El cártel de HollyCIAwood (1): patrioterismo, propaganda de guerra y fascismo

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Hollywood ya no es lo que era, aunque tal vez nunca lo fue, puesto que la llamada edad “dorada” del celuloide en Yankilandia estuvo (y mucho) tan contaminada de propaganda imperialista como el reciente cine del Tío Sam. Acabo de ver un documental que me lo recuerda. Habla sobre la penetración de la CIA en Hollywood, algo  que ya venía, por otra parte, de antiguo aunque entonces era menos conocido y perceptible que ahora. Habría que remontarse, para hacer una analogía razonable, hasta el Código Hays de los años treinta o el Comité de Actividades Antiamericanas (en inglés, HUAC) y sus chivatos a sueldo, en los años cuarenta. Entonces, era el más mediático FBI, el del fascista Edgar Hoover -el director de los federales-, quien se encargó de propagar la “guerra sucia” en contra del Hollywood “rojo” con tal de encontrar, como fuese, “comunistas” en todas las aristas de los estudios “hollywoodienses”. Los informes de la Oficina Federal, plagados de citas de delatores, incriminaron (entre otros), a actores bien conocidos y respetados como Frederic March, Paul Muni, John Garfield o Edward G. Robinson.

La sección anticomunista del FBI se encargó de que actores, escritores, guionistas, magnates y directores ejercieran la delación por “principios” y, también, para conservar su reputación y, lógicamente, su trabajo. Según Ryan Wadle, que cita un libro de John Sbardellati (J. Edgar Hoover Goes to the Movies: The FBI and the Origins of Hollywood’s Cold War –J. Edgar Hoover va a por el cine: El FBI y los orígenes de la Guerra Fría en Hollywood):  Dos factores ayudaron a la campaña de Hoover (el entonces jefe del FBI) para erradicar la subversión en Hollywood. En primer lugar, Hoover había seleccionado personalmente a los nuevos agentes del FBI y siguió supervisando la contratación de los mismos a largo de su carrera, lo que significaba que el FBI y sus integrantes debían reflejar la cosmovisión patriotera y paranoica de Hoover. En segundo lugar, Hoover comenzó a investigar a sospechosos de “subversión comunista” en Hollywood sin notificarlo a sus superiores en el Departamento de Justicia. La combinación de estos dos factores permitieron a Hoover llevar a cabo una vigilancia sin precedentes  en la industria estadounidense del entretenimiento.

El cine social, y no la delirante y fantasmágorica “sovietización de EEUU a través de Hollywood”, que tanto pregonaba la ultraderecha norteamericana, empezaba a resultar “peligroso” para el sistema de “valores” estadounidense. Resultaba demasiado antiamericano y subversivo el retratar la “problemática social estadounidense”. La penetración comunista en Hollywood no fue tal, sino que la verdadera invasión en territorio americano fue la presencia de miles de criminales de guerra nazis que, terminada la II Guerra mundial, entraron a formar parte de la CIA y el complejo militar-industrial.

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El gran actor John Garfield, asesinado por el Comité de Actividades Antiamericanas, eso sí, “a su manera”.

Precisamente, el gran mérito del cine clásico, o una determinada época del mismo (años 30-40), es que jugó de forma certera con elementos que dejaban muy al desnudo las miserias de la sociedad norteamericana, la corrupción de sus instituciones, el salvajismo de su sistema carcelario y las mil y un caracterizaciones de personajes maleantes, malencarados, perdedores y “femmes fatales” en el brillante, oscuro y siempre vivificante cine “noir”, primero muy abiertamente (años treinta) y luego más sostenidamente (años venideros). Pero lo cierto es que por cada película con sabor a derrota del “american way of life” aparecían como setas glorificaciones imperiales a cargo de John Ford y otros tipos que cantaban las “gestas” del “buen americano medio”, aunque fuese a costa de triturar indígenas en serie y elevar a la categoría de héroes a forajidos (Murieron con las botas puestas), o bien vendernos cuentos de navidad con aroma a gazmoñería ultraconservadora (Qué bello es Vivir). Las comedias (sobre todo, las musicales) también sirvieron a este fin. Había que proyectar, en lo posible, un modelo de sociedad basada en el capitalismo y en unas instituciones “intachables” donde la ley y el orden, la familia y la propiedad privada estuvieran por encima de cualquier otra contingencia, además de incluir tics ideológicos tan habituales como “este es un país libre”. Criticar a los ricos o retratar la miseria social eran cosas del bolchevismo que no se podían tolerar.

