La política del aborto en la URSS

 

 

El aborto ha sido siempre un asunto de gran controversia, tanto en el siglo pasado como en el vigente, donde el foco del debate se ha puesto sobre todo en las sociedades capitalistas occidentales, librándose agrias batallas entre, por una parte, los defensores de los “derechos reproductivos de la mujer”, es decir, los agrupados en torno a la izquierda troskista, los comunistas y la socialdemocracia y, por la otra, los partidarios de prohibir el aborto, escorados normalmente hacia el (ultra)conservadurismo político y religioso. Los abortos, para bien o para mal, siempre han estado rodeados de una aureola de negatividad y han sido tratados con cautela por los legisladores en todo el mundo. Pero ¿cuál fue la actitud hacia el aborto en la Unión Soviética?

En la Rusia soviética, tras el triunfo de la Revolución bolchevique, llegó la innovación sobre la cuestión del aborto con una resolución favorable al mismo. En noviembre de 1920, mediante una Orden de los Comisarios de Justicia, Dmitry Ivanovich Kursky, y de Salud, Nikolai Aleksandrovich Semashko, se aprobó oficialmente el aborto, por lo que la Rusia bolchevique se convirtió en el primer país del Mundo en permitir el aborto. De esta manera, el decreto “sobre la interrupción artificial del embarazo” de ese año 1920 levantó la prohibición de los abortos que existía en la Rusia zarista.

Sin embargo, pronto empezaron a aparecer los problemas. Una de las primeras consecuencias negativas de la medida implantada por los bolcheviques fue que se dispararon los embarazos extramaritales y los abortos empezaron a convertirse en una rutina común peligrosa. Los datos estadísticos de 1926, en Leningrado, mostraron que solo el 42% de las mujeres que quedaron embarazadas decidieron dar a luz, el resto había interrumpido el embarazo. La situación en las aldeas soviéticas, lejos de las grandes ciudades, no fue mucho mejor

Al ritmo de abortos que se estaban produciendo en la Unión Soviética los gobernantes del país llegaron a la conclusión de que la nación llegaría al borde del colapso demográfico y, en la práctica, se extinguiría. Y en tiempos de amenazas militares o contrarrevoluciones internas llevadas a cabo por elementos conspiradores esto no podía ser permitido. Además, el desarrollo del ejército, la industria, la agricultura y demás fuerzas productivas era imposible sin un aumento constante de la población.

La práctica de los abortos en la URSS llegó a un punto en que la situación era ya incontrolable y además las interrupciones de embarazos estaban diezmando la natalidad en el país, lo que llevó a las autoridades soviéticas a hacerse con el control demográfico mediante la decisión de imponer una prohibición en los años treinta, con Stalin en el poder, puesto que no se podía continuar con el procedimiento implementado a finales de 1920 por Lenin, debido a las razones antes expuestas.

De este modo, y dada la difícil situación demográfica del país, un Decreto del Comité Ejecutivo Central y el Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, de 27 de junio de 1936, “a petición de los trabajadores”, y firmado por Mijail Kalinin, obligó a prohibir los abortos con la excepción establecida de que “El aborto solo se permitirá en los casos en que la continuación del embarazo sea una amenaza para la vida o amenace con un daño grave a la salud de la mujer embarazada, así como la presencia de enfermedades hereditarias de los padres y solo en el contexto de que se lleve su práctica en hospitales”.

 

Mijail Kalinin

 

Esta Resolución, y los resultados de su implementación hasta la cancelación del Decreto el 23 de noviembre de 1955, ya con Nikita Khruschev en el poder, se inundó de mitos negativos, que hoy día son transmitidos categóricamente por los partidarios modernos de los abortos legales como supuestos argumentos incontrovertibles, junto a medias verdades, en contra de la prohibición del Decreto Kalinin. Algunos de esos argumentos se basan en el hecho de que, supuestamente, la prohibición del aborto en la URSS no disminuyó el número de interrupciones del embarazo, dio paso a las actividades clandestinas, aumentó la mortalidad y supuso la pérdida de la salud en decenas de miles de mujeres.

La prohibición del aborto por Stalin, en mi opinión, fue una medida necesaria y globalmente acertada que, además, fue corroborada años más tarde con ocasión de la ocupación nazi del territorio soviético, donde destacados representantes del nazismo como Martin Bormann afirmaron: “En vista de la gran cantidad de familias que hay en las poblaciones nativas de aquel lugar (la URSS), solo estaremos satisfechos si las niñas y las mujeres hacen el máximo número de abortos posibles. El Führer espera que ampliemos el comercio generalizado de anticonceptivos. No estamos interesados en el crecimiento de la población no alemana”.

