La guerra de Occidente contra la RDA (y 3). El Plan DECO II para invadir y “liberar” Alemania Oriental

PLAN DE ATAQUE DECO II CONTRA LA RDA

 

En una declaración del gobierno de EEUU de 12 de octubre de 1949, se dijo que la fundación de la RDA (República Democrática de Alemania), cinco días antes, era “ilegal”. La hipocresía amnésica de Washington le impedía recordar que unos meses antes, el 23 de mayo, se había constituido unilateralmente como Estado la República Federal de Alemania (RFA), en una clara violación de los acuerdos de Potsdam y con la autorización de EEUU.

La creación de la RDA, el 7 de octubre, fue la respuesta justa, necesaria y proporcionada a la fundación del estado separatista de Alemania Occidental. El territorio que estaba bajo control de la autoridad militar soviética esperaba que a corto o medio plazo la unificación con la otra Alemania se llevase a efecto bajo bajo criterios de estricta neutralidad política. Pero la RFA y EEUU no estaban dispuestas a permitirlo. Tenían otros planes más agresivos.

La creación de Alemania Federal fue un acto de provocación ilegítimo que iba a servir como piedra de toque de la guerra fría iniciada por Occidente y cuyo objetivo era hacer retroceder la influencia soviética en Europa. Se descartaba de ese modo una Alemania unida, a pesar de que Stalin, en la famosa nota de 1952, propuso (varias veces durante ese mismo año) la unificación alemana bajo bandera neutral, algo que era inaceptable para EEUU quien quería expandir su dominio imperialista por toda Europa.

Como se ha comentado en las dos entradas anteriores, desde el minuto uno de la creación del Estado de obreros y campesinos (RDA) la finalidad de Washington, el Reino Unido y la Alemania de Adenauer fue atacar por todos los flancos a la RDA mediante un amplio repertorio de actos injerencistas que no cesaron hasta noviembre de 1989 cuando se produjo el movimiento contrarrevolucionario que dio lugar a la apertura de la frontera estatal de Berlín (el “Muro”) y a la posterior disolución de la RDA.

El más ambicioso y arriesgado intento de Occidente para apoderarse por la fuerza de la RDA, que finalmente no se llevó a cabo gracias a la construcción de la barrera antifascista de Berlín en 1961, fue el que tuvo como objetivo “liberar” a la RDA a través del llamado Plan DECO II, orquestado en la primavera de 1955. Este episodio, decisivo para entender todas las medidas de defensa que adoptó la RDA a partir de 1961, ha sido censurado y relegado totalmente en los libros de historia de Occidente, mientras, a sensu contrario, se ha denigrado, difamado, caricaturizado y calumniado a la RDA con interminables falsedades e historias truculentas.

El canciller de la República Federal de Alemania, Konrad Adenauer, hizo unas declaraciones al periódico conservador de Koblenz, Rheinischer Merkur, el 20 de julio de 1952, donde dejaba clara la estrategia de guerra de la RFA contra la RDA. Adenauer dijo entonces: Lo que se encuentra al este de los ríos Werra y el Elba son provincias “no redimidas” de Alemania. Por lo tanto, la tarea no es la reunificación sino la liberación. La palabra reunificación debería desaparecer puesto que ya ha traído demasiados desastres; la liberación es la consigna”.

Más que en cualquier otro estado socialista del Este europeo, la RDA se convirtió en objetivo prioritario de las potencias occidentales para ejecutar una “política de rescate” del comunismo. Occidente, en particular EEUU y Reino Unido, encomendaron a Alemania Federal la tarea de realizar operaciones desestabilizadoras contra la RDA a través de Berlín Occidental, aprovechando que había “libre tránsito de personas” hacia Berlín Este.

Como ya se mencionó en la entrada anterior, además de la organización terrorista neonazi KgU (Kampfgruppe gegen Unmenschlichkeit o Grupo de Combate contra la Inhumanidad -sic-), el Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud y la Organización Gehlen (grupos que ideológicamente se solapaban entre sí y cuyos integrantes eran antiguos nazis de la Wehrmacht, las SS y la Gestapo), Alemania Occidental utilizó la agresiva emisora norteamericana radicada en Berlín Oeste, RIAS, (Rundfunk im amerikanischen Sektor) para poner en marcha una “subversión constructiva” contra la RDA, invadiendo su espacio radioeléctrico mediante el uso masivo de propaganda anticomunista.

Las entonces estaciones de radio anticomunistas creadas por la CIA en Europa occidental, como la RIAS o Radio Free Europe/Radio Liberty, constituían potentes herramientas de manipulación y propaganda para llamar a la rebelión de los ciudadanos en los países del Este socialista. Después del fracaso temporal de esta política, el 17 de junio de 1953, con el fallido intento de golpe contrarrevolucionario en la RDA, se consideró cada vez más la opción de utilizar la “liberación del exterior” y, por lo tanto, recurrir a las fuerzas armadas de la República Federal de Alemania para “recuperar” la RDA.

Los antecedentes directos de la Operación DECO II se encuentran en el Acuerdo de Garantía celebrado el 29 de septiembre de 1954 en Londres entre los Gobiernos de los Estados Unidos de América y la República Federal de Alemania, en virtud del cual EEUU se comprometía a cooperar en una operación de largo alcance con el objetivo exclusivo de reunificar Alemania, mediante el inicio de acciones militares contra el territorio de la RDA.

Un documento fechado en 1955, en posesión del Ministerio para la Seguridad del Estado (MfS, la satanizada “Stasi”) de la RDA, a través de una fuente denominada “Kohle”, fue obtenido en el mismo año. “Kohle” tenía conexiones con una empleada que trabajaba en la oficina del General ex nazi Hans Speidel, que también se menciona en la lista de distribución del documento DECO.

Recordemos, antes de entrar en materia, el historial de Speidel, un criminal de guerra de Hitler que fue integrado, como tantos otros nazis, en las estructuras militares de la RFA y en la propia OTAN. Speidel, durante el III Reich, fue jefe de gabinete del mariscal Erwin Rommel, además de un fascista y nacionalista convencido. Las biografías blanqueadoras sobre Speidel nos dicen que conspiró para atentar contra Hitler (pero extrañamente no fue ejecutado por el dictador) y, supuestamente, no era partidario de las leyes raciales, además de ser encarcelado por la Gestapo. Este expediente “amable” sobre Speidel no se corresponde con la realidad.

Speidel participó activamente en la maquinaria de guerra de exterminio del III Reich, tanto en la invasión de Francia de 1940 como en el Frente Oriental, donde desempeñó el cargo de Jefe de Estado Mayor del 5º Cuerpo del Ejército y Jefe de Estado Mayor del 8º Ejército en 1943, siendo ascendido a general. En el Frente Oriental (Unión Soviética), aunque también en Francia, es donde se produjeron las mayores atrocidades contra civiles en la II Guerra Mundial por parte del Ejército nazi.

Durante la posguerra, al igual que otros criminales de guerra que eran generales de alto rango de Hitler, como Adolf Heusinger o Erich Von Mannstein, Speidel fue llamado para desempeñar un papel clave como fundador del nuevo ejército alemán (el Bundeswehr), así como en el rearme de la RFA  e integración alemana en la OTAN.

Speidel fue uno de los autores del memorándum Himmerod que abordó el tema del rearme (Wiederbewaffnung) de la RFA después de la Segunda Guerra Mundial.  Como importante asesor militar del gobierno federal de Konrad Adenauer, Speidel fue ascendido a general de cuatro estrellas (el primero en ser galardonado con este rango, junto con Adolf Heusinger).

 

LOS PREPARATIVOS DE LA INVASIÓN DE LA RDA: UN CRIMINAL DE GUERRA LLAMADO ADOLF HEUSINGER 

Pero volvamos a la guerra “caliente” contra la RDA. En el año 1956, la inteligencia de la RDA a través de su servicio exterior, el HVA (Hauptverwaltung Aufklärung) descubrió la línea de comunicaciones BASA, una red telefónica que conectaba todas las estaciones de ferrocarril de la RDA y cuya autoría había que buscarla, obviamente, en los servicios secretos de Occidente.

La red BASA estaba compuesta por circuitos de línea, relojes, luces intermitentes, interruptores, conmutadores y otros dispositivos para ser utilizados en caso de llamadas de emergencia. Todas estos actos de sabotaje fueron conservados por los conspiradores, algo que fue verificado con fotos auténticas hechas por ellos mismos. Con la línea BASA se pretendía organizar más eficazmente, en el día X, el Plan DECO II y provocar disrupciones y caos de acuerdo con dicho plan.

El 22 de abril de 1956, los soviéticos hicieron otro descubrimiento espectacular que demostró que la invasión de la RDA estaba en una fase avanzada. Se halló un túnel subterráneo de 300 metros de largo que conducía directamente desde una estación de radio del ejército estadounidense en Berlin Oeste-Rudow, por debajo de lo que era la frontera de la RDA, hasta Alt-Glienicke. El túnel, situado a cinco metros bajo tierra, estaba hecho con un aislamiento especial y paredes de hormigón armado de casi 2 metros de espesor y había sido recubierto con más de 160 pares de cables de comunicaciones.

Esta compleja red de comunicaciones debía ser monitoreada por el servicio secreto estadounidense y, en caso de ser descubiertos, dichas comunicaciones deberían ser interrumpidas con instrucciones incorrectas. Las expectativas de guerra de los fascistas Allen Dulles (Director de la CIA) y Konrad Adenauer (canciller de la RFA), fueron frustradas y ridiculizadas en la escena internacional. Como dice el Washington Post, “los americanos tenían un túnel  pero los soviéticos un topo”. Ese topo no fue otro que el gran espía inglés recientemente fallecido, George Blake, quien hizo un trabajo excepcional para el servicio secreto de la Unión Soviética, el KGB (Comité para la Seguridad del Estado).

El descubrimiento del túnel berlinés por los soviéticos no fue un acto de espionaje enmarcado dentro de la pugna entre dos contendientes antagónicos en la mal llamada “guerra fría”, como pretende distorsionar la historiografía occidental, sino que se trató del más grave caso de agresión imperialista contra la soberanía de un país ocurrido en Europa desde el final de la II Guerra Mundial. Dicho hallazgo no detuvo los planes de Occidente para atacar a la RDA. De 1959 a 1961, con el Plan DECO II listo para ser ejecutado contra la RDA, el Bundeswehr (ejército de la RFA) fue reforzado con más de 40.000 hombres y proporcionó el contingente principal de las fuerzas terrestres en el área del comando central para Europa de la OTAN.

Militares de la RFA ocuparon posiciones de liderazgo en los puestos de mando de la Alianza Atlántica, mientras la República Federal de Alemania exigía cada vez más enfáticamente armamento atómico para el Bundeswehr. En agosto de 1960, los jefes militares de las Fuerzas Armadas de la República Federal de Alemania publicaron un memorándum en el que se decía: “el Bundeswehr no puede renunciar ni al servicio militar obligatorio general, ni a la adhesión a la OTAN, ni a poseer armamento nuclear”.

En la primavera de 1961, estas fuerzas estaban cada vez más decididas a prepararse para la guerra contra la RDA. El ex General de Hitler e Inspector General (el más alto rango) de las Fuerzas Armadas de Alemania Federal y Presidente del Comité Militar de la OTAN, Adolf Heusinger, incluso planteó la demanda provocativa de estacionar misiles nucleares en la frontera con la RDA.

Vamos a detenernos, brevemente, en torno al perfil criminal del ideólogo (o uno de ellos) del Plan DECO II, Heusinger. Este alto mando militar con Hitler y luego con el canciller Konrad Adenauer, en la RFA, fue uno de los generales del III Reich que bajo las órdenes directas de Hitler coordinó la lucha contra los partisanos en la II Guerra Mundial. Estuvo destinado en el departamento de operaciones del Estado Mayor desde 1937 y era responsable, al igual que Reinhard Gehlen, luego director del Servicio federal de inteligencia de la RFA (BND), de la gestión estratégica y operativa de las unidades del ejército nazi contra la Unión Soviética.

La planificación operativa de Heusinger y los hallazgos de Gehlen sirvieron a las unidades de combate del carnicero genocida de las SS, Erich von dem Bach-Zelewski, para rodear áreas enteras de territorio soviético “infestadas” de lo que llamaban los nazis “bandidos” (partisanos) y se registraron en listas los lugares que se consideraban “sujetos a las pandillas” o que estaban en mora con la entrega forzosa de productos agrícolas a los ocupantes alemanes. Luego vino el “peinado”: casas enteras fueron destruidas y la mayoría de los residentes locales fueron asesinados.

Las directrices genocidas de Heusinger sirvieron para perpetrar masacres en las localidades francesas de Tulle y Oradur Sur Glane, en junio de 1944, donde el criminal nazi rehabilitado por la RFA, el general Heinz Lammerding, y sus unidades de la División Panzer de las SS, Das Reich, de la Wehrmacht, llevaron a cabo el asesinato de prácticamente toda la población civil de Oradur (642 personas, sobrevivieron seis), después de ser encerrados en la iglesia del pueblo; mientras que en Tulle, Lammerding y sus sicarios nazis asesinaron a sangre fría a 117 civiles y otros tantos fueron deportados a campos de concentración, donde fueron asesinados.

En diciembre de 1961, la Unión Soviética exigió sin éxito la extradición de Heusinger de los Estados Unidos por crímenes de guerra en la Segunda Guerra Mundial. Al contrario, en agosto de 1963, Adolf Heusinger recibió la Gran Cruz al Mérito con Estrella y Cinta al hombro de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania. Por su parte, el gobierno alemán federal protegió al asesino masivo Lammerding y se negó repetidamente a extraditarlo a Francia, país que había exigido su entrega para ser juzgado por las masacres de las localidades francesas de Tulle y Oradur Sur Glane.

Al mismo tiempo que la amenaza imperialista se cernía sobre la RDA, el gobierno de la RFA intensificó la guerra económica contra Berlín Este cancelando todo acuerdo comercial que existiese con el país socialista a finales de 1960.  De esta manera, la economía de la RDA debía verse debilitada para avivar las dificultades de suministro y, en última instancia, provocar la insatisfacción y rebelión de la población. Esta estrategia criminal de bloqueo económico para asfixiar a la RDA fue el principal motivo de la fuerte emigración de ciudadanos de la RDA  a la RFA desde 1949 a 1961.

En el verano de 1961, se llevaron a cabo nuevamente maniobras de la OTAN cerca de la frontera con la RDA. Dichos ejercicios tenían como objetivo ensayar una guerra limitada contra la RDA y otros estados socialistas.  En los primeros días de agosto de 1961, los militares de la RFA iniciaron los últimos preparativos militares para la agresión contra la RDA.

A principios de agosto, el entonces Ministro de Defensa Federal, el ultraderechista Franz Josef Strauss, del partido CSU, durante una visita a EEUU, dijo al presidente John F. Kennedy y a los funcionarios del Departamento de Defensa de los Estados Unidos que un “levantamiento popular” era inminente en la RDA.

El gobierno de la RFA quería aprovechar esta oportunidad para conquistar la RDA en el curso de una “acción militar” para resolver un “conflicto interno alemán”. En apoyo de este plan, las tropas de la OTAN estacionadas en Europa fueron puestas en alerta.  El comandante de las Fuerzas Terrestres de la OTAN en Europa Central, el ex general de Hitler Hans Speidel, realizó un recorrido por la frontera estatal de la RDA para supervisar la invasión.

La preparación militar para la guerra fue acompañada por una ola de embestidas propagandísticas contra la RDA, de tal forma que los ciudadanos de la RFA creyesen que la mayoría de la gente de la RDA estaba en contra del socialismo y que sería un requisito “humanitario” eliminar el poder de los trabajadores y campesinos

El objetivo de la Operación DECO II, como se ha dicho al comienzo, era proceder a la “liberación” (eufemismo utilizado en la RFA) de la zona de ocupación soviética y reunificar Alemania invadiendo militarmente la RDA, desde Alemania Central hasta la línea Oder-Neisse (es decir, hasta la línea que marcaba la frontera entre Alemania Oriental y Polonia) y preveía una intervención relámpago conjunta entre unidades militares terrestres, aéreas y marítimas, así como unidades de propaganda que se identificarían antes del comienzo de las operaciones militares en Berlín Oriental y puntos estratégicamente importantes de la Zona Soviética.

De los documentos sobre el Plan DECO II que obraban en poder del Ministerio para la Seguridad del Estado de la RDA se pueden observar al detalle todos los preparativos de la invasión y anexión de la RDA, como se puede ver en los ocho documentos de la imagen siguiente, rubricados con un Geheime Bundessache (Asunto Federal secreto). La firma del Plan corresponde a Adolf Heusinger (señalado con una flecha roja), a fecha de 2 de marzo de 1955:

 

 

Por ejemplo, en el punto clave “E”, unidades de EEUU y la RFA, desplegadas en Berlín Oriental ocuparían por la fuerza, es decir, de forma violenta, todos los puestos de servicio y de mando militar soviéticos, así como emisoras de telégrafos, estaciones de ferrocarril estatales y transporte urbano, estaciones de radio, medios de comunicación, depósitos de suministros estatales, instalaciones industriales y portuarias, carreteras principales y puntos de control fronterizo.

En el momento señalado como clave “E”, Berlín Oriental debería ser ocupada por grandes destacamentos aerotransportados, cuya tarea sería luchar contra todas las acciones enemigas emergentes, uniéndose a las compañías que se estarían trasladando desde los sectores occidentales a Berlín Oriental.

Después de ocupar las instituciones de radiodifusión y prensa por unidades de propaganda de Occidente, la población de la zona de ocupación soviética debería ser informada inmediatamente del inicio de la operación DECO II y aquélla debería solicitar un pase para recibir cualquier tipo de ayuda además de abstenerse de efectuar contramedidas (resistencia) contra los ocupantes, permitiendo que los invasores se hicieran con las empresas estatales para proceder a “depurar” políticamente a los responsables de las mismas.

Asímismo, se exigiría a los miembros del Ejército de la Unión Soviética, la policía y otras instituciones de seguridad de la RDA que estuvieran en posesión de armamento para que renunciasen a toda resistencia, depusieran las armas y permaneciesen en sus cuarteles o alojamientos hasta la llegada de las fuerzas armadas de la República Federal de Alemania.

Las unidades aerotransportadas se desplegarían al oeste de Berlín ocupando Potsdam (RDA) y las instalaciones del aeropuerto de Werder, estableciendo conexión con las tropas señaladas con la clave AK II en la ciudad de Berlín y avanzarían desde el noroeste hacia el sureste.

Pero, sin duda, una de las partes más siniestras del plan DECO II era la de llevar a cabo asesinatos selectivos previos en la RDA por parte de equipos especiales de EEUU y la OTAN. Este plan de ataque meticuloso se había basado en una recomendación de la OTAN publicada en el libro “General Military Review” (octubre de 1957, página 339), escrita por el capitán canadiense Donald Jones Goodspeed:

“Se pueden distinguir tres fases en este proceso: la fase preparatoria desde el primer complot hasta las primeras acciones militares, luego la fase del ataque…y finalmente la fase de consolidación. La fase preparatoria es sin duda la más peligrosa y también la más difícil. Apenas conoce reglas estrictas, pero tiene algunas reglas comunes. En esta fase se llevan a cabo varios asesinatos contra personalidades “obstructivas” que deben deben ser eliminadas. Este ataque tiene como objetivo provocar una desorganización total en el enemigo en el menor tiempo posible. Para ello las primeras dos horas son cruciales”.

Algunas de las medidas políticas a implementar con el Plan Deco II, y que figuraban en varios informes secretos que databan de 1953 (coincidiendo con el “putsch” o intento de golpe de Estado en la RDA, de junio de ese año), especificaban la absorción de sectores claves como la agricultura, en concreto, se debería ejecutar la disolución de todas las cooperativas socialistas de producción agrícola para ser devueltas a sus antiguos propietarios nazis. La frase literal decía “lo antes posible”.

Igualmente, en los planes del día después de la invasión de la RDA, se establecía la elaboración de un procedimiento para la “transferencia de la industria estatal a la propiedad privada”, la aniquilación total de la educación popular de la RDA y la abolición del sistema de seguridad social del Estado socialista.

El entonces canciller de la RFA, Konrad Adenauer, ya había declarado el 1 de julio de 1953 con renovado optimismo, tras el fiasco del golpe contrarrevolucionario del mes anterior en la RDA:  “Nuestros planes para el día después de la reunificación se han completado. Los comités de trabajo especiales han preparado medidas de emergencia para el día de la reunificación “.

En definitiva, con el Plan Deco II, o invasión del día X, se pretendía llevar a la RDA a la restauración plena del capitalismo liquidando, mediante una invasión armada, todas sus estructuras políticas, militares y económicas (exactamente el mismo plan que se introdujo tras la anexión de la RDA en 1990, pero en este último caso utilizando la (contra)”revolución pacífica”).

Aunque el gobierno de la RDA, en alianza con la Unión Soviética y otros países socialistas, hizo todo lo posible para tender puentes de coexistencia pacífica con el gobierno de la República Federal de Alemania, quedaba claro que la voluntad de Bonn (y Washington) era no aceptar esas reglas de juego sino lanzar sus propios planes de guerra para anexionar la RDA.

 

LA REACCIÓN CRUCIAL DE LA RDA

El descubrimiento del Plan DECO II, la línea de comunicaciones BASA y el túnel en Berlín fueron la prueba innegable de que Occidente estaba dispuesta a usar la fuerza militar para anexionar el territorio de la RDA a la RFA, lo que forzó a las autoridades de la RDA a frenar el agresivo expansionismo y rearme de Alemania Occidental con la construcción de una barrera protectora antifascista en Berlín, el 13 de agosto de 1961.

Previamente a la construcción del “muro” antifascista, tuvo lugar en Moscú, del 3 al 5 de agosto de 1961, una reunión de los Primeros Secretarios de los partidos comunistas y obreros de los países del Tratado de Varsovia.  En él, se discutieron y determinaron las medidas necesarias para garantizar una paz que estaba siendo amenazada por las potencias imperialistas de Occidente.

Los países socialistas decidieron que la RDA debería crear en Berlín Este una barrera de protección que sirviera de frontera estatal con Berlín Occidental como medida de precaución necesaria para evitar efectivamente los disturbios contra los países de la comunidad socialista, frenando, de este modo, drásticamente, a los agitadores provenientes de Berlín Oeste, tal y como había ocurrido en junio de 1953. En último término, la barrera de Berlín iba a servir de advertencia a Alemania Federal, EEUU y al resto los países de la OTAN para que desistieran de sus planes criminales belicistas.

De acuerdo con las reuniones celebradas en Moscú, la Cámara del Pueblo de la RDA (Volkskammer) encargó al Consejo de Ministros, el 11 de agosto de 1961, que preparara e implementara urgentemente todas las medidas necesarias para asegurar una frontera estatal con Berlín Oeste.  Por orden del Consejo de Ministros, en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, unidades del Ejército Nacional del Pueblo (NVA), la Policía del Pueblo (Volkspolizei) y Grupos de Combate de la Clase Trabajadora (Kampfgruppen der Arbeitklasse) fueron puestos en estado de alerta.

