Categoría: 11-S

El turbio suicidio de Michael Ruppert, otro investigador víctima del 11-s

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MICHAEL RUPPERT

 

Los falsificadores de los mitos oficiales del 11-s fungen de satisfacción ya que cada vez les quedan menos voces discordantes (en este caso desde dentro del imperio) con los que confrontar sus mentiras y fábulas oficiales. Investigadores como Philip Marshall (también Gary Webb, pero en otra faceta diferente) y ahora Michael Ruppert han muerto bajo el mismo denominador común: “suicidados”. No quiero tirar del “complot” fácil, pero es que esa rara afinidad por el suicidio de estos tres últimos héroes-denunciantes es algo que me ha provocado un “mosqueo” infinito. En el caso de Ruppert, parece que existe un universal consenso, inclusive entre algunos “truthers” del 9/11 y gente como Wayne Madsen de que todo parece estar en orden en el suicidio del ex policía de Los Angeles. En el caso del ex empleado de la NSA resulta sorprendente máxime cuando para Madsen siempre resultaron sospechosas las muertes de Webb y Marshall. Así pues, no habría un “falso suicidio” y Ruppert tendría programado quitarse de enmedio basándose en indicios (un tanto peregrinos) de que tenía algún que otro problema financiero y que había dejado algunas notas previas de contenido más bien difuso.

Una de las intervenciones más sonadas de Michael Ruppert, ex detective de la División de narcóticos del Departamento de Policía de Los Ángeles, fue acusar en 1995 a la CIA de introducir droga en los barrios marginales de esta ciudad costera norteamericana (suburbios donde mayoritariamente habitan afroamericanos), afirmaciones que hizo delante del entonces jefe de la CIA (John Deutch) en una comparecencia pública que éste realizó en el Ayuntamiento de Los Angeles. El propio Ruppert dijo que la CIA (a través de su novia, que entonces era agente contratista de la agencia de espionaje) le había propuesto participar en el contrabando de droga y participar en supuestas “operaciones anti-terroristas” para, de este modo, dar un impulso a su carrera como policía, algo a lo que Ruppert se negó en redondo. La ética policial que él entendía no se ajustaba a los parámetros delictivos de la organización de espías-criminales de Langley. Las relaciones de la CIA con el contrabando de droga fueron denunciadas también por el periodista norteamericano Gary Webb en su libro “Dark Alliance”. Webb fue otra víctima de un nada creíble “suicidio” (al parecer de dos tiros en la cabeza, no debió quedar conforme con uno). En EEUU parece que los fustigadores y acusadores con más agallas, los que denuncian a los gángsters de Estado, terminan siempre apretando el gatillo..hacia sí mismos ¿quién dijo que algo olía a podrido en Dinamarca?

Ruppert no sólo denunció las tramas criminales de la CIA como activos contrabandistas de droga (y terroristas en ejercicio), sino que se metió a fondo con el 11-s y pasó a ser, para los paladines que avalan las patrañas de Estado, un “teórico de la conspiración” más. Un libro (“Crossing the Rubicon”) y un documental (“Collapse”) pusieron sobre la mesa del denunciante Ruppert, entre otras muchas cosas, la sentencia de todos sabida: en septiembre de 2001 el gobierno de EEUU fue el responsable de la ejecución de los ataques terroristas de Nueva York y el Pentágono. A partir de aquí Ruppert abofeteó sin contemplaciones a un país, EEUU, del que amargamente dijo “nadie se ha ocupado de la responsabilidad de EEUU para con los cientos de miles de muertes (asesinatos) en Irak y Afganistán. Mi país está muerto, sus habitantes se han rendido a la tiranía. Los EE.UU. son una nación donde el gasto militar está fuera de control, posee una deuda masiva e insostenible y un estado policial fascista cada vez más agresivo”.

Tal vez Wayne Madsen tenga razón, refiriéndose a los que levantan sospechas sobre un complot para asesinar a Michael Ruppert, cuando afirma que a veces las personas se suicidan y otros mueren por causas naturales., descartando de este modo cualquier otra circunstancia ajena al suicidio de Ruppert… Pero también es cierto, y parece que Madsen lo olvida con facilidad, que existen las más increíbles y refinadas técnicas de asesinato selectivo que no proceden, ni mucho menos, del campo de la ciencia ficción: existen y han existido los programas de control mental, entre otros, el “gangstalking”, una suerte de acoso “electrónico” aplicado con tecnología V2K (Voz dirigida al cerebro) con el fin de conducir a un trastorno mental severo a una persona haciéndolo parecer loco a todo el mundo que le rodea, esto es, mediante la utilización de armas de energía dirigida -radiofrecuencia por microondas- (que provocarían, entre otros estados, depresión, desquiciamiento mental, confusión e inducción al suicidio).

Este tipo de “experimentos” criminales se sabe que existen y están en poder de la inteligencia militar de EEUU (y también en manos de las agencias de espionaje), constando en documentos liberados por el FOIA (El Acta por la Libertad de Información). Una de las claves de esta tecnología es V2K (no letal, dicen en tono “jocoso”). A este respecto cabe señalar que el autor de la masacre de Washington DC en Navy Yard, Aaron Alexis, donde ocasionó 13 muertos, había denunciado haber sido víctima de ataques con “armas de radiofrecuencia”. Alexis no poseía un historial mental previo con anomalía alguna, pero fue crucificado con este sambenito por los mass mierda americanos y así se cerraba en falso otra masacre “a la americana”. Ya se sabe, esos asesinatos tan extraños que a veces ocurren en USA y que nadie es capaz de dar una explicación coherente (salvo si se trata de un “loco solitario” que tenía “problemas psiquiátricos de juventud…”). Las sutilezas del crimen organizado.

En palabras de Timothy White, ingeniero de Telecomunicación, activista en contra de esta forma de “terrorismo de Estado cognitivo”: “Miles de ciudadanos comunes de Estados Unidos se han convertido en víctimas no contractuales de experimentos neurobiológicos de frecuencias sumamente bajas diseñadas para el desarrollo de sistemas de armas que pueden supervisar, controlar y cambiar la actividad de las ondas cerebrales del ciudadano medio. Somos víctimas de una carrera armamentista tecnológica para el control remoto de la mente. Hay miles de víctimas específicas en todo el país (EEUU) y el mundo.

Michael Ruppert pudo suicidarse tal como relató oficialmente el sheriff del condado de Napa, donde residía el ex policía y también como extraña y categóricamente sentencia Wayne Madsen….¿por qué no?. Pero también cabe preguntarse con mucho más motivo…¿y por qué no pudo ser objeto de un seguimiento tipo “gangstalking” que hubiera modificado su comportamiento?. Efectivamente, Michael Ruppert denunció en su día que su oficina había sido atacada por radiofrecuencia de microondas (armas de energía dirigida) poco después de que él empezó a publicar artículos críticos con la farsa oficial del 11-s. Estos supuestos ataques podrían haber contribuido a la mala salud y a los subsecuentes problemas depresivos de Ruppert que le llevaron a dejar el Movimiento por la Verdad del 11-s y abandonar temporalmente los EE.UU. en 2006.

Ruppert tenía un programa de radio llamado The Lifeboat Hour. El último día, domingo 13 -el del suicidio- se había despedido con un “We’ll be back to do this again next week” (Volveremos la semana que viene). Una forma demasiado ordinaria y prosaica para despedirse de este mundo por un valiente desfalsificador del 11-s y de las tramas sucias del imperio como fue Michael Ruppert al que muchos, sin duda, echaremos de menos.

 

Michael C. Ruppert, Conferencia: La CIA y el tráfico de drogas (1997). No se lo perdonaron.

Abby Martin, en su Breaking The Set, homenajea a Michael Ruppert…y termina llorando

Philip Marshall: ¿asesinado por encargo?

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PHILIP MARSHALL Y SUS DOS HIJOS

 

El filón del 11-s no sólo parece que sigue estando activo sino que adopta en ocasiones esquemas propios de un “thriller” cinematográfico. Sólo que la realidad sigue superando a la ficción. Y las víctimas de esta película siguen cayendo, sospechosamente, del lado de los disidentes. En el turbio autoatentado del 11-s, desconocía el recorrido “conspirativo” de un personaje como Philip Marshall, ex piloto de aviación, además de ex colaborador de la CIA y la DEA (la Agencia antidroga de USA), autor de un libro titulado The Big Bamboozle en el que, en sus líneas básicas, acusa al gobierno Bush y a una trama saudí del autoatentado del 11-s.

A Marshall le han endosado, oficialmente, el asesinato de sus dos hijos (incluido, también, el perro de la vivienda) y su posterior suicidio, hechos ocurridos a primeros de febrero de este año en su casa de Sta. Barbara (California). Lógicamente, las sospechas empezaron a sobrevolar inmediatamente y las conspiraciones también. ¿Recibió algún tipo de amenaza de muerte Philip Marshall que le motivó a actuar de una forma tan cruel? ¿Por qué esa frialdad tan extraordinariamente calculada?¿Era Philip Marshall una personalidad psicótico-depresiva?¿Tenía en su poder información privilegiada, se vio envuelto en un callejón sin salida y se suicidó? ¿O tal vez fue víctima de una operación Black Op Hit para cerrarle la boca y que callase para siempre? En definitiva, ¿se cargaron a Marshall porque sabía más de la cuenta sobre el autoatentado del 11-s?

