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El genocidio silencioso: las víctimas de la contrarrevolución de 1989 en la RDA (y 2)

 

 

LA CACERÍA CONTRA ACADÉMICOS Y JUECES DE LA RDA

 

El profesor Weissbecker, uno de los autores de la ola de suicidios en la RDA, es quien escribe sobre una de esas miles de víctimas, colega suyo, el Profesor Gerhard Riege, quien había trabajado, en la RDA, desde 1965 como profesor de derecho constitucional en la Universidad de Jena y fue un académico extremadamente popular y respetado. Aunque fue elegido democráticamente en 1990 como rector de su universidad (Jena) no le permitieron seguir en su puesto, siendo despedido por motivos políticos (su pertenencia comunista al SED).

Riege, se suicidó el 15 de febrero de 1992 colgándose en el jardín de su vivienda, debido a la feroz campaña de odio desatada contra él por partidos políticos y medios de comunicación. Riege dijo, antes de suicidarse,: No tengo la fuerza necesaria para luchar y vivir, le tengo miedo a un público cuya opinión es creada por los medios y contra la cual no puedo defenderme, tengo miedo al odio que se ha ido propagando desde el Bundestag (Parlamento alemán)

El científico Otto König (1929-1990) se licenció en química en la Universidad Friedrich Schiller de Jena, donde se graduó en 1951 como químico. Posteriormente, encontró trabajo en la gran planta química de Piesteritz (que llegó a dar empleo a 10 mil trabajadores), donde trabajó hasta 1960 como gerente de pruebas. Desde 1961 hasta 1963, König dirigió su propio departamento en Piesteritz. Este salto profesional fue acompañado por la entrada de König al Partido Socialista Unificado de la RDA, el SED, en 1961. Asímismo, ascendió y ocupó durante muchos años el cargo de Director General de la VEB Kombinat Agrochemie Piesteritz, fue miembro del Consejo de Investigación de la RDA y recibió los más altos honores estatales del país.

Cuando llegó la contrarrevolución de 1989, como resultado del cambio político, se cuestionó el trabajo de König sólo porque había militado en el SED, por lo que puso fin a su vida el 22 de enero de 1990.

El caso del destacado científico Armin Ermisch, (1935-1995), neurobiólogo por la Universidad Karl Marx de Leipzig, Profesor de Neurobiología, Zoología General y Biología Celular, es otro ejemplo, como el de Otto König o el de Hans Schmidt (el que sigue a continuación), de cómo la persecución implacable del nuevo neohitlerianismo alemán llegó a todos los espectros de la sociedad de la RDA, incluido el científico. El curriculum de Ermisch, que incluye una veintena de publicaciones o “papers”, se puede consultar aquí y no creo que haya duda acerca de la injusticia que se cometió contra este gran científico por parte del revanchismo de la RFA.

La causa de la defenestración de Ermisch no fue otra que el delito de haber pertenecido, como tantos otros ciudadanos de la RDA al Partido comunista, el SED, por lo que, consumada la contrarrevolución de 1989, fue despedido de su puesto de profesor en la Universidad de Leipzig. La maquinaria de coacciones y desmemoria histórica puesta en marcha en la nueva Alemania hizo que Ermisch no recibiera ninguna declaración de solidaridad de sus colegas, ni en Leipzig ni fuera de Alemania, como tampoco de sus alumnos, que le dieron la espalda. Ermisch recurrió su expulsión a un tribunal de Dresde quien, después de un litigio de cuatro años, validó la afrenta de su separación de la Universidad. El 1 de noviembre de 1995 Ermisch decidió poner fin a su vida suicidándose.

La reparación de la injusticia cometida contra Ermisch fue la creación en 1997 del Premio Fundación Armin Ermisch para jóvenes científicos. De esta forma se maquillaba, a duras penas, la indignidad del crimen cometido contra Ermisch varios años antes.

Hans Schmidt, nacido el 20 de junio de 1943 en Wroclaw (Polonia) fue uno de esos casos de purga político-académica que uno consideraría de los más siniestros que se llevaron a cabo en la nueva Alemania. El brillante historial de Schmidt se puede resumir de la forma que sigue. Después de asistir a las escuelas primarias y secundarias en Marksuhl y Eisenach (Bachillerato), Schmidt trabajó en el Consejo de distrito y en el Banco central alemán en Eisenach. Finalizó sus estudios universitarios en 1967, especializándose en los campos de estadística y procesamiento de datos en la Facultad de Economía de Berlín-Karlshorst, donde realizó una disertación en 1970 sobre “cuestiones básicas de la distribución de los ingresos nacionales en el socialismo”. Más tarde trabajó como asistente principal y profesor universitario en el Departamento de Economía de la Universidad Humboldt de Berlín Oriental (RDA). Durante este tiempo completó estudios adicionales en la Universidad de Leningrado. En 1980 fue nombrado profesor de economía política en la Universidad de Humboldt.

A partir de 1989 y con los cambios producidos tras la anexión de la RDA a la RFA no parecía que Schmidt fuera a ser apartado por las purgas de la Alemania “unificada”, a tenor de un informe de la Universidad Libre de Berlín de 1992, que decía “el Dr. Hans Schmidt, actualmente profesor de economía en la Universidad Humboldt de Berlín, es uno de los más respetados economistas de la antigua Alemania del Este, situándose al mismo nivel de conocimientos que los que imparten otros profesores en las universidades occidentales”. Incluso el centro de Ciencias de Berlín para la investigación social y la Facultad de Economía de la Universidad de Viena reconoció el alto nivel teórico de su trabajo, su dedicación y sus actividades de publicación de fama internacional.

Sin embargo, el Dr. Schmidt, como muchos otros científicos y profesores de la RDA, se topó con los nazis de la antigua RFA y fue expulsado de la actividad académica mediante una artimaña vengativa que no respondía a criterios de competencia profesional, de los que Schmidt estaba sobrado como bien señalaban los informes anteriores, sino que subyacían motivos, para no variar, de índole política. Su verdugo fue nada menos que un antiguo criminal de guerra nazi, Wilhelm Krelle, que había sido nombrado, después de la desaparición de la RDA, decano del Departamento de Economía de la Universidad Humboldt en la Berlín unificada.

Krelle había pertenecido, en la Alemania nazi, a la división de las SS-Sturmbannführer en Grecia (una unidad de asesinos nazis especialistas en matanzas de civiles) que estuvo involucrada en bárbaros crímenes de guerra en Italia. A pesar de ello, Krelle, como tantos otros criminales nazis, desarrolló su actividad en la RFA con total normalidad e, incluso, en sus años de vejez fue galardonado con la Gran Cruz del Mérito de Alemania y, en el colmo de la infamia, fue premiado con un doctorado honoris causa por la Universidad Humboldt de Berlín. Krelle nunca había ocultado sus intenciones contra el profesor Schmidt ya que había declarado públicamente que “no permitiría que los marxistas volvieran a la Universidad” y “eliminaría al Dr. Schmidt de la Universidad Humboldt a cualquier precio y bajo cualquier circunstancia”. No le asesinó como hubiera querido en “sus buenos tiempos” de las SS, por la vía criminal, sino que lo hizo por la vía civil gracias al apoyo que le otorgó el Estado neohitleriano reunificado.

Después de una larga disputa legal de cuatro años, que se tornó agotadora y degradante, donde se cuestionó el trabajo de Schmidt, y que no estuvo exenta de consecuencias para la salud del académico de la ex RDA, el 8 de mayo de 1996 Hans Schmidt decidió poner fin a su vida saltando desde el piso 13 del edificio de apartamentos donde vivía.

Mientras tanto, el nazi Wilhelm Krelle, como tantos criminales acogidos-protegidos en la RFA, murió plácidamente en su villa de Bonn el 23 de junio de 2004, bien pensionado a la edad de 88 años. Nunca tuvo que responder a preguntas desagradables sobre su participación en crímenes de guerra y de lesa humanidad y menos sobre su persecución al profesor Schmidt.

Otro caso llevado a las más altas cotas de indecencia revanchista y depuración fascista de la Alemania “reunificada” fue el del ex juez de la RDA Otto Fuchs. Este valeroso juez, en la RDA, había llevado a juicio a varios criminales de guerra nazis. En una mañana de enero de 1992 agentes de policía de la “renovada” Gestapo asaltaron el apartamento del matrimonio Fuchs en la Grunaer Strasse 12, de Dresde, y arrestaron a Otto Fuchs, con su mujer Martha presa de un ataque de nervios que requirió su hospitalización. No era extraña la reacción de la mujer de Otto Fuchs puesto que pensó en su subconsciente que habían vuelto de nuevo los nazis (los malos) a Alemania, como en 1933, puesto que la señora Fuchs, judía, en la II Guerra Mundial había estado prisionera en un campo de concentración y, además, había sido esterilizada por las SS, dentro de su programa de genocidio planificado contra los judíos.

El “crimen” de Otto Fuchs, para la Alemania neohitleriana, es que había iniciado entre abril y junio de 1950, junto con otros jueces de la RDA, procesos sumarios que abarcaron 3.385 juicios contra criminales de guerra nazis, en la prisión de Waldheim, en la RDA. En cuatro casos se dictaron sentencias absolutorias, en 32 casos se impusieron penas capitales y de éstas, en 24 casos, se hicieron efectivas. La RDA tuvo que soportar, aunque no lo crean, presiones internacionales para “detener” la justicia anti-nazi y al final la RDA cedió parcialmente a las presiones concediendo la libertad a algunos criminales de guerra.

Según la opinión de un tribunal Federal de la Alemania unificada los juicios de Waldheim representaron un “abuso grosero del poder judicial de la RDA”, por lo que había que iniciar juicios políticos contra los que pretendieron impartir verdadera justicia contra los asesinos del régimen de Hitler. Era otro ejemplo de cómo la Alemania “reunificada” estaba no sólo blanqueando al nazismo, sino al igual que hizo la RFA, seguía protegiendo y no juzgando a miles de asesinos nazis. No faltó tampoco el apoyo del sicariato literario para deslegitimar los juicios de Waldheim, como fue el caso del historiador alemán Wolfgang Eisert, quien escribió un libelo repugnante (Die Waldheimer Prozesse: der stalinistische Terror 1950 : ein dunkles Kapitel der DDR-Justiz) para apoyar la tesis anticomunista, reaccionaria y delirante de que aquellos procesos fueron producto del “terror estalinista”.

La fiscalía de Leipzig (que en realidad eran lacayos neohitlerianos de Alemania Occidental enviados por el gobierno a la antigua ciudad germano oriental) acusó a Fuchs de “asesinato” al haber sentenciado a muerte a personas “inocentes”. Pero de inocentes no tenían nada los condenados por Fuchs, sino que en la RDA estaban haciendo lo que no hizo la RFA durante décadas con sus criminales nazis, es decir, juzgarlos y, en su caso, condenarlos y ejecutarlos. Mientras tanto, Alemania Federal (la anterior y la actual) daba y sigue dando lecciones de autoridad moral, hablando de que la justicia antinazi de la RDA no fue nada más que “propaganda de la dictadura comunista”. Eso sí, la RFA fue un oasis “democrático” donde criminales o colaboradores nazis entraron por la puerta grande a altos puestos de poder (como Cancilleres, Presidentes, Ministros o asesores) en el período comprendido entre 1949-1990 o bien ese Estado federal neofascista reclutó a numerosos criminales de la Gestapo y las SS para su servicio secreto, el BND. Pero la RDA era el Estado “orwelliano” del espionaje masivo con su “Stasi”.

Gracias a la acción de su abogado, Otto Fuchs fue liberado provisionalmente por un corto período de tiempo. Pero para no permitir a los jueces la satisfacción de ver como era humillado a través de una “muerte procesal lenta y dolorosa”, Otto Fuchs y su esposa decidieron poner fín a sus vidas, saltando ambos desde el balcón del séptimo piso de su apartamento el 13 de febrero de 1992. Sus cuerpos quedaron completamente destrozados. La prensa revanchista de Alemania sacó todo lo peor del amarillismo y la difamación posible calificando a Otto Fuchs como el “juez de la muerte que escapó a la justicia con un suicidio”.

Otto Fuchs dejó, antes de morir, una carta de despedida que decía: “Mi esposa no sobreviviría a la separación de mí. Les aseguro que en mi división judicial solo condenamos a los criminales de guerra y estoy seguro de que no debemos avergonzarnos de ningún veredicto. Pero ahora quieren convertirme en un criminal en un juicio espectáculo. (…) Hoy día, después de incontables crímenes nazis, muchos se sienten como si fueran personas completamente inocentes. La represión fue de tal magnitud que algunos incluso presentan a Auschwitz como una mentira. Bajo tales condiciones y la presunción de que los jueces provienen de los Länder de Alemania Occidental, donde la no persecución de los crímenes nazis era una práctica común, podemos esperar poca comprensión de nuestros juicios sobre tales crímenes”.

Otro co-demandado por “asesinato”, inculpado al igual que Otto Fuchs, fue Otto Jürgens, de 87 años, quien fue condenado no por “crímenes” específicamente probados, sino por sus convicciones ideológicas. Otto Jürgens, que había sido detenido y torturado en 1933 por la Gestapo, fue condenado por un tribunal alemán a dos años de libertad condicional y al pago 6.000 marcos de multa, así como a asumir las costas judiciales. En sus alegaciones finales Jürgens dijo, Otto Fuchs debería haber estado sentado aquí. Los criminales nazis condenados en Waldheim habían merecido sobradamente su castigo. Mi firme voluntad en ese momento fue estar siempre del lado de la ley y de la verdad democrática”.

Gerhard Feldbauer (1933) periodista, historiador y ex diplomático de la RDA, reivindicó la figura de Otto Fuchs señalando que: “Yo mismo recordé los juicios de la RDA donde numerosos criminales de guerra alemanes fueron condenados por asesinato masivo en Italia. Uno de esos asesinos de las SS en Italia fue Wilhelm Krelle (el criminal “académico” que expulsó al profesor de la RDA, Hans Schmidt, de la Universidad Humboldt de Berlín, en 1992) quien cometió crímenes de guerra en Italia. Pues bien, en la República Federal de Alemania, al igual que sucedió con Krelle, gran cantidad de criminales nazis salieron indemnes de recibir cualquier castigo. Para procesos iniciados contra los nazis en el extranjero las autoridades alemanas de la República Federal negaron la extradición. En cambio, jueces de la RDA como Otto Fuchs que impartieron justicia condenando a criminales nazis fueron llevados, tras la anexión de la RDA a la RFA, como convictos ante tribunales penales de Alemania Occidental.”

