Periodismo en los medios hegemónicos: mercenarios a sueldo de las agencias de inteligencia

 

 

Nadie muere por mentir, pero sí por decir la verdad

(Anónimo)

 

Las principales agencias de inteligencia de Occidente (a los efectos prácticos, crimen organizado), encabezadas por la CIA, el Mossad israelí, el Servicio interior/exterior MI5/6 inglés, el BND alemán y las diversas filiales europeas amigas que están a sus órdenes (como el CNI español, el SISMI italiano, la inteligencia turca y otras) es sabido que son el eslabón principal de los gobiernos occidentales, o Estados profundos (como ahora se les denomina), a la hora de ejecutar todos los mecanismos de manipulación psicológica, ideológica, infiltración, sabotaje, terrorismo o crear fachadas políticas desestabilizadoras y de propaganda sobre la población para encauzar tanto las políticas internas de sus países como la política exterior en otras partes del Mundo. Todo ello no para justificar o fortalecer la democracia y la libertad de sus ciudadanos, a los que reservan unas migajas cada vez más exiguas, sino en aras de privilegiar a las élites militares y financieras del Nuevo Orden Mundial.

Las relaciones incestuosas de los grandes medios de comunicación de EEUU y Europa con sus servicios de espionaje viene de lejos. EEUU, en este sentido, fue el promotor que inició la “colaboración” o reclutamiento de los medios para orientar, propagandísticamente, a la opinión pública hacia los fines políticos de sus gobiernos. La CIA, por ejemplo, montó en 1953 la llamada Operación Sinsonte en la que compró a varios editorialistas de grandes medios de EEUU para publicar noticias falsas y orquestar amplias campañas de demonización contra China, a la que acusaba falsamente, a través de su líder Mao Tse Tung, de crear redes de narcotráfico cuando, en realidad, era la propia CIA la que estaba canalizando el tráfico de heroína desde el sudeste asiático hasta EEUU para financiar la Operación Gladio.

Aunque habría que decir que no sólo de profesionales de la manipulación periodística viven en las cloacas de inteligencia ya que sus tentáculos o relaciones abarcan, sin duda alguna, igualmente a políticos, jueces, banqueros, el mundo universitario y empresarios (aquí a través de la participación directa de las agencias de espionaje en la industria tecnológica civil y militar). Ya no hablemos de los conocidos vínculos de la inteligencia occidental con gente menos “respetable” como son la mafia y otras redes criminales del tráfico de drogas, armas y personas. Casos tan clamorosos en este país…tenemos los de la Audiencia Nacional española donde algunos de sus magistrados y fiscales tuvieron reuniones con funcionarios de la embajada de EEUU (legaciones donde casi todos sus empleados son espías de la CIA) para paralizar expedientes que implicaban crímenes cometidos por las fuerzas militares estadounidenses, como ocurrió en el caso del periodista español José Couso asesinado por los marines de EEUU en la “guerra” de Irak.

La historia de los nexos entre los servicios de inteligencia y los medios hegemónicos tiene en la CIA a su protagonista principal, no ya por la clásica infiltración de la Agencia en los “mainstream” de su país sino porque la penetración de la CIA ha llegado prácticamente a todos los rincones del planeta donde existen grandes medios corporativos, siendo particularmente Europa uno de los principales activos de la inteligencia norteamericana. ¿Se ha preguntado usted por qué los periodistas estadounidenses y de otros grandes medios europeos no han cuestionado jamás hechos decisivos ocurridos en los Estados Unidos como fueron el asesinato político de JFK, el 11-s (a pesar de sus tremendas grietas) o el papel que ha desempeñado la CIA en el tráfico internacional de drogas? ¿Por qué, a pesar de ser en su totalidad medios privados, se han convertido en meros transmisores de la propaganda oficial gubernamental donde la independencia informativa se paga muy cara?

