Qué hubo realmente detrás de las ‘purgas’ en la URSS de Stalin

 

 

El año pasado se cumplieron 80 años de las llamadas “purgas o represiones masivas de 1937” en la URSS cuyo denominador común fue, sobre todo, la depuración política de elementos golpistas del partido (PCUS) y del Ejército Rojo de la Unión Soviética e, indirectamente, alcanzaron a ciudadanos que nada tenían que ver con los anteriores. Por ejemplo, en mayo de ese año, el mariscal Tukhachevsky y varios militares de alto rango fueron acusados ​​de “conspiración militar fascista” y fueron arrestados. En junio todos ellos fueron condenados a muerte.

La versión de la propaganda anticomunista occidental, a través de sus agentes culturales de la CIA, y la oficial de la Rusia post-soviética es que aquéllos eventos fueron la consecuencia de una supuesta “persecución política”, que tenía como eje el tantas veces mencionado “culto a la personalidad de Stalin”. El Dios Stalin, que quería convertirse en el Señor y Dueño de todo el territorio soviético, decidió reprimir a todos los que dudaban de su genio. Y sobre todo a aquellos que, junto con Lenin, crearon la Revolución de Octubre. Nada más lejos de la realidad, en lo que respecta al líder soviético.

El aspecto más ominoso de la historiografía occidental suele remarcar el episodio de los procesos de Moscú, 1936-1939, con un propósito declarado de presentar al socialismo soviético  –y a Stalin en particular- como un sistema criminal, despótico y arbitrario que sometió y ejecutó por la fuerza bruta a millones de personas. Sin embargo, la realidad no contada (hurtada y secuestrada) de Occidente es mucho más compleja que la simple y desvergonzada propaganda de los Estados que matan por petróleo. Al menos en la versión ofrecida por la página de más abajo, usada como fuente de esta entrada. Un análisis que es más neutral de lo que aparenta.

Se olvidan, los palmeros del gran capitalismo expoliador, de uno de los elementos esenciales de esa “represión” (contra los golpistas): aquel en el cual los depuestos reaccionarios zaristas y el imperialismo exterior no consintieron ni un solo minuto el ascenso al poder de los soviets y no hubo más remedio que utilizar a la policía, tribunales y cárceles, para contrarrestar la involución permanente que acechaba al primer Estado socialista del mundo. En particular, con la larga guerra civil azuzada desde dentro y fuera de la Rusia soviética y una vez terminada aquella mediante la ejecución, por los “blancos”, de miles de sabotajes, intentos de golpes de Estado y actos de terrorismo llevados a cabo tanto contra el propio jefe de Estado (Lenin) como contra militantes comunistas relevantes (Kirov) y de base así como contra los propios campesinos pobres, utilizando aquí la extorsión, la tortura y el secuestro.

En la URSS, en la década de los años treinta, había una emergencia política nacional que había que resolver drásticamente, donde el “trotskismo” de los Zinoviev y Kamenev era un capital desestabilizador que utilizaron las potencias imperialistas para tal fin. El trotskismo había dejado de ser una corriente política dentro del movimiento obrero socialista para convertirse en conspiradores, forajidos sin principios, en agentes del espionaje y, lo que es peor, en asesinos que actuaban bajo el paraguas de Occidente. Leon Trotsky, conviene no olvidarlo, en su exilio en México, hizo una petición al FBI para ser su confidente (documentos desclasificados de los federales).

La falsificación en Occidente en torno a hechos como los “procesos de Moscú” (juicios que se llevaron a cabo contra sectores involucionistas políticos y mlitares de la URSS), y, en particular contra la imagen de Stalin, ha sido, en líneas esenciales, la fabricación de una gran operación de propaganda que respondió a los presupuestos demonizadores de la guerra fría. Pero es que incluso desde las filas de algún “disidente”, como el ex agente de inteligencia soviética, Alexander Orlov (de la NKVD), huido de la URSS a finales de 1930, no tuvieron inconveniente en reconocer que se estaba preparando un golpe de Estado en la URSS en aquellos años. Orlov reconoció que entre los conspiradores había representantes en la dirección del NKVD y el Ejército Rojo en la persona del mariscal Mikhail Tukhachevsky. Stalin tuvo conocimiento de ello y no le quedó más remedio que ejecutar a los golpistas.

Otro activo conspirador santificado por la progresía de Occidente fue el ya mencionado Leon Trotsky, quien antes de evitar ser capturado optó por huír de la URSS. En los años 80 del siglo XX, en los Estados Unidos se desclasificaron archivos del enemigo más importante de Joseph Vissarionovich (Stalin). De estos documentos quedó claro que Trotsky tenía una amplia red de conspiración clandestina bien ramificada en la Unión Soviética. Desde su exilio en México, Lev Davidovich instó a su pueblo a que tomara medidas decisivas para desestabilizar la situación en la Unión Soviética, hasta la organización y ejecución de actos terroristas masivos. ¿Se imaginan que hubiera ocurrido en la URSS de estar Trotsky o alguno de los otros conspiradores golpistas cuando Hitler invadió el país en 1941? La capitulación hubiera sido inmediata y hoy se hablaría alemán en Moscú y en el resto de Europa.

De los propios archivos desclasificados en Rusia, a raíz de la disolución de la URSS en 1990, se deduce igualmente de que hubo una amplia conspiración contra Stalin. Testimonios del golpe donde se detallaban los planes militares de los conspiradores contados al detalle. No era una invención de “alguien” cercano al poder para lavar la cara a Stalin sino de gente muy bien informada como fue el caso del Comisario Adjunto de Defensa Tukhachevsky y otros golpistas.

 

ANTECEDENTES: LA NEP UN EXPERIMENTO CAPITALISTA CORRUPTO. TROTSKY: AGENTE TERRORISTA AL SERVICIO DE LAS POTENCIAS CAPITALISTAS

 

A principios de la década de 1920, surgió una discusión en la dirección del Partido Bolchevique sobre el destino de la construcción del socialismo en el país. El prominente especialista sobre la era Stalin, doctor en Ciencias Históricas, Yuri Nikolayevich Zhukov, hace una afirmación sorprendente: “Incluso después de la victoria de la Revolución de Octubre, Lenin, Trotsky, Zinoviev y muchos otros no pensaron seriamente que el socialismo triunfaría en la atrasada Rusia. Miraron con esperanza a los industrializados Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia”. Zhukov señala que “Líderes bolcheviques como Zinoviev sólo creían que la revolución era posible en Alemania. Y una vez que esta triunfara Rusia se uniría a ella para poder construir el socialismo”.

En el verano de 1923, Stalin le escribió a Zinoviev: “incluso si el Partido Comunista de Alemania cae del cielo, Rusia no lo sostendrá”. Stalin era la única persona con liderazgo que no creía en la revolución mundial. Él creía que nuestra principal preocupación era la Rusia soviética.

¿Qué ocurrió a continuación?, continua Zhukov: La revolución en Alemania no tuvo lugar e implantamos el NEP. Unos meses después, el país estaba al límite de la explosión social. Las empresas estaban cerrando, había millones de desempleados y los trabajadores que habían acumulado ahorros recibieron del 10 al 20 por ciento de lo que recibieron antes de la revolución. Los campesinos fueron conminados a pagar impuestos en especie que no pudieron pagar. El bandidaje había aumentado en todos los ámbitos: político y social.

Existía una situación económica sin precedentes: los pobres, para poder pagar impuestos y alimentar a sus familias atacaban a los trenes. Surgieron grupos de delincuentes incluso entre los estudiantes: para aprender y no morir de hambre se necesitaba dinero. Eso es lo que resultó ser el NEP: un instrumento que corrompió al partido y a los cuadros soviéticos. El soborno estaba por todas partes. Cualquier servicio, desde el presidente del Consejo del pueblo hasta un policía, aceptaba un soborno. Hasta los directores de las plantas fabriles arreglaban sus propios apartamentos a expensas de las empresas, a precio de lujo. Y así desde 1921 hasta 1928.

Mientras tanto, Trotsky y su mano derecha en el campo de la economía, Preobrazhenski, concibieron transferir la llama de la revolución a Asia y formar cuadros en nuestras repúblicas orientales, construyendo allí fábricas con urgencia para “constituir” un proletariado local.

Stalin propuso una opción diferente: la construcción del socialismo en un solo país. Al mismo tiempo, no estableció un plazo sobre cuándo se construiría el socialismo. Él dijo: vamos a construirlo y después de varios años especificó: es necesario crear industria pesada en 10 años. De lo contrario, nos destruirán. Esto fue pronunciado en febrero de 1931. Stalin no estaba equivocado. Diez años y 4 meses después Alemania atacó a la URSS”.

Una vez que la NEP fue eliminada se introdujo la colectivización forzosa y la industrialización masiva. Esto dio lugar a nuevas dificultades y serios problemas. El campesinado, tradicionalmente conservador y reaccionario, provocó revueltas masivas y los trabajadores de algunas ciudades se mantuvieron en huelga, insatisfechos con el escaso sistema de cupones de distribución de alimentos. En resumen, la situación sociopolítica interna se volvió a deteriorar de forma notable. Y ayer, como hoy, como señala el historiador Igor Pykhalov: “opositores del partido de todos los colores se convirtieron en activistas para “pescar en aguas revueltas”. Líderes políticos y otros cuadros más los nostálgicos zaristas ansiaban venganza en la lucha por el poder, por lo que se volvieron inmediatamente más activos”.

Así pues, la primera piedra de toque de la contrarrevolución se puso en marcha. En primer lugar, se activó el movimiento clandestino trotskista, que tenía una vasta experiencia de actividad subversiva secreta desde la Guerra Civil. A fines de la década de 1920, los trotskistas se unieron con los antiguos camaradas de armas de Lenin, Grigory Zinoviev y Lev Kamenev, que estaban ya de por sí descontentos porque Stalin los había desplazado del poder debido a su manifiesta incompetencia política.

La llamada “oposición derechista”, fue organizada por personajes como Nikolai Bujarin, Abel Yenukidze y Alexei Rykov. Estos criticaron duramente a los líderes “estalinistas” por la “colectivización  organizada de forma improcedente en las aldeas”. También hubo grupos de oposición más pequeños. Todos ellos tenían una cosa en común: el odio por Stalin, contra el que estaban dispuestos a luchar con cualquier método subterráneo, aprendido de los tiempos revolucionarios de la era zarista y la brutal Guerra Civil.

En 1932, casi todos los opositores se unieron en un solo bloque de la derecha trotskista, como se llamaría más tarde. En la agenda estaba el inmediato derrocamiento de Stalin. Se consideraron dos variantes. En caso de una guerra con Occidente, se daba por hecho que dicho conflicto contribuiría a la derrota del Ejército Rojo en todos los sentidos, y de este modo se tomaría el poder del caos resultante. Si la guerra no se llevaba a cabo entonces se consideraría ejecutar un golpe de Estado “palaciego”.

Yuri Zhukov subraya: “Directamente a la cabeza de la trama estaban Abel Yenukidze y Rudolf Peterson, un colaborador en la Guerra Civil que participó en operaciones punitivas contra campesinos insurgentes en la provincia de Tambov, comandó el tren blindado de Trotsky y, a partir de 1920, fue comandante del Kremlin en Moscú. Querían arrestar de inmediato a todos los “estalinistas”, el propio Stalin, Molotov, Kaganovich, Ordzhonikidze y Voroshilov”.

Los conspiradores lograron atraer al comisario adjunto del Pueblo para la Defensa, el mariscal Mikhail Tukhachevsky, quien se había sentido ofendido por Stalin por no ser capaz de apreciar las supuestas “grandes habilidades” del Mariscal. El Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, Henry Yagoda, también se unió a la conspiración: Yagoda era un vulgar arribista sin principios que en algún momento pensó que la silla bajo la que se sentaba Stalin se iba a tambalear de un momento a otro, por lo que se apresuró a acercarse a la oposición.

En cualquier caso, Yagoda cumplió aplicadamente sus obligaciones con los opositores, obstaculizando cualquier información sobre los conspiradores que periódicamente llegaba a la NKVD. Y tales señales, como luego se supo, regularmente cayeron sobre la mesa del Jefe de la Cheka del país, pero cuidadosamente las escondió “debajo de la alfombra”.

Lo más probable es que la trama fue derrotada debido a los impacientes trotskistas. Cumpliendo con las instrucciones de su líder, Trotsky, sobre el terror, contribuyeron al asesinato de uno de los hombres de Stalin, el primer secretario del comité del partido regional de Leningrado, Sergei Kirov, quien recibió un disparo en el edificio Smolny el 1 de diciembre de 1934.

Stalin, quien cada vez estaba más alarmado por las informaciones que hablaban de una conspiración, tomó cartas en el asunto a raíz del asesinato de Kirov y puso en práctica medidas de represalia. El primer golpe cayó sobre los trotskistas. En el país hubo arrestos masivos de aquellos que al menos una vez estuvieron en contacto con Trotsky y sus asociados. El éxito de la operación también se vio facilitado en gran medida por la circunstancia de que el Comité Central del Partido tomó bajo estricto control las actividades de la NKVD. En 1936, toda la “plana mayor trotskista-zinóvievista” fue condenada y destruida. Y a fines del mismo año, el Comisario del Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos, Yagoda, fue removido de su cargo y fusilado en 1937.

Luego, llegó el turno para otro conspirador, el mariscal Tukhachevsky. Como escribe el historiador alemán Paul Carell, refiriéndose a fuentes de la inteligencia alemana, el mariscal planeó un golpe el 1 de mayo de 1937, cuando gran parte del equipo militar y las tropas se dirigían a Moscú para participar en el desfile del Primero de Mayo. Bajo la tapadera del desfile, era factible llevar unidades militares leales a Tukhachevsky hasta la capital.

Sin embargo, Stalin, que ya sabía de estos planes, posibilitó que Tukhachevsky fuera aislado, por lo que a finales de mayo fue arrestado y junto con él, una relación completa de comandantes de alto rango del Ejército Rojo. Así, la trama trotskista derechista fue completamente liquidada a mediados de 1937.

