Categoría: Los “millones” de muertos del comunismo

Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (2)

 

 

EL “GRAN TERROR” CHINO. LA HAMBRUNA INDUCIDA QUE NUNCA EXISTIÓ

 

La visión occidental dominante de que el Gran Salto Adelante fue un desastre de proporciones históricas, que se plasmó en la muerte deliberada de millones de personas es uno de los mayores artefactos ideológicos construidos contra el comunismo. Pero, ¿cuál es la base de esta opinión? Ball afirma que “una forma que podría probar la tesis del “número de muertos masivos” sería encontrar evidencia cualitativa creíble, como testigos o evidencia documental. Sin embargo, la evidencia cualitativa que existe no es convincente.”.

Para el estudioso de China, Carl Riskin, “se produjo una hambruna muy grave pero, en general, parece que las indicaciones de hambre y privación no se acercaron a los tipos de evidencia cualitativa de hambruna masiva que han acompañado a otras hambrunas comparables incluidas las hambrunas anteriores en China. La evidencia contemporánea presentada en Occidente debe ser descartada ya que emana de fuentes de derecha y apenas es concluyente”.

Sin embargo, autores como Roderick MacFarquhar, Jasper Becker y Jung Chang afirman que la evidencia que han visto prueban la tesis masiva del hambre. Es cierto que sus principales trabajos sobre estos temas citan fuentes para esta evidencia. Sin embargo, como señala Ball, “en sus libros no dejan suficientemente claro por qué creen que estas fuentes son auténticas”.

En su libro de 1965 sobre China, “A Courtain of Ignorance”, el escritor Felix Greene viajó a través de áreas de China en 1960, donde el racionamiento de alimentos era muy estricto, pero no vio hambre masiva. También cita a otros testigos que dicen lo mismo. Es probable que, de hecho, hubiera hambruna en algunas áreas, sin embargo, las observaciones de Greene indican que no fue un fenómeno nacional en la escala apocalíptica sugerida por Jasper Becker y otros.

Ball explica que “la simpatía de Greene por el régimen de Mao puede distorsionar la verdad en relación con esto por razones políticas. Pero Becker, MacFarquhar y Jung Chang también tienen su propio enfoque político sobre el tema. ¿Alguien podría dudar seriamente de que estos autores no sean anticomunistas acérrimos y no tengan un punto de vista distorsionado o sesgado?”.

No es ningún misterio que EEUU, para desacreditar al comunismo, haya utilizado a sus agencias de inteligencia para buscar una conexión con aquellos que publicaban trabajos sobre regímenes comunistas. No debe pensarse que esas personas con las que buscaban esta conexión eran simplemente proxies pagados para producir sensacionalismo barato.

Por ejemplo, el medio The China Quarterly publicó muchos artículos en la década de 1960 que todavía se citan con frecuencia como evidencia de las condiciones de vida en China y el éxito o no de las políticas gubernamentales en ese país. En 1962 publicó un artículo de Joseph Alsop, un acreditado periodista de la CIA, que alegaba que “Mao intentaba acabar con un tercio de su población a través del hambre para facilitar sus planes económicos.”

El editor de The China Quarterly, Roderick MacFarquhar, fue quien escribió muchos trabajos importantes sobre el gobierno comunista de China acerca de los orígenes de la revolución cultural, en concreto, un volumen sobre el Gran Salto Adelante que presenta la tesis del “número de muertos masivos” así como los Discursos secretos de Mao, todo ello bajo el eficiente respaldo académico del Congreso para la Libertad Cultural, una fachada de intelectuales financiada por la CIA.

La guerra fría anticomunista debía ejecutarse, al igual que la geopolítica, en otro frente: el de la propaganda cultural y académica. Victor Marchetti, ex funcionario de la Oficina del Director de la CIA, escribió que la CIA creó la Fundación Asia y la subsidió por un monto de 8 millones de dólares al año para apoyar el trabajo de “académicos anticomunistas” en varios países asiáticos y difundir en toda Asia una visión negativa de China continental, Vietnam del Norte y Corea del Norte.