En las primeras horas del día 13 de agosto de 1961, trabajadores de la RDA sellaron la frontera estatal que había estado previamente abierta con Berlín Occidental desde 1945. Cuando salió el sol sobre Berlín en la mañana del 13 de agosto, las medidas de seguridad se completaron sustancialmente con éxito. Esta excepcional medida preventiva evitó, con total seguridad, una guerra-agresión que era inminente de Alemania Federal y la OTAN contra la RDA.

La construcción del muro defensivo antifascista, que tuvo lugar a un ritmo acelerado gracias a que cobró especial importancia la disciplina de los Grupos de Combate de la clase trabajadora, sorprendió por completo a las potencias occidentales, al gobierno de la RFA y al Senado de Berlín Occidental.  El día después en la capital de la RDA la vida continuó a un ritmo normal, como siempre había sucedido.

Con el cierre de la frontera no sólo no ocurrieron las esperadas protestas y disturbios de ciudadanos alemanes orientales que ansiaba Occidente, sino que la mayoría de las masas trabajadoras de la RDA, y en particular las de Berlín Oriental, dieron la bienvenida a la Barrera Protectora Antifascista (denominada así por el dirigente del Partido Socialista Unificado, SED, Horst Sindermann, quien era entonces jefe del Departamento de agitación y propaganda). El, pueblo alemán oriental, en definitiva,  apoyó las medidas de seguridad ordenadas por el gobierno de Walter Ulbricht.

La bomba de relojería que estaba dispuesta a activar la RFA con el infame Plan DECO II había sido contenida.  El peligro inmediato de la guerra, que habría convertido a Alemania en un infierno dieciséis años después del final de la Segunda Guerra Mundial, fue evitado por la prudencia de la RDA al construir una barrera defensiva Antifascista. La política de hacer “retroceder el comunismo” había fracasado y la RDA se convirtió en el garante de la Paz en Europa.

Al asegurar las fronteras estatales frente al agresivo neohitlerianismo de la RFA, se evitaba una nada despreciable amenaza de guerra nuclear y el partido SED y el liderazgo estatal de la RDA impidieron, igualmente, con éxito, la ocupación militar de la RDA por las fuerzas imperialistas. A pesar de todos los obstáculos externos (sanciones, embargos, intentos de actos criminales en la frontera de Berlín…), la RDA logró excelentes resultados en la construcción del socialismo.

Si bien la decisión de construir la Barrera Antifascista de Berlín fue fundamentalmente a causa de los planes militares de la OTAN de invadir la RDA y la sistemática campaña de agresiones de Occidente contra la RDA, no hay que olvidar que los motivos económicos fueron otro factor de importancia capital (contrabando y mercado negro) que influyeron también en su construcción.

La propaganda miserable de Occidente de que el “Muro” se hizo para “evitar la huida de ciudadanos de la RDA” es una de las mayores fábulas de la historia que sigue perviviendo con fuerza hasta el día de hoy. El ex funcionario del Departamento de Estado, Willliam Blum lo describe muy bien en su libro Killing Hope: “antes de que el Muro se edificase miles de alemanes orientales se desplazaban cada día a la parte Oeste de Berlín a trabajar y luego regresaban a Berlín Este por la tarde. Así que se puede decir que esos ciudadanos no estaban precisamente coaccionados para retornar al Este en contra de su voluntad”

 

EPÍLOGO. LA PROPAGANDA DE LA “HUÍDA” DE CIUDADANOS DE LA RDA A LA RFA…¿Y A LA INVERSA?

Aunque sería merecedor de otra entrada y se aleja un poco de lo que es el objeto de la presente, voy a hacer una reseña de la tan repetida “ad nauseam” “fuga” (con o sin “Muro”) de ciudadanos de la RDA a la RFA, deconstruyendo las mentiras y la desinformación que ha circulado durante décadas sobre este “vidrioso” asunto.

Hubo miles de personas que emigraron (o huyeron según la propaganda occidental) desde la RDA a la RFA a través de Berlín Occidental, antes de que la RDA reforzase las fronteras (no sólo el “Muro”), debido a muchos factores que no caben en esta breve nota final. El motivo fundamental de esa emigración hacia el Oeste, y, en la práctica, diría que casi el único, fueron causas de origen económico. Señalo, resumidamente, algunas de ellas:

    • La RDA tenía un menor tejido industrial que la RFA, debido a que la potencia ocupante norteamericana, tras el fin de la II Guerra Mundial, trasladó (o robó, según se mire) al sector occidental las fábricas más importantes de la Alemania nazi que se encontraban en el sector soviético, antes de que se hiciera efectiva la presencia de tropas del Ejército Rojo en la zona oriental.
    • Por otro lado, la RDA tuvo que hacer frente al pago de las reparaciones de la II Guerra Mundial a la Unión Soviética (las más altas que un país tuvo que costear tras el final de la contienda bélica), lo que debilitó la economía del naciente Estado socialista.
    • La RDA sufrió, desde su constitución como Estado, una serie continuada de campañas de embargos internacionales y sabotajes terroristas en el interior contra su sector productivo (ya indicados en entradas anteriores) por parte de grupos criminales de Berlín Occidental, creados, entrenados y financiados por los servicios secretos de EEUU, Reino Unido y la RFA, los cuales intentaron (y a veces consiguieron) provocar disrupciones en la economía de la RDA.
    • Las agresivas campañas de propaganda desde los medios de la RFA (emisora RIAS de Berlín Oeste), que instaban a los ciudadanos de la RDA a abandonar el país hacia la RFA mediante promesas de un futuro mejor a todos los niveles, incluido el económico.

 

En su publicación “13 de agosto de 1961. El Muro de Berlín”, Jürgen Rühle y Gunter Holzweissig dieron unas cifras de casi un millón y medio de alemanes orientales que abandonaron la RDA para irse a vivir a Alemania Federal, mientras que Klaus-Dieter Baumgarten (viceministro de Defensa de la RDA y jefe de las tropas fronterizas de 1979 a 1990) afirma que: “de 1961 a 1989, aproximadamente 100.000 personas intentaron cruzar la frontera ilegalmente hacia Berlín Oeste”.

Hay que incidir una vez más en ello. El cruce de Berlín Este a través de la frontera militarizada (“Muro”) con la RFA estaba prohibido. Era ilegal. A pesar de la narrativa fantasiosa de Occidente sobre la “heroicización” de los que pretendían “saltar el Muro”, los motivos de los violadores de la frontera eran muy variables y entre esos infractores se encontraban bastantes criminales que querían evadir la persecución por parte del poder judicial de la RDA. Es más, en los primeros años de vigilancia fronteriza el uso de armas de fuego fue extremadamente raro. Las cifras utilizadas por distintos autores suelen referirse a fuentes locales, rumores o incluso información muy dudosa.

Respecto de los “disparos en la frontera” de Berlín Este (otro capítulo aparte), la falsedad histórica occidental consiste en decir que las tropas fronterizas (Grenztruppen) de la RDA disparaban “a matar”, lo cual es mentira (tenían un protocolo estricto y realizaban advertencias previas). Ya desmontaré en su día esta otra fábrica de mentiras.

Pero…¿qué ocurrió a la inversa, es decir, la inmigración desde la RFA a la RDA?  En el libro Las fronteras de la RDA, el profesor Wilfried Hanisch, se señala que desde 1957 a 1959 retornaron a la RDA cerca de 150.000 personas que habían “huido” a la RFA. De 1945 a 1989, se dan cifras de casi un total de 1.000.000 de personas que emigraron desde la RFA a la RDA (500.000 retornados descontentos con la RFA).

Según la RFA, 435.000 de sus ciudadanos “huyeron” a la RDA solo entre 1950 y 1968. Según la información de la RDA, hubo incluso 650.000. Es decir, ya con el “odiado Muro” edificado, miles de ciudadanos de la RFA (y probablemente emigrados de la RDA decepcionados con el “paraíso” occidental) emigraron a la “prisión” de la RDA…

En general, la RDA pudo hacer frente a esos 1,5 millones de emigrantes de la RDA en el período de 40 años que duró la existencia del país ya que, por ejemplo, en los años 50, ciudadanos de la RFA fueron reclutados laboralmente en la RDA (buscaban trabajo estable en la Alemania socialista), mientras que en la RFA, a pesar del “período del milagro económico” (un “milagro”-robo construido exclusivamente con millones de dólares del Plan Marshall) de los años 50, ya se habían publicado los primeros desempleados en gran número.

La conclusión es nítida y no admite discusión. Solo alrededor de 1,5 millones de ciudadanos de la RDA realmente emigraron. Eso es menos del 10% de la población de la RDA en los 40 años de la RDA, en su conjunto. Incluso después de la construcción del “Muro”, la mayoría de los emigrantes de la RDA lo hicieron legalmente para establecerse en la RFA.

La emigración entre la RFA y la RDA no fue, por tanto, una calle de un solo sentido, ya que los ideólogos del anticomunismo y la Guerra Fría de Occidente quieren canalizar unilateralmente un discurso hegemónico, abiertamente manipulador. Hubo un movimiento de inmigración o de refugiados en ambas direcciones RDA-RFA. Incluso si el movimiento fue algo más fuerte desde la RDA, no puede haber absolutamente ninguna posibilidad de una “huida unilateral” de la población de la RDA hacia la RFA a pesar del demonizado “Muro”. Esto último es, simplemente, propaganda tendenciosa.

El mito difundido incesantemente por la socialdemocracia, la derecha y ultraderecha de Occidente de que la RDA era una “cárcel” (sobre todo tras la construcción del “Muro”) se puede calificar de basura indecente, teniendo en cuenta que una gran mayoría de ciudadanos de la RDA, décadas después, siguen opinando lo contrario: el sistema político-social de la RDA era mucho mejor que lo que hoy “disfrutan” en la Alemania “unificada”, tanto en materia de justicia social, como en educación, estabilidad laboral, sanidad y seguridad ciudadana.

Por mucho que en Occidente hayan celebrado la “caída del Muro de Berlín” y la disolución de la RDA como un “hito histórico”, el ejemplo global de la RDA y su defensa de protección antifascista de 1961, que evitó una segura tercera guerra mundial, será para siempre ejemplar e imperecedero

 

 

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FUENTES:

William Blum, Killing Hope, Capítulo 9 (inglés)

https://sascha313.wordpress.com/2019/11/05/an-einem-tag-im-september-geheime-planungen-fuer-den-tag-x/

https://dietrommlerarchiv.wordpress.com/2015/08/04/die-massnahmen-der-ddr-am-13-august-1961/

Terrorismo contra la RDA: Ernst Benda y el Grupo de Combate contra la Inhumanidad

https://antilobby.wordpress.com/ostdeutschland/gleichnisse/unrechsstaat-ddr/der-rechtsstaat-brd/terrorismus-gegen-die-ddr/

Unter feuer. Die Konterrevolutionen in DDR (Erich Buchholz, Klaus Eichner, Klaus Hesse, Kurt Gossweiler, Dieter Itzerott, Hermann Jacobs, Heinz Kessler, Herrmann Leihkauf, Michael Opperskalski). Hannover 2009. Publicado por “Asociación para la promoción del periodismo democrático” (solo en alemán)

Der kalte Krieg gegen die DDR von seinen Anfängen bis 1961 (La Guerra Fría contra la RDA desde sus inicios hasta 1961). Hans Teller, Akademie Verlag, Berlin, 1979 (solo en alemán)

Die Grenzen der DDR, Geschichte, Fakten, Hintergründe (Las fronteras de la RDA, Historia, hechos, antecedentes, -solo en alemán-). Klaus Dieter Baumgarten, Peter Freitag y otros. ED. Das Neue Berlin, 448 pags. 2004

Headquarters Germany. Die USA-Geheimdienste in Deutschland de Klaus Eichner, Andreas Dobbert; Verlag: Berlin : Ed. Ost,, 2008, 382 pags.

Tod an der Grenze – ein tragisches Kapitel deutscher Geschichte, Horst Liebig – IMAFF™-Taikunedo® Publishing Company Amsterdam, 2017;582 páginas

Unbequeme Zeitzeugen – Eichner, Klaus (Colaborador), Grimmer, Reinhard (Editor); Berlín: Verl. Am Park, 2014; 485 págs.

https://www.washingtonpost.com/outlook/in-cold-war-berlin-the-americans-had-a-tunnel-but-the-soviets-had-a-mole/2019/11/08/d7fa0328-b714-11e9-a091-6a96e67d9cce_story.html

La guerra de Occidente contra la RDA (2): protección, ascenso y rehabilitación de terroristas en Alemania Federal

 

 

 

ERNST BENDA: DE TERRORISTA A PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DE LA RFA

El más destacado de los miembros del grupo terrorista KgU (“Grupo de Combate contra la Inhumanidad”) que actuó contra la RDA fue Ernst Benda, no tanto por sus actividades criminales como por su proyección política posterior, ya que tuvo una meteórica carrera en la Administración pública alemana occidental, llegando no solo a Ministro del Interior, sino incluso a la más alta representación en la judicatura de la República Federal Alemana (RFA) como Presidente del Tribunal Constitucional del país.

Benda fue miembro co-fundador del KgU, en 1948, junto a otros dos fervientes anticomunistas: Rainer Hildebrandt y Günther Birkenfeld. Los tres figuran en los libros de historia y en la Wikipedia como “luchadores de la resistencia anticomunista”. A Benda, sin embargo, en la biografía personal que figura en la enciclopedia virtual, han preferido ocultar su liderazgo en el KgU, tal vez para no manchar su “brillante expediente” como alto representante de la magistratura de la RFA.

Durante su juventud, Benda perteneció a las Juventudes Hitlerianas. En 1943 fue reclutado por la Armada, donde fue empleado como operador de radio en la división Schnellbootlehr de Noruega hasta 1945, siendo ascendido al rango de Obergefreiten (Cabo) en la Wehrmacht. Benda, que se encontraba en el sector soviético tras el final de la guerra, inició su formación académica estudiando Derecho en la Universidad Humboldt de Berlín (Este), pero rápidamente entró en conflicto con las autoridades soviéticas, debido a su actitud hostil contra el comunismo.

En la primavera de 1948, Benda abandona Berlín (Este) y se traslada a la Universidad de Wisconsin Madison, en los Estados Unidos, donde será reclutado por la CIA, quien le ordenará fundar la organización terrorista KgU. Más tarde, Benda se integra en la Universidad Libre de Berlín, el buque insignia académico de todos los anticomunistas y ex nazis de Berlín Occidental. Desde aquí, Benda coordinará, junto a la CIA y la Organización Gehlen, los actos de sabotaje y terrorismo contra la RDA.

Una vez disuelta la KgU a finales de los años 50, Benda empezará su exitosa carrera política. Será nombrado en 1967 Secretario de Estado de Interior y su jefe será otro nazi, el ex oficial de la Wehrmacht, Paul Lücke, quien había sido Ministro de la Vivienda con el canciller Konrad Adenauer y durante cuyo mandato sentó las bases legales para implantar un aumento desorbitado en los precios de los alquileres de las viviendas.

Un año más tarde, en 1968, Benda se convierte en Ministro del Interior por el partido conservador CDU (el refugio político de los ex nazis junto a los liberales del FDP), bajo el gabinete del canciller Georg Kiesinger, para no variar, otro antiguo nazi que recibió el famoso bofetón histórico de la activista cazanazis Beate Klarsfeld.

De todos los altos funcionarios que constituían el departamento de Interior de la RFA, en los años 60, alrededor del 54% habían sido miembros del Partido Nazi, la Gestapo o las SS. El Ministro Federal del Interior era a su vez el jefe directo del Ejército alemán (Bundeswehr) y del BND (el espionaje del Servicio Federal de Inteligencia, también integrado por numerosos criminales de guerra nazis que habían actuado en el frente oriental).

Siendo titular de Interior, Benda ordenó medidas de vigilancia masiva sobre la población a través de la “Ley de Restricción del Secreto de Correspondencia y Telecomunicaciones”. Gracias a esta ley, los servicios de espionaje de la RFA, el BND, y EEUU, la CIA, abrieron e intervinieron millones de paquetes, cartas y llamadas telefónicas dirigidas al Este socialista de Europa, en particular hacia la RDA (la que había liado la “Stasi”).

En el libro de Josef FoschepothÜberwachtes Deutschland, se documenta todo lo anterior, y el autor demuestra, con datos y hechos, que la vigilancia sobre los ciudadanos en la RFA fue muy superior a la de la RDA (teniendo en cuenta que este último país fue objeto, reiteradamente y durante cuarenta años, de acoso y derribo por su vecino, la RFA, y varios países occidentales, por lo que tenía motivos suficientes para desarrollar un sistema avanzado de vigilancia)

Ya en 1971, Benda, el antiguo terrorista del KgU, se desempeñó como Presidente del Tribunal Constitucional alemán federal durante doce años, hasta 1983, siendo galardonado, durante todo ese tiempo, con medallas y órdenes al “Mérito” de la RFA. Benda pasó de ser un ex nazi y terrorista a miembro destacado de la élite política y judicial de Alemania Occidental…¿Qué podría salir mal en la RFA?

 

LOS EJECUTANTES DE LOS CRÍMENES CONTRA LA RDA

Benda fue uno de los ideólogos del KgU que actuó a las órdenes de la contrainteligencia de EEUU, pero los ejecutantes de las acciones de sabotaje y terrorismo contra la RDA fueron sus otros compañeros de “lucha”. Vamos a citar a algunos de ellos.

Gerhard Benkowitz (otro “resistente” contra el “régimen” de la RDA, según la Wikipedia alemana) fue un activo agente terrorista del KgU. La fracasada demolición de la presa de Saale en Schleitz fue preparada al detalle por él.

No solo el suministro de energía para diez distritos habría sido destruido, sino que el maremoto subsiguiente debería haber arrasado ciudades y pueblos en el valle de Saale y toda la vida existente en ellos. Benkowitz fue capturado en Weimar por el Ministerio para la Seguridad del Estado, el MfS (la “Stasi”), en 1955, condenado a muerte y ejecutado el 29 de junio de ese mismo año.

Wolfgang Kaiser, otro miembro del KgU, también fue condenado y ejecutado en 1951. Se probó que Kaiser estaba en posesión de tóxicos en alto porcentaje (cantaridina), artefactos incendiarios y explosivos. La cantaridina que iba a ser diseminada por la KgU estaba destinada a envenenar a la población. También se utilizaría como arma química contra las tropas soviéticas en caso de guerra.

El 29 de febrero de 1952, en el puente ferroviario de Berlín Spindlersfeld, agentes del Ministerio de Seguridad del Estado de la RDA descubrieron a una persona sospechosa que había invadido la noche anterior el área del puente con una caja de explosivos de 30 kilogramos ya conectada a la vía férrea. El criminal que fue capturado y poco después condenado y ejecutado, Johann Burianek, resultó ser un agente del KgU.

Burianek también confesó haber sido el planificador del sabotaje a perpetrar contra el Festival de los Estudiantes y la Juventud de 1957. Miles de jóvenes de todo el mundo visitaron la capital de la RDA, Berlín Este, para participar en el Festival y Burianek encargó a la sede de KgU de Berlín Occidental que provocara incidentes en dicho Festival, siendo él mismo el que llevaría dispositivos incendiarios para hacerlos estallar en dicho festival.

El blanqueo sobre este siniestro personaje (Burianek) no pudo alcanzar mayores cotas de desvergüenza en la revanchista Alemania unificada cuando un tribunal de distrito de Berlín, en una decisión sin precedentes, rehabilitó a Burianek en 2005 por iniciativa del llamado Grupo de trabajo 13 de agosto, una organización fascista de supuestos “represaliados” de la RDA, basándose en la “arbitrariedad” de un “grave incumplimiento de regulaciones penales elementales” de la RDA.

A raíz de la rehabilitación de Burianek, Wolfgang Schmidt, ex coronel del MfS de la RDA, le describió en su sitio de Internet como un “bandido” y como el “líder de una organización terrorista”, por lo que fue denunciado por uno de los personajes más repugnantes de Alemania: el propagador de odio fascista contra la RDA, Hubertus Knabe, ex director del Museo-farsa sobre la “Stasi”, quien interpuso una querella y la ganó, teniendo que pagar Schmidt 1.200 euros de multa.

Dos asesinatos en trenes de pasajeros, donde hubo heridos graves, se atribuyeron al terrorista Albrecht Gessler, especialista en explosivos y armas del KgU, quien utilizó minas de presión procedentes de las reservas del ejército nazi de Hitler, mientras que Heinz Woithe, otro miembro del KgU, destruyó 12 depósitos con medicinas y sacrificó cuantiosas reses de ganado en un mes mediante incendios provocados.

Otro malhechor del KgU que vivía en Leipzig, de profesión veterinario, Walter Schöbe, continuó sin escrúpulos la ominosa tradición de los experimentos de la química IG Farben y los médicos nazis de los campos de concentración. Este criminal fue condenado tan sólo a quince años de cárcel y liberado a los diez. Nunca se arrepintió de sus acciones.

El Servicio Federal de Inteligencia de Alemania Occidental (el BND) reclutó para las operaciones subversivas contra la RDA a individuos con pasado criminal nazi como Hans-Joachim Koch (el BND estaba lleno de ellos).  Koch había pertenecido a las SS con el rango de Unterscharrführer (Subteniente) y había sido entrenado en Berlín Occidental como agente de radio. Koch, estuvo estado involucrado en crímenes de guerra en Francia, Grecia y la Unión Soviética.

No sólo el MfS se dedicó a perseguir terroristas de la RFA sino incluso de otros países del Pacto de Varsovia, como fue el caso del polaco Benedict Schuminski quien pretendía regresar a su tierra natal, a la que había traicionado como criminal en 1953, después de haber ejercido como espía estadounidense. Schuminski había completado un curso en la escuela de espionaje de la CIA, en el centro de subversión anticomunista de “Camp King” alemán de Oberursel, y sus instructores le habían equipado adecuadamente para atravesar el río Oder.

Otro de los ataques menos conocidos a la soberanía de la RDA, fue el reclutamiento de trabajadores cualificados del país por parte de grupos de traficantes procedentes de la RFA que actuaban como organización criminal y utilizaban una red de sobornos. En particular, esta actividad iba dirigida hacia sectores sensibles, como la atención sanitaria, de modo que repercutiera en la población de la RDA y así provocar el descontento de los trabajadores y campesinos.

Todos los criminales anteriores operaban impunemente porque existía una frontera abierta antes de la construcción en 1961 del “Muro”. Dicha frontera con Berlín Occidental tenía 42,5 kilómetros de largo, con 81 cruces de carreteras y 13 km en el metro de S-Bahn que se utilizaron a diario por Alemania Occidental para imponer una guerra de varios frentes contra la RDA hasta 1961.

