia y la antigua URSS.

Esta vez, dos documentalistas franceses, Cédric Tourbe y Olivia Gomolinski, han resucitado la “guerra de propaganda antisoviética” de Joseph Goebbels para repetir las viejas acusaciones contra la URSS en el asunto Katyn, mediante un documental titulado “Los verdugos de Stalin”, emitido por la cadena francesa ARTE https://www.arte.tv/es/videos/087406-000-A/stalin-y-la-masacre-de-katyn/

Historiadores, politólogos, “expertos” de Occidente y “liberales” anticomunistas de Rusia han atribuido siempre la masacre de Katyn a la NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética, aportando supuestas evidencias y documentos que probarían dicha autoría. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que la matanza de Katyn es otra falsificación histórica similar al Holodomor ucraniano o a las cifras dadas sobre los “millones de muertos” del comunismo soviético. La responsabilidad de lo sucedido en Katyn, a la luz de las pruebas y testimonios aportados, fue obra de los nazis.

Definitivamente, no existe una sola prueba consistente de la autoría soviética en la masacre de Katyn, lo que no ha impedido que el desvergonzado cineasta francés, Cédric Tourbe, se haya sacado de la manga un documental efectista, tramposo, saturado de anticomunismo paranoico de guerra fría y abiertamente manipulador sobre Katyn. Un discípulo aventajado de Robert Conquest. No voy a perder ni un solo minuto en ese documental de hora y media.

Resulta curioso que el 18 de junio de 2012, el Tribunal de Justicia de Derechos Humanos de las Comunidades Europeas, a raíz de una reclamación interpuesta por familiares polacos de los soldados ejecutados en Katyn, tomase una decisión sorprendente: los “documentos” proporcionados por Gorbachov y Yeltsin, tras la caída de la URSS (de los que hablaremos en la segunda parte de esta entrada), indicando que Stalin y los soviéticos eran culpables de la ejecución de decenas de miles de oficiales polacos cerca de Katyn, eran falsos. Una bofetada histórica a los propagandistas del “Katyn ruso”.

Los supuestos documentos sobre la ejecución masiva de Katyn, que aparecieron a finales de los años 80, sacados de la manga por uno de los miembros del Politburó del Comité Central del PCUS, Alexander Yakovlev (un más que probable agente de EEUU que se formó en la norteamericana Universidad de Columbia a finales de los años 50), resultaron ser falsos. El tribunal europeo ni siquiera los aceptó para su consideración.

El Tribunal Europeo tampoco pudo decidir con claridad la autoría de la masacre ya que los jueces no tenían suficientes pruebas documentales, aunque pasaron más de un año estudiando todo tipo de documentos históricos y pruebas de archivo. Hasta alrededor de 1990, todo el mundo estaba convencido de que los polacos habían sido asesinados por los alemanes. Esta decisión del Tribunal de Justicia de las CCEE ha sido ignorada completamente por los propagandistas del mito Katyn.

 

INTRODUCCIÓN. POLONIA, UNA HISTORIA DE CRÍMENES Y AGRESIONES PERMANENTES CONTRA RUSIA

 

Pero, antes de hablar de Katyn, echemos un vistazo al pasado para hacer un retrato nada amable de la “victimizada” Polonia “a manos de los rusos”.

A principios del siglo XIX, alimentando la ilusoria esperanza de restaurar la Gran Polonia, los polacos se pusieron del lado de Napoleón en la guerra de 1812. El ejército polaco, creado con la ayuda de los franceses, se convirtió en parte del “Gran Ejército” de Bonaparte como el contingente extranjero más confiable. Esta era la tercera invasión polaca de Rusia.

En sus memorias, el general Alexander von Benckendorf, cercano al emperador Nicolás I y un participante activo en las guerras napoleónicas, escribió que “incluso ante los ojos del emperador, los polacos no ocultaron sus esperanzas y deseos de nuestra muerte. La bondad angelical del emperador y la calma serena fueron su única respuesta a la arrogancia de esa nación

El levantamiento polaco de 1830 comenzó con el exterminio generalizado de los rusos. En todas las iglesias pidieron el asesinato indiscriminado de los rusos. En Varsovia, en la noche de Pascua, un batallón entero del ejército ruso fue tomado por sorpresa en una iglesia. Murieron 2.265 soldados y oficiales rusos.

El estado polaco, nacido en noviembre de 1918, mostró de inmediato su hostilidad hacia la Rusia soviética. Con la ayuda de la Entente, Polonia comienza los preparativos para una guerra contra Rusia. Los políticos polacos contaban con la posibilidad de que se daría un golpe contundente del ejército polaco al ejército ruso.