The China Quarterly fue el comienzo de la campaña de falsificación de los muertos de Mao y la demonización del comunismo chino, corroborada varias décadas después, por una nueva generación de propagandistas de la factoría de los “millones de muertos”. Pero como dice Ball, “El problema clave con esta nueva evidencia es la autenticación de las fuentes. Estos autores no presentan evidencia suficiente en sus trabajos para demostrar que sus fuentes son auténticas.”

El periodista Jasper Becker fue de los primeros que se sumó al hiperbólico universo de los “millones de muertos” del comunismo con su libro Hungry Ghosts (Fantasmas Hambrientos). Jasper Becker no es historiador y en su bibliografía figuran piezas de propaganda anticomunista entre amarillistas y estrafalarias. Becker ha escrito panfletos como “Rogue Regime: Kim Jong Il and the Looming Threat of North Korea” (Estado Canalla: Kim Jong II y la amenaza inminente de Corea del Norte) hecho a mayor gloria de la ulltraderecha militarista atlantista. Una obra deficiente, deshonesta, donde no hay por dónde cogerla, sin relatos autentificados, una parodia en la que está ausente cualquier análisis serio histórico.

En Rogue Regime, los reclamos de Becker sobre la República Popular Democrática de Corea se basan en declaraciones de refugiados, que según sus propias palabras no pueden ser verificadas (¡), al igual que se mencionan testimonios de científicos norcoreanos, pero sin indicar las fuentes. Rogue Regime es una colección de anécdotas para consumo de mentes no pensantes y para sus acólitos ideológicos, así que imagínense lo que no iba a escribir sobre Mao.

Del aspirante a pseudohistoriador Becker, Ball dice que que en su libro Hungry Ghosts ”cita una gran cantidad de evidencia de inanición masiva y canibalismo en China durante el Gran Salto Adelante. Cabe señalar que esta es una evidencia que solo surgió en la década de 1990. Ciertamente, las historias más espeluznantes de canibalismo no son corroboradas por ninguna fuente que apareciese en el momento real del Gran Salto Adelante, o de hecho durante muchos años más tarde. Muchos de los relatos de inanición masiva y canibalismo que usa Becker provienen de un documento de 600 páginas llamado “Thirty Years in the Countryside”.

En el documento citado, según Becker, se incluyen escritos sacados de contrabando de China en 1989 por intelectuales que se exiliaron. Ball, sin embargo, no se cree el “cuento chino de Becker”: “ahora el lector necesitaría que le dijesen cómo personas que aparentemente eran disidentes y que huían del país fueron capaces de sacar de contrabando documentos oficiales sobre acontecimientos ocurridos treinta años antes, aparte de que Becker debería probar por qué esos documentos son auténticos”.

Igualmente, Becker cita un supuesto diario interno del ejército chino de 1961 como evidencia de un desastre humanitario masivo durante el Gran Salto Adelante. Los informes en este diario aluden a “un desastre bastante significativo que está afectando la moral de las tropas chinas”. El diario fue publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en 1963 y fue publicado en una colección por la Institución Hoover titulada The Politics of the Chinese Red Army in 1966. Una vez más, dice Ball, “Becker y otros muchos escritores del Gran Salto Adelante que han citado estas revistas necesitan explicar por qué los consideran auténticos”

En definitiva, en el libro de Becker, a pesar de que usa supuestamente relatos de testigos oculares del hambre en el Gran Salto Adelante con entrevistas en la China continental de Deng Xiao Ping, así como en Hong Kong y a inmigrantes chinos en el Oeste, y que según afirma el propio Becker “rara vez, si alguna vez, se le permitía hablar libremente con los campesinos”, Ball insiste en que “en ninguna parte de este libro entra en detalles suficientes para demostrarle al lector que las fuentes que cita son auténticas”. En resumidas cuentas, estamos hablando de un vulgar charlatán que cogió de aquí y de allá relatos dispersos, los echó en una coctelera y aparecieron mágicamente 30 millones de muertos en su libro.

Durante algunos años, Hungry Ghosts fue el texto preeminente, en lo que respecta a los críticos de Mao. Sin embargo, en 2005, otro libro, Mao: The Unknown Story (Mao, la historia desconocida) fue muy promocionado en Occidente. Sus acusaciones son, en todo caso, incluso más extremas que en el libro de Becker. De los 70 millones de muertes que el libro atribuye a Mao, 38 millones tuvieron lugar durante el Gran Salto Adelante.