A través de todos esos puntos, el KgU, los agentes y los espías de Occidente se movieron sin problemas de un lado a otro de Berlín para realizar, al margen de los estragos cometidos contra infraestructuras de la RDA, operaciones subversivas de tráfico organizado y diversos tipos de agresión económica, como la especulación monetaria y de productos básicos a gran escala.

Estos malhechores robaron anualmente 3.500 millones de marcos de riqueza nacional de la RDA, lo que ocasionaba un daño irreparable tanto a la economía de la RDA como el hecho de que constituía un factor de desestabilización política del país.

Todas las operaciones de violencia organizada, bandidaje y terrorismo, incluidas las revueltas de junio de 1953, y el entrenamiento de grupos subversivos fueron planificadas desde el cuartel general del servicio federal de inteligencia de la RFA, el BND, en su sede de Pullach, cerca de Munich, a cuyo frente estaba el ex general nazi de confianza de Hitler, Reinhard Gehlen, criminal de guerra rehabilitado por los norteamericanos y el gobierno Adenauer. Todo ello se hizo con el conocimiento de las autoridades de Berlín Oeste y Bonn.

 

 

ESTE ARTÍCULO SE PUEDE REPRODUCIR POR CUALQUIER MEDIO, SIEMPRE QUE SE CITE LA FUENTE ORIGINAL (BERLÍN CONFIDENCIAL) TAL COMO ESTABLECE LA LICENCIA CREATIVE COMMONS. DE LO CONTRARIO QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN

 

FUENTES:

William Blum, Killing Hope, Capítulo 9 (inglés)

https://sascha313.wordpress.com/2019/11/05/an-einem-tag-im-september-geheime-planungen-fuer-den-tag-x/

https://dietrommlerarchiv.wordpress.com/2015/08/04/die-massnahmen-der-ddr-am-13-august-1961/

https://en.wikipedia.org/wiki/Kampfgruppe_gegen_Unmenschlichkeit

Terrorismo contra la RDA: Ernst Benda y el Grupo de Combate contra la Inhumanidad

https://antilobby.wordpress.com/ostdeutschland/gleichnisse/unrechsstaat-ddr/der-rechtsstaat-brd/terrorismus-gegen-die-ddr/

Unter feuer. Die Konterrevolutionen in DDR (Erich Buchholz, Klaus Eichner, Klaus Hesse, Kurt Gossweiler, Dieter Itzerott, Hermann Jacobs, Heinz Kessler, Herrmann Leihkauf, Michael Opperskalski). Hannover 2009. Publicado por “Asociación para la promoción del periodismo democrático” (solo en alemán)

Der kalte Krieg gegen die DDR von seinen Anfängen bis 1961 (La Guerra Fría contra la RDA desde sus inicios hasta 1961). Hans Teller, Akademie Verlag, Berlin, 1979 (solo en alemán)

La guerra de Occidente contra la RDA (1). La subversión terrorista organizada por EEUU y Alemania Federal

 

 

El intento persistente y malintencionado de Occidente de reinterpretar la historia de la República Democrática Alemana (RDA), en su contexto internacional, y difamar su política de seguridad solo puede estar condenado al fracaso, especialmente si oponemos con vehemencia la verdad sobre la base de hechos históricos. Aquí vamos a ir desarrollando algunos de esos hechos que confrontan radicalmente las falsedades difundidas masivamente durante las últimas décadas por historiadores y oligarquías mediáticas que sirven a los intereses de la guerra sucia capitalista.

Los pioneros del anticomunismo ocultan diligentemente las causas reales de las medidas de seguridad fronteriza de la RDA e hipócrita y demagógicamente solo cuentan sus consecuencias y eventos trágicos (víctimas del “Muro”). No dicen una sola palabra sobre los antecedentes políticos y las actividades subversivas controladas por agencias occidentales y organizadas por varios servicios secretos que fueron decisivamente responsables a la hora de sellar la frontera estatal de la RDA (no solo el “Muro”).

Terminada la II Guerra mundial en 1945 y tras la división de Berlín en cuatro sectores, uno soviético y el resto de EEUU, Reino Unido y Francia, Berlín Occidental pasó a convertirse, dentro del propio territorio de la RDA, en el mayor portaaviones de espionaje del mundo con más de 80 agencias de inteligencia occidentales dispuestas a planificar sabotajes, provocaciones, actos terroristas e intentos de golpes de Estado contra la RDA y, por extensión, desencadenar el debilitamiento del Pacto de Varsovia.

Solo en Berlín Occidental, desde 1945, había 117 organizaciones militares alemanas, la mayoría compuestas por antiguos oficiales nazis de la Wehrmacht y las SS, como el “Stahlhelm”, el “Kyffhäuser-Bund”, la “Asociación de Soldados Alemanes”, el “Bund Deutscher Fallschirmjäger” y diversas asociaciones de artilleros. Ex miembros de las SS hitlerianas seguían estando muy activos en Berlín Oeste.

Antes de la construcción del “Muro” antifascista de Berlín, EEUU llevó a cabo el entrenamiento y financiación de grupos criminales compuestos por ex nazis para perpetrar atentados y sabotajes en el interior de la RDA, aprovechando que no había restricciones fronterizas hacia Berlín Este. La relación de actos criminales de la República Federal Alemana (RFA) y EEUU contra la RDA permanecen totalmente ocultos en los libros de historia pero fueron documentados minuciosamente por los órganos de seguridad del Estado de la RDA.

No fue hasta mucho después que se supo que todos esos grupos, capacitados militarmente por Occidente, formaban parte de un complejo entramado de organizaciones “stay behind” (retaguardia) de la conocida red Gladio que diseñaron la CIA, el BND (inteligencia de la RFA) y la OTAN, y que incluso algunas operaban en el territorio de la RDA o desde Berlín Occidental.

La fotografía que se muestra como ilustración para esta entrada es un ejemplo de ello. Es del 5 de enero de 1951. Oficiales norteamericanos y alemanes están entrenando en Berlín Occidental mercenarios para la “guerra contra la RDA” en el ‘Cuartel Roosevelt’ de Berlín-Lichterfelde, Gardeschützenweg (sector estadounidense). La imagen fue captada por la agencia Illus Bilderdienst de la RDA.

Los criminales de guerra nazis buscaron su salvación en Occidente y muchos ciudadanos de la zona de ocupación soviética trasladaron su residencia a Alemania Occidental ya que no encajaban con el desarrollo sociopolítico en el Este. Se trataba, fundamentalmente, de propietarios individuales y corporativos, expropiados y otras fuerzas reaccionarias que organizaron sistemáticamente el robo de materias primas y maquinaria valiosa para llevarla a la zona occidental de Alemania, con la ayuda de EEUU. Esta actividad ilegal se benefició del hecho de que la línea de demarcación, la frontera con las zonas occidentales y Berlín Occidental, constituía una frontera abierta.

Salvo algunas barreras improvisadas y trincheras elevadas, que eran fáciles de sortear, no había un sistema de seguridad tan denso en esta línea que proporcionara un control y protección completos de la frontera. Desde junio de 1948 hasta julio de 1949, soldados soviéticos y policías alemanes de la frontera (de la futura RDA) arrestaron a 214 personas sospechosas de espionaje y sabotaje, así como a 2.418 criminales y confiscaron decenas de toneladas de alimentos y bienes industriales valiosos.

Desde el principio, Alemania Federal, que había sido fundada en mayo de 1949, en violación de los acuerdos de Potsdam, se conjuró para liquidar a cualquier precio el segundo estado alemán, la RDA, creado el 7 de octubre de ese año en respuesta a la provocación alemana occidental. El KgU (Kampfgruppe gegen Unmenschlichkeit o Grupo de Combate contra la Inhumanidad), fue la banda terrorista más activa que se creó Berlín Oeste en 1949 para actuar contra la RDA. El KgU recibió mensualmente 220.000 Marcos de la RFA, 1.000.000 de marcos en moneda de la RDA.

Igualmente, el llamado Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud, fue la contracubierta terrorista del KgU. El “Servicio Técnico” estaba compuesto por al menos 2.000 mercenarios, ex oficiales de la Luftwaffe, la Wehmacht y las SS. Sus integrantes recibieron, durante más de un año, y en pequeños grupos, entrenamiento en una base militar de Estados Unidos en Alemania, adiestrándolos en el manejo de armas y explosivos, así como en “instrucción política”.

El Ministro federal para el Estado de Hesse (RFA), el socialdemócrata Georg August Zinn, en 1952, tras descubrirse la organización y los objetivos del “Servicio Técnico” (que incluía una lista negra de políticos de la RFA potencialmente “asesinables”), ordenó la disolución y detención de sus miembros.

Según la manipulable Wikipedia, el KgU se formó con el objetivo de “interrumpir la actividad comunista en la RDA”. Supongo que esta “apreciación” tan “sui generis” fue hecha por algún simpatizante del III Reich. Para “detener el comunismo en la RDA” se utilizó, del mismo modo, la muy influyente estación de radio norteamericana RIAS (Rundfunk im amerikanischen Sektor), como instrumento de guerra psicológica (se instaba a los ciudadanos de la RDA a abandonar el país). Ambos, fueron la puesta a punto de la ofensiva subversiva de Occidente contra la RDA y sus incipientes logros.

Las agencias militares de inteligencia de EEUU, el CIC (Counterintelligence Corps) y el MID (Military Intelligency Division) más la conocida Fundación Ford (una de las fuentes de financiación del feminismo norteamericano y el movimiento LGBTI) fueron las encargadas de ayudar económicamente al KgU para la práctica de sus actividades criminales. Gracias al exitoso trabajo de las fuerzas de seguridad de la RDA (el MfS-“Stasi”) se logró divulgar la misión del KgU y sus prácticas y, lo que es más importante, frustrar muchas de las acciones terroristas que tenían planificadas.

La relación de actos de sabotaje y terrorismo contra la RDA comenzaron nada más constituirse como estado, especialmente en los primeros años de la década de 1950. En 1949, en un momento en que el hambre todavía era omnipresente en todas partes de Alemania, se enviaban trenes enteros con alimentos perecederos hacia la RDA y luego llegaban a la estación de destino con la carga deteriorada. No se puede medir la cantidad de vidas que esto costó a una población hambrienta.

En septiembre de 1951, comenzó la cadena de arrestos en la RDA contra el KgU. Alrededor de 200 miembros de esta organización criminal fueron condenados por espionaje al servicio de la CIA. Diez de ellos habían abandonado la RDA y estaban vinculados a la Universidad Libre de Berlín (Oeste), fundada en 1948 por estudiantes y profesores anticomunistas, muchos de ellos ex nazis .

Del 4 al 8 de septiembre de 1951, el KgU utilizó la táctica de los incendios para cometer sus actos delictivos, como ocurrió en los grandes almacenes de Leipzig donde se utilizaron ampollas de fósforo, incluso en horario de apertura. Muchos de los incendios fueron descubiertos y se apagaron a tiempo.

Un informe capturado al KgU, sobre el intento de quema de un kiosco, decía lo siguiente: “El 22/9/51 alrededor de las 9:00 a.m, el quiosco de periódicos situado entre Bernauerstrasse y Brunnenstrasse detrás del retén de la zona este […] fue incendiado arrojando una ampolla de fósforo. Lamentablemente, el quiosco no se quemó por completo, ya que los bomberos llegaron después de unos 10 minutos con 2 coches. El motivo del ataque: el propietario era “un bolchevique convencido”.

A finales de noviembre de 1951, los tribunales militares soviéticos impusieron la pena de muerte a varios agentes terroristas en 42 juicios secretos y los restantes acusados fueron condenados a entre diez y 25 años en el campo. Las condenas a muerte se llevaron a cabo en Moscú. La captura masiva de terroristas provenientes de Alemania Federal y su posterior ejecución no disuadió a Occidente de persistir en sus actos criminales contra la RDA, a través de la organización KgU.

En mayo de 1952, se planeó volar un puente ferroviario sobre la autopista cerca de Erkner, en Spindlersfeld. Este ataque tenía como objetivo un tren expreso que circulaba en la ruta Berlín-Moscú, que era utilizado por personal militar soviético. Los explosivos fueron entregados al KgU y su origen provenía, con toda seguridad, de los destacamentos militares norteamericanos en Berlín Occidental, a través de la CIA. Fue impedido por miembros de la Volkspolizei de la RDA.

La seguridad del Estado de la RDA (la “malvada” Stasi) descubrió que el KgU, a mediados de diciembre de 1952, también tenía la intención de paralizar la red eléctrica de la RDA mediante la explosión de torres de alta tensión. Obviamente, a los terroristas no les importaba cuántas personas podrían haber muerto congeladas debido a las bajas temperaturas. Otros intentos de atentado terrorista de la época fueron la central eléctrica de Berlín Klingenberg y la prensa de forja de 3.000 toneladas de la fábrica Ernst Thälmann, de Magdeburgo. Ambos sabotajes fueron detenidos a tiempo.

Los actos terroristas fallidos o ejecutados contra la RDA también los detalla el ex funcionario del Departamento de Estado de EEUU, William Blum (1933-2018), en su excelente libro Killing Hope (Matar la esperanza), Alemania años 50, capítulo 8, que resumo brevemente ”los actos criminales iban desde la utilización de explosivos para dañar centrales eléctricas, edificios públicos, astilleros, transporte público o puentes hasta quemar fábricas de azulejos, utilizar venenos como la cantaridina, envenenar animales en cooperativas lácteas (mataron a 7 mil vacas) o añadir jabón a leche en polvo destinada a las escuelas infantiles de la RDA”.

En el matadero de Leipzig, por ejemplo, se frustró lo que debería haber sido uno de los crímenes más espantosos del KgU. Superando el envenenamiento medieval de los Medici y anticipándose a la guerra tóxica estadounidense contra mujeres y niños en Corea y Vietnam, el servicio secreto de los Estados Unidos, el CIC, envenenó ingentes cantidades de carne que estaban destinadas a matar a miles de personas de la ciudad de Leipzig. Pero el culpable pudo ser atrapado y el asesinato en masa ya preparado pudo prevenirse a tiempo.

Otras técnicas empleadas por los terroristas del KgU incluyeron la redacción de falsas instrucciones gubernamentales, operaciones bancarias simuladas y tarjetas de alimentos falsificadas, sin ningún éxito notable ya que fueron abortadas a tiempo por la seguridad del Estado, el MfS-Stasi. Mientras tanto, los preparativos de las organizaciones de inteligencia occidentales y sus agentes diseñaban la guerra radioeléctrica intentando cubrir toda la RDA con una red de radio para facilitar y dirigir las operaciones de ataque contra el Estado socialista.

Una directiva del Partido socialista unificado de la RDA, el SED, de 30 de noviembre de 1956 estableció que la Policía de Fronteras de la RDA (Grenztruppen) tenía la misión de realizar dos tareas: “garantizar la seguridad de la frontera en situaciones convencionales y estar preparados para realizar operaciones de combate en defensa de la frontera estatal”.

La Policía Federal de Fronteras, la Policía de Fronteras de Baviera, el Servicio de Aduanas de Fronteras y la policía de Berlín Occidental a menudo brindaron apoyo adicional (a las agencias de inteligencia) a quienes pusieran a prueba la estabilidad de la frontera estatal de la RDA.

Tres años antes de la construcción del “Muro” (1961) se incrementaron notablemente las actividades criminales de Occidente contra el Estado socialista alemán. Veamos algunos datos reveladores, antes de entrar (en la siguiente entrada) con los nombres y apellidos:

  • En 1958, se cometieron hasta 804 provocaciones contra la frontera de la RDA y sus órganos de seguridad desde el territorio de la RFA.
  • Para 1959, ya había se habían contabilizado 1.425 casos en los primeros tres trimestres. Entre ellos se encontraba la grave provocación del 21 de agosto de 1959, cuando fuerzas motorizadas de la Policía Federal de Fronteras (BGS, Bundesgrenzschutz) en Klettenberg invadieron el territorio de la RDA y destruyeron los sistemas de seguridad fronteriza.
  • El 12 de marzo de 1960, dos oficiales de aduanas occidentales prendieron fuego a la frontera cerca de Ahrenshausen, distrito de Heiligenstadt, destruyendo las marcas fronterizas.
  • El 17 de marzo de 1960, miembros de la BGS desplegados en Zugstärke en el área cerca de Salzwedel amenazaron con disparar a una patrulla fronteriza en la RDA.
  • El 19 de marzo de 1960, miembros de la policía fronteriza de la RDA, en Oschersleben, fueron disparados desde la RFA.
  • El 22 de marzo de 1960, el barco de aduanas “Lave” de la RFA, en el km. 491 del río Elba, trató de embestir a un barco de la policía fronteriza de la RDA.
  • El 23 de marzo de 1960 varios miembros de la BGS, en la sección del puente de en Schoenberg, dispararon desde un jeep con una ametralladora en dirección a la frontera estatal de la RDA.
  • En 1960, hubo más de 500 provocaciones, solo en el primer trimestre.

 

En una reunión de comandantes de las tropas fronterizas el 20 de noviembre de 1964, el ministro de Defensa Nacional de la RDA, general del ejército Heinz Hoffmann, habló sobre la situación político-militar tras la construcción de la barrera defensiva de Berlín.

“Es novedoso para nosotros el comprobar que hay una forma de guerra que se encuentra entre el límite superior de la Guerra Fría y el límite inferior de la guerra convencional, cuyo objetivo principal es la infiltración de comandos en el interior del país para crear bandas de delincuentes entre la población, formar grupos de subversión y propagar el pánico mediante ataques con explosivos a puestos de mando, enlaces de comunicaciones, etc. “

Por tanto, se ordenó a las tropas fronterizas la exigencia inequívoca de que “liquiden todas las acciones de combate encubierto en el área fronteriza y en provocaciones militares o agresiones para garantizar la inviolabilidad de la frontera estatal de la RDA”.

La pregunta es ¿dónde están los archivos que obraban en poder de la Seguridad del Estado de la RDA, que incriminaban a Occidente y sus agencias de inteligencia en todas las anteriores actividades delictivas, y que no salieron a la luz tras la anexión de la RDA por la RFA?  La respuesta no es tan difícil de encontrarla: por una parte, Occidente tenía que ocultar sus crímenes de guerra encubierta contra la RDA y, por otra, había que construir un relato convincente, fuertemente ideologizado y anticomunista, utilizando técnicas de propaganda y falsedades sobre el justificado espionaje de la “Stasi”, con el fin de borrar de la memoria histórica los logros de la RDA.

Toda la información comprometedora para las agencias de inteligencia occidentales se trasladó a EEUU y sus huellas fueron desdibujadas, mientras que el resto permanece censurado (o ha desaparecido) y está en manos de las autoridades del BstU, el comisionado alemán encargado de  gestionar los archivos de la “Stasi”. Los únicos archivos que permanecen abiertos selectivamente son los que tratan del nunca probado “espionaje masivo” de la “Stasi” a sus ciudadanos”. ¿Para cuándo la apertura de los archivos del BND y la exposición de sus múltiples delitos?

En todos los 40 años de existencia de la línea de demarcación y la frontera estatal de la RDA con la RFA (especialmente hasta la construcción del “Muro de Berlín”, en el año 1961), hubo miles de provocaciones, ataques, violaciones fronterizas e invasiones desde el lado occidental, ya fuese desde la RFA o desde Berlín Occidental, incluida la línea de comunicaciones BASA y un túnel con una compleja red de transmisiones (de estos dos hechos se hablará en la tercera parte)

¿Qué país podría soportar todo esto sin defenderse con todos los medios posibles a su alcance, incluido el crear un contundente aparato de vigilancia y construir una frontera militarizada, como fue el caso del mal llamado “Muro de Berlín”?

 

 

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FUENTES:

 

William Blum, Killing Hope, Alemania años 50, Capítulo 8 (inglés)

El último 1º de Mayo multitudinario en Alemania Oriental: ¿Por qué se hundió la RDA seis meses después? (2)

https://berlinconfidencial.com/2015/08/01/el-ultimo-1o-de-mayo-multitudinario-en-alemania-oriental-por-que-se-hundio-la-rda-seis-meses-despues-2/

https://sascha313.wordpress.com/2019/11/05/an-einem-tag-im-september-geheime-planungen-fuer-den-tag-x/

https://dietrommlerarchiv.wordpress.com/2015/08/04/die-massnahmen-der-ddr-am-13-august-1961/

Unter feuer. Die Konterrevolutionen in DDR (Erich Buchholz, Klaus Eichner, Klaus Hesse, Kurt Gossweiler, Dieter Itzerott, Hermann Jacobs, Heinz Kessler, Herrmann Leihkauf, Michael Opperskalski). Hannover 2009. Publicado por “Asociación para la promoción del periodismo democrático” (solo en alemán)

Der kalte Krieg gegen die DDR von seinen Anfängen bis 1961 (La Guerra Fría contra la RDA desde sus inicios hasta 1961). Hans Teller, Akademie Verlag, Berlin, 1979 (solo en alemán)

Kalter Krieg gegen die DDR, Wie ihn die BRD entfesselte, führte, Prof. Georg Grasnick

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (3)

 

 

LA DEMOLICIÓN DEL GRAN SALTO ADELANTE POR EL RÉGIMEN DE DENG XIAO PING

 

Ball afirma que “el liderazgo chino comenzó su ataque contra el Gran Salto Adelante en 1979. Deng movilizó a los suyos contra los partidarios de Mao y ordenó a la prensa oficial que los atacara. Esto tomó la forma de una campaña ideológica contra el “ultraizquierdismo”. La razón de este vilipendio sobre el Gran Salto Adelante, dice Ball, “tuvo mucho que ver con las luchas de poder posteriores a Mao y la lucha para revertir las políticas socialistas de 1949-76”

El partido comunista chino de Deng hizo todo lo posible para promover la idea de que el Gran Salto Adelante fue una catástrofe causada por las políticas ultraizquierdistas de Mao. El mariscal Ye Jian Ying, en un discurso de 1979, habló de los desastres causados por el Gran Salto Adelante. En 1981, el Partido Comunista Chino habló de “graves pérdidas para nuestro país y su pueblo entre 1959 y 1961”. Los académicos se unieron en el ataque.

En 1981, el profesor Liu Zeng, director del Instituto de Investigación de la Población de la Universidad Popular, dio cifras seleccionadas de tasas de mortalidad para 1954-78. Estas cifras se dieron en una reunión académica pública que llamó mucho la atención en Occidente. Las cifras que dio para 1958-1961 indicaron que se habían producido 16,5 millones de muertes en este período. Al mismo tiempo, Sun Yefang, un destacado economista chino, llamó la atención públicamente sobre estas cifras al afirmar que “se pagó un alto precio en sangre” por los errores del Gran Salto Adelante.

Deng quería revertir prácticamente todos los logros positivos de Mao en nombre de la introducción de un “pseudocapitalismo”, o “socialismo con características chinas”, como lo describió. Atacar el Gran Salto Adelante ayudó a proporcionar la justificación ideológica para revertir las políticas “izquierdistas” de Mao. Deng disolvió las comunas agrícolas a principios de la década de 1980.