Apartándome un poco del eje central de la temática de esta entrada sobre los suicidios en la RDA, pero siguiendo la argumentación de Feldbauer (la RFA como protector de criminales nazis), reseñaré tres casos de genocidas nazis que cometieron atrocidades en el frente occidental y que fueron respaldados totalmente por Alemania Federal:

(a) Uno de ellos fue el general de las SS Heinz Lammerding, ordenante de las masacres en las localidades francesas de Tulle (noventa y seis civiles) y Oradour Sur Glane (toda la población menos cinco personas fueron asesinadas, incluyendo niños y mujeres, en total 645 personas). Una vez finalizada la II Guerra Mundial y capturado Lammerding por los británicos, éstos se negaron a enviarle a Francia como reclamaba este país para ser juzgado y decidieron llevarle a Düsseldorf (RFA), sin duda, en un acuerdo pactado con la Alemania del Oeste. En Francia se inició un proceso judicial contra Lammerding quien fue condenado a muerte “en absentia”. Francia solicitó la extradición del criminal nazi a la RFA, pero este país no sólo se negó a extraditarle sino que incluso le dio la oportunidad de rehacer su vida y ser un empresario de éxito. La muerte del criminal de guerra nazi Lammerding en 1971 congregó en su funeral, ante la total complacencia de las autoridades de Alemania Federal, a un numeroso grupo de ex miembros de las SS para rendirle honores.

(b) El segundo criminal de guerra, Joachim Peiper, dio las órdenes para ejecutar la masacre de Malmedy (Bélgica), donde 80 soldados norteamericanos, prisioneros de la Wehrmacht, fueron asesinados uno a uno mediante disparos efectuados a bocajarro. Tras un juicio donde fue condenado a muerte por un tribunal norteamericano, posteriormente se le conmutó la pena por la de cadena perpetua y luego fue liberado. Tras una estancia apacible en Alemania Occidental, donde estuvo trabajando como empleado en Porsche y Volkswagen, Peiper fue delatado como criminal de guerra y hostigado por lo que se vio obligado a emigrar a Francia con su familia a un pequeño pueblo (Traves) donde creía que iba a estar a salvo. Sin embargo grupos franceses de la resistencia antinazi dieron con su paradero y se colocaron carteles denunciando la presencia de Peiper en el pueblo. En la noche del 15 de julio de 1976 un grupo de personas  asaltó la casa de Peiper disparándole y lanzando cócteles molotov sobre la vivienda. Peiper murió carbonizado.

(c) El tercer genocida, Erich Priebke, salió, al igual que Lammerding, airoso de sus crímenes, esta vez en Italia. Priebke, como comandante de las SS en Italia, estuvo implicado en la matanza de las fosas ardeatinas, en Roma el 24 de marzo de 1944, donde bajo sus órdenes fueron asesinados 335 civiles italianos. Priebke se había fugado, como miles de nazis, a Sudamérica con la ayuda del Vaticano y la inacción de EEUU y Alemania Occidental, y se estableció en Bariloche (Argentina), una pequeña ciudad al sur del país que congregó a una importante comunidad alemana, todos fieles del régimen nazi.

Priebke fue director del Colegio alemán en Bariloche, un centro educativo pro-nazi en el que se enseñaban valores del nacionalsocialismo y estaba prohibido hablar mal de Hitler. Dicha institución contó con el apoyo de las autoridades locales del peronismo y luego de la dictadura de Videla, las cuales asistían a celebraciones y otros eventos del Centro, con la complicidad de la embajada de la RFA en Buenos Aires, que conocía sobradamente el paradero de muchos criminales nazis refugiados en el país sudamericano, entre ellos Priebke, quien finalmente fue extraditado por Argentina en 1995 a Italia y tras un juicio-farsa (con varias apelaciones), se le impuso un cómodo arresto domiciliario que se mantuvo hasta su muerte natural a los 99 años en 2013.

 

EPÍLOGO AL GENOCIDIO SILENCIOSO CONTRA LA RDA

 

El número de víctimas (sobre todo anónimas) de la RDA, a raíz del “cambio político”, sería interminable, por lo que, a modo de conclusión final, citaremos a Gerhard Uhe, primer secretario del SED en el distrito de Perleberg (suicidio: 7-11-1989), Erwin Primpke (sucidio: 7-12-1989), Gerhard Lange, General del Ministerio del Interior de la RDA y director del MfS en Suhl, (suicidio: 30-1-1990). Otras víctimas que desempeñaban trabajos comunes, no vinculados al Estado (ni siquiera pertenecían al SED), como Renate Wittke, secretaria del editorialista, profesor de Literatura soviética y miembro de la Asociación de Escritores de la RDA, Leonhard Kossuth, no pudieron soportar la pérdida de su trabajo. Wittke se suicidó lanzándose al paso de un tren el 8 de noviembre de 1990. Otros, como el médico Rudolf Mucke, alemán oriental, paradójicamente opositor al gobierno de la RDA en la contrarrevolución de 1989 y miembro de Alianza 90/Los Verdes, fue acusado de haber pertenecido a la Stasi. Se suicidó lanzándose desde un puente ferroviario en Treptow-NeuKölln el 15 de enero de 1995.

La élite política reaccionaria de Alemania ha guardado silencio ante este crimen, equiparable, en resultados, a los que cometió su antecesor, el nazismo contra la disidencia interior, mientras que sus medios e historiadores han intentando deslegitimar esos suicidios. Y lo han hecho cargando las tintas, cómo no, contra la RDA diciendo que aquellas muertes no deben de ser un “contrapeso” a las que el “régimen comunista” ocasionó a los que cruzaron ilegalmente la frontera antifascista de Berlín, que es lo que hace, por ejemplo, el historiador Udo Grasshoff en su libro “In einem Anfall von Depression: Selbsttötungen in der DDR”.

Se olvidan que la RDA estaba custodiando la soberanía del país mediante una frontera donde violentarla a la fuerza suponía enfrentarse a medidas coercitivas, se olvidan que antes de edificarse el “Muro de Berlín”  grupos criminales se introducían libremente en la RDA para efectuar operaciones de sabotaje y terrorismo, se olvidan de que una vez edificada la frontera fue violentada innumerables veces por agentes terroristas procedentes de Berlín Occidental, se olvidan que muchos soldados fronterizos de la Volkspolizei fueron asesinados por ello. En definitiva, se olvidan que la RDA proporcionó a los ciudadanos germano-orientales seguridad en protección social, pleno empleo y una vida digna y fueron despojados de repente de todo ello, además de ser, muchos de ellos, perseguidos penalmente, acosados, ridiculizados y difamados. Entonces, habría que preguntarse cuántos de esos ciudadanos estaban dispuestos a soportar esa carga revanchista y la desaparición del que hasta hace poco era su modo de vida.

La contrarrevolución encabezada por el criminal Gorbachov, Alemania Federal y EEUU masacró a sus oponentes políticos después de “derrotar” a la RDA, promoviendo la persecución y la exclusión social y política (salvo los que cambiaron de bando y chaqueta rápidamente para acomodarse al nuevo régimen), menospreciando la dignidad de los alemanes orientales, utilizando mentiras y campañas de odio, siendo enviados muchos de ellos ante unos tribunales de justicia que carecían de legitimidad alguna para juzgar supuestos delitos cometidos por una nación extranjera.

A los que verdaderamente había que haber juzgado, tras la caida de la RDA, era a los orquestadores y criminales que atentaron contra la soberanía de esa nación durante cuarenta años seguidos, en los que Alemania Federal, y su patrono norteamericano, conspiraron, un día sí y otro también, para liquidar cruentamente a la RDA utilizando toda suerte de medios delictivos y terroristas. Entonces, uno se pregunta qué se podía esperar tras la anexión por parte del Estado legatario del nazismo sino, una vez consumada la misma, efectuar un ajuste de cuentas contra quiénes combatieron a sus antecesores y los que aún pervivían en la RFA. Mientras tanto, la Wikipedia y los libros de historia se dedicaban a blanquear a los nazis del Oeste y ponían en marcha una medida campaña para acusar de “Estado totalitario y propagandista” a la RDA.

El periodista francés Gilles Perrault llegó a una conclusión que resumía, de alguna manera, cuál había sido la política de la RFA desde 1949 contra la RDA y, sobre todo, acerca de las condiciones que se dieron, a partir de la Alemania unificada, para los ciudadanos del Este: “La política de destrucción de la memoria histórica es, esencialmente, un crimen, un segundo asesinato de los que han sufrido el martirio a manos de los nazis. Sabemos por experiencia que el fascismo de Hitler fue absolutamente malvado. Si la llamada nueva Alemania niega la memoria de quienes la han combatido, ¿cómo uno podría soportar con angustia la verdadera naturaleza de esta Alemania?

Como dicen, tal vez ingenuamente, algunos alemanes que vivieron en la RDA, en un futuro lejano, cuando se desvanezca la todavía Guerra Fría contra la RDA, es de esperar que también se coloquen placas conmemorativas y se reconozca a las víctimas de la mal llamada “reunificación” alemana.

 

FUENTES:

http://totgesagtelebenlaenger.blogsport.de/zeitzeugenberichte/opfer-der-konterrevolution-19891990-teil-1/
http://totgesagtelebenlaenger.blogsport.de/zeitzeugenberichte/opfer-der-konterrevolution-19891990-teil-2/
http://www.dkp-online.de/uz/3847/s1502.htm
http://offen-siv.kommunistische-geschichte.de/die-konterrevolution-trieb-zehntausende-in-den-tod/
www.wikipedia.de

 

 

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El intento de golpe contrarrevolucionario de 1953 en la RDA: lo que no te contarán nunca los medios hegemónicos

 

Cientos de miles de berlineses se manifestaron en la tarde del 26 de junio de 1953 ante la Cámara de Ministros en la Leipziger Strasse, expresando su apoyo al gobierno de la RDA y al Partido Socialista Unificado (SED). Foto: Jóvenes de Berlín Este desfilan por la avenida Karl-Marx-Allee [antes Stalinallee]. La pancarta dice “Nuestra respuesta a los provocadores: la confianza firme en nuestro gobierno”

 

Este año (hoy 17 de junio) se cumple el 65 aniversario del llamado propagandísticamente por Occidente “levantamiento de 1953”, una serie de revueltas supuestamente “populares” que acontecieron en varias ciudades de la República Democrática alemana contra el gobierno del país. El descontento de un sector de los trabajadores por la difícil situación económica de la RDA, país que había partido desde un contexto desfavorable tras la II Guerra Mundial, fue aprovechado por un numeroso grupo de agitadores venidos de Berlín occidental, previamente adiestrados para la realización de sabotajes y actos terroristas, quienes pretendieron desestabilizar y cambiar el curso socialista del país. No sólo en los medios de comunicación, sino también en los libros de historia de la República Federal de Alemania y, en general, de Occidente, hoy se difunden amplias falsedades de lo que fue el intento de golpe contrarrevolucionario en la RDA, el 17 de junio de 1953, cuyo objetivo no era otro que el de provocar la anexión “expréss” de la RDA a la RFA e integrarse en el área de influencia de EEUU y la OTAN.

En los textos escolares de Alemania, y en los libros de historia occidentales, se pueden leer falsificaciones como las siguientes: “Los trabajadores de la RDA exigieron libertad política, elecciones libres y secretas y la retirada del Ejército Rojo”. Esto es completamente falso ya que esas demandas provinieron, fundamentalmente, de los agentes provocadores que EEUU y la RFA enviaron a la RDA, a través de Berlín Occidental, para radicalizar las protestas y cometer violencia en varias ciudades alemanas orientales, de modo que condujesen a la caída del gobierno comunista. Gracias a la intervención del ejército soviético y la firme determinación de la mayoría del pueblo de la RDA se pudo evitar un golpe de Estado. Pero el rodillo capitalista se ha encargado siempre de dar una versión sobre el golpe de 1953, y sobre la historia de la RDA, absolutamente manipulado.

Resulta cuanto menos curioso cómo la versión de aquellos acontecimientos de 1953 propagada por la Alemania Federal-Unificada es coincidente con la de algunos criminales de guerra nazis como el caso del que fue comandante de las SS en Italia, Erich Priebke, (quien ordenó la matanza de 335 civiles en las Fosas ardeatinas de Roma) cuando éste, en una alocución dada en el Colegio Alemán-nazi de Bariloche (Argentina), en 1975, donde estaba prófugo, dijo que el “levantamiento de 1953 fue un acto pacífico y popular” al mismo tiempo que se atrevía a recordar a las supuestas “víctimas” de aquellos hechos. De las suyas, en Italia, nunca se acordó, claro. Pero lo que verdaderamente recordaba y homenajeaba Priebke era a sus amigos nazis reclutados como grupos terroristas por Alemania Occidental (el Grupo de Lucha contra la Inhumanidad, entre otros) que fueron enviados a Berlín Este para ejecutar la fallida contrarrevolución fascista con el apoyo de los que estaban infiltrados en los comités de huelga, muchos de ellos con pasado nazi.

De lo que no cabe la menor duda es que el “experimento” occidental del “levantamiento” de la RDA, de 1953, sirvió como modelo a Occidente para ser puesto en práctica años después en Hungría (1956), Checoslovaquia (1968), en la guerra de EEUU, Alemania y la OTAN contra Yugoslavia (años 90) y más modernamente en las llamadas  “revoluciones de colores” (Georgia o el golpe nazi de Maidan, en Ucrania, apoyado por EEUU y la UE), el derrocamiento de Gadafi en Libia o en la campaña terrorista de EEUU, Israel y la OTAN en Siria apoyando a sus diferentes marcas “yihadistas”.

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: LA GUERRA ENCUBIERTA DE OCCIDENTE CONTRA LA RDA

 

El 7 de octubre de 1949, el primer estado socialista se había fundado en suelo alemán con la constitución de la República Democrática Alemana.  A diferencia de la “otra” Alemania, en la RDA los criminales nazis fueron barridos casi en su totalidad (por supuesto, quedaron simpatizantes o ex militantes del NSDAP) y no se les permitió que accediesen a ningún tipo de responsabilidad gubernamental sino que, al contrario, recibieron su justo castigo en los Juicios de Waldheim siendo condenados y sus bienes expropiados, algo que, obviamente, sentó muy mal en Alemania del Oeste que se había convertido en un cómodo refugio para miles de criminales de guerra nazis y fervientes militantes de la causa nacionalsocialista (aunque ahora integrados, la mayoría de ellos, en las siglas conservadoras del CDU-CSU).

La revancha contra los que iniciaron aquellos juicios contra el nazismo en la RDA, se materializó tras la ilegal anexión de la RDA en 1989, lo que hizo posible que se abriesen procesos penales contra jueces y fiscales de la RDA, como Otto Fuchs, (del que hablaré en la segunda parte del genocidio silencioso contra la RDA) que habían condenado a criminales de guerra nazis. Otro elemento revanchista lo constituyó el hecho de que en la RDA, tras la constitución como Estado, se había iniciado una reforma agraria que supuso que a los grandes terratenientes, industriales y bancos, la columna vertebral crucial del régimen de Hitler, les fueran expropiados sus bienes sin compensación alguna. Tras la “reunificación” alemana en 1990 aquéllos bienes fueron reintegrados a sus antiguos propietarios nazis.