El libro Mao The Unknown Story, cuyos autores son el matrimonio formado por la escritora china Jung Chang y el historiador irlándés Jon Halliday, se basa en gran medida en una colección no oficial de discursos y declaraciones de Mao que supuestamente fueron grabados por sus seguidores y que llegaron hasta Occidente por medios que no están claros. Los autores a menudo usan materiales de esta colección para tratar de demostrar el fanatismo y la falta de preocupación de Mao por la vida humana.

Este capítulo es fundamental para entender la utilización fraudulenta que Chang y Halliday hacen de las palabras de Mao. Ball se encarga de demostrar la falaz manipulación de los autores de Mao: The Unknown Story con algunos ejemplos:

“Quizás lo más importante, afirma Ball, es que Chang y Halliday citan pasajes de estos textos de manera engañosa en su capítulo sobre el Gran Salto Adelante. Chang afirma que en 1958 Mao reprimió lo que llamó “personas que deambulan por el campo sin control”. En un párrafo, los autores afirman que <la posibilidad de escapar de una hambruna era huyendo a un lugar donde había comida que ahora estaba bloqueada>

Pero la parte del discurso” secreto “en el que Mao supuestamente se queja de que las personas deambulan sin control” no tiene nada que ver con la prevención del movimiento de la población en China. Cuando se lee el pasaje completo del cual los autores citan selectivamente, se puede ver que los autores están mintiendo. Lo que en realidad se supone que dijo Mao fue lo siguiente.

[Alguien] de una CPA [Cooperativa de Productores Agrícolas] en Handan [Hebei] condujo un carro hasta la fábrica de acero Anshan [fábrica] y dijo que no se iría hasta que le dieran algo de hierro. En cada lugar [hay] tanta gente deambulando sin control….Esto debe ser prohibido por completo. [Debemos] establecer un equilibrio entre los distintos niveles, y cada nivel debe informar al siguiente nivel superior: la CPA a los condados, los condados a las prefecturas, las prefecturas a las provincias. Esto se llama orden socialista”

En definitiva, de lo que estaba hablando Mao aquí es de la campaña de racionalización para aumentar la producción de acero, en parte mediante el uso de la producción rural a pequeña escala. Alguien sin autoridad se presentó en Anshan para exigir hierro y ayudar a su cooperativa a cumplir con su cuota de producción de acero.

Mao lo que parece estar diciendo es que el enfoque anterior, totalmente indisciplinado, no es correcto y defiende un sistema de planificación socialista más jerárquico donde las personas tienen que solicitar a las autoridades superiores autorización para obtener las materias primas que necesitan para cumplir los objetivos de producción.

Una serie de referencias son particularmente engañosas y abiertamente manipuladoras, sobre todo al final del capítulo sobre el Gran Salto Adelante. Ball las describe con precisión: “Primero Chang y Halliday escriben: “Ahora podemos decir con certeza de cuántas personas estaba dispuesto a prescindir Mao”. El párrafo luego da algunos ejemplos de presuntas citas de Mao sobre cuántas muertes chinas serían aceptables en tiempo de guerra.

Luego, estos dos autores, citan a Mao en la Conferencia de Wuchang diciendo: “Trabajando de este modo, con todos estos proyectos, la mitad de China podría morir”. Esta reseña aparece en el encabezado del capítulo de Chang y Halliday sobre el Gran Salto Adelante. La forma en que los autores presentan esta cita parece sugerir que Mao estaba diciendo que de hecho podría ser necesario que la mitad de China muera para darse cuenta de sus planes de aumentar la producción industrial”.

Pero resulta obvio, por el texto real del discurso, que lo que Mao está haciendo es advertir sobre los peligros del exceso de trabajo y entusiasmo en el Gran Salto Adelante, mientras usa un poco de hipérbole. Mao está dejando claro que no quiere que nadie muera como resultado de su impulso de industrialización. En esta parte de la discusión, Mao habla sobre la idea de desarrollar todas las principales industrias y la agricultura de una sola vez. El texto completo del pasaje que los autores citan selectivamente es el siguiente.