En los años posteriores al Gran Salto Adelante, las comunas habían comenzado a proporcionar servicios de asistencia social, como atención médica gratuita y educación. La ruptura de la Comuna por el régimen de Deng significó la liquidación de esos servicios. En un artículo sobre el Gran Salto Adelante, Han Dongping, profesor asistente en el Warren Wilson College (Carolina del Norte, EEUU) escribió un artículo en el periódico chino The World Journal, con sede en Nueva York, hablando, casi en tono humorístico, sobre cómo un agricultor de la provincia de Henan, que no pudo pagar sus facturas médicas para obtener un tratamiento sobre su afección de testículos, torturado por el dolor, se los cortó con un cuchillo y casi se suicida. “Este tipo de incidente, señala Ball, es el verdadero legado de las “reformas” de Deng en el campo”.

Según Ball, “para que prevaleciera la línea de Deng, necesitaba probar no solo que las muertes masivas ocurrieron entre 1959 y 1961, sino también que fueron principalmente el resultado de errores de política. Después del Gran Salto Adelante, la línea oficial del gobierno chino sobre la hambruna fue que el 70% fue debida a desastres naturales y el 30% debida a errores humanos. Este veredicto fue revocado por el régimen de Deng Xiaoping”

En la década de 1980 los porcentajes señalados se atribuyeron a la inversa. Pero como dice con buen criterio Ball, si eso hubiera ocurrido (que la supuesta hambruna hubiera ocasionado millones de muertes debido a errores políticos del gobierno chino) “los campesinos se hubieran dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, la evidencia es que no culparon a Mao por la mayoría de los problemas que ocurrieron durante el Gran Salto Adelante”

El profesor Han Dongping viajó a Shandong y Henan, donde aparecieron las peores condiciones de hambruna en los años 1959-1961, y descubrió que la mayoría de los agricultores a los que encuestó estaban a favor de la primera interpretación de los eventos (atribuir a causas climáticas las adversidades que padecieron). Es decir, no creían que Mao fuera el principal culpable de los problemas que sufrieron durante el Gran Salto Adelante.

Esto no quiere decir que no ocurrieran errores trágicos. Los matices, a este respecto, son muy importantes y los describe Ball: “Dongping escribió sobre la forma de introducir la alimentación comunitaria en las comunas rurales. Para empezar, esta era una política muy popular entre los campesinos. De hecho, en 1958 muchos agricultores informan que nunca antes habían comido tan bien en sus vidas. El problema era que esta nueva abundancia aparente conducía al descuido en la cosecha y el consumo de alimentos. La gente parecía haber comenzado a suponer que el gobierno podía garantizar el suministro de alimentos y que ellos mismos no tenían la responsabilidad de la seguridad alimentaria”

Dado que China era un país muy pobre a finales de la década de 1950, este fue un error que seguramente condujo a serios problemas y el liderazgo comunista debería haber tomado medidas más rápidas para rectificarlo. Tres años de terribles desastres naturales empeoraron las cosas. La solidaridad entre los miembros de la comuna en las regiones más afectadas se desmoronó cuando los campesinos intentaron apoderarse de los cultivos antes de cosecharlos. Esta práctica empeoró lo que ya era de por sí una mala situación.

Sin embargo, debe enfatizarse que los propios agricultores no le dijeron a Han Dongping que los errores en la organización comunitaria fueron la principal causa de la hambruna que sufrieron. El mismo Han Dongping critica duramente a Mao por las consecuencias de sus políticas “apresuradas” durante el Gran Salto Adelante. Sin embargo, también escribe: “He entrevistado a numerosos trabajadores y agricultores en Shandong, Henan, y nunca conocí a un agricultor o trabajador que dijera que Mao era malo. También hablé con un erudito de Anhui [donde se dice que la hambruna fue más grave] que creció en las zonas rurales y había estado investigando en esa población y nunca conoció a un agricultor que dijera que Mao era malo, ni tampoco que Deng [Xiaoping] fuera bueno”.

Ball, no obstante, hace una serie de puntualizaciones que aclaran el supuesto “partidismo” de Han por Mao: “Se puede argumentar que la simpatía de Han Dongping, al menos parcial, hacia Mao podría haber influido en su interpretación de lo que escuchó de los campesinos. Sin embargo, también debe señalarse que dos de sus abuelos murieron de enfermedades relacionadas con el hambre durante el Gran Salto Adelante y Han Dongping a menudo parece más crítico de las políticas de Mao en este período que los campesinos que está entrevistando”.

 

DEMÓGRAFOS ESTADOUNIDENSES CONTRA EL GRAN SALTO ADELANTE. EL CABALLO DE TROYA DE LA HISTORIOGRAFÍA OCCIDENTAL PARA FALSEAR LOS “MILLONES DE MUERTOS” DE MAO

 

La relativa simpatía de los campesinos por Mao al recordar el Gran Salto Adelante debería cuestionar la evidencia demográfica que indica que decenas de millones de ellos murieron de hambre en aquel momento. Los académicos occidentales parecen unidos en la validez de esta ”prueba de oro” insistiendo en que toda la “evidencia disponible” indica que ocurrió una hambruna de grandes proporciones en este período.

De hecho, ciertamente, hay evidencia de varias fuentes de que ocurrió una hambruna en el período del Gran Salto Adelante, “pero la pregunta clave, señala Ball, es si fue una hambruna que mató a 30 millones de personas” (o más). Realmente esto no habría tenido precedentes. “Aunque estamos acostumbrados a leer titulares de periódicos como “decenas de millones se enfrentan al hambre en la hambruna africana”, es inaudito que decenas de millones de personas mueran realmente en una hambruna”, dice Ball.

“Es bastante engañoso, sugiere Ball, decir que todas las “pruebas disponibles” demuestran la validez de la tesis de muertes masivas. La auténtica verdad es que todas las estimaciones de decenas de millones de muertes del Gran Salto Adelante se basan en cifras de tasas de mortalidad de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Solo hay una corroboración muy incierta para estas cifras respecto de otras estadísticas para el período”.

Y es que hay dos problemas muy serios a la hora de abordar la demografía china. El primero de ellos es que las cifras de tasa de mortalidad para el período 1940-1982, como la mayoría de la información demográfica china, fueron consideradas secreto de Estado por el gobierno de China hasta principios de los años ochenta. En segundo lugar, ”la incertidumbre sobre cómo se reunieron estos datos demográficos socava gravemente su condición de evidencia concreta por los autores de los millones de muertos”, según Ball. Fue solo en 1982 que se publicaron las cifras de tasa de mortalidad de los años 50 y 60. Ball nos muestra la estadística (ver Tabla 1).

Supuestamente, los datos demográficos oficiales chinos mostraron que la tasa de mortalidad aumentó de 10,8 por mil en 1957 a 25,4 por mil en 1960, cayendo a 14,2 por mil en 1961 y 10 por mil en 1962. Estas cifras aparentes parecen mostrar aproximadamente 15 millones de muertes debido a la hambruna de 1958 -1961.

 

 

Así que sólo quedaba el trabajo de los demógrafos occidentales, no sólo para corroborar esas cifras sino incluso para aumentarlas en proporciones todavía más extraordinarias, en una suerte de calculada inquina anticomunista contra China. Los demógrafos estadounidenses Ansley Coale, John Aird y Judith Banister son las tres personas que primero popularizaron en Occidente la hipótesis del “número de millones muertos” por el Gran Salto Adelante.

  • Ansley Coale fue una figura muy influyente en la demografía estadounidense. Fue empleado por la Oficina de Investigación de Población, que fue financiada por la Fundación Rockefeller en la década de 1980 cuando publicaba su trabajo en China.
  • John Aird era especialista en investigación sobre China en la Oficina del Censo de los Estados Unidos. En 1990, escribió un libro publicado por el American Enterprise Institute, que es un organismo que promueve políticas neoliberales. Este libro se llamó La matanza de los inocentes y fue una crítica a la política de control de natalidad de un solo hijo de China.
  • Judith Banister era otra trabajadora de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Se le dio tiempo libre en su empleo para escribir un libro que incluía una discusión sobre las muertes del Gran Salto Adelante.

Precisamente, Banister llevó su particular “gran salto adelante” a la hora de cuantificar y aumentar al alza el número de muertos por el comunismo de Mao: llegó hasta 30 millones de muertes en el Gran Salto Adelante, que era casi el doble de la cifra indicada por las estadísticas oficiales chinas. Ella cree que las estadísticas oficiales subestiman la mortalidad total debido a la falta de notificación de muertes por parte de la población china durante el período en cuestión.

A pesar de ser un texto denso y que puede resultar farragoso, para no dejar espacio a la superficialidad de los datos es necesario saber qué clase de argumentos utilizaron los demógrafos estadounidenses, en particular, Banister, para sacarse de la manga los “30 millones de muertos” del Gran Salto Adelante. Ball lo explica a continuación:

Banister calcula el número total de muertes no reportadas en este período (Gran Salto Adelante) calculando primero el número total de nacimientos entre los dos censos de 1953 y 1964. Lo hace utilizando datos derivados del censo y datos de una encuesta de fertilidad retrospectiva realizada en 1982. (Se pidió a los participantes en la encuesta que describieran la cantidad de bebés que habían dado a luz entre 1940 y 1981).

Una vez que se conoce la población de 1953 y 1964, y se conoce el número total de nacimientos entre estos dos años, es posible calcular el número de muertes que habrían ocurrido durante este período. Ella usa esta información para calcular un número total de muertes durante el período de once años, que es mucho más alto que lo que muestran las tasas oficiales de mortalidad.

Para estimar cuántas de estas muertes ocurrieron en el Gran Salto Adelante, Banister regresa a las estadísticas oficiales de la tasa de mortalidad china. Ella supone que estas cifras indican la tendencia real de muertes en China en este período, a pesar de que fueron demasiado bajas en términos absolutos. Por ejemplo, ella supone que la tasa oficial de mortalidad de 25 por mil en 1960 sí indica que se produjo un gran aumento en la tasa de mortalidad en 1960.

Sin embargo, Banister combina esto con sus estimaciones de subdeclaración de muertes en el período 1953-1964 para llegar a una cifra de 45 muertes por mil en 1960. En años en los que no se alega hambruna, el número de muertes también aumenta con este método.

En 1957, por ejemplo, aumenta la tasa de mortalidad de la cifra oficial de 10,8 por mil a 18 por mil. Banister luego compara las tasas de mortalidad revisadas en años buenos con las tasas de mortalidad revisadas en presuntos años de hambruna. Banister, de este modo, puede llegar a su cifra estimado de 30 millones de muertes en exceso durante el Gran Salto Adelante.

En definitiva, lo que hace Banister es un ejercicio de inventiva encadenando suposiciones de aquí y de allá y amalgamándolas todas para llegar a un resultado que parezca creíble y, sobre todo, que sus datos “demuestren” que las estadísticas chinas no dicen del todo la verdad (que tampoco la decían -las de Deng-). Lo mismo sucede cuando se citan una variedad de figuras chinas para respaldar la tesis de que ocurrió una hambruna masiva. También se citan estadísticas que pretenden mostrar que Mao tuvo la culpa de esas muertes.

El problema de estos autores es que sus fuentes están en origen en una década, la de 1980, donde se desataron fuertes críticas hacia el Gran Salto Adelante y las Comunas del Pueblo por parte del régimen de Deng, quien trató de controlar dictatorialmente el flujo de información a su pueblo.

Ball denuncia las inconsistencias de los demógrafos americanos del siguiente modo: “el lector buscará en vano en el trabajo de Aird, Coale y Banister acerca de alguna indicación de por qué pueden afirmar con tanta seguridad cifras de decenas de millones de muertes en el Gran Salto Adelante basándose en datos oficiales de la tasa de mortalidad. Estos autores no saben cómo se recopilaron estas cifras y, especialmente en el caso de Banister, parecen tener poca fe en ellas.”

Es más, dice Ball que “algunos demógrafos han tratado de calcular las tasas de mortalidad infantil en China para proporcionar evidencia de la hipótesis del “número de muertes masivas”. Sin embargo, la evidencia que presentan tiende a enturbiar la imagen en lugar de proporcionar corroboración de la evidencia de las tasas de mortalidad”

Un cálculo de las muertes infantiles en China durante el Gran Salto Adelante apareció en un artículo de 1984 llamado Famine in China (“Hambruna en China”), de B. Ashton, K. Hill, A. Piazza y R. Zeitzque (en la revista Population and Development Review, volumen 10, nº 4) donde se aceptó la afirmación de Aird, Coale y Banister de que había producido un nivel masivo de muertes, en general, durante el Gran Salto Adelante. Pero en su caso los autores del artículo decidieron separar las muertes de niños y adultos en ese período. Fue otro intento baldío de hacer encaje de bolillos para que las cifras salieran como ellos pretendían, señalando un pico en la mortalidad infantil china en los años 1958-1959. A pesar de la aparente farragosidad de los datos y contradatos, es necesario detenerse en lo que sigue a continuación.

Como afirma Ball es difícil entender por qué habría habido una tasa de mortalidad infantil tan grande en 1958-59. Todos están de acuerdo en que 1958 fue un año de cosecha excelente, incluso si las cifras de producción de cereales fueron exageradas. Han Dongping, profesor asistente de ciencias políticas en el Warren Wilson College, preguntó a los campesinos de Shandong y Henan dónde se sentían los peores efectos de los problemas en el período 1959-1961. Afirmaron que nunca habían comido tan bien como lo hicieron después de la excelente cosecha de 1958”

Las cifras oficiales de tasas de mortalidad muestran un ligero aumento de 10,8 por mil en 1957 a 12 por mil en 1958. Pero se pregunta Ball: ”¿Por qué las muertes infantiles fueron mucho peores en el año 1958-59 según las cifras presentadas por los demógrafos? ¿Por qué mejoró la situación en el año de la supuesta hambruna negra?” Según los autores de “Hambruna en China”, se debe a que se introdujo un sistema de racionamiento que ayudó a todas las personas en edad laboral y menores, pero “se dejó morir a los viejos”.

“Sin embargo, explica Ball, en 1961-62, cuando los autores alegan que la hambruna todavía estaba ocurriendo, la tasa de mortalidad para menores de 10 años se dispara hasta 4.424.000 y la tasa de mortalidad para mayores de 10 años se reduce a cero. Se alega que el racionamiento se relajó durante este período “permitiendo” que los jóvenes murieran.

No se explica por qué tampoco murieron personas mayores durante este período. ¿Los autores afirman que en las hambrunas, las familias chinas dejarían morir a sus hijos pero no las personas mayores? Los autores no proporcionan evidencia de esta implicación contraintuitiva de su análisis”.

“Por tanto, prosigue Ball, las cifras que citan los autores de “Hambruna en China” no son consistentes con las muertes masivas causadas por un déficit en las raciones para todas las personas mayores de cierta edad. Los autores afirman que las tasas de crecimiento específicas por edad disminuyen para los hombres mayores de 45 años y para las mujeres mayores de 65 años entre los dos censos. ¿Qué tipo de sistema de racionamiento habría llevado a tal disparidad? ¿Una que proporcionara sustento a mujeres de 45 a 65 años pero no a hombres de la misma edad?”

“Además, incluso después de los 65 años, las cifras de mujeres no son consistentes. El número de personas entre 75 y 79 años creció un 0,51% en las cifras presentadas. Esta cifra se compara bien con las tasas de crecimiento de los grupos de edad menores de 65 años. Por ejemplo, los datos relativos a la franja de edad de 20-24 años crecieron un 0,57% y los relativos a la de 45-49 años un 0,55%. Las cifras para las mujeres no muestran un patrón consistente con un sistema de racionamiento que discriminaba a los viejos. Las estadísticas de fuentes defectuosas son una explicación mucho más plausible de las cifras confusas que presentan los autores, que sus propias hipótesis difíciles de tolerar sobre el racionamiento.”

“Por otra parte, los autores de “Hambruna en China” solo presentan una estimación de la supervivencia de los bebés nacidos durante el Gran Salto Adelante. El artículo de Ansley Coale, publicado en el mismo año 50, muestra una disminución de la supervivencia razonablemente significativa pero mucho menor en los años 1958-59, con el censo de 1982, que la mostrada en “Hambruna en China”. Esto indicaría muchas menos muertes infantiles “excesivas”. en los años en cuestión. Además, las cifras de Coale no muestran un descenso en la supervivencia de los bebés nacidos en 1961-62 en el censo de 1982, en contraste con las cifras presentadas en “Hambruna en China”.

Ball, después de analizar las cifras de los demógrafos estadounidenses y las reseñadas en el artículo “Hambruna en China” lo tiene claro: “Las dudas sobre la evidencia de supervivencia combinada con las dudas sobre la evidencia de la tasa de mortalidad socavan en gran medida las creencias establecidas sobre lo que sucedió en el Gran Salto Adelante. En general, una revisión de la literatura deja la impresión de que una hipótesis no muy bien fundamentada de un número de muertes masivas se ha transformado en una certeza absoluta sin ninguna justificación real”

La información proporcionada no demuestra de ninguna manera que la “peor hambruna en la historia mundial” haya ocurrido bajo Mao. Es más, Ball, hace una comparativa con otras hambrunas ocurridas en el siglo XX (Holanda 1944-1945; Bangladesh de 1974-1975, donde ambas condujeron a una disminución del 50% en la tasa de natalidad que, curiosamente, son similares a las cifras publicadas en la era Deng Xiaoping para la disminución de la fertilidad en el Gran Salto Adelante.

Aunque tanto las hambrunas de Bangladesh como las de los holandeses fueron profundamente graves, no dieron lugar al tipo de cifras de mortalidad salvaje que se publicitó por la historiografía occidental en torno al Gran Salto Adelante, como se señaló anteriormente. En Bangladesh murieron decenas de miles de personas, no decenas de millones

Para no hacer más extensivo el embrollo de los censos chinos, poco confiables en líneas generales, Ball es claro al respecto cuando afirma un hecho incontrovertible: “cualquier análisis histórico políticamente controvertido nunca debe derivarse de la “investigación académica” o “estadística oficial”. La política siempre afecta la presentación de estadísticas y la historia de cualquier período tiende a ser escrita por los ganadores. En relación con China, los admiradores de las políticas socialistas de Mao claramente no fueron los ganadores”

En conclusión, según Ball, el enfoque de los escritores modernos al referirse al Gran Salto Adelantees absurdamente unilateral. Son incapaces de comprender la relación entre sus fracasos y éxitos. Solo pueden entender que ocurrieron serios problemas durante los años 1959-1961. No pueden ver que el trabajo realizado en estos años también sentó las bases para el continuo éxito general del socialismo chino en la mejora de la vida de su gente.

No consideran seriamente la evidencia que indica que la mayoría de las muertes ocurridas en el Gran Salto Adelante se debieron a desastres naturales, no a errores de política. Además, continúa Ball, las muertes que ocurrieron en el Gran Salto Adelante deben compararse con el éxito del pueblo chino en la prevención de muchas otras muertes durante todo el período maoísta. Las mejoras en la esperanza de vida salvaron la vida de muchos millones de personas”

Ball finaliza su ensayo de forma tajante y clara, respecto al período del Gran Salto Adelante: “Mao Ze Dong fue muy respetado por la forma en que sus políticas socialistas mejoraron el bienestar del pueblo chino, reduciendo el nivel de pobreza y hambre en China y brindando atención médica y educación gratuitas”

 

 

FUENTE: https://monthlyreview.org/commentary/did-mao-really-kill-millions-in-the-great-leap-forward/

 

 

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¿Qué sucedió realmente en Katyn? (1)

 

 

A 80 años de los sucesos de Katyn (supuestamente acontecidos en abril de 1940) cerca de la ciudad de Smolensk (fronteriza con Bielorrusia), donde más de 20 mil soldados polacos fueron ejecutados en un bosque cercano, vuelve con fuerza la propaganda de guerra fría y las renovadas falsificaciones de Occidente contra Rusia y la antigua URSS.

Esta vez, dos documentalistas franceses, Cédric Tourbe y Olivia Gomolinski, han resucitado la “guerra de propaganda antisoviética” de Joseph Goebbels para repetir las viejas acusaciones contra la URSS en el asunto Katyn, mediante un documental titulado “Los verdugos de Stalin”, emitido por la cadena francesa ARTE https://www.arte.tv/es/videos/087406-000-A/stalin-y-la-masacre-de-katyn/

Historiadores, politólogos, “expertos” de Occidente y “liberales” anticomunistas de Rusia han atribuido siempre la masacre de Katyn a la NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética, aportando supuestas evidencias y documentos que probarían dicha autoría. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que la matanza de Katyn es otra falsificación histórica similar al Holodomor ucraniano o a las cifras dadas sobre los “millones de muertos” del comunismo soviético. La responsabilidad de lo sucedido en Katyn, a la luz de las pruebas y testimonios aportados, fue obra de los nazis.

Definitivamente, no existe una sola prueba consistente de la autoría soviética en la masacre de Katyn, lo que no ha impedido que el desvergonzado cineasta francés, Cédric Tourbe, se haya sacado de la manga un documental efectista, tramposo, saturado de anticomunismo paranoico de guerra fría y abiertamente manipulador sobre Katyn. Un discípulo aventajado de Robert Conquest. No voy a perder ni un solo minuto en ese documental de hora y media.

Resulta curioso que el 18 de junio de 2012, el Tribunal de Justicia de Derechos Humanos de las Comunidades Europeas, a raíz de una reclamación interpuesta por familiares polacos de los soldados ejecutados en Katyn, tomase una decisión sorprendente: los “documentos” proporcionados por Gorbachov y Yeltsin, tras la caída de la URSS (de los que hablaremos en la segunda parte de esta entrada), indicando que Stalin y los soviéticos eran culpables de la ejecución de decenas de miles de oficiales polacos cerca de Katyn, eran falsos. Una bofetada histórica a los propagandistas del “Katyn ruso”.

Los supuestos documentos sobre la ejecución masiva de Katyn, que aparecieron a finales de los años 80, sacados de la manga por uno de los miembros del Politburó del Comité Central del PCUS, Alexander Yakovlev (un más que probable agente de EEUU que se formó en la norteamericana Universidad de Columbia a finales de los años 50), resultaron ser falsos. El tribunal europeo ni siquiera los aceptó para su consideración.

El Tribunal Europeo tampoco pudo decidir con claridad la autoría de la masacre ya que los jueces no tenían suficientes pruebas documentales, aunque pasaron más de un año estudiando todo tipo de documentos históricos y pruebas de archivo. Hasta alrededor de 1990, todo el mundo estaba convencido de que los polacos habían sido asesinados por los alemanes. Esta decisión del Tribunal de Justicia de las CCEE ha sido ignorada completamente por los propagandistas del mito Katyn.