EEUU, nada más terminar la II Guerra Mundial, comenzó su andadura anticomunista, cerrando el falso teatro anti-nazi de Nuremberg con la ejecución de los más relevantes del III Reich, y empezó a hacer borrón y cuenta nueva con el acopio de notables nazis que habían dirigido o ejecutado asesinatos masivos de civiles (sobre todo en el frente oriental) con el objetivo de utilizarles en la demolición del bloque soviético. En particular, servicios de espionaje como la CIA, y su aliado neohitleriano, el BND de la República Federal de Alemania, más el MI6 inglés, reclutaron ex miembros de la Gestapo y ex soldados las Waffen SS como tropas mercenarias de combate. La política exterior de EEUU y sus lacayos imperialistas de Europa Occidental se encaminó a la tarea de “liquidar” el comunismo a cualquier precio.

La estrategia operativa anticomunista de Washington fue encabezada por los hermanos Dulles, el que era jefe de la CIA, Allen Dulles (quién dijo, en plena II Guerra Mundial, en referencia a los nazis “nos hemos equivocado de enemigo”) y John Foster Dulles, a la sazón Secretario de Estado, cuya tarea fue la de hacer creer a la opinión pública estadounidense que el plan de lucha contra el comunismo no era otra cosa que una “cruzada por la libertad”. La doctrina era bien nítida: era legítimo interferir en los asuntos internos de otros países, especialmente los socialistas, mediante cualquier método, ya fuese el uso del terrorismo u otros tipos de intimidación para socavar el orden comunista.

Para hacer efectiva esta doctrina había que cercar a los países socialistas a través del uso, por ejemplo, de bases militares y tratados bilaterales que reforzasen la presencia estadounidense en Europa. La creación, en 1949, de un instrumento militar agresivo, neocolonial e imperialista como fue la OTAN sirvió para este pretexto, consolidando, al mismo tiempo, el dominio estadounidense sobre sus vasallos europeos. Esta fue la principal herramienta de ataque contra los países socialistas en el área europea e incluso para extender la influencia imperial incluso mucho más allá y el punto de partida para la creación de nuevos sistemas de pactos en otras partes del mundo, donde el imperialismo estadounidense decidió reforzar su dominación sobre otras regiones, como se ha podido ver recientemente con la adhesión de Colombia a la OTAN.

El vínculo decisivo en la estrategia neocolonial estadounidense contra los estados socialistas del Este de Europa fue la Alemania Federal del canciller Konrad Adenauer, un personaje del que cabe recordar fue blanqueado su pasado por los Aliados occidentales para comandar el país heredero del III Reich. Adenauer, siendo alcalde de Colonia, había sido muy condescendiente con la parafernalia nazi (desfiles, estandartes nazis en el Ayuntamiento, etc), además de pertenecer a la pronazi Orden Teutónica, cuya simbología copió el régimen nacionalsocialista, y de estar presuntamente implicado en el intento de golpe pro-nazi del ex Secretario del Ministerio de Propaganda de Goebbels, Werner Naumann, en 1953. La idea imperialista del Secretario de Estado norteamericano de Eisenhower en los años 50, John Foster Dulles, para la RDA era la siguiente: “Al llevar a Alemania Oriental a la esfera occidental de poder, se podría obtener una posición estratégica avanzada en Europa Central que socavaría las posiciones militares y políticas comunistas soviéticas en Polonia, Checoslovaquia, Hungría y otros países vecinos”

Con este fin, los EEUU diseñaron una campaña de agresión dirigida contra la RDA, la República Popular de Polonia, la Unión Soviética y Checoslovaquia con la que pretendían liquidar el sistema socialista y reorganizar territorialmente Europa Central y Oriental. El gobierno neohitleriano de Bonn (RFA), con el Canciller Adenauer, consideró que esta “política de fuerza” era el principal instrumento para la plasmación de sus objetivos agresivos y revanchistas. Esta fortaleza debía lograrse mediante el poder económico, la remilitarización y la potenciación de sus propios poderes sobre la OTAN, donde la RFA, a través de la influencia militar de los criminales de guerra nazis de Hitler (Erich Von Mannstein o Adolf Heusinger, entonces en la cúpula  militar del ejército heredero de la Wehrmacht, el Bundeswehr) estaba buscando puestos de mando.

Después de 1949, en la RFA esperaban que la RDA pudiera ser “engullida” rápidamente debido a su menor territorio, población y poder económico. En la RFA se esforzaron en presentar a la RDA como un Estado que no existía en el Derecho internacional, que no tenía legitimidad alguna y que pertenecía por derecho a la RFA. La llamada “doctrina Hallstein” (en honor a su promotor, el ex nazi Walter Hallstein, uno de los fundadores de la Comunidad Europea, luego Unión Europea, otro personaje al que también le fue blanqueado oportunamente su pasado nazi) propugnaba el aislamiento y el no reconocimiento de la RDA en los foros internacionales.

La llamada “crisis de Berlín de 1961” (un conjunto de provocaciones militares de Occidente destinadas a desestabilizar el territorio de la RDA que hizo que el líder soviético Krushchev emitiese un ultimatúm a las potencias occidentales para que retirasen de Berlín Occidental todas sus tropas mlitares y la ciudad se convirtiera en zona neutral) fue abortada por la determinación del poder de los trabajadores y campesinos de la RDA, así como por la unidad del resto de países socialistas que fraternalmente dieron su apoyo a la RDA y que culminó con la construcción de la Barrera Protectora Antifascista en agosto de 1961 (llamada despectivamente en Occidente “Muro de Berlín” o de la “vergüenza”).

El llamado “Muro” fue una necesidad histórica del país, no sólo para cerrar el paso a las redes nazi-fascistas del Oeste (la Organización Gehlen y otras como el Grupo de Combate contra la Inhumanidad, que actuaba disfrazada de organización de “derechos humanos”), impermeabilizando con una frontera el paso de terroristas, sino también para evitar una invasión de la OTAN quien tenía planes preparados para ello (el llamado plan DECO II) y, sobre todo, para acabar con el ignominioso contrabando económico que estaba afectando gravemente a la economía de la RDA. Occidente dio otro relato propagandístico a la “crisis de 1961”: la RDA quería impedir la fuga de sus ciudadanos del país.

El peligro inmediato de una nueva guerra, que habría convertido a Alemania en un infierno 16 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, fue evitado por la prudencia de la RDA de construir la barrera antifascista de 1961. Un peaje, no obstante, oneroso que tuvo que pagarse ante el grave error de Stalin de conceder a EEUU, Reino Unido, Francia y la futura RFA, la división de Berlín en dos sectores (oriental y occidental) lo que contribuyó a que Berlín Oeste, que estaba situada en mitad del territorio de la RDA, se convirtiera en una plataforma de agresión permanente de Occidente contra el Estado socialista alemán.

 

LA CRISIS DE 1953 Y EL FRACASO DEL GOLPE DE ESTADO DE ALEMANIA FEDERAL Y EEUU CONTRA LA RDA

 

El comienzo del rearme de la República Federal de Alemania a principios de los años cincuenta, su inclusión en el sistema de alianzas occidentales y la campaña de Occidente de pasar a la “acción” contra el socialismo en detrimento de la política de “contención”, requirió contramedidas apropiadas en los países socialistas y en la RDA.  Para la RDA, esto significaba la necesidad de hacer nuevos planes, a través de la tarea adicional de desarrollar sus propias fuerzas de defensa en una medida mucho mayor de lo planeado. Como no había recursos financieros y laborales disponibles para esta tarea, esto significó recortar todos los demás programas presupuestarios del plan económico.  Las dificultades a las que vió abocada la economía de la RDA se evidencian claramente en un borrador de una carta del Comité Central del SED dirigida al Gobierno de la URSS en enero de 1953.

De este modo, El 20 de enero de 1953, el Buró Político del Comité Central del SED confirmó que el proyecto de presupuestos para 1953 se basaba en un programa de medidas de austeridad, donde se iba a contener el gasto en administración, cultura, salud, aumento de precios en varios productos básicos, la supresión de reducciones en tarifas y otras 33 medidas de austeridad que totalizaron, finalmente, alrededor de un billón y medio de marcos.

Así pues, ya a comienzos de 1953, especialmente bajo una fuerte presión política, económica e ideológica del imperialismo, hubo disrupciones en la economía de la RDA.  Esto ocasionó dificultades en la población, lo que a veces condujo a la insatisfacción entre las capas pequeñoburguesas de la gente, pero también entre la clase trabajadora, lo que ocasionó una situación muy favorable para todas las fuerzas antisocialistas de dentro y fuera de la RDA. El Politburó del Comité Central del Partido Socialista Unificado (SED, 9 de junio de 1953) y el Consejo de Ministros de la RDA (11 de junio de 1953) adoptaron inmediatamente medidas para superar las dificultades. Bajo estas premisas, las fuerzas reaccionarias imperialistas decidieron intentar, aprovechando una coyuntura que les era favorable, un golpe contrarrevolucionario contra la RDA, antes de que las medidas del partido y el gobierno fueran exitosas.

El 17 de junio de 1953, fue el día señalado por el Oeste para dar comienzo al golpe de Estado contra la RDA. Innumerables agentes de varios servicios de inteligencia occidentales (entre ellos la CIA y el BND de la RFA), fueron transferidos desde Berlín Occidental a la capital de la RDA (Berlín Este) y a algunos otros distritos-ciudades del país (recordemos que no existía la frontera o Muro de defensa antifascista y Berlín Oeste estaba en territorio RDA). Los agitadores tuvieron éxito, en un principio, en su cometido, tanto en Berlín Este como en otros lugares de la República Democrática ya que lograron promover paros temporales y manifestaciones.  Mientras, en algunas ciudades, grupos perfectamente organizados de provocadores y criminales se dedicaron al saqueo, a ejecutar incendios, arrancar lemas socialistas e incluso a golpear y asesinar a trabajadores. También lograron sacar de las cárceles a criminales de guerra nazis y pidieron el derrocamiento del Estado de Obreros y Campesinos.

Sin duda, se trataba de una prueba de fuego para el joven Estado socialista de la RDA que, pese a la perversa propaganda que ha ido vertiendo a lo largo de los años la República Federal alemana y el resto de Occidente sobre estos acontecimientos, hay que decir que una mayoría aplastante de la clase trabajadora y el resto del país se mantuvo al lado del gobierno socialista de la RDA. En numerosas empresas, las más grandes, como la Eisenhüttenkombinat Ost, en las fábricas de hierro en la parte oeste del país (Calbe), en la industria minera, así como en la acería y las factorías de laminación de Brandenburg, los trabajadores rechazaron enérgicamente a los provocadores.

Para proteger al país del hampa subversiva de Occidente se organizaron guardias obreros de combate en las fábricas y los que no estaban, en un principio, al tanto del carácter golpista de las movilizaciones contrarrevolucionarias luego se fueron dando cuenta de ello y se distanciaron de los agitadores violentos. Regresaron al trabajo y ayudaron, en muchos casos, a arrestar a los delincuentes-provocadores. Gracias a la acción decidida de los sectores de vanguardia de la clase obrera y sus aliados, junto a las fuerzas soviéticas y las fuerzas armadas de la RDA, el golpe contrarrevolucionario fue destruido en 24 horas. El intento de eliminar por la fuerza a la RDA y el socialismo en suelo alemán había fracasado.

Una manifestación multitudinaria, el 26 de junio de ese año, en Berlín Oriental, de cientos de miles de personas mostró su apoyo al gobierno de la RDA y en contra de las provocaciones golpistas de Occidente. Otto Grotewohl, primer jefe de gobierno de la RDA, dijo del intento de golpe de 17 de junio de 1953: “Muchos trabajadores con conciencia de clase presenciaron los sucesos y afirmaron: Hemos visto muchas huelgas, pero donde se destruyen casas de trabajadores, se saquean empresas nacionales, se derriban banderas rojas y se incendian allí ya no se habla de una lucha por los intereses de los trabajadores sino que el enemigo de clase está actuando contra ellos”

Sin embargo, a pesar del revés sufrido en 1953, en la RDA, Occidente no abandonó su política agresiva hacia la RDA.  Por el contrario, persistieron en sus acciones hostiles contra la RDA y el resto de los países socialistas. Dos años después del intento fallido de golpe de Estado contra la RDA, en la primavera de 1955, se elaboró en los EEUU un plan de acción detallado contra la RDA para el cual se crearon organizaciones e instituciones especiales para la desestabilización del Este socialista de Europa.  El principal centro de propaganda fue el “Comité para una Europa Libre”, que, si bien era oficialmente considerado como una institución privada, en realidad estaba financiado y dirigido en su totalidad por el gobierno de los Estados Unidos.  El Comité creó la estación de radio “Europa libre” en Munich y dirigió innumerables acciones criminales contra los países socialistas.

El ejemplo de lo sucedido con los acontecimientos golpistas en Hungría en 1956 puso de relieve el papel involucionista desempeñado por las naciones imperialistas. La analogía húngara con la alemana de la RDA en 1953 fue muy similar. La economía húngara, al igual que las de otros países socialistas, tuvo que luchar casi en solitario frente al boicot capitalista, por lo que sufrió fuertes desequilibrios que provocó dificultades de suministro e insatisfacción entre la población.  A estas dificultades de desarrollo en la construcción del socialismo en Hungría, se añadió el informe-basura “antiestalinista” del líder soviético, Nikita Kruschev, en febrero de ese año, durante el XX Congreso del PCUS, que posibilitó que hubiera un escenario adecuado para Occidente con el que forzar la propaganda antisoviética dentro del país magiar.

Aunque la contrarrevolución húngara de 1956 ya se trató ampliamente en otra entrada conviene, de nuevo, recordar, que el imperialismo jugó en Hungría con las mismas bazas subversivas que en el mal llamado “levantamiento de 1953” en la RDA: introdujo armas y elementos hostiles golpistas en Hungría, propagó y diseminó en el país, incesantemente, publicidad agresiva llamando al derrocamiento del gobierno socialista húngaro a través de Radio Free Liberty o lanzando propaganda que había sido fabricada en Baviera, en Alemania Federal, mediante el envío de globos al espacio aéreo húngaro y también mediante la infiltración de grupos de terroristas (pro-nazis y pro-occidentales) que cometieron innumerables crímenes contra funcionarios comunistas húngaros o simples ciudadanos no conformes con la violencia perpetrada por las bandas nazi-húngaras.

En definitiva, en el levantamiento de 1953 en la RDA no estuvieron en juego ni “elecciones libres”, ni mejorar el nivel de vida de los germano orientales, ni la manoseada “libertad capitalista”, sino que grupos bien organizados de provocadores procedentes de Berlín Occidental se aprovecharon de la buena fe de una parte de los trabajadores de Berlín Este y otras ciudades de la RDA para organizar paros armados y manifestaciones violentas de modo que desembocasen en una represión que hiciera caer al gobierno comunista. El Politburó del SED aplicó todas las medidas necesarias y correctas para eliminar las causas de la insatisfacción en la población y mejorar el sustento de los trabajadores, algo que pretendieron evitar los agentes terroristas enviados desde el Oeste cuya intentona golpista, finalmente, fue aplastada por la fuerzas  populares de la RDA y el ejército de la Unión Soviética.