Desde la década de 1950, cuando la CIA empezó a intervenir activamente en golpes de Estado en todo el Mundo para asesinar o deponer a dirigentes comunistas, izquierdistas o simplemente molestos para los intereses de EEUU, también la Agencia comenzó a interceder en la toma de decisiones editoriales de los medios. El derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, en 1954, supuso una de las primeras llamadas de “atención” de la CIA a los grandes medios de su país cuando el anticomunista Allen Dulles, entonces director de la Agencia, pidió al New York Times reasignar a uno de sus reporteros que estaba en Guatemala hacia Ciudad de México, no fuese que sus crónicas resultasen demasiado “pro-revolucionarias” en el país centroamericano.

En EEUU los dos semanarios estadounidenses más prominentes, Time y Newsweek, mantienen estrechos vínculos con la CIA desde hace muchos años. Según el periodista (bien reconocido) Carl Bernstein, que no es sospechoso de “comunista”. “Allen Dulles, cuando era director de la CIA, propuso a Henry Luce, fundador de las revistas Time y Life, que determinados miembros de la Agencia accedieran a puestos de trabajo y se les otorgaran credenciales en sus medios, aunque careciesen de experiencia periodística”. La lista de medios que Carl Bernstein citaba en su libro La CIA y los medios de comunicación incluía entre otros a las cadenas ABC y NBC, Associated Press, UPI, Reuters, Hearst Newspapers, Scripps-Howard, la revista Newsweek, y otros. ¿Se imaginan algo parecido en España denunciando la colaboración de medios españoles con el CNI y la CIA, algo que es bien perceptible en muchos de ellos? Así pues ¿quién se podía extrañar, cuando ocurrió el asesinato de JFK, de que el informe oficial de la Comisión Warren recibiera la aprobación general de todos los medios estadounidenses? El veredicto mediático fue unánime: Lee Harvey Oswald, solo y sin ayuda, había asesinado al presidente de los Estados Unidos.

Nadie, o casi nadie, en este planeta desconoce el término “teorías de la conspiración”, frase que se suele atribuir, normalmente, a cualquiera que contradiga e impugne con seriedad las versiones de los gobiernos occidentales y sus medios de deformación masiva, particularmente, cuando acontece un suceso de índole político (olvidarse, por favor, de ovnis, aliens, reptilianos, tierras huecas, fenómenos paranormales y similares). Pues bien, tal trapacería semántica fue introducida en el léxico occidental por la CIA cuando se empezó a cuestionar por el fiscal Jim Garrison, a finales de los años 60, el mencionado Informe Warren sobre el asesinato de JFK. Era una forma de destruir la reputación del oponente frente a la fábula del relato oficial.

A ello se dedicaron, desde entonces y aplicadamente, los principales medios de EEUU y de Europa. Teorías conspirativas fueron asignadas, entre otras, a las versiones alternativas que se dieron al 11-s, al incidente del Golfo de Tomkin, al atentado contra un avión de la PanAm en Lockerbie, al atentado contra un edificio federal en Oklahoma, al cometido contra las Torres Gemelas de Nueva York en 1993, a la “ejecución”-farsa de Bin Laden en Pakistán y a toda la cadena de atentados terroristas islamistas (de falsa bandera) ocurridos en Europa y EEUU desde principios de los años 90, además de las denuncias sobre los vínculos de EEUU, Israel y la OTAN con el terrorismo yihadista en Libia, Siria, Irak o el África subsahariana (Boko Haram)

La escandalosa trama terrorista Gladio, documentada por varios autores como el historiador suizo Daniele Ganser, donde agencias de espionaje occidentales, incluyendo la CIA, y la OTAN, coordinaron actos terroristas de falsa bandera contra objetivos civiles en toda Europa desde finales de 1960 hasta finales de la década de 1980, han sido borrados efectivamente de los principales medios de prensa convencionales, salvo algunas alusiones difusas en las que no se ha cuestionado ni profundizado en el pudridero criminal que orquestó Occidente. Igualmente ha sucedido con los libros que sobre esa materia han escrito otros autores como Paul L. Williams, Richard Cottrell o ex miembros del FBI como Sibel Edmonds y de la NSA, Wayne Madsen, silenciados y vetados en los mass-media de Occidente. Salvo una aparición episódica de un documental de la BBC en 2009 hablando sobre Gladio, ningún medio de comunicación occidental ha citado a menudo la trama terrorista de la CIA y la OTAN (y ya no digamos sus fachadas terroristas asociadas a ella: organizaciones de ultraderecha como Ordine Nuovo, Avanguardia Nazionale y las marionetas izquierdistas Brigadas Rojas, Fracción del Ejército Rojo, GRAPO, ETA, etc, que fueron creadas, manipuladas y dinamizadas por Gladio).