 

LA DEMOCRATIZACIÓN DE STALIN: ELECCIONES LIBRES. LA RESISTENCIA DE LA NOMENKLATURA DIRIGE LA REPRESIÓN Y EL TERROR

 

Según varios informes, Stalin iba a detener la represión en curso contra los golpistas en previsión de que el asunto se fuera de las manos. Sin embargo, en el verano del mismo año de 1937 se encontró con otra fuerza hostil inesperada: los “barones regionales” de entre los primeros secretarios de los comités regionales del partido. Las cifras de los “nuevos rebeldes” eran muy alarmantes para los planes de Stalin de democratizar la vida política del país, porque las elecciones libres planificadas por Stalin amenazaban a muchos de ellos con la inminente pérdida de poder.

Espera…¿elecciones libres convocadas por Stalin? Nos dicen en el artículo de referencia que, efectivamente, se hablaba de ¡elecciones libres!. No al uso capitalista para restaurar a la burguesía y sus privilegios de clase dominante, entendámoslo, sino en el sentido de desconcentrar el poder del partido para reducirlo a la mínima expresión ya que se estaba convirtiendo en una nomenklatura de déspotas privilegiados con capacidad de tomar decisiones por encima del mismo Stalin y, por ende, del pueblo. Primero, en 1936, por iniciativa de Stalin, se adoptó una nueva Constitución, según la cual todos los ciudadanos de la Unión Soviética sin excepción, incluidos los llamados del “antiguo régimen”, que anteriormente habían sido privados de sus derechos de voto, recibirían los mismos derechos civiles. Y, además, como escribe Yuri Zhukov:

“Se asumió que, simultáneamente con la Constitución, se aprobaría una nueva ley electoral, en la que se formularía el procedimiento para la elección de varios candidatos alternativos, y el nombramiento de candidatos para el Consejo Supremo, que estaba programado para el mismo año, comenzaría inmediatamente. Los modelos de papeletas ya habían sido aprobadas y un montante de dinero fue asignado para la propaganda y las elecciones”.

Zhukov cree que a través de esta decisión, Stalin no sólo quería llevar a cabo la democratización política, sino también eliminar del partido a la “nomenklatura”, que, en su opinión, era demasiado elitista y se había distanciado demasiado de la vida del pueblo. Stalin quería dejar al partido sólo el trabajo ideológico y otorgar todas las funciones ejecutivas reales a los Soviets de diferentes niveles (elegidos alternativamente de forma democrática) y al gobierno de la Unión Soviética, así que en 1935 el líder soviético expresó una importante idea: “Debemos liberar al partido de toda actividad económica”.

Sin embargo, dice Zhukov, Stalin reveló sus planes demasiado pronto. Y en el Pleno del Comité Central de junio de 1937, la nomenklatura, principalmente los primeros secretarios, dio un ultimátum a Stalin: o lo dejaba todo como estaba, o él mismo sería destituido. Al mismo tiempo, los “nomenklaturistas” hicieron referencia a las conspiraciones recientemente descubiertas de los trotskistas y los militares. Exigieron no solo restringir los planes de democratización, sino también fortalecer las medidas de emergencia, e incluso introducir cuotas especiales represivas masivas en todas las regiones, decían, para acabar con los trotskistas que habían escapado del castigo. Yuri Zhukov dice a este respecto:

“Los secretarios de los comités regionales, comités territoriales y comités centrales de las empresas nacionales solicitaron que se aplicaran los llamados “límites”. Es decir, el número de aquellos a quienes se podía arrestar y disparar o enviar a lugares remotos. Una futura “víctima del régimen”, acusado de crear una organización fascista letona, Robert Eikhe, fue el más entusiasta en aplicar dichas medidas. En aquellos días Eikhe era el primer secretario del Comité del Partido Siberiano Occidental y solicitó el derecho a disparar a 10.800 personas. En segundo lugar, Nikita Khrushchev, el posterior Secretario General del PCUS y presidente revisionista de la URSS, quien encabezó el Comité Regional de Moscú, estableció su propia “marca”: “sólo” 8.500 personas. En tercer lugar, el primer secretario del comité regional de Azov-Mar Negro (hoy el Don y el Cáucaso del Norte) Evdokimov puso la suya: disparar a casi 7 mil.

Medio año después, cuando Khrushchev se convirtió en el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Ucrania,  uno de sus primeros despachos enviados a Moscú fue una solicitud para permitirle disparar a 2.000 personas.

Stalin, según Zhukov, fue rehén de esa “nomenklatura” y no tuvo más remedio que aceptar las reglas de este siniestro juego, porque el partido en ese momento tenía demasiada fuerza y no se le podía desafiar directamente.  De este modo, la Gran Represión dio la vuelta al país, cuando los verdaderos participantes en la conspiración fallida pero también simples personas sospechosas, fueron ejecutados. Está claro, y esto no puede ser objeto de discusión, que muchos de “aquellos que no tuvieron nada que ver con las conspiraciones” se les metió en el saco de la “purga” masiva impulsada por la nomenklatura.

Fue, el anterior, uno de los “logros” criminales de la amplia red de conspiradores: crear un Estado de sospecha global y amenaza permanente a la nación soviética tras una cruel y larga guerra civil y los centenares de actos de sabotaje y terrorismo en el país de años anteriores. Todo ello con la inestimable colaboración y apoyo injerencista exterior de países como EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia, la fascista Polonia. Japón, Finlandia y Serbia, entre otros.

Sin embargo, conviene puntualizar para no caer en la propaganda de las cifras de los neoliberales, troskistas y la extrema derecha mundial hablando de “decenas de millones de víctimas inocentes”. De acuerdo con Yuri Zhukov:

“En nuestro instituto (Instituto de Historia de la Academia Rusa de Ciencias) trabaja el Doctor en Ciencias Históricas Viktor Nikolayevich Zemskov quien, como parte de un pequeño grupo investigador, revisó y verificó en los archivos de la KGB durante varios años cuál era el verdadero alcance de la represión, ni mucho menos basado en las cifras barajadas por el anticomunista Oeste. Inmediatamente se lo echaron en cara.

En 1935, un total de 267.000 personas fueron arrestadas y condenadas bajo el artículo 58, de las cuales 1.229 personas fueron sentenciadas a muerte, y en 1936, respectivamente, 274 mil y 1.118 personas fueron fusiladas. En el año 1937, más de 790,000 personas fueron arrestadas y condenadas bajo el Artículo 58, más de 353.000 fueron fusiladas, en el año 1938, más de 554.000 fueron arrestadas y más de 328,000 fueron fusiladas. En el año 1939, unos 64 mil fueron condenados y 2.552 personas fueron sentenciadas a muerte, en el año 1940, aproximadamente, 72 mil fueron arrestadas y 1.649 personas fusiladas.

En total durante el período de 1921 a 1953, 4.060.306 personas fueron condenadas, de las cuales 2.634.397 personas fueron encarceladas en campos de internamiento y diversas prisiones”.

Por supuesto, señala el articulista, estas son cifras terribles (porque cualquier muerte violenta también es una gran tragedia). Pero los millones que engordó Occidente para su propaganda de la guerra fría y “caliente” (omitiendo los suyos, que sí se cuantifican en millones, a través de guerras e invasiones ilegales desde el fín de la II Guerra Mundial) es pura y cruel obscenidad.

Sin embargo, en los años 30, en el curso de esta sangrienta campaña, Stalin finalmente logró controlar a los iniciadores del terror, los primeros secretarios regionales, dirigiendo contra ellos la represión, los cuales fueron liquidados uno a uno. En 1939, una vez que Stalin logró tomar el control absoluto del partido, el terror masivo impulsado por la “nomenklatura” inmediatamente se apagó. También mejoró notablemente la situación en el país y la gente realmente comenzó a vivir mucho de forma mucho más próspera que antes. Aunque por poco tiempo ya que la Alemania nazi, dos años después, se convirtió en la nueva pesadilla del país.

Stalin pudo haber retomado sus planes para sacar al partido del excesivo poder que había acumulado sólo después de la Gran Guerra Patriótica, a finales de la década de 1940. Sin embargo, en ese momento una nueva generación de la misma nomenklatura del Partido había crecido en la sombra. Fueron sus representantes quienes organizaron una nueva conspiración anti-Stalin, que fue coronada con éxito en 1953, cuando el líder soviético murió en circunstancias aún no aclaradas.

Puede resultar curioso, pero algunos afines a Stalin, sin embargo, intentaron poner en práctica sus planes después de la muerte del líder. Yuri Zhukov lo menciona:

“Después de la muerte de Stalin, el jefe del gobierno de la URSS, Malenkov, uno de sus colaboradores más cercanos, abolió todos los privilegios para la nomenklatura del partido. Por ejemplo, la emisión mensual de dinero (“sobres”), cuyo monto era dos o tres o incluso cinco veces superior al salario medio. Elevó los salarios de los empleados de los organismos estatales en 2 o 3 veces. El ataque a la línea de flotación de los derechos de la nomenklatura del partido, oculto a los ojos de los extranjeros, duró sólo tres meses. Los cuadros del partido, unidos, comenzaron a quejarse sobre la violación de sus “derechos” al Secretario del Comité Central Khrushchev”.

Además, es sabido. Khrushchev, en el famoso XXI Congreso del PCUS, en 1956, colgó el sambenito a Stalin de todas las culpas por la represión del año 1937 cuando él, el calvo traidor, había sido uno de los principales promotores y entusiastas de las ejecuciones masivas. Uno de los efectos colaterales del Congreso revisionista de Khruschev fue la contrarrevolución húngara de ese año que fue galvanizada, además de por la propaganda de la CIA, por las proclamas “anti-estalinistas” del nuevo hombre fuerte de la URSS.

Por otra parte, a los jefes del partido no solo les devolvieron todos los privilegios, sino que de hecho salieron indemnes del Código Penal, algo que en sí mismo comenzó a descomponer rápidamente el partido. Si bien hubo un período de estabilidad durante la época Brezhnev, fueron precisamente los líderes del Partido, sobre todo a mediados de los años 80, los que lo desintegraron produciéndose un golpe de Estado por Gorbachov y Yelstsin con la ayuda de la CIA, George Soros y los países de la OTAN para, finalmente, terminar muriendo la Unión Soviética.

Sin embargo, esta es otra historia completamente diferente. Ni tan diferente puesto que la caída de la URSS tuvo sus matices y elementos involutivos externos ya mencionados aquí, al margen de errores propios internos. Como es diferente esta versión totalmente desconocida para el gran público occidental, Queda a su criterio aceptarla o no.

 

FUENTE:

http://www.posprikaz.ru/2017/06/chto-zhe-na-samom-dele-stoyalo-za-massovymi-repressiyami-1937-goda/

 

¿Sobrevive la conciencia ‘más allá’ del espacio y el tiempo? (6). Desmontando a Sam Harris, pseudoescéptico, pseudoateo y…sionista

 

SAM HARRIS: EL ATEÍSMO ES AUTÉNTICO Y VERDADERO SÓLO SI DEFIENDES AL ESTADO ETNICISTA DE ISRAEL

 

El aspecto más irritante que surge a la hora de explicar la naturaleza desde una perspectiva materialista pasa por creer que esta es la única portadora de la realidad, de la conciencia misma. De hecho, el materialismo tendría mucho más sentido si la conciencia no existiera en absoluto, si todo el universo consistiera simplemente en el despliegue de una serie de procesos mecánicos inconscientes. Pero no es así. El materialismo de hoy día podría decirse que sirve a poderosos intereses económicos y políticos

(Bernardo Kastrup, científico)

 

A la “desmitificación” de las ECM (no sólo la de Reynolds) se han sumado otros insignes escépticos con sus opúsculos correspondientes, como es el caso del filósofo ateo y neurocientífico Sam Harris, en particular para dar cuenta del caso “Alexander”. Pero tampoco, piensa uno, hacía falta esforzarse mucho para desmontar la propaganda religiosa, disfrazada de ECM, que Alexander ha dejado en su libro La Prueba del Cielo. Ya dije, en otra entrada, que no dudaba que Alexander hubiera tenido esa ECM pero la barnizó tanto de religiosidad que sólo ha quedado de su experiencia un best-seller para consumo de charlatanes teístas y de la Nueva Era.

Harris es uno de los ateos catecumenistas más mediáticos junto a Richard Dawkins, Daniel Dennett y el lenguaraz Christopher Hitchens, ya fallecido. Todos ellos defensores del modelo hermenéutico de que la conciencia emana del cerebro. El único “argumento” de Harris para descalificar el caso ECM de Pam Reynolds fue atacar “ad hominem” a uno de los médicos presentes en la operación, el cardiólogo Michael Sabom. Dice Harris que El Dr. Michael Sabom, es un cristiano que ha estado trabajando durante décadas para corroborar el significado de otro mundo en las ECM. La posibilidad de que en este caso la persona que experimentó la ECM sea prejuiciosa, se hayan manipulado testigos y se hayan introducido falsos recuerdos es algo que resulta insoportablemente obvio”.

Para Harris todo lo relativo al caso Reynolds forma parte de un montaje, de una conspiración y de “obviedades” orquestadas por “cristianos” y gente como Reynolds incapaz de decir que tuvo una experiencia fuera de los márgenes de lo científicamente explicable. Da igual que seas religioso o no. Para Harris, que va presumiendo de ateo-escéptico y de intelectual formado en neurociencia, esos argumentos resultan cuanto menos penosos. Todo es explicable en nombre del dogma bíblico del apóstol Harris. Si usted opone pruebas contrastadamente objetivas es un ignorante.

Aunque me salga un poco del tema objeto de esta entrada (las ECM) hay que decir que para Harris la clave de los conflictos políticos modernos con trasfondo religioso, en particular el fenómeno islamista, reside en la naturaleza malvada intrínseca de las religiones, algo (esto último) que uno suscribe plenamente si no fuera porque la ignorancia endémica de Harris (no sabes si es a posta) no le permite ver que en todo ello hay un necesario componente geopolítico cuyo principal fustigador ha sido y es, precisamente, su país, EEUU. Pero es que Harris no puede verlo cuando, por su origen judío, es un claro partidario, en el caso del conflicto palestino-israelí, del Estado terrorista de Israel, uno de los principales incentivadores del polvorín islamista en Oriente Medio.