La Segunda Guerra mundial fue uno de los detonantes del cine propagandístico americano. Hitler era la amenaza y luego llegó Japón con Pearl Harbor. Pero la exacerbación panfletaria vino, precisamente, tras el fin de la guerra contra el nazismo. Empezaba la cacería contra el “comunista” (real o inventado) en Hollywood y fueron cayendo víctimas (unas cruentas, como John Garfield, quien afirmó -debido probablemente a las presiones- que él jamás fue comunista -su mujer, Roberta Seidman, si lo era- pero no delató a los que sí conocía que formaban parte del “ala comunista” de Hollywood, por lo que fue perseguido hasta la muerte) otras llevadas al ostracismo (Hanns Eisler, al igual que Bertolt Brecht, ambos exiliados en la RDA, Charlie Chaplin, refugiado en Europa, Herbert Biberman etc). Entre medias un grupo de “notables” del cine (Humphrey Bogart, su mujer Lauren Bacall, Henry Fonda, Paul Henreid, Edward G. Robinson, Gene Kelly, Myrna Loy, William Wyler, etc) intentaron dar la cara por los “acusados”, oficialmente, Diez de Hollywood, pero, finalmente, salieron echando pestes de ellos ante lo que podría caerles encima, hoz y martillo incluidos, no sea que se quedaran fuera del circuito y fueran privados de sus piscinas –Orson Welles, dixit-.

El cine de izquierdas fue abortado por el FBI y el Comité macarthista y más de 300 autores (cineastas, músicos, escritores o actores) fueron vetados, por la extrema derecha anticomunista, para trabajar en la industria del cine. Al mencionado John Garfield le acosaron sin tregua, después de haber descartado al cómico Danny Kaye y a Edward G. Robinson, otros sospechosos de simpatizar con Pepe Stalin. Lo del “descarte” lo contó la propia hija de Garfield, quien manifestó que un representante del HUAC pidió la cabeza de uno de los tres actores mencionados a los jefes de los estudios de Hollywood, para “aislarle” convenientemente. Lo consiguieron llevando, de forma indirecta, “al otro barrio”, al gran John Garfield.

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Humphrey Bogart y Lauren Bacall, con Danny Kaye al fondo, protestando ante las sesiones del HUAC contra los Diez de Hollywood

Este “toque de atención” al “rojerío” americano certificó la defunción del cine independiente y de contenido “social” en EEUU, que volvería tímidamente a asomar a mediados o finales de los años sesenta pero siempre haciéndolo de forma marginal en comparación con los proyectos cinematográficos que ya estaban siendo financiados y asesorados por la CIA y el Pentágono, los que real y mayoritariamente llegaban al espectador del Tío Sam. Las comedias musicales o las obras de contenido “bíblico” también eran otra forma de propaganda (de calidad en algunos casos, Sinué el Egipcio, Ben-Hur) y proliferaron junto a varias patochadas anticomunistas en los años cincuenta, para extenderse hasta el final mismo de la guerra fría. Entre un pacifismo bien visto (Senderos de Gloria), arriesgados alegatos antirracistas (No Way Out, 1950, Joseph Mankiewicz) o parodias de humor (Teléfono Rojo, volamos a Moscú) bien toleradas, se encontraban alegorías belicistas como Boinas Verdes (John Wayne) en los años sesenta e incluso la entronizada Apocalypse Now (del megalómano Coppola) en los setenta o buenrollistas (engañosas) como el Platoon de Oliver Stone en los ochenta. Todas no dejaban de mostrar al espectador que EEUU mandaba y ordenaba, militarmente, en el mundo, aunque las dos últimas no incurrieran en el estrépito  grotesco de engendros fascistas como Amanecer Rojo (John Milius), El Sargento de Hierro (Clint Eastwood), Desaparecido en Combate (Chuck Norris), Delta Force (Lee Marvin) o la infecta saga Rambo.