A partir de entonces, el acoso contra la RDA fue “in crescendo”, con Occidente conspirando, un día sí y otro también, para derrocar el Estado de obreros y campesinos a través de sus agentes terroristas y saboteadores, algo que finalmente fue cortado o evitado en agosto de 1961 cuando las autoridades de la RDA decidieron poner fín a la campaña de provocaciones terroristas y contrabandismo en el país con la construcción de la Barrera Protectora Antifascista en Berlín Oriental, que no evitó, a pesar de ello, ni la construcción de túneles desde “el otro lado del Muro” ni el asesinato de guardias fronterizos de la RDA (que cumplían su deber de proteger el país).

Lo que queda en el aire es la cuestión de por qué el movimiento comunista, tanto en la RDA como en otros países socialistas, no encontró las fuerzas internas necesarias para poner fin al proceso revisionista iniciado por Krushchev en la URSS en 1953, un proceso que hizo que el bloque socialista (incluida la Unión Soviética) optara por seguir la senda tramposa de la “coexistencia pacífica” y el postcomunismo-farsa del prestidigitador soviético y fueran capitulando por etapas hasta llegar a la implosión precipitada por el agente de Occidente en la URSS, Mijail Gorbachev. en 1985. Tal vez la respuesta, o una de ellas, esté en que había una inevitable (por tanto, necesaria) dependencia militar y también económica de los países socialistas con el gigante soviético que condicionaba cuestionar las directrices del Kremlin. Una prueba de ello es cuando Stalin falleció: Moscú ordenó que todos sus retratos y calles fueran retirados/suprimidas en todos los países del Pacto de Varsovia.

En cualquier caso, como decía el historiador comunista alemán occidental, Kurt Gossweiler “Solo cuando se dé la respuesta correcta, el movimiento comunista volverá a ser una fuerza que dé forma al futuro”.

 

 

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El genocidio silencioso: las víctimas de la contrarrevolución de 1989 en la RDA (1)

 

 

 

Después de la rendición incondicional de la República Democrática de Alemania (RDA) a Alemania Federal en noviembre de 1989 es de sobra conocido lo que nos vendió la propaganda anticomunista del Oeste en aquel momento y en los meses y años posteriores: lo ocurrido fue una “revolución pacífica” donde miles de personas, hábilmente manejadas desde el interior y exterior de la RDA, se manifestaban contra el régimen de Erich Honecker, al mismo tiempo que se producían éxodos masivos de ciudadanos germano orientales hacia el Oeste, igualmente manipulados e incitados desde dentro y fuera de la RDA. Sin embargo, pronto esos ciudadanos se dieron cuenta, apenas un año después de las “celebraciones” por la “caída del Muro” y la “anexión-expréss”, que echaban de menos no sólo la RDA sino la que fue a todos los efectos la barrera antifascista de Berlín, la cual, de haber podido, la hubieran levantado de nuevo, como señalaba entonces el escritor Julio Llamazares en una crónica (no complaciente) para ELPAIS de noviembre de 1990, llamada Nostalgia del Muro.

En definitiva, esos germano orientales, de los que hablaba Llamazares, eran conscientes de que en tan sólo un año, desde el show mundial del “derribo del Muro”, les habían dado gato por liebre y de que les habían obsequiado con un tongo de proporciones históricas. Uno de los principales fraudes fue precisamente que al pueblo de la RDA, que en su mayoría no quería la anexión sino la democratización del Estado socialista, se le hurtó, o más exactamente, secuestró, en 1990, el derecho a decidir sobre el destino del país, si querían o no la anexión con la neohitleriana RFA. Una minoría “opositora” (que no llegaba, cabe remarcarlo, ni al 10% de la población de la RDA) generosamente respaldada por Occidente y sus agencias de inteligencia, el que se llamó Neues Forum (Nuevo Foro), los “Verdes” y la iglesia protestante, fue la que pilotó el proceso de destrucción final de la RDA y se convirtió (o le convirtieron) en el engañoso activista del “cambio”, en los co-protagonistas de una contrarrevolución-golpe de Estado, o lo que ahora se llamaría más modernamente una “revolución de color”.

A la descapitalización y robo del sector productivo de la RDA, construido con el esfuerzo de millones de personas durante cuatro décadas, mediante un consorcio especulador llamado Treuhand que estaba presidido por una ultraderechista hija de un nazi, se unió la persecución judicial ilegal contra políticos, jueces, profesores, académicos, músicos, guardias fronterizos, policías y miembros del Ministerio para la Seguridad del Estado (MfS o “Stasi”) e infinidad de purgas macarthistas contra otros comunistas o simples ciudadanos por el mero hecho de haber pertenecido al SED (el partido de la RDA) o ser fieles a su país. Es decir, lo que no hizo en cuarenta años la RFA con sus criminales de guerra nazis (negando extradiciones y no juzgándoles, salvo en casos muy puntuales) lo ejecutó sin piedad contra la RDA.

La Alemania neohitleriana del canciller Helmut Kohl hizo con la RDA lo mismo que los nazis hicieron con judíos y comunistas nada más acceder al poder en 1933: perseguir, encarcelar y expulsar de sus puestos de trabajo a profesores, músicos, funcionarios, intelectuales o artistas por el mero hecho de estar vinculados al partido socialista unificado alemán oriental, el SED, lo que se tradujo, entre otras cosas, en que miles de ciudadanos de la RDA fueran empujados al suicidio. Utilizando los mecanismos de una profusa propaganda de guerra fría en los medios alemanes y la consabida literatura anticomunista se mantuvo viva, de este modo, la demonización anti-RDA, necesaria para deslegitimar, el día después (1989), al Estado de Obreros y Campesinos.

En particular, los medios de Alemania-OTAN se centraron, como era lógico, en criminalizar al antifascista Ministerio para la Seguridad del Estado, MfS-“Stasi” al que acusaron de espiar de forma implacable a prácticamente a todos los ciudadanos de la RDA. ¿Pero realmente esto fue así? ¿Y si fue así qué le llevó a ello? ¿Acaso el MfS espiaba a sus ciudadanos por diversión o, tal vez, por deporte nacional? ¿O es que era porque la “malvada” élite comunista del país sólo quería controlar ciegamente a sus ciudadanos? Según el historiador alemán Matthias Uhl cerca de 10.000 personas de la RDA espiaron para el Servicio Federal de Inteligencia de la RFA, el nazi BND, en el período comprendido de 1949 a 1989. Esto ya era motivo suficiente para que el MfS decretase el espionaje de largo alcance en toda la RDA dada la enorme gravedad, equivalente a una emergencia nacional, que suponía tal cantidad de traidores a su propio país. Pero sobre todo el MfS tuvo que hacer frente al acoso que Occidente y, en particular, Alemania Federal, sometieron a la RDA durante los 40 años de su existencia. Las acusaciones contra el MfS se pueden considerar, de facto, como basura plagada de propaganda mercenaria (admitiendo que se pudieran haber perpetrado excesos), donde se omiten, deliberadamente, todos los actos involucionistas y terroristas que Occidente cometió contra el territorio de la RDA.

Se podría afirmar con total seguridad que la mayor parte de los que pasaron por la sede del MfS ni eran pacíficos activistas ni monjas de la caridad, sino espías, criminales o saboteadores venidos de la otra Alemania. El dispositivo de violencia terrorista utilizado por Occidente para implosionar la RDA es de sobra conocido: desde las redes nazis creadas por el jefe de los espías de Hitler en la URSS, Reinhard Gehlen (la Organización Gehlen, luego a través del espionaje de Alemania Federal dirigido por él mismo, el BND) hasta los nazis del Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud y el KampfGruppe gegen Unmenschlichkeit o Grupo de Combate contra la Inhumanidad (que tenía reclutados a unos 3.000 mercenarios terroristas bajo control de la CIA). Se podrían contabilizar, igualmente, otros grupos de “lucha anticomunista” similares, todos bajo la supervisión de las agencias de inteligencia occidentales y conocimiento de las autoridades de la RFA y EEUU, quiénes junto al servicio de espionaje exterior británico, el MI6, en Berlín Occidental y la emisora norteamericana RIAS planificaron y coordinaron numerosos actos criminales en el interior de la RDA. Muchos de estos delincuentes, infiltrados en la RDA, fueron capturados gracias a la eficaz acción del MfS-Stasi y condenados a muerte, a largas penas o a multas. De esto, no oirás hablar en los medios controlados.

Respecto de las víctimas del “Muro”, se olvidan en Occidente que más de un centenar de policías fronterizos de la RDA fueron asesinados por agentes terroristas (incluidos policías de la RFA) enviados desde Berlín Occidental, excavando ilegalmente túneles para acceder a Berlín Oriental con los que infiltrar espías y criminales, o simplemente asesinar a los guardias fronterizos de la RDA en el marco de las provocaciones de la “guerra fría”. Así sucedió, por ejemplo, con los asesinatos  de los policías Werner Schmidt y Heinz Janello, de 21 y 19 años, respectivamente, secuestrados en la RDA y asesinados brutalmente en territorio de la RFA por soldados norteamericanos el 2 de marzo de 1951. O el caso del también policía Herbert Liebs, de 21 años, que fue tiroteado y asesinado dentro de la propia RDA por soldados americanos el 21 de febrero de 1951. Los “agit-prop” en el Oeste ignoran, a sabiendas, que en cualquier país del mundo atravesar una frontera ilegalmente, por la fuerza, hacia otro territorio extranjero es motivo suficiente para usar métodos expeditivos contra los que intenten vulnerarla ya que así lo establecen las leyes. Y, en el caso de la RDA, tenían motivos sobrados dado el feroz hostigamiento, interno y externo, que se estaba ejecutando contra el país. Y a los hechos anteriores me remito.

El frente literario anti-“Stasi” no podía faltar a la cita con una amplia variedad de publicistas trabajando en el frente cultural de la CIA (esa asociación de malhechores de la que nunca mencionan que ha ocasionado más de seis millones de muertos en el mundo, gracias a sus golpes de Estado y la creación de escuadrones de la muerte). Desde la hiperactiva anticomunista Anne Applebaum hasta Anna Funder (Stasiland) pasando por Gary Bruce, John Koehler y su Stasi: The Untold Story of the East German Secret Police, o nazis como David Irving han construido narrativas basadas en patrañas, testigos comprados, tergiversaciones y falsificaciones. El amarillismo anticomunista se cobra por adelantado. Y la Stasi ha dado mucho juego en ese sentido.

Después del robo de los archivos de la sede del MfS, a través de la llamada Operación Rosenholz en 1989, preparada por la CIA y el BND alemán, Occidente se incautó de lo que presuntamente eran las pruebas de cargo contra la “Stasi” en la RDA, es decir, el supuesto espionaje masivo contra “millones” de personas y la persecución política contra “disidentes” así como el desenmascaramiento de agentes e informantes que participaron en esas operaciones. Un escaparate idóneo que iba a suponer la utilización propagandística de esos archivos para los intereses de Occidente; ficheros que, en manos del “enemigo”, iban a ser susceptibles de ser manipulados con enmiendas o la supresión de páginas sensibles, o directamente no iban a exponerse públicamente aquellos documentos que, con total seguridad, dejaban al descubierto no sólo las operaciones terroristas de los servicios de espionaje de Occidente contra la RDA, sino la comisión de actos criminales que el MfS había documentado de las agencias de inteligencia occidentales, como los cometidos por la infame Red Gladio de la CIA-OTAN en toda Europa occidental, desde los años 60, de las que el MfS tenía conocimiento, al igual que la KGB.

¿Por qué no hablamos ahora de Occidente? ¿Del pudridero que esconden agencias de seguridad e inteligencia como la NSA, la CIA, el FBI, el BND, el SISMI italiano, el MI5/6 británico  o el CNI español en asuntos tan turbios como los atentados de falsa bandera islamistas (no ya del Gladio anticomunista) de los últimos años en Europa? ¿Saben que España, a través del CNI, ha proporcionado a la NSA americana millones de datos de personas de este país? ¿Espionaje masivo? ¿Se atreven a hablar contra la “Stasi” cuando la seguridad nacional de la RDA estuvo verdaderamente amenazada por Occidente durante cuatro décadas?. Pero ¿y las “democracias”? ¿quién las amenaza si ellas son la mayor amenaza para el mundo gracias a sus conexiones con el crimen organizado, el narcotráfico, financian organizaciones terroristas y perpetran los mayores delitos que uno se pueda imaginar?

Mientras la maquinaria anti-RDA y anti-“Stasi” funcionaba a todo tren en la década de 1990, conviene hacer un inciso, o punto y aparte, y echar una mirada sobre cómo la nueva Alemania de Kohl abrió, precisamente en esa década, un frente militar-terrorista junto a EEUU y la OTAN para despedazar Yugoslavia. Y, precisamente, su servicio secreto nazi, el BND junto a la CIA, tuvieron un papel muy activo en la organización, financiamiento y entrenamiento de grupos terroristas kosovares como el UCK y yihadistas de AlQaeda, con los que propagaron el caos étnico con el fin de atomizar los Balcanes y, en última instancia, deponer al presidente serbio Milosevic. Sin contar el dinero que fue empleado por la CIA, como señala su ex agente Steven Bauer, para comprar a periodistas de los medios hegemónicos occidentales de forma que se distorsionara la realidad bélica en favor de la OTAN y se satanizara a Milosevic. El plan de Alemania y EEUU para destruir Yugoslavia resultó ser un calco completo del que Hitler y Mussolini emprendieron en la II Guerra Mundial para dividir aquel país (incluido Kosovo) y repartirse áreas de influencia.

El intento de “desahuciar” la memoria de la RDA, a base de “Stasi-satanizar”, crear museos anti-Stasi, etc, es una hipocresía de los vencedores de la “guerra fría” (dados los crímenes cometidos por Occidente y la propia Alemania Federal), que ha resultado ser un fracaso puesto que encuestas realizadas en el antiguo territorio alemán oriental en los años posteriores a 1989 (hasta hace tres años) no han hecho nada más que confirmar el fracaso de esa operación “desmemoria-demonización-RDA”, algo que ha hecho “saltar las alarmas” en la clase política y periodística de Alemania. El 78 por ciento de esos germano orientales todavía considera que el sistema escolar de la RDA era mejor, incluso más que en una encuesta de 1995. Entonces fue del 76 por ciento.

Los juicios de los alemanes del Este sobre las fortalezas de la antigua RDA…sistema de salud-seguridad social, igualdad de derechos para mujeres y hombres, protección contra el crimen y la delincuencia y el sistema educativo seguían siendo muy positivos. Dos de cada tres alemanes orientales también calificaban el sistema de atención médica de la RDA de manera más positiva (66% de la RDA) que el de la República Federal de hoy. ¿Realmente creen que si esos ciudadanos hubieran sido víctimas masivas de la “opresiva” Stasi y “conociendo” los bulos que ha ido propagando la prensa occidental sobre el espionaje tendrían un solo gramo de nostalgia por la RDA?