Israel, el “pueblo elegido” (¿le sonará esta manifestación de integrismo a Mr. Harris?), que lleva viviendo décadas de la industria del Holocausto, ha creado y financiado a los Hermanos Musulmanes (Hamás), ha promovido la construcción de mezquitas y radicales islamistas en Palestina para destruir a la facción laica-comunista palestina de la OLP (pero sobre todo al Frente Popular para la Liberación de Palestina), ha dado apoyo logístico al terrorismo yihadista de ISIS en Siria y, como colofón a sus atrocidades, bombardea, secuestra, tortura y asesina a niños palestinos en una espiral represiva sin fín apoyada completamente por el Occidente “laico” y “ateo” de Harris. El judaísmo-sionismo y la crueldad de Israel no parecen ser una de las principales preocupaciones religiosas de Harris y sí el islamismo o el cristianismo.

Es más, el farsante “ateo”-sionista Harris habla de Israel, en su “¿Por qué no critico al Estado de Israel?”, (video de abajo), largando perlas como estas (cito textual) “son los menos de los menos culpables”. “Decir que Gaza es un campo de prisioneros es una ilusión moral (?) de quien no sabe analizar las causas reales del conflicto”. “Hay una diferencia moral innegable entre Israel y sus enemigos y es que Israel está rodeada de gente que tiene intenciones genocidas contra ellos”. “Hay programas donde se les enseña a los palestinos a odiar a los judíos”. “Si unos militares israelíes lanzan una bomba y matan niños no lo hicieron deliberadamente, sino que se ‘esquivocaron. Sabemos que esa no es la intención de los israelíes”. “Hay muchas razones para creer que los palestinos si pudieran matarían a todos los judíos, es parte de su plan”.

 

 

Recalca una y otra vez Harris las mentiras propagadas por el sionismo como es el caso de los “escudos humanos palestinos” para justificar las atrocidades del Estado de Israel. Los desvaríos intelectuales de Harris ya son esperpénticos cuando se pregunta “¿dónde está la izquierda y los musulmanes manifestándose contra el ISIS?”. Que se lo pregunte a la “izquierda” nini troskista y socialdemócrata o a las monarquías tiránicas del Golfo, aliadas de su país, EEUU. Pero, sobre todo, al “laico” Occidente el gran patrocinador del terror “yihadista”. Harris desvía su discurso, una vez más, hacia la “ultra-ortodoxia” judía y los fraudulentos ISIS-AlQaeda (ingeniería terrorista de Occidente) creyendo conocer la “realidad” internacional pero queda como un ilustre bufón del globalismo anglosionista, todo para justificar al Gran Israel etnicista, sionista y racista.

Todos los conflictos del siglo XX y XXI que han tenido motivaciones de índole religiosa, sobre todo los relativos a Yugoslavia, Chechenia o el Oriente Medio (con sus implementados terrorismos gemelos AlQaeda e ISIS, ambos manufacturados por la CIA) son, para el ignorante Harris, la consecuencia única de una ideología retrógrada, totalitaria y exclusivista que se ha reactivado después de llevar “dormida” desde el medievo. Pero admitiendo y apoyando el sustrato ideológico anterior de Harris respecto de todas las religiones (o, al menos de las dos más importanes, cristianismo-islamismo), ese resurgir religioso integrista ha vuelto a “renacer” de la mano del manto protector de las democracias occidentales, las cuáles han avivado el fundamentalismo coránico salafista en una estrategia planificada bajo la llamada Operación Gladio B, creando, , entrenando, armando y financiando a grupos terroristas de corte islamista, para mantener el rol de su expolio económico y político en el mundo.

Pero también, no lo olvidemos, se ha ejemplificado ese radicalismo postizo en el apoyo dado por la “secular” Occidente a regímenes ultracatólicos genocidas, sobre todo a lo largo del siglo XX: desde la nacionalcatólica España franquista hasta las dictaduras militares del Cono Sur latinoamericano (todas ellas con fuertes raíces cristianas) pasando por el régimen sudafricano del “apartheid”. Qué decir del soporte económico, jurídico, político y terrorista dado por la “laica” Occidente al Estado mafioso vaticano y las iglesias de él dependientes, en Europa y EEUU, para el mantenimiento del control ideológico del rebaño.  Por no hablar de ese God Bless America con el que todos los presidentes americanos finalizan sus solemnes discursos guerreros o de investidura. No importa que el gato sea pardo, rubio, blanco o negro, lo que importa es que cace ratones para el imperio.

Cualquier aliado es confiable para EEUU siempre que no sea comunista, anticapitalista, antiglobalista e incluso “neutral” ya que como decía el activista, ya fallecido (o asesinado) Steve Kangas (denunciante de la CIA, a la que acusó de haber causado más de seis millones de muertos en todo el mundo desde su fundación hasta el año 1987) “no hay cosa que mayormente irritase a los estrategas políticos y militares de Washington que el hecho de que un país se mantuviese neutral frente a EEUU” y, por tanto, dicho país era susceptible de ser desestabilizado tanto o más que uno comunista. En este sentido, la practicidad política de tierra quemada de Washington es más inteligente que la del III Reich quien sólo ambicionaba conquistar el poder global de los mil años bajo premisas raciales ario-supremacistas.

Harris, por otra parte, hace una comparativa política, en su Manifiesto por el Ateísmo, entre regímenes opuestos ideológicamente, para no intentar contaminar su anémica irreligiosidad militante cuando se le reprocha que Stalin, Mao, Hitler o Pol Pot eran la consecuencia indeseable del ateísmo. Dice Harris que La gente de fe a menudo afirma que los crímenes de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot fueron el producto inevitable de la incredulidad. El problema con el fascismo y el comunismo, sin embargo, no es que sean demasiado críticos con la religión; el problema es que se parecen demasiado a las religiones. Dichos regímenes son dogmáticos hasta el núcleo y en general dan lugar a cultos de personalidad que son indistinguibles de los cultos del culto al héroe religioso. Auschwitz, el gulag y los campos de muerte no fueron ejemplos de lo que ocurre cuando los seres humanos rechazan el dogma religioso; son ejemplos de dogmas políticos, raciales y nacionalistas descarriados.

Una vieja artimaña intoxicadora de los funambulistas del capitalismo neoconservador ha sido siempre colocar en un mismo plano político a Hitler y líderes del comunismo como Stalin y Mao cuando es una obviedad que si existía una línea ideológica afín entre sistemas políticos, sobre todo en razón de sus intereses económicos, esa no era otra que la de Hitler con los capitalistas norteamericanos que financiaron su ascenso al poder y los europeos occidentales que estuvieron pacificando con el III Reich antes de que se dieran cuenta de que iban a ser engullidos por él, además de sostener el gran capital occidental, tácita y expresamente, a dictaduras de color fascista una vez acabada la II Guerra Mundial.

Eso sí, Occidente salvava a duras penas las distancias con los delirios etnicistas del nacionalsocialismo alemán, aunque uno no estaría tan seguro de que las grandes potencias capitalistas no guardaran igualmente similitudes en ese aspecto, dadas las guerras ilegales perpetradas hasta el día de hoy por EEUU y sus aliados con sus incontables masacres y millones de muertos desde el fin de la II Guerra Mundial. De Pol Pot, citado por Harris, no hablo porque este monigote siniestro y genocida fue creado por la CIA (como tantas bandas terroristas llamadas de extrema izquierda) para servir de puente demonizador y desestabilizador en el sudeste asiático en aras de los objetivos de conquista imperial norteamericana.

Cabría refrescar la memoria del amnésico Harris, ya que menciona el comunismo como un asimilado ideológico del nazismo, que en países como en la dictadura criminal del nazi Suharto (Indonesia) la CIA dio órdenes expresas al régimen tiránico impuesto por EEUU para que asesinase sin piedad alguna a todos los comunistas de ese país asiático. El resultado fue la muerte, al menos, de un millón de personas, militantes o simpatizantes comunistas. Se trataba de limpiar Asia de esos ateos que son descarriados para Harris. Recordar también a Harris que la CIA, esa que enarbola su democracia americana, se nutrió, tras la II Guerra mundial, de criminales de guerra nazis como el jefe de los espías de Hitler en el frente oriental, Reinhard Gehlen (designado por la CIA para fundar el BND –servicio de espionaje alemán occidental- y para luchar contra el comunismo soviético), Klaus Barbie (el carnicero de Lyon, Francia) y miles de oficiales de las SS y la Gestapo para desestabilizar y atomizar el bloque socialista.

Resulta un argumento falaz atribuir al comunismo ser una “religión” sólo porque eres un ateo snob formado en una universidad elitista (Stanford) que intenta desmarcarse de países que fueron oficialmente laicos (que no ateos), como la URSS de Stalin y la China de Mao, echando mano de la propaganda anticomunista de la CIA y Occidente. ¿Acaso no sabe Harris que Hitler y el Papa Pío XII estaban en comunión? ¿Y que el Vaticano y los EEUU consideraban a la URSS y al comunismo los enemigos de Dios, lo que les llevó a ambos forjar una alianza para poner en práctica el terrorismo de Gladio con el que pretendieron acabar con todos los comunistas de Italia y Europa?

El capitalismo occidental, tan condescendiente y cómplice con la religión de Dios, se volcó en desprestigiar y demonizar al comunismo para imputar a la URSS, China y otros países socialistas millones de muertos fabricando datos y cifras falsas a través de sus propagandistas culturales del Este y el Oeste. EEUU estuvo no sólo detrás de la propaganda sino de los muertos que en muchas ocasiones se atribuyen al comunismo como fue, en particular, la hambruna de los años 30 en la URSS que fue organizada por los propios EEUU.

Qué se puede esperar de este bobo ateo de Harris que cree que la autoría del 11-s, cito textual, fueron “secuestradores universitarios de clase media que no tenían ninguna historia conocida de opresión política. Sí pasaban, sin embargo, una gran cantidad de tiempo en su mezquita local, hablando de la depravación de los infieles y de los placeres que esperan a los mártires en el Paraíso. Una persona puede tener un nivel de educación tan alto como para saber construir una bomba nuclear y al mismo tiempo creer que obtendrá 72 vírgenes en el Paraíso”.

Con esta fábula tan risible, con este frívolo discurso político poco más se puede decir de Harris, cuando es notorio que, en el 11-s, Mohamed Atta (el “cerebro”) y el resto de chivos expiatorios controlados por la CIA y el FBI eran adictos a la carne de cerdo, al alcohol y a las juergas y no fueron capaces de pilotar una mierda de avioneta ni cuatro horas seguidas en la base aérea que la CIA tenía en Venice (Florida), donde fueron “entrenados”. Un evento, el 11-s, que fue una gran conspiración interna refutada miles de veces por arquitectos, ingenieros, físicos, expertos en inteligencia, ex oficiales de la CIA y la NSA y un largo etc…y que es conocida por los “truthers” de EEUU como un “inside job”.

Algo así, similar al 11-s, sucedió en el 11-m español (y posteriores atentados de falsa bandera) con su correspondiente rosario de sacrificables confidentes que estaban controlados por la policía, la guardia civil y el CNI y que fueron utilizados como pantalla fraudulenta del atentado. Sólo que aquí, en España, la legión de cobardes, desinformados y amanuenses del régimen ha predominado para guardar silencio cómplice de aquel crimen, al contrario que los desfalsificadores y denunciantes que todavía existen en EEUU y que están bajo la mirilla del fascismo gobernante y sus agencias de seguridad (como es el caso de la ex agente-informante del FBI, Sibel Edmonds).

Con estos títulos el catequista ateo Sam Harris se ha presentado para deslegitimar, supuestamente, las ECM que son explicadas al margen de la ciencia oficial ya que, según él (y otros) la narrativa del interesado que las ha experimentado procede de un relato “sobrenaturalista” y carece de valor. Como si el ateísmo fuera un salvoconducto necesario para apoyar a la ciencia ortodoxa y legitimar así la naturaleza, según ellos, “probadamente anómala cerebral” de una ECM. Y el que diga lo contrario es automáticamente considerado partidario de fantasías espirituales, de las religiones organizadas o de los delirios de la Nueva Era.

Pero la prueba en contrario para rebatir y refutar a este “hombre de paja” llamado Sam Harris está en gente de ciencia como Pim Van Lommel, Roger Penrose, Stuart Hameroff, Michael Sabom, Robert Spetzler, Karl Greene, Jeffrey Long (en menor medida, ya que Long, aunque es un gran científico con un impresionante curriculum, se ha desviado en extremo hacia el teísmo en su último libro God and the Afterlife), Bruce Greyson, Peter Fenwick y muchos otros científicos, sin duda, charlatanes para Harris.

¿Sobrevive la conciencia ‘más allá’ del espacio y el tiempo? (5). La experiencia verdadera de Pam Reynolds: sus defensores

 

 

¿Qué ocurre realmente después de la muerte? 

Nadie que esté vivo lo sabe

 

Para el cardiólogo Michael Sabom, presente en la operación de Reynolds, otro “maldito” para los gurús pseudoescépticos, La gran pregunta no es cuándo comenzó la ECM de Reynolds sino cuándo terminó. Reynolds describió su ECM como una experiencia ininterrumpida y contínua percibida como real al comienzo, durante su experiencia “fuera del cuerpo” como, por otra parte, lo fue en todo momento. Según ella, la ECM finalizó al cierre de la cirugía alrededor de las 2:00 de la madrugada, durante un marco temporal que incluyó el período de “inmovilización” y “EEG plano”.

Pero es que el mismo neurocirujano que operó a Reynolds, Robert Spetzler, quien hizo un trabajo impresionante para eliminar el aneurisma gigante de la paciente, testificó sobre la certeza de su condición física: “Si examinara a esa paciente desde una perspectiva clínica durante el tiempo que esa persona permaneció en quirófano y en ese estado, por definición, estaría muerta ya que no había un cerebro funcional que posibilitara desencadenar experiencias de algún tipo. No podía experimentar nada puesto que las ondas cerebrales habían desaparecido por completo. Este es un nivel de conciencia que no depende del cuerpo físico. No hay evidencia de que esto exista, pero no hay evidencia de que no exista.”