No debemos olvidarnos, tampoco, de subproductos de variado pelaje de los años setenta y ochenta donde ya se empezaba a demonizar a los árabes masivamente y a vanagloriar a Israel, retratando a los musulmanes como despiadados villanos en producciones que versaban sobre secuestros y ataques terroristas de falsa bandera. Películas como Domingo Sangriento, Entebbe o los pestiños judío-sionistas de turno, algunos de ellos patrocinados por un dúo muy prolífico en aquellos años (Menahem Golan-Yoram Globus) son algunos de esos ejemplos, mientras que las películas sobre catástrofes (el serial “setentero” de los aeropuertos, pirañas, tiburones y terremotos) tenían un efecto menos perceptible pero muy parecido a la casquería anticomunista de turno: se trataba de inocular el miedo al ciudadano norteamericano desde una vertiente ideológica camuflada de “entretenimiento”.

Y es que Hollywood, en toda su historia, no ha hecho otra cosa que, por una parte, plasmar en el cine (y luego en TV) las “buenas y necesarias” políticas estadounidenses en el exterior (demonizando hasta lo grotesco a sus enemigos) y, por la otra, promover su cosmovisión interior del “american way of life” para consumo propio pero también, cómo no, a través de sus mecanismos neocolonizadores, con la idea de expandirlo fuera del territorio norteamericano. Lo demás es creer en la inocencia infantil de una industria que, mayoritariamente, ha estado y está destinada a vender ideología y a respaldar el sistema que representa. Con estos presupuestos, la CIA, como afirma la escritora Tricia Jenkins, entró en Hollywood, entre otras cosas, para influenciar al público extranjero.

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  2. luciérnaga rebelde

    Lo mismo y más se puede decir hoy de la tele. Las películas tenías que ir a verlas en el cine, era un acto voluntarioso y podías escoger ver esta peli u otra. Hoy la tele es omnipresente luego aún más dañino. Se mete hasta en tu vida privadísima: tienes que escoger tal producto para lavar tu ropa…
    Saludos

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    • uraniaenberlin

      De la tele también hay para dar y tomar…pero no he querido meterme a fondo porque es inabarcable. Si ya de por sí es una máquina idiotizante..las teleseries policiales son puro exhibicionismo postmoderno. Chorraditas de diseño como Bones o CSI…Si nos vamos a la publicidad el grado de perversión es aún mayor…

      Un saludo!

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  3. elcriticoabulico

    Siempre hay que recordar a esos buenos amigos que se echaba John Rambo en la tercera peli de la saga: unos entrañables musulmanes barbudos que rezaban con fervor a Alá, vivían escondidos en las cuevas del Afganistán profundo y mostraban un orgulloso ardor bélico en contra del invasor imperialista (soviético).

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    • uraniaenberlin

      Es un excelente recordatorio. Pero el barbas ya no les fue de utilidad a los verdaderos Rambos del Pentágono y la CIA cuando desfondaron a la URSS y ésta colapsó. Una vez que los talibanes habían realizado el trabajo sucio para EEUU….se deshicieron de ellos. Y qué mejor que demonizarles para crear nuevos enemigos con la “excusa” del terrorismo islámico…Les salió redonda la jugada…El 11-s y tal…Bin Laden en Rawalpindi (Pakistán) ingresado en un hospital militar el día de los aviones, mientras “otros” hacían el trabajo en las Torres Gemelas.

