El ensueño de Gene Tierney

                                                               Gene Tierney

No he sido muy partidario del género melodramático en el cine clásico (y menos en el contemporáneo), aunque reconozco que existen excelentes películas facturadas por otros tantos maestros en la época dorada de Hollywood (Frank Borzage, Douglas Sirk o este John M. Stahl) quienes plasmaron algunos de los mejores momentos cinematográficos de eso que se ha dado en llamar “séptimo arte”. Un cine (siempre me refiero al llamado “clásico”) que normalmente solía jugar con los dos términos que hacían honor al significado de la palabra melodrama (Melos-música, drama), sobre todo como un factor emocional para captar a una audiencia que era receptiva a plegarse sin fisuras a los “dramones” épicos, a historias de contenido aceradamente realista, a un romanticismo exacerbado de fácil lagrimeo. Melodramas a veces cursis y a veces tensos, a veces poéticos y también desesperantemente agónicos en los que no faltaban personajes un tanto ampulosos, sobreactuados y también previsibles. Actrices como Joan Crawford, fueron de las que mejor se desenvolvieron en este género (junto a Barbara Stanwyck), sobre todo en películas como Humoresque, donde la Crawford ejemplificaba un tipo de personaje decadente, ególatra, manipulador y destructivo. Pero no solamente se trataba de tirar del componente “sentimentaloide” o agreste del intérprete. También se solía detallar un trasfondo social donde las adversidades del día a día se multiplicaban y los personajes giraban en torno a situaciones de lo más común: el trabajo, la incertidumbre ante el futuro, inclusive la represión sexual era tratada abiertamente en películas como esa rareza fallida de John Huston llamada Reflejos de un Ojo Dorado, 1967 (Elizabeth Taylor-Marlon Brando) o, en fin, los miedos justificados, a veces irracionales, ante determinados acontecimientos imprevisibles.

Gene Tierney en una escena de Que el Cielo la Juzgue

Que el Cielo la juzgue (1945), es una acertada combinación de cine negro y de intenso melodrama con medido sabor folletinesco (como alguien dijo por ahí “es una película de cine negro en color”, aunque en mi opinión predomina más la condición melodramática). La cinta está sustentada en casi su totalidad por la fulgurante Gene Tierney, actriz de gran saber estar cinematográfico y lujosa presencia visual. Su papel de la sofisticada, celosa y atormentada psicótica Ellen Berent está resuelto de forma magistral, tanto que el resto de actores no es que sean unos convidados de piedra pero casi se difuminan en torno a la fastuosa y caleidoscópica Tierney. Se merecía por su actuación el Oscar de ese año, pero al final se lo llevó precisamente otra experta en melodramas, la antes mencionada Joan Crawford, por “Almas en Suplicio”.

La fascinación de este film estriba, aparte de en la deslumbrante aparición de Tierney, en que sabe contar una historia con una adecuada intensidad narrativa, nada artificial, y eso que este tipo de temáticas podían caer fácilmente en el tedio argumental. Que el Cielo la Juzgue está realizada parsimoniosamente, sí, pero nunca decae gracias a que los perfiles y meandros psicológicos de los personajes están subrayados con mucha inteligencia: la frialdad de la manipuladora y obsesiva Ellen Berent; el rutinario, abnegado y poco atrayente (todo hay que decirlo) marido maltratado de Ellen (Cornel Wilde, Richard Harland, en la ficción) o el resto de personajes secundarios en sus respectivos roles protagonistas, siempre bajo la atenta mirada de la seductoramente diabólica Berent. La excepcionalidad de una fotografía de Leon Shamroy, en un suntuoso technicolor (aquí sí se llevó el Oscar), realza no sólo -particularmente- la belleza de los ojos jade de Gene Tierney, sino que la ambientación de los exteriores, en particular, el lago, la casa-refugio, la vegetación o el desierto aparecen dibujados en tonos casi esmaltados, en una paleta cromática de insólita tersura visual.

                                                       Jeanne Crain y Vincent Price

Si la otra fantasía visual (e interpretativa) de Gene Tierney es el eje gravitacional de este film, el resto de actores cumplen con creces, con una salvedad: Cornel Wilde, que se mete como puede en el papel de Richard Harland. Y no es que aquí esté especialmente fatal, pero el casi aborrecible Wilde siempre me pareció un paquete cinematográfico, olvidable en todos los sentidos o, lo que es lo mismo, en casi todos los géneros en los que participó. Y en esta película siempre te queda la sensación de ver a un tipo inexpresivo, que no está a la altura de las circunstancias y menos competir con la olímpica Gene Tierney. El resto está bien: la pelirroja modosita Jeanne Crain cumple con desenvoltura mientras que la aparición casi episódica del inmenso Vincent Price sólo brilla en las secuencias finales. Salvo una “incoherencia” narrativa que no me convenció, Que el Cielo la Juzgue es, definitivamente, una gran película de John M. Stahl.