El New York Times, por ejemplo, echó balones fuera cuando el primer ministro italiano democristiano Giulio Andreotti, miembro de la logia masónica P2, la mafia y Gladio, cantó la “parrala” en 1990. El medio estadounidense dijo entonces que Gladio era una “cosa creada por italianos”, eludiendo toda responsabilidad de EEUU en su fundación. Pero William Colby, ex director de la CIA y artífice de la Operación de exterminio Fénix en Vietnam, muerto en extrañas circunstancias en un afluente del río Potomac, en el año 1996, dijo en sus memorias que “Gladio fueron paramilitares encubiertos creados tras la II Guerra Mundial y apoyados por gente de un reducido círculo de Washington y la OTAN”.  De hecho, el propio Colby, antes de ser nombrado director de la CIA, fue el jefe operativo de Gladio en Escandinavia. ¿Por qué en España no se llegó nunca a investigar a fondo Gladio y sus derivaciones terroristas como fueron la matanza de los abogados laboralistas de Atocha en 1977 por pistoleros de ultraderecha, los sucesos de Montejurra o el “extraño” secuestro y desaparición del dirigente de ETA-PM Eduardo Moreno Bergaretxe, “Pertur”? Muy sencillo, porque la CIA, los servicios de inteligencia italianos SISMI y el espionaje español CESID (hoy CNI) estaban detrás de todo ello.

El periodismo mercenario al servicio de la CIA ha hecho su trabajo sucio, mientras que valientes periodistas que se atrevieron a denunciar lo contrario fueron puestos fuera de la circulación como sucedió con los casos del norteamericano Gary Webb, reportero del periódico californiano San Jose Mercury News, el italiano Carmine (Mino) Pecorelli y el turco Ugur Muncu, todos asesinados muy probablemente a instancias o directamente por la CIA. Webb, es sabido, denunció el tráfico de drogas que la CIA estaba llevando a cabo desde Colombia en colaboración con los cárteles del país hasta Los Ángeles para distribuirlo en los barrios marginales de la ciudad californiana (algo que el ex detective anti-narcóticos del Departamento de Policía de Los Angeles, ya fallecido, Michael Ruppert, denunció en su día –su mujer trabajaba como contratista en la CIA-). Esta operación encubierta se hizo para financiar a la Contra nicaragüense. En 2004 Webb apareció muerto de dos disparos en la cabeza. La versión oficial habló de “suicidio”. Verdaderamente impresionante que alguien pueda morir “suicidado” de dos disparos en la cabeza. Ted Gunderson, ex agente del FBI dijo que Webb fue asesinado: “el periodista se resistió al primer disparo que le atravesó la mandíbula por lo que se hizo necesario efectuar un segundo disparo que ya entró directamente en la cabeza”.

El italiano Carmine Pecorelli descubrió que la trama Gladio, en particular la CIA, había estado detrás del asesinato del líder democristiano italiano Aldo Moro, quien iba a coaligarse con los comunistas. El secuestro y crimen de Moro fue atribuido oficialmente a las Brigadas Rojas, aunque en realidad Moro estuvo cautivo en un complejo de apartamentos propiedad del SISMI (inteligencia italiana). Las Brigadas Rojas no eran nada más que una estrategia de camuflaje con la que demonizar a los comunistas. Pecorelli fue asesinado con un modus operandi siniestro similar al que utiliza la mafia: con un disparo a bocajarro, introduciendo el cañón de la pistola en su boca y una piedra colocada en su interior. Mientras, el periodista turco Ugur Muncu fue asesinado con una bomba colocada en los bajos de su vehículo, previas amenazas personales de Paul Henze (el jefe de la Estación de la CIA en Ankara) al publicar Muncu los vínculos de la Agencia norteamericana con el intento de homicidio contra el Papa Juan Pablo II en 1984, en la Plaza de San Pedro de Roma, desmontando a su vez, el periodista turco, la farsa de la “pista búlgara” y de la KGB que había urdido Gladio.