“Ante esta situación, creo que si hacemos [todas estas cosas simultáneamente], sin duda, la mitad de la población de China morirá; y si no es la mitad, será un tercio o un diez por ciento, que supondría una cifra de muertos de 50 millones. Cuando la gente murió en Guangxi [en 1955], ¿no fue despedido Chen Manyuan? Si con una cifra de muertos de 50 millones, no has perdido tu trabajo, al menos yo debería perder el mío [y perder la cabeza]. En Anhui se quieren hacer tantas cosas; está bien hacer mucho, pero es primordial no tener muertes”

Luego, en unos párrafos más adelante, Mao dice: “En cuanto a 30 millones de toneladas de acero, ¿realmente necesitamos tanto? ¿Somos capaces de producir [tanto]? ¿Cuántas personas movilizaríamos? ¿Podría esto conducir a la muerte?”

Para abundar en el dudoso proceder histórico del matrimonio Chang-Hallliday sobre la China de Mao, Joshua Ball cita al periodista Nicholas D. Kristof quien en The New York Times planteó algunas dudas interesantes al respecto. Kristof habla sobre la maestra de inglés de Mao, Zhang Hanzhi que Chang y Halliday citan como una de las personas que entrevistaron para el libro. Sin embargo, Zhang le dijo a Kristof que aunque conoció a los dos autores (Chang-Halliday), se negó a ser entrevistada y no les proporcionó información sustancial. Kristof pedía a los autores que publicaran sus fuentes en la web para que puedan ser evaluados con imparcialidad.

Es cierto que hubo algunos defensores de la historia del “número de muertos masivos” en la década de 1960. Sin embargo, como señaló Félix Greene en su libro “A Courtain of Ignorance”, los anticomunistas en la década de 1950 y principios de la década de 1960 hicieron acusaciones sobre hambrunas masivas en China prácticamente todos los años. La historia sobre el Gran Salto Adelante solo se tomó realmente en serio en la década de 1980 cuando el nuevo liderazgo chino comenzó a respaldar esa idea. Fue esto lo que realmente ha dado credibilidad en Occidente a gente como Jasper Becker, Jung Chang, Jon Halliday y más recientemente a otro especialista en tergiversación de la historia: el holandés Paul Dikötter, del que hablaremos más adelante.

 

 

 

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Los “millones de muertos” en la China de Mao: entre la narrativa anticomunista y la ficción novelada (1)

 

 

LA DESINFORMACIÓN COMO ARMA DE MANIPULACIÓN MASIVA

 

En la propaganda de los millones de muertos del comunismo la China de Mao siempre aparece en primer lugar con la escalofriante cifra de (más/menos) 78 millones de muertos. Pero ¿qué evidencias se han presentado que avalen esa cantidad? Es impresionante, pero ninguna es creíble. El argumento de los millones de muertos en la China de Mao, en el período llamado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, es un vehículo de propaganda lleno de falsificaciones, tergiversaciones y fuentes históricas de dudosa veracidad. Una vez confrontados los datos fundamentadamente, se desvanece el “genocidio comunista”.

Dando un repaso a la literatura crítica de la “hambruna” de los millones de muertos de Mao llegas a la conclusión de que la propaganda y el dinero pagado para mentir han sustituido a la veracidad histórica. Y, créanme, no hace falta ser comunista para refutar esa falsificación por mucho que los neoliberales de la extrema derecha se hayan embarcado en los últimos años (sobre todo a raíz del ascenso de movimientos social-izquierdistas de raíz no comunista) a impulsar una renovada campaña contra el comunismo y su supuesto legado de “millones de muertos”….

Un frente anticomunista de think-tanks ultraconservadores junto a una súbita aparición (muy coordinada todo hay que decirlo) de ciertos “personajillos” en redes sociales como Youtube (llamados eufemísticamente “anarcocapitalistas”, “libertarios” o libertarianos), junto a personajes mediáticos del periodismo y la economía ultraliberal (Villanueva, Rallo, Lacalle, Braun), no dejan de recordarnos el “comunismo” a todas horas y su legado de “millones de muertos”. Añádale la aparición recurrente de nuevos libros que te explican, una vez más, el carácter malvado del marxismo y su aplicación práctica.