Spetzler preguntado sobre las observaciones de Reynolds (al escuchar la conversación de él con algunos de sus colegas, etc. al ver la sierra de huesos …) dijo que “la conciencia anestésica es incompatible con la supresión de las ondas EEG”. Es más, cuando Reynolds escuchó la conversación acerca de que “sus arterias eran demasiado pequeñas para proceder a la canulación (inserción de un tubito para extraer la sangre) le preguntaron a Spetzler si las ondas del cerebro registradas en ese momento en el EEG eran EFECTIVAMENTE PLANAS, a lo que respondió “Sí”. ¿Todavía Woerlee y sus palmeros andan propagando sus tediosos arabescos anti-ECM para desmentir lo contrario?

Creo que hay una aprobación entre la comunidad médica de que que el cerebro no puede funcionar cuando el corazón ha dejado de latir. ¿O han cambiado ese criterio? El Dr. Spetzler ha declarado sistemáticamente que no acepta que ‘Pam’ haya escuchado o detectado alguna información a través de los canales normales.  Simplemente dice que no sabe cómo obtuvo la información. Y no sólo eso sino que el doctor Spetzler deja las cosas bastante claras a los partidarios de la teoría “alucinatoria” en las ECM: “La alucinación no es la explicación a lo ocurrido con Reynolds, porque la alucinación, en primer lugar, requiere actividad metabólica. En segundo lugar, la alucinación es una función cerebral que genera anomalías y desórdenes que normalmente no tendrías y, en tercer lugar, una alucinación forma parte de un cerebro activo”.

Peter Fenwick, neuropsiquiatra, viene a decir lo mismo del caso Reynolds: “Cuando el corazón está parado y el cerebro no funciona no puede haber recuerdos. El cerebro no puede recordar experiencias durante este período porque el cerebro y el sistema de memoria no funcionan. Cuando las personas con experiencias cercanas a la muerte recuerdan cómo abandonan el cuerpo y observan la reanimación desde una visión cenital es muy difícil para la neurociencia contemporánea comprender cómo podría funcionar un sistema de memoria que se anula. Entonces uno debería pensar que la información se almacena inicialmente fuera del cerebro y luego se ancla más adelante en la memoria cerebral. O que de alguna manera la memoria es absorbida dentro del mismo cerebro de alguna manera que no entendemos”.  Durante la fase crítica de la ECM, ya sea en las experiencias OBE (fuera del cuerpo) flotando o en encuentros con el túnel de luz, etc los referentes no serían, por tanto, espacio-temporales.

En palabras de Karl Greene, neurocirujano que participó en la operación de Pam Reynolds: “Desde un punto de vista práctico, la experiencia consciente completa de la Sra. Reynolds podría considerarse anómala, en el sentido de que tal experiencia consciente como la descrita por ella no ocurre típicamente en nuestra realidad consensuada. La influencia de la dosis de drogas administrada a la paciente, como los barbitúricos, suprimen marcadamente la actividad electrofisiológica cerebral (supresión de ondas en el electroencefalograma).”

“Por otra parte, apunta Greene, la hipotermia profunda supone la pérdida de actividad electroencefalográfica espontánea y la falta de respuesta somatosensorial (sensación de calor, frío, tacto…) y auditiva del tronco encefálico, mientras que el paro circulatorio también supone pérdida completa de toda actividad electrofisiológica. El relato bien informado de la señora Reynolds de una experiencia consciente durante la alteración profunda y la supresión de la actividad del sistema nervioso central podría considerarse anómalo en este contexto”. Una declaración científica de primer orden y escepticismo de la mejor ley que deja a los “pseudoescépticos” en bastante mal lugar.

Reynolds informó de una de las ECM más profundas y certificadas médicamente que se hayan verificado, pero la neurociencia dogmática y sus sacristanes pseudoescépticos niegan, paradójicamente, que eso sucediera y andan enfangados con argumentos lineales y en absurdas contradicciones y tergiversaciones. Habría que preguntarles ¿Ustedes estuvieron en el quirófano con Reynolds y confirmaron sus sesudos alegatos “científicos” o lo que es lo mismo sus entelequias barnizadas con ciencia? No…simplemente…se los “imaginan”. El investigador Chris Carter retó a Woerlee a ir al Barrow Neurological Institute donde se operó a Reynolds para corroborar o desmentir lo dicho por el anestesiólogo holandés. Se negó a ello.

Pam Reynolds tuvo una experiencia cercana a la muerte que involucra una conciencia expandida en un momento en que debería haber ocurrido lo contrario. Suficente para invalidar la incongruente charada pseudoescéptica (si no fueron las drogas, fue la insuficiente anestesia, si no fue la conciencia anestésica…fue el dióxido de carbono…si no recuerdos previamente elucubrados por la mente del experimentador). A día de hoy su neurocirujano, el Dr. Rober Spetzler, y su entonces asistente, Karl Greene, corroboraron todo lo que Pam había experimentado en el quirófano, y no tienen una explicación sensata para ello.

Conviene, y es importante remarcarlo, no confundir los conceptos porque se puede entrar en el terreno de la verdadera pseudociencia. Cuando alguien (no me refiero a Spetzler que habla dentro de sus “términos” médicos) dice que murió y volvió a la vida, la realidad (parece ocioso decirlo) es que no murió de ninguna manera. Pudo acercarse a la muerte, estar realmente cerca de ella, lo que se considera “muerte clínica”, que es un estado transitorio donde existen posibilidades tanto de volver a la vida como de no volver a ella. Pero si realmente esa persona muere (sus células cerebrales mueren), no regresa jamás para contar nada. Es un razonamiento bastante simple pero que se presta a ser utilizado con demasiada frecuencia sobre todo entre los desinformados mass-media, tontainas ávidos de “misterios” y mercachifles de la Nueva Era.

Como también hay que subrayar que NO todos los que han pasado por idénticas situaciones traumáticas (las de Alexander, Reynolds y otros) han experimentado ECM de ningún tipo (quizás algunos de ellos no se han atrevido a contarlas). Por tanto aquí el argumento de los que creen en las ECM como una anticipación de paraísos-infiernos cercanos o lejanos o el de los pseudoescépticos militantes apoyándose en su visión mecanicista se viene irremediablemente abajo en todos sus puntos.

Precisamente, al hilo de lo anterior, uno de los hechos, sino el principal, que destruye la tesis cientifista oficial sobre las ECM es lo que encontró Pim Van Lommel en su estudio sobre dichas experiencias, publicadas en The Lancet: “Nuestro hallazgo más notable fue que las ECM no tienen una raíz médica ni física. Después de todo, todos los pacientes sufrieron de falta de oxígeno, a todos se les administró morfina, todos fueron víctimas de fatiga nerviosa intensa. Entonces claramente se puede decir que esas no son las razones para que un 18% de los pacientes haya tenido ECM y el 82%, no. Si las ECM fueran provocadas por cualquiera de esas razones (anoxia, administración de fármacos opiáceos, etc), todos las habrían experimentado”.

Por supuesto, hay excepcionalidades que pueden resultar todavía incluso más increíbles que la de la propia Pam Reynolds, tan inexplicables que poco o nada tienen de “místicas”, como es el caso reportado por el neuropsiquiatra Bruce Greyson de una ECM a cargo de “un niño de 9 años que al despertar de un coma de 36 horas, les dijo a sus padres que había estado con su difunto abuelo, su tía y tío, y también con su hermana de 19 años, que estaba viva estudiando en la universidad, a 500 millas de distancia. Horas más tarde de ese mismo día, sus padres recibieron noticias de la universidad de que su hija había muerto en un accidente de tráfico esa mañana temprano”.

Como es sabido, en las experiencias cercanas a la muerte, donde aparecen relatos de encuentros con familiares, éstos se han reportado siempre con personas fallecidas. Ese niño no pudo saber jamás que su hermana había muerto puesto que la comunicación del fatal suceso ocurrió después de salir el chico del coma y de haber contado la ECM a sus padres. Sin embargo, el niño reconoció haber visto a su hermana en la ECM, es decir, como un “familiar fallecido”. La narración de ese niño sólo cabría inventariarla, para los pseudoescépticos, en el almacén de los sueños metafísicos. Pero en este caso, ni hubo magia, ni sueños fortuitos, ni “dones divinos”. Sólo acontecimientos inexplicables (ponga usted la etiqueta que quiera menos la paranormalista).

Y al hilo de esto último, sin duda, el planteamiento más exacto y acertado que se puede decir de las ECM lo propusieron Bruce Greyson, Janice Miner Holden y Pim van Lommel, cuando refutaron el mito pseudoescéptico acerca del “paranormalismo” en las ECM, señalando que “No hay nada paranormal acerca de las experiencias cercanas a la muerte. Pueden ser paranormales en el sentido de ser difíciles de explicar en términos del marco reduccionista que prevalece actualmente. Pero creemos que son fenómenos completamente legales y naturales que pueden y deben estudiarse por métodos científicos, en lugar de descartarse sin realizar ningún tipo de investigación”.

Sabemos que el punto de inflexión de las teorías científicas es que tienen que ser comprobadas, es decir falsadas mediante experimentos, para demostrar que dicha teoría es errónea. En las ECM sólo se pueden obtener datos indirectos puesto que la conciencia es, por definición, infalsable, y por tanto sólo hipotetizable. ¿Pero qué pruebas falsables han aportado los neurocientíficos de que del cerebro emana, efectivamente, la conciencia?. Ninguna, salvo alteraciones observadas en las “pruebas” de imagen, en un cerebro que sería, presumiblemente, el receptor de la conciencia. Y, sin embargo, se apoyan en falsas premisas para seguir consolidando el dogma.

Si los cartesianos ortodoxos logran determinar que estoy enamorado de alguien, son capaces de leer mis pensamientos para el día de mañana o advierten que tal o cual música forma parte de mis gustos musicales…premio gordo para ellos. Pero que no lo hagan con estudios de neuroimagen o mediante EEG donde se perciba mayor o menor actividad cerebral que da lugar a “estados de conciencia”. Eso no es indicativo de nada puesto que estamos hablando de intangibilidad de la conciencia, no de algo material donde el cerebro trabaja a niveles neurofísicos, por tanto, eventos materiales. Una vez más, el cerebro sería el receptor de esa conciencia, no su generador-transmisor.

Dado que existen miles de ECM registradas lo más prudente es tenerlas en consideración y no reducirlas a “sueños alucinatorios” de un cerebro agonizante, del cual uno esperaría toda clase de experiencias que van desde la caricatura hasta la confusión sin sentido que todos vemos en nuestros sueños aleatorios, no una experiencia cristalina, lúcida y expandida de la conciencia.

Si gente como Woerlee, Blackmore, Harris o Keith Augustine realmente creyeran que una ECM es irrelevante e intrascendente, no dedicarían tanto tiempo y pasión a argumentar en contra de una explicación vamos a llamarle “sobrenatural” y explotar detalles menores de los casos de ECM. Cada año aparece un nuevo artículo en una revista como New Scientist, donde un científico que se promociona a sí mismo declara que la ECM finalmente está “desacreditada”.  Y, al igual que un mecanismo de relojería, los mismos argumentos fundamentales sobre la ECM continúan, con muchos elementos básicos, como el caso Pam Reynolds, que no han podido ser explicados por la oposición escéptica a ningún nivel satisfactorio.

Dice Chris Carter que “Ningún experimento ha demostrado la génesis de la conciencia a partir de la materia. Uno también podría creer que los conejos emergen de los sombreros de los magos.  Sin embargo, esta etérea posibilidad, esta neuro-mitología cerebro-mente, ha encantado a generaciones de científicos crédulos a pesar del hecho de que no hay ni un átomo de evidencia directa para apoyarlo”

El tipo de materialismo que defienden Woerlee y otros como Susan Blackmore se conoce como “materialismo promisorio”, con su promesa de que algún día podremos explicar la mente en términos de actividad cerebral. El problema es que, piensa uno, como ocurre con la escatológica promesa que nos contaron los biblistas acerca de la “venida de Cristo a la Tierra” para instaurar un inminente “reino de los cielos” (y ya llevamos 2.000 años esperando ese momento), ese “algún día” nunca llega.

Neurocientíficos como John Eccles y el filósofo Daniel Robinson han dicho, a este respecto:

“Consideramos el materialismo promisorio como una superstición sin una base racional. Cuanto más descubrimos sobre el cerebro, más claramente distinguimos entre eventos cerebrales y fenómenos mentales. El materialismo promisorio es simplemente una creencia religiosa sostenida por materialistas dogmáticos que a menudo confunden su religión con la ciencia”.

 

 

FUENTES

http://skeptiko-forum.com

http://human-basis-projekt.mixst.de/

https://uncommondescent.com/

http://txtxs.nl/artikel.asp?artid=901

¿Sobrevive la conciencia ‘más allá’ del espacio y el tiempo? (4). La experiencia de Pam Reynolds y sus detractores

 

PAM REYNOLDS

 

 

“La mayoría de las personas basan sus creencias sobre la vida en un ‘más allá’ en la fe religiosa o en el dogma materialista. Tener que elegir entre una u otra es una falsa dicotomía, puesto que hay una tercera alternativa. Una que no requiere ni un acto de fe ni la negación de la evidencia. Para apoyarme en ello ni leo ni escucho a movimientos como la Nueva Era y su ridícula propaganda religiosa que presenta como “prueba” de ese ‘más allá’. Solo creo en lo que considero pueden ser los mejores, más confiables y mejor documentados informes”  

(Chris Carter)

 

 

El caso de la ECM (experiencia cercana a la muerte) de Pam Reynolds (1956-2010) es, en cierta forma, similar a la que relató posteriormente el neurocirujano Eben Alexander, pero con la diferencia de ser la ECM mejor detallada médicamente de toda la historia. El relato de Reynolds es algo más “neutral” que el de Alexander en el sentido de que no tiene tantos calderones “místico-teistas” aunque siempre andan sobrevolando los inevitables aspectos “trascendentes” típicos de las ECM, ni tampoco la Reynolds sacó partido de su ECM dedicándose a escribir libros-superventas como el avispado Alexander.

Como en el caso de Alexander, la experiencia de Reynolds la han intentado deslegitimar desde todos los frentes escépticos, en particular, por santurrones del materialismo militante como los deshonestos Gerald Woerlee (anestesista holandés), Keith Augustine (filósofo y ateo con carnet) o Susan Blackmore (psicóloga), insistiendo todos en manipular datos o hacer interpretaciones sesgadas pilladas a contrapié. Ser escéptico contra todo lo que desafíe el modelo-monopolio reduccionista imperante es una moda.