De los suicidios en la ex RDA, tras la anexión a Alemania Federal, no hay estadísticas oficiales publicadas porque es algo que no ha preocupado nunca a los signatarios del Estado alemán “reunificado”. Las estadísticas exactas no existen ni existirán. No hay un interés político real sino en enmascarar aquellos suicidios como consecuencia de “decisiones personales” sin una relación causa-efecto (desaparición de la RDA-anexión). Sólo se pueden manejar cifras extraoficiales. Por ejemplo, la agencia de noticias francesa AFP publicó una información en 1990 estimando que 4.294 personas se habían suicidado en los nuevos estados federales (en decir, en la antigua RDA). Sólo en la pequeña localidad de Potsdam de la RDA, el número de suicidios aumentó de 126 (1989) a 202 en 1990 (según el medio alemán Berliner Zeitung de 18.2.1991).

Sin embargo, cuarenta y seis autores alemanes compilaron un estudio en la revista de teoría social, derechos humanos y cultura llamada “Ícaro” de la GBM (Der Verein Gesellschaft zum Schutz von Bürgerrecht und Menschenwürde, es decir, Sociedad para la Protección de la Ciudadanía y la Dignidad Humana, en sus números 3 y 4, a principios de los años 90) analizando que es lo que llevó a seguramente decenas de miles de personas a la muerte-suicidio. El estudio llegó a una conclusión demoledora: la “revolución pacífica” de 1989 en la RDA fue un mito donde miles de personas fueron víctimas mortales de la “gran purga capitalista del Oeste”. Algunos, incluso, aventuran que pudieron llegar hasta las cien mil personas.

La GBM fue creada el 3 de mayo de 1991 en Berlín por ex funcionarios del MfS, científicos, artistas, teólogos y abogados de la RDA que fueron represaliados, en mayor o menor medida, por la revanchista Alemania del Oeste. Organización, la GBM, que no tardó en ser puesta bajo la mirilla de una amplia gama de detractores: desde supuestas “víctimas” de la Stasi y Asociaciones “víctimas del comunismo” (integradas por muchos ex nazis) a periodistas ultraconservadores o “socialdemócratas”, pasando por historiadores blanqueadores del nazismo o la vigilancia gubernamental de la Oficina de Protección de la Constitución, un instrumento político de carácter fascista para controlar y perseguir las ideas comunistas en Alemania.

Entre los Investigadores más reconocidos que publicaron el informe en la citada revista Ícaro figuraban el historiador Manfred Weißbecker,  el economista de la ex RDA, Harry Nick (1932-2014), miembro del Foro Marxista y la Sociedad Leibniz, el Pastor protestante Dieter Frielinghaus (no toda la iglesia de la RDA era reaccionaria) que fue y es a sus 89 años, curiosamente, miembro del Partido Comunista Alemán y miembro fundador de un grupo de apadrinamiento de la Juventud Libre alemana (en 1995), la actriz alemana oriental Käthe Reichel (1926-2012), una disidente-disconforme en su momento con las autoridades de la RDA o el “controvertido” abogado Peter Michael Diestel, miembro del partido conservador CDU en el primer gobierno capitalista surgido de las elecciones “libres” en la RDA que eligió a Lothar De Maiziere, también del CDU. Unas elecciones, por cierto, que de “libres” no tenían nada más que la fachada chantajista impuesta por Occidente en unas condiciones absolutamente antidemocráticas donde a los votantes se les conminó a elegir a las fuerzas reaccionarias de la RFA o no recibirían ayudas tras la anexión.

Las víctimas del genocidio silencioso contra la RDA abarcaron desde profesores universitarios, hasta jueces o simples trabajadores, granjeros cooperativos, maestros, ingenieros y periodistas, médicos, artistas y científicos, todos ellos, o en su inmensa mayoría, víctimas la cacería macarthista que desataron Helmut Kohl y sus secuaces, muy seguramente también a instancias de la Rusia de Gorbachov-Yeltsin y de EEUU.

 

LA CACERÍA POLÍTICA CONTRA LA RDA

 

La persecución ideológica contra miembros del SED (Partido Socialista Unificado), que estaban al frente de cargos públicos en las instituciones de la RDA, fue uno de los principales mecanismos represivos que se utilizó por los revanchistas del Oeste. Ello supuso que algunos integrantes del SED que estaban en las estructuras políticas de la RDA optaran por el suicidio. Entre ellos:

Herbert Heber (1927-1989), primer secretario de distrito del SED (Partido Socialista unificado), en Köthen, Berlín Oriental, fue uno de los primeros en dar por terminada de forma dramática su singladura política en la RDA (del primero del que se tiene constancia que se suicidó es otro secretario de distrito del SED, el de Bautzen, Helmut Mieth). Cuando la contrarrevolución en Alemania Oriental estaba alcanzado niveles de acoso y difamación insoportables, Heber, que estaba dividido entre su convicción honesta como comunista y sus dudas sobre la convulsa situación de la RDA, se sintió abandonado por su partido y sus camaradas, pero también se sintió responsable de no poder resolver los problemas de la población”, decidió el 4 de noviembre de 1989 pegarse un tiro en su oficina con su arma reglamentaria.

Horst Böhm (1937-1990) fue el último jefe de la administración del distrito del Ministerio de Seguridad del Estado (MfS) de la RDA en Dresde. Nacido en Zwickau, fue hijo de padre panadero y madre manufacturera textil. En 1954 se unió al SED. De 1962 a 1967 estudio ciencias sociales en la Universidad Karl Marx de Leipzig, siendo profesor graduado de marxismo-leninismo. Fue Mayor general en 1982 y jefe del MfS en Dresde. En 1989, se disolvió el Ministerio de Seguridad del Estado de la RDA y Horst Böhm se suicidó el 21 de enero de 1990

Peter Koch (1929-1990) fue un general de división alemana del Ministerio de Seguridad del Estado (Stasi) y jefe de la sede del MfS en Neubrandenburg. De 1945 a 1948 aprendió la profesión de cerrajero y luego trabajó en una fábrica de maquinaria de tractores. En 1946 se convirtió en miembro del SED y asistió desde 1950 a 1952 a la Academia Administrativa Alemana en Forst-Zinna, obteniendo el graduado en economía. En 1976 fue nombrado jefe adjunto operativo de la administración del distrito de MfS Neubrandenburg y en 1977 sucedió al General de División Alfred Böhm, como jefe de la administración del distrito. En 1980 fue nombrado mayor general. En noviembre de 1989 se convirtió en jefe de la recién creada Oficina de Distrito para la Seguridad Nacional, pero ese mismo mes, el 9 de diciembre, se produjo su cese, al disolverse la Oficina del MfS con la “caída de la RDA”. En enero de 1990, fue detenido y puesto temporalmente en libertad. Koch se suicidó el 3 de mayo de 1990.

Franz Rydz (1927-1989) fue un alto funcionario deportivo en la República Democrática Alemana (RDA). Trabajó entre 1966 y 1989 como vicepresidente de la Federación Alemana de Gimnasia y Deportes y de 1970 a 1989 fue miembro del Presidium del NOK (Comité olímpico Nacional de la RDA). Además ocupó la jefatura del Sector de Cultura Física y Deporte en el Comité Central del SED.  También perteneció al Consejo Central de la Juventud Libre alemana de 1959 a 1976 y fue vicepresidente de la Asociación Alemana de Fútbol de la RDA en 1961. El 20 de noviembre de 1989, con motivo del “cambio político” y la puesta en marcha del revanchismo en la RFA contra la RDA, se quitó la vida en la localidad de Kienbaum.

 Wolfgang Junker (1929-1990) fue Ministro de la Construcción de la RDA. En 1949 se unió al SED (Partido de la Unidad Socialista de Alemania). Estudió hasta 1952 en la Escuela de Ingeniería de Construcción en Osterwieck. De 1952 a 1953 fue nombrado gerente en el proyecto de construcción de la avenida Stalinallee de Berlín. Desde 1963 hasta 1989 fue Ministro de Construcción de la RDA. Junker fue galardonado entre otras, con la Orden Karl Marx en 1976, en 1984 con la Estrella de la Amistad en Oro y en 1989 con la Gran Estrella de la Amistad. En enero y febrero de 1990, Junker estuvo bajo custodia de la policía neohitleriana con la vaga, arbitraria e ilegal acusación de haber sido “sospechoso” de “abuso de poder”. El 9 de abril de 1990 Junker se suicidó en Berlín.

 

LA CACERÍA CULTURAL Y SOCIAL CONTRA LA RDA

 

Hanno Coldam, de nombre real Heinz Matloch (1932-1992), fue un conocido domador de leones en el circo estatal de la RDA, galardonado con el Premio Nacional de la RDA. Después de la “caída” del muro antifascista el circo estatal se disolvió tras 30 años de existencia. Matloch se suicidó el 13 de abril de 1992.

Johanna Töpfer (1929-1990) fue miembro desde 1945 de la FDGB (Freier Deutscher Gewerkschaftsbund o Confederación Sindical Libre Alemana) y del SED (Partido Socialista Unificado) desde 1955. Ostentó el cargo de Directora adjunta de las escuelas centrales FDGB en Beesenstedt y Grünheide. De 1971 a 1989 fue miembro del Comité Central del SED y de 1973 a 1977 Vicepresidenta del Consejo de la Paz de la RDA. Töpfer, después de estar sometida a continuos ataques hacia su persona, sin posibilidad de defensa alguna, se suicidó el 7 de enero de 1990 en Berlín. Según el profesor de Economía de la RDA Harry Nick (1932-2014):  Si me preguntaran sobre una persona a la que se le calificara, sin temor a resultar una frase vacía, como “representante de la clase trabajadora de la RDA”, me viene a la memoria el nombre de Hanna Töpfer.

El Dr. Detlev Dalk (1944-1992), como muchas personas del Este de Alemania, fue expulsado de su vivienda por antiguos propietarios (muchos de ellos nazis) de Alemania occidental. Eligió suicidarse “públicamente” mediante un comunicado, para protestar contra la injusticia y la revancha infligida a los alemanes orientales por la RFA. Dalk, curiosamente, había sido uno de los partidarios de los “cambios democráticos” en la RDA, ya que fue uno de los líderes de los contrarrevolucionarios Neuen Forum-Alliance 90, por el municipio de Zepernick y miembro del consejo de distrito de Bernau. Ante la perspectiva de perder su casa, Dalk escribió una nota antes de suicidarse “no me dejan otra posibilidad que la muerte pública”. En una carta abierta al Canciller Helmut Kohl, Dalk escribió: “Estoy preparado para irme. Voy a sacrificar mi vida para que mi familia y otras familias en las llamadas áreas de anexión puedan vivir sus vidas pacíficamente donde viven hoy. La decisión no ha sido fácil para mí”. En marzo de 1992, Dalk se ahorcó en su ciudad de Zepernick como un acto de protesta desesperada. Un mes después del suicidio de Dalk, un segundo residente de la RDA también se ahorcó. La policía dijo que el hombre, Fred Haupt, estaba a punto de ser expulsado de su pequeña casa para dejar paso a la ex propietaria, una mujer del oeste de Berlín.

Thomas Schleusing (1937–1993) fue un ilustrador y caricaturista alemán conocido por sus dibujos en el periódico semanal de la RDA Wochenpost. En 1961 obtuvo su diploma en la Facultad de Artes Visuales y Aplicadas de Berlín-Weißensee. Fue miembro de la Sociedad Pirckheimer y del colectivo de artistas Grupo 4. Ganó notoriedad al diseñar la portada de la revista juvenil Neue Leben y diseñó numerosos libros para niños en Berlín Oriental. Schleusing se suicidó en 1993.

Christoph Ehbets fue ilustrador de carteles de teatro y portadas de libros en la RDA. Su primer trabajo fue diseñar, en 1960, la portada discográfica de la ópera “Der Freischütz”, de Carl Maria Von Weber, para el legendario sello de la RDA Eterna. Ehbets no solo tenía la habilidad para crear sus propias imágenes. Como comisario y organizador, realizó numerosas exposiciones en Schloss Köpenick y Kulturbundgalerie, incluyendo obras de Fritz Cremer, Arno Mohr y Gabriele Mucchi. Con la anexión de la RDA a la RFA en 1989, cito textual de un medio de Alemania occidental, “Christoph Ehbets tuvo la oportunidad de la libertad de viajar y de expresarse”. Pero lo que encontró Ehbets, como resultado de la llegada de la “libertad capitalista”, fue desempleo y caer en una profunda depresión, lo que le llevó al suicidó en otoño de 1992, dos años después de la anexión.

Wolf Kaiser (1916-1992) fue uno de los más importantes actores  de cine y teatro alemán en la RDA. En 1965, Kaiser fue galardonado con el Premio Nacional de la RDA y fue contratado dos años más tarde en el Volksbühne. Desde 1969, se centró principalmente en la actividad frente a la cámara y perteneció hasta 1990 a la unión de actores de televisión en la RDA. El 22 de octubre de 1992, cuatro días antes de su 76º cumpleaños, Wolf Kaiser se suicidó tirándose por la ventana de su apartamento en Berlín, situado cerca del emblemático Berliner Ensemble.

Herbert Kegel (1920-1990), fue un reputado director de orquesta de la RDA, el más importante, que realizó innumerables grabaciones de compositores clásicos y, sobre todo dio voz a los contemporáneos (Blacher, Hindemith, Dessau, Orff, Hartmann, Lutoslawski) al frente de su orquesta, la Sinfónica de la Radio de Leipzig (luego renombrada como “MDR” ya que había que eliminar todo vestigio cultural de la RDA, incluidos los nombres de orquestas) o la Filarmónica de Dresden, de la que se hizo cargo en 1978. De 1975 a 1978 también trabajó como profesor honorario de dirección en el Conservatorio de Música “Felix Mendelssohn Bartholdy” de Leipzig.  Entre las grabaciones de Kegel se pueden citar acercamientos magistrales a Johannes Brahms (Sinfonías, Requiem Alemán, Concierto para piano nº 2), las sinfonías 3 a 9 de Anton Bruckner o su Mahler y Beethoven. Además fue director del gran Coro de la Radio de Leipzig.

Kegel, después de consumarse la anexión de la RDA a la RFA, fue destituido de todos sus cargos (esto no lo verás en las biografías de Wikipedia), en sintonía con la cacería cultural que estaba desatando el neohitlerianismo, y víctima de depresión y de ver como la RDA desaparecía de un plumazo, se suicidó el 20 de noviembre de 1990.