Para responder afirmativamente a la última pregunta habría que ver si realmente Marshall era una pieza importante en el engranaje del 11-s, si tenía capacidad para desentrañar información privilegiada. Parece ser, a primera vista, que sí (al margen del libro antes referido), que Marshall no era un teórico de la “conspiración” más, sino que era alguien que había estado metido en el ajo de infinidad de operaciones encubiertas de la CIA, un conocedor de todas las cloacas delictivas de la “inteligencia” norteamericana. Nada que ver con gente como Webster Tarpley, el ex detective anti-narcóticos Mike Ruppert, Chris Bollyn, Woody Box, Thierry Messian….o el mismo Wayne Madsen, que simplemente son investigadores, “teorizan” y exponen su particular visión contraoficial del 11-s, dejando al margen a otros personajes como el titiritero Alex Jones y demás showman “made in USA” (Jesse Ventura).

Esto último viene a cuento para aclarar dudas en cuanto que algunos podían plantear lo siguiente ”¿y por qué no se han llevado también por delante a todos los que han dicho que Bush organizó el 11-s, acusan directamente a la CIA o a determinados militares del autogolpe?”. Por una razón muy simple: no es lo mismo que un tipo ajeno al entramado conspirativo gubernamental se presente en una tribuna pública y diga que la CIA montó el autoatentado, a que un señor, que ha estado dentro del sistema, posea información documental comprometedora de primera mano y diga que va a cantar. Así de concluyente. Marshall, tenía todas las papeletas para ser “el hombre (o uno de ellos) que sabía demasiado” sobre 11-s. El mismo Wayne Madsen (ex empleado de la todopoderosa NSA –Agencia de Seguridad Nacional-) señala que Marshall estaba en condiciones de poner al público “información explosiva” sobre el 11-s. ¿Suficiente para hablar de una ejecución sumaria a cargo de los aparatos del Estado norteamericano? Sin dejarse llevar por la “conspiranoia” fácil, resulta una hipótesis muy factible aunque, como siempre, sea casi utópico atar todos los cabos sueltos. Lo que está claro es que en este asunto van a sobrevolar, siempre, más preguntas que respuestas. Más incoherencias que certezas oficiales.

Para empezar, Marshall no dejó nota alguna al morir, un rasgo distintivo de todo “buen” suicida. Si bien no es un manual preestablecido en todos los que se quitan la vida, si que es un indicador fiable para empezar a descartar, de forma razonable, el suicidio. Por otra parte, Madsen afirma que Marshall era zurdo y, en cambio, se suicidó de un tiro en la sien derecha. Este sería un punto de singular trascendencia, pero parece ser que no se ha podido verificar ya que no se sabe si se tomaron fotos o no del cadáver de Marshall puesto que, según Madsen, en la escena del crimen todo fue muy “apresurado” y hubo una “limpieza” claramente ilegal por parte de la comisión policial y judicial. Otro hecho a destacar es que los vecinos dijeron no oír nada, lo que da a entender que los disparos podían haberse hecho con un silenciador, pero la pistola que poseía Marshall no lo tenía, según Madsen.

Se sabe, también, que Marshall, estando en el domicilio, nunca dejaba puerta abierta alguna de su casa; sin embargo se encontró una de ellas abierta al ir la policía a reconocer los cadáveres. Los vecinos de Marshall creen, en “petit comité”, que las muertes fueron asesinatos ejecutados muy profesionalmente. Sorprende, por otro lado, que Marshall quitara de enmedio a una de sus mascotas (el perro) y a la otra no (un gato). Para enredar más la madeja, hay asuntos todavía más espinosos. Los hijos de Marshall fueron encontrados asesinados en un sofá de la casa ya que, al parecer, según la versión oficial, se encontraban allí durmiendo. Lo que te hace preguntar el motivo de por qué estaban allí y no podían estar (con más lógica) en sus respectivas habitaciones. Pero, sobre todo, hay algo que mueve a pensar en un asesinato por encargo: la casa de Marshall fue objeto de una extraña “limpieza” poco después de las muertes, lo que indicaría que, el o los presuntos asesinos, estaban buscando algún tipo de información. Nadie sabe, tampoco, que ha sido del equipo informático de Marshall, desaparecido de forma misteriosa.

En definitiva, es altamente improbable que Philip Marshall estuviera depresivo, tanto como para quitarse la vida y menos que asesinara fríamente a sus dos hijos, que eran su apoyo más fuerte y a los que quería mucho. En la red social Twitter, Marshall en los días que van del 12 al 31 de enero (poco antes de su suicidio), no mostró signo alguno de depresión o que se advirtiera algún indicio del desequilibrio emocional que le achaca la versión oficial. Marshall, de barajar una hipótesis fiable, más bien era un personaje peligroso para el sistema, un arrepentido que tenía la fea costumbre, en los últimos tiempos, de dejar la basura a las puertas de la sede de la CIA y la Casa Blanca. Y aunque pueda parecer una temeridad la afirmación de Madsen de que hay un 100 por 100 de probabilidades de que el ex piloto de la CIA haya sido asesinado en una operación BlackOp Hit por la propia Agencia de espionaje americana, sigue sin haber explicación racional alguna para ese “suicidio”. Tampoco para el asesinato de sus dos hijos. ¿Realmente podría tener la CIA u otros elementos del gobierno la sangre fría de asesinar a dos adolescentes?¿Y por qué?¿Qué papel tan peligroso podían desempeñar dejándolos vivos?¿Se podría haber ejecutado a Marshall de otra manera…en un accidente de coche simulado…tiroteado en otro lugar, sin necesidad de eliminar a sus hijos?¿Era más “convincente” de cara a la opinión pública que los asesinos utilizaran la opción “suicidio”-crimen de sus hijos para ensuciar la imagen de Marshall?¿La versión oficial es el eslabón más débil pero hay que darle alguna credibilidad a la espera de encontrar pruebas más concluyentes que…..”nunca” se encontrarán?

Quizás Philip Marshall no sea más que otro héroe anónimo que decidió que había llegado la hora de romper el silencio cómplice y lo pagó él y sus hijos con un crimen ejecutado con demasiada…tal vez demasiada, perfección.

 

11-s (y XI). Michael Chertoff, el halcón sionista de Bush, ideólogo y orquestador del 11-s

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MICHAEL CHERTOFF, IDEÓLOGO DEL 11-S

El perfil de un asesino de Estado

El investigador norteamericano Patrick Briley (*), en el ya casi lejano año de 2005, se encargó de analizar a un oscurísimo personaje de la política estadounidense que tenía las trazas de ser el estratega (o al menos uno de ellos) de todas las guerras sucias, internas y externas, del imperio del tito Sam. Aparecía, por entonces, como uno de los conspiradores más activos de las Administraciones de Bush padre e hijo. No era otro que Michael Chertoff que en aquel momento estaba a punto de ocupar la influyente jefatura de la Secretaría de Seguridad Nacional. Es sorprendente que nadie, entre los teóricos de la disidencia al 11-S oficial (o al menos yo no tengo conocimiento de ello) se haya planteado indagar, siquiera superficialmente, sobre este sombrío, enigmático y maquiavélico Chertoff como la cabeza “pensante” del renovado imperialismo y militarismo norteamericano; un digno sucesor del viejo genocida Kissinger. El artículo de Briley señalaba a Chertoff como un criminal de Estado y denunciaba su implicación en infinidad de asuntos sucios relacionados con el terrorismo, en particular, el de “falsa bandera”. En la gran parodia sangrienta del 11-S además de dejar al desnudo las inconguencias y falsedades de los informes oficiales había que empezar a esclarecer quienes pudieron estar detrás de los atentados terroristas de Nueva York, Pentágono y la escenificación falseada de Shanksville, como autores intelectuales y programáticos.

Briley tituló su reseña de este concluyente modo: “Chertoff creó el pretexto del terror contra EEUU para instaurar un Estado policial”. Y es que Chertoff ya había sido, en el año clave de 2001, responsable de la división criminal del Departamento de Justicia de EEUU nada menos que para investigar (cruel ironía) el 11-s y fue escalando posiciones, a velocidad de vértigo, dentro de las esferas de poder estadounidense próximas al conglomerado golpista neocon. Briley le señala como uno de los grandes conspiradores terroristas de EEUU señalando “el papel inequívoco jugado por Michael Chertoff en el atentado de 1993 contra el WTC, el atentado de Oklahoma y los ataques terroristas del 9-11, así como el encubrimiento que hizo Chertoff del FBI, con el previo conocimiento del Departamento de Justicia, en la planificación de aquellos ataques”. Briley no se anduvo con medias tintas e “implicó concluyentemente” a Chertoff como un ideólogo criminal de Estado, cuya doctrina política la diseñó “para financiar, crear y provocar intencionadamente actos terroristas, con el fin de proporcionar un pretexto para la mayor parte de las controvertidas disposiciones que han configurado el actual Estado policial, materializado mediante unas leyes que Chertoff ayudó a redactar”. O lo que es lo mismo, la consecución, entre otras, de la ley llamada Patriot Act, puesta en práctica para espiar a ciudadanos estadounidenses, algo que, teóricamente, estaba prohibido por la Constitución de ese país.