En los últimos años la CIA, al calor de la aparición de Internet, ha expandido su campo de acción estrechando vínculos con empresas tecnológicas de cara a controlar la Red Global (Internet). Las relaciones de la CIA y otras agencias de espionaje occidentales con la industria cibernética han ido en aumento. En 1999 la CIA creó In-Q-Tel, una firma de capital de riesgo que busca “identificar e invertir en compañías que desarrollan tecnologías de la información de vanguardia que sirven a los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos.” La firma ha ejercido relaciones financieras de forma rutinaria con plataformas de Internet como Google y Facebook, las cuales manejan un ingente e increíble arsenal de datos personales (incitan a sus usuarios a publicar todo lo referente a sus gustos personales, direcciones, amigos, localizaciones, teléfonos, en definitiva, despojarles de privacidad) que han sido puestos, sin ninguna duda, a disposición tanto de la CIA como de la otra agencia de seguridad de EEUU, la NSA…nadie sabe para qué oscuros fines.

 

EUROPA, SEDE DESINFORMATIVA DE LA CIA: UDO ULFKOTTE, EL PERIODISTA “CANALLA”

 

UDO ULFKOTTE, IN MEMORIAM

 

El periodista alemán Udo Ulfkotte (1960-2017) fue uno de esos escasos denunciantes que pusieron al descubierto las relaciones entre la prensa hegemónica y las agencias de espionaje, viviéndolo de primera mano ya que él mismo se prestó al juego de mentir para los propósitos de la inteligencia occidental. Ulfkotte murió en enero de este año de un ataque cardíaco. Lo desconocía hasta que ví la noticia no hace mucho. De inmediato surgió la duda de si Ulfkotte pudo haber sido asesinado como consecuencia de la publicación de su inencontrable libro denuncia contra la CIA, Periodistas Comprados (muy censurado y silenciado). Ulfkotte tenía serios problemas de salud (siendo corresponsal en Irak, en 1988, salió no muy bien parado de un ataque con gas sarín que las fuerzas de Sadam Hussein lanzaron contra tropas de Irán en la conocida guerra entre ambos países) y además había tenido tres eventos cardíacos importantes. Que estuvieran interesados en quitarle de en medio es viable. Que agencias de inteligencia como la CIA y el BND poseen sofisticadas herramientas para acabar con una persona (encima débil), también. Pero eso nunca se sabrá. Y, en el caso de Ulfkotte, con antecedentes previos de mala salud resulta aventurado decir que fuese “eliminado” (aunque, desde luego, no es imposible).

La principal acusación que se hizo en vida contra Ulfkotte no fue rebatir o refutar sus denuncias contra ese periodismo canalla que está a sueldo del espionaje occidental (calificadas con el conocido mantra de “conspirativas”), sino acusar a Ulfkotte de racista, nazi e islamófobo debido a sus opiniones (poco o nada desarrolladas en un contexto geopolítico) en contra del Islam y la inmigración masiva. Ulfkotte sería “nazi”, según sus detractores, pero no tenía ningún problema a la hora de equiparar al Islam con el nazismo, generalizando bien es verdad un tanto injustamente, en declaraciones tan incendiarias como que Mohammed (el profeta del Islam), hizo lo que Adolf Hitler hizo en el siglo pasado para ganar el poder. Lo que Mein Kampf es para Adolf Hitler, el Corán es para los musulmanes. No hay mayor racista que un musulmán contra otro musulmán.