      Luego el sainete de los “seals” eliminando al saudí y tirándolo al mar..La peor película de guerra de la historia..con diferencia…Se les olvidó un pequeño detalle en el film de Obama: el Laden cascó en diciembre de 2001.

      A ver si un día de estos me doy un garbeo por tu blog…que seguro que siempre hay cosas interesantes…

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  4. plared

    Todos los gobiernos digamos que fuertes han utilizado el cine para expandir sus ideas. Lo hicieron los comunistas soviéticos, los nazis alemanes y también todas las democracias, dictaduras o cualquier otra forma de gobierno que le haya interesado y estuviera dispuesta a invertir en ello.

    En fin, que el cine siempre ha sido utilizado como vehículo de propaganda. Unas veces de manera descarada como suele ser en las dictaduras, otras encubierta como suele ser en democracia. Nada nuevo bajo el sol. Aunque también es verdad que durante el periodo llamado caza de brujas, la cosa adquirió tintes de esperpento. Cuidate .

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    • uraniaenberlin

      Pues yo, sinceramente, la línea de división no la veo tan clara…si establecemos una comparación entre, por ejemplo, las llamadas dictaduras del proletariado y el descarado cine de propaganda que ha realizado EEUU, ya sea de forma directa o sutil…En la URSS y países socialistas se hablaba de las “grandezas” del socialismo (no siempre), mientras que en EEUU se glorificaba (y se sigue haciendo) con frecuencia al capitalismo y, lo que es peor, al imperialismo, a las invasiones, a la deformación del “enemigo”, en un ejercicio de maniqueismo que pocos quieren soslayar apelando a cuestiones de puro orden cinematográfico…En definitiva, retratando a los villanos (a sus villanos) como “héroes” y a los oprimidos como “salvajes”…Eso es propio del nazismo y EEUU lo ha estado haciendo en los últimos años con sus engendros fílmicos sobre Irak (a los que haré referencia en entradas posteriores). Quizás la puerta intermedia sea la Europa del neorrealismo italiano (situado casi siempre a la izquierda, por tanto, criticando sin ambages el capitalismo), la nouvelle vague francesa…el existencialismo de Bergman..

      Lo de la caza de brujas fue esperpento…pero muy medido y calculado. La guerra fría cultural no fue otra cosa que estrategia de demonización y persecución de las fuerzas de izquierda, tanto en EEUU como en Europa Occidental. Y Hollywood fue un objetivo más.

      Saludos y cuídate

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      • fpmadlax

        Bueno, lo de Hollywood, el capitalismo, imperialismo, neocon, liberalismo, y “libertad” de expresion o de opinion es el dia a dia de Hollywood, pero ahora son satanicos y deprabados 90%, por ej. en Veteranstoday.com, Jonas E. Alexis habla mucho de esa depravacion.
        En la Alemania de la RDA, tal cual lo has puesto en tus articulos, se les pintaban como si fuese Viafra o Somalia, y al final no era tan mala la cosa, tenian sus defectos, pero muchas virtudes… FKK por ejemplo.

        Otra cosa que no se si sabes es que los judios criminales de la costa Este, entre ellos Lansky, que por cierto, eran muchisimo mas sanguinarios que la Mafia Italiana, famosa en Hollywood; destinaron muchas de sus ganancias para fundar Hollywood… quizas un plan?
        pues es posible, las cosas en Geopolitica no ocurren por casualidad y si ocurren es que han sido previamente planeadas.
        Otra cosa que quizas no te hayas dado cuenta es el enfoque que le dan, todas o casi todas las peliculas acaban con final feliz, en todas los malos son los “no amigos”, y por ejemplo se enfocan mucho en la legalidad, en la abogacia, profesion satanica total, ademas como si tu no te pudieses defender sin abogado en un juicio: ocultan toda la verdad.

        le estas dando duro ultimamente al blog, ;).
        Pero me parece genial.

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