La corrupción institucional en las altas esferas del poder usaco que recrea Briley, en lo que concierne sobre todo a los aparatos de seguridad nacional de EEUU (FBI, CIA, etc…), y sus estrechas conexiones con el terrorismo yihadista, son para hacer una saga épica del mejor “thriller” político de todos los tiempos. Pero estamos hablando de realidades, que a veces superan a las ficciones cinematográficas. Queda claro, según Briley, que la planificación y ejecución del terrorismo de Estado en el país del Tío Sam había girado, desde los años noventa, en torno a este tipo de aspecto draculiano con galones de nacionalsocialista del III Reich. El tan citado “inside job” estaba servido, de alguna manera, desde hacía bastante tiempo. El 11-S fue solamente la culminación final de ese “trabajo” interior. Como ya ha señalado anteriormente Briley. el pistoletazo de salida de Chertoff como gran terrorista de Estado tuvo lugar con el primer atentado a las Torres Gemelas en el año 1993, del que, según nuestro autor “el FBI tuvo pleno conocimiento de que se iba a producir y Chertoff, como Secretario de Justicia de EE.UU (en Nueva Jersey), estuvo plenamente involucrado en aquella operación terrorista”. Luego vino, en orden de importancia, el brutal atentado de Oklahoma de 1995 (donde se destruyó con un camión-bomba un edificio federal que ocasionó 168 muertos, acto que fue atribuido, prácticamente en solitario, a un fanático llamado Timothy McVeigh utilizado como oportuno y manipulado fantoche; oliendo a la misma mierda falseada, entonces, que la del “asesino solitario” noruego Breivik). El “false flag terrorism” estaba empezando a tomar cuerpo y a surtir efectos entre la opinión pública más desinformada.

Finalmente, el 11-S fue la traca final donde, vaya por dios, Chertoff fue el encargado de dirigir nada menos que la investigación de aquellos atentados (había sido nombrado por el entonces Fiscal General de Bush, John Ashcroft). Pusieron al hijo de zorra a cuidar de las gallinas, para aquilatar, con un pucherazo político-judicial, la conspiración de Estado.

Ejecutando el terror global

Briley citaba al diario The New Yorker (artículo de 5 de noviembre de 2001) describiendo el papel de Chertoff en la investigación de los atentados del 11-S del siguiente modo:

“Desde los ataques terroristas del 11 de septiembre, la oficina de Chertoff se ha convertido en el embudo de lo que es, probablemente, la investigación penal más importante de la historia de Estados Unidos. Fiscales e investigadores del FBI están en las manos de Chertoff. Para las decisiones del día a día, Chertoff tiene la última palabra”.

La investigación estaba completamente contaminada y corrompida desde un primer momento, no sólo por nombrar a Chertoff, sino sobre todo por otorgarle unos poderes extralimitados, a alguien que tenía las papeletas para ser uno de los instigadores del 11-S. Si bien hay que matizar que Briley siempre habla de Chertoff como la cabeza pensante de la conspiración de Estado usaca, este autor da a entender (o eso es al menos lo que he podido deducir, que mi inglés tampoco es perfecto) que los ejecutores materiales del 11-s fueron Mohamed Atta y su supuesta célula terrorista. Chertoff sería simplemente el que dio el visto bueno. Pero ésta es una lectura que creo, sin duda, equivocada en cuanto a la participación de imaginados “terroristas” en el 11-S y acertada en cuanto que Chertoff representa el perfecto arquetipo de conspirador y terrorista de Estado. Encaja a la perfección en el autogolpe del 11-s, sin necesidad de contar con unos paniaguados “terroristas” para ejecutar el operativo de aquel día, ya que aquéllos solamente fueron utilizados como coartada justificativa de los crímenes del 11-s.

A partir de septiembre de 2001 el concepto de “guerras preventivas y contra el terror” fue llevado a la práctica por los mandarines del Pentágono y la CIA, con Rumsfeld, Chertoff y Cheney como principales impulsores y ejecutores. Para entender hasta que punto Chertoff tenía capacidad de decisión en las operaciones encubiertas que se realizaban en el exterior, cabe destacar que “Chertoff también fue consultado por la CIA sobre la tortura y las entregas extraordinarias de sospechosos de terrorismo a otros países para ser torturados”, asevera Briley. No hace falta imaginar que la Agencia de espionaje americana obtuvo su aprobación. Una tras otra, la cadena de complicidades, compra de mercenarios terroristas árabes, encubrimientos y sobornos jalonaban el historial de este funesto personaje. También “Chertoff deliberadamente silenció y encubrió, con el lavado de dinero, tráfico de drogas y armas, la financiación saudí (supongo que aquí Briley se refería a AlQaeda-familia de Bin Laden).

El peligroso y maquinador Chertoff tuvo tiempo el año pasado para sacarse de la manga un desvergonzado artículo en la página web de la Secretaría de Seguridad Nacional recordando el décimo aniversario del 11-S con el título de 9/11, Before and After, justificando irónicamente su ideario represivo-fascista. Por supuesto, para este tipo el gran montaje del 11-S no es objeto de discusión y el que contradiga la versión oficial, cito sus palabras textuales, también niega “el Holocausto judío”. Lo decía, obviamente, un sionista defensor de las masacres de Israel contra el pueblo palestino.

Decir, finalmente, que Patrick Briley (cito textual) presentó sus conclusiones, en relación con el atentado de Oklahoma, así como de los ataques del 9-11, en diversas reuniones informativas con funcionarios norteamericanos de alto nivel pertenecientes al Poder Judicial, al Senado, a los comités de Inteligencia de la Cámara de Representantes, así como al Presidente de dicha Cámara, Dennis Hastert y también a la Comisión oficial del 9-11. Huelga decir que obtuvo la indiferencia, rechazo e incredulidad como respuesta.

(*) Patrick Briley participó en la guerra de VietNam. Sirvió en una patrulla de submarinos Polaris en el Pacífico con misiles balísticos nucleares a bordo. Participó, también, en misiones excepcionalmente importantes y peligrosas en el extremo Oriente, sobre todo cerca de China.

También estuvo enrolado en el servicio Naval desde 1968 hasta 1976 durante el conflicto de Vietnam, como comandante de batallón de la unidad naval ROTC y fue guardiamarina a bordo del submarino de misiles balísticos, SSBN 624, Woodrow Wilson. Fue elegido por el Almirante Rickover como ingeniero de proyectos de reactores navales cerca de Washington DC. Patrick Briley empezó a investigar y analizar las causas de por qué se produjeron “ataques terroristas” en territorio americano poco después del atentado en Oklahoma City”.

 

NewsWithViews.com

www.incpu.org/articles/briley_22105.pdf

11-s (X). Popular Mechanics, fascismo 'científico' al servicio de una mentira de Estado

POPULAR FASCIMECHANICS

EL CIRCO CONSPIRANOICO DE “MECÁNICA POPULISTA”

La revista Popular Mechanics (PM), editada en Nueva York, es uno de los referentes y soportes ideológicos de la ciencia oficialista estadounidense para tratar de explicar todos los sucesos acontecidos el 11-S. El papel jugado por este medio ha sido, sobre todo, el de manipular a la opinión pública desde el ámbito de la “ciencia” intoxicando con falsos dogmas científicos elaborados casi siempre con las conclusiones de la Comisión 9/11 y el NIST (el Instituto de Estándares y Tecnología). Su base metodológica carece de todo presupuesto racional que no sea apoyarse en falacias empíricas, bajo las cuales pseudoargumenta con mala fe una y otra vez contra los llamados despectivamente “truthers”. Si indagamos quien está detrás, ideológicamente, de Popular Mechanics vemos que forma parte del imperio Hearst Corporation (cuyo fundador fue el conocido magnate nazifascista William Randolph Hearst –retratado por Orson Welles en Ciudadano Kane-, una pieza clave en la desinformación y propaganda anticomunista de EEUU y sus satélites contra la Unión Soviética, durante la llamada “guerra fría”). En la parte puramente económica, Popular Mechanics obtiene sus ingresos publicitarios de la mano de contratistas militares y de Defensa, algo que se puede deducir fácilmente, ya que PM tiene una especial predilección por la publicación de artículos que versen sobre tecnología militar y policial (la portada de julio de este año no deja lugar a la duda), en especial los que se refieren al control de ciudadanos y a operativos antiterroristas. Así pues, un repertorio de republicanismo filofascista y orientación mlitarista, conforman el modus operandi mediático de PM. Lógicamente, no iban a morder la mano de quien les da de comer y de quienes, presumiblemente, puedan haber suministrado apoyo logístico a los perpetradores del 11-S. Si a ello añadimos que PM tiene todas las papeletas para ser una revistucha fachada de la CIA, el círculo conspirador se cierra en su integridad.