 

 

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FUENTES:

http://totgesagtelebenlaenger.blogsport.de/zeitzeugenberichte/opfer-der-konterrevolution-19891990-teil-1/
http://totgesagtelebenlaenger.blogsport.de/zeitzeugenberichte/opfer-der-konterrevolution-19891990-teil-2/
http://www.dkp-online.de/uz/3847/s1502.htm
http://offen-siv.kommunistische-geschichte.de/die-konterrevolution-trieb-zehntausende-in-den-tod/
www.wikipedia.de
https://www.presseportal.de/pm/7880/2837960
http://www.berliner-woche.de/koepenick/kultur/sonderausstellung-fuer-einen-fast-vergessenen-kuenstler-d69769.html

El último 1º de Mayo multitudinario en Alemania Oriental: ¿Por qué se hundió la RDA seis meses después? (y 3)

 

Berlin, Parade von Kampfgruppen zum Mauerbau

25 AÑOS DEL MURO ANTIFASCISTA, REZA LA LEYENDA EN EL PALCO DE AUTORIDADES

 

El fin de la RDA se debió, fundamentalmente, a dos hechos no concurrentes en el tiempo y no, necesariamente, relacionados entre sí. En primer lugar, gracias a una elaborada estrategia de tensión, acoso y derribo que hizo fortuna en la llamada “guerra fría” donde la propaganda de Radio Free Europe, la infiltración de saboteadores (el muro antifascista de Berlín sirvió para frenar, de alguna manera, la penetración de la OTAN y la CIA) y también, probablemente, a algunos errores políticos de bulto de las autoridades germano-orientales hicieron que el país fuese minado paulatinamente. Por otra parte, se gestó, en la ya “histórica-histérica” fecha de 1989, el conocido golpe de Estado a cargo de varios miembros del partido comunista germano oriental (Gregor Gysi, Hans Modrow, etc), quiénes pactaron con los presidentes de la entonces URSS, Mijail Gorbachov, Helmut Kohl de la RFA y Ronald Reagan, de EEUU la rendición de la RDA y su anexión, incondicional, a la Alemania del Oeste y, por tanto, a la OTAN, en lo que constituía la piedra de toque de la expansión imperialista de la Alianza Atlántica a toda la Europa del Este (incumpliendo, de este modo, el “pacto”-farsa al que Gorbachov y Occidente habían llegado para que la OTAN se “quedase” donde estaba y no fuese más allá de las antiguas fronteras del bloque oriental).

La pomposamente llamada “reunificación”, por los medios capitalistas occidentales, no fue tal sino una herramienta de propaganda para tergiversar y manipular la historia, puesto que para que hubiera existido tal “reunificación” debería haberse plasmado la misma en un acuerdo mutuo, expreso y firmado, en igualdad de condiciones y respetando todos los pactos previos (la no expansión de la OTAN), por parte de los presidentes de las dos Alemanias, no mediante la imposición de una de las partes a la otra. La RFA, apoyada fuertemente por EEUU y sus socios de la OTAN, hizo su particular “anschluss” con la RDA a precio de saldo. Lo que ocurrió después, con éste último país, es de sobra conocido: fue descapitalizado de forma salvaje. Las empresas públicas de la RDA, instituciones culturales y toda actividad económica de la Alemania del Este fue vendida a un consorcio mafioso, constituido al efecto desde la entonces RFA, llamado Treuhand, con el que se enriquecieron delictivamente decenas de empresarios con pasado nazi (que recuperaron sus bienes confiscados justamente por la RDA) y políticos de la Alemania del Oeste. También se produjo una gran purga entre funcionarios de la RDA, muchos de los cuáles fueron perseguidos judicialmente, incluso por haber juzgado a elementos terroristas, pagados por Occidente, que se habían infiltrado en la RDA para realizar acciones de sabotaje y propaganda subversiva. Otra de las consecuencias del “neues kapitalismus” es que más de tres millones de trabajadores de la RDA, como consecuencia de la venta de las empresas públicas a la RFA, fueron a la calle.

La RDA poseía, en 1989, un valor económico por un monto total de 1200 millones de marcos, con una renta per cápita/habitante más que aceptable. Tras la anexión, todo ese capital se trasladó a Alemania Federal. Esta riqueza social de la RDA se convirtió en 1,2 billones de marcos alemanes del imperialismo capitalista. Es decir, décadas de trabajo provenientes de los escombros y de las cenizas de la II Guerra mundial habían caído en manos del neohitlerianismo alemán, las cuales fueron totalmente destruidas. Un ejemplo de todo ello fue el desmantelameinto del tejido industrial de la RDA. Un caso particular, a recordar, fue el de una gran planta química de propiedad estatal (VEB Stickstoffwerk) que estaba situada en el distrito de Piesteritz, en Wittenberger. Empleaba a unos 10.000 trabajadores y ocupaba el tamaño de un pequeño pueblo. Fue liquidada, como tantos activos económicos de la RDA, para ponerla en manos del capitalismo salvaje privatizador del Oeste (el conglomerado especulador Treuhand). VEB pasó de tener diez mil trabajadores a poco menos de 700. El nuevo orden político impuesto por la República Federal de Alemania tuvo un objetivo: el enriquecimiento del sistema capitalista de la RFA y la destrucción completa de toda actividad económica de la RDA. Esto se pudo ver muy claramente (los inmensos aumentos de beneficios en todos los ámbitos de la economía de la RFA) durante los primeros años después de la anexión. La venganza del imperialismo alemán, tutelado por EEUU, sobre el otro Estado alemán, la RDA, era palpable. ¿Cuál es la situación de las personas en el este de Alemania hoy en día?. Una ola de miseria recorre la antigua RDA, acompañada de recortes sociales y desempleo masivo. No es de extrañar que la antigua RDA sea considerada actualmente como una de las regiones más pobres de Europa

En definitiva, el revanchismo tomó carta de naturaleza y lo que no hicieron en Alemania Federal durante cuarenta años con miles de nazis a los que dieron cobijo, pensiones y trabajo en la Administración pública, lo ejecutaron, de forma sistematizada e implacable, no sólo contra los miembros del partido comunista germano oriental, el SED, sino contra el conjunto de los alemanes de la RDA, a los que llamaron despectivamente “ossies”. Los alemanes orientales pasaron de vivir en un Estado anti-fascista a saborear las ¿mieles-hieles? del capitalismo y su fascismo “blando”. Ya estaban, por fín, en “democracia”. La anexión de la RDA a la RFA fue un acto ilegal y una estafa para los ciudadanos alemanes democráticos. Fue la ejecución de un plan que ya se había elaborado en la Alemania de Adenauer de los años 50, pero que se mantuvo en la nevera para ser puesto en práctica en cuanto se dieran las condiciones adecuadas, reactualizándolo, lógicamente.

Mientras, y de cara a la opinión pública, lo que se vendió en aquel agitado año de 1989, fue la escenificación, por los media pro-imperialistas, de una avalancha de propaganda, manipulación y sensacionalismo no vista desde la guerra fría. Entonces no existía Internet para contrarrestar aquella orquestada campaña de mentiras y abrumadora intoxicación de los medios controlados, donde se nos mostraba, con grandioso aparato publicitario anticomunista, una muchedumbre de “refugiados” germano-orientales yendo a toda pastilla a abrazar el capitalismo hedonista occidental (luego se arrepintieron) y, supongo, que algunos de ellos a hacer cola en la sede de la CIA, en Berlín Occidental, para recibir la paga por los servicios prestados.

Tampoco la banda corrupta política capitalista perdió el tiempo. Según un neocon español (seguramente de esos que aplaudían a la red Gladio que asesinaba ciudadanos inocentes en Europa Occidental) y que fue franquista a tiempo completo (no me acuerdo de su nombre), los comunistas (después de los sucesos del Este europeo) debían “arrodillarse” ante el “capitalismo” y “pedir perdón”. Por su parte, un promocionado mediocre vasallo de los que masacran civiles por petróleo, Francis Fukuyama, proclamaba con aire de insultante obscenidad “el fin de la historia”…para que comenzase la nueva del IV Reich de EEUU-Israel y la OTAN. Se había consumado, definitivamente, la pantomima de la disolución del Muro, con toda su exuberante iconografía de falseada y deformadora propaganda para la posteridad. A este respecto, recuerdo una carta (sorprendentemente publicada) de un lector del diario ELPAIS, durante aquellas jornadas de histeria colectiva anticomunista, en la que mostraba su malestar e indignación por el tratamiento informativo que dicho diario “independiente” estaba dando acerca de los “sucesos” en el Este socialista, en particular, en la RDA. El lector tildaba la información del periódico polanquista de (más o menos) “amarillismo y de caer en unas cotas de miseria moral e indignidad bochornosas”, parafraseando una cita de Groucho Marx, que no recuerdo ahora (la pondré cuando me haga con el recorte de periódico que aún, creo, conservo de aquella fecha). (* ver cita al final)

El descontento o malestar de la ciudadanía germano oriental con sus dirigentes, y cualquier otra actividad subversiva ocurrida en la RDA, en los días previos a la disolución del Muro, fue fagocitado, puntual y meticulosamente, por EEUU y la OTAN, al igual que en el resto de la Europa socialista, usando los mismos mecanismos involutivos que en las recientes “revoluciones” árabes o en el sainete golpista sangriento de Kiev, como es sabido, acontecimientos instigados fundamentalmente por Washington, Israel y la OTAN y coordinados por dos personajes siniestros, sobrados, ambos, de criminalidad: el terrorista del ISIS John McCain y la hiena predilecta (tiene cara de ello) de la Casa Blanca, Victoria Nuland, la portavoz de Obama, ambos bajo órdenes directas del presidente estadounidense. En la RDA, en 1989, se materializó esa “ayuda” con la creación del llamado “Nuevo Foro” (ya mencionado en la parte primera) formación que agrupaba a la iglesia protestante reaccionaria de la RDA (a la cabeza de las “protestas” el pastor anticomunista Joachim Gauck, hoy jefe de Estado de Alemania) y un maremágnum político de conversos al capitalismo, troskistas, neoliberales, engañados, etc…todos ellos supervisados por la CIA y el espionaje alemán federal, el BND. También hubo, todo hay que decirlo, honestos ciudadanos de la RDA (la mayoría), que creían en un cambio de rumbo de la política socialista del gobierno alemán oriental, exigiendo unas dimisiones que fueron impuestas, básicamente, desde el lado Occidental, pero no entró nunca en los planes de aquéllos la disolución de la RDA.

En el resto de Europa, igualmente en 1989, el Papa polaco Wojtyla, la premier inglesa Margaret Thatcher y el presidente USA, Ronald Reagan, fueron los activadores principales de eso que dieron en llamar “revoluciones de terciopelo”, eso sí, alfombradas  todas ellas en los salones de la CIA, el MI6 y en las cloacas vaticanas a través de sus marionetas que tenían repartidas por el Pacto de Varsovia (Gorbachov-Yeltsin en la URSS, el ultraderechista Vaclav Havel en Checoslovaquia, el reformista Janos Kadar, en Hungría, los golpistas de Rumanía que asesinaron al presidente del país, Nicolae Ceaucescu, bajo órdenes directas de la CIA, o el contemplativo Wojciech Jaruzelsky en Polonia, dando vía libre al sindicato meapilas polaco Solidaridad, enteramente creado y financiado por la CIA). Todos ellos fueron quiénes se encargaron de ejecutar la tramoya para el triunfante y emergente imperio euroamericano. Un muro de alambrada y hormigón que la OTAN, construyó con la sangre de Gladio y del añejo pasado nacionalsocialista. Finian Cunningham nos recuerda ese pasado: El reclutamiento de miles de agentes nazis, oficiales militares y científicos, por parte de Occidente, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial para librar una guerra clandestina contra la Unión Soviética, fue la señal inequívoca de los objetivos estratégicos occidentales.

Uno de los personajes más decisivos en todo aquel proceso de demolición controlada de la RDA, el último jefe de Estado de la RDA, en 1990, Hans Modrow, quien participó activamente por el “cambio” en los últimos días de la RDA y contribuyó resueltamente al proceso de anexión, hipócritamente, ya a sus 85 años, en una entrevista realizada en 2013, retomaba el viejo lenguaje marxista anti-imperialista de que el fascismo es una forma del capitalismo, un capitalismo imperialista, intentando ¿expiar? los pecados de la traición de 1989. Aunque ahora vaya de apóstol de la izquierda alemana y recupere la bandera de la RDA diciendo con cierto aire de no sé si impostada nostalgia que “Nosotros queríamos una nueva Alemania, y esta nueva Alemania tenía que ser socialista. Esto es lo que constituye para mí el problema fundamental: aquello por lo que yo luché, o sea, una Alemania socialista y pacífica, ya no existe; y eso es lo que yo extraño, porque lo que existe hoy es una Alemania que quiere volver a ser una potencia mundial, que está al lado de los Estados Unidos y que juega un papel de dominación en Europa. Yo estoy en contra de eso, yo quiero una nueva Alemania.” “Yo no puedo recuperar la RDA porque la historia siempre va hacia adelante”.

Un “gran” descubrimiento, el de Modrow. El ex jefe de la RDA luchó por una Alemania antifascista y socialista a la que él mismo se encargó de expedir el certificado de defunción en 1990 y ahora reconoce que Alemania quiere ir de la mano de EEUU. ¿Alguna vez dejó de estarlo? ¿Hubo alguna probabilidad, después de liquidar la RDA, de continuar con una “nueva” Alemania unida, neutral, solidaria, socialista y verdaderamente libre?. La respuesta es no y Modrow  ya lo sabía en 1990 y no tuvo problemas a la hora de entregar la cuchara, el tenedor y el plato completo a Helmut Kohl, Mihail Gorbachov y Ronald Reagan. Hans Modrow creía, ¿ingenuamente? que la unificación alemana debía comportar una Alemania ajena a la OTAN, un planteamiento que el golpista Gorbachov (a quien Modrow llama traidor, a buenas horas mangas…). se negó en redondo a admitir, confirmándoselo incluso al entonces representante de Exteriores de EEUU en aquel momento. Modrow, es cierto, que también clamaba, en enero de 1990, porque la RDA no se deshiciera en pedazos. Pero lo hizo después de arriar la bandera del compás y el cincel; entonces, ya sólo quedaba el teatro de jugar un papel de comparsa ante Gorbachov, Reagan y compañía…La RDA iba a anexionarse, sí o sí, a la RFA y ser parte integral de la agenda de la OTAN.

Modrow tiene, eso sí, el detalle de contar una anécdota que debería haberle hecho reflexionar, a él y a los sinvergüenzas que promovieron la caída de la RDA. Cuenta Modrow que estando en el Metro: “una señora mayor (ex alemana oriental) estaba sentada frente a mí, me miró y me preguntó: “Señor Modrow, ¿me puedo sentar a su lado?”. Le dije: “Claro, ¿por qué no?”, y ella me replicó: “Yo nunca estuve en su Partido. Yo quería ser maestra y no lo logré, fui hermana en la diaconía de la iglesia y trabajé en un hospital. Yo le quiero decir con todo respeto que no quisiera que no se pierda todo aquello por lo que usted luchó, que no se pierda todo lo que fue la RDA”. Un lección de humildad para quién fue un intermediario más en la demolición controlada del Estado de obreros y campesinos.