Pam Reynolds tenía un enorme aneurisma en el cerebro (inflamación de una arteria) como consecuencia del debilitamiento de una de sus paredes vasculares. Si reventaba dicha arteria su muerte era segura. Por otra parte, una operación en ese área del cerebro de difícil acceso y próxima a funciones vitales también era extremadamente arriesgada con un alto porcentaje de causarle la muerte. Pero a Reynolds no le quedó otra opción que jugarse el todo por el todo y ponerse en manos del mayor experto en la materia, el doctor Robert Spetzler (del Barrow Neurological Hospital de Arizona). Sanidad privada, huelga decir, y a golpe de talonario en el “paraíso” del Tío Sam.

Spetzler, con un equipo de veinte personas (entre neurólogos, cardiólogos, anestesistas y ayudantes), sometió a Reynolds, en junio de 1991, a un novedoso procedimiento llamado “paro cardíaco hipotérmico” el cual requería la disminución drástica de la temperatura corporal nada menos que a 15 grados C., lo que implicaba el cese total de la circulación, incluida la del cerebro, así como su respiración, latido cardíacos y un EEG (electroencefalograma) plano. Otra adición importante a la técnica fue el empleo de barbitúricos con el fin de proteger metabólicamente su cerebro de la pérdida resultante de flujo sanguíneo. La concentración de barbitúricos se mantuvo constante durante el período quirúrgico crítico ya que no había circulación debido a la parada cardiaca inducida. Sus posibilidades de supervivencia seguían siendo remotas.

Por otro lado, a Reynolds se le colocaron unos tapones insertados en los oídos firmemente fijados y pegados con varias capas de gasa para probar la reacción y la integridad de su tronco encefálico y verificar, de este modo, que el EEG fuera plano para que no se detectaran niveles de conciencia, aplicando a los oídos de Reynolds un sonido con una gama alta de decibeles (100 db), a 11 clics por segundo, comparable al ruido producido por un martillo neumático a dos metros de distancia, sonido que no escuchó Reynolds. Estos dispositivos que hacen clic son uno de los métodos que se utilizan para controlar la conciencia del paciente. Pero, en cambio, Reynolds, si fue capaz de ver y escuchar otras muchas cosas con precisión y recordarlas….

 

PAM REYNOLDS DURANTE LA OPERACIÓN CON LOS OJOS Y OÍDOS PRECINTADOS

 

La línea de tiempo de la operación de Reynolds la vamos a delimitar en tres OBE’s (experiencias fuera del cuerpo) donde la muerte clínica “efectiva” sólo pudo ser factible cuando su sangre fue drenada completamente y su corazón y cerebro se detuvieron, no cuando se hicieron los preparativos para ello (estando Reynolds inconsciente bajo anestesia general) como erróneamente algunos están propagando (sobre todo desde la Nueva Era).  Una vez que era seguro que la paciente estaba completamente bajo anestesia, el cirujano comenzó a abrir el cráneo. Fue en ese momento en que se desencadenó una primera OBE y Reynolds abandonó su cuerpo, detallando conversaciones del personal asistente a su operación así como del material quirúrgico.

Por ejemplo, Reynolds relató con precisión una conversación entre Spetzler y la cardióloga que le atendía, de la que no le informaron previamente si era hombre o mujer, pero Reynolds llegó a decir su nombre. Estando bajo anestesia total no podría haber escuchado nunca esta conversación. La segunda fase OBE tendría lugar, aparentemente, una vez confirmada su “muerte clínica” (EEG plano, sangre drenada, actividad cardíaca cero) que es donde Reynolds manifestó haber tenido “encuentros con familiares, seres indeterminados, un túnel con luz al fondo, etc”.

Dice Reynolds, a propósito de la segunda OBE: “Tuve la sensación de que me tiraban, pero no en contra de tu voluntad. Iba por mi cuenta porque quería ir. La sensación era como subir en un ascensor muy rápido. Escuché la “voz” de mi difunta abuela llamándome. Pero no era una voz como la conocemos habitualmente (a través de las cuerdas vocales). Me miraba y yo le entendía.  Empecé a discernir a otras personas que parecían estar hechos de luz a los que reconocí, como si nunca hubiera existido una separación entre nosotros. Había amor, calidez y protección. Como si me hubieran traído a este lugar para protegerme, para que mi cuerpo pudiera estar preparado. Y fue algo maravilloso”

Cuando a Reynolds se le eliminó el aneurisma, y la sangre se le reintrodujo en el cuerpo, los cirujanos usaron el desfibrilador para activar su corazón con un intento fallido que no encontró respuesta, entrando Reynolds en fibrilación ventricular, lo que hubiera supuesto su muerte en cuestión de unos pocos minutos, por lo que se le aplicó una segunda descarga al doble de energía (100 julios) y el corazón empezó a latir en ritmo sinusal (normal).

En el momento anterior a la segunda descarga Reynolds recuerda (en su segunda OBE) que su tío fallecido comenzó a conducirla a través de un túnel para poder ver su cuerpo inerte una vez más en la mesa de operaciones. Reynolds lo vio así: “Me veía horrorosa, como si hubiera pasado por un accidente. Parecía lo que era: un muerto. Me asusté y no quise mirarme.  Me “comunicó” mi tío que hiciera como si saltara a una piscina.  No va a haber problema, solo salta como si fuera una piscina.  No quería y vÍ que me desfibrilaron, entonces tuve la sensación de cómo si hubiera “saltado” el cuerpo.

Es decir, que mediante tres pruebas clínicas: EEG plano, inactividad en el tronco cerebral y sin sangre que fluyese a través del cerebro, se podría decir que Reynolds estuvo muerta clínicamente no siendo posible que generase pensamiento ni recuerdo alguno en su cerebro, si nos atenemos, en particular, a lo que dice el consenso científico. Además, informó de su experiencia inmediatamente después de despertar lo que evitó, de alguna manera, que hubiera construido su experiencia a posteriori y hubiera quedado así sujeta a la credulidad de una simple fantasía.

Durante el paro cardíaco y los intentos de reanimación cardiopulmonar (RCP) resulta paradójico que el cerebro de Reynolds pudiera producir cualquier forma de conciencia, especialmente, hay que subrayarlo, la más lúcida posible. Precisamente este es el talón de Aquiles de los materialistas pseudoescépticos. ¿Por qué si a una ECM lo llaman un conjunto de “alucinaciones” estrictamente provocadas por una mente “alterada” ésta no produjo en Reynolds eventos desorganizados, incoherentes, caóticos, absurdos o, simplemente, no “imaginó” nada? Puesto que esos eventos serían la definición exacta de una alucinación.

En cualquier caso, creo firmemente que las tres OBE de Reynolds habrían formado parte de una misma conciencia ampliada y todas estarían concatenadas entre sí porque de lo contrario habría que admitir que los fármacos sedantes (anestesia) que le administraron al inicio fueron los que posibilitaron, de alguna forma, la OBE donde Reynolds describió objetos y el personal allí presente. Y esto entraría en contradicción con la OBE posterior (la relatada en estado de muerte clínica), donde el cuerpo de Reynolds estaba literalmente “inerte”. Pero es que, además, aunque Reynolds no estuviera en “muerte clínica” en la primera y tercera OBE, no resta un ápice de credibilidad para considerar como extraordinario que pudiera detallar, lúcidamente, lo que ocurría en la sala de operaciones, no justificable, bajo ningún aspecto, con la adición de drogas hipnótico-tranquilizantes a su cuerpo. Esto es algo que no se sostiene por ningún lado ya que estamos hablando de una persona bajo anestesia general, no local, con el añadido de que tenía los ojos y los oídos sellados.

Pero para el anestesista Gerald Woerlee en el caso Reynolds tuvieron que acontecer, necesariamente, una cadena de fallos tales como la administración insuficiente de anestesia o en el propio EEG  además de que la ECM “esencial” (la segunda OBE) con Reynolds en “muerte clínica” se tuvo que producir “inexcusablemente” en la reanimación, porque Woerlee “estuvo allí”, en el interior del cerebro de Reynolds, y lo pudo “comprobar” (sic). La conciencia lúcida y mejorada no sería más que una ilusión, según el “holandés errado”. Woerlee afirma que si hay ECM en la reanimación, lógicamente, ya no sería un evento “extraordinario” y la imaginación de Reynolds se pondría en marcha para “crear” percepciones sensoriales perfectamente compatibles con una conciencia “viva” y estrambótica explicable desde el cerebro.

Woerlee certifica, con una fatuidad propia de un intransigente dogmático (pseudo) escéptico, que las experiencias de Pam Reynolds no ocurrieron durante su período de paro cardíaco hipotérmico.  Además, las personas están inconscientes por debajo de una temperatura corporal de 26 grados centígrados, y mientras están inconscientes, una persona no puede tener experiencias conscientes como una ECM fuera del cuerpo o cualquier otra tipo de sueño, alucinación o experiencia consciente.  Esto significa que la ECM de Pam Reynolds en un túnel, encontrarse con parientes, etc., ocurrió durante un período de conciencia antes o después de que ella quedara inconsciente debido al enfriamiento de su cuerpo.

Pseudoescépticos como Woerlee argumentan con sobrevalorada “fe probatoria” que las ECM quirúrgicas pueden ser el resultado de la “conciencia anestésica”, esto es, un “infrecuente evento que ocurre cuando un paciente bajo anestesia general se vuelve consciente durante la cirugía, pero no puede moverse ni hablar”. Sin embargo, hay dos hechos cruciales que desmontan esta afirmación gratuita. Primero: la conciencia bajo anestesia general es extraordinariamente rara ya que según el doctor Jeffrey Long “solo de uno a tres pacientes de cada mil experimentan conciencia anestésica”.

En segundo lugar, aquellos a los que se administró anestesia y se despiertan durante la cirugía describen su experiencia como dolorosa, aterradora y confusa. Esto es contrario a las ECM que, casi universalmente, se describen en un entorno de paz, gran tranquilidad, viajes “extraterrenales” y “amor incondicional”. Pero además aquellos que experimentan la dichosa “conciencia anestésica” no informan de experiencias extracorporales.  Sin embargo, según Long, las ECM que ocurren bajo anestesia frecuentemente informan observaciones de la cirugía desde arriba de sus cuerpos

Ahora bien ¿cuándo un cirujano comienza una operación?  Solo después de que el paciente esté completamente anestesiado (sea local o totalmente).  Ningún cirujano comenzará una incisión o “abrirá” una parte del cuerpo si el paciente no esté completamente inconsciente.  Y Reynolds ya estaba bajo anestesia total, que de hecho es incompatible con la “conciencia anestésica” pregonada por Woerlee y otros. La supresión de las ondas EEG en Reynolds empezaron a ser efectivas a partir de ese momento. La anestesia general  según la definición de la medicina establecida es un coma inducido por fármacos, donde las ondas cerebrales se suprimen significativamente. Ningún tipo de conciencia normal (física) puede ocurrir a partir de ese momento.

El argumento médico-escéptico de que pueda existir una conciencia residual “en áreas profundas del cerebro” tampoco es un hecho que demuestre que la conciencia proviene del cerebro. Según investigaciones realizadas parece ser que el cerebro puede permanecer operativo más allá de la línea isoeléctrica del EEG. Resultados indican que si se preserva la integridad de los elementos neuronales, entonces el cerebro puede sobrevivir. Este nuevo estado cerebral y sus mecanismos subyacentes advierten sobre las dificultades para establecer la muerte cerebral clínica y podría reavivar las discusiones sobre la utilidad de los actuales criterios de evaluación adicionales para determinar la muerte cerebral.

En resumen:

a) Este estudio es pura provisionalidad que, además, se aplicó en animales (gatos…pobrecicos)

b) La conciencia es algo que no es mensurable (igual lo es en gatos y ratones)

c) Por lo que parece, los expertos neurocientíficos no tienen claro cuando morimos definitivamente (échate a temblar).

Entonces, volviendo al caso Reynolds, si ella estaba anestesiada (en la fase reanimatoria y en el pre-operatorio) con los ojos vendados y los oídos bloqueados y su relato se ajusta a estos parámetros…¿no parece chocante y desesperante argumentar que Reynolds escuchó los procedimientos empleados por los cirujanos para su operación en base a la peregrina idea de que Reynolds estaba con las constantes neurológicas todavía activas? ¿Y cómo explica Woerlee que Reynolds tuvo una OBE estando en muerte clínica? No lo explica porque según él dice dicha ECM vital aconteció en la reanimación.

Woerlee también manifiesta, para apoyar su tesis negacionista en la que riza al máximo la madeja pseudoescéptica, cómo los cerebros de las personas bajo anestesia general pueden registrar tacto, movimiento, luz, sonido y dolor, como una forma de la ya mencionada “conciencia anestésica”. Esto obliga inmediatamente a hacer la pregunta de si Pam Reynolds realmente estaba teniendo conciencia durante la anestesia por qué no fue consciente de que recordase tacto alguno, movimiento o dolor. Su discurso se empecina en derivarlo hacia lugares comunes, cadena de errores ajenos y suposiciones arbitrarias.

Esto es desconcertante para el argumento que está tratando de usar y Woerlee guarda silencio sobre este tema. Es difícil de creer que Reynolds no haya recordado nada de esto. Como alguien ha dicho:  Si se pudiera demostrar de manera concluyente con pruebas al 0,000001% de error que Reynolds no pudo oír nada, los escépticos cambiarían a otra discusión engañosa. Su razonamiento con respecto a la disputa sobre el nivel de audición de Reynolds muestra cuán desesperada es su causa, en sí ya tan desesperada. Todo lo que dicen desafía al sentido común.

Y, en cualquier caso, Woerlee ante el descrédito de agarrarse a cualquier clavo cientifista ardiendo ya recurre a lo “irrecurrible” al afirmar que la conducción ósea podría explicar la capacidad de Pam Reynolds para escuchar las herramientas quirúrgicas que le cortaban el cráneo. La oclusión auditiva no afectaría, pues, a los sonidos transmitidos por la conducción ósea. Por supuesto, Woerlee no explica por qué Reynolds escuchó voces y música en el quirófano, sonidos que tienen que pasar, inexcusablemente, por el (los) oído (s) si se escuchaban por medios físicos normales. Woerlee insiste diciendo que Reynolds normalmente podía escuchar todas las conversaciones a su alrededor, a pesar de los clics extremadamente fuertes en sus oídos (100 decibelios). El disparate de Woerlee consiste en decir que “Ella simplemente lo filtró neurológicamente”. Pero nadie podría filtrar un ruido tan desmedido y altamente desagradable.