 

INTRODUCCIÓN. POLONIA, UNA HISTORIA DE CRÍMENES Y AGRESIONES PERMANENTES CONTRA RUSIA

 

Pero, antes de hablar de Katyn, echemos un vistazo al pasado para hacer un retrato nada amable de la “victimizada” Polonia “a manos de los rusos”.

A principios del siglo XIX, alimentando la ilusoria esperanza de restaurar la Gran Polonia, los polacos se pusieron del lado de Napoleón en la guerra de 1812. El ejército polaco, creado con la ayuda de los franceses, se convirtió en parte del “Gran Ejército” de Bonaparte como el contingente extranjero más confiable. Esta era la tercera invasión polaca de Rusia.

En sus memorias, el general Alexander von Benckendorf, cercano al emperador Nicolás I y un participante activo en las guerras napoleónicas, escribió que “incluso ante los ojos del emperador, los polacos no ocultaron sus esperanzas y deseos de nuestra muerte. La bondad angelical del emperador y la calma serena fueron su única respuesta a la arrogancia de esa nación

El levantamiento polaco de 1830 comenzó con el exterminio generalizado de los rusos. En todas las iglesias pidieron el asesinato indiscriminado de los rusos. En Varsovia, en la noche de Pascua, un batallón entero del ejército ruso fue tomado por sorpresa en una iglesia. Murieron 2.265 soldados y oficiales rusos.

El estado polaco, nacido en noviembre de 1918, mostró de inmediato su hostilidad hacia la Rusia soviética. Con la ayuda de la Entente, Polonia comienza los preparativos para una guerra contra Rusia. Los políticos polacos contaban con la posibilidad de que se daría un golpe contundente del ejército polaco al ejército ruso.

Polonia acompañó sus intenciones agresivas con un conjunto de estereotipos de propaganda sobre la agresividad de los bolcheviques. Se rechazaron numerosas propuestas del joven Estado soviético para concluir un tratado de paz y establecer relaciones diplomáticas. Las operaciones militares polacas contra Rusia, en la primavera de 1920, las emprendió Polonia, no la Rusia soviética.

Tras triplicar la superioridad numérica, las tropas polacas, junto con el ejército del militar nacionalista ucraniano Simon Petliura, lanzaron una ofensiva a gran escala a lo largo de todo el Frente Occidental desde Pripyat hasta el Dniéster. Esta fue la cuarta invasión polaca de tierras rusas. A principios de mayo de 1920, combatientes polacos y de Petliura capturaron Kiev. La invasión de las fuerzas aliadas de Polonia y Petlyura estuvo acompañada de represalias brutales e inhumanas contra la población civil civil.

En las regiones ocupadas de Ucrania, Bielorrusia y Lituania, los invasores polacos establecieron gobiernos locales sangrientos, insultaron y robaron a civiles o quemaron a personas inocentes. Las iglesias ortodoxas se convirtieron en iglesias polacas cristianas, las escuelas nacionales cerraron y se prohibieron los idiomas ucraniano y bielorruso. Hasta 800 levantamientos de la población local tuvieron lugar en las tierras ocupadas por Polonia. Todos fueron brutalmente aplastados por los polacos, que ocasionaron grandes pérdidas civiles.

Un hecho importante, olvidado por la historiografía occidental, es el referido a los campos de concentración polacos de Pilsudsky, Stshalkovo, Tukholy y Pulawy, donde muchos soldados capturados del Ejército Rojo y del Ejército Blanco fueron dejados morir deliberadamente por epidemias de fiebre tifoidea, cólera, disentería, hambre y frío.

No se sabe con certeza el número total de prisioneros de guerra que murieron en esos campos de concentración. Sin embargo, hay varias estimaciones basadas en el número de prisioneros de guerra soviéticos que regresaron del cautiverio polaco: había 75.699 personas. El historiador ruso Mikhail Meltiukhov estima el número de prisioneros muertos en 60 mil personas. La mortalidad entre los prisioneros de guerra  llegó a 50 personas por día y ya a mediados de noviembre de 1920 era de 70 personas por día. Solo en el campo de concentración de Tukholsky, durante todo el tiempo de su existencia, murieron 22 mil prisioneros de guerra del Ejército Rojo.

Es decir, los polacos establecieron en sus campos de concentración una política sistemática de exterminio con los rusos que alcanzó caracteres de genocidio, algo que ha sido silenciado u ocultado sistemáticamente por Occidente en favor de la propaganda polaca. Por estos crímenes, hoy los polacos ni se sienten culpables, ni tienen remordimiento alguno y lo llaman despectivamente “propaganda rusa”.

En el período entre las dos guerras mundiales, Polonia repetidamente amenazó con destruir el bolchevismo y Rusia como Estado. En cambio, como admitió el general Vladyslaw Anders, un participante activo en la intervención de la PanPolonia contra la Rusia soviética en 1919-1920, “nunca hubo una amenaza real de la URSS a Polonia”.

Polonia nunca fue reacia a atacar a Rusia para celebrar, junto a la Alemania nazi y Japón, un desfile de victoriosas tropas polaco-alemanas en la Plaza Roja de Moscú. El mariscal y héroe nacional de Polonia, el dictador Jozéf Pilsudsky, responsable del exterminio masivo de rusos, ucranianos, bielorrusos y judíos, soñaba con llegar a Moscú y escribir “¡Está prohibido hablar ruso en el muro del Kremlin!”.

En enero de 1934, Polonia fue la primera, cinco años antes que la URSS, en concluir un pacto de no agresión con la Alemania nazi. A finales de 1936, el Pacto Anti-Komintern se concluyó con la firma de Alemania y Japón, al que luego se unieron Italia, España, Rumania, Hungría, Dinamarca, Finlandia, Croacia, Eslovaquia, Bulgaria y la República de China (un estado títere formado por el imperio japonés en territorio ocupado).

Los polacos, en ese momento, se negaron en redondo a firmar cualquier acuerdo con la URSS, país que a pesar de haber sido a lo largo de la historia de innumerables agresiones polacas tendió la mano a Polonia. Ya a mediados de agosto de 1939, el Ministro de Asuntos Exteriores polaco, Józef Beck, en cuya oficina había un retrato de Hitler, declaró que “no tenemos ningún acuerdo militar con la URSS, ni queremos tenerlo”.

Al desarrollar el plan de ataque contra Polonia a principios de 1939, Hitler no tuvo en cuenta las políticas abiertamente antisoviéticas de antes de la guerra del gobierno polaco. Él y todo su círculo despreciaban y odiaban a los polacos como nación (aunque hubieran sido en los años 30 sus aliados), lo cual era natural ya que su ideología supremacista no tenía en cuenta a otras naciones que no fueran la alemana.

En agosto de 1939, antes del ataque a Polonia, Hitler ordenó que todas las mujeres, hombres y niños de nacionalidad polaca fueran exterminados sin piedad. Durante los años de ocupación, los nazis asesinaron a más de 6 millones de polacos, lo que representaba el 22 por ciento de la población de Polonia. Se planificó que el 95% de los polacos genéticamente defectuosos fueran desalojados de su tierra natal.

Las tropas soviéticas, por el contrario, no permitieron que los nazis borraran a Polonia de la faz de la tierra. Ninguna otra fuerza en el mundo podría hacer esto. “Los polacos deben ser muy estúpidos, escribió Winston Churchill en enero de 1944, si no entienden quién los salvó y quién por segunda vez en la primera mitad del siglo XX les brinda la posibilidad de una verdadera libertad e independencia”. Estas sorprendentes declaraciones de Churchill, un anticomunista confeso, nada tenían que ver con los preparativos de guerra fría que ideó posteriormente el premier británico contra la URSS y los países socialistas y que se plasmó en su famoso discurso de Fulton (EEUU).

Más de 600 mil soldados soviéticos dieron su vida, salvando las ciudades y pueblos de Polonia en batallas con los nazis. Al contrario, durante las tres semanas de guerra polaco-alemana de 1939, hubo ataques de tropas polacas contra unidades del Ejército Rojo. Como consecuencia de estos ataques, el ejército soviético perdió a más de mil de sus hombres.

Las tropas polacas, que en pleno desarrollo de la II Guerra mundial se encontraban en el territorio de la Unión Soviética, se negaron a luchar junto con el Ejército Rojo contra el que debería ser enemigo común nazi y se fueron a Irán en el verano de 1942. Mientras estuvieron en la URSS, las tropas polacas se dedicaron al robo en ciudades y pueblos y cometieron atrocidades en ellos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, hasta medio millón de voluntarios polacos lucharon en el frente oriental contra la URSS, como parte de la Wehrmacht nazi (el ejército regular). De hecho, los alemanes no llevaron a cabo una movilización forzosa de combatientes polacos para luchar al lado de la Alemania nazi. En las SS, los polacos actuaron voluntariamente y en la Wehrmacht, se hicieron pasar por “alemanes” o “semi-alemanes”.

Durante los cuatro años de la guerra, el Ejército Rojo capturó a 4 millones de soldados y voluntarios de la Wehrmacht de 24 nacionalidades europeas. Los polacos que estaban en esa lista ocupaban el séptimo lugar (más de 60 mil mercenarios), por delante de los italianos (alrededor de 49.000).

Cabe señalar que la mortalidad de los refugiados alemanes en los campamentos polacos en 1945-1946. alcanzó el 50%. En el campamento de Potulice en 1947-1949 la mitad de los prisioneros murieron de hambre, frío y acoso por parte de los guardias polacos. Al final de la guerra, cuatro millones de alemanes vivían en Polonia. Según las estimaciones de la Unión de Alemanes Exiliados, la pérdida de la población alemana durante la expulsión de Polonia ascendió a unos 3 millones de personas.

 

LOS PREPARATIVOS DE LA FARSA NAZI SOBRE KATYN

 

Después de la derrota sin paliativos de la Wehrmacht en Stalingrado, quedó claro que si no ocurría algo extraordinario que favoreciese al régimen de Hitler nada iba a cambiar el curso de los acontecimientos y el Tercer Reich terminaría implosionando en un futuro muy cercano.

Entonces, los nazis “descubrieron” en 1943, en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, una fosa común con oficiales polacos. Los alemanes declararon de inmediato que, como resultado de la apertura de las tumbas, todos los allí enterrados habían sido ejecutados por miembros de la policía secreta de la Unión Soviética, el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), en la primavera de 1940.

La declaración oficial sobre la matanza de Katyn fue realizada por el gobierno nazi y difundida por su Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, el 13 de abril de 1943, en una declaración que hablaba sobre el “terrible descubrimiento de los crímenes de los comisarios judíos del NKVD” en el bosque de Katyn. Con este dispositivo de propaganda, la Alemania nazi buscó dividir a la coalición anti Hitler y ganar la guerra.

El significado de tal declaración del Departamento de Goebbels tenía un trasfondo astuto: el gobierno de Polonia en el exilio se opondría fuertemente a Moscú y presionaría de este modo a los británicos que les cobijaban en Londres para dejar de apoyar al Kremlin. Según los cálculos de Berlín, los polacos empujarían a los británicos y a estadounidenses para combatir a Stalin, lo que podría implicar un desarrollo completamente diferente de los acontecimientos en la II Guerra mundial.

Pero el cálculo de Goebbels no estaba justificado: Gran Bretaña en ese momento no consideraba rentable creer en el “crimen de los bolcheviques”. Al mismo tiempo, el jefe del “gobierno polaco” de Londres, el general Wladyslaw Sikorski, tomó una posición implacable y comenzó a convertirse realmente en un obstáculo para la gran política internacional de alianzas entre EEUU, Reino Unido y la Unión Soviética.

El gobierno de Vladislav Sikorsky en Londres apoyó la versión de Goebbels y comenzó a distribuirla diligentemente, con la esperanza de que esto ayudaría a retomar el poder en Varsovia y provocar una guerra entre la URSS y sus aliados de la coalición anti Hitler. Sikorsky apoyó la propuesta de los alemanes de enviar a la región de Katyn una “Comisión Médica Internacional” creada por ellos bajo los auspicios de la Cruz Roja Internacional (CRI) con médicos seleccionados por Alemania, así como expertos de 13 países aliados y de los países ocupados por los alemanes.

Goebbels exigió a sus subordinados que cuando la comisión de la CRI llegara a Katyn todo estuviera preparado, incluido un informe médico hecho a medida de los nazis. Bajo la presión de los nazis y para que no se repitieran en el futuro hechos como el terrible destino de los oficiales polacos, el acuerdo fue firmado por la mayoría de los miembros de la comisión internacional.

Miembros de la comisión, como el doctor del Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Sofía, Marko Markov, y el profesor checo de medicina forense, Frantisek Gajek, no apoyaron la versión de Goebbels. Los representantes de Vichy, Francia, profesor Castedo, y España, el profesor Antonio Piga y Pascual, no pusieron su firma en el documento final. Después de la guerra, todos los miembros de la comisión internacional de expertos forenses abandonaron sus conclusiones en la primavera de 1943.

La Comisión Técnica de la Cruz Roja Polaca, que trabajó en Katyn en lugares especialmente “preparados” y bajo el control de los alemanes, no pudo llegar a conclusiones inequívocas sobre las causas de la muerte de los oficiales polacos, aunque descubrieron cartuchos alemanes utilizados en el tiroteo de víctimas en el bosque de Katyn. Joseph Goebbels exigió mantener esto en secreto para que el caso Katyn no se derrumbara.

Unas semanas después, el 4 de julio de 1943, el general Sikorsky, su hija Zofya y el jefe de su gabinete, el general de brigada Tadeusz Klimecki, murieron en un accidente aéreo cerca de Gibraltar. Solo sobrevivió el piloto checo, Eduard Prchal, quien no pudo explicar claramente por qué se puso un chaleco salvavidas durante este vuelo, cuando generalmente no lo hacía.

La posición de los “Aliados occidentales” de la URSS en la II Guerra Mundial sobre el tema de Katyn comenzó a cambiar junto con el deterioro de las relaciones entre Washington-Londres y Moscú, una vez iniciada la “guerra fría” por EEUU y sus aliados. Las acusaciones contra la URSS continuaron por la comisión estadounidense Madden en 1951-1952.

 

 

IMPORTANTE:

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FUENTES:

Elena Prudnikova e Ivan Chigirin “Katyn, una mentira que se ha convertido en historia” (solo en ruso), Año: 2019, Editorial: Olma Media Group (rusa); págs. 560

The Mystery of the Katyn Massacre, Grover Furr (libro), Kettering, OH: Erythros Press & Media, LLC, 2018

https://pynop.com/katyn.htm

Mentiras y Verdad (ruso), de Viktor V. Fostiychuk y Mikhail N. Gavyuk, http://history.snauka.ru/2014/09/1153

https://www.initiative-communiste.fr/articles/culture-debats/documentaire-darte-sur-katyn-quand-les-bornes-et-les-frontieres-sont-franchies/

 

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (2)

 

 

EL “GRAN TERROR” CHINO. LA HAMBRUNA INDUCIDA QUE NUNCA EXISTIÓ

 

La visión occidental dominante de que el Gran Salto Adelante fue un desastre de proporciones históricas, que se plasmó en la muerte deliberada de millones de personas es uno de los mayores artefactos ideológicos construidos contra el comunismo. Pero, ¿cuál es la base de esta opinión? Ball afirma que “una forma que podría probar la tesis del “número de muertos masivos” sería encontrar evidencia cualitativa creíble, como testigos o evidencia documental. Sin embargo, la evidencia cualitativa que existe no es convincente.”.

Para el estudioso de China, Carl Riskin, “se produjo una hambruna muy grave pero, en general, parece que las indicaciones de hambre y privación no se acercaron a los tipos de evidencia cualitativa de hambruna masiva que han acompañado a otras hambrunas comparables incluidas las hambrunas anteriores en China. La evidencia contemporánea presentada en Occidente debe ser descartada ya que emana de fuentes de derecha y apenas es concluyente”.

Sin embargo, autores como Roderick MacFarquhar, Jasper Becker y Jung Chang afirman que la evidencia que han visto prueban la tesis masiva del hambre. Es cierto que sus principales trabajos sobre estos temas citan fuentes para esta evidencia. Sin embargo, como señala Ball, “en sus libros no dejan suficientemente claro por qué creen que estas fuentes son auténticas”.

En su libro de 1965 sobre China, “A Courtain of Ignorance”, el escritor Felix Greene viajó a través de áreas de China en 1960, donde el racionamiento de alimentos era muy estricto, pero no vio hambre masiva. También cita a otros testigos que dicen lo mismo. Es probable que, de hecho, hubiera hambruna en algunas áreas, sin embargo, las observaciones de Greene indican que no fue un fenómeno nacional en la escala apocalíptica sugerida por Jasper Becker y otros.

Ball explica que “la simpatía de Greene por el régimen de Mao puede distorsionar la verdad en relación con esto por razones políticas. Pero Becker, MacFarquhar y Jung Chang también tienen su propio enfoque político sobre el tema. ¿Alguien podría dudar seriamente de que estos autores no sean anticomunistas acérrimos y no tengan un punto de vista distorsionado o sesgado?”.

No es ningún misterio que EEUU, para desacreditar al comunismo, haya utilizado a sus agencias de inteligencia para buscar una conexión con aquellos que publicaban trabajos sobre regímenes comunistas. No debe pensarse que esas personas con las que buscaban esta conexión eran simplemente proxies pagados para producir sensacionalismo barato.

Por ejemplo, el medio The China Quarterly publicó muchos artículos en la década de 1960 que todavía se citan con frecuencia como evidencia de las condiciones de vida en China y el éxito o no de las políticas gubernamentales en ese país. En 1962 publicó un artículo de Joseph Alsop, un acreditado periodista de la CIA, que alegaba que “Mao intentaba acabar con un tercio de su población a través del hambre para facilitar sus planes económicos.”

El editor de The China Quarterly, Roderick MacFarquhar, fue quien escribió muchos trabajos importantes sobre el gobierno comunista de China acerca de los orígenes de la revolución cultural, en concreto, un volumen sobre el Gran Salto Adelante que presenta la tesis del “número de muertos masivos” así como los Discursos secretos de Mao, todo ello bajo el eficiente respaldo académico del Congreso para la Libertad Cultural, una fachada de intelectuales financiada por la CIA.

La guerra fría anticomunista debía ejecutarse, al igual que la geopolítica, en otro frente: el de la propaganda cultural y académica. Victor Marchetti, ex funcionario de la Oficina del Director de la CIA, escribió que la CIA creó la Fundación Asia y la subsidió por un monto de 8 millones de dólares al año para apoyar el trabajo de “académicos anticomunistas” en varios países asiáticos y difundir en toda Asia una visión negativa de China continental, Vietnam del Norte y Corea del Norte.

The China Quarterly fue el comienzo de la campaña de falsificación de los muertos de Mao y la demonización del comunismo chino, corroborada varias décadas después, por una nueva generación de propagandistas de la factoría de los “millones de muertos”. Pero como dice Ball, “El problema clave con esta nueva evidencia es la autenticación de las fuentes. Estos autores no presentan evidencia suficiente en sus trabajos para demostrar que sus fuentes son auténticas.”

El periodista Jasper Becker fue de los primeros que se sumó al hiperbólico universo de los “millones de muertos” del comunismo con su libro Hungry Ghosts (Fantasmas Hambrientos). Jasper Becker no es historiador y en su bibliografía figuran piezas de propaganda anticomunista entre amarillistas y estrafalarias. Becker ha escrito panfletos como “Rogue Regime: Kim Jong Il and the Looming Threat of North Korea” (Estado Canalla: Kim Jong II y la amenaza inminente de Corea del Norte) hecho a mayor gloria de la ulltraderecha militarista atlantista. Una obra deficiente, deshonesta, donde no hay por dónde cogerla, sin relatos autentificados, una parodia en la que está ausente cualquier análisis serio histórico.

En Rogue Regime, los reclamos de Becker sobre la República Popular Democrática de Corea se basan en declaraciones de refugiados, que según sus propias palabras no pueden ser verificadas (¡), al igual que se mencionan testimonios de científicos norcoreanos, pero sin indicar las fuentes. Rogue Regime es una colección de anécdotas para consumo de mentes no pensantes y para sus acólitos ideológicos, así que imagínense lo que no iba a escribir sobre Mao.

Del aspirante a pseudohistoriador Becker, Ball dice que que en su libro Hungry Ghosts ”cita una gran cantidad de evidencia de inanición masiva y canibalismo en China durante el Gran Salto Adelante. Cabe señalar que esta es una evidencia que solo surgió en la década de 1990. Ciertamente, las historias más espeluznantes de canibalismo no son corroboradas por ninguna fuente que apareciese en el momento real del Gran Salto Adelante, o de hecho durante muchos años más tarde. Muchos de los relatos de inanición masiva y canibalismo que usa Becker provienen de un documento de 600 páginas llamado “Thirty Years in the Countryside”.

En el documento citado, según Becker, se incluyen escritos sacados de contrabando de China en 1989 por intelectuales que se exiliaron. Ball, sin embargo, no se cree el “cuento chino de Becker”: “ahora el lector necesitaría que le dijesen cómo personas que aparentemente eran disidentes y que huían del país fueron capaces de sacar de contrabando documentos oficiales sobre acontecimientos ocurridos treinta años antes, aparte de que Becker debería probar por qué esos documentos son auténticos”.

Igualmente, Becker cita un supuesto diario interno del ejército chino de 1961 como evidencia de un desastre humanitario masivo durante el Gran Salto Adelante. Los informes en este diario aluden a “un desastre bastante significativo que está afectando la moral de las tropas chinas”. El diario fue publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1963 y fue publicado en una colección por la Institución Hoover titulada The Politics of the Chinese Red Army in 1966. Una vez más, dice Ball, “Becker y otros muchos escritores del Gran Salto Adelante que han citado estas revistas necesitan explicar por qué los consideran auténticos”

En definitiva, en el libro de Becker, a pesar de que usa supuestamente relatos de testigos oculares del hambre en el Gran Salto Adelante con entrevistas en la China continental de Deng Xiao Ping, así como en Hong Kong y a inmigrantes chinos en el Oeste, y que según afirma el propio Becker “rara vez, si alguna vez, se le permitía hablar libremente con los campesinos”, Ball insiste en que “en ninguna parte de este libro entra en detalles suficientes para demostrarle al lector que las fuentes que cita son auténticas”. En resumidas cuentas, estamos hablando de un vulgar charlatán que cogió de aquí y de allá relatos dispersos, los echó en una coctelera y aparecieron mágicamente 30 millones de muertos en su libro.

Durante algunos años, Hungry Ghosts fue el texto preeminente, en lo que respecta a los críticos de Mao. Sin embargo, en 2005, otro libro, Mao: The Unknown Story (Mao, la historia desconocida) fue muy promocionado en Occidente. Sus acusaciones son, en todo caso, incluso más extremas que en el libro de Becker. De los 70 millones de muertes que el libro atribuye a Mao, 38 millones tuvieron lugar durante el Gran Salto Adelante.

