España subordinada a la CIA

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Lo ha dicho hace unos días un periodista del Diario de Mallorca, Matías Vallés, uno de esos escasos reporteros valientes que no se esconde en el lacayismo de los tabloides que se parapetan en el terror de Estado para escamotear noticias que puedan resultar incómodas para los intereses de un régimen, el español, sumido en la servidumbre hacia EEUU. El artículo de Vallés lo podría suscribir cualquiera que haya estudiado, analizado y repasado, mínimamente, las atrocidades de la agencia norteamericana en los últimos cincuenta años. Periodistas del Diario de Mallorca ya denunciaron hace años, en un brillante trabajo de investigación, que el programa de la CIA de secuestros y torturas sobre falsos sospechosos de “terrorismo” tenía como base operativa la isla de Mallorca, entre otras muchas “plazas” europeas. Como también se puso de manifiesto, por ese mismo diario, que un avión de la CIA había partido de forma precipitada, y sospechosamente, de Mallorca un día después de los atentados de falsa bandera ocurridos en Madrid el 11 de marzo de 2004.

Vallés empieza con contundencia su artículo: la Audiencia Nacional se desentiende de los torturadores de los servicios secretos norteamericanos que se mueven con identidad falsa y plena libertad por los aeropuertos españoles, con base de secuestros en Palma. La Audiencia Nacional, ese tribunal excepcional en tiempos de Franco y también en la democraCIA, ha sido siempre un instrumento político no sólo del gobierno español (que lo ha utilizado sobre todo como ariete en contra el independentismo vasco y en favor de los altos delincuentes financieros –los Albertos, Emilio Botín, etc..-) sino que también ha prestado impagables servicios como un órgano mercenario al dictado del gobierno norteamericano mediante recíprocas peticiones o intercambios de información.

Jueces como el olvidable y nefasto Baltasar Garzón (alias QueridoEmiioBotin) tuvieron en su momento reuniones con el embajador de EEUU en España, Eduardo Aguirre, sirviendo de enlace para otros magistrados como Grande Marlaska, Fernando Andreu, Ismael Moreno o Juan Del Olmo, el instructor del 11-m, quien por cierto, se reunió, tras los atentados de Atocha, con el director del FBI Robert Mueller en Madrid y, posteriormente, en EEUU. Algo profundamente sospechoso. ¿Alguien se explica por qué en el 11-m el juez instructor Del Olmo no hizo absolutamente nada para detener la destrucción de las pruebas del delito (desguace de trenes) en las horas siguientes al atentado de falsa bandera en Madrid? ¿Por qué no ordenó la custodia inmediata de los trenes explosionados como así lo ordena el Código Penal español? Algunos se preguntan con razón “¿Qué hace un juez de la Audiencia Nacional cenando con diplomáticos norteamericanos y hablando de procedimientos que tramita en su juzgado?”. Es evidente que casos como los del asesinato del cámara español José Couso, en Irak, o las investigaciones de los vuelos secretos con prisioneros en manos de la CIA han sido paralizados gracias a las órdenes enviadas al gobierno español, y a los jueces de la AN, por parte de altos representantes institucionales de EEUU.

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Vallés tiene claro qué papel juega el muñegote político-judicial español en las tramas sucias y delictivas de la CIA: la colisión entre la razón de Estado y el Estado de Derecho pudo desarmar a quienes cantaban la impunidad de los pistoleros norteamericanos, por el método elemental de proceder a su detención y a la formulación de una demanda de explicaciones a Washington. El archivo solicitado por la fiscalía de Rajoy y ejecutado por el juez Ismael Moreno demuestra que el imperio de la ausencia de ley no era una hipótesis descabellada. Aznar, Rajoy, Zapatero, antes Felipe González, no podían poner trabas al desempeño de las actividades criminales de la CIA en territorio español, con su vasallo, el CNI, en la retaguardia. Lo remarca el articulista del Diario de Mallorca: la justicia ha sentenciado que hay actividades oscuras que deben desarrollarse sin obstáculos Y menos los judiciales (aunque resulte redundante).

Pero..un momento…entonces dentro de esas “actividades oscuras” muchos se preguntarán ¿cabría la posibilidad de que en el 11-m la CIA y otras organizaciones afines hubieran estado “en el ajo” del ataque terrorista? Una respuesta afirmativa sería una deducción muy correcta y fácticamente asumible. Como dijo el abogado José Luis Abascal en las conclusiones del juicio del 11-m: “Esto no son intereses del Estado, es decir de todos, sino intereses espurios de las cloacas del Estado”. Y más tarde, sentenciaba lapidariamente, a cuenta también del fraude jurídico del 11-m “A estas alturas del thriller casi todo el mundo piensa que todos los servicios de inteligencia más importantes del mundo saben perfectamente el modus operandi de los atentados, que conocen el iter criminis que el juez instructor admite ignorar en su Auto de Procesamiento […] Si admitimos que los servicios de inteligencia internacionales saben qué ocurrió el 11 de Marzo de 2004 en Madrid, cómo no vamos a admitir que también saben nuestros propios servicios de inteligencia”.

En este juego de los bajos fondos o estercoleros del Estado, siempre hay alguien que da la “nota” y, al menos, guarda las apariencias o tiene un superficial toque de sincera honestidad. Así lo señala Vallés respecto de la senadora estadounidense Dianne Feinstein quien: “expresaba su asco tras “vadear a través de los horribles detalles de un programa de la CIA que nunca, nunca, nunca debió haber existido” Feinstein aspira a que la desclasificación (solicitada por el Senado norteamericano) sirva “para que podamos garantizar que un brutal programa de interrogatorios y detenciones, contrario al espíritu americano, no sea jamás permitido o tomado de nuevo en consideración”. Un espíritu que es consustancial al modus operandi diario de las agencias terroristas usacas encargadas de garantizar que el imperio siga siendo el gendarme del mundo, se ponga como se ponga la senadora Feinstein. Lo demás es creer en deidades o desconocer cómo funciona verdaderamente la geoestrategia de EEUU. Lo que ocurre es que aquí, en la infecta España postrada a los pies de Obama, nadie ha levantado excesivamente la voz en contra de los “excesos” del amo americano ni ha denunciado la impunidad con la que su agencia amiga española, el CNI, ha vulnerado sistemáticamente los derechos de los españoles proporcionando información masiva a la Gestapo americana (la NSA) o la misma CIA. 

Dice Vallés, en el párrafo final de su artículo, que altos cargos del Gobierno español fueron agasajados en Washington a cambio de proteger a la CIA. En fin, mientras usted se desnuda para ser enlatado en un vuelo comercial, sombríos tripulantes con pasaportes falsos y armas circulan sin obstáculos por la terminal de reactores privados. Una bonita forma de preparar ataques terroristas de falsa bandera: en banquetes y aeropuertos.

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