Otro activo militante anti ECM y co-autor del libro El mito de la Vida Futura, Keith Augustine, pasa su discurso por igual tamiz pseudoescéptico que Woerlee, argumentando que Reynolds no estuvo completamente sedada y oyó lo suficiente de la conversación a su alrededor para luego formarse una imagen mental de todos los procedimientos médicos que se seguían con ella. Con ser nada creíble esta afirmación, basada en cero pruebas científicas sino en invenciones propias de un chamán de cuarta, cuando aparecen otras variables más comprometidas Augustine no es capaz de explicar cómo Reynolds pudo determinar con exactitud los instrumentos quirúrgicos utilizados con ella (incluida la sierra que le abrió el cráneo), algunos de ellos bastante sofisticados.

Con la particularidad, habría que decirle a Augustine, de que el instrumental quirúrgico (Midas Rex) a utilizar con la paciente estaba oculto en una caja precintada que no se abrió hasta que Reynolds fue sedada. Y se hizo así (o se hace así normalmente) con objeto de preservar su esterilización. Cabe recordar, de nuevo, que los ojos de Reynolds, al igual que los oídos, estaban firmemente cerrados y lubricados con cinta adhesiva durante toda la operación, y que la sierra estaba siendo utilizada en la parte superior de su cabeza, que en cualquier caso habría estado fuera del alcance de su vista normal.

A la hipótesis de la anestesia insuficiente  se abona otra prócer anti-ECM, la psicóloga Susan Blackmore, de la que poco hay que decir que no sea el ser una escéptica en liquidación, muy considerada en los círculos del pseudoescepticismo y partidaria también de otra teoría que llaman “reconstrucción imaginativa”, es decir aquella en la que: los pacientes pueden haber tenido cirugías previas y están familiarizados con el procedimiento quirúrgico, la terminología médica y el diseño visual de una sala de operaciones, por lo que crean escenarios imaginados basados ​​en la información recopilada antes de la cirugía. Explicación insostenible, lo mires por donde lo mires, por se una burda invención para dar soporte a una creencia materialista.

Blackmore pasó en su juventud neohippie, supuestamente, por una ECM después de ponerse hasta las trancas de tripis y LSD. Es decir, Blackmore era una drogadicta que tuvo una alucinación inducida por sustancias psicotrópicas, opiáceos que pueden causar experiencias parecidas, pero ni mucho menos equivalentes a la diafanidad descriptiva experimentada en una ECM “natural”. La Blackmore anda menospreciando las ECM, de las que pasó de “creer” ciegamente a sacar provecho de ellas desde la caverna escéptica-materialista pero sin criterio ni solidez argumental alguna, sino todo lo contrario, sesgando su discurso aunque con menos fortuna dialéctico-empírica que los científicos del dogma.

La mayoría de los “descartes” y filtros que aplican los epígonos del pseudoescepticismo al caso Reynolds, como al resto de ECM’s son arbitrarios puesto que incluso si la cirugía fuera de tipo electivo no explicaría tampoco la observación de otros eventos inesperados o impredecibles. Así lo señala Michael Prescott: Por ejemplo, un paciente que pasó por una ECM vio a una enfermera como se le caía una bandeja con instrumental. En otras ECM el paciente ha reportado eventos que ocurren fuera del quirófano (en habitaciones contiguas), incluso a kilómetros de distancia. El único propósito de todas estas tonterías impugnadas por los “escépticos” es asegurar que se evidencien los menos casos posibles de ECM, reduciendo así la disonancia cognitiva de los materialistas que no quieren abordar con valentía el problema

 

 

FUENTES:
https://www.researchgate.net/publication/19783616_Aneurysms_of_the_basilar_artery_treated_with_circulatory_arrest_hypothermia_and_barbiturate_cerebral_protection
https://infidels.org/library/modern/keith_augustine/HNDEs.html#pam
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3776755/&usg=ALkJrhhoPwLhX3_hlshLqHOxHkGbPjLcOQ
http://neardth.com/pam-reynolds-near-death-experience.php
http://www.timcolemanmedia.com/index.php/articles/life-after-death/71-pam-reynolds
http://skeptiko-forum.com
http://michaelprescott.typepad.com/

¿Sobrevive la conciencia ‘más allá’ del espacio y el tiempo? (3). La conciencia es intangible, no se disuelve en la nada

 

 

 

Los mecanicistas dogmáticos postulan que a la muerte del ser humano desaparecen definitivamente tanto nuestro cuerpo como nuestra conciencia. El cuerpo material es evidente que “desaparece”. Pero ¿también la conciencia? Pensemos por un momento en la afirmación hecha por los materialistas ortodoxos acerca de la desaparición de la conciencia junto con el cuerpo humano. En mi opinión, existen dos hechos incontrovertibles que desmontarían este presupuesto “cientifista” recurriendo, parcialmente, a los estados de conciencia ilocalizable que señala Van Lommel:

1º) En el universo actual la “nada”, estrictamente, no existe y 2º) La conciencia es una cualidad de poseer conocimiento que estaría, en mi opinión, fuera de cualquier demarcación física (por ejemplo, los deseos, emociones o sentimientos..); por tanto, estaríamos hablando de algo intangible e inmensurable, a pesar de los intentos de la neurociencia oficial por “demostrar” lo que es, en la práctica, indemostrable: la conexión cerebro-conciencia. La conciencia, de este modo y al contrario que el cuerpo físico, sería inextinguible, no se destruiría, sería eterna e infinita.

No es fácticamente posible que exista un universo sin vida, entendida ésta como un conjunto de ciclos de transformación de todo lo físicamente existente, datable y observable (seres vivos, planetas, estrellas, galaxias etc). Pero ¿qué papel juega la conciencia en un universo con vida? La conciencia determina, definitivamente, nuestra comprensión de todo lo que hay en el Mundo y, por tanto, es imposible que ese universo esté “vacío” de conciencia y que ésta se evapore en la “nada” a la muerte física. Por tanto, esta conciencia, de la cual estamos dotados, sólo habría una única manera de delimitarla y sería operando siempre desde “fuera” de nosotros, como ya ha apuntado Van Lommel, en un estado no local (en cualquier parte), donde nuestro cerebro sería su transmisor.

La conciencia al no ser una entidad material no podría ser generada por un cerebro que está compuesto de redes neuronales sinápticas activadas mediante reacciones neuroquímicas bajo procesos estrictamente físicos. Si la conciencia no está en nuestro cerebro, no queda más remedio que decir, o al menos conjeturar con algo de lógica, que tendría que estar fuera de él y sus coordenadas no serían, en ningún caso, espacio-temporales, al margen de las teorías que proponen determinados físicos señaladas en la entrada anterior.

Algo, ya sea tangible o intangible, no puede desaparecer jamás en la “nada” como proponen los heraldos de la fe científica respecto de nuestra muerte, puesto que nuestro referente existencial es un Universo cuyas propiedades están constituidas por materia y energía, las cuáles se articulan bajo unas estrictas leyes físicas, a nivel macro y microcósmico. ¿Cuando muere una estrella se extingue en la nada? No, su material estelar resultante sirve para crear otras estrellas en un ciclo sin fín. Exactamente pasa lo mismo con nuestro cuerpo: se recicla para que otros seres vivos puedan usarlo (dejando al margen el ceremonial de las incineraciones).

Cabe afirmar con total rotundidad que si en nuestro Universo hubiera tan sólo una pequeña porción de “nada”.…no podría existir tal como lo conocemos, ni cuerpos físicos, ni objetos estelares, ni vida, ni conciencia. Luego, la única conclusión que yo creo más se aproximaría a una hipótesis con probabilidades de “certeza” (partiendo del axioma escéptico de que “nada se sabe”), y siguiendo a autores como Van Lommel, es que muerto el componente físico la parte inmaterial de nuestro ser, la conciencia que nos hace ser conscientes de nosotros mismos y de todo cuanto nos rodea, sobreviva de alguna manera que no conocemos, en estado “ilocalizable”, a un nivel cuántico indeterminado fuera del espacio-tiempo.

En este sentido, hay que decir que los discursos “mistéricos” que promueven teorías trascendentalistas sobre el “más allá de la muerte” (cada una a su manera) ya se trate de religiones monoteístas y otros movimientos espiritualistas tipo New Age, no son nada más que constructos mentales supersticiosos dentro de una colección de deidades, seres de luz y otras fantasías supletorias que sólo pueden atribuirse a artefactos mentales generados por una mente a la que le es más fácil creer que exigirle algún tipo de esfuerzo para pensar críticamente. Lo que pretenden, en realidad, los propagandistas de la fe religiosa es ejercer una forma de control mental sobre un rebaño dócil y crédulo o, simplemente, mantener a esa grey crédula como una forma de “sumisión a los muy reales poderes del más acá”, que diría Puente Ojea.

Todo ello, por supuesto, al margen de las interpretaciones que se quieran hacer de las controvertidas (para la ciencia) ECM (experiencias cercanas a la muerte) que, en mi opinión, serían tanto​​ impresiones​ ​reales objeti​​v​a​s producto de esa conciencia no local “ampliada” de la que habla Van Lommel (donde existe una visualización ​ y audicion de elementos físicos con un alto detalle descriptivo, particularmente en las OBE -experiencias fuera del cuerpo-​) como también irreal​es, en el sentido de que aquéllas suelen ser validadas como  “prueba” de la existencia de un mundo paradisiaco (o infernal) “más allá” de la vida. Una apreciación que sería, estrictamente, un “proceso ilusorio”, por indemostrable.

Es decir, la “irrealidad” en las ECM, en mi opinión, sería hacer un trasvase de lo vivido “realmente” en esa experiencia para dar carta de naturaleza a “otros mundos” imaginarios. Historias narradas que han llegado a los límites de la fabulación esotérica de la mano de personajes como el neurocirujano norteamericano Eben Alexander quién ha afirmado, tan pancho él, que “el cielo existe” en su libro “La Prueba del Cielo”. ¿Y los que experimentaron a la inversa un “infierno”? No dudo que Alexander haya pasado, objetivamente, por esas experiencias….pero la diferencia estriba entre creer (o afirmar, según él) que “existe” un “cielo” a la muerte física…y en algo tan simple como es separar la vida de la muerte. Los vivos cuentan lo que pasa aquí y ahora. Los muertos callan para siempre

Pero lo peor es que Alexander no habla del “cielo” como algo abstracto y vacío de contenido religioso sino que lo que acabas deduciendo de su experiencia es que estás ante un cura sin sotana soltando lastre de fe religiosa como el peor de los apologetas católicos. En su “best-seller” se pueden encontrar párrafos como los siguientes: Lo que me reveló mi experiencia es que la muerte del cuerpo y del cerebro no supone el fin de la conciencia, que la experiencia humana continúa más allá de la muerte. Hasta aquí todo parece ir por un sistema lógico aceptable hasta que remacha su aserción con una declaración propia de un devoto cristiano: Y lo que es más importante, lo hace (la conciencia) bajo la mirada de un Dios que nos ama a todos y hacia el que acaban confluyendo el universo y todos los seres que lo pueblan.

Pero todavía hay más en el morral teológico de Alexander. Dice el neurocirujano converso-sedicioso que Dios está presente en todos nosotros en todo momento. Omnisciente, omnipotente, personal…y fuente de amor incondicional. Todos estamos conectados como uno a través de nuestro divino enlace con Dios. Finalizando su plegaria con una dedicatoria final al “buen Dios”: Mi gratitud, especialmente para con Dios, carece de límites. 

Decididamente, Eben Alexander es de todo menos recomendable. A pesar de ello tampoco es del gusto de la rama más totalitaria de la Iglesia de Cristo como he leído por ahí a los fachas ultras del Opus Dei, puesto que Alexander no se sujeta a los postulados del aberrante dogma cristiano ya que (cito textual) es sincretismo neo-pagano propio de la Nueva Era. Alexander admite la reencarnación y eso son “cosas del demonio”. En fín,  los más integristas, la yihad de Cristo, no pasan una por alto.

Por eso me parece poco apropiado que el cardiólogo holandés Pim Van Lommel recomiende vivamente un libro como el de Alexander, La Prueba del Cielo, que está cargado de religiosidad aliñada con ciencia. Ni siquiera Alexander deja paso a la duda escéptica (bien entendida) en la que podría haber narrado sus experiencias dentro de un marco conceptual de lo que podría llamarse un “monismo neutro. Pero el neurocirujano de Harvard carga las tintas en los aspectos sobrenaturales de su experiencia algo que ha satisfecho plenamente a muchos creyentes en milagros bíblicos y ha dado motivos a los “escépticos” para despedazarlo. Convierte su ECM en un apéndice religioso y su libro en superventas. Yo recomendaría mejor el de la médico Penny Sartori, ECM o el mismo de Van Lommel Consciencia Más allá de la Vida.

Una cosa serían las “experiencias estructuradas” de las ECM que señala el neuropsiquiatra Peter Fenwick y otra muy distinta es que se pase directamente a elucubraciones “místicas” afirmando que ello (la ECM) implica que exista una causa (experiencia) asociada a un efecto (“llegada a un mundo paradisíaco –o infernal-“). No sólo no es así sino que eso sería dar pábulo a una explicación de tipo “paranormalista” que daría razones tanto a los crédulos en divinidades como a los “escépticos”-científicos ortodoxos para decir éstos que las ECM tienen un origen “anómalo” cuyo origen está en el cerebro.

Lo más certero es fijar los argumentos en otro sentido: decirles a los “escépticos” de las ECM que ellos sólo tienen “pruebas” (y endebles) para una parte de las mismas, pero son incapaces de encontrar explicaciones científicas para la totalidad de la experiencia. Lo importante de una ECM es testimoniar la narración tal cual…sin darle un significado de tipo trascendente (a pesar de su inevitabilidad). .