Puede que La RDA no fuese ese “paraíso” para los trabajadores que señalaba en interrogante Bruni La Motte en su breve librito acerca de la RDA (RDA, ¿infierno de la Stasi o paraíso de los trabajadores? Lecciones que debemos aprender) ni fuese, tampoco, la perfección como sistema político socialista, pero esa imagen de país gris, opresivo, de gente poco agraciada, mujeres hombrunas y demás tópicos salidos de la factoría de la guerra fría occidental eran tan ridículos y grotescos como fácilmente contrastables, al menos hoy en día cuando la propaganda anti-RDA está completamente deshecha (salvo para los que siguen viviendo de ella), no sólo en lo que se refiere al modo de vida, a la cotidianeidad, en la RDA y otros países del Pacto de Varsovia, sino respecto de aquellos acontecimientos políticos que promovieron, instigaron y financiaron desde los países capitalistas (el “levantamiento” de Hungría de 1956, el mismo de Berlín, de 1953 o la famosa Primavera de Praga, de 1968, en Checoslovaquia) . Me ocuparé de ellos cuando tenga tiempo.

 

(*) CITA TEXTUAL DEL LECTOR DEL DIARIO EL PAÍS, A PROPÓSITO DE LOS ACONTECIMIENTOS DE 1989 EN LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DE ALEMANIA, QUE TODAVÍA CONSERVO

CARTAS AL DIRECTOR

Título: Nada y miseria

“He dejado de comprar su periódico por no mostrar grandes diferencias entre la Prensa más reaccionaria y la suya. Las últimas portadas relativas al caso RDA son dignas de la mejor y más acentuada Prensa amarilla. Es sangrante el tratamiento que dan a las noticias relacionadas con países del Este. Es triste reconocerlo, pero parafraseando al genial Groucho Marx (¿les suena este apellido?), diría que ELPAÍS “surgiendo de la nada, ha alcanzado las más altas cotas de miseria….informativa”. (Juan Antonio Díaz Gutiérrez, Madrid, octubre de 1989)

 

En fin, les presento, a continuación, algunas imágenes de la “fealdad siniestra” de la RDA. No, no van a aparecer Lenin, Honecker y San Jose Stalin devorando niños con patatas chips o explicando las bondades del socialismo a través de sus obras completas. Tampoco grandes marchas de apoyo al régimen con la hoz y el martillo a cuestas….sino imágenes que es posible, quizás, sorprendan (o no) a más de uno/a…y que representaban, fielmente, la polaridad opuesta a lo que propagaba el capitalismo de guerra del Oeste que, seguirá creyendo, conspiranoicamente, que también estaban “amañadas”…

TODAS LAS FOTOS SON DE LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA, NINGUNA PERTENECE A ALEMANIA FEDERAL U OTRO PAÍS . ALGUNAS DE ELLAS ESTÁN HECHAS POR EL FOTÓGRAFO PARTICULAR KLAUS MORGENSTERN, QUIÉN VIVIÓ EN LA RDA.

 

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MAYO DE 1972, DISFRUTANDO DE UN DÍA RADIANTE EN LA FUENTE DE ALEXANDERPLATZ,  BERLÍN ORIENTAL

 

 

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UNA ANIMADA CALLE PEATONAL EN LEIPZIG (RDA),  1968

 

 

 

 

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1973. PODÍAS IR A LA MODA

 

 

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JÓVENES MODELOS DE LA RDA

 

 

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Y OTRA JOVEN DDR MÁS

 

 

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TAMBIÉN EXISTÍAN LAS REVISTAS DE MODA. SE LLAMABA MODISCHE MASCHEN Y ESTA ES DEL AÑO 1967

 

 

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BERLINESES DEL ESTE EN 1969. PARECE LA UNTER DER LINDEN

 

 

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UNA PORTADA DE UN ANUNCIO CUALQUIERA EN LA RDA 

 

 

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JUVENTUD DE LA RDA EN LA PLAYA (AÑOS 70)

 

 

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MUJERES EN BERLÍN ESTE A LA ÚLTIMA

 

 

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MUJER OBRERA EN LA RDA

 

 

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DIRIGIENDO LAS OPERACIONES

 

 

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AGENTE CONFIDENCIAL…PREPARADA PARA INFILTRARSE EN LA RFA

 

 

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OBRERA EN LA FÁBRICA

 

 

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 JÓVENES ARTESANAS DE LA RDA EN LOS AÑOS 70

 

 

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UN DÍA DE ASUETO

 

 

SIEMPRE OÍ QUE LA MUJER ALEMANA ORIENTAL ERA DE ASPECTO TOSCO Y DESAGRADABLE….AQUÍ VAN UNOS EJEMPLOS (SÍ, YA SÉ, VA CONTRA LAS CONVENCIONES DEL FEMINISMO DE LA TERCERA O VIGÉSIAMA OLA….)

 

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INDIGNANTE……ALEMANES ORIENTALES JUGANDO A LA CAPITALISTA LOTO DE LA RDA…QUE ERA JUEGO OFICIAL…MALA SUERTE, ALGUNO YA SE HACÍA ILUSIONES DE QUE ESTABAN JUGANDO CLANDESTINAMENTE

 

 

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QUÉ VERGÜENZA….NUDISMO-TOPLESS BAJO UN RÉGIMEN COMUNISTA..ESTO CON FRANCO NO PASABA.

 

 

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EN LOS AÑOS 80 TE GUSTARA O NO EL PUNK O LA NEW-WAVE…TAMBIÉN SE DEJÓ VER EN LA RDA

 

El último 1º de Mayo multitudinario en Alemania Oriental: ¿Por qué se hundió la RDA seis meses después? (2)

 

WILLIAM BLUM DESMONTA LA PROPAGANDA OCCIDENTAL CONTRA LA RDA

 

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WILLIAM BLUM

 

Hagamos un poco de historia en esta entrada. William Blum (1933), periodista y escritor estadounidense, ex funcionario del Departamento de Estado norteamericano, escribió (hace cinco años) poco antes de cumplirse el veinte aniversario del fin de la RDA, que “la caída del Muro de Berlín fue otro mito más de la guerra fría” Todos los clichés de la Guerra Fría, construidos por el  “mundo libre” en contra de la tiranía comunista, se sacarán de nuevo a relucir y la leyenda simplista de cómo se cayó el muro de Berlín volverán a repetirse”. Así es y así sucedió, hace cinco años y, también, el año pasado con la apisonadora desinformativa, anti-RDA, que desplegaron las democracias otánicas de Gladio. En su análisis (que figura también en su libro, Killing Hope (Matar la Esperanza, capítulo 8, Alemania años 50), Blum desbroza, con elementos objetivos y rigurosos, qué llevó a la RDA a construir la barrera protectora antifascista en 1961 y cómo se gestó la campaña de acoso masivo que recibió la RDA en los años previos y posteriores a la construcción del Muro de Berlín, algo que es necesario acotar para entender la ilegitimidad histórica de la reunificación (en propiedad, anexión) alemana de 1990.

En primer lugar, dice Blum, antes de que el Muro se edificase miles de alemanes orientales se desplazaban cada día a la parte Oeste de Berlín a trabajar y luego regresaban a Berlín Este por la tarde. Así que se puede decir que esos ciudadanos no estaban precisamente coaccionados para retornar al Este en contra de su voluntad. Aunque podría argumentarse que esos ciudadanos vivían con sus familias, lo cierto es que nadie les puso cortapisas para salir en cualquier momento de la RDA. Ya se ha tratado en varias entradas, pero Blum incide acertadamente en algo que a los quintacolumnistas de la OTAN no les gusta y huyen como de la peste. Blum pone el dedo en la llaga para hablar del “odiado” Muro berlinés, afirmando que esa barrera antifascista fue construida principalmente por dos razones:

  • El Oeste fue acosando progresivamente a Alemania del Este con una agresiva campaña de reclutamiento de profesionales de la RDA, sobre todo trabajadores cualificados, que habían sido educados con el dinero público del gobierno comunista. Esto llevó a una grave crisis tanto de trabajo como en el sistema productivo de toda Alemania del Este. Antes, durante la década de 1950, los “combatientes” de la guerra fría estadounidenses, acantonados en Alemania Occidental, promovieron una despiadada campaña de sabotaje terrorista y subversión contra Alemania del Este diseñada para paralizar la actividad económica y administrativa del país.
  • En segundo lugar, la inteligencia de la CIA y otros agencias militares de Estados Unidos, Europa y, en particular, Alemania Occidental reclutaron, equiparon, entrenaron, y financiaron tanto a grupos alemanes de extrema derecha como de otros países, para llevar a cabo acciones que abarcaron desde el terrorismo a la delincuencia juvenil. Todo era factible con tal de hacer la vida más difícil a los ciudadanos de Alemania del Este y debilitar, de este modo, su apoyo al gobierno de la RDA, de forma  que posibilitara su rechazo al comunismo.

Mientras en los años cincuenta la CIA derrocaba mediante golpes de Estado a legítimos presidentes democráticos, como el iraní Mossadegh o al guatemalteco Jacobo Arbenz, la RDA no era ajena al frente bélico desatado por el imperialismo y era hostigada desde todas las aristas de la guerra fría, inclusive desde dentro de la neonazi Alemania Federal, donde se asesinaba a jóvenes como Philipp Müller, en 1951, por la policía neohitleriana de Adenauer. El único delito de Müller había sido pertenecer a la FDJ (Juventud Libre Alemana) organización que fue prohibida en la RFA ese mismo año, al igual que el Partido Comunista. Todo valía para acosar a un Estado soberano antifascista, incluso las ya conocidas redes nazis con las que el ex jefe de los espías de Hitler y de la nueva Gestapo alemana occidental, el BND, Reinhard Gehlen, maniobró contra la RDA para sembrar, el caos, el terrorismo y generar, de este modo, malestar y descontento entre la población germano-oriental. 

Alguien se preguntará cómo es posible que que la CIA pudiera penetrar tan fácilmente en territorio de la RDA, en los años cincuenta, y organizar actos terroristas y financiar a grupos opositores en ese país. Muy sencillo. Entre Berlín Este y Berlín Oeste no había frontera y el tránsito hacia la RDA era relativamente sencillo, tanto como volver de nuevo al sector occidental de Berlín. La no existencia de barreras, incluida la idiomática, proporcionó, según Blum, una oportunidad sin parangón para que el espionaje de la CIA actuase sin oposición en la Europa del Este, a pesar de que centenares de sus miembros fueron detenidos y juzgados en la RDA. La lógica se impuso y la RDA empezó a endurecer, con buen criterio, la entrada a su país.

El detalle de los hechos que proporciona Blum acerca de las labores contrarrevolucionarias del Oeste en la RDA son bastante claras: Fue una empresa notable, prosigue Blum, los Estados Unidos y sus agentes a sueldo realizaron innumerables atentados criminales contra el sector productivo de la RDA. En particular, Blum cita algunos de ellos utilizando no sólo fuentes de la propia Alemania Oriental sino de medios imperiales como el New York Times, Newsweek, Der Spiegel (RFA) o el Saturday Evening Post de la época:

  • Se utilizaron explosivos y se provocaron intencionadamente cortocircuitos que ocasionaron incendios, así como otros métodos para dañar centrales eléctricas, astilleros, canales, muelles, edificios públicos, estaciones de servicio, transporte público o puentes.
  • Hicieron que descarrilasen trenes de mercancías, hiriendo gravemente a los trabajadores que iban en ellos: por ejemplo, quemaron 12 vagones de un tren de carga y destruyeron las mangueras de presión de aire del resto.
  • Compuestos químicos fueron utilizados para dañar la maquinaria en fábricas que eran de vital importancia, incluso los saboteadores pusieron arena en la turbina de una de ellas, dejándola completamente inutilizada.
  • Prendieron fuego a una fábrica productora de azulejos, con lo que provocaron la ralentización del trabajo en la misma
  • Mataron a 7.000 vacas de una cooperativa láctea mediante envenenamiento.
  • Añadieron jabón a leche en polvo que iba destinada a las escuelas de Alemania del Este.
  • A un arrestado se le encontró una gran cantidad de cantaridina, un veneno que se planeó utilizar con el fin de producir cigarrillos envenenados para matar a líderes alemanes del Este, así como bombas fétidas para interrumpir reuniones políticas o el intento de perturbar el Festival Mundial de la Juventud en Berlín Oriental con ataques mediante explosivos contra los participantes.
  • En definitiva, crearon incluso directrices a través falsos documentos gubernamentales de la RDA para fomentar la desorganización, división e ineficiencia en la industria y en los sindicatos.

Todas estas actividades terroristas fueron llevadas a cabo por el llamado Servicio Técnico de la Federación Alemana de la Juventud, una especie de avanzadilla de la Red terrorista Gladio de CIA-OTAN (su supuesto cometido era actuar, igual que la falsa coartada de Gladio, en caso de una “invasión de la URSS” a Europa Occidental). El ST estaba compuesto por al menos 2000 mercenarios que no eran precisamente jóvenes ya que su pasado estaba nada menos que en el no tan lejano nazismo. En concreto había ex oficiales de la Luftwaffe, la Wehmacht y las SS. Según Blum, quien cita al ministro para el Estado alemán federal de Hesse de la época (Georg August Zinn, 1952), los miembros del Servicio Técnico recibieron, durante más de un año, y en pequeños grupos, entrenamiento en una base militar de Estados Unidos en Alemania, adiestrándolos en el manejo de armas y explosivos, así como en “instrucción política”

Además de todo lo anterior, relatado por Blum, se desencadenó un hecho muy publicitado por el anticomunismo occidental: lo que se dio en llamar el “levantamiento” de 1953, una serie de movilizaciones de ciudadanos de la RDA que fueron coordinadas desde dentro por la iglesia protestante (quién también participó activamente en la disolución de la RDA, en 1989) y elementos pro-occidentales; y desde el exterior por la ya mencionada CIA, el BND y la conocida emisora RIAS, de Berlín Occidental, que hacía de incansable vocero radiofónico fascista, instigando y promoviendo la rebelión interna en la RDA (algo que jamás hizo la RDA, en contra de la RFA, quien adoptó siempre una actitud defensiva).

También en las manifestaciones de 1953, es cierto, tuvo que existir descontento entre una parte de los trabajadores de Alemania del Este por la débil situación económica que estaba atravesando el país, eso nadie lo duda, pero sus propuestas reformistas fueron canalizadas por la contrarrevolución anticomunista (interna y externa) y, de este modo, se convirtieron en una herramienta para la liquidación del Estado de obreros y campesinos. La supuesta espiral represiva que, según dicen los propagandistas de Washington, cometieron las autoridades germano orientales y las tropas soviéticas para aplastar las revueltas NO fue tal (no hubo víctimas mortales, sólo detenciones y encarcelados), sino que fue el resultado de la propaganda de guerra instrumentalizada por Washington y Bonn. Como señala JA González la historia ha demostrado que el denominador común de los grupos que nacieron dentro de los sistemas orientales durante la guerra fría para derribarlos eran prooccidentales y estaban financiados y promovidos por el imperialismo, fuesen conscientes o no las bases de estos grupos. Eso sí, las cúpulas dirigentes (como los casos del polaco Lech Walesa o el checo Vaclav Havel) sabían lo que hacían. En Hungría, en 1956 (otro “levantamiento anticomunista”), ocurrió exactamente lo mismo que en la RDA, en 1953, con los mismos actores externos e idénticas motivaciones de la guerra fría.

