Herbert Kegel y Bruckner. Un maestro de la RDA injustamente olvidado (y 2)

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El semiciclo de las sinfonías de Bruckner por Herbert Kegel comienza con una enérgica Tercera (edición Nowak, grabada el 6 de junio de 1978), donde el alemán oriental le otorga la adecuada tensión al siempre difícil primer movimiento, no acelerando más de la cuenta en los compases iniciales y finales y donde los metales adquieren una fuerza demoledora. En el Adagio mantiene a flote el tono delicadamente lírico del mismo, mientras que en el Scherzo sabe darle ese aire entre rústico y campestre de viejo “Ländler” (danza popular alemana del siglo XVIII). En el Finale Kegel apura al límite la orquesta, desbocándose un tanto, sobre todo en la coda final, pero el resultado es más que digno. Kurt Sanderling con la otra orquesta de Leipzig, la Gewandhaus, ofrece una Tercera más equilibrada y unitaria, en su grabación de 1963.

La Cuarta Sinfonía (de las dos que grabó, esta es la efectuada en “estéreo” el 21/09/1971) es uno de los puntos fuertes de Kegel. Una versión contrastada y plena de matices. Una “Romántica” ideal por su concepción sonora y estilística. Ya desde el comienzo se advierten unos bien graduados trémolos de un Allegro fraseado como “dios” manda para llegar a un Andante casi “religioso”, en el primer grupo temático de la introducción, e ir “caminando” de forma diáfana hacia un Scherzo “der Jagd” (de caza) que cumple con el debido aliento cinegético. El monumental Finale lo resuelve Kegel con gran mesura, controlando el crescendo final de forma soberbia.

En la Quinta sinfonía (grabada el 6/07/1977), una de las más difíciles de “entender” de Bruckner, ya que puede dar la sensación (en un primer, segundo y tercer acercamiento) de estar escuchando siempre lo mismo: un ejercicio de academicismo contrapuntístico o un monumento a la farragosidad temática. Pero frente a esta aparente monotonía, la partitura esconde un mundo sonoro más complejo de lo habitual en Bruckner. Frente a otras versiones (la cargante monumentalidad de Celibidache) donde prima cierta densidad extática, Kegel opta por trazar una sinfonía más “humanista” que contemplativa. Realizada con tiralíneas y sin demasiadas gangas místicas, Kegel remata la faena con un brillante Finale, el mejor ejecutado de los cuatro movimientos. Hermann Abendroth con la misma orquesta (aunque con peor sonido, mono) logra cotas aún más memorables (sobre todo en los tres primeros movimientos).

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Siempre me costó adaptarme a la Sexta sinfonía de Bruckner (grabación de 12/12/1972). En un primer (y segundo) momento era una sinfonía con la que no me sentía a gusto, me parecía algo así como un ejercicio de ruidosa “marrullería” bruckneriana donde el compositor se enfrascaba en un discurso musical pretencioso desplegando una concatenación alboratada de pentagramas con pasajes siempre efectistas, saturados de fortísimos fff (en particular, en los movimientos extremos). De caerme nada bien, escuchando esta Sexta en manos de Herbert Kegel me ha convencido soberanamente, gracias a una  versión tan resolutiva como admirable. Una interpretación construida de forma fluida, natural, sin artificio, de una robustez sonora apabullante (de las mejor ejecutadas por la orquesta de Leipzig), con un Scherzo realmente fenomenal (escuchar el fragmento de más abajo). Recomendable hasta para mí, alérgico como he sido a esta Sinfonía durante mucho tiempo.

En la Séptima (grabada los días 17 y 28 de mayo de 1971), tantas veces registrada en disco y con referencias como setas en el mercado, nos encontramos con una sinfonía básica en toda la historiografía musical de esta épica sinfonía “wagneriana”. No es ni la mitad de conocida que las llamadas “grandes” de los popes antes señalados, pero se sitúa al lado de ellas sin ningún problema. El comienzo de la sinfonía (Allegro Moderato) es majestuoso, expansivo, diáfano, de imponente construcción arquitectónica, al que le sigue un Adagio pausado, de fraseo fluido, sabiamente articulado y con una cuerda que realza la belleza del movimiento. No hay platillos ni triángulo en el climax final del Adagio, algo que suele ser habitual (y discutible) en la mayoría de versiones de esta sinfonía. El Scherzo cumple todos los requerimientos de cantabilidad, incluido el siempre casi idílico Trío, mientras que el Finale es soberbio hasta el instante final de la coda (donde a veces da la sensación de terminar embarullado por algunos directores). Una clásica Séptima que merece estar en lo más alto.

La Octava, (grabada el 11/3/1975) quizás la sinfonía de las sinfonías, es otra de las más registradas del repertorio bruckneriano, también con mil referencias discográficas en el mercado, y hay que decir que Kegel está, de nuevo, a la altura de los mejores. Ni es un canto a la trascendencia ni tampoco nos encontramos con una Octava anti-mística. El discurso es coherente en cada uno de los movimientos: contenido dramatismo en el Allegro Moderato inicial y medido control rítmico en el Scherzo, si bien le falta algo más de profundidad expresiva y detenimiento contemplativo en el Adagio que, en cualquier caso, es magnífico, mientras que el Finale es resuelto de forma ejemplar, ajustando las dinámicas con precisión, detallando los perfiles y otorgando el debido protagonismo a unos metales abrasivos, apabullantes, casi perfectos en la coda final.

La urgencia de Kegel por despachar la Novena (16/12/1975, duración: 54’) puede que no satisfaga los paladares brucknerianos más acostumbrados (en los últimos años sobre todo) a escuchar casi setenta minutos de redentorismo místico, grandes densidades sonoras o dramatismo más o menos contenido en esa “despedida a la vida” (el Abschied von Leben que señalaba Bruckner para su último movimiento) para las versiones más señeras de este remate sinfónico conclusivo de Bruckner. Un poco Kegel anda siguiendo la estela metronómica de Hermann Abendroth y la misma orquesta en su registro de 1951. En cualquier caso,  a mí no me parece una mala opción que esta Novena esté exenta de esos arrebatos místicos, tónica dominante en casi todas las interpretaciones que se han hecho de esta sinfonía. Kegel no carga las tintas y eso es de agradecer, aunque la propuesta sea ofrecer una liviana versión, con un Feierlich (Solemne) inicial sin altibajos, todo hay que decirlo y un Scherzo realizado a la carrerilla, sin respiración, finalizando con un Adagio que, en mi opinión, es el movimiento mejor plasmado por Kegel, de tempi menos agitados que los precedentes, más solemne, por así decir, que el Feierlich inicial. Una buena versión, diferente a las comúnmente interpretadas hoy en día.

FRAGMENTOS DE LAS SINFONÍAS 6,7 Y 8 DE BRUCKNER POR HERBERT KEGEL Y LA ORQUESTA SINFÓNICA DE LA RADIO DE LEIPZIG

Sinfonía nº 6 en la mayor (3. movt. Scherzo)

Sinfonía nº 7 en mi mayor (2. movt. Adagio)

Sinfonía nº 8 en do menor (4. movt. Finale)

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