Las ECM no son sólo un conjunto de sucesos al azar sino que forman parte de acontecimientos altamente organizados y detallados, no sólo de la experiencia en sí, sino también en el total de personas que la experimentan, entorno social, credo religioso o ideario político, con la excepción de que la ECM puede tener un contenido positivo o negativo según experiencias personales y que, en según qué países, la ECM es mucho más “caótica” que la relatada en Occidente. Pero hay que señalar siempre lo mismo: una ECM no presupone nada que no sea aventurar que la conciencia pueda tener un vínculo no local, o lo que es lo mismo, que podría ser muy improbable que resida en el interior del cerebro.

Pero algunos siguen pensando que las ECMs se pueden colocar perfectamente a la altura de las tonterías (por ser suave) que hablan de lo “desconocido”: abducciones alienígenas, apariciones marianas, conspiraciones lunares, fenómenos ocultos, poderes psíquicos y poltergeists, donde todo ello, es conocido, constituye pasto para charlatanes que buscan engañar a ignorantes y sugestionables. Los que trafican con lo anterior así lo creen: las ECM entrarían en el mismo lote o envasado esotérico. Pero cuando la ciencia heterodoxa empieza a explicar las ECM desde los fundamentos de la razón y la epistemología automáticamente quedan deslegitimados tanto aquellos charlatanes como los propios pseudoescépticos.

Y es que dentro de la simplicidad de los militantes de la ciencia dogmática (revista Magufos) se sigue diciendo cosas como que El caso de Pam Reynolds (la mujer sobre la que mejor se ha detallado científicamente una ECM), es la insignia de los “paranormaleros” de oficio del que desafortunadamente se han hecho eco doctores como Spetzler (el cirujano que hizo la intervención sobre Reynolds) o Michael Sabom (cardiólogo). Todo lo que no pase por la biblia del cientifismo representa herejía y gente desnortada dando pábulo a creencias de “iluminados”. Recomendaría a todos estos catecumenistas de trinchera que se den una vuelta en la próxima entrada donde se detalla con precisión qué es lo que verdaderamente aconteció con Pam Reynolds. La diferencia entre ambas posturas, la fe religiosa y la fe cientifista, es que….vienen a ser lo mismo.

Entiendo, para que vaya quedando claro, que la conciencia, de subsistir ‘más allá’ de la muerte, no requiere de “experiencias” llevadas al extremo de convertirlas en creencias religiosas o fantasías, aunque sean legítimas y experimentadas como una forma de “espiritualidad verdadera”, entre otras cosas porque no se puede probar esa ulterioridad “cuasimisticista”. Es la experiencia en sí y punto lo que importa. La luz brillante en un túnel, encuentros con familiares fallecidos o con “seres de luz”, sensación de inefabilidad y amor infinitos pueden resultar representaciones agradables (o desagradables si se produce el efecto contrario). Pero todas ellas, no lo olvidemos, han sido relatadas en vida. Después de ella nada se sabe, ni se sabrá…

¿Sobrevive la conciencia ‘más allá’ del espacio y el tiempo? (2). La física y la conciencia

 

 

 

La conciencia no es algo que a los científicos aferrados al materialismo cartesiano, en general, les guste hablar.  La conciencia no puedes verla o tocarla y, a pesar de los esfuerzos concertados de ciertos investigadores para determinarla, no se puede cuantificar. Y, en ciencia, si no puedes medir algo vas a tener problemas para explicarlo. Pero la conciencia existe y es uno de los aspectos más fundamentales que nos hace humanos. Al igual que la materia y energía oscuras se han utilizado para llenar algunos vacíos en el modelo estándar de la física, investigadores también han propuesto que es posible que la conciencia pase a formar parte de la materia. Lógicamente, estamos hablando de meras hipótesis. Lo cierto es que cada vez están apareciendo más científicos tratando de solventar el problema de la conciencia desde disciplinas no afines a la neurociencia.

Qué es la conciencia y de dónde emana es algo que ha “traído de cabeza” a las grandes mentes pensantes, tanto del mundo occidental como del oriental, desde los albores de la Humanidad. Es un tema que, volviendo al filósofo David Chalmers y su “problema duro o difícil” de la conciencia, resulta de una complejidad tal que se han desarrollado varias teorías al respecto. La materialista suele ser la prevalente entre los científicos, pero ello no quiere decir que sea la “correcta” y menos la definitiva. Según la visión materialista, la idea es que la conciencia emana de la materia a través de las conexiones neuronales sinápticas del cerebro. Pero como dicen algunos “saca el cerebro de un conjunto de ecuaciones y la conciencia no existe en absoluto”.

La tradición científica nos dice que los hombres de ciencia han sido y son incondicionalmente materialistas. Pero más de una vez han chocado, invariablemente, contra las limitaciones del materialismo. Uno de los saltos cualitativos fue el abismo que surgió entre la relatividad einsteinana y la mecánica cuántica o el mismo principio de incertidumbre de Werner Heisenberg, a primeros del siglo pasado. La mecánica clásica seguía operando correctamente a nivel macroscópico pero la física de lo más pequeño vino a establecer un nuevo paradigma que contradecía el dogma de que todo era “medible” dada la posición y trayectoria de una partícula. La indeterminación y superposición de múltiples posibilidades hizo acto de presencia.

El materialismo parecía ser la inexpugnable teoría que había desmantelado a su otro oponente ideológico, la supersticiosa creencia platónica del dualismo alma-cuerpo, abrazada tanto por las religiones organizadas como por otros movimientos espiritualistas. Así, en el dualismo metafísico la conciencia está separada de la materia y sería parte de otro aspecto del individuo, que en términos religiosos se denomina alma. Sin embargo, hay una tercera opción que está ganando terreno en algunos círculos científicos, el panpsiquismo, donde el universo entero estaría gobernado por la conciencia. Algunos le achacan a esta hipótesis que tenga ciertos paralelismos o reminiscencias con la filosofía hindú o budista (revisitando la Nueva Era) donde una gran Deidad y la Conciencia sería algo de lo que todos formamos parte.

¿Entonces si no hay conciencia no habría universo? Aquí habría que retomar un poco aquella idea de Robert Lanza acerca de la necesaria conexión entre conciencia y el Cosmos (pensamiento copiado, por otra parte, de la filosofía Zen):  “Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para escucharlo, ¿se produce un sonido?”. Según Lanza no, ni hay sonido, ni, en su caso, tampoco habría árbol. Sin conciencia todo es una iusión creada por nuestras mentes. Sin un observador no hay una partícula con propiedades definidas.

Si la conciencia determina la realidad existente, lo que somos y lo que percibimos, filtrado e interpretado por nuestra mente….entonces, sin conciencia de ser nosotros mismos y de la realidad exterior ¿ese universo no existiría en absoluto o al menos no sin algún tipo de conciencia “observándolo”?. Parece redundante decir que “si no hay nadie para ver conscientemente el universo, ese universo no existe para nadie y, por tanto, no debería existir”. Aquí, algunos físicos heterodoxos hablarían de un campo de protoconsciencia. ¿Las dos propuestas (la científica “ortodoxa” y la protoconsciente) podrían encajar (por separado) en un mismo argumento válido?

Un planteamiento, el anterior y el de Lanza, que podría ser tildado de místico, mágico y sin base científica alguna puesto que, nos dicen los materialistas, haya o no un observador para escuchar ese sonido o el Cosmos en general, la naturaleza y el universo siguen su propio curso evolutivo independientemente de que haya un espectador consciente. Por ejemplo, la Tierra se formó sin necesidad de que nadie, aparentemente, la estuviera observando. Parece una prueba en contrario de una lógica aplastante ¿verdad?

Pero el de Lanza (y el párrafo que sigue) no es el argumento correcto, como tampoco lo sería el de los materialistas ortodoxos. El problema no está en buscar un observador concreto que escuche un sonido de un árbol que cae, sino en proponer, en su generalidad, que si la totalidad del universo es consciente la conciencia “debería” estar presente en todas y cada una de las partes de ese universo y en cualquier objeto físico que lo compone. Por tanto, ese árbol sí va caer y va a generar ruido, haya o no un “ser vivo” consciente observándolo y escuchándolo (que es lo que deduzco de la afirmación de Lanza).

La conciencia no es, si admitimos su origen no material, ni física ni biológica, no requiere de “elementos visuales o auditivos” para cerciorarse de que “un árbol cae y produce ruido”. La conciencia es (o sería) una propiedad eterna, inmaterial, de existencia independiente. Y si esa conciencia posee alguna forma de energía autoconsciente el universo, que es un “continuum cuántico”, también tendría conciencia de sí mismo. Como hipótesis de largo alcance filosófico podríamos formular lo siguiente: si no existiese una conciencia universal entonces, sí, no habría universo, ni vida, ni por supuesto árboles frutales (iron.).

Veamos un ejemplo que conecta con lo anterior. La vida en la Tierra, según las teorías más ampiamente difundidas, vino “de fuera” a través de sucesivos impactos de cometas y asteroides contra nuestro planeta, los cuales, según diversas hipótesis, contendrían la base primordial que dio origen a la vida en la Tierra, es decir, moléculas de agua que luego se transformaron en complejas reacciones químicas. Si el agua es vida, también sería una forma de conciencia. Por tanto cabría afirmar, aquí sin reservas, que el universo está sincronizado exactamente para la existencia de nosotros, los seres conscientes.

Pero ¿qué ocurre en las entrañas de la mecánica cuántica? ¿tiene qué ver algo la conciencia? Sabemos que las partículas no tienen una forma definida o una ubicación específica hasta que se observan o se miden. En las teorías de Newton y Einstein sus postulados funcionan correctamente cuando explican el mundo en sus dimensiones macrocósmicas, pero se fracturan totalmente cuando llegamos al mundo de las partículas subatómicas. Según la teoría de EInstein, a diferencia del modelo de Copenhague (física cuántica), el espacio-tiempo es relativo pero independiente de cualquier observador. La conciencia y la medición son relativos, sin ninguna trascendencia temporal. En cambio, en la física cuántica la conciencia y el acto de observar y medir constituyen un marco referencial independiente que determinan el colapso de la función de onda.

Algunos se preguntan ¿entraría en juego una forma de conciencia o de proto-conciencia a la que incluso Max Planck, el padre de la MC dio una importancia esencial? El físico John A. Wheeler, citado varias veces por Robert Lanza en su libro Biocentrismo, puso la primera piedra de toque en todo este asunto a través del llamado por él “principio antrópico participativo”, que postula que un observador humano es la clave en todo el proceso de la protoconsciencia, es decir, “nada existe sin una conciencia para aprehenderla”. Mientras, la física Danah Zohar, en base al comportamiento cuántico de la materia, ha llegado a la conclusión de que la conciencia funciona con arreglo a las leyes de la mecánica cuántica.

Pero no sólo de físicos o matemáticos se nutren los fundamentos del panpsiquismo protoconsciente. Hay neurocientíficos como Christof Koch que son partidarios de este modelo que determina que la conciencia es el eje de la existencia de uno mismo y del universo. Koch dice que “los mismos organismos biológicos son conscientes porque cuando se acercan a una nueva situación pueden cambiar su comportamiento para moverse desde esta perspectiva”. Un ejemplo que me viene a la cabeza, simple, sería el de un ser vivo (el que sea) que tiene conciencia de que a su alrededor existen potenciales peligros o presas a las que atrapar y actuaría conscientemente según su instinto de supervivencia.

El físico británico Sir Roger Penrose sería otro partidario del panpsiquismo, pero con matices y a su manera. Penrose ya propuso, junto con el profesor emérito de anestesiología Stuart Hameroff, una teoría de que la conciencia estaría presente a nivel cuántico en las sinapsis del cerebro (llamada Reducción objetiva orquestada). Pero Penrose no quiere etiquetas a su nombre del tipo “panpsiquista”. En su opinión, “las leyes de la física producen sistemas complejos y estos sistemas complejos conducen a la conciencia la cual daría paso al desarrollo de campos del conocimiento como, por ejemplo, las matemáticas”

Físicos teóricos como Bernard Haisch, en 2006, sugirieron que la conciencia se produce y se transmite a través del vacío cuántico, o espacio vacío, de modo que cualquier sistema físico que tenga suficiente complejidad y cree un cierto nivel de energía, podría generar o transmitir conciencia. Otros, como el físico Gregory Matloff, van más lejos y han abordado la astrofísica para estudiar el comportamiento, supuestamente consciente, de algunas estrellas. Matloff y otro colega suyo alemán examinaron la llamada Discontinuidad de Parenago que consiste en que las estrellas más frías, como nuestro propio Sol, giran alrededor del centro de la Vía Láctea más rápido que las más calientes. La explicación de la ciencia ortodoxa nos dice que tal fenómeno es debido a las interacciones de esas estrellas frías con las nubes de gas. Matloff, sin embargo, tiene una visión diferente, la cual fue publicada en el Journal of Consciousness Exploration and Research.

A diferencia de sus hermanas más calientes, dice Matloff, las estrellas más frías pueden moverse más rápido debido a la emisión de un chorro de energía unidireccional. Dichas estrellas emiten siempre un chorro al comienzo de su nacimiento. Matloff sugiere que esto podría ser un indicador de que la estrella está automanipulándose conscientemente para ganar velocidad. Los datos de observación muestran un patrón confiable en cualquier lugar donde se observe la discontinuidad de Parenago. Si se tratara de una interactuación con nubes de gas, como predice la teoría actual, cada nube debería tener una composición química diferente y, por tanto, haría que la estrella funcionara de manera diferente. Entonces, ¿por qué todas ellas están actuando exactamente de la misma manera?

Las aportaciones teóricas para ir arrinconando al exclusivista materialismo dominante (y también al dualismo trascendente) no dejan de aparecer. Aunque algunos persisten en la idea de encontrar alguna fuente materialista de la conciencia. Como es el caso del neurocientífico y psiquiatra Giulio Tononi, de la Universidad de Wisconsin-Madison, para quien podría existir lo que él llama, una “teoría integrada de la información, donde la conciencia sería una manifestación con una ubicación física real, situada en algún lugar del universo, sólo que no la hemos encontrado todavía. Un físico del prestigioso MIT (Massachussets Institute of Technology), en Boston, Max Tegmark va en la misma línea, o más exactamente tomando el mismo discurso, y propone que existe un estado de la materia por el que los átomos se organizan para procesar información, la cual daría paso a la subjetividad y de aquí se trasladaría a la conciencia. Lo que se dice abandonar la ortodoxia a machas forzadas.