Los pueriles argumentos de PM y sus refutaciones de baja estofa cercanas a la milagrería, en relación a aquellos acontecimientos, son de sobra conocidos y han sido desmontados y refutados, entre otros, por el ingeniero de estructuras Jim Hoffman, sobre todo cuando PM cita en uno de sus pedestres artículos que el NORAD sólo había interceptado un avión civil en toda su historia (el del golfista Payne Stewart, que se despresurizó en el aire y murieron todos sus ocupantes), algo que entraba en contradicción con las afirmaciones que hizo el comandante Douglas Martin, uno de los referentes de la revista en materia militar (“From Sept. 11 to June, NORAD scrambled jets or diverted combat air patrols 462 times, almost seven times as often as the 67 scrambles from September 2000 to June 2001, Martin said”). Por descontado, PM omite los testimonios de las explosiones en las Torres Gemelas, se pasa por el aro el metal fundido encontrado en la base de las Torres Gemelas o no toma en consideración las declaraciones del arquitecto y gerente de la construcción de las WTC, Frank De Martini, quien afirmó que las torres gemelas eran edificios estructuralmente robustos –más que, por ejemplo, el madrileño Windsor- y a prueba de aviones. Y así decenas de incongruencias anticientíficas de PM, a cada cual más embustera.

 

La bazofia cientificista de PM acerca del 9/11 la ha propagado, básicamente, a través de su editor-mercenario, James Meigs, y en medios televisivos donde tipos tan fascistas como el ultrarrepublicano Bill O’Reilly le pueden dar bola gustosamente (Reilly presenta un programa-engendro en la Fox News llamado El Factor O’Reilly, donde siempre que puede intenta ridiculizar a gente seria e intelectualmente honesta como  los disidentes del 9/11).

El estilo explicativo de Meigs es puramente fulanista y obvia elementos esenciales del 11-s (por ejemplo, la destrucción de pruebas tras el derrumbe de las WTC). Para rematar la faena de la complicidad de Meigs con la Administración Bush, el cabeza visible de PM escribió un libro que es la síntesis y extensión de toda la conspiración oficial, Debunking 911 Myths, un panfleto-basura prologado por un guerrero psicópata de extrema derecha (el senador republicano John McCain). Lo que ha hecho Popular Mechanics ha sido, ni más ni menos, que encubrir el autoatentado terrorista del 11-S. Como bien afirmaba Chris Bollyn, “en PM la propaganda gubernamental ha sustituido a los artículos científicos”. Un lector desencantado escribió una carta al editor de PM en los siguientes términos: ‘yo creo que ustedes son sólo una herramienta más en la maquinaria de propaganda de los gobiernos’”.

Y…MÁS CIENCIA BOBA REFUTANDO LO IRREFUTABLE

Aunque no guarde relación alguna con PM, pero sí indirectamente, en cuanto que desde determinada ciencia oficialista se intenta avalar una mentira de Estado, he buceado algunas otras fuentes “científicas” con el pedigrí de autoridad en la materia. Leo un artículo en el site Ciencia Kanija con un título un tanto llamativo: “Las teorías de la conspiración del 11-S desafiadas por una investigación de Cambridge”, (septiembre de 2007), donde aparece otro paladín del 11-S oficial, Keith Seffen, ingeniero por la prestigiosa y elitista Universidad de Cambridge (UK), pero retratado básicamente como un cretino que intenta refutar la teoría de la demolición controlada con argumentos tan peregrinos como pueriles, tan esotéricos como falaces. Según Seffen “el colapso de las Torres Gemelas estaba destinado a ser rápido y total”, y para ello utiliza “modelos dinámicos” en base al “cálculo de la capacidad residual del edificio para resistir el peso de los pisos superiores bajo las condiciones de colapso”. El artículo fue publicado, al parecer, en el Journal of Engineering Mechanics (USA), una revista intuyo que controlada por el oficialismo reinante para cerrar filas en torno a la farsa oficial.

Lo que ocurre es que por muchos globos sondas matemáticos, ecuaciones diferenciales y juegos de ordenador con la que nos obsequie Seffen, resulta que para obtener un rápido colapso de un sólo piso se necesita provocar el fallo simultáneo de todas las columnas de apoyo (para que aquél ocurra). Y sin explosivos no sólo es imposible..sino que es…imposible (para que quede más claro), como han sentenciado mil expertos científicos, aparte de vulnerar el principio de conservación de momento y energía antes mencionado. En fin, una completa chorrada las aseveraciones de Seffen, señor que se empeña en ocultar las verdaderas realidades y alcance del 11-S con malabarismos tecnicistas. Con gente como ésta desde luego la ciencia entra en colapso y en caída libre.

 

11-s (IX). El caso Ed Ballinger

LA DOCUMENTACIÓN CONFIDENCIAL DESCLASIFICADA PONE EL FRAUDE GUBERNAMENTAL AL DESCUBIERTO

EL TEXTO ENMARCADO EN ROJO CONFIRMA EL MENSAJE ENRUTADO ENVIADO POR EL DESPACHADOR TERRESTRE ED BALLINGER AL VUELO 175 DE UNITED AIRLINES, A LAS 13.51 HORAS (hora universal del Meridiano de Greenwich, que equivale a LAS 9:51 horas en el Este de EEUU), 48 MINUTOS DESPUÉS DE HABERSE “ESTRELLADO” EL AVIÓN DEL MISMO VUELO CONTRA LA TORRE SUR, WTC 2

Como continuación de la última entrada que describía el papel fundamental desarrollado por el dispositivo ACARS para desentrañar las galopantes mentiras oficiales en torno a los vuelos “secuestrados” del 11-s., voy a referirme aquí (usando la información contenida en el site 911acars, publicada en marzo de este año) a otro asunto relacionado con los mensajes ACARS y que goza aún de mayor relevancia y credibilidad que los documentos liberados por el FOIA (el Acta de Libertad de Información) en diciembre de 2011. Informes que mostraban cómo el despachador Ed Ballinger había lanzado mensajes enrutados a los vuelos secuestrados 93 y 175, siete y veinte minutos después de sus respectivos “accidentes-atentados” en Shanksville y Nueva York (WTC 2).

Ballinger, recordemos, fue el controlador terrestre (no confundir con los controladores aéreos) que tenía a su cargo la zona medio oeste de EEUU para el tráfico aéreo el día 11 de septiembre de 2001 y al que le tocó en “suerte” la lotería aérea con los nº 93 y 175. Un afortunado, como quien dice. Este empleado de United Airlines, con más de cuarenta años de experiencia en comunicaciones con aeronaves, no sólo envió mensajes en las horas indicadas (9:23 United175 y 10:10 UA93) sino que, según documentos obtenidos en virtud del FOIA, clasificados previamente como confidenciales por el Departamento de Seguridad Nacional y la NTSB, remitió una comunicación al UA 175 nada menos que 48 minutos después (9:51) de haberse “estrellado” contra la Torre 2 del WTC y 28 minutos después de un ACARS enviado a las 9:23. Dicha información oficial consta de 66 páginas y está anotada como 49 CFR 2003, Volumen 8 – T7 B18 United AL 9-11 ACARS Fdr- Entire Contents- ACARS Messages 569

Según el experto de 911acars (de nombre tan español como Sergio) que ha analizado esta documentación, hay algunos elementos dignos de ser resaltados y puestos en la picota como es el hecho de que los mensajes enviados desde la aeronave del vuelo 175 hacia la estación remota terrestre son, en la práctica, ilegibles o escasamente visibles. Interesadamente, o no, se utilizó un marcador de color (claro u oscuro) para esas anotaciones, algo que viene señalado en el propio documento como advertencia. El hecho de utilizar un documento escaneado a partir de otro original y con la “huella” de un marcador es motivo suficiente para que la copia sea, normalmente, defectuosa, menos legible que en el original.

A pesar de estas y otras presumibles trapacerías que se observan en el documento (el “timeline” de secuencia de mensajes finaliza a Las 14:08 UTC (Universal Time Coordinated, el ajuste horario de acuerdo con el meridiano de Greenwich) cuando lo lógico es que lo hiciera a las 14:30 puesto que constan envíos ACARS entre las 14:10 y las 14:20 UTC a la aeronave United 93). Curiosamente, para el resto de aviones que sobrevolaban el espacio aéreo objeto de control si se relacionan todos los mensajes, pero no para los siete últimos del UA93 que se interrumpieron abruptamente en la hora 14:08 UTC, algo que se considera de vital importancia para una correcta investigación. Parece que las artimañas de los conspiradores tenían como objetivo dejarlo todo atado y en orden.

Pero con todo y con ello, en los documentos desclasificados vía FOIA, página 48, se pueden encontrar algunas gemas que arruinan de forma incontenible la maniobra fraudulenta de la Comisión 11-s y dejan al descubierto la maquinación de sus autores. Ballinger envió infinidad de mensajes enrutados a varias aeronaves, incluyendo tanto a la UA93 como la UA175. La apabullante demostración de que Ballinger envió comunicación a la UA175 a las 9:51 gmt procede de su propio “timeline” personal: “T7 B20 Timelines 9-11 2 of 2 Fdr-Ed Ballinger Timeline 243”, un documento redactado por el propio Ballinger, de dos páginas, que recoge los principales sucesos en el 11-s anotados el día después, con mensajes enrutados de la estación de tierra al avión y viceversa. La autencidad, pues, del documento, como señalan los expertos, es incuestionable e irrebatible (además de llevar el marchamo oficial de “clasificado”) y la evidencia de que Ballinger remitió a la aeronave UA175 un mensaje 48 minutos después de haber “impactado” en la Torre Sur del WTC porque tenía conocimiento de que aún seguía en el “aire”.

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LAS ANOTACIONES DE ED BALLINGER

DE NUEVA YORK A HARRISBURG: LLAMANDO AL VUELO 175…CUARENTA Y OCHO MINUTOS DESPUÉS DE HABER IMPACTADO CONTRA LA TORRE SUR DEL WORLD TRADE CENTER.