Por su parte, la Comisión estatal nazi para la gestión del territorio ocupado de Polonia estableció que “Todas las medidas que tienden a restringir la fertilidad deben ser permitidas y apoyadas. El aborto en el área restante (Polonia) debe estar libre de prohibición. Los fondos para el aborto y la anticoncepción deben ofrecerse públicamente sin restricciones políticas. La homosexualidad siempre debe ser declarada legal. Instituciones y profesionales comprometidos con las políticas sobre el aborto no deben interferir en ellas “.

Mientras, otro hombre de Hitler, el general Wilhelm Wetzel, del Ministerio de los Territorios Ocupados del Este, afirmó: “Cualquier medio de propaganda, especialmente a través de la prensa, la radio, el cine, así como breves folletos y conferencias, debe utilizarse para inculcar en la población rusa la idea de que es perjudicial tener varios hijos. Tenemos que enfatizar los costos que causan. También debemos hacer alusión al peligroso efecto de la maternidad en la salud de una mujer “.

Vardan Ernestovich Baghdasaryan, Doctor en Historia, experto en el Centro de Análisis de Problemas y Diseño de Gestión de la Administración Pública de Moscú, en una ponencia celebrada en 2016 titulada “La experiencia Stalin en el incremento de las políticas estatales de natalidad: una comprensión moderna”, estableció la tesis central de que la implementación del aborto en la Rusia soviética de Lenin, y luego en la de Khruschev, hundía sus raíces en la posición de Leon Trotsky, un firme partidario de la legalización de los abortos que iba unido a su deseo de destruir el llamado “hogar familiar”.

 

Vardan Ernestovich Baghdasaryan

 

Trotsky y muchos bolcheviques consideraban entonces, al inicio de los años 20, y con razón, que la familia (en el contexto del anterior sistema opresivo feudalista ruso) era una institución arcaica donde la mujer de clase trabajadora realizaba trabajos forzados desde la infancia hasta la muerte. Según Trotsky el nacimiento de un hijo era para muchas mujeres una grave amenaza para su posición y por ello “el poder revolucionario les dio a las mujeres el derecho a un aborto que, en condiciones de necesidad y opresión familiar, es uno de sus derechos civiles, políticos y culturales más importantes”.

No obstante, pronto se suscitó entre los bolcheviques un desafío ideológico en la cuestión del aborto. De un lado, Stalin mostró su oposición al aborto, y del otro, Trotsky y Lenin eran firmes partidarios del aborto y opuestos al control de la natalidad. Así pues, dentro de la plataforma bolchevique, originalmente leninista, había dos sectores contradictorios y enfrentados entre sí cuyas disputas llegaron hasta los años 30 y supusieron una división dentro del bolchevismo a lo largo de dos trincheras ideológicas, en la que una de ellas proclamaba que la familia debía ser la célula de la sociedad socialista y, por tanto, debía estar protegida, y la otra defendía la abolición de dicha institución familiar.

Baghdasaryan resume la confrontación sobre el aborto en la URSS de la siguiente manera “En la política soviética, existía la posición de Trotsky y la posición de Stalin, donde dos vectores ideológicos luchaban entre sí. El vector de la destradicionalización, es decir, el alejamiento de los valores tradicionales y el vector de la retradicionalización moderada, que en parte coincidió con el período de la mitad de los años 30 y principios de los 50”.

“En los años 20, dice Baghdasaryan, durante el vector de la destradicionalización (Trotsky-Lenin), los indicadores de crecimiento natural de la población fueron cayendo, mientras que en el período de los años 30 y principios de los 50, años de la tradicionalización (Stalin), observamos que en este período las tasas fueron creciendo. Con la destradicionalización de Khruschev la natalidad volvió a caer bruscamente”. Veamos ahora cuán efectiva fue la experiencia de restringir el aborto en la URSS. El gráfico muestra las tasas totales de natalidad en la Unión Soviética y muestra que el aborto legalizado desde 1920 no hizo más que disminuir de forma constante dicha tasa de natalidad:

 

 

La absurda y disparatada teoría de Trotsky consistía en que “destradicionalizar” la natalidad era la consecuencia de una tendencia natural en la Humanidad donde la infancia tenía que declinar, ya que esa Humanidad iría en la dirección de un aumento en la esperanza de vida y la infancia, por tanto, disminuiría.” Esta argumentación, que fue asumida por el sucesor de Stalin, Khruschev, produjo efectos devastadores durante todo el mandato de este último. Sin embargo, dice Baghdasaryan, “la política de Stalin era contextual a lo que estaba sucediendo en el mundo”.

Ya en el exilio, Trotsky fue uno de los críticos más duros de la ley contra el aborto de 1936 y dijo que mediante este decreto Stalin había derribado todos los logros de la Revolución de Octubre, condenando la estrategia del líder georgiano de prohibir el aborto en la URSS, llamándola “la filosofía del sacerdote que posee, además, el poder del gendarme, donde el aborto debe ser castigado con prisión”. Sin embargo, Trotsky no solo desconocía las amenazas que se cernían sobre la URSS, tanto en materia de natalidad como de agresiones militares, sino que su retórica no pasaba de ser la de aquel iluminado que creía, en los años 20, que todo se iba a resolver con la varita mágica de una fantasmagórica revolución mundial destruyendo, al mismo tiempo, la institución familiar soviética.