La propuesta de Tononi sería algo así como una versión modificada, a la inversa, de la teoría de Pim Van Lommel sobre la conciencia ilocalizable fuera del espacio y el tiempo. Sólo que en el caso de Tononi esa conciencia sí tendría un lugar concreto en el espacio-tiempo de nuestro universo y no fuera de él. Me parece, de todas formas, mucho más coherente, convincente y escéptica la idea del holandés (la improbabilidad infinita de localizar esa conciencia)  que el hecho de pensar que pueda existir un cuerpo celestial físico irradiando conciencia del mismo modo nuestro Sol emite luz y calor.

El modelo materialista de la ciencia “oficial” se basa, fundamentalmente, en el viejo paradigma de la mecánica clásica newtoniana y es, como mínimo, defectuoso, en el mejor de los casos, Conceptos materialistas convencionales de la realidad como son localidad, causalidad, continuidad o determinismo se utilizan como un dogma inquebrantable, mientras que el componente fundamental de la existencia -la naturaleza de la conciencia- se ignora intencionalmente a pesar de que precursores de la mecánica cuántica como Max Planck creyeron firmemente que la conciencia jugaba un papel significativo en la configuración de la realidad.

Las principales teorías materialistas de la conciencia utilizan la mecánica clásica para asumir que la conciencia surgió y se produce a partir de un conjunto de acciones combinadas neuronales dentro del cerebro, esto es, se centran en la complejidad sináptica computacional que se produce en el cerebro que es la que permite la comunicación entre las neuronas. Sin embargo, autores científicos de contrastada solvencia como Penrose-Hameroff y otros ya han dado un sonoro bofetón a la “conciencia materialista” con el descubrimiento de vibraciones cuánticas en los microtúbulos del cerebro.

La conciencia generada por la materia física cerebral se puede decir que empieza a ser un mito cientifista en franca decadencia.

 

¿Sobrevive la conciencia ‘más allá’ del espacio y el tiempo? (1). La conciencia infinita frente al timo del ‘big bang’

Estudios prospectivos sobre las experiencias cercanas a la muerte, así como recientes resultados de investigaciones neurofisiológicas y diversos conceptos de la física cuántica, me han llevado a estar firmemente convencido de que la conciencia no puede ser localizada en un tiempo y un espacio concretos. Esto se conoce como no localidad o no localización. La conciencia plena e infinita está presente en todas partes, en una dimensión que no está ligada al tiempo ni al espacio, donde el pasado, el presente y el futuro existen y son accesibles a la vez. Esta conciencia infinita está siempre en nosotros y alrededor nuestro.

(Pin Van Lommel, cardiólogo holandés)

 

La cita anterior, tomada del libro Consciencia más allá de la vida, no es una declaración neoespiritualista procedente del movimiento de la Nueva Era o cualquier otra corriente ideológica similar, puesto que Pim Van Lommel (1943) es un científico que no cree ni en Dios ni en ninguna trascendencia divina. Simplemente, Van Lommel ha sabido conjugar acertadamente conceptos ligados a la ciencia con un significado no materialista de la conciencia. La propuesta de Van Lommel es un acercamiento, o convencimiento personal, de largo alcance filosófico que conduce inexorablemente a un cambio de paradigma en nuestra forma de comprender el mundo, alejado tanto de la visión clásica materialista como de la metafísica platónica.

Después de haber leído, no muy extensamente pero sí lo suficiente, sobre el “difícil problema” de la conciencia del que habla el filósofo David Chalmers y de haber pasado por graves crisis existenciales (que, en realidad, nunca se abandonan del todo) tenían que aflorar, forzosamente, los grandes interrogantes (por qué existimos en vez de no existir o si hay algo “más allá” de la muerte). La muerte, dice Van Lommel, sigue constituyendo un tabú en nuestra sociedad. Sin embargo, es normal que la gente muera cada día. Hoy mismo, mientras usted está leyendo esto, están muriendo aproximadamente cerca de 7.000 personas en Estados Unidos y otras tantas más en Europa.

De modo que todo a lo que hemos estado unidos en este mundo (sentimientos, bienestar o no material, emociones, ideas, experiencias positivas-negativas, intereses, acopio o no de saberes…) algún día se irá para siempre. ¿Pero se irá también con todo ello la conciencia, que es la que ha determinado nuestra comprensión de quiénes somos, dónde estamos, qué sentimos y el mundo que nos rodea incluido el espacio exterior, como afirman los epígonos de la ciencia “oficial”? ¿Podemos seguir hablando de conciencia cuando se ha confirmado la muerte de una persona? se pregunta Pim Van Lommel. La respuesta que da el científico holandés va a estar un tanto en la línea de lo que ha afirmado otro científico, Robert Lanza: La muerte no existe, es sólo una ilusión, pero mucho mejor desarrollada.

Uno de los apoyos sobre los que se sustenta la creencia de que la conciencia pueda sobrevivir a la muerte física es haber experimentado una ECM (experiencia cercana a la muerte). Pero sabemos que las ECM no se producen siempre: solo, aproximadamente, en un 18% de los casos donde personas están en situaciones traumáticas o límites, es decir, cuando hay un riesgo vital para la persona, aunque no necesariamente. Que en las ECM se produzca una ampliación mejorada de la conciencia para unos y para otros no (independientemente de que la gente no quiera relatar sus experiencias) sigue siendo un misterio. La soberbia de la ciencia oficial no quiere ni oír hablar de esto: o bien los que experimentaron ECM son crédulos idiotas o bien sufrieron delirios.

El problema que suscitan las ECM en el mundo de la ciencia ortodoxa ya sabemos que consiste en relegarlas a la categoría de “alucinaciones” producto de un cerebro caótico, aunque no aporten una sóla prueba válida de ello. Pero como dice Van Lommel Todos los resultados de investigaciones que no pueden ser justificados mediante la visión del mundo imperante son etiquetados como «anomalías», ya que amenazan el paradigma existente y desafían las expectativas que éste suscita. Ni que decir tiene que dichas anomalías son inicialmente obviadas, ignoradas, rechazadas como aberraciones e incluso ridiculizadas

Para algunos científicos, situados al margen del consenso oficial, la física cuántica concede a nuestra conciencia un papel decisivo en el proceso de crear y experimentar la realidad perceptiva de modo que la información recibida por nuestra conciencia sería la que describiría el mundo físico real. A pesar de que los cartesianos militantes oponen resistencia a ello, como afirma con claridad Van Lommel las técnicas científicas actuales son incapaces de cuantificar o demostrar el contenido de la conciencia. Resulta imposible obtener la evidencia científica de que alguien se ha enamorado, o de que alguien está disfrutando de una pieza musical concreta o de una determinada obra pictórica. Lo que puede medirse son los cambios químicos, eléctricos o magnéticos en la actividad cerebral; el contenido de pensamientos, sentimientos y emociones, no. Si no tuviéramos la experiencia directa de nuestra conciencia a través de nuestros sentimientos, emociones y pensamientos, no seríamos capaces de percibirla.

La conciencia estaría situada, en este contexto, fuera del cerebro y sería la transmisora de información, mientras que aquél actuaría como un aparato receptor que descodificaría dicha información. En definitiva, nuestro cerebro cumpliría, según Van Lommel, más bien la función de facilitar que la de producir, posibilitando experimentar la conciencia. ¿Pero dónde se ubicaría la conciencia infinita de Van Lommel? En un estado ilocalizable, fuera de los límites del espacio y el tiempo de tal modo que la muerte, al igual que el nacimiento, no sería más que un simple tránsito de un estado de conciencia a otro. Y aunque a algunos sigan pensando que esto es una forma de “pensamiento mágico”, Van Lommel no lo ve así: Aceptar nuevas ideas científicas, en particular sobre la conciencia infinita, requiere tener una mente abierta y renunciar a dogmas.  

 

 

 

Dentro de esos dogmas a los que hace referencia Van Lommel habría que renunciar, o al menos cuestionar, a uno de los más extendidos en la actualidad y que es el “sancta sanctorum” de la ciencia cosmológica actual: el del origen del universo, que nos dicen aconteció “a partir de la nada” (singularidad inicial, en acepción científica de sus promotores), y que se materializó a través de una “Gran Explosión”, el conocido “Big bang”.

Si admitimos, siguiendo el razonamiento de Van Lommel, que la conciencia es infinita ésta habría existido siempre y, cabría deducir con lógica, que el universo sería igualmente infinito por lo que nunca habría tenido un inicio ni tendría un final. Y esta es, ahora mismo, mi idea. El modelo matemático comúnmente admitido sobre el “big bang”, a partir de la relatividad general, es un presupuesto científico inconsistente y las observaciones no corroboran, en ningún caso, un origen específico del universo y menos un “predictivo” final escatológico a modo de esa tontería de tebeo llamada “big crunch” (o “gran crujido”).

Pero es que desde el ámbito de la propia ciencia se están dando pasos en el sentido anterior de desmitologizar, y de algún modo desmantelar el teísta y canonizado “big bang”. Y lo hace con las herramientas metodológicas propias de la física, es decir, con sus ecuaciones matemáticas. En un artículo de 2015, publicado en el acreditado site physics.org, nos dicen que el universo pudo no haber tenido un comienzo:

El universo puede haber existido siempre, según un nuevo modelo que aplica términos de corrección cuántica para complementar la teoría de la relatividad general de Einstein. El modelo también puede dar cuenta de la materia oscura y la energía oscura, resolviendo múltiples problemas a la vez. La singularidad del Big Bang se puede resolver con su nuevo modelo en el que el universo no tiene principio ni fin.

En el modelo cosmológico propuesto por dos físicos, Ahmed Farag Ali y Saurya Das, tampoco dan validez a otra de las fantasías de la cosmología actual: el ya mencionado “big-crunch”, o supuesto final cataclísmico del universo donde se produciría una contracción de toda su materia y energía que le haría volver a su estado original, es decir, según la teoría cosmológicca vigente, a un punto de densidad y energía infinitas: 

Además de no predecir una singularidad  o “Big Bang”, el nuevo modelo tampoco predice una singularidad del “gran crujido” (“Big Crunch”). En la relatividad general, un posible destino del universo es que comienza a encogerse hasta que colapsa sobre sí mismo en una gran crisis y se convierte en un punto infinitamente denso una vez más. El universo, con esta nueva teoría, sería de tamaño finito y, por lo tanto, de una edad infinita. Los términos expuestos por los dos físicos también hacen predicciones que concuerdan estrechamente con las observaciones actuales de la constante cosmológica y la densidad del universo.

A pesar de tratarse de una hipótesis provisional, para mí sería casi definitiva. Sobre todo, porque la mencionada teoría daría un golpe letal a las creencias religiosas (en particular, la católico-cristiana) que han abrazado con efusividad un universo creado desde la “nada”, mediando, por supuesto, una entidad divina omnisciente y omnipotente. Y el Big-Bang ha sido la teoría que se ha acomodado como un guante de seda a las religiones monoteístas, en particular, a la cristiana, que ha reforzado (o eso ha creído ella) su dogmática creacionista. El Vaticano la ha suscrito sin reservas a través de la Pontificia Academia de las Ciencias.

Con la teoría del Big Bang pueden sentirse especialmente a gusto en el cártel católico-vaticano ya que fue un sacerdote belga, Georges Lamaître (junto a George Gamow) quien la formuló en 1927. Lamaitre fue, además, presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias entre 1960 y 1966. Un organismo “científico”-religioso, el anterior, tratando de conciliar vírgenes, resurrecciones y milagros con datos científicos empíricos es síntoma de la decrepitud vaticana, donde antes que abandonar la fe es preferible atrincherarse con piruetas ideológicas de lo más aberrantes.

La iglesia de Roma está reconociendo explícitamente que el motor del mundo es la ciencia, no la religión, y que, en buena lógica, no deberían ser conciliables aunque el clero papal espuriamente afirma lo contrario con tal de mantener a toda costa el dogma de la “infabilidad”, sus fetiches inverosímiles y, en definitiva, como decía Gonzalo Puente Ojea “seguir manteniendo todos los resortes de la ignorancia, para mantener vivos los absurdos mitos religiosos”. El discurso del Papa Francisco a favor del Big Bang, realizado en dicha Academia en 2014, no ha hecho más que confirmar dos cosas: 1ª) que el “big bang” (expresión, por cierto, acuñada por el astrónomo británico Fred Hoyle para ridiculizarla) es un pestiño creacionista disfrazado de ciencia. Y 2º) que los fundamentos científicos están, como hemos dicho, por encima de cualquier credo religioso:

Dijo el Papa Francisco, entonces, que El inicio del mundo no es obra del caos que debe a otro su origen, sino que se deriva directamente de un Principio supremo que crea por amor. El Big-Bang, que hoy se sitúa en el origen del mundo, no contradice la intervención de un creador divino, sino que la requiere. La evolución de la naturaleza no se contrapone a la noción de creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan. Respecto al hombre, hay un cambio y una novedad.

La iglesia de Roma siempre anda presta a reformular y amalgamar su credo cuando “nuevos descubrimientos” científicos puedan guardar similitudes con su ideario retrógrado y fetichista, mezclando incluso de forma torticera, aunque contenidamente, evolucionismo y creacionismo para no verse relegados al oscurantismo de una narrativa católica entre infantiloide y ridícula. De hecho, Francisco, a continuación de dar por bueno el “big bang” tira de la literatura más mugrienta de la teocracia cristiana para afirmar que Cuando, el sexto día del relato del Génesis, llega la creación del hombre, Dios da al ser humano otra autonomía, una autonomía distinta a la autonomía de la naturaleza, que es la libertad.

No hace falta decir que este vergonzante funambulismo ideológico arruina de forma miserable los propios postulados teológicos de la fe cristiana. Del designio divino donde el hombre ha sido creado por Dios y, supuestamente, sus actos están gobernados por Él pasa, por arte de birlibirloque, a ser sujeto del “libre albedrío” disponiendo de “libertad”, igualmente subrogada por ese Dios, para que el hombre haga uso de ella, con su propia maldad o bondad. ¿Pero no quedamos en que si nos crea un ente Superior, Divino y Perfecto, debería habernos creado igualmente “perfectos”, “inmaculados” y sin “faltas”?