Lógicamente, hay que preguntarse por qué Ballinger envía una orden a la cabina del piloto de United 175 a las 9:51 EDT (Eastern Daylight Time, correspondiente a la zona horaria del Este de EEUU, pej. Nueva York) si no es porque había obtenido información de alguna fuente externa indicando que el avión estaba todavía en el aire. Los defensores de la versión oficial argumentan que Ballinger pudo no ser consciente en ese momento de que el segundo avión que se había estrellado en Nueva York era de hecho uno de los vuelos de United que estaba bajo su control en esa mañana. Pero es sabido que Ballinger fue informado oficialmente por Andy Studdert, director de operaciones y vicepresidente ejecutivo de United Airlines, a las 9:24 EDT de que el United 175 había estado involucrado en un “accidente” en Nueva York.

Ballinger comunicando con el vuelo 175, cuarenta y ocho minutos después del choque contra la WTC 2, en Nueva York

En el interrogatorio que hicieron a Ed Ballinger dos miembros del staff de la Comisión oficial del 11-s (Equipo 7), en concreto los correveidiles del gobierno John Raidt y William Johnstone, quedaron reflejados los siguientes hechos declarados por Ballinger:

A las 9:19 am Ballinger comenzó a enviar el mensaje ACARS siguiente para sus vuelos en el aire: “Tengan cuidado con cualquier intrusión en cabina … dos aeronaves han chocado en Nueva York contra el World Trade Center” Este mensaje fue destinado al vuelo 161 a las 9:19 am, y los vuelos 91, 23, 8117, 8179 a las 9:20 am y el vuelo 17 a las 9:21 am

A las 9:23 am Ballinger transmitió un mensaje idéntico a los anteriores. En concreto a los Vuelos 27, 175, 81, 8151, 8155, 8179 y 161. Respecto del vuelo 175 Ballinger indicó que tenía conocimiento de que dos aviones comerciales habían chocado contra el World Trade Center y que el vuelo 175 había sido secuestrado, pero no estaba seguro de si sabía que se había estrellado (en cuyo caso el mensaje simplemente habría sido causado por su prisa por dar traslado de este hecho a todos los vuelos que tenía bajo su control, lo antes posible).

A las 9:24 am Ballinger había recibido a lo largo de todas las estaciones de United Airlines el siguiente aviso (enviado a las 9:22 am) en el nombre de Andy Studdert: “Flt BOS 175-11 / LAX ha estado involucrado en un accidente en Nueva York. El Centro de Crisis ha sido activado. United Airlines prohíbe taxativamente a todos los empleados de esta compañía, acorde con la política de la misma, de facilitar información o hacer declaraciones sobre el incidente a los medios de comunicación o a funcionarios públicos”.

Simultáneamente con la recepción del mensaje de Studdert, Ballinger transmitió el mismo mensaje “intrusion cockpit” a los Vuelos 93, 283, 83, 91, 23, 8179, 8146, 8117 y el 17 a las 9:24 am.

Para el investigador de 911acars salta a la vista que el malestar de la Comisión oficial del 11-s se hizo evidente cuando trató de explicar el por qué Ballinger envió un mensaje a United 175 a las 9:23 EDT, veinte minutos después de la hora del impacto de esa aeronave contra la Torre Sur del complejo WTC en Nueva York. El nerviosismo de la Comisión fue total al observar que la comunicación sobre el “accidente” del 175 fue enviada por Studdert a las 9:22 EDT, y recibida por Ballinger dos minutos después, a las 9:24 h. Algo que se pudo confirmar a través del “timeline” que figuraba en los mensajes liberados por el FOIA reseñados en la anterior entrada. ¿Qué es lo que hizo la Comisión oficial para salir (malamente) al paso de todas estas incuestionables evidencias? Pues que el mensaje de las 9:23 fue producto de las prisas del controlador Ballinger para hacer llegar la urgencia (de que un avión estaba siendo secuestrado) al resto de vuelos que estaban todavía en el espacio áereo bajo su supervisión. Pero el tramposo siempre cae en su propia trampa: también la Comisión oficial reconocía que las 9:24 EDT fue el momento en que Ballinger recibió notificación de su compañía de que el United 175 había sufrido un “accidente” en Nueva York.

Entonces..¿por qué el despachador Ballinger envió un mensaje enrutado al vuelo 175 con posterioridad a la comunicación de su empresa United Airlines sobre dicho accidente, en concreto a las 9:51 horas? Ballinger consideró el vuelo 175 de UA como “desaparecido” del espacio aéreo cerca de las 9:40. Sin embargo, unos minutos más tarde el UA 175 estaba, según Ballinger, volando en el medio oeste de EEUU, en virtud de una señal enviada a dicho vuelo. El motivo de esa sutil “variación” parece ser que estuvo en dos mensajes consecutivos entre las 9:40 y 9:41. En concreto, el primero decía “UAL 175/93 MISSING” (#638), mientras que el segundo (#0639) mostraba el siguiente texto “UAL 175/93 FOUND”. Es decir, un cambio de tercio casi instantáneo. De “missing” (desaparecido) pasaba a “found” (localizado). ¿Qué dijeron desde la Comisión oficial? Mutis por el foro porque, evidentemente, estaban ya completamente desarbolados a esas alturas. Pero la gran pregunta era que diablos estaba buscando Ed Ballinger cuando lanzaba sus mensajes ACARS a un vuelo, el 175, que teóricamente (ya se lo habían confirmado desde su compañía) había tenido un “accidente” en NY. En el mismo sentido se podía hablar del United 93.

Aunque no es fácil encontrar una respuesta sobre esto, es obvio que la secuencia de hechos muestran una tremenda cascada de incoherencias y desatinos endosables a la versión oficial, puesto que queda claro, a la luz de los hechos, que Ed Ballinger tuvo información, de algún modo que se desconoce, que sugería que el Vuelo 175 estaba volando en el cielo estadounidense bastante después del supuesto choque contra la WTC 2.

 

La opinión de Ballinger sobre todo este asunto, la que más ha trascendido, es que la trayectoria del UA175, no estaba siendo ajustada a los protocolos “normales” de vuelo. En definitiva, con un lenguaje más bien esquivo de alguna forma el controlador de tierra estaba confirmando el pucherazo de NY. Pero una vez más nos muestran los expertos, de nuevo, que los mensajes remitidos desde una estación remota terrestre a una aeronave se consideran “entregados” siempre y cuando no exista un registro de fallos (generado a través del CPS), del cual se notifica en unos minutos al controlador de tierra. Esto es, la persona que opera en tierra está al tanto de las medidas a tomar en caso de que surjan problemas a bordo del avión. De esta forma, si Ballinger estaba enviando mensajes enrutados al vuelo 175 (hora 9:03) y este no respondía porque se había estrellado a esa hora contra la Torre 2 de la WTC el CPS hubiera generado un informe de error para enviárselo a Ballinger. Pero….oh sorpresa…el controlador de tierra siguió comunicándose con la aeronave (9:23).

Así pues Ed Ballinger, a pesar de estar plenamente informado por su compañía (United) y por los medios de información de que el avion UA175 se había estrellado, el siguió remitiendo mensajes ACARS hacia el avión hasta las 9:51, cuarenta y ocho minutos después del “atentado” contra la WTC 2. Y….los informes de “fallos” seguían sin llegar. El empleado de la United no tuvo claro que el vuelo 175 se había estrellado en Nueva York, de lo contrario habría recibido los correspondientes informes de fallos de entrega y hubiera dado por finalizado el seguimiento de la aeronave. A pesar de haber declarado como “missing” en un primer momento al avión UA175, a continuación siguió optando por remitir un ACARS a las 9:51, porque sabía que ese avión estaba sobrevolando el medio oeste americano. Era un vuelo “no apropiado”, según sus palabras, eufemismo terminológico que encubría el vuelo real, mientras que en NY había “otro” aparato que había tenido un “accidente”.

Si bien los pilotos por la verdad del 11-s no avalan ninguna teoría sobre los aviones y el investigador sobre el que se basa esta entrada ha dicho, con gran cautela, que no hay pruebas definitivas a presentar después de once años del 11-s- ya que existe todavía mucha información clasificada o la que se ha liberado está censurada, es incuestionable (voy a arriesgarme) que hay una serie de evidencias que demuestran (a través de la información disponible sobre los vuelos) los disparates oficiales y los de sus propagadores, que por sí sóla derriba por completo el gran fraude oficial del 11-s, entre otras cosas porque los valedores oficiales no han podido dar una explicación, ni satisfactoria, ni real, ni probatoria, en contra de lo aquí expuesto. En este sentido, sigo afirmando que las evidencias presentadas en esta entrada son, comparativamente, de mucha mayor importancia que las teorías acerca de la demolición controlada de las WTC o el avión-misil que se estrelló contra el Pentágono.