Pero no todos los musulmanes son tan extremistas (aunque uno no comparta ni de lejos su credo arcaico –como el de cualquier otra religión- ni su “modus vivendi”) puesto que Ulfkotte se olvidaba de que la radicalización islámica moderna (que se ha plasmado en la invasión de Europa de refugiados integristas musulmanes y en actos terroristas en todo el mundo), esa que dicen que está a la conquista del “infiel”, es una doctrina que ha sido impulsada por Occidente en coordinación con el sionismo y sus aliados salafistas-wahabitas del Golfo, la cual tiene claros componentes geopolíticos. No nos remontemos a las cruzadas ni al medievo, por favor, que esa es otra historia completamente diferente.

Udo Ulfkotte fue editor del diario conservador más influyente e importante de Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung donde conoció la cruda realidad del periodismo alemán: cómo la CIA y el servicio de espionaje de su país (el BND) sobornaban a sus periodistas para que escribieran artículos donde la verdad fuese hurtada en favor de una visión exclusivamente pro-occidental, pro-imperialista y pro-OTAN, en definitiva, que redactasen única y exclusivamente información según la doctrina del IV Reich imperial. En su libro, Periodistas Comprados, Ulfkotte hace revelaciones abrumadoras y explosivas sobre cómo la CIA y otras agencias de inteligencia regularmente sobornan a los principales periodistas alemanes para escribir artículos de propaganda a favor de EEUU en medios alemanes como el ya reseñado Frankfurter Allegmeine. La CIA sobornó a Ulfkotte y a otros periodistas germanos para que escribieran en favor de EEUU a menudo demonizando a Rusia e incluso enviando a su correo electrónico artículos enteros, pre-escritos, para publicarlos con posterioridad.

Ulfkotte, en la década de los años 80, fue reclutado para el mundo del espionaje, cuando todavía existía el bloque soviético. A pesar de que el periodista no estaba interesado inicialmente en ello le fue difícil no rechazar una oferta donde le ofrecían gastos pagados en prácticamente toda actividad que realizase y más teniendo en cuenta que la propuesta había partido de profesores universitarios alemanes, vinculados con el espionaje, que tenían prestigio y eran respetados. Ese fue, por así decir, el primer soborno. Ulfkotte consiguió un empleo como reportero del más importante periódico conservador alemán, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, entre cientos de solicitantes que optaban al mismo. A partir de ahí fue corresponsal de guerra en Afganistán, Libia, Irak, Irán y gran parte de Oriente Medio, y más tarde tuvo el más destacado papel a desempeñar en un medio: fue editor del Frankfurter Allgemeine. Ulfkotte llegó a conocer a agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el BND alemán, el Servicio de Inteligencia Secreta de Gran Bretaña, comúnmente conocido como MI6 (Inteligencia Militar, Sección exterior), y el Mossad de Israel, que valoraron su capacidad para viajar libremente a países en gran parte cerrados a Occidente.

Ulfkotte hizo un retrato más que diáfano de lo que ha sido su trabajo como mercenario en las oscuras alcantarillas del Estado Profundo: He sido periodista durante unos 25 años, y me formaron para mentir, para traicionar la verdad al gran público. Los medios de comunicación alemanes y estadounidenses quieren que la gente de Europa se haga a la idea de una guerra inevitable, en todos los órdenes, contra Rusia. Este es un punto de no retorno. Lo que he hecho en el pasado ha sido manipular a la gente, hacer propaganda contra Rusia, y lo que hacen mis colegas, y han hecho en el pasado, es exactamente lo mismo porque son sobornados para mentir al pueblo no sólo en Alemania, sino en toda Europa. Lo que resulta insidioso, dice Ulfkotte, es que las agencias de inteligencia utilizan “encubridores no oficiales” -personas que trabajan para la Agencias de espionaje- pero que en realidad no trabajan en nómina como agentes. Es una amplia red de gente “amistosa” haciendo favores unos a otros. Muchos de ellos son periodistas importantes en numerosos países