Los modernos detractores del decreto de 27 de junio de 1936 se han esforzado, igualmente, en montar sórdidas historias sobre las consecuencias de la prohibición del aborto en el “período Stalin” con la misma eficacia propagandística de aquellas otras fabricadas por la CIA durante la guerra fría, aportando datos de dudosa veracidad o simplemente falsificándolos.

Entre esos adversarios jurados del “estalinismo” se encuentran las feministas, quienes han contribuido, también, a construir bulos propagandísticos sobre la “represión” de Stalin contra los practicantes del aborto durante el período prohibitorio. La escritora rusa feminista Maria Arbatova, (quien ha glorificado, por cierto, la infame época de Yeltsin diciendo que “para mí, todo lo relacionado con la era Yeltsin es absolutamente sagrado”) ha afirmado que “el terror estalinista” contra los que vulneraron la prohibición de practicar abortos, solo en una década desde la prohibición, supuso que “500.000 mujeres y ginecólogos fueran fusilados”. Una flagrante mentira desmentida en la propia Resolución de Kalinin y con los hechos documentados en mano.

El “terrible” castigo para los infractores previsto en el Decreto contra el Aborto de 1936 fue tan comedido que solo hay que recordar el contexto político en que se desarrolló la prohibición del aborto a mediados de los años treinta donde los Jefes de los Comités Regionales del PCUS andaban “enfrascados” en “las purgas”, con Stalin atado de pies y manos. Los puntos 2 y 3 del Decreto Kalinin establecían que un médico que vulnerase la prohibición de abortar y cometiese un aborto delictivo podía ser “sentenciado de 1 hasta un máximo de 2 años de prisión, mientras que si obligaba a una mujer a abortar o realizar el aborto en un entorno antihigiénico no sanitario, le podían imponer hasta un máximo de 3 años”.

Por otro lado, para las mujeres que abortaban solo existía la reprensión pública o la imposición de una multa, tal como establecía el punto 4 de la Resolución de Kalinin, del que cito textual: “Con respecto a las mujeres embarazadas que abortan en violación de esta prohibición, establecer como castigo penal la reprensión pública y en caso de infracción repetida de la ley sobre la prohibición del aborto, una multa de hasta 300 rublos”.

Baghdasaryan señala que en la URSS de Stalin las autoridades soviéticas no dispararon un solo tiro ni tampoco encarcelaron a mujeres que practicaban abortos ilegales. Únicamente, dice Bagdasaryan, en sintonía con la Resolución de Kalinin, los infractores fueron objeto de reprensión pública y la imposición de multas. Si se compara esto respecto a muchos países occidentales en el mismo período, la legislación en Occidente era mucho más estricta”.  

La restricción del aborto en 1936 supuso que las tasas de fertilidad en la URSS volvieran a aumentar significativamente (la tasa de crecimiento poblacional fue de 21,2%, lo cual fue un indicador muy serio) que superaba las cifras del Imperio ruso a principios del siglo XX (el 9,3%), teniendo en cuenta que la tasa de fertilidad total disminuyó constantemente a partir de 1920. Y esto a pesar de las pérdidas terribles producidas durante la II Guerra Mundial (la Gran Guerra Patriótica). Esto demostró el éxito de la administración Stalin en los procesos demográficos.

Pero, como sucede con cualquier tipo de prohibición que afecte a una franja importante de la sociedad, “no todo el monte era orégano”, surgiendo inevitablemente bolsas de ilegalidad, clandestinidad y muertes. Los abortos ilegales implicaban potencialmente una cadena de fallecimientos (al realizarse aquéllos en condiciones de salud no garantizadas) ya que la interrupción del embarazo la hacían en algunos casos personas sin ninguna formación médica. Las estadísticas de 1936 muestran que solo un 23% de los responsables de realizar abortos ilegales ocupaban cargos relacionados con la Salud pública

Pero ¿es cierto que la prohibición de Stalin realmente ocasionó la muerte a cientos de miles de mujeres soviéticas como señalan algunos autores-detractores? La investigación científica más accesible sobre este tema la podemos encontrar en el trabajo de Viktoria I. Sakevich “Qué ocurrió después de la prohibición del aborto en 1936”. Su autora, profesora de la Escuela Superior de Economía de Moscú, es partidaria del aborto y defiende un enfoque abiertamente crítico y sesgado, afirmando que la tasa de mortalidad materna en el período prohibitorio de la URSS fue de aproximadamente 2.000 personas por año sin contar las zonas rurales. Sin embargo, Sakevich afirma que se produjeron 355.000 abortos ilegales en 1937 pasando a 500.000 en 1940. Si damos por buenos los datos sobre la cantidad de abortos y sobre la mortalidad materna que expone Sakevich, entonces resulta que los abortos ilegales eran bastante seguros.