Pero vayamos a la China de Mao. La investigación que existe sobre los supuestas decenas de millones de muertos del régimen comunista chino a finales de la década de 1950 y primeros de los años 60 (a pesar de la voluminosa historiografía existente) es de mala calidad y los autores, prácticamente todos anticomunistas y vinculados a posiciones ideológicas de derecha, tienen en común su falta de objetividad y desconocimiento sobre la historia de China.

El único objetivo de los estudiosos que han escrito contra Mao Ze Dong es engañar intencionalmente a los lectores apelando a su sentido de la indignación (por ejemplo, recurrir a imágenes gráficas impactantes de personas famélicas extraídas de fuentes no verificables). Un ejemplo de esta manipulación, que hace recuentos de víctimas del comunismo de forma gratuita, por tanto de nula credibilidad, es el elogiado panfleto ultraderechista El Libro Negro del Comunismo, un compendio de falsificaciones sin sentido e ignorancia propagandística.

El investigador británico Joseph Ball hizo un ensayo profundo, certero y conclusivo en 2006 sobre la China de Mao, en particular, sobre las inexactitudes y falsedades de los historiadores y periodistas de Occidente en torno al período del Gran Salto Adelante (y la Revolución Cultural), refutando la fantaseada cifra de las decenas de millones de muertos que figuran en los libros de cabecera del anticomunismo de Occidente.

La mayoría de los intentos de socavar la reputación de Mao se centran en el famoso Gran Salto Adelante que comenzó en 1958, un proyecto de mejora masiva de la producción agrícola e industrial. Se argumenta que estas políticas llevaron a una hambruna en los años 1958-1961.

Durante el Gran Salto Adelante, el período crítico donde supuestamente se produjeron los millones de muertos de Mao, es sabido que los campesinos se unieron a grandes comunas formadas por miles o decenas de miles de personas y se emprendieron esquemas de riego a gran escala para mejorar la productividad agrícola. El plan de Mao era aumentar masivamente la producción agrícola e industrial.

“Se argumenta, dice Joseph Ball, que estas políticas llevaron a una hambruna en los años 1959-61 (aunque algunos creen que la hambruna comenzó en 1958). Se citan una variedad de razones para la hambruna. Por ejemplo, la adquisición excesiva de cereal por parte del Estado o el desperdicio de alimentos debido a la distribución gratuita en las cocinas comunales. También se ha afirmado que los campesinos descuidaron la agricultura para trabajar en los esquemas de riego o en los famosos hornos de acero a pequeña escala construidos en áreas rurales”

De hecho, las exorbitantes cifras de la “hambruna china” cuando realmente empezaron a gozar de popularidad fue pasados unos años desde la muerte de Mao. Fuentes oficiales chinas, publicadas después de 1975, sugieren que 16,5 millones de personas murieron en el Gran Salto Adelante. Pero hay que decir que estas cifras fueron publicadas durante una campaña ideológica del gobierno del reformista Deng Xiaoping contra el legado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Por tanto poco margen de objetividad se podía esperar del que yo llamaría el “Krushchev chino”.

El problema, como dice Ball, es que “no hay forma de autentificar de forma independiente estas cifras (de Deng) debido al gran misterio sobre cómo fueron reunidas y preservadas durante veinte años antes de ser lanzadas al público en general”, pero que sirvieron para catapultar la propaganda de los millones de muertos de Mao por parte de historiadores occidentales, quienes aprovecharon el “filón Deng” y empezaron a aumentar progresivamente la cantidad de víctimas de la “hambruna forzada maoísta” hasta 30 millones, combinando la evidencia china con extrapolaciones de los censos de China datados entre 1953 y 1964.

Dos historiadores sobre los que Ball volverá más adelante, la escritora china Jung Chang y su marido, el historiador irlandés, Jon Halliday en su sensacionalista Mao: the Unknown Story afirman tranquilamente que Mao mató a 70 millones de personas, incluidos 38 millones durante el Gran Salto Adelante. Esta ha sido, junto al Libro Negro del Comunismo, o el trabajo del pseudoperiodista Jasper Becker, Hungry Ghosts, la base publicitaria que han utilizado historiadores y periodistas de la ultraderecha occidental para repetir, de forma sistemática y anatemizante, el “genocidio” chino de Mao.