Ulfkotte reveló que hay muchos intercambios quid pro quo entre corresponsales de noticias y agencias de inteligencia. Grandes cantidades de dinero, obsequios, reconocimiento público e importantes avances profesionales van a parar a aquellos periodistas que proporcionan información útil sobre personas que conocen o sobre lugares a los que viajan. Muchas veces el periodista, (como sucedió en el caso de Ulfkotte), sólo necesita poner su nombre en un artículo que ha sido escrito para él por alguna agencia de espionaje o institución financiera. El dinero y los regalos cambian continuamente de manos y las puertas están abiertas al ingreso en grupos elitistas como la Comisión Trilateral, Atlantik-Brücke, el Instituto Aspen y el Fondo Marshall alemán de los Estados Unidos. Los que no cooperan son despedidos. ¿Recuerdan a Cebrián, de ELPAÍS, en el Grupo Bilderberg o a la política Trinidad Jiménez (PSOE) en la Comisión Trilateral?

Los medios de comunicación monopolístico de Occidente cuyo capital depende de entidades financieras o grandes grupos empresariales (incluida la práctica totalidad de los medios españoles más conocidos) se han convertido en esclavos voluntarios de los gobiernos imperiales del Nuevo Orden globalista y sus padrinos multimillonarios, las familias Rockefeller, Rothschild o los magnates  George Soros, Rupert Murdoch y Sheldon Adelson. Medios donde no vas a encontrar otras noticias que propaganda favorable a las tesis de la Alianza Atlántica, el Estado de Israel y Washington, dejando un débil filtro para otras crónicas de contenido social debidamente anestesiadas y despotenciadas, más una cierta libertad para opinar en su sección de comentarios, normalmente monopolizados por sus palmeros. Ante la creciente pujanza de agencias informativas como la cadena rusa RT, TeleSur y otras, que están convirtiéndose en efectivo contrapeso a la desinformación de los mass-media occidentales la respuesta de éstos ha sido vetarles o censurar/limitar sus transmisiones. ¿Estamos hablando de Venezuela?

Porque, hablando de la propiedad de los medios… ¿Sabía usted que seis compañías judías controlan el 96% de los medios de comunicación de todo el mundo, incluido el aparato de propaganda-entretenimiento de Hollywood? En EEUU los tres medios de comunicación más importantes e influyentes son propiedad de judíos. La capacidad de los judíos para usar la prensa como un instrumento sin oposición a la política del Estado sionista de Israel difícilmente podría estar mejor ilustrada que por los ejemplos de los tres periódicos más prestigiosos e influyentes de EEUU: el New York Times, el Wall Street Journal y el Washington Post. Estos tres son el referente financiero y político de EEUU, periódicos que establecen las tendencias y las directrices para casi todos los demás. Son los que deciden lo que es noticia y lo que no es, a nivel nacional e internacional. Aparecen noticias…pues los otros simplemente las copian. Los tres periódicos reseñados están en manos judías, además de estar controlados por la CIA (en particular, el Washington Post).

Uno de los ejemplos de la censura en los medios sionistas (básicamente norteamericanos, pero también europeos) es lo que afirma el director norteamericano Oliver Stone: El control judío de los medios de comunicación está impidiendo el debate libre sobre el Holocausto o la cuestión palestina. Y es que como dicen en EEUU “En América puedes criticar a Dios, pero no puedes criticar a Israel”.

 

FUENTES

globalresearch.ca

tapnewswire.com

  1. Pingback: la gran prensa mundialista, …y las “agencias de inteligencia” (¿Espionaje?) | YRANIA europa89 fuegofrio hirania hirania89 hurania
  2. Francisco Cordero

    ¿Qué más se puede añadir en este reportaje? ¿Cómo una gran parte de los habitantes de este país pueden informarse en estos medios de intoxicación del acontecer de este miserable planeta, sabiendo que los magnates de la prensa mundial son cómplices y partes interesadas del estado actual, de la lamentable situación de este mundo? Cómplices de los servicios de inteligencia de occidente, tergiversan, manipulan a su antojo, le dan la vuelta a las noticias para que los trabajadores sigan desinformados. Sólo desde una situación de imparcialidad y neutralidad se pueden saber las manipulaciones y malas artes de estos lameculos y vividores del régimen establecido.

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