Hermann Abendroth, aquel Bruckner de la vieja escuela

 

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HERMANN ABENDROTH

 

El alemán Hermann Abendroth (Frankfurt Am Main, 1883- Jena (RDA), 1956), fue un extraordinario director de orquesta, equiparable en muchos aspectos al mitificado Wilhelm Furtwangler e incluso diría que superior. Abendroth fue un integrante de la “vieja escuela” directorial cuyas características más notables se podrían resumir, además de en la economía gestual y en el movimiento de la batuta, en la fidelidad a lo “escrito” por el compositor, es decir, fue un objetivista por naturaleza. En definitiva un arquitecto de la tradición. Estas fueron las credenciales de Abendroth en todos los repertorios que abordó que fueron muchos y buenos (sólo hay que escuchar su Brahms o Beethoven, para comprobarlo). Versiones brucknerianas, las suyas, de ritmo pausado pero sin llegar a la languidez cercana al sopor en que incurría el venerado rumano Sergiu Celibidache, por citar al más sobrevalorado de los santurrones brucknerianos.

Un director, Abendroth, que dirigió en el Este con bastante asiduidad, sobre todo en la URSS. Pero en el Oeste, en concreto en la Alemania neonazi occidental, Abendroth estuvo vetado para dirigir ya que no le perdonó su “excesivo” apego al comunismo (le gustaba dirigir en el país de los soviets, qué le vamos a hacer) y, claro está, no tuvo la misma fortuna discográfica que otros grandes de la batuta como el citado Furtwaengler, Hans Knapperbutsch, Karl Böhm, Herbert Von Karajan o Clemens Krauss…directores nazis que utilizaron su filiación al Partido Nacionalsocialista para algo más que usarlo como trampolín de sus respectivas carreras musicales. Nada más terminar la Segunda guerra mundial esos directores fueron rehabilitados prontamente por las autoridades políticas del Oeste, haciendo borrón y cuenta nueva sobre su pasado, por lo que tuvieron su gran oportunidad de ser lanzados al estrellato musical y de los estudios de grabación. Los discos de Abendroth, mucho más marginales y menos numerosos, se registraron en el sello Eterna, de la RDA. Es lo que tenía la guerra fría cultural promovida por el IV Reich imperial, con sede en Washington.

 

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HERMANN ABENDROTH, EN LOS AÑOS 30, CON LA ORQUESTA DE CÁMARA DE COLONIA

 

La Quinta Sinfonía de Bruckner, en Si bemol mayor, es tal vez la más difícil  de “escuchar” del austríaco. Monumento (al aburrimiento dirán algunos) compositivo que puede hacerse eterno, ‘ladrillaco’ y repetitivo para el melómano no especialmente adicto a la música del fervoroso y beato Bruckner, mientras que para otros, simplemente, la Quinta es una “genialidad bruckneriana del contrapunto”, como una de las virtudes que lleva aparejadas esta sinfonía catedralicia por excelencia de Anton Bruckner. Con esta densísima sinfonía (y su inspirada Novena) Abendroth logra una visión casi ascética, pero sin gangas místicas adicionales. Una lectura ejemplar, sobria, acorde con el espíritu de la sinfonía, nada retórica, algo que se puede advertir ya en el Primer movimiento, el extenso Adagio-Allegro, de exposición firme y austera, aunque al mismo tiempo Abendroth juega con un acertado equilibrio (natural) de las proporciones y las dinámicas. Un discurso de “fe bruckneriana” impulsado por una apabullante lógica constructiva, fenomenalmente resuelto en la categórica coda final. El movimiento Segundo, Adagio, objetivo y profundo, es de los mejores resueltos en la discografía de Anton Bruckner, de una belleza inobjetable. Una fusión entre lo diáfano y lo lírico. Del Scherzo Abendroth resalta su sentido de la amplitud y la ya mencionada claridad contrapuntística. El cuarto movimiento es una especie de repetición-recapitulación del primer y segundo movimientos, utilizando idénticos motivos musicales –inicio en pizzicato de las cuerdas- sobre una variación de los mismos, alcanza la máxima expresión del contrapunto. La aproximación del director alemán brilla por su capacidad intuitiva, concentrada y llevada con un pulso excelente. Tal vez se eche en falta algo un poco de tímbrica más depurada, achacable a una orquesta que no es el colmo del refinamiento precisamente y tampoco el sonido “mono” ayuda, claro.

 

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Y es que si de sonido y ejecución orquestal hay que hablar…puede que aquí esté la pega de mayor consideración a la hora de escuchar este registro con todos los pronunciamientos “favorables”, cuestiones ambas que a muchos les puede resultar cuanto menos “incómodo”. El sonido, ya se ha dicho, es monoaural (grabación del 27 de mayo de 1949, en Leipzig, RDA), aunque para el reprocesado se haya hecho todo lo posible para que estuviese libre de todas las saturaciones y contaminaciones sonoras propias de la época. Pero vamos a ser claros: se oye “feo” para unos oídos acostumbrados al “stereo” y mil gangas sonoras de hoy en día día. La orquesta (la Sinfónica de la Radio de Leipzig, ya desaparecida y reconvertida por la Alemania reunificada, en su revanchismo por borrar el pasado cultural de la RDA, en una cosa llamada MDR) no era una “prima donna” (ni siquiera segunda) de las formaciones orquestales del Este (en Leipzig la Gewandhaus siempre fue la primera orquesta de la ciudad), aunque Abendroth supo sacar un partido inmejorable a la misma. No obstante, hay momentos en que sus ejecutantes se nota que actúan al límite…algo apurados (metales, sobre todo, donde la exigencia bruckneriana es muy alta) con los consiguientes desajustes (leves) en algunas notas. Pero simplemente hay que ponerse a escuchar música, con mayúsculas, sin mayores formalismos…Sin desmerecer a la orquesta de Abendroth, años más tarde, con Herbert Kegel y el mismo repertorio (Bruckner), esta orquesta alcanzó mejores cotas, ya con sonido stereo, donde la ejecución de sus instrumentistas era mucho más depurada, precisa y transparente. Pero, repito, el sonido mono tampoco es de mucha ayuda. Con todo, música y director de los de “antes”.

 

Y aquí los fragmentos de la Quinta sinfonía de Anton Bruckner, por Hermann Abendroth, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig:

1er. movt. Adagio-Allegro, de un total de 22’07”

 

2º movt. Adagio, de un total de 17’14”

 

3er. movt. Scherzo-Molto vivace, de un total de 13’29” 

El último 1º de Mayo multitudinario en Alemania del Este. ¿Por qué se hundió la RDA seis meses después? (1)

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Recordando la pantomima sindical española de hace unos días (el festivo 1º de Mayo) me vienen a la  memoria algunas cosas. Por ejemplo, que los Primero de Mayo en la RDA nada tenían que ver con las celebraciones paripé de países capitalistas como España, donde unos sindicatos amaestrados (a golpe de talonario público) por un poder subordinado a los mercados han venido escenificando una farsa reivindicativa (al gusto de empresarios y banqueros) desde que EEUU autorizó la democraCIA española. La corrupción sindical ha venido aparejada a la política y en eso de pactar contrarreformas laborales y acuerdos sobre empleo-basura los dos principales sindicatos del país (UGT-CCOO) han ido dejando varias puñaladas traperas por el camino. De la “transacción” franquista a la democracia del IBEX35 tan sólo hay un trecho.

Sólo hay que ver qué clase de infectos dirigentes han medrado en esas oligarquías sindicales y cómo han culminado su carrera sindical yendo de abrazafarolas del neoconservadurismo, en particular, los que estuvieron al mando del sindicato ex comunista CCOO. Ahí tenemos a José María Fidalgo, mamporrero de honor de la fundación facha-FAES del PP e íntimo amigo de Aznar y otro ex jerifalte de CCOO, Antonio Gutiérrez, engrosando las filas del PsoeGAL. Los dos máximos representantes de los trabajadores estaban volcados totalmente con el “libre” monetarismo capitalista de los mercados de valores, mientras se exprimía como limones, o se dejaba en la calle, a miles de “curritos” a diario. ¿Alguien acierta a explicarse cómo el afán desmovilizador y entreguista de estos dos deleznables parásitos sindicales fue especialmente intenso cuando gobernó el PPSOE, o lo que es lo mismo, el Zapaznarato? Del otro sindicato, UGT (más conocido como Unión General de Timadores) sus prácticas corruptas han tenido bastante más éxito que sus teatrales “huelgas generales”.

Bien, volvamos al pasado. El 1 de mayo de 1989 se celebraron en varias ciudades de la RDA (República Democrática de Alemania) marchas masivas, reivindicativas, especialmente coloristas, todas ellas con un marcado carácter festivo. Sólo en Berlín Oriental hubo más de medio millón de personas (la televisión oficial germano oriental cifró la asistencia en más de 700.000) desfilando por la Karl Marx Allee (que creo todavía se llama así) perpendicular a la histórica avenida Unter der Linden). En otras ciudades de la RDA el Primero de Mayo fue igualmente masivo: en Cottbus asistieron 80.000 personas, en Dresde casi 300.000, en Erfurt 160.000, en Karl Marx Stadt (hoy llamada Chemnitz) cerca de 200.000, en Leipzig 300.000, en Magdeburgo 170.000, en Neuebrandenburg 50.000, en Potsdam, en Rostock 100.000 y en Halle 200.000, etc.

Destacaría de todas ellas una leyenda, en una pancarta de la manifestación de Berlín, que nada hacía presagiar lo que sucedió tan sólo unos pocos meses después. Rezaba así  Kampf gegen den neonazismus in der BRD Verpflichtung aller demokratischen kräfte (es decir, La lucha contra el neonazismo en Alemania Federal es una obligación de todas las fuerzas democráticas). Sin duda, esa leyenda no fue premonitoria pero sí sintetizaba de la mejor manera posible qué clase de vecino tenían los germano orientales. Ese neonazismo fue, final y lamentablemente, el que volteó (ayudado por la disidencia interior), seis meses después y de forma abrupta, al Estado de obreros y campesinos nacido de la II Guerra Mundial, refundiendo las dos Alemanias en una sola a las órdenes de EEUU y la OTAN. La división de Alemania parecía estar firmemente consolidada cuarenta años después. A pesar de que en el pasado los pronunciamientos en favor de la reunificación, como estricto país neutral, hechos desde la URSS por Stalin y dirigentes de la RDA como Walter Ulbricht, fueron desoídos tanto por Alemania Federal como por su tutor político, EEUU, dos países a los que sólo interesaba hacerse con el botín de la RDA a cualquier precio mediante una campaña de acoso y derribo sin precedentes en Europa.

Al margen de las cifras de asistentes al 1 de mayo de 1989 en la RDA, que en estos casos suele ser un elemento muy subjetivo y objeto de engorde o desinfle, según el prisma político de cada cual, o de que las mismas estuvieran “dirigidas” por el SED (Partido Socialista Unificado), lo cierto es que la asistencia de los ciudadanos de la RDA a las convocatorias del Día del Trabajo fue abrumadora y, ciertamente, muy entusiasta (el que quiera que se de una vuelta por el video de más abajo). Manifestaciones bastante superiores, en número, por cierto, a las opositoras que le siguieron en octubre y noviembre de ese mismo año y que desencadenaron el fin de la RDA. Marchas antisocialistas que, básicamente, estuvieron orquestadas desde “fuera” del país aunque en ellas también había miembros de base del SED o la FDJ, quienes sólo demandaban, de partida, mayor transparencia democrática en las autoridades gobernantes y forzar la salida de los actuales dirigentes.

Es de suponer que nunca pretendieron, esas bases socialistas del SED, la disolución de la RDA y menos acabar con el sistema socialista sino reformarlo, aunque luego se entregaron totalmente a la liquidación de la RDA, al calor de los golpes involucionistas que provinieron de dentro de la jerarquía del SED (Gregor Gysi, Lothar Bisky o Hans Modrow, entre otros jerifaltes) y la URSS del vendido Gorbachov. Qué diferencia ¿verdad? Los dirigentes germano orientales, aunque traidores a sus ideales, entregaron el poder a los capitalistas de forma pacífica, mientras que en América Latina las asonadas golpistas que patrocinaron EEUU y sus socios de Europa Occidental contra la izquierda se hicieron con miles de opositores exterminados.

Esos grupos “disidentes” u “opositores” de la RDA se reunieron (ya se ha explicado en otras entradas) en torno al ya conocido y “neutro” nombre de Nuevo Foro, un conglomerado donde cabía de todo, desde neofascistas a ultraliberales pasando por socialdemócratas reformistas del SED partidarios, o no, de la anexión a la RFA y los inevitables troskistas, como fuerza de choque anticomunista, todos comandados, desde dentro de la RDA, por la reaccionaria iglesia protestante, encabezada por el cura anticomunista Joachim Gauck (el que es, hoy, presidente de Alemania) y desde fuera de la RDA monitoreados coordinadamente por la CIA y el gobierno de Alemania Federal. Si la oposición al entonces presidente de la RDA, Erich Honecker, hubiera sido tan fuerte y masiva como nos contó la propaganda de Occidente, el 1 mayo de 1989, el Día del Trabajo, la presencia de ciudadanos de la RDA no sólo hubiera sido minoritaria, o menos concurrida de lo que fue, sino que se hubieran producido, de una u otra manera, movilizaciones o protestas en diverso grado de intensidad.

Entonces..¿qué análisis cabe deducir de todo lo que ocurrió en el breve lapso de seis meses? ¿Qué interpretación histórica cabe hacer de un país, la RDA, que se atomizó en cuestión de semanas o días de forma y manera casi repentina? La simpleza propagandista del Oeste ha recurrido a los tópicos anticomunistas de la guerra fría para describir el vertiginoso proceso de implosión de la RDA. Se diría que muchos de los miles de asistentes a las masivas manifestaciones del 1 de mayo de aquel año transmutaron meses después en enfervorecidos unionistas en pro del capitalismo de la RFA ¿O es que fueron obligados a asistir poco menos que a punta de pistola por la Stasi (el servicio secreto de la RDA) o por los cuadros del SED y la FDJ (la Juventud Libre Alemana)?. Los argumentos de los palanganeros del Pentágono podrían ir en este último sentido, pero la realidad es más compleja de cómo nos la han pintado durante estas dos últimas décadas esos “agit-prop”, quienes, por otra parte, suelen esconder, bajo el tapiz democrático, los asesinatos de la CIA en Siria, el golpe de Estado de Maidan o bien hacen mutis por el foro ante las falsas banderas de la OTAN, la CIA y el Mossad.

El relato de la caída del Muro y la anexión de la RDA a la RFA no se explican por una o varias “espontáneas” manifestaciones antigubernamentales, ni por los estereotipos anticomunistas de determinados historiadores o plumíferos a sueldo de Falsimedia,  si no se incardinan en su contexto histórico los factores externos involucionistas que no fueron ajenos a aquellos acontecimientos, antes, durante y poco después de la mediática caída de la barrera antifascista alemana.