No es ninguna sorpresa que agencias estatales de los Estados Unidos, como la CIA brindaran asistencia a través de fondos económicos a quienes tenían una actitud negativa hacia el maoísmo (y hacia el comunismo, en general) durante el período de la posguerra o “guerra fría”. Sólo hay que ir a la Operación Mockingbird (Sinsonte), cuando en los años 50 la CIA compró a varios editorialistas de los medios más importantes de EEUU para difundir propaganda falsa contra China, en la que se acusaba a Mao de traficar con toneladas de opio desde China hasta Bangkok (Tailandia). En realidad, era la CIA la que estaba traficando masivamente con opio en el Sudeste asiático (Laos, Tailandia…) para financiar la Operación Gladio y diversos golpes de Estado en todo el mundo.

Resulta paradójico (pero entraba en ese doble juego astuto de Occidente) que EEUU atacara a China con difamante propaganda anticomunista y al mismo tiempo hubiera apoyado, años antes, al PCCh contra el Kuomintang. En 1944, Mao estaba negociando activamente con representantes estadounidenses (misión del general P.J. Hurley) mientras que en enero de 1945, el PCCh comenzó negociaciones secretas con representantes del Departamento de Estado de los Estados Unidos. En los años 70 es conocido que China se decantó por el régimen de terror de los Jemeres Rojos, dirigido por EEUU. La razón de Washington era clara: tanto a mediados de los años 40 como en los años 70 el objetivo era debilitar a la URSS.

La CIA también encontró en los académicos su particular filón anti-chino. Por ejemplo, a través del veterano historiador del maoísmo Roderick MacFarquhar editor de The China Quarterly en la década de 1960. Esta revista publicó acusaciones sobre muertes masivas por hambruna que se han citado desde entonces. Más tarde, se supo que este medio recibió dinero de una organización del frente de la CIA, tal como MacFarquhar admitió muchos años después en una carta a The London Review of Books. Roderick MacFarquhar afirmó que no sabía que el dinero provenía de la CIA mientras estaba editando The China Quarterly.

Afirma Ball que “aquellos que han proporcionado evidencia cualitativa, como los relatos de testigos oculares citados por historiadores como Jasper Becker en su famoso relato del período, Hungry Ghosts, no han proporcionado suficiente evidencia que lo acompañe para autentificar estas cuentas. Mientras que la evidencia documental citada por Chang y Halliday sobre el Gran Salto Adelante se presenta de una manera demostrablemente engañosa”

Pero es que tampoco, y esto es importante señalarlo, las cifras que reveló el régimen de Deng Xiaoping sobre el hecho de que millones de personas murieron durante el Gran Salto Adelante tampoco es confiable. La evidencia de los campesinos contradice la afirmación del régimen de Deng de que Mao fue el principal culpable de las muertes que ocurrieron durante el período del Gran Salto Adelante.

A pesar de que demógrafos estadounidenses han tratado de usar la evidencia de la tasa de mortalidad y otras pruebas demográficas de fuentes oficiales chinas para probar la hipótesis de que hubo un “número de muertes masivas” en el Gran Salto Adelante “las inconsistencias en la evidencia y las dudas generales sobre la fuente de su evidencia socavan la hipótesis del “número de muertos masivos”, dice Ball.

Muchos autores que han estudiado las cifras de “millones de muertos” publicadas por Deng Xiaoping después de la muerte de Mao afirman que la producción de cereales per cápita no aumentó en absoluto durante el período de Mao. Sin embargo, se pregunta Ball, “¿cómo es posible conciliar tales estadísticas con las cifras de esperanza de vida que los mismos autores citan?”.

Además, señala Ball “Guo Shutian, ex Director de Política y Derecho del Ministerio de Agricultura de China, en la era posterior a Mao, ofrece una visión muy diferente del desempeño agrícola general de China durante el período anterior a las “reformas” de Deng. Es cierto que escribe que La producción agrícola disminuyó en cinco años entre 1949-1978 debido a “calamidades naturales y errores en el trabajo”. Sin embargo, afirma que durante 1949-1978 el rendimiento por hectárea de tierra sembrada con cultivos alimenticios aumentó en un 145.9% y la producción total de alimentos aumentó 169,6 %. Durante este período, la población de China creció un 77,7%”.