11-s (VIII). ACARS: la falsificación del 11-s oficial al desnudo (y 2)

LOS ESTAFADORES DEL 11-S_DEFINITIVO

VUELO 175 DE UNITED AIRLINES: SOBREVOLANDO EN LOS ALREDEDORES DE HARRISBURG Y PITTSBURG VEINTE MINUTOS DESPUÉS DE “CHOCAR” CONTRA LA TORRE SUR (WTC 2)

Al igual que sucedió con el UA93, la información proporcionada por ACARS, según los datos liberados del FOIA, muestran que el vuelo 175 tampoco cumplió su “objetivo” de llegar a la WTC2. O lo que es lo mismo, el avión de UA175 recibió mensajes procedentes de estaciones terrestres situadas en Harrisburg PA y Pittsburgh, 20 minutos después de que supuestamente el avión chocase contra la Torre Sur del complejo WTC. Una vez más ¿cómo es posible que pudieran enviarse mensajes enrutados entre las estaciones terrestres y el avión desde lugares tan remotos si la aeronave se encontraba en Nueva York? Corolario alarmante para el complot oficial: el avión de la United Airlines, vuelo 175, NO estaba en Nueva York en el momento del impacto contra la WTC 2. Vayan buscando, debunkers-trolls, una cómoda cueva donde albergarse.

Pero vayamos al texto de los mensajes, previa explicación de los mismos (sin enrevesados términos técnicos). Una vez más, al igual que sucedía con el vuelo U93, la estación terrestre remota (MDT, Middletown Town, Harrisburg) enruta mensajes con destino a la aeronave. La hora y la fecha en que se envía el mensaje (111.259, es decir el 11 de septiembre, a las 1259Z del Este o 08:59), el número de vuelo (UA175) y el número de cola de la aeronave que sirve como referencia para el mensaje de destino (N612UA), están resaltados en rojo. La fecha subrayada y el tiempo es cuando el mensaje fue recibido por el avión.

MENSAJE 1

Este mensaje fue enviado el 11 de septiembre, a las 1259Z (8:59 am hora del este) para el vuelo 175 de United Airlines, número de cola N612UA, enrutado a través de la estación remota de tierra MDT (el código de la Fuerza aérea americana para el Harrisburg International Airport, también conocido como Middleton Town).

mensaje1
MENSAJE 2

Este mensaje fue enviado el 11 de septiembre, a las 1303Z (9:03 am hora del este, es decir, en el momento del choque) a United Vuelo 175, número de cola N612UA, enrutado a través de la estación remota de tierra MDT (Harrisburg International Airport, también conocido como Middleton Town)

mensaje2

MENSAJE 3

Este mensaje también fue enviado el 11 de septiembre, a las 1303Z (9:03 am hora del este, esto es, en el momento del choque contra la WTC2) a United Vuelo 175, número de cola N612UA, enrutado a través de la estación remota de tierra MDT (Harrisburg International Airport, también conocido como Middleton Town). El matiz diferenciador (ya que se trata del mismo mensaje que el 2) es el despachador terrestre, que es diferente (AD Rogers)

mensaje3

MENSAJE 4

Este mensaje fue enviado el 11 de septiembre, a las 1323Z (9:23 am hora del este, transcurridos 20 minutos después de la hora oficial del choque contra la WTC2) al United Vuelo 175, número de cola N612UA, enviado a través de la estación remota terrestre PIT (Pittsburgh International Airport).

mensaje4

Importantes son algunas puntualizaciones que los PFT911 se han encargado de acotar, ya que algún debunker de los USA ha afirmado (no es objetable) que “es posible enviar un mensaje ACARS a un receptor (avión) que ya está destruido” y, por tanto, quedaría la duda de si la estación terrestre recibió una transmisión del UA175, o bien la estación terrestre transmitió un simple mensaje a UA175, y no hubo constancia del acuse de recibo (por haberse producido el siniestro del aparato), o bien no consta un registro de reconocimiento. El sistema ACARS puede confirmar factualmente si los mensajes de texto enviados al avión se han recibido o no, sin necesidad de ningún equipo de entrada adicional para aceptar el “recibido”. Sería similar al acuse de recibo de un e-mail, cuando se confirma la entrega o en el correo convencional (si hablamos de métodos más “rudimentarios”). Esto ya se explicó anteriormente en el vuelo 93.

De acuerdo con lo declarado por el operador terrestre Ed Ballinger, todos los mensajes señalados anteriormente (los cuatro) fueron recibidos por el avión (o lo que es lo mismo, Ballinger obtuvo respuesta de la aeronave), no teniendo conocimiento de retraso alguno en los mismos, contradiciendo, de este modo, a la Comisión oficial del 11-s quien afirmó lo contrario e ignoró completamente lo afirmado por Ballinger. PFT911 se preguntan con razón: ¿Tal vez esa deliberada omisión fue porque el mensaje enviado por Ballinger al avión fue recibido por éste y se dieron cuenta de que una aeronave no puede recibir un mensaje ACARS a una distancia y altitud tan baja (9:03 hora del choque contra la Torre Sur)? Este mensaje es una evidencia más de que la aeronave se encontraba en las inmediaciones de Harrisburg y no en Nueva York.

El revolcón era de los que hacían época. Por supuesto, había que esperar la respuesta de los cretinos oficiales y sus amanuenses que se esforzaron en “debunkear” malamente esta cuestión recurriendo a argumentos tan inconsistentes como torpes, señalando que las otras estaciones terrestres (las más próximas a Nueva York) estaban “congestionadas”, motivo por el cual se eligió la de Harrisburg (Middleton) para operar. Pero ya han replicado los expertos que para que ello hubiera sucedido esas estaciones de seguimiento tenían que haberse “congestionado” cuatro veces más. Teniendo en cuenta que había 12 estaciones “cercanas” (ABE, EWR, MMU, JFK, LGA, TEB, PHL, HPN, Un proveedor de servicios de Internet, ILG, ACY y AVP), la explicación al colapso del resto de estaciones (qué casualidad, todas estaban “knockout”) no se sostiene en ninguno de sus puntos. Para entender esta última cuestión y desmontar el engaño, cuatro argumentos capitales:

– Cuando el CPS (o Sistema Central de Procesos), una especie de “ordenador” central que coordina las estaciones terrestres, determina qué estación es la más adecuada para enrutar mensajes en función del seguimiento que se hace del vuelo, se coloca ese mensaje en espera (a la “cola”) enrutándose posteriormente a través de la estación más favorable para el envío y en el orden recibido.

– Resulta lógico pensar que los mensajes en cola de una estación remota próxima al avión sean los primeros en ser lanzados antes que otra estación situada más lejos. ¿Por qué? Pues por algo tan lógico como la distancia y altitud, ya que la aeronave tendría no sólo dificultades para recibirlos directamente, sino incluso de no recibirlos.

– Las estaciones de tierra tienen un margen para emitir mensajes a los aviones con dos limitaciones condicionadas: que tengan un alcance (+/-) 320 km de distancia y siempre que la aeronave vuele por encima de los 8.800 m de altitud (29.000 pies).

– El mensaje enrutado y recibido por el UA175 en vuelo, es decir, antes del choque (el Mensaje 1 de las 8:59; olvidémonos de los mensajes posteriores, durante y después del impacto, porque el escenario es simplemente surrealista) no podía haber dado el ok ya que es probable que el (imaginario) avión U175 debería estar a menos de 8.000 m. de altitud, cuando faltaban tan sólo cuatro minutos para impactar contra la Torre Sur y, por otra parte, el U175 se hallaba a una distancia de casi 1.300 km de la estación terrestre de Harrisburg, que es desde donde se había recibido el mensaje).

Es posible, como señalan desde PFT911, que todos los mensajes hubieran sido falseados pero eso supondría que habría un verdadero chaparrón de imputaciones por delitos graves, teniendo en cuenta que la información fue suministrada por el Acta para la Libertad de Información, una cosa muy seria en los USA y que, además, fue utilizada como evidencia para apoyar las alegaciones formuladas por la Comisión 9/11.

Dean Hartwell, otro investigador, va un poco más allá. Siguiendo la pista de ACARS deduce algunos elementos interesantes en torno a los aviones “no secuestrados”, aunque no lleguen a las clamorosas evidencias del U93 y el UA175 y haya que verlos con las debidas reservas::

(a) La Oficina de Estadísticas de Transporte (BTS), que mantiene la información de todos los vuelos comerciales en los Estados Unidos, en su información original señalaba claramente que mientras que los United Airlines 175 y 93 fueron vuelos programados y, de hecho, volaron, el American Airlines del vuelo 11 y el vuelo 77 del Pentágono no lo hicieron.

(b) ACARS, el sistema de comunicación aviones-centros operativos terrestres que es, como hemos dicho, muy similar a los “e-mails” de Internet, mostraron que el vuelo 175 de United Airlines y el del United 93 estaban volando aproximadamente sobre el medio oeste de los Estados Unidos, mucho después de que los supuestos aviones de pasajeros impactaran, uno en la Torre Gemela 2 y el otro “cayera” en un área despoblada de Pennsylvania, es decir, muy alejados del lugar de los ataques, la costa Este. Hartwell apuesta fuerte al concluir que los pasajeros del Delta 1898 (presumible United 93) eran realmente agentes del gobierno que colaboraron en la trama fingiendo ser viajeros. Al parecer, fueron vistos en el aeropuerto de Cleveland Hopkins la mañana del 11-s.

¿DOBLE VUELO AMERICAN AIRLINES A11?