El mito de que con la prohibición de los abortos en la URSS el número de mujeres fallecidas aumentó dramáticamente debido a la clandestinidad, como señalan varias fuentes críticas (en particular, la de Sakevich), es refutada por el historiador Baghdasaryan, quien afirma que “solamente se produjo un ligero aumento en el número de esas muertes, mientras que en los años posteriores a la II Guerra Mundial se produjo una disminución constante en las mismas. Por supuesto, el coste de la prohibición fue importante en ese aspecto, pero fue posible controlar el impacto de dicha situación con políticas eficaces de Estado”.

Otra de las fábulas desmentidas por Bagdasaryan es la relativa a la tasa de mortalidad infantil respecto a la prohibición del aborto de 1936, desmintiendo la tesis de que con la prohibición de los abortos los niños no deseados aparecieron en familias más “pobres” y, en consecuencia, no sobrevivieron y, al mismo tiempo, se produjeron más infanticidios. Los gráficos muestran que esto también es un mito: no ocurrió ningún aumento fundamental en la mortalidad infantil después de 1936 (solo durante el período 1941-1942 coincidiendo con el bloqueo nazi a Leningrado) e incluso la mortalidad infantil se redujo, gracias también al éxito de la medicina”, como señala Baghdasaryan en el siguiente gráfico:

 

 

 

Después de la Segunda Guerra Mundial se lograron indicadores estables en relación con la tasa general de nacimientos, hasta 1955, cuando Khruschev abolió las restricciones sobre el aborto. Entonces, la tasa de natalidad bajó drásticamente. La década de 1960 es el período más dramático en la historia de los abortos en toda Rusia ya que se interrumpieron cerca de seis millones de embarazos, es decir, casi una generación entera de niños soviéticos no nacieron.

Dice Baghdasaryan, a este respecto, que “no podemos prescindir de un vector ideológico. Me refiero a muchas evidencias, en particular, sobre el trotskismo de Khruschev donde todo su conjunto de acciones ideológicas se establecieron claramente en clave trotskista, incluida la razón por la que levantó la prohibición del aborto en 1955”.

Hay que decir que adicionalmente a la decisión de prohibir el aborto en 1936 por Stalin la resolución incluía, entre otras cosas, un endurecimiento de los requisitos para conseguir el divorcio. El número de divorcios disminuyó al igual que en los años de la posguerra, repuntando en el período de Khrushchev, 1955-1965, cuando se eliminaron las medidas restrictivas del período de Stalin, disparándose los divorcios hasta llegar la URSS a ser el primer país del mundo en separaciones matrimoniales legales, como se muestra en el gráfico siguiente:

 

 

 

Para Baghdasaryan, la introducción de la legalización del aborto siempre fue igual a una caída en la tasa de natalidad aplicable a todos los países, incluidos los capitalistas. De hecho, en los países occidentales, relativamente tarde, se introdujeron leyes favorables al aborto. En Inglaterra, a mediados de los años 60, produjo una severa caída en la tasa de natalidad.

El Decreto Stalin sobre la prohibición del aborto no era la panacea para corregir, por sí solo, la pobre situación demográfica en la Unión Soviética sino que dicha medida contenía otras complementarias. Entre ellas, figuraban en la Resolución:

  • Reforzar el papel nuclear de la familia en la sociedad soviética
  • Aumentar, como se ha dicho antes, los requisitos para demandar procesos de divorcio
  • Incrementar la asistencia económica a las mujeres en el trabajo
  • Establecer ayudas estatales multifamiliares
  • Ampliar la red de hogares de maternidad, guarderías y jardines de infancia
  • Incremento de las sanciones penales por impago de pensión alimenticia de los padres a los hijos en caso de divorcio

 

Además, el punto 9 de la Resolución establecía una sanción penal a las empresas por negarse a contratar mujeres por razones de embarazo, con la obligación de transferirlas a un trabajo más liviano antes de solicitar la licencia por embarazo. En caso de vulneración reiterada de estas normas, la pena impuesta al empleador podía ser de hasta 2 años de prisión.

¿Y cómo fueron las polítiicas sobre el aborto en otros países, particularmente del entorno soviético? En unos se introdujeron prohibiciones de abortos y en otros se legalizaron. El ejemplo más famoso es Rumanía, donde se prohibió el aborto en 1966. En principio, corrigieron drásticamente la situación demográfica, pero luego no la siguieron tan rígidamente y el presidente del país, Nicolae Ceaucescu, fue conminado a movilizar el cumplimiento de esta decisión. El impacto en los procesos demográficos produjo un aumento en la tasa de natalidad. La experiencia rumana es significativa a este respecto.