Es más, Ball contradice a toda la propaganda occidental afirmando con total seguridad que “Existe un buen argumento para sugerir que las políticas del Gran Salto Adelante en realidad hicieron mucho para sostener el crecimiento económico general de China”. Todo ello en una década, la de 1950, donde China iba a tener que desarrollarse utilizando sus propios recursos y sin poder utilizar una gran cantidad de maquinaria y conocimientos tecnológicos importados de la Unión Soviética debido al cisma ideológico entre Krushchev y Mao, aunque Mao ya había mostrado sus diferencias con Stalin en materia de industrialización pesada (preeminente en el caso soviético, menos en el chino) y diferencias de Stalin con Mao sobre aspectos geopolíticos.

Hay que recordar que en 1960 el conflicto entre China y la URSS llegó a un punto crítico que sería utilizado más tarde por EEUU para acercarse a China con el objetivo de debilitar a la URSS (como fue el caso antes mencionado de Camboya). Los soviéticos habían estado proporcionando una gran asistencia para el programa de industrialización de China. En 1960, todos los asesores técnicos soviéticos abandonaron el país. Se llevaron los planos de las diversas plantas industriales que habían planeado construir. La alternativa de China a la dependencia de la URSS fue un programa para desarrollar la agricultura junto con un desarrollo más limitado de la industria.

Según Ball, “Aunque se produjeron problemas y reversiones en el Gran Salto Adelante, es justo decir que tuvo un papel muy importante en el desarrollo continuo de la agricultura. Medidas como la conservación del agua y el riego permitieron aumentos sostenidos en la producción agrícola, una vez que terminó el período de malas cosechas. También ayudaron al campo a lidiar con el problema de la sequía. También se desarrollaron defensas contra inundaciones. Las terrazas ayudaron a aumentar gradualmente la cantidad de área cultivada”

Una de las características de la industria rural establecida durante el Gran Salto Adelante es que utilizó métodos intensivos en mano de obra en lugar de métodos intensivos en capital. Al estar atendiendo necesidades locales, no dependían del desarrollo de una costosa infraestructura nacional de carreteras y ferrocarriles para transportar los productos terminados. De hecho, dice Ball “las políticas supuestamente salvajes y caóticas del Gran Salto Adelante se combinaron bastante bien, después de los problemas de los primeros años”.

Uno de los enfoques críticos hacia la supuesta “ineptitud económica” de Mao fue el hecho de que incidir en una mayor productividad agrícola liberaría más mano de obra agrícola para el sector industrial manufacturero, facilitando el desarrollo general del país. Sin embargo, escribe Ball “era correcto para China, como lo demuestran los efectos positivos de las políticas de Mao en términos de bienestar humano y desarrollo económico”

La agricultura y la industria rural a pequeña escala no fueron el único sector que creció durante el período socialista de China. La industria pesada también creció mucho en este período, no al mismo nivel que la URSS de Stalin, pero su avance fue significativo. Desarrollos como la creación del campo petrolero Taching durante el Gran Salto Adelante proporcionaron un gran impulso al desarrollo de la industria pesada.

Esto se desarrolló después de 1960 utilizando técnicas propias nacionales, en lugar de tecnologías soviéticas u occidentales. (por ejemplo, los trabajadores chinos utilizaron la presión desde abajo para ayudar a extraer el petróleo. No confiaron en construir una gran cantidad de torres de perforación, como es la práctica habitual en los campos petroleros).

“Vale la pena recordar, dice Ball, que los “saltos” de los que Mao hablaba más no eran saltos en la cantidad de bienes que se producían, sino saltos en la conciencia y la comprensión de las personas. Se cometieron errores y muchos debieron desmoralizarse cuando se dieron cuenta de que algunos de los resultados del Salto habían sido decepcionantes. Pero el éxito de la economía china en los años venideros muestra que no se desperdiciaron todas sus lecciones”.

 

 

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