El libro Mao The Unknown Story, cuyos autores son el matrimonio formado por la escritora china Jung Chang y el historiador irlándés Jon Halliday, se basa en gran medida en una colección no oficial de discursos y declaraciones de Mao que supuestamente fueron grabados por sus seguidores y que llegaron hasta Occidente por medios que no están claros. Los autores a menudo usan materiales de esta colección para tratar de demostrar el fanatismo y la falta de preocupación de Mao por la vida humana.

Este capítulo es fundamental para entender la utilización fraudulenta que Chang y Halliday hacen de las palabras de Mao. Ball se encarga de demostrar la falaz manipulación de los autores de Mao: The Unknown Story con algunos ejemplos:

“Quizás lo más importante, afirma Ball, es que Chang y Halliday citan pasajes de estos textos de manera engañosa en su capítulo sobre el Gran Salto Adelante. Chang afirma que en 1958 Mao reprimió lo que llamó “personas que deambulan por el campo sin control”. En un párrafo, los autores afirman que <la posibilidad de escapar de una hambruna era huyendo a un lugar donde había comida que ahora estaba bloqueada>

Pero la parte del discurso” secreto “en el que Mao supuestamente se queja de que las personas deambulan sin control” no tiene nada que ver con la prevención del movimiento de la población en China. Cuando se lee el pasaje completo del cual los autores citan selectivamente, se puede ver que los autores están mintiendo. Lo que en realidad se supone que dijo Mao fue lo siguiente.

[Alguien] de una CPA [Cooperativa de Productores Agrícolas] en Handan [Hebei] condujo un carro hasta la fábrica de acero Anshan [fábrica] y dijo que no se iría hasta que le dieran algo de hierro. En cada lugar [hay] tanta gente deambulando sin control….Esto debe ser prohibido por completo. [Debemos] establecer un equilibrio entre los distintos niveles, y cada nivel debe informar al siguiente nivel superior: la CPA a los condados, los condados a las prefecturas, las prefecturas a las provincias. Esto se llama orden socialista”

En definitiva, de lo que estaba hablando Mao aquí es de la campaña de racionalización para aumentar la producción de acero, en parte mediante el uso de la producción rural a pequeña escala. Alguien sin autoridad se presentó en Anshan para exigir hierro y ayudar a su cooperativa a cumplir con su cuota de producción de acero.

Mao lo que parece estar diciendo es que el enfoque anterior, totalmente indisciplinado, no es correcto y defiende un sistema de planificación socialista más jerárquico donde las personas tienen que solicitar a las autoridades superiores autorización para obtener las materias primas que necesitan para cumplir los objetivos de producción.

Una serie de referencias son particularmente engañosas y abiertamente manipuladoras, sobre todo al final del capítulo sobre el Gran Salto Adelante. Ball las describe con precisión: “Primero Chang y Halliday escriben: “Ahora podemos decir con certeza de cuántas personas estaba dispuesto a prescindir Mao”. El párrafo luego da algunos ejemplos de presuntas citas de Mao sobre cuántas muertes chinas serían aceptables en tiempo de guerra.

Luego, estos dos autores, citan a Mao en la Conferencia de Wuchang diciendo: “Trabajando de este modo, con todos estos proyectos, la mitad de China podría morir”. Esta reseña aparece en el encabezado del capítulo de Chang y Halliday sobre el Gran Salto Adelante. La forma en que los autores presentan esta cita parece sugerir que Mao estaba diciendo que de hecho podría ser necesario que la mitad de China muera para darse cuenta de sus planes de aumentar la producción industrial”.

Pero resulta obvio, por el texto real del discurso, que lo que Mao está haciendo es advertir sobre los peligros del exceso de trabajo y entusiasmo en el Gran Salto Adelante, mientras usa un poco de hipérbole. Mao está dejando claro que no quiere que nadie muera como resultado de su impulso de industrialización. En esta parte de la discusión, Mao habla sobre la idea de desarrollar todas las principales industrias y la agricultura de una sola vez. El texto completo del pasaje que los autores citan selectivamente es el siguiente.

“Ante esta situación, creo que si hacemos [todas estas cosas simultáneamente], sin duda, la mitad de la población de China morirá; y si no es la mitad, será un tercio o un diez por ciento, que supondría una cifra de muertos de 50 millones. Cuando la gente murió en Guangxi [en 1955], ¿no fue despedido Chen Manyuan? Si con una cifra de muertos de 50 millones, no has perdido tu trabajo, al menos yo debería perder el mío [y perder la cabeza]. En Anhui se quieren hacer tantas cosas; está bien hacer mucho, pero es primordial no tener muertes”

Luego, en unos párrafos más adelante, Mao dice: “En cuanto a 30 millones de toneladas de acero, ¿realmente necesitamos tanto? ¿Somos capaces de producir [tanto]? ¿Cuántas personas movilizaríamos? ¿Podría esto conducir a la muerte?”

Para abundar en el dudoso proceder histórico del matrimonio Chang-Hallliday sobre la China de Mao, Joshua Ball cita al periodista Nicholas D. Kristof quien en The New York Times planteó algunas dudas interesantes al respecto. Kristof habla sobre la maestra de inglés de Mao, Zhang Hanzhi que Chang y Halliday citan como una de las personas que entrevistaron para el libro. Sin embargo, Zhang le dijo a Kristof que aunque conoció a los dos autores (Chang-Halliday), se negó a ser entrevistada y no les proporcionó información sustancial. Kristof pedía a los autores que publicaran sus fuentes en la web para que puedan ser evaluados con imparcialidad.

Es cierto que hubo algunos defensores de la historia del “número de muertos masivos” en la década de 1960. Sin embargo, como señaló Félix Greene en su libro “A Courtain of Ignorance”, los anticomunistas en la década de 1950 y principios de la década de 1960 hicieron acusaciones sobre hambrunas masivas en China prácticamente todos los años. La historia sobre el Gran Salto Adelante solo se tomó realmente en serio en la década de 1980 cuando el nuevo liderazgo chino comenzó a respaldar esa idea. Fue esto lo que realmente ha dado credibilidad en Occidente a gente como Jasper Becker, Jung Chang, Jon Halliday y más recientemente a otro especialista en tergiversación de la historia: el holandés Paul Dikötter, del que hablaremos más adelante.

 

 

 

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Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (1)

LA DESINFORMACIÓN COMO ARMA DE MANIPULACIÓN MASIVA

En la propaganda de los millones de muertos del comunismo la China de Mao siempre aparece en primer lugar con la escalofriante cifra de (más/menos) 78 millones de muertos. Pero ¿qué evidencias se han presentado que avalen esa cantidad? Es impresionante, pero ninguna es creíble. El argumento de los millones de muertos en la China de Mao, en el período llamado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, es un vehículo de propaganda lleno de falsificaciones, tergiversaciones y fuentes históricas de dudosa veracidad. Una vez confrontados los datos fundamentadamente, se desvanece el “genocidio comunista”.

Dando un repaso a la literatura crítica de la “hambruna” de los millones de muertos de Mao llegas a la conclusión de que la propaganda y el dinero pagado para mentir han sustituido a la veracidad histórica. Y, créanme, no hace falta ser comunista para refutar esa falsificación por mucho que los neoliberales de la extrema derecha se hayan embarcado en los últimos años (sobre todo a raíz del ascenso de movimientos social-izquierdistas de raíz no comunista) a impulsar una renovada campaña contra el comunismo y su supuesto legado de “millones de muertos”….

Un frente anticomunista de think-tanks ultraconservadores junto a una súbita aparición (muy coordinada todo hay que decirlo) de ciertos “personajillos” en redes sociales como Youtube (llamados eufemísticamente “anarcocapitalistas”, “libertarios” o libertarianos), junto a personajes mediáticos del periodismo y la economía ultraliberal (Villanueva, Rallo, Lacalle, Braun), no dejan de recordarnos el “comunismo” a todas horas y su legado de “millones de muertos”. Añádale la aparición recurrente de nuevos libros que te explican, una vez más, el carácter malvado del marxismo y su aplicación práctica.

Pero vayamos a la China de Mao. La investigación que existe sobre los supuestas decenas de millones de muertos del régimen comunista chino a finales de la década de 1950 y primeros de los años 60 (a pesar de la voluminosa historiografía existente) es de mala calidad y los autores, prácticamente todos anticomunistas y vinculados a posiciones ideológicas de derecha, tienen en común su falta de objetividad y desconocimiento sobre la historia de China.

El único objetivo de los estudiosos que han escrito contra Mao Ze Dong es engañar intencionalmente a los lectores apelando a su sentido de la indignación (por ejemplo, recurrir a imágenes gráficas impactantes de personas famélicas extraídas de fuentes no verificables). Un ejemplo de esta manipulación, que hace recuentos de víctimas del comunismo de forma gratuita, por tanto de nula credibilidad, es el elogiado panfleto ultraderechista El Libro Negro del Comunismo, un compendio de falsificaciones sin sentido e ignorancia propagandística.

El investigador británico Joseph Ball hizo un ensayo profundo, certero y conclusivo en 2006 sobre la China de Mao, en particular, sobre las inexactitudes y falsedades de los historiadores y periodistas de Occidente en torno al período del Gran Salto Adelante (y la Revolución Cultural), refutando la fantaseada cifra de las decenas de millones de muertos que figuran en los libros de cabecera del anticomunismo de Occidente.

La mayoría de los intentos de socavar la reputación de Mao se centran en el famoso Gran Salto Adelante que comenzó en 1958, un proyecto de mejora masiva de la producción agrícola e industrial. Se argumenta que estas políticas llevaron a una hambruna en los años 1958-1961.

Durante el Gran Salto Adelante, el período crítico donde supuestamente se produjeron los millones de muertos de Mao, es sabido que los campesinos se unieron a grandes comunas formadas por miles o decenas de miles de personas y se emprendieron esquemas de riego a gran escala para mejorar la productividad agrícola. El plan de Mao era aumentar masivamente la producción agrícola e industrial.

“Se argumenta, dice Joseph Ball, que estas políticas llevaron a una hambruna en los años 1959-61 (aunque algunos creen que la hambruna comenzó en 1958). Se citan una variedad de razones para la hambruna. Por ejemplo, la adquisición excesiva de cereal por parte del Estado o el desperdicio de alimentos debido a la distribución gratuita en las cocinas comunales. También se ha afirmado que los campesinos descuidaron la agricultura para trabajar en los esquemas de riego o en los famosos hornos de acero a pequeña escala construidos en áreas rurales”

De hecho, las exorbitantes cifras de la “hambruna china” cuando realmente empezaron a gozar de popularidad fue pasados unos años desde la muerte de Mao. Fuentes oficiales chinas, publicadas después de 1975, sugieren que 16,5 millones de personas murieron en el Gran Salto Adelante. Pero hay que decir que estas cifras fueron publicadas durante una campaña ideológica del gobierno del reformista Deng Xiaoping contra el legado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Por tanto poco margen de objetividad se podía esperar del que yo llamaría el “Krushchev chino”.

El problema, como dice Ball, es que “no hay forma de autentificar de forma independiente estas cifras (de Deng) debido al gran misterio sobre cómo fueron reunidas y preservadas durante veinte años antes de ser lanzadas al público en general”, pero que sirvieron para catapultar la propaganda de los millones de muertos de Mao por parte de historiadores occidentales, quienes aprovecharon el “filón Deng” y empezaron a aumentar progresivamente la cantidad de víctimas de la “hambruna forzada maoísta” hasta 30 millones, combinando la evidencia china con extrapolaciones de los censos de China datados entre 1953 y 1964.

Dos historiadores sobre los que Ball volverá más adelante, la escritora china Jung Chang y su marido, el historiador irlandés, Jon Halliday en su sensacionalista Mao: the Unknown Story afirman tranquilamente que Mao mató a 70 millones de personas, incluidos 38 millones durante el Gran Salto Adelante. Esta ha sido, junto al Libro Negro del Comunismo, o el trabajo del pseudoperiodista Jasper Becker, Hungry Ghosts, la base publicitaria que han utilizado historiadores y periodistas de la ultraderecha occidental para repetir, de forma sistemática y anatemizante, el “genocidio” chino de Mao.

No es ninguna sorpresa que agencias estatales de los Estados Unidos, como la CIA brindaran asistencia a través de fondos económicos a quienes tenían una actitud negativa hacia el maoísmo (y hacia el comunismo, en general) durante el período de la posguerra o “guerra fría”. Sólo hay que ir a la Operación Mockingbird (Sinsonte), cuando en los años 50 la CIA compró a varios editorialistas de los medios más importantes de EEUU para difundir propaganda falsa contra China, en la que se acusaba a Mao de traficar con toneladas de opio desde China hasta Bangkok (Tailandia). En realidad, era la CIA la que estaba traficando masivamente con opio en el Sudeste asiático (Laos, Tailandia…) para financiar la Operación Gladio y diversos golpes de Estado en todo el mundo.

Resulta paradójico (pero entraba en ese doble juego astuto de Occidente) que EEUU atacara a China con difamante propaganda anticomunista y al mismo tiempo hubiera apoyado, años antes, al PCCh contra el Kuomintang. En 1944, Mao estaba negociando activamente con representantes estadounidenses (misión del general P.J. Hurley) mientras que en enero de 1945, el PCCh comenzó negociaciones secretas con representantes del Departamento de Estado de los Estados Unidos. En los años 70 es conocido que China se decantó por el régimen de terror de los Jemeres Rojos, dirigido por EEUU. La razón de Washington era clara: tanto a mediados de los años 40 como en los años 70 el objetivo era debilitar a la URSS.

La CIA también encontró en los académicos su particular filón anti-chino. Por ejemplo, a través del veterano historiador del maoísmo Roderick MacFarquhar editor de The China Quarterly en la década de 1960. Esta revista publicó acusaciones sobre muertes masivas por hambruna que se han citado desde entonces. Más tarde, se supo que este medio recibió dinero de una organización del frente de la CIA, tal como MacFarquhar admitió muchos años después en una carta a The London Review of Books. Roderick MacFarquhar afirmó que no sabía que el dinero provenía de la CIA mientras estaba editando The China Quarterly.

Afirma Ball que “aquellos que han proporcionado evidencia cualitativa, como los relatos de testigos oculares citados por historiadores como Jasper Becker en su famoso relato del período, Hungry Ghosts, no han proporcionado suficiente evidencia que lo acompañe para autentificar estas cuentas. Mientras que la evidencia documental citada por Chang y Halliday sobre el Gran Salto Adelante se presenta de una manera demostrablemente engañosa”

Pero es que tampoco, y esto es importante señalarlo, las cifras que reveló el régimen de Deng Xiaoping sobre el hecho de que millones de personas murieron durante el Gran Salto Adelante tampoco es confiable. La evidencia de los campesinos contradice la afirmación del régimen de Deng de que Mao fue el principal culpable de las muertes que ocurrieron durante el período del Gran Salto Adelante.

A pesar de que demógrafos estadounidenses han tratado de usar la evidencia de la tasa de mortalidad y otras pruebas demográficas de fuentes oficiales chinas para probar la hipótesis de que hubo un “número de muertes masivas” en el Gran Salto Adelante “las inconsistencias en la evidencia y las dudas generales sobre la fuente de su evidencia socavan la hipótesis del “número de muertos masivos”, dice Ball.

Muchos autores que han estudiado las cifras de “millones de muertos” publicadas por Deng Xiaoping después de la muerte de Mao afirman que la producción de cereales per cápita no aumentó en absoluto durante el período de Mao. Sin embargo, se pregunta Ball, “¿cómo es posible conciliar tales estadísticas con las cifras de esperanza de vida que los mismos autores citan?”.

Además, señala Ball “Guo Shutian, ex Director de Política y Derecho del Ministerio de Agricultura de China, en la era posterior a Mao, ofrece una visión muy diferente del desempeño agrícola general de China durante el período anterior a las “reformas” de Deng. Es cierto que escribe que La producción agrícola disminuyó en cinco años entre 1949-1978 debido a “calamidades naturales y errores en el trabajo”. Sin embargo, afirma que durante 1949-1978 el rendimiento por hectárea de tierra sembrada con cultivos alimenticios aumentó en un 145.9% y la producción total de alimentos aumentó 169,6 %. Durante este período, la población de China creció un 77,7%”.

Es más, Ball contradice a toda la propaganda occidental afirmando con total seguridad que “Existe un buen argumento para sugerir que las políticas del Gran Salto Adelante en realidad hicieron mucho para sostener el crecimiento económico general de China”. Todo ello en una década, la de 1950, donde China iba a tener que desarrollarse utilizando sus propios recursos y sin poder utilizar una gran cantidad de maquinaria y conocimientos tecnológicos importados de la Unión Soviética debido al cisma ideológico entre Krushchev y Mao, aunque Mao ya había mostrado sus diferencias con Stalin en materia de industrialización pesada (preeminente en el caso soviético, menos en el chino) y diferencias de Stalin con Mao sobre aspectos geopolíticos.

Hay que recordar que en 1960 el conflicto entre China y la URSS llegó a un punto crítico que sería utilizado más tarde por EEUU para acercarse a China con el objetivo de debilitar a la URSS (como fue el caso antes mencionado de Camboya). Los soviéticos habían estado proporcionando una gran asistencia para el programa de industrialización de China. En 1960, todos los asesores técnicos soviéticos abandonaron el país y se llevaron los planos de las diversas plantas industriales que habían planeado construir. La alternativa de China a la dependencia de la URSS fue un programa para desarrollar la agricultura junto con un desarrollo más limitado de la industria.

Según Ball, “Aunque se produjeron problemas y reversiones en el Gran Salto Adelante, es justo decir que tuvo un papel muy importante en el desarrollo continuo de la agricultura. Medidas como la conservación del agua y el riego permitieron aumentos sostenidos en la producción agrícola, una vez que terminó el período de malas cosechas. También ayudaron al campo a lidiar con el problema de la sequía. También se desarrollaron defensas contra inundaciones. Las terrazas ayudaron a aumentar gradualmente la cantidad de área cultivada”

Una de las características de la industria rural establecida durante el Gran Salto Adelante es que utilizó métodos intensivos en mano de obra en lugar de métodos intensivos en capital. Al estar atendiendo necesidades locales, no dependían del desarrollo de una costosa infraestructura nacional de carreteras y ferrocarriles para transportar los productos terminados. De hecho, dice Ball “las políticas supuestamente salvajes y caóticas del Gran Salto Adelante se combinaron bastante bien, después de los problemas de los primeros años”.

Uno de los enfoques críticos hacia la supuesta “ineptitud económica” de Mao fue el hecho de que incidir en una mayor productividad agrícola liberaría más mano de obra agrícola para el sector industrial manufacturero, facilitando el desarrollo general del país. Sin embargo, escribe Ball “era correcto para China, como lo demuestran los efectos positivos de las políticas de Mao en términos de bienestar humano y desarrollo económico”

La agricultura y la industria rural a pequeña escala no fueron el único sector que creció durante el período socialista de China. La industria pesada también creció mucho en este período, no al mismo nivel que la URSS de Stalin, pero su avance fue significativo. Desarrollos como la creación del campo petrolero Taching durante el Gran Salto Adelante proporcionaron un gran impulso al desarrollo de la industria pesada.

Esto se desarrolló después de 1960 utilizando técnicas propias nacionales, en lugar de tecnologías soviéticas u occidentales. (por ejemplo, los trabajadores chinos utilizaron la presión desde abajo para ayudar a extraer el petróleo. No confiaron en construir una gran cantidad de torres de perforación, como es la práctica habitual en los campos petroleros).

“Vale la pena recordar, dice Ball, que los “saltos” de los que Mao hablaba más no eran saltos en la cantidad de bienes que se producían, sino saltos en la conciencia y la comprensión de las personas. Se cometieron errores y muchos debieron desmoralizarse cuando se dieron cuenta de que algunos de los resultados del Salto habían sido decepcionantes. Pero el éxito de la economía china en los años venideros muestra que no se desperdiciaron todas sus lecciones”.

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El plan de Hungría y Alemania Federal para crear un éxodo planificado de ciudadanos de la RDA en el verano de 1989

 

 

Uno de los acontecimientos que adquirió especial relevancia, dentro de la vorágine de las llamadas eufemísticamente “revoluciones de terciopelo” que acontecieron en el Este europeo durante el año 1989, y que la propaganda anticomunista occidental utilizó como prueba incuestionable de la superioridad moral y política de las democracias capitalistas sobre el comunismo, fue cuando miles de ciudadanos de la RDA abandonaron su país en el verano de ese año mediante un éxodo que en realidad fue orquestado desde varios países.

Lo primero que hay que decir es que a finales de los años 80 la resistencia de la República Democrática Alemana (RDA) para mantener cohesionado el Estado de obreros y campesinos se estaba debilitando. El hecho de que la RDA tuviera que estar compitiendo contra todo tipo de adversidades con su vecina capitalista para garantizar un nivel de vida óptimo para sus ciudadanos, hizo que una parte de éstos (siempre minoritaria), y gracias en buena medida a la propaganda de las estaciones de radio y TV de la República Federal de Alemania (RFA), vieran en la “hermana” capitalista de Alemania del Oeste un lugar más atrayente para satisfacer sus expectativas.

Cada vez más ciudadanos en la RDA creían que la RFA era el país de mejores oportunidades. Que la RDA fuese un estado obrero y campesino no lo sabían y no les interesaba. En consecuencia, no hubo actitud reflexiva alguna e ideas por parte de esa población para llevar a cabo cambios en la RDA de tal manera que la RDA permaneciese como un estado socialista. Prefirieron huír, sobre todo hacia Hungría y Checoslovaquia en lugar de regresar, arremangarse, continuar trabajando y encontrar soluciones.

¿Entonces, qué motivó realmente que en aquel verano de 1989, en plena Centroeuropa, miles de alemanes del Este dejaran el país (la mayor parte de ellos estaban fuera de él, de vacaciones) para ir hacia Hungría, Austria y Checoslovaquia y entrar en la RFA? Se hizo evidente, desde el principio, que estos factores fueron influenciados por la propaganda occidental, en particular, cuando miles de esos ciudadanos llegaron a la conclusión de que un cambio notable, rápido y permanente en sus condiciones de vida, especialmente en lo que respecta a la satisfacción de sus necesidades personales, sólo podría realizarse en Alemania Occidental o en Berlín Occidental.

Un impulso crucial para que se hiciese efectiva la contrarrevolución de 1989 en la RDA y la previa “fuga” de miles de ciudadanos de la RDA hacia Hungría y Checoslovaquia, se debió, según algunos, a problemas de origen interno (economía de escasez, servicios inadecuados, opciones restringidas para viajar fuera y dentro de la RDA, condiciones de trabajo insatisfactorias a nivel de sueldos y salarios, burocracia de autoridades, empresas e instituciones, etc..) frente a los cuales la dejadez de las autoridades provocó gran malestar en el pueblo.