El caso del vuelo 11 es uno de los más misteriosos de los cuatro que estuvieron implicados en los (auto) atentados y que, supuestamente, se estrelló contra la Torre Norte del WTC. Woody Box maneja la hipótesis de que “los pasajeros que tenían asignado el Vuelo 11 embarcaron en un avión equivocado”, basándose en el hecho de detectar algunas sospechosas incongruencias como el que se informase a la opinión pública, por parte de la Comisión oficial, de que los pasajeros del AA 11 estaban esperando en la puerta 26 para subir al avión, pero en la transcripción de comunicaciones de radio entre el AA Vuelo 11 y el Centro de control del aeropuerto Logan se hablaba de puerta 32:

7:40 a.m. September 11, 2001: Flight 11 Pushes Back from Gate; Reports Conflict over Which Gate It Leaves From

American Airlines Flight 11 pushes back from the gate at Boston’s Logan Airport. [9/11 Commission, 7/24/2004, pp. 2] There are discrepancies over which gate it leaves from. Most early reports state that it pushes out from Gate 26 in Terminal B of the airport. [Boston Globe, 9/12/2001; Chicago Sun-Times, 9/13/2001; Daily Telegraph, 9/16/2001; Washington Post, 9/16/2001; Bernstein, 2002, pp. 179; Der Spiegel, 2002, pp. 36] However, one unnamed Logan Airport employee will say it leaves from Gate 32, also in Terminal B. [Boston Globe, 9/11/2001] The transcript of radio communications with the flight confirms it left from Gate 32, and the 9/11 Commission also later states this. [New York Times, 10/16/2001; 9/11 Commission, 7/24/2004, pp. 451] The reason for the discrepancy in these reports is unclear.

(http://www.historycommons.org/timeline.jsp?day_of_9%2F11=dayOf911&timeline=complete_911_timeline)

La razón de por qué no estaba “clara” (sic) la discrepancia entre ambos informes, el primero afirmando que la puerta de embarque del Vuelo AA11 era la 26 y posteriormente la 32, huele a una deliberada cortina de humo para manipular los datos en favor de la farsa oficial. Según Woody Box “El avión que estaba en la Puerta 32 fue de hecho un vuelo llamado N334AA, el Vuelo 11 “oficial” de los atentados. Su trayectoria está bien documentada, pero hasta las 8:40. Es decir en el lapso de tiempo comprendido entre las 7:45 y 8:40 h. am, la posición del avión estaría correctamente descrita por la historia oficial. Sin embargo, después de las 8:40 las cosas serían diferentes. El avión N334AA habría pasado al este de Nueva York, cruzando Long Island, girando hacia el oeste sobre el aeropuerto JFK, antes de que finalmente desapareciera de los alcances de radar. (Cintas NORAD)”.

Entonces, surge la pregunta acerca de cuál de las dos puertas (26-32) del aeropuerto Logan de Boston permitían el acceso al embarque del Vuelo 11. ¿Oficialmente, a pesar del digo-diego, era la 26 pero los conspiradores utilizaron la 32 para enviar allí a los pasajeros a un avión diferente? ¿Con qué motivo? Es un completo enigma, sobre todo porque hay quien se pregunta cómo es posible que 69 pasajeros y 9 miembros de la tripulación pudieran llegar desde la Puerta 26 a la 32, por arte de birlibirloque (hay o había poco más de 300 metros de una a otra puerta), a las 7:30 de la mañana y estar completamente sentados en el avión para el despegue a las 7:45 am, como he leído por ahí “sin llamar mucho la atención”. Y no sólo eso, habría que preguntarse qué tipo de avión esperaba en la Puerta 26 ¿tal vez el de los atentados?

EPÍLOGO A LA CONSPIRACIÓN OFICIAL

Ahora bien, ¿como se puede confrontar las pruebas, irrefutables, del ACARS con los testimonios de, por ejemplo, Lee Purbaugh que dijo ver el avión de la UA93 sobre el cielo de Shanksville y luego observó como cayó derribado? ¿Devaluando el testimonio de este testigo o los demás testigos?¿O acomodando las pruebas del ACARS a un “posterior” derribo? No parece muy congruente esta última opción. ¿Y las palabras del alcalde de Cleveland que afirmó que el United 93 aterrizó de emergencia en el aeropuerto de su ciudad aunque luego se retractase a toda prisa de ello? ¿Se correspondería con el vuelo fantasma del Delta 1898 de…doscientos pasajeros? ¿Y qué hay del UA175 cuyo vuelo fue interceptado por ACARS veinte minutos después de “su” “choque” contra la Torre Sur?¿Dónde aterrizó? ¿Por qué, curiosamente, había tan poco pasaje en los vuelos del 11-s, en unos aparatos con capacidad hasta de 200 personas? Demasiadas preguntas y no todas con respuesta.

Quizás, simplemente, a la vista de los resultados y pruebas aportadas, sólo cabe ir en una única dirección posible, provisional: en el 11-s no hubo secuestradores, no hubo impacto de aviones comerciales de pasajeros contra las Torres Gemelas y el Pentágono, no hubo derribo, ni “accidente” de avión alguno en Shanksville. En su lugar, se utilizaron aviones militares para los autoatentados de Nueva York, un misil para el Pentágono, los vuelos AA77 y AA11 no existieron como tales o en su lugar se utilizaron otros vuelos simulados. Mientras que el correspondiente al UA93 (Shanksville) aterrizaría en Cleveland camuflado bajo la denominación fantasma de Delta 1898 y la suerte de sus pasajeros se desconoce, si es que eran reales usando una doble interpretación: o se trataba de agentes del gobierno o falso pasaje; a la vez que la incógnita del aterrizaje del vuelo UA175 estaría sin despejar.

Respecto del avión blanco observado en Washington, la plataforma electrónica de la USAF, el EB-4, sería el candidato idóneo para dirigir los ataques contra las WTC 1 y 2 y el Pentágono (mediante un Global Hawk o un A3 Skywarrior) utilizando el control remoto. Mientras que el caza blanco observado en Shanksville por varios testigos sería el encargado de hacer el trabajo sucio lanzando un misil que ocasionaría un cráter (sobre una hondonada que ya existía) para que, de este modo, pareciese que allí se había estrellado el UA93. La historia seguiría estando incompleta (cómo fueron plantados restos de aviones y qué fue del pasaje).

Se han atado bastantes cabos sueltos pero faltaría unir algunos más para asestar un golpe definitivo a los conspiradores oficiales del 11-s y a sus mariscales de campo desinformadores.

 

11-s (VIII). ACARS: la falsificación del 11-s oficial al desnudo (1)

UNITEDELTA

UNITED 93. ¿DE SHANKSVILLE A CLEVELAND?

Para ir componiendo el rompecabezas de la conspiración oficial se necesitaban no sólo de evidencias teóricas o físicas sobre el terreno (testigos, pruebas materiales de los atentados, refutación de los calamitosos libelos gubernamentales, etc.) sino de buscar las fallas y puntos débiles en los elementos más sensibles que intervinieron de forma decisiva en el 11-s, es decir, las cuatro aeronaves que protagonizaron aquellos suecesos. Una pista o idea inicial de todo esto la encontramos en Cleveland. El día 11 de septiembre, con EEUU en pleno “shock” por lo sucedido en NY y el Pentágono, el alcalde de Cleveland, Michael R. White, manifestó en una conferencia de prensa, la misma mañana de los atentados, que un Boeing 767 procedente del aeropuerto Logan, en Boston, había realizado un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto internacional Cleveland Hopkins debido a que se sospechaba que tenía una bomba a bordo. White, además, dijo que el avión había sido trasladado a una zona segura del aeropuerto y sus…(atención) 200 pasajeros habían sido evacuados a un centro de la NASA situado en las proximidades del aeropuerto, identificándose el avión como el vuelo 93. Pero…un momento, ¿que está pasando aquí? ¿El pasaje del vuelo 93 no lo componían 45 personas?. Tenía que tratarse de un error y….había que “reparar” de inmediato ese traspiés… ¿Tan mal estaba informado el alcalde de Cleveland?

Pero no sólo eso sino que White mencionó que el vuelo 175 (el que se estrelló contra la Torre Sur, en Nueva York) estaba en las proximidades de Cleveland…después de haber impactado en la WTC2. Igualmente, White afirmó que los controladores del aeropuerto oyeron (cito textual) “gritos a bordo del avión”. La respuesta al enigma Cleveland, si buscamos referencias gubernamentales, se encuentra en el vacío más absoluto, ya que la Comisión 9/11 y el FBI no investigaron tanto la nota de prensa aparecida en la Associated Press como las declaraciones del propio alcalde White, emitidas en un pequeño canal de TV llamado Cincinnati TV station WCPO, cuyo enlace web, por cierto, fue discretamente eliminado. Pero a veces Internet tiene algunos recursos de lo más interesante y hay que ser un poco paciente hasta para dar hasta con la información más opaca. Internet Web archive se encargó de capturar la noticia y ponerla a disposición del gran público. La justificación que emplearon los dueños del site (recogida, faltaría más, por debunkers-timadores como 911myths) es que se deshicieron del enlace porque se trataba de un error de bulto debido a los nervios del momento y a esas cosas tan comprensibles…..En román paladino, fueron obligados a retractarse.

noticia

LA NOTICIA DE LA RUEDA DE PRENSA DEL ALCALDE DE CLEVELAND, MICHAEL R. WHITE AFIRMANDO QUE EL VUELO U93 HABÍA ATERRIZADO EN EL CLEVELAND HOPKINS AIRPORT

EL GALIMATÍAS DE CLEVELAND…PERO NO TANTO

Ciertamente, resulta cuanto menos sorprendente el testimonio de White puesto que contradecía tanto la versión oficial (secuestradores), como una de las más comúnmente admitida por algunos teóricos (me incluyo) antioficiales acerca del resultado final del vuelo de la United 93, esto es, que fue derribado por un avión de la Fuerza Aérea americana, en la hora prevista y en lugar indicado. Pero no adelantemos acontecimientos ya que los hechos o circunstancias verificados, al margen de la oficialidad, deben de gozar siempre del estatuto de provisionalidad, aunque pongan en la picota ese “oficialismo embaucador”. Lo cierto es que a White, según parece, no le duraron mucho sus afirmaciones en la rueda de prensa ya que fue retirada esa versión de la circulación con celeridad, cambiando el propio White de criterio y cerrando en falso sus declaraciones con el traslado del mochuelo United 93 a…la desinformación sobre un avión de nombre Delta y Vuelo 1989.