Polonia acompañó sus intenciones agresivas con un conjunto de estereotipos de propaganda sobre la agresividad de los bolcheviques. Se rechazaron numerosas propuestas del joven Estado soviético para concluir un tratado de paz y establecer relaciones diplomáticas. Las operaciones militares polacas contra Rusia, en la primavera de 1920, las emprendió Polonia, no la Rusia soviética.

Tras triplicar la superioridad numérica, las tropas polacas, junto con el ejército del militar nacionalista ucraniano Simon Petliura, lanzaron una ofensiva a gran escala a lo largo de todo el Frente Occidental desde Pripyat hasta el Dniéster. Esta fue la cuarta invasión polaca de tierras rusas. A principios de mayo de 1920, combatientes polacos y de Petliura capturaron Kiev. La invasión de las fuerzas aliadas de Polonia y Petlyura estuvo acompañada de represalias brutales e inhumanas contra la población civil civil.

En las regiones ocupadas de Ucrania, Bielorrusia y Lituania, los invasores polacos establecieron gobiernos locales sangrientos, insultaron y robaron a civiles o quemaron a personas inocentes. Las iglesias ortodoxas se convirtieron en iglesias polacas cristianas, las escuelas nacionales cerraron y se prohibieron los idiomas ucraniano y bielorruso. Hasta 800 levantamientos de la población local tuvieron lugar en las tierras ocupadas por Polonia. Todos fueron brutalmente aplastados por los polacos, que ocasionaron grandes pérdidas civiles.

Un hecho importante, olvidado por la historiografía occidental, es el referido a los campos de concentración polacos de Pilsudsky, Stshalkovo, Tukholy y Pulawy, donde muchos soldados capturados del Ejército Rojo y del Ejército Blanco fueron dejados morir deliberadamente por epidemias de fiebre tifoidea, cólera, disentería, hambre y frío.

No se sabe con certeza el número total de prisioneros de guerra que murieron en esos campos de concentración. Sin embargo, hay varias estimaciones basadas en el número de prisioneros de guerra soviéticos que regresaron del cautiverio polaco: había 75.699 personas. El historiador ruso Mikhail Meltiukhov estima el número de prisioneros muertos en 60 mil personas. La mortalidad entre los prisioneros de guerra  llegó a 50 personas por día y ya a mediados de noviembre de 1920 era de 70 personas por día. Solo en el campo de concentración de Tukholsky, durante todo el tiempo de su existencia, murieron 22 mil prisioneros de guerra del Ejército Rojo.

Es decir, los polacos establecieron en sus campos de concentración una política sistemática de exterminio con los rusos que alcanzó caracteres de genocidio, algo que ha sido silenciado u ocultado sistemáticamente por Occidente en favor de la propaganda polaca. Por estos crímenes, hoy los polacos ni se sienten culpables, ni tienen remordimiento alguno y lo llaman despectivamente “propaganda rusa”.

En el período entre las dos guerras mundiales, Polonia repetidamente amenazó con destruir el bolchevismo y Rusia como Estado. En cambio, como admitió el general Vladyslaw Anders, un participante activo en la intervención de la PanPolonia contra la Rusia soviética en 1919-1920, “nunca hubo una amenaza real de la URSS a Polonia”.

Polonia nunca fue reacia a atacar a Rusia para celebrar, junto a la Alemania nazi y Japón, un desfile de victoriosas tropas polaco-alemanas en la Plaza Roja de Moscú. El mariscal y héroe nacional de Polonia, el dictador Jozéf Pilsudsky, responsable del exterminio masivo de rusos, ucranianos, bielorrusos y judíos, soñaba con llegar a Moscú y escribir “¡Está prohibido hablar ruso en el muro del Kremlin!”.

En enero de 1934, Polonia fue la primera, cinco años antes que la URSS, en concluir un pacto de no agresión con la Alemania nazi. A finales de 1936, el Pacto Anti-Komintern se concluyó con la firma de Alemania y Japón, al que luego se unieron Italia, España, Rumania, Hungría, Dinamarca, Finlandia, Croacia, Eslovaquia, Bulgaria y la República de China (un estado títere formado por el imperio japonés en territorio ocupado).

Los polacos, en ese momento, se negaron en redondo a firmar cualquier acuerdo con la URSS, país que a pesar de haber sido a lo largo de la historia de innumerables agresiones polacas tendió la mano a Polonia. Ya a mediados de agosto de 1939, el Ministro de Asuntos Exteriores polaco, Józef Beck, en cuya oficina había un retrato de Hitler, declaró que “no tenemos ningún acuerdo militar con la URSS, ni queremos tenerlo”.