Beneficios del socialismo, como los derechos sociales ampliamente consolidados, ya no se consideraban factores decisivos en comparación con las deficiencias y problemas generados ya que en parte aquéllos también se dieron por sentados y, por lo tanto, no se incluyeron en la evaluación o incluso se negaron por completo. La inaplicabilidad de eficientes medidas correctoras frente a todo ello pudo influir en el desarrollo de los acontecimientos, pero hay que decir que la suerte ya estaba echada para la RDA (y del resto del bloque soviético), reformaran o no el sistema socialista.

Porque, independientemente del malestar ciudadano de la RDA, que no debería haber sido, ni mucho menos, determinante para forzar la huida de su país, la desestabilización contra la RDA fue llevada a cabo por un conjunto de decisivos actores externos e internos. En concreto, el peso contrarrevolucionario en el exterior lo llevaron países como Hungría, Alemania Federal y una de sus cuñas ideológicas, que utilizaron como palanganeros para aquellos eventos: la llamada “Unión Paneuropea”, un movimiento fuertemente europeísta, federalista y anticomunista creado para la unificación de Europa y fundado por el conde Richard von Coudenhove-Kalergi, sí, el del famoso “plan Kalergi” que tanto está en boca de las teorías de la conspiración de grupos de extrema derecha. Imposible no señalar a EEUU, de cuyas maniobras y complots, en aquel año de 1989, apenas se sabe nada, aunque hay datos bastante consistentes que apuntan a que jugó un papel importante en todos aquellos procesos.

Los eurodiputados paneuropeos de Kalergi habían abogado por la introducción de un pasaporte europeo único, por el desmantelamiento de los controles fronterizos o por el establecimiento de las doce estrellas sobre un fondo azul como símbolo europeo oficial, dejando bien claro que no aceptaban las líneas impuestas en Yalta y la creación de “un telón de Acero”, como una frontera de Europa, por lo que pronto establecieron contactos con grupos clandestinos del antiguo bloque oriental para ir socavando los países socialistas. Al final, el “Plan Kalergi” era esto.

Parte de las contrarrevoluciones de 1989 que condujeron a diversos “cambios de régimen” (técnicamente disfrazados de “revoluciones”) en los países del Este socialista, en particular en la RDA, fueron organizadas por la mencionada Unión Paneuropea y el opositor Foro Democrático Húngaro, bajo el patrocinio del archiduque Otto von Habsburg, que era miembro del partido ultraconservador alemán CSU, y el político húngaro Imre Pozsgay. Así pues, Hungría fue, literalmente, la puerta de entrada a la contrarrevolución en todos los países socialistas de Europa y, en particular, al desfondamiento de la RDA.

El 27 de junio de 1989 fue la fecha emblemática donde el Ministro de Relaciones Exteriores de Hungría, Gyula Horn, junto al de Austria, Alois Mock, y un gran contingente de medios, escenificaron la ruptura del llamado “telón de acero” que separaba la frontera entre ambos países cortando el alambre de púas con dos cizallas. Los agentes del capitalismo y la maquinaria de propaganda de Occidente comenzaron, entonces, una desenfrenada campaña de demolición controlada de todo el Este socialista de Europa.

La traición del gobierno húngaro a sus socios socialistas del Pacto de Varsovia, tuvo lugar en un momento en que 4,3 millones de ciudadanos de la RDA estaban de vacaciones fuera del país, sobre todo en habituales lugares de recreo de Hungría como el Lago Balatón. Esta planificada operación de largo alcance se produjo, “casualmente”, después de que Gorbachov, en junio de 1989, durante su encuentro con el canciller federal Helmut Kohl, en Bonn, hablase del “derecho de los alemanes a determinar su propio futuro” (Gorbachov estaba claramente desentendiéndose de su aliado germano oriental y dando vía libre a la anexión).

A partir de ahí, se exacerbó la “oposición interna en la RDA”. Las iglesias protestantes de la RDA, junto a los medios de comunicación de la RFA, realizaron una verdadera campaña masiva de intoxicación informativa, histeria e incitación a los ciudadanos de la RDA que estaban en Hungría para que se fugaran hacia las embajadas de Budapest y Praga, desde su lugar de descanso vacacional. Muchos ciudadanos de la RDA no regresaron de sus vacaciones, “huyendo” a través de la frontera entre Checoslovaquia y Austria con el objetivo de llegar a la RFA. Otros ocuparon las embajadas de la RFA en Budapest y Praga.

Pero no fue un “escape”, como quien lo hace para huír del castigo de la justicia, sino una campaña orquestada de evasión que se hizo efectiva gracias a la suspensión temporal unilateral por parte de Hungría de las disposiciones básicas del acuerdo entre el Gobierno de La RDA y el gobierno de la República Popular de Hungría sobre tráfico transfronterizo. Hungría adoptó dicha suspensión en materia de fronteras con el sólo objetivo de desacreditar y echar abajo al gobierno de la RDA, facilitando la huida masiva de ciudadanos de la RDA. Hungría estaba actuando a las órdenes de Bruselas y EEUU.

El llamado “Picnic Paneuropeo” fue la plasmación injerencista llevada a cabo por agentes de la Unión Paneuropea y el gobierno húngaro para provocar la huida de ciudadanos de la RDA. Es lo que hoy denominaríamos una “revolución de color” o “golpe de Estado blando”, cuyo objetivo era facilitar la caída y anexión de la RDA. La propaganda oficial del evento tildó el “Picnic” como “una manifestación “de paz” de la Unión Paneuropa en la frontera austrohúngara, cerca de la ciudad de Sopron, el 19 de agosto de 1989, que condujo a la ruptura del bloque oriental”. En realidad, el “Picnic” fue la escenificación de un acto de agresión, sin armas, contra la RDA.

En el llamado “picnic”, 661 ciudadanos de la RDA que se encontraban en Hungría fueron convencidos para abandonar la RDA e ingresar en Austria y Checoslovaquia en dirección a Alemania Occidental. Se organizaron más salidas, apoyadas por la Cruz Roja Internacional y el Servicio de Cáritas Malteser húngaro quienes ejercieron de traficantes de estos desplazados. El 28 de agosto de 1989, Gyula Horn, ministro de Exteriores húngaro, informó al subsecretario de Estado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bonn, Jürgen Sudhof, sobre la apertura oficial de las fronteras en la noche del 11 al 12 de septiembre.

El gobierno húngaro pagó a los ciudadanos que querían dejar la RDA altas cantidades de dinero diarias para su mantenimiento. Estaba todo perfectamente organizado para la desestabilización. Había convoyes de automóviles reunidos, encabezados por vehículos de Alemania Occidental y también trenes para la salida de “refugiados” procedentes de la RDA. La Checoslovaquia pseudocomunista, del amortizado Gustav Husak, también fue muy activa en la colaboración injerencista. La Embajada de Praga en la República Federal de Alemania realizó gestiones con las que convencer a ciudadanos de la RDA para que abandonaran el país.

Uno de los catalizadores o directores de la transacción de ciudadanos de la RDA hacia Hungría y Checoslovaquía, a los que convenció para que no regresaran a su país, fue el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Alemania Federal, Hans Dietrich Genscher, un antiguo miembro del Partido Nazi (NSDAP), agente de la CIA y que apenas ocultaba su odio a la RDA. El gobierno húngaro recibiría más tarde un préstamo preferencial de 500 millones de marcos alemanes del gobierno federal de Helmut Kohl y Genscher por su apoyo a los “refugiados” de la RDA, es decir, por haber liquidado el Tratado de Varsovia y haber contribuido al desplome de la RDA. El conspirador Gyula Horn, siendo Primer Ministro de Hungría, recibiría, años más tarde, la Cruz del Mérito Federal de Alemania.

El pleno celebrado en septiembre de 1989 por el Politburó del SED (Partido Socialista Unificado) pospuso una reacción política, que debía ser enérgica y decidida, al 10 de octubre, es decir, tres días después del 40 aniversario de la RDA. Un mes clave de “inacción” de los líderes del SED durante el cual los partidarios de la Perestroika y la Glasnost redoblaron sus esfuerzos para galvanizar la inversión de sentimientos entre los sectores de la población. Por ejemplo, entre los representantes de la influyente iglesia protestante, el obispo Werner Leich, de Turingia, hizo encendidas declaraciones oficiales a favor de la Perestroika y la Glasnost en la RDA. Ni el Politburó ni el gobierno, paralizado, reaccionaron ni tomaron las medidas necesarias.

Precisamente, fuerzas centrífugas pro-Perestroika actuaron secretamente en el interior de la RDA para acelerar la desintegración del país. Y provenían del lugar que menos esperarían en la RDA: de la propia Unión Soviética. ¿Quién iba a suponer que en la RDA, en el otoño convulso de 1989, estaba actuando, en nombre de Gorbachov, un grupo especial de la KGB con el nombre en clave de “Lutsch” y con objetivos desestabilizadores?

El grupo de agentes de la KGB de Gorbachov recopiló información e influyó en ciertas personas relevantes de la RDA para que tomaran el camino en dirección a la Perestroika. Se sabe, por ejemplo, que uno de los jefes de la KGB en la RDA, V. Kryuchkov, tuvo como contacto al renombrado físico alemán oriental Manfred Von Ardenne.

Personajes de las altas esferas políticas de la RDA como Günther Schabowski, miembro del Politburó del SED, fueron informado sobre las conversaciones del KGB con Hans Modrow (último presidente de la RDA), Wolfgang Berghofer (“reformista” del SED y alcalde de Dresde) y Markus Wolf ex jefe de la Stasi. Estas fueron todas las personas (o una parte significativa de ellas) que jugaron un papel decisivo dentro del SED para dar un giro en el país a favor de la contrarrevolución de Gorbachov. El grupo especial de la KGB, cuyas actividades fueron indetectables, apoyó activamente la oposición interna en el partido para destituir a Erich Honecker.

Gorbachov, como ya se mencionó anteriormente, había decidido la “no interferencia en los asuntos internos” de los estados socialistas, lo que suponía una rendición incondicional ante Occidente. Sin embargo, de hecho, Gorbachov interfirió masivamente en los asuntos internos del gobernante partido comunista SED y la propia RDA, para acabar destruyendo el país. Las “tesis gorbachovianas” de la Perestroika y Glasnost eran una estrategia de camuflaje que escondían la liquidación en dominó de todo el socialismo en Europa del Este.

En particular, en el proceso de división y descomposición del SED, Gorbachov utilizó especialmente al KGB para llevar a los miembros del SED a la línea revisionista-rupturista y pro-capitalista del PCUS, siendo uno de los hombres clave en la RDA el antiguo “espía sin rostro” del MfS (Stasi), Markus Wolf.

Así pues, el “éxodo” de miles de germano orientales en el verano de 1989 no fue una decisión planificada espontáneamente por ellos, sino que fueron conducidos hábilmente gracias a una extraordinaria campaña propagandística y a una conspiración conjunta de la RFA con las fuerzas antisocialistas que se habían hecho con el poder en Hungría junto a sus aliados austríacos, checos y el grupo de agitadores “paneuropeos” de Kalergi, mientras EEUU actuaba a distancia controlando el ansiado derrumbe de la RDA.

 

 

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Cómo la CIA utilizó el movimiento estudiantil de EEUU para contrarrestar la influencia izquierdista

 

 

En su edición de marzo de 1967, Ramparts, una publicación periódica de la costa oeste de EEUU (California) que se opuso firmemente a la participación estadounidense en la guerra en Vietnam, reveló detalles de la estrecha relación entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Asociación Nacional de Estudiantes (NSA). Los lazos de la NSA con la CIA se formaron en los primeros años de ambas instituciones después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Guerra Fría estaba en marcha. Ramparts cerró en 1975

Según Ramparts, la CIA había estado proporcionando gran parte de los fondos para la NSA a través de varios “canales”, una práctica que se ha hecho extensible hasta hoy. Miembros de la NSA, muchos de ellos a sabiendas, habían servido a los intereses de la CIA al participar activamente en movimientos internacionales de jóvenes y estudiantes. Las actividades de la NSA fueron financiadas por la CIA, tanto para contrarrestar la influencia comunista como para proporcionar información sobre personas de otros países con quienes tuvieron contacto.

Las revelaciones sobre los lazos de la CIA con la NSA fueron lo más sensacional de una serie de reportajes en esa época que expusieron la participación de la Agencia en instituciones como el Congreso para la Libertad Cultural, la Comisión Internacional de Juristas, el sindicato AFL-CIO, Radio Free Europe y conocidas e importantes fundaciones filantrópicas (como la Carnegie o Rockefeller). Un libro de Karen Paget, Patriotic Betrayal, es el relato más detallado hasta el momento del uso que hizo la CIA de la Asociación Nacional de Estudiantes como vehículo para la recolección de inteligencia y la acción encubierta.

Tras el final de la II Guerra Mundial, Occidente declara formalmente la guerra fría al comunismo soviético y sus aliados socialistas europeos a través del famoso discurso de Winston Churchill en Fulton (EEUU), utilizando toda suerte de resortes injerencistas, ya fuese a través de la CIA, el Pentágono y la OTAN o mediante el chantaje de las relaciones comerciales (embargos). La Agencia Central de Inteligencia no sólo se embarcó en la lucha contra el comunismo del bloque soviético, y de otros países, sino también contra todo aquel país que desafiara la hegemonía militar y económica estadounidense, aunque se tratara de un país neutral, ya que como dijo el activista Steve Kangas, autor del Memorial de Atrocidades de la CIA, nada más ha enfurecido a los directores de la CIA que una nación permaneciese fuera de la “guerra fría”

La CIA, con el apoyo de los servicios de inteligencia británicos, promovieron golpes de Estado en todo el mundo una vez finalizada la II Guerra Mundial (lo que hoy se llamaría técnicamente “revoluciones de color”, pero más agresivas y cruentas) para derrocar a gobiernos democráticamente elegidos. Ejemplos se pueden encontrar en todos los continentes: en Irán, con el golpe anglo-americano contra el primer ministro iraní Mohammed Mossadegh en 1953; en Sudamérica, la CIA cooperó con la multinacional norteamericana United Fruit Company para derrocar al gobierno democráticamente elegido del presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz, en 1954. En África, también la CIA cooperó con los ex gobernantes coloniales de la República del Congo, los carniceros belgas, en el derrocamiento del recién elegido primer ministro del país, Patrice Lumumba, en 1960.

Durante los años cincuenta y sesenta, en EEUU, la CIA paradójicamente fue la que más estuvo dispuesta a reclutar a “liberales” (terminología que en EEUU equivale a ser socialdemócrata) y miembros de la Nueva izquierda troskista en sus actividades. La razón era muy simple: se trataba de “desmagnetizar” el izquierdismo en EEUU para, en la atmósfera de guerra fría creada por Occidente, iniciar una lucha sin cuartel que había que ganar no sólo en el campo de batalla militar, sino también en el combate cuerpo a cuerpo intelectual e ideológico contra el comunismo.

Durante el período de los años 50-60 se produjeron en EEUU gran cantidad de delaciones por parte de muchos ciudadanos estadounidenses con puntos de vista políticos ultraconservadores y patrióticos (o patrioteros) ante la Oficina Federal de Investigaciones (el FBI), la contraparte de la CIA en el campo de la inteligencia nacional. Durante dicho período, el FBI dependió de una extensa red informadores para acumular vastos expedientes sobre asociaciones políticas y la vida personal de millones de estadounidenses. Hasta la respetada ACLU (American Civil Liberties Union) estaba infestada de “chivatos” del FBI dispuestos a delatar a sospechosos de comunismo en sus filas.

El COINTELPRO (Counter Intelligence Program) del FBI ejemplifica el tipo de agenda desestabilizadora que se utilizó en EEUU para infiltrarse en organizaciones izquierdistas. Dicho programa, que la Oficina estableció en secreto en 1956, se hizo para promover las disputas y la división en grupos cuyas actividades la Oficina deseaba neutralizar. Ello dependía en parte de su capacidad para recopilar datos personales llevados a cabo por informantes dentro de esas organizaciones.

Para ello, se trabajó una atmósfera de Guerra Fría en la cual el FBI y sus aliados en el Congreso, más los medios de comunicación a su servicio (que eran prácticamente todos), retrataron a los “subversivos domésticos” como aliados de los enemigos extranjeros y, por ello, constituían la mayor amenaza para los Estados Unidos. De ahí que, probablemente, toda esta maquinaria de propaganda jugase un papel importante a la hora de persuadir a tantos estadounidenses para que actuaran como informadores.

Y qué mejor conducto para actuar como informantes que pertenecer a una organización representativa estudiantil de ámbito nacional como la NSA, el foco principal de la “rebelión social” americana. Muchos de esos estudiantes, involucrados en actividades de espionaje para la CIA, luego alcanzaron puestos prominentes en la vida pública norteamericana. Uno de los que estuvo bajo sospecha fue Allard Lowenstein, presidente de la NSA en 1950-1951 y destacado activista contra los derechos civiles y la guerra de Vietnam, aunque en el libro de Paget antes mencionado se le descarga de toda responsabilidad.

Otro de los señalados es Robert Kiley, vicepresidente de la NSA de 1957 a 1958. Kiley, como líder estudiantil, cooperó estrechamente con la CIA y, posteriormente, trabajó directamente para la Agencia, desempeñando un papel de liderazgo en la identificación de africanos que podrían colaborar con ella, convirtiéndose más adelante en ayudante del Director de la CIA, Richard Helms.

Otra histórica activista estudiantil colaboradora de la CIA fue la renombrada feminista Gloria Steinem. Operando a través de una organización del frente de la CIA, establecida en cooperación con ex miembros de la estudiantil NSA, Steinem reclutó a jóvenes estadounidenses para participar en los entonces populares Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes, que se celebraban casi siempre en países socialistas y eran de marcado componente anti-imperialista e izquierdista.

Steinem fue al Festival Mundial de la Juventud celebrado en Viena en 1959 y dos años más tarde aterrizó en Helsinki. Aparentemente, hizo bien su trabajo eligiendo participantes estadounidenses como espías que fueron muy efectivos para neutralizar a los estudiantes comunistas. Steinem, a diferencia de muchos otros colaboradores de la CIA, fue sincera: “En la CIA, finalmente encontré un grupo de personas que entendieron lo importante que era representar la diversidad de las ideas de nuestro gobierno en los festivales comunistas. Si tuviera la opción, lo volvería a hacer”. La CIA entendió pronto que el feminismo podría servir a iguales objetivos que el minar las organizaciones estudiantiles izquierdistas a través de delatores.

Otro ilustre agente estudiantil de la CIA fue Paul Sigmund, luego profesor de Ciencia Política en la Universidad de Princeton. A finales de la década de 1950, Sigmund colaboró con la CIA durante varios años. Su papel incluyó la redacción de un plan para un seminario de verano de seis semanas conducido por un grupo frontal a través del cual la Agencia podría evaluar a otros estudiantes que podrían enrolarse en sus actividades. Sigmund publicó años más tarde, en 1974, un extenso artículo atribuyendo el golpe de estado de septiembre de 1973, en Chile, a las “fechorías de Allende”

Entre otros líderes de la estudiantil NSA que trabajaron para la CIA y que posteriormente fueron prominentes profesores universitarios u ocuparon cargos de relevancia institucional se encuentran James P. Grant, director ejecutivo de UNICEF durante muchos años y ampliamente admirado, quien murió en 1995; James Scott, profesor de ciencias políticas y antropología en la Universidad de Yale, muy respetado por sus escritos sobre el sudeste asiático; Crawford Young, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Wisconsin y conocido erudito de estudios africanos; Luigi Einaudi, un diplomático estadounidense que se desempeñó como secretario general interino de la Organización de los Estados Americanos y Duncan Kennedy, profesor de derecho en Harvard

Otras organizaciones, como la Liga de Estudiantes para la Democracia Industrial, una pequeña organización con una inclinación socialdemócrata que tenía varias secciones en varios campus universitarios, era “ferozmente anticomunista”, aunque se opuso a las prohibiciones universitarias de permitir oradores comunistas en los campus. Con todo, la NSA fue el principal frente de la CIA en las universidades americanas, utilizando la tapadera de la llamada Fundación para Asuntos de Jóvenes y Estudiantes, la principal fuente de financiación para la NSA

Cuando en los años 60 Estados Unidos empezó a experimentar un profundo cambio político y un gran número de jóvenes empezaron a cuestionar el apoyo de sus padres a la Guerra Fría del Pentágono, el alcance del movimiento contestatario en EEUU fue tal que las operaciones puestas en juego para descarrilar y desviar a este zeitgeist emergente fueron inmensas. La complejidad de la operación desarrollada por la CIA ni siquiera se pudo igualar con ninguna otra operación interna (incluida el 11-s).

Para ello, el establishment utilizó piezas de propaganda de guerra como activo contra la izquierda en los años 60. Tal fue el caso de la “progresista” ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles), organización que supuestamente velaba por los derechos y libertades individuales de los estadounidenses. La ACLU hoy es un gran negocio redondo que genera más de 150 millones de dólares al año en beneficios y ha tenido y tiene fuertes donantes (aunque no los especifica en su web) como el Open Society Institute de George Soros y las Fundaciones Ford, Rockefeller, Carnegie, Field, Tides, Gill, Arcus, Horizons, y otras.

La ACLU fue fundada por Roger Baldwin, Crystal Eastman y Felix Frankfurter, de los que vale la pena hacer una breve reseña. Frankfuter fue asistente personal del fiscal de distrito de Nueva York, Henry Stimson, quien creó el Black Eagle Fund para distribuir millones de dólares procedentes de botines robados en la II Guerra Mundial depositados en cuentas encubiertas, los cuáles fueron utilizados posteriormente para organizar falsas banderas, manipular elecciones y organizar golpes de Estado favorables a Wall Street en todo el mundo. Frankfurter luego fue juez del Tribunal Supremo de EEUU.

Crystal Eastman era hermana de Max Eastman, quien dirigía el principal órgano de propaganda comunista de EEUU The Masses y que ayudó a John Reed a apoderarse del movimiento socialista en EEUU. Más tarde Eastman se convirtió en partidaria de la “caza de brujas anticomunista” del senador Joseph Mccarthy. Roger Baldwin empezó como un devoto comunista pero diez años más tarde, desde la fundación de la ACLU, dirigió la purga de todo “comunista viviente” en EEUU cuando los ejecutivos de la ACLU se reunían en secreto con el FBI para filtrar los nombres de los sospechosos de ser “rojos”.

Un investigador de Chicago, Sherman Skolnick, descubrió que la CIA utilizaba una variedad de resortes para financiar a la izquierda estadounidense. En particular, acusó a Rennie Davis, Tom Hayden, Lee Weiner y Jerry Rubin, líderes del movimiento juvenil estudiantil, de aceptar fondos de fuentes de la CIA, específicamente a través de una compleja red de entidades pantalla de la CIA como la Fundación Carnegie, la Organización de Salud Estudiantil, el Instituto de Estudios de Política, JM Kaplan Fund, Aaron E. Norman Fund, New World Foundation y Roger Baldwin Foundation

A Sherman le tomaron por un “conspirador” o “teórico de la conspiración” en unos años (los 60) donde este término era poco usual y había poco espacio para la disidencia debido al monopolio que ejercían la totalidad de medios de desinformación masiva de EEUU. Al final los estudiantes denunciados por Sherman engrosaron las filas de lo más granado del “establishment” americano: Rennie Davis acabó como capitalista de riesgo; Tom Hayden terminó como Senador y miembro del Instituto de Estudios de Política de Harvard, mientras que Lee Weiner pasó de pertenecer a la sionista Liga Antifamación, infestada de agentes del Mossad, a convertirse en vicepresidente de AmeriCares (una multinacional-ONG financiada por gobiernos y poderosos donantes privados que vive de hacer negocio con la pobreza en el mundo como, por otra parte, cientos de ONGs de EEUU).