En Bulgaria y en la siempre conservadora (a pesar de ser comunista) Polonia se introdujo en 1956 la legalización de los abortos. En 1957, se hizo lo mismo en Yugoslavia y Checoslovaquia, mientras que en la República Democrática Alemana, RDA, los conservadores del CDU (cristiano-demócratas que formaban parte del gobierno del Partido Socialista Unificado, SED) votaron en contra en la Volksammer o Cámara del Pueblo, en 1972, por lo que su voto fue determinante para la no aprobación de una Ley favorable al aborto en la RDA.

Como dice Baghdasaryan “La prohibición del aborto podría ser un éxito solo cómo una medida compleja. Si observamos, en general, todo esto se basó en una inversión ideológica, que se llevó a cabo a mediados de los años treinta. Además de la prohibición del aborto, Stalin promovió el retorno a las tradiciones de la literatura y arte rusos recuperando personajes o héroes de leyenda (Ivan el Terrible), se produjo el deshielo con la iglesia ortodoxa, se rehabilitó la figura de la familia como eje central de la sociedad socialista, se restituyó la figura de los cosacos y se penalizó la sodomía”.

El arco demográfico en la URSS hasta llegar a día de hoy en Rusia ha pasado del decrecimiento de los años veinte al crecimiento de los años 30 y nuevamente a la caída en picado de la demografía soviética durante el decenio de Khruschev para finalizar con una nueva caída de la natalidad en la Rusia actual, como podemos ver en el gráfico que sigue:

 

 

 

De todo lo anteriormente expuesto se puede extraer una lectura bastante clarificadora: la implementación del aborto en la URSS impulsada por Lenin, Trotsky y Khruschev fue un fracaso sistémico, digan lo que digan los defensores de la política leninista-trotskista sobre los “derechos reproductivos” de las mujeres, mientras que Stalin y su equipo eligieron la dirección correcta (con todas las deficiencias y efectos no deseados que surgieron con la aplicación del Decreto Kalinin).

“Después de todo, dice Baghdasaryan en su reflexión personal final, que algunos tildarán de “conservadora”, en todas las partes del mundo occidental, los abortos comenzaron a introducirse en los años 70. Desde finales de los años 80, se está introduciendo la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Y este proceso ha abarcado a todo el mundo occidental.

Así, etapa por etapa, se produce lo que llamaríamos deshumanización del hombre. Lo siguiente es la muerte de la persona como fenómeno histórico y no solo histórico. La cuestión del aborto, la prohibición del aborto, no es solo una cuestión de hoy, no es solo una cuestión de la seguridad demográfica de Rusia. Se trata de un desafío de valor tan trascendental que se remonta a lo largo miles de años atrás en lo más profundo de la historia y durante milenios desde una perspectiva histórica”.

 

 

 

FUENTES:

https://azbyka.ru/zdorovie/stalinskij-opyt-gosudarstvennoj-politiki-povysheniya-rozhdaemosti-sovremennoe-osmyslenie

https://sovietime.ru/semya-po-sovetski/aborty-v-s-ovetskie-vremena

https://rusplt.ru/wins/stalin-abortyi-zapretit-30069.html

http://xn--e1aaejmenocxq.xn--p1ai/node/13820

http://www.demoscope.ru/weekly/2005/0221/reprod01.php

 

 

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  1. Carlos

    ¡Sigue publicando estos buenísimos artículos! Sobre todo los de la RDA son geniales, bien documentados. Saludos socialistas, desde Cuba. ,¡Es lebe die Deutsche Demokratische Republik!!!