Este vuelo fue, presumiblemente, utilizado como coartada y maniobra de distracción. El Delta 1989 había partido de Boston y aterrizado de emergencia en Cleveland ante una posible amenaza de “secuestro” ya que se sospechaba que podía haber una “bomba a bordo”. Sin embargo, existen pruebas muy sólidas de que hubo otro avión, un 767, “reenumerado” como Delta 1898 o vuelo X, que resultó ser el que realmente estaba siendo “secuestrado”, pero…vaya por dios…parece ser que formaba parte de un operativo militar simulado del que no ha podido obtenerse información debido al círculo de hierro que rodea habitualmente a los secretos militares. Hay fundadas sospechas, como ha advertido Woody Box, un sagaz investigador independiente, de que el Delta 1989 funcionó como cobertura o encubrimiento para el 1898 y que se trataría, para liar todavía más la madeja, con toda probabilidad de un “United”. Por tanto, según Box:

(a) Sí está documentado el aterrizaje de una supuesta emergencia del vuelo Delta 1989, corroborado por los siguientes datos:

  • Desembarque a las 10:10
  • Comienzo de evacuación a las 12:30
  • 69 pasajeros a bordo
  • Los pasajeros evacuados son enviados a un centro de la FAA (I-X)
  • Ubicación exacta: pista 18/36
  • El avión es inmovilizado en una pista cercana al Centro I-X, de la FAA.

(b) Woody Box reporta la siguiente documentación interna de la FAA, acerca del Delta (“United”) 1898 confirmando un “secuestro”:

  • 1009 DAL1989 on downwind at CLE
  • 1024 DAL1989 on ground CLE
  • 1035 Unconfirmed report – DAL1989 flaps up at CLE
  • 1039 DAL1989 parked in secure area/no one exited a/c yet (pilot says he is not being hijacked)
  • 1116 DAL 1898 confirmed by security HIJACK at CLE ATC – communication with pilot does not confirm
  • 1119 DAL 1989 still not suspected hijack; taxiing to terminal

(c) Medios locales y testigos reportan otro avión de características diferentes al Delta 1989 (el “Vuelo X” o Delta 1898, correspondiente a un Boeing 767):

  • Desembarque a las 10:45
  • Comienzo de evacuación a las 11:15
  • 200 pasajeros a bordo
  • Ubicación exacta: pista 28/10
  • Los pasajeros son evacuados a un local de la NASA, cercano al aeropuerto de Cleveland, el Glenn Research Center.
  • El avión es inmovilizado en una pista cercana al Centro de la NASA

 

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PLANO DONDE SE ENCUENTRAN UBICADOS EL GLENN RESARCH CENTER Y EL CENTRO I-X DE LA FUERZA AÉREA AMERICANA EN LAS PROXIMIDADES DEL AEROPUERTO DE CLEVELAND

En definitiva, en Cleveland es muy probable que se urdiese una sofisticada operación de falsa bandera a pequeña escala, dentro del “false flag” general del 11-s, jugando a dos o tres bandas, incluidos vuelos reales, utilizando uno de tapadera para encubrir al otro (1989 al 1898, en el que utilizaron sutilmente números de vuelo parcialmente coincidentes). Los pasajeros del avión Delta 1989 fueron trasladados a una sede de la FAA (Fuerza Aérea Americana). Esta evidencia es absolutamente cierta puesto que fue confirmada por el piloto del Delta 1989, Dave Dunlap, pasajeros y varios informes. Pero en la mañana del 9/11, estaciones locales de radio y periódicos informaron de que el pasaje del otro vuelo (el “X”) fue llevado a un Centro de la NASA.

Por supuesto, los superdebunkers crédulos (no confundir con los escépticos de verdad) han trabajado a destajo, codo con codo, con el FBI y la CIA montando una historia paralela bastante fraudulenta, intentando aquilatar el pufo de Cleveland, sin conseguirlo, haciendo (una vez más) el ridículo.

VUELO UNITED AIRLINES 93: SOBREVOLANDO LOS ALREDEDORES DE FORT WAYNE (INDIANA) Y CHAMPAIGN (ILLINOIS) MINUTOS DESPUÉS DE HABERSE “ESTRELLADO” EN SHANKSVILLE (PENNSYLVANIA)

Los Pilotos por la verdad del 11-s (en adelante PFT911) llegaron a la conclusión, en unión de investigadores como Woody Box, a través de un brillante trabajo de investigación y con informes en mano del FOIA (Freedom Of Information Act), de que el vuelo 93 recibió algún tipo de comunicación después de que el Boeing de la United Airlines se “estrellase” oficialmente en Shanksville, mediante un dispositivo de comunicaciones denominado ACARS (Aircraft Communications Addressing and Reporting System), una especie de “correo electrónico” o GPS de intercambio de datos entre la aeronave y determinadas estaciones de control aéreo que operan en tierra. Todo indica que el avión del vuelo 93 se dirigía hacia el Oeste en dirección a Illinois…minutos después de “estrellarse” en Shanksville.

Esto es, el U93 recibió un ACARS de la estación CMI (Champagne, Illinois), 7 minutos después de su supuesta caída en una zona arbolada de Shanksville (Pennsylvania), a través de una estación terrestre remota que se encontraba a unas 500 millas de distancia de Shanksville, de acuerdo con los documentos proporcionados por el FOIA. La veracidad de la información es tal que destruye cualquier pretensión de verdad de los llamados “debunkers” oficiales, el FBI, los organismos militares o civiles de la Administración norteamericana y la propia Comisión 911. Inclusive en mayor proporción que las pruebas que existen a favor de la demolición controlada en las Torres Gemelas o del ataque al Pentágono con un misil.

Según la información suministrada por PFT911, el seguimiento efectuado al vuelo 93 a través del sistema ACARS muestra mensajes de enrutamiento en posiciones muy alejadas del lugar donde se estrelló supuestamente el UA93 y después del “accidente” aéreo. En concreto se hallaron dos mensajes enrutados en Fort Wayne, Indiana, a través de estaciones remotas de tierra (FWA, Fort Wayne), que fueron seguidos por otros dos mensajes enrutados en la zona de Champaign, Illinois (CMI). De este modo, la estación terrestre remota de FWA (Fort Wayne)-CMI (Champaigne) utilizó los siguientes datos para enrutar el mensaje con destino a la aeronave: la hora y la fecha en que se envía el mensaje (por ejemplo, 111.351, es decir el 11 de septiembre, a las 1351Z que equivale a las 09:51 am), el número de vuelo (UA93), y el número de cola de la aeronave en la que está destinado el mensaje (N591UA), que son los que están resaltados en rojo. La fecha subrayada y el tiempo señalado se refieren a cuando el mensaje fue recibido por el avión. Aunque los dos primeros parecen ser idénticos, el número de mensaje indica que son de hecho dos mensajes diferentes (resaltado en azul). Los mensajes fueron los siguientes:

mensaje

PFT911 señala con acierto una conclusión de libro. Si tenemos en cuenta “la reconstrucción animada del NTSB, donde el avión de la UA93 se estrelló en Shanksville, supuestamente a las 10:03 am, ¿cómo es posible que la aeronave pueda recibir un mensaje de activación de una señal audible en 1410 (10:10 am hora del Este)? Una falla “inesperada”, pero es que nada es perfecto, ni siquiera en las conspiraciones de Estado.

Así pues, los PFT911 señalan con lógica que, en virtud de los datos que obran en su poder, pueden demostrar fehacientemente que la aeronave correspondiente al vuelo de la United Airlines 93 estaba todavía en el aire después de que supuestamente se estrellara en Shanksville, tomando como referencia los siguientes hechos:

  • Los registros donde consta la hora de emisión y recepción del mensaje (es decir, no sólo se envió una comunicación al UA93 sino que se tuvo plena confirmación de que se había recibido), apoyándose en las declaraciones efectuadas por Ed Ballinger (despachador de la estación terrestre que emitió y recibió los mensajes).
  • El enrutamiento basado en protocolos de seguimiento de vuelo efectuado por la estación terrestre.
  • Declaraciones de expertos.
  • La comprobación de que los mensajes fueron recibidos fuera del área de alcance de Shanksville, PA y después de la hora oficial de la supuesta caída.