  1. Ayala

    Me gusta la crónica de mi áctriz favorita desde niña, “Que el cielo la juzgue” tiene una escena para mí mejor incluso que la de Richard Widmarkc arrojando a la ancina atada escaleras abajo en “El beso de la muerte” y es la de la barca, gafas oscuras y ese niño odioso que merecía ahogarse. Luego en “Laura” recuerdo ese detective depresivo Dana Andrews jugando mientras sueña con la que cree muerta, que guapo era Vincent Price no me extraña que hiciera de gigoló, trabajaron por cierto varias películas juntos (laura, que el cielo la juzgue, el castillo de dragonwick no estoy segura pero diría que sí, y el fantasma y la señora muir, estupendo Rex Harrison como casi siempre)

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    • Ayala

      Por cierto en la maravillosa “La mujer pantera” error de casting el prota masculino, pagafantas anodino, la protagonista era Simone Simon y salía una mujer también bellísima haciendo de pantera de centroeuropa pero no salía Gene Tierney.

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    • uraniaenberlin

      Decirte que suscribo prácticamente todos tus post…excepto ese pequeño matiz referente al niño de Que El Cielo la juzgue…tampoco era tan asesinable..mujer…los hay peores. Yo diría que Cornel Wilde era el que tenía que haber acabado en el lago con una piedra atada al cuello..jaja

      Saludos y gracias

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  2. ALTAICA

    Menuda crónica te ha quedado amigo, que como bien dice Plared merece mucho más que respeto. Siempre me ha gustado tu forma de escribir, que en esa aparente pulcritud académica y perfeccionista, esconde mucha más pasión apenas uno tenga la habilidad de levantar un poco el tapete. Bueno, de esto ya discutí en su día con una hermosísima mujer llamada Esperatriz Galáctica. Todo es cuestión de gustos y, sobre todo, de saber mirar por debajo de lo evidente.

    Si me preguntaran uno de mis planos para la historia del cine, siempre recordaré cuando interroga la policía a Gene en esa obra maestra llamda Laura, o la salvaje niña ya bellísima en La ruta del tabaco, o cuando disfruté viéndola en El diablo dijo no, con su maravillosa elegancia, o, sobre todo, en El fantasma y la señora Muir. Y qué decir de su presencia en La mujer pantera y…, tantas otras. Uno de los rostros más fascinantes de la historia del cine, que atesoraba algo que no suele ser común, una belleza elegante pero brutal y al mismo tiempo distante e hipnótica, como distinta, ausente y fascinante. Siempre clama como actriz, siempre serena y con un estilo superior.

    Sin duda uno de los rostros más sugestivos de la historia del cine, no tanto por su evidente belleza, y sí por su mágica tentación en la distancia. Ni que decir tiene que lo que estoy definiendo no tiene ni el más remoto parecido con la flemática y sosa Grace Kelly, si bien no discuto su dulzura monjil.

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    • uraniaenberlin

      Rebienvenido Altaica

      Gracias por tu coment…De Tierney hay que visualizar joyas inmarcesibles como Laura, El Castillo de Dragonwyck, la gran Noche en la Ciudad de Dassin, junto a Widmark, aunque aquí ya había perdido el fuego y sensualidad de antaño debido a sus problemas personales. En La Ruta de Tabaco casi su aparición es de postal….poca sustancia le sacó Ford a Tierney.

      Es curioso, porque tengo en cartera una crítica cinematográfica precisamente……acerca de Grace Kelly pero como referencia externa a la misma. Y, efectivamente, esa sería una buena descripción de la Kelly…sosa…una efigie bellamente moldeada, pero sin brillo interior…

      Saludos!

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  3. plared

    Te ha quedado un post de altísimo nivel.Una pelicula que mas que cine negro, entra directamente en el romántico o de folletín como dices. Una grandiosa pelicula de cuando el cine era digamos que de otra manera.

    Gene Tierney, sencillamente espectacular y la foto que has puesto, pues para perder un reino por ella…..Cuidate

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    • uraniaenberlin

      Gracias plared por tu comentario y sí, estamos hablando de otra forma de hacer cine, a riesgo de quedarte anclado en una época determinada. Pero es lo que hay…cada uno es tributario de sus propios gustos y afinidades. Gene Tierney fue una mujer arrebatadoramente sensual en la pantalla…mientras que en su vida privada fue dando tumbos. Es curioso que su personaje de Que el cielo la juzgue guarda, salvando las distancias que son muchísimas, alguna conexión con lo que fue su vida personal…No era oro todo lo que relucía y había a veces demasiada miseria interior. Sólo hay que ver como acabaron algunas artistas…por unas u otras causas..Frances Farmer….Veronica Lake….Carole Landis…Linda Darnell (ésta por una mala jugada del “destino”)..

      Eso sí, el glamour no se lo va a quitar nadie. Lamento estar aquejado de tanta mitomanía…pero inevitablemente tengo que decir que con Gene Tierney…de aquí a la eternidad (parafraseando…..)

      Saludos y cuídate

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