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  2. Javier

    Yo desde hace mucho tiempo estimaba a Stalin porque en la época de Stalin se produjo la colectivización agraria, de forma que se llegó al máximo nivel de Comunismo alcanzado en cuanto a disposición de los recursos básicos y necesarios para una sociedad.
    Pero, como todo, la época de Stalin tiene cosas buenas y malas y, no se puede olvidar ni despreciar el hecho de que, pese a que Stalin se oponía a implantar el régimen de terror porque estaba más involucrado en la reforma democrática, al final cedió y dio la orden de proceder a las ejecuciones del régimen de terror, desde aproximadamente Julio de 1937 a 1939. El papel de Stalin era muy difícil de resolver, no creo que yo lo hubiera hecho mejor, pero ahí quedó el pecado y posterior estigma del Comunismo, estigma inaceptable e infinitamente agrandado por la prensa y los poderes y hasta por la gente llana en Occidente. Pero hay que considerar que este pecado del Comunismo se produce en 1937 cuando el sistema Comunista levaba andando desde 1920, e igualmente que cuando se terminó el régimen de terror, porque Stalin pudo apartar a la nomenclatura, el sistema Comunista continuó, y dando considerables buenos resultados en algunos aspectos, como vencer al fascismo (prácticamente la única nación que puede decir que venció a la bestia fascista del nazismo) y avances en lo tecnológico y en lo social…Contrasta con otros sistemas que comenzaron a base de genocidio, como la España de 1939.
    Porque el Comunismo, partiendo de una revolución en lo social, que supone la inversión del esquema de dominio en la sociedad, no se queda ahí, sino que va mucho más allá, es un cambio integral que implica a todos los aspectos de la vida humana. Una vez colectivizados los medios de producción, racionalizado el trabajo, se pudo comprobar que las personas (aquí sí podemos hablar de personas y no salvajes que genera el sistema capitalista) no se dedicaron a vegetar consumir o degenerar, sino a explorar las posibilidades de desarrollo que tiene el ser humano tanto a nivel personal como colectivo, de ahí la facilitación de la práctica del deporte y otras formas culturales, música, danza etc. y a nivel colectivo el desarrollo de grandes programas de raíz tecnológica como la exploración espacial, exploración ártica, exploración sub-marina a grandes profundidades, etc.
    Igualmente, en este concepto de ser humano integral, incluía ejercicio de libertad, muy por delante de lo que había logrado llevarse a la práctica en otras sociedades. Por otra parte,las necesidades sociales han de ser las necesidades de los individuos de esa sociedad, y en una sociedad justa este factor estaría perfectamente ajustado. No pienso que la segunda guerra mundial se ganase por los nacimientos que hubiera después de la emisión de la orden de prohibición del aborto, ni tampoco que dicha prohibición generara todo el desarrollo social posterior. No pienso que haya que promocionar el aborto, pero tampoco regresar a la prohibición del aborto, la promoción de la natalidad se hace a través de la motivación según una suma de factores, que pueden trascender lo estrictamente material. Tampoco pienso que fuera determinante la determinación de la familia como célula de la sociedad. La familia siempre ha sido importante en TODAS las civilizaciones y épocas del ser humano, y si bien las políticas han de posibilitar la práctica familiar, también ha de haber flexibilidad en cuanto al ámbito en el que se desarrollen las actividades humanas, y esto ocurre en todos los sistemas sociales y políticos.
    Pero la época Soviética es ya historia. Y como todo lo que es historia hay que tomar lo bueno y desechar lo malo. Y hoy en Rusia las encuestas dan un alto grado de aceptación de Stalin, o una alta valoración de la época de Stalin. Pero la Rusia de hoy no es la Unión Soviética. Cuando Vladimir Putin ganó las últimas elecciones presidenciales, lo hizo en un contexto de haber sacado a Rusia del fatal estado de crisis socio-económica en que había caído después del desmoronamiento del sistema Soviético. La verdadera misión de Vladimir Putin había sido concluida, y con éxito, que no es poco. Y en las últimas elecciones se podía vislumbrar que el mantenimiento de Vladiir Putin en la presidencia rusa se debería no ya a la necesidad de la misión para la cual accedió a ella, sino a según que sector social presionara más, para llevar la política de Rusia en la dirección de sus intereses. Es sabido que hay un poderoso sector neoliberal sin escrúpulos. También entiendo que a una considerable parte de la sociedad rusa, aburguesada, le da igual el pasado político y lo que le atrae es el modo de vida Occidental. Y también una considerable masa que vive humildemente, estrato social que sobrevive en este tenue estado de crisis social en que quedaron los países de la antigua Unión Soviética, y donde los valores son sustituídos por valores hipócritas, de una iglesia prepotente connivente con los intereses de las oligarquías neoliberales.
    Se puede aprender de los errores y adoptar lo bueno y desechar lo malo de la historia. El Comunismo fue Igualdad y Libertad. Hace poco escribiste en twitter un hilo sobre la época de Brezhnev que me resultó gratificante leer. Cuando recorrí países de la antigua Unión Soviética, hectómetro a hectómetro, aprecié aspectos del carácter de toda esa gente que revelaban porqué se construyó ese modelo de sociedad y cómo sobrevivieron al acoso al que fueron sometidos. Pero mucho antes había llegado, de forma intuitiva y personalmente, a la conclusión de que el “estancamiento” con que se definió a la época de Brezhnev no era más que un palabro de cuño occidental, que nada tenía que ver con la realidad de la gente de la Unión Soviética. “Estancamiento” era la antítesis del sistema Occidental capitalista, consumista. “competente”, hipócrita. Qué conciencia podían tener los Soviéticos, en una escala de valores supremos, de estancamiento?. Yo creía que ibas a publicar un artículo largo sobre ello en el blog.

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    • Rafael granados

      ¡Vamos a ver Javier !, si nos serenamos y no caemos en “historias para no dormir” del gusto de los anticomunistas:stalin no dío” ninguna orden de proceder a las ejecuciones del régimen de terror”:la llamada orden 0047 acotaba claramente los limites y objetivos de una operación de limpieza del orden público , “los excesos no están permitidos”.

      Fue Yezhov el que ejecutó a estas personas con el fin de encubrir su propia conspiración , provocar una situación de caos en el pais y dar un golpe de estado que estaba programado para noviembre de 1938.