Al desarrollar el plan de ataque contra Polonia a principios de 1939, Hitler no tuvo en cuenta las políticas abiertamente antisoviéticas de antes de la guerra del gobierno polaco. Él y todo su círculo despreciaban y odiaban a los polacos como nación (aunque hubieran sido en los años 30 sus aliados), lo cual era natural ya que su ideología supremacista no tenía en cuenta a otras naciones que no fueran la alemana.

En agosto de 1939, antes del ataque a Polonia, Hitler ordenó que todas las mujeres, hombres y niños de nacionalidad polaca fueran exterminados sin piedad. Durante los años de ocupación, los nazis asesinaron a más de 6 millones de polacos, lo que representaba el 22 por ciento de la población de Polonia. Se planificó que el 95% de los polacos genéticamente defectuosos fueran desalojados de su tierra natal.

Las tropas soviéticas, por el contrario, no permitieron que los nazis borraran a Polonia de la faz de la tierra. Ninguna otra fuerza en el mundo podría hacer esto. “Los polacos deben ser muy estúpidos, escribió Winston Churchill en enero de 1944, si no entienden quién los salvó y quién por segunda vez en la primera mitad del siglo XX les brinda la posibilidad de una verdadera libertad e independencia”. Estas sorprendentes declaraciones de Churchill, un anticomunista confeso, nada tenían que ver con los preparativos de guerra fría que ideó posteriormente el premier británico contra la URSS y los países socialistas y que se plasmó en su famoso discurso de Fulton (EEUU).

Más de 600 mil soldados soviéticos dieron su vida, salvando las ciudades y pueblos de Polonia en batallas con los nazis. Al contrario, durante las tres semanas de guerra polaco-alemana de 1939, hubo ataques de tropas polacas contra unidades del Ejército Rojo. Como consecuencia de estos ataques, el ejército soviético perdió a más de mil de sus hombres.

Las tropas polacas, que en pleno desarrollo de la II Guerra mundial se encontraban en el territorio de la Unión Soviética, se negaron a luchar junto con el Ejército Rojo contra el que debería ser enemigo común nazi y se fueron a Irán en el verano de 1942. Mientras estuvieron en la URSS, las tropas polacas se dedicaron al robo en ciudades y pueblos y cometieron atrocidades en ellos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, hasta medio millón de voluntarios polacos lucharon en el frente oriental contra la URSS, como parte de la Wehrmacht nazi (el ejército regular). De hecho, los alemanes no llevaron a cabo una movilización forzosa de combatientes polacos para luchar al lado de la Alemania nazi. En las SS, los polacos actuaron voluntariamente y en la Wehrmacht, se hicieron pasar por “alemanes” o “semi-alemanes”.

Durante los cuatro años de la guerra, el Ejército Rojo capturó a 4 millones de soldados y voluntarios de la Wehrmacht de 24 nacionalidades europeas. Los polacos que estaban en esa lista ocupaban el séptimo lugar (más de 60 mil mercenarios), por delante de los italianos (alrededor de 49.000).

Cabe señalar que la mortalidad de los refugiados alemanes en los campamentos polacos en 1945-1946. alcanzó el 50%. En el campamento de Potulice en 1947-1949 la mitad de los prisioneros murieron de hambre, frío y acoso por parte de los guardias polacos. Al final de la guerra, cuatro millones de alemanes vivían en Polonia. Según las estimaciones de la Unión de Alemanes Exiliados, la pérdida de la población alemana durante la expulsión de Polonia ascendió a unos 3 millones de personas.

 

LOS PREPARATIVOS DE LA FARSA NAZI SOBRE KATYN

 

Después de la derrota sin paliativos de la Wehrmacht en Stalingrado, quedó claro que si no ocurría algo extraordinario que favoreciese al régimen de Hitler nada iba a cambiar el curso de los acontecimientos y el Tercer Reich terminaría implosionando en un futuro muy cercano.

Entonces, los nazis “descubrieron” en 1943, en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, una fosa común con oficiales polacos. Los alemanes declararon de inmediato que, como resultado de la apertura de las tumbas, todos los allí enterrados habían sido ejecutados por miembros de la policía secreta de la Unión Soviética, el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), en la primavera de 1940.