 

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Fuentes:

Karen Paget, Patriotic Betrayal

https://prospect.org/article/when-student-movement-was-cia-front

https://nonprofitquarterly.org/50-million-soros-grant-to-fund-aclu-for-reduction-of-incarceration/

La política del aborto en la URSS

 

 

El aborto ha sido siempre un asunto de gran controversia, tanto en el siglo pasado como en el vigente, donde el foco del debate se ha puesto sobre todo en las sociedades capitalistas occidentales, librándose agrias batallas entre, por una parte, los defensores de los “derechos reproductivos de la mujer”, es decir, los agrupados en torno a la izquierda troskista, los comunistas y la socialdemocracia y, por la otra, los partidarios de prohibir el aborto, escorados normalmente hacia el (ultra)conservadurismo político y religioso. Los abortos, para bien o para mal, siempre han estado rodeados de una aureola de negatividad y han sido tratados con cautela por los legisladores en todo el mundo. Pero ¿cuál fue la actitud hacia el aborto en la Unión Soviética?

En la Rusia soviética, tras el triunfo de la Revolución bolchevique, llegó la innovación sobre la cuestión del aborto con una resolución favorable al mismo. En noviembre de 1920, mediante una Orden de los Comisarios de Justicia, Dmitry Ivanovich Kursky, y de Salud, Nikolai Aleksandrovich Semashko, se aprobó oficialmente el aborto, por lo que la Rusia bolchevique se convirtió en el primer país del Mundo en permitir el aborto. De esta manera, el decreto “sobre la interrupción artificial del embarazo” de ese año 1920 levantó la prohibición de los abortos que existía en la Rusia zarista.

Sin embargo, pronto empezaron a aparecer los problemas. Una de las primeras consecuencias negativas de la medida implantada por los bolcheviques fue que se dispararon los embarazos extramaritales y los abortos empezaron a convertirse en una rutina común peligrosa. Los datos estadísticos de 1926, en Leningrado, mostraron que solo el 42% de las mujeres que quedaron embarazadas decidieron dar a luz, el resto había interrumpido el embarazo. La situación en las aldeas soviéticas, lejos de las grandes ciudades, no fue mucho mejor

Al ritmo de abortos que se estaban produciendo en la Unión Soviética los gobernantes del país llegaron a la conclusión de que la nación llegaría al borde del colapso demográfico y, en la práctica, se extinguiría. Y en tiempos de amenazas militares o contrarrevoluciones internas llevadas a cabo por elementos conspiradores esto no podía ser permitido. Además, el desarrollo del ejército, la industria, la agricultura y demás fuerzas productivas era imposible sin un aumento constante de la población.

La práctica de los abortos en la URSS llegó a un punto en que la situación era ya incontrolable y además las interrupciones de embarazos estaban diezmando la natalidad en el país, lo que llevó a las autoridades soviéticas a hacerse con el control demográfico mediante la decisión de imponer una prohibición en los años treinta, con Stalin en el poder, puesto que no se podía continuar con el procedimiento implementado a finales de 1920 por Lenin, debido a las razones antes expuestas.

De este modo, y dada la difícil situación demográfica del país, un Decreto del Comité Ejecutivo Central y el Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, de 27 de junio de 1936, “a petición de los trabajadores”, y firmado por Mijail Kalinin, obligó a prohibir los abortos con la excepción establecida de que “El aborto solo se permitirá en los casos en que la continuación del embarazo sea una amenaza para la vida o amenace con un daño grave a la salud de la mujer embarazada, así como la presencia de enfermedades hereditarias de los padres y solo en el contexto de que se lleve su práctica en hospitales”.

 

Mijail Kalinin

 

Esta Resolución, y los resultados de su implementación hasta la cancelación del Decreto el 23 de noviembre de 1955, ya con Nikita Khruschev en el poder, se inundó de mitos negativos, que hoy día son transmitidos categóricamente por los partidarios modernos de los abortos legales como supuestos argumentos incontrovertibles, junto a medias verdades, en contra de la prohibición del Decreto Kalinin. Algunos de esos argumentos se basan en el hecho de que, supuestamente, la prohibición del aborto en la URSS no disminuyó el número de interrupciones del embarazo, dio paso a las actividades clandestinas, aumentó la mortalidad y supuso la pérdida de la salud en decenas de miles de mujeres.

La prohibición del aborto por Stalin, en mi opinión, fue una medida necesaria y globalmente acertada que, además, fue corroborada años más tarde con ocasión de la ocupación nazi del territorio soviético, donde destacados representantes del nazismo como Martin Bormann afirmaron: “En vista de la gran cantidad de familias que hay en las poblaciones nativas de aquel lugar (la URSS), solo estaremos satisfechos si las niñas y las mujeres hacen el máximo número de abortos posibles. El Führer espera que ampliemos el comercio generalizado de anticonceptivos. No estamos interesados en el crecimiento de la población no alemana”.

Por su parte, la Comisión estatal nazi para la gestión del territorio ocupado de Polonia estableció que “Todas las medidas que tienden a restringir la fertilidad deben ser permitidas y apoyadas. El aborto en el área restante (Polonia) debe estar libre de prohibición. Los fondos para el aborto y la anticoncepción deben ofrecerse públicamente sin restricciones políticas. La homosexualidad siempre debe ser declarada legal. Instituciones y profesionales comprometidos con las políticas sobre el aborto no deben interferir en ellas “.

Mientras, otro hombre de Hitler, el general Wilhelm Wetzel, del Ministerio de los Territorios Ocupados del Este, afirmó: “Cualquier medio de propaganda, especialmente a través de la prensa, la radio, el cine, así como breves folletos y conferencias, debe utilizarse para inculcar en la población rusa la idea de que es perjudicial tener varios hijos. Tenemos que enfatizar los costos que causan. También debemos hacer alusión al peligroso efecto de la maternidad en la salud de una mujer “.

Vardan Ernestovich Baghdasaryan, Doctor en Historia, experto en el Centro de Análisis de Problemas y Diseño de Gestión de la Administración Pública de Moscú, en una ponencia celebrada en 2016 titulada “La experiencia Stalin en el incremento de las políticas estatales de natalidad: una comprensión moderna”, estableció la tesis central de que la implementación del aborto en la Rusia soviética de Lenin, y luego en la de Khruschev, hundía sus raíces en la posición de Leon Trotsky, un firme partidario de la legalización de los abortos que iba unido a su deseo de destruir el llamado “hogar familiar”.

 

Vardan Ernestovich Baghdasaryan

 

Trotsky y muchos bolcheviques consideraban entonces, al inicio de los años 20, y con razón, que la familia (en el contexto del anterior sistema opresivo feudalista ruso) era una institución arcaica donde la mujer de clase trabajadora realizaba trabajos forzados desde la infancia hasta la muerte. Según Trotsky el nacimiento de un hijo era para muchas mujeres una grave amenaza para su posición y por ello “el poder revolucionario les dio a las mujeres el derecho a un aborto que, en condiciones de necesidad y opresión familiar, es uno de sus derechos civiles, políticos y culturales más importantes”.

No obstante, pronto se suscitó entre los bolcheviques un desafío ideológico en la cuestión del aborto. De un lado, Stalin mostró su oposición al aborto, y del otro, Trotsky y Lenin eran firmes partidarios del aborto y opuestos al control de la natalidad. Así pues, dentro de la plataforma bolchevique, originalmente leninista, había dos sectores contradictorios y enfrentados entre sí cuyas disputas llegaron hasta los años 30 y supusieron una división dentro del bolchevismo a lo largo de dos trincheras ideológicas, en la que una de ellas proclamaba que la familia debía ser la célula de la sociedad socialista y, por tanto, debía estar protegida, y la otra defendía la abolición de dicha institución familiar.

Baghdasaryan resume la confrontación sobre el aborto en la URSS de la siguiente manera “En la política soviética, existía la posición de Trotsky y la posición de Stalin, donde dos vectores ideológicos luchaban entre sí. El vector de la destradicionalización, es decir, el alejamiento de los valores tradicionales y el vector de la retradicionalización moderada, que en parte coincidió con el período de la mitad de los años 30 y principios de los 50”.

“En los años 20, dice Baghdasaryan, durante el vector de la destradicionalización (Trotsky-Lenin), los indicadores de crecimiento natural de la población fueron cayendo, mientras que en el período de los años 30 y principios de los 50, años de la tradicionalización (Stalin), observamos que en este período las tasas fueron creciendo. Con la destradicionalización de Khruschev la natalidad volvió a caer bruscamente”. Veamos ahora cuán efectiva fue la experiencia de restringir el aborto en la URSS. El gráfico muestra las tasas totales de natalidad en la Unión Soviética y muestra que el aborto legalizado desde 1920 no hizo más que disminuir de forma constante dicha tasa de natalidad:

 

 

La absurda y disparatada teoría de Trotsky consistía en que “destradicionalizar” la natalidad era la consecuencia de una tendencia natural en la Humanidad donde la infancia tenía que declinar, ya que esa Humanidad iría en la dirección de un aumento en la esperanza de vida y la infancia, por tanto, disminuiría.” Esta argumentación, que fue asumida por el sucesor de Stalin, Khruschev, produjo efectos devastadores durante todo el mandato de este último. Sin embargo, dice Baghdasaryan, “la política de Stalin era contextual a lo que estaba sucediendo en el mundo”.

Ya en el exilio, Trotsky fue uno de los críticos más duros de la ley contra el aborto de 1936 y dijo que mediante este decreto Stalin había derribado todos los logros de la Revolución de Octubre, condenando la estrategia del líder georgiano de prohibir el aborto en la URSS, llamándola “la filosofía del sacerdote que posee, además, el poder del gendarme, donde el aborto debe ser castigado con prisión”. Sin embargo, Trotsky no solo desconocía las amenazas que se cernían sobre la URSS, tanto en materia de natalidad como de agresiones militares, sino que su retórica no pasaba de ser la de aquel iluminado que creía, en los años 20, que todo se iba a resolver con la varita mágica de una fantasmagórica revolución mundial destruyendo, al mismo tiempo, la institución familiar soviética.

Los modernos detractores del decreto de 27 de junio de 1936 se han esforzado, igualmente, en montar sórdidas historias sobre las consecuencias de la prohibición del aborto en el “período Stalin” con la misma eficacia propagandística de aquellas otras fabricadas por la CIA durante la guerra fría, aportando datos de dudosa veracidad o simplemente falsificándolos.

Entre esos adversarios jurados del “estalinismo” se encuentran las feministas, quienes han contribuido, también, a construir bulos propagandísticos sobre la “represión” de Stalin contra los practicantes del aborto durante el período prohibitorio. La escritora rusa feminista Maria Arbatova, (quien ha glorificado, por cierto, la infame época de Yeltsin diciendo que “para mí, todo lo relacionado con la era Yeltsin es absolutamente sagrado”) ha afirmado que “el terror estalinista” contra los que vulneraron la prohibición de practicar abortos, solo en una década desde la prohibición, supuso que “500.000 mujeres y ginecólogos fueran fusilados”. Una flagrante mentira desmentida en la propia Resolución de Kalinin y con los hechos documentados en mano.

El “terrible” castigo para los infractores previsto en el Decreto contra el Aborto de 1936 fue tan comedido que solo hay que recordar el contexto político en que se desarrolló la prohibición del aborto a mediados de los años treinta donde los Jefes de los Comités Regionales del PCUS andaban “enfrascados” en “las purgas”, con Stalin atado de pies y manos. Los puntos 2 y 3 del Decreto Kalinin establecían que un médico que vulnerase la prohibición de abortar y cometiese un aborto delictivo podía ser “sentenciado de 1 hasta un máximo de 2 años de prisión, mientras que si obligaba a una mujer a abortar o realizar el aborto en un entorno antihigiénico no sanitario, le podían imponer hasta un máximo de 3 años”.

Por otro lado, para las mujeres que abortaban solo existía la reprensión pública o la imposición de una multa, tal como establecía el punto 4 de la Resolución de Kalinin, del que cito textual: “Con respecto a las mujeres embarazadas que abortan en violación de esta prohibición, establecer como castigo penal la reprensión pública y en caso de infracción repetida de la ley sobre la prohibición del aborto, una multa de hasta 300 rublos”.

Baghdasaryan señala que en la URSS de Stalin las autoridades soviéticas no dispararon un solo tiro ni tampoco encarcelaron a mujeres que practicaban abortos ilegales. Únicamente, dice Bagdasaryan, en sintonía con la Resolución de Kalinin, los infractores fueron objeto de reprensión pública y la imposición de multas. Si se compara esto respecto a muchos países occidentales en el mismo período, la legislación en Occidente era mucho más estricta”.  

La restricción del aborto en 1936 supuso que las tasas de fertilidad en la URSS volvieran a aumentar significativamente (la tasa de crecimiento poblacional fue de 21,2%, lo cual fue un indicador muy serio) que superaba las cifras del Imperio ruso a principios del siglo XX (el 9,3%), teniendo en cuenta que la tasa de fertilidad total disminuyó constantemente a partir de 1920. Y esto a pesar de las pérdidas terribles producidas durante la II Guerra Mundial (la Gran Guerra Patriótica). Esto demostró el éxito de la administración Stalin en los procesos demográficos.

Pero, como sucede con cualquier tipo de prohibición que afecte a una franja importante de la sociedad, “no todo el monte era orégano”, surgiendo inevitablemente bolsas de ilegalidad, clandestinidad y muertes. Los abortos ilegales implicaban potencialmente una cadena de fallecimientos (al realizarse aquéllos en condiciones de salud no garantizadas) ya que la interrupción del embarazo la hacían en algunos casos personas sin ninguna formación médica. Las estadísticas de 1936 muestran que solo un 23% de los responsables de realizar abortos ilegales ocupaban cargos relacionados con la Salud pública

Pero ¿es cierto que la prohibición de Stalin realmente ocasionó la muerte a cientos de miles de mujeres soviéticas como señalan algunos autores-detractores? La investigación científica más accesible sobre este tema la podemos encontrar en el trabajo de Viktoria I. Sakevich “Qué ocurrió después de la prohibición del aborto en 1936”. Su autora, profesora de la Escuela Superior de Economía de Moscú, es partidaria del aborto y defiende un enfoque abiertamente crítico y sesgado, afirmando que la tasa de mortalidad materna en el período prohibitorio de la URSS fue de aproximadamente 2.000 personas por año sin contar las zonas rurales. Sin embargo, Sakevich afirma que se produjeron 355.000 abortos ilegales en 1937 pasando a 500.000 en 1940. Si damos por buenos los datos sobre la cantidad de abortos y sobre la mortalidad materna que expone Sakevich, entonces resulta que los abortos ilegales eran bastante seguros.

El mito de que con la prohibición de los abortos en la URSS el número de mujeres fallecidas aumentó dramáticamente debido a la clandestinidad, como señalan varias fuentes críticas (en particular, la de Sakevich), es refutada por el historiador Baghdasaryan, quien afirma que “solamente se produjo un ligero aumento en el número de esas muertes, mientras que en los años posteriores a la II Guerra Mundial se produjo una disminución constante en las mismas. Por supuesto, el coste de la prohibición fue importante en ese aspecto, pero fue posible controlar el impacto de dicha situación con políticas eficaces de Estado”.

Otra de las fábulas desmentidas por Bagdasaryan es la relativa a la tasa de mortalidad infantil respecto a la prohibición del aborto de 1936, desmintiendo la tesis de que con la prohibición de los abortos los niños no deseados aparecieron en familias más “pobres” y, en consecuencia, no sobrevivieron y, al mismo tiempo, se produjeron más infanticidios. Los gráficos muestran que esto también es un mito: no ocurrió ningún aumento fundamental en la mortalidad infantil después de 1936 (solo durante el período 1941-1942 coincidiendo con el bloqueo nazi a Leningrado) e incluso la mortalidad infantil se redujo, gracias también al éxito de la medicina”, como señala Baghdasaryan en el siguiente gráfico:

 

 

 

Después de la Segunda Guerra Mundial se lograron indicadores estables en relación con la tasa general de nacimientos, hasta 1955, cuando Khruschev abolió las restricciones sobre el aborto. Entonces, la tasa de natalidad bajó drásticamente. La década de 1960 es el período más dramático en la historia de los abortos en toda Rusia ya que se interrumpieron cerca de seis millones de embarazos, es decir, casi una generación entera de niños soviéticos no nacieron.

Dice Baghdasaryan, a este respecto, que “no podemos prescindir de un vector ideológico. Me refiero a muchas evidencias, en particular, sobre el trotskismo de Khruschev donde todo su conjunto de acciones ideológicas se establecieron claramente en clave trotskista, incluida la razón por la que levantó la prohibición del aborto en 1955”.

Hay que decir que adicionalmente a la decisión de prohibir el aborto en 1936 por Stalin la resolución incluía, entre otras cosas, un endurecimiento de los requisitos para conseguir el divorcio. El número de divorcios disminuyó al igual que en los años de la posguerra, repuntando en el período de Khrushchev, 1955-1965, cuando se eliminaron las medidas restrictivas del período de Stalin, disparándose los divorcios hasta llegar la URSS a ser el primer país del mundo en separaciones matrimoniales legales, como se muestra en el gráfico siguiente:

 

 

 

Para Baghdasaryan, la introducción de la legalización del aborto siempre fue igual a una caída en la tasa de natalidad aplicable a todos los países, incluidos los capitalistas. De hecho, en los países occidentales, relativamente tarde, se introdujeron leyes favorables al aborto. En Inglaterra, a mediados de los años 60, produjo una severa caída en la tasa de natalidad.

El Decreto Stalin sobre la prohibición del aborto no era la panacea para corregir, por sí solo, la pobre situación demográfica en la Unión Soviética sino que dicha medida contenía otras complementarias. Entre ellas, figuraban en la Resolución:

  • Reforzar el papel nuclear de la familia en la sociedad soviética
  • Aumentar, como se ha dicho antes, los requisitos para demandar procesos de divorcio
  • Incrementar la asistencia económica a las mujeres en el trabajo
  • Establecer ayudas estatales multifamiliares
  • Ampliar la red de hogares de maternidad, guarderías y jardines de infancia
  • Incremento de las sanciones penales por impago de pensión alimenticia de los padres a los hijos en caso de divorcio

 

Además, el punto 9 de la Resolución establecía una sanción penal a las empresas por negarse a contratar mujeres por razones de embarazo, con la obligación de transferirlas a un trabajo más liviano antes de solicitar la licencia por embarazo. En caso de vulneración reiterada de estas normas, la pena impuesta al empleador podía ser de hasta 2 años de prisión.

¿Y cómo fueron las polítiicas sobre el aborto en otros países, particularmente del entorno soviético? En unos se introdujeron prohibiciones de abortos y en otros se legalizaron. El ejemplo más famoso es Rumanía, donde se prohibió el aborto en 1966. En principio, corrigieron drásticamente la situación demográfica, pero luego no la siguieron tan rígidamente y el presidente del país, Nicolae Ceaucescu, fue conminado a movilizar el cumplimiento de esta decisión. El impacto en los procesos demográficos produjo un aumento en la tasa de natalidad. La experiencia rumana es significativa a este respecto.

En Bulgaria y en la siempre conservadora (a pesar de ser comunista) Polonia se introdujo en 1956 la legalización de los abortos. En 1957, se hizo lo mismo en Yugoslavia y Checoslovaquia, mientras que en la República Democrática Alemana, RDA, los conservadores del CDU (cristiano-demócratas que formaban parte del gobierno del Partido Socialista Unificado, SED) votaron en contra en la Volksammer o Cámara del Pueblo, en 1972, por lo que su voto fue determinante para la no aprobación de una Ley favorable al aborto en la RDA.

Como dice Baghdasaryan “La prohibición del aborto podría ser un éxito solo cómo una medida compleja. Si observamos, en general, todo esto se basó en una inversión ideológica, que se llevó a cabo a mediados de los años treinta. Además de la prohibición del aborto, Stalin promovió el retorno a las tradiciones de la literatura y arte rusos recuperando personajes o héroes de leyenda (Ivan el Terrible), se produjo el deshielo con la iglesia ortodoxa, se rehabilitó la figura de la familia como eje central de la sociedad socialista, se restituyó la figura de los cosacos y se penalizó la sodomía”.

El arco demográfico en la URSS hasta llegar a día de hoy en Rusia ha pasado del decrecimiento de los años veinte al crecimiento de los años 30 y nuevamente a la caída en picado de la demografía soviética durante el decenio de Khruschev para finalizar con una nueva caída de la natalidad en la Rusia actual, como podemos ver en el gráfico que sigue:

 

 

 

De todo lo anteriormente expuesto se puede extraer una lectura bastante clarificadora: la implementación del aborto en la URSS impulsada por Lenin, Trotsky y Khruschev fue un fracaso sistémico, digan lo que digan los defensores de la política leninista-trotskista sobre los “derechos reproductivos” de las mujeres, mientras que Stalin y su equipo eligieron la dirección correcta (con todas las deficiencias y efectos no deseados que surgieron con la aplicación del Decreto Kalinin).

“Después de todo, dice Baghdasaryan en su reflexión personal final, que algunos tildarán de “conservadora”, en todas las partes del mundo occidental, los abortos comenzaron a introducirse en los años 70. Desde finales de los años 80, se está introduciendo la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Y este proceso ha abarcado a todo el mundo occidental.

Así, etapa por etapa, se produce lo que llamaríamos deshumanización del hombre. Lo siguiente es la muerte de la persona como fenómeno histórico y no solo histórico. La cuestión del aborto, la prohibición del aborto, no es solo una cuestión de hoy, no es solo una cuestión de la seguridad demográfica de Rusia. Se trata de un desafío de valor tan trascendental que se remonta a lo largo miles de años atrás en lo más profundo de la historia y durante milenios desde una perspectiva histórica”.

 

 

 

FUENTES:

https://azbyka.ru/zdorovie/stalinskij-opyt-gosudarstvennoj-politiki-povysheniya-rozhdaemosti-sovremennoe-osmyslenie

https://sovietime.ru/semya-po-sovetski/aborty-v-s-ovetskie-vremena

https://rusplt.ru/wins/stalin-abortyi-zapretit-30069.html

http://xn--e1aaejmenocxq.xn--p1ai/node/13820

http://www.demoscope.ru/weekly/2005/0221/reprod01.php

 

 

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