      Hoy sabemos que Yezhov no era más que un agente a sueldo de Alemania y secundariamente del servicio secreto polaco, sabemos de sus reuniones con agentes del gobierno alemán en una famosa clínica austriaca y sabemos que Nikolai Bujarin,ese “mirlo banco del bolchevismo” conocia los planes de Yezhov y no dijo nada al gobierno soviético durante su proceso ( lo que habría evitado la muerte de miles de incocentes ), porque sabemos también que toda esta basura “pseudo bolchevique” de conspiradores y vendidos a Occidente, tenía entre ellos el código mafioso de la “omertá”, es decir no soltar ni una palabra que arroje luz sobre la conspiración aunque te ejecuten.

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  3. Rafael granados

    ¡Estimado Berlin!:

    He leido con interés tu polémica con Santiago Armesilla en un hilo de Twitter: coincido contigo en que ese artículo de 2013 con Esquinas y armesilla tiene ciertamente un tufillo antisoviético, a mi juicio armesilla tiene en ocasiones un conocimiento limitado de las realidades soviéticas y de la propia historia soviética en sus intringulis ( por ejemplo de los años 30), en eso se nota que su foramación es más de filósofo que de historiador empírico ó especializado.

    Por otra parte, la identificación de la URSS como un “imperio generador”( en la nomenclatura buenista) creo que es ciertamente asumible desde el marxismo clásico, no creo que sea muy diferente de llamarla superpotencia, más alla de la propaganda contra el “imperialismo soviético” que se utilizó durante la guerra fría.

    En todo caso los análisis de Armesilla tienen la virtud de poner el acento en las debilidades de la arquitectura del poder soviético frente a las añagazas y cantos de sirena del capitalismo.

    Aunque esto daría para hablar mucho, el porqué las élites soviéticas(aparentemente) se transformaron en anticomunistas con el paso del tiempo.

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    • berlinconfidencial

      Hola Rafael. En realidad creo que hubo precipitación por mi parte, porque lo que Armesilla hacía era contraargumentar a los detractores del período soviético. Lo que si no comulgo es que con esa etiqueta de “imperio generador” ya que para mí es un lastre conceptual que tiene un componente “negativo” aunque esté enmarcado en la dialéctica “buenista”. Para mí imperio significa sometimiento y eso da alas a la propaganda antisoviética. Aunque hay que matizar que no todo en la URSS fue para tirar cohetes. Es que no existe un país perfecto. No lo hay ni hubo.

      Lo de estudiar el por qué las élites comunistas se convirtieron en anticomunistas sería digno de estudio. Yo sólo he podido esbozar algunas cosas (la última nomenklatura y sus coqueteos con el “enemigo”, pj. Yakovlev en los años sesenta, la ostpolitik del Oeste como hábil baza para ir minando el socialismo)…Hay mucha tela que cortar y engarzarla toda.

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      • Rafael granados

        ¡ Hola berlin!: gracias por tu respuesta, me queda claro.

        quizás estos dos tipos de izquierdas te sirvan para hacer un twitt :el “sinólogo” xulio rios ( que escribe a la vez en Rebelión y el Pais) dando pábulo al imperialismo con el “tsunami democrático” de Honkong y sobre xinjiang escribe sibilinamente:

        ” En el caso de las nacionalidades minoritarias, ubicadas en zonas periféricas y siempre con un nivel de desarrollo inferior al de los territorios con mayoría Han, el modelo autonómico se vio reforzado con políticas desarrollistas que responden a la idea de que la mejora del nivel de vida diluirá las demandas identitarias y potenciará la lealtad al gobierno central. También se quedó corto.

        La espiral de centralización que China ha experimentado en los años de Xi Jinping va a contracorriente del sentir de unos territorios y comunidades que no se sienten partícipes de un sueño que así, sin más, difícilmente podrán considerar como propio”

        *Centralismo y nacionalidades en China.De dos en dos:”.http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263632

        El otro es Raimundo Cuesta,pedagogo y sociólogo de la educación muy conocido de Fedicaria-Univ. de Salamanca-,cuyo odio ( e ignorancia a partes iguales) de la URSS es patente, en un artículo laudatorio sobre el fallecido historiador Josep fontana escribe sobre la mácula que tenía el autor barcelonés:

        ” No obstante, él mismo fue víctima de la
        desintegración del comunismo hispano a lo largo de los años ochenta cuando
        la apuesta eurocomunista queda abortada. Por aquel tiempo, su defensa del
        socialismo real encarnado en la URSS era, a mi modo de ver, nada afortunada.
        Para entonces la izquierda ya había perdido su “inocencia” gracias, entre
        otros factores, al XX Congreso del PCUS de 1956 y al 68 checoslovaco, y por
        ello me pareció difícil de entender su defensa pertinaz de un régimen caduco
        hasta las vísperas de su disolución. Algo de ese tic permisivo y comprensivo
        con los abusos del socialismo real todavía se atisba muchos años después en
        libros, por lo demás admirables, como Por el bien del imperio (2011), en el que
        el tratamiento blando y tolerante que otorga al capitalismo de Estado de la
        China actual se asemeja al que antaño diera a la URSS.”