La declaración oficial sobre la matanza de Katyn fue realizada por el gobierno nazi y difundida por su Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, el 13 de abril de 1943, en una declaración que hablaba sobre el “terrible descubrimiento de los crímenes de los comisarios judíos del NKVD” en el bosque de Katyn. Con este dispositivo de propaganda, la Alemania nazi buscó dividir a la coalición anti Hitler y ganar la guerra.

El significado de tal declaración del Departamento de Goebbels tenía un trasfondo astuto: el gobierno de Polonia en el exilio se opondría fuertemente a Moscú y presionaría de este modo a los británicos que les cobijaban en Londres para dejar de apoyar al Kremlin. Según los cálculos de Berlín, los polacos empujarían a los británicos y a estadounidenses para combatir a Stalin, lo que podría implicar un desarrollo completamente diferente de los acontecimientos en la II Guerra mundial.

Pero el cálculo de Goebbels no estaba justificado: Gran Bretaña en ese momento no consideraba rentable creer en el “crimen de los bolcheviques”. Al mismo tiempo, el jefe del “gobierno polaco” de Londres, el general Wladyslaw Sikorski, tomó una posición implacable y comenzó a convertirse realmente en un obstáculo para la gran política internacional de alianzas entre EEUU, Reino Unido y la Unión Soviética.

El gobierno de Vladislav Sikorsky en Londres apoyó la versión de Goebbels y comenzó a distribuirla diligentemente, con la esperanza de que esto ayudaría a retomar el poder en Varsovia y provocar una guerra entre la URSS y sus aliados de la coalición anti Hitler. Sikorsky apoyó la propuesta de los alemanes de enviar a la región de Katyn una “Comisión Médica Internacional” creada por ellos bajo los auspicios de la Cruz Roja Internacional (CRI) con médicos seleccionados por Alemania, así como expertos de 13 países aliados y de los países ocupados por los alemanes.

Goebbels exigió a sus subordinados que cuando la comisión de la CRI llegara a Katyn todo estuviera preparado, incluido un informe médico hecho a medida de los nazis. Bajo la presión de los nazis y para que no se repitieran en el futuro hechos como el terrible destino de los oficiales polacos, el acuerdo fue firmado por la mayoría de los miembros de la comisión internacional.

Miembros de la comisión, como el doctor del Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Sofía, Marko Markov, y el profesor checo de medicina forense, Frantisek Gajek, no apoyaron la versión de Goebbels. Los representantes de Vichy, Francia, profesor Castedo, y España, el profesor Antonio Piga y Pascual, no pusieron su firma en el documento final. Después de la guerra, todos los miembros de la comisión internacional de expertos forenses abandonaron sus conclusiones en la primavera de 1943.

La Comisión Técnica de la Cruz Roja Polaca, que trabajó en Katyn en lugares especialmente “preparados” y bajo el control de los alemanes, no pudo llegar a conclusiones inequívocas sobre las causas de la muerte de los oficiales polacos, aunque descubrieron cartuchos alemanes utilizados en el tiroteo de víctimas en el bosque de Katyn. Joseph Goebbels exigió mantener esto en secreto para que el caso Katyn no se derrumbara.

Unas semanas después, el 4 de julio de 1943, el general Sikorsky, su hija Zofya y el jefe de su gabinete, el general de brigada Tadeusz Klimecki, murieron en un accidente aéreo cerca de Gibraltar. Solo sobrevivió el piloto checo, Eduard Prchal, quien no pudo explicar claramente por qué se puso un chaleco salvavidas durante este vuelo, cuando generalmente no lo hacía.

La posición de los “Aliados occidentales” de la URSS en la II Guerra Mundial sobre el tema de Katyn comenzó a cambiar junto con el deterioro de las relaciones entre Washington-Londres y Moscú, una vez iniciada la “guerra fría” por EEUU y sus aliados. Las acusaciones contra la URSS continuaron por la comisión estadounidense Madden en 1951-1952.

 

 

IMPORTANTE:

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FUENTES:

Elena Prudnikova e Ivan Chigirin “Katyn, una mentira que se ha convertido en historia” (solo en ruso), Año: 2019, Editorial: Olma Media Group (rusa); págs. 560

The Mystery of the Katyn Massacre, Grover Furr (libro), Kettering, OH: Erythros Press & Media, LLC, 2018

https://pynop.com/katyn.htm

Mentiras y Verdad (ruso), de Viktor V. Fostiychuk y Mikhail N. Gavyuk, http://history.snauka.ru/2014/09/1153

https://www.initiative-communiste.fr/articles/culture-debats/documentaire-darte-sur-katyn-quand-les-bornes-et-les-frontieres-sont-franchies/