        *Recordatorio intergeneracional de Josep Fontana en “con-ciencia social”(2019):
        https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6858656

        Un cordial saludo.

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        • berlinconfidencial

          Gracias por esa info. He pasado un rato divertido, sobre todo en la cita de R. Cuesta cuando habla de que “la izquierda perdió su inocencia con el XX Congreso-farsa del PCUS”, avalando la tesis de un criminal de las purgas, Jruschov, que se dedicó a demonizar falsamente a Stalin (el motivo es que Stalin, al igual que Beria, quería barrer la basura del PCUS, entre ella, a Jruschov). Del 68 checoslovaco es inútil volver a ello. Ya dejé una entrada donde quedó claro que fue un intento de golpe de Estado de la OTAN, con clarísimas injerencias externas de la CIA y el BND alemán federal. Refutar a estos indigentes es sumamente sencillo

          Saludos

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          • Rafael granados

            ¡Berlin!, gracias de nuevo por tu respuesta: le enviaré un correo al señor Raimundo Cuesta, dándole referencias bibliográficas sobre las cuestiones que tú comentas, evidentemente poco se puede esperar de esta gente de la “new left” ó izquierda caviar.

            Profundamente antisoviética y antichina, el malogrado Domenico Losurdo hizo un buen retrato de esta gente(incluida Arendt en su fase izquierdista previa a la guerra fría) en su libro el “marxismo occidental”, publicado por Trotta.

            Uno de los iconos de este “marxismo occidental”( y de Cuesta por ajeno y escamoteador de las verdaderas revoluciones acontecidas en Rusia,Cuba,china,corea del norte, Vietnam) es el historiador Edward Thompson, conocido por sus campañas contra la guerra nuclar en los 80, y que , por supuesto, tenía fobia a la URSS,mientras que su colega Hobsbawm era mucho más ponderado con la URSS.

            Sin duda el llamado “marxismo britanico” junto con la Escuela de frankfurt hicieron mucho por consolidar este marxismo ó marxología occidental en la que se mueven como pez en el agua los izquierdistas como cuesta que pululan por las universidades.

            un cordial saludo.

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      • Javvier

        Yo creo que Bueno tenía mucha razón. Solamente desde la base de un imperio puede haber civilización, y sólo desde una civilización puede haber un socialismo. ¿Acaso no heredó la Unión Soviética un imperio del zarismo? Pensar lo contrario es caer en el infantilismo izquierdista. No hay cosa más estúpida que este izquierdismo indigenista que le sigue el juego a la C.I.A. O estamos con Marx o no. Marx hubiera escupido a todos estos que parecen querer volver a un socialismo neolítico, o incluso peor, paleolítico. El imperio católico español fue generador, civilizador, fue un avance innegable frente a culturas canibales que sacrificaban niños a los dioses de la lluvia. Sólo desde esa base hispánica heredada del imperio español se puede hacer frente al imperio depredador anglosajón. Esto lo saben muy bien en el Pentágono y han invertido tanto en promover un evangelismo indigenista que fracture la unidad de lo que fue nuestro imperio.
        Basicamente estoy de acuerdo con Bueno y Armesilla. Por supuesto hay mucho que matizar, que es lo que no hace la izquierda podemita claramente al servicio de esos mismos poderes mencionados.

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    • berlinconfidencial

      La verdad es que no estoy últimamente nada pendiente de los medios y esa noticia me pilla desactualizado. Pero leyendo entre líneas sobre que el personaje era un “crítico” con Bielorrusia y Putin…y les quieren endilgar a estos dos el atentado…pues que quieres que te diga..apesta a montaje a la legua

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  4. Rafael Granados

    ¡Estimado Berlin!:

    Nuestro “amigo ” el profesor Jose Maria Faraldo ha publicado hace unos meses un libro sobre las policias secretas comunistas con el título “Las redes del terror”( editorial Galaxia Guttemberg ), no he leído el capitulo correspondiente a la “stasi” pero si he leido el capitulo correspondiente al “Gran terror estalinista”, Faraldo demuestra que no tiene la más mínima idea de la naturaleza de este hacho ,la “Yezoschina” por eso se dedica a destilar propaganda anticomunista a lo largo del capitulo, pero es significativo que para ello se apoya en un historiador alemán de extrema derecha y pronazi, Jörg Baberowski( que pasa por experto en el “estalinismo”).

    Vid el artículo en esta web troskista :”Gobierno alemán defiende a profesor ultraderechista, Jörg Baberowski”( 2019)

    *https://www.marcialpons.es/libros/las-redes-del-terror/9788417088989/

    *https://www.wsws.org/es/articles/2019/06/07/babe-j07.html

    Saludos.

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