La Escuela de idiomas Hyperion de París, la central eléctrica terrorista “roja” de la CIA y el Mossad para Europa (4)

 

16 DE MARZO DE 1978: UN COMANDO DE GLADIO SECUESTRA AL DIRIGENTE DEMOCRISTIANO ALDO MORO Y ASESINA A SUS CINCO GUARDAESPALDAS. LA PROPAGANDA OFICIAL SEÑALÓ LA AUTORÍA DE LA ACCIÓN AL GRUPO TERRORISTA BRIGADAS ROJAS

 

 

LA INTELIGENCIA ISRAELÍ Y NORTEAMERICANA DETRÁS DEL SECUESTRO Y ASESINATO DE ALDO MORO (2)

 

Recordemos brevemente, de la mano de Paul L. Williams (ya citado en otra entrada sobre Gladio), cuatro puntos esenciales del secuestro de Aldo Moro en Via Fani el 16 de marzo de 1978 y su posterior asesinato (el cuerpo fue depositado en el maletero un vehículo R4 en Via Caetani el 9 de mayo de 1978):

(1) Los pistoleros que asesinaron a los guardaespaldas de Moro en Via Fani fueron asesinos altamente especializados, con habilidades que superaban con creces las de unos “brigadistas aficionados” que carecían de entrenamiento militar

(2) Los asesinos utilizaron uniformes de la compañía aérea Alitalia con el fin de identificarse unos a otros.

(3) Moro había estado cautivo en un complejo de apartamentos propiedad del SISMI, la agencia militar de inteligencia de Italia, que se detalla más adelante. 

(4) Las balas que acribillaron el cuerpo de Moro fueron tratadas con una pintura especial para preservar en el anonimato la munición que estaba utilizando la red terrorista Gladio de la OTAN.

Cuando las famosas cartas escritas por Moro en cautividad se encontraron más tarde en un refugio de las Brigadas Rojas en Milán, los investigadores esperaban que revelarían evidencias clave. Pero Francesco Biscioni, que estudió las respuestas de Moro a las preguntas de sus captores, concluyó que la práctica totalidad de las mismas habían sido mutiladas cuando se transcribieron. No obstante, en un pasaje sin censura, Moro se preocupó por cómo las fluidas relaciones de Andreotti con sus colegas de la CIA iban a afectar a su destino.

Las dos personas con más conocimiento de las cartas de Moro fueron asesinadas. Uno de ellos, el general de los Carabiniere a cargo de la lucha antiterrorista, Carlo Alberto Dalla Chiesa, fue trasladado oportunamente al feudo de la mafia, en Sicilia, en definitiva al matadero, donde fue asesinado por encargo en 1982, pocos meses después de haber investigado y reconocido las palabras que faltaban en las cartas de Moro. Otro, el gran periodista inconformista, Mino Pecorelli, fue asesinado en una calle de Roma en 1979, apenas un mes después de informar que había obtenido una lista de 56 fascistas en la policía que iban a ser traicionados por Licio Gelli, el jefe de la Logia P2. Tomaso Buscetta, un informante de la mafia bajo un programa de protección de testigos en los EEUU, acusó a Andreotti de ordenar ambos asesinatos por temor a ser descubierto.

Giovanni Spadolini fue otro personaje clave en el “affaire Moro”. Spadolini era un político del Partido Republicano Italiano que desempeñó los cargos de Presidente del Consejo de Ministros de Italia entre 1981 y 1982 y ocupó los ministerios de Defensa y Educación, además de la presidencia del Senado italiano. Es decir, Spadolini no era precisamente un “segundón” de la política italiana sino alguien con mucho poder.

Uno de los hallazgos relativos al caso Moro son unas notas atribuidas a Spadolini que fueron encontradas en la sede de la Fundación que lleva su nombre en Florencia. Dichos documentos inéditos se referían a la participación del Mossad y de la inteligencia norteamericana en el secuestro de Aldo Moro, en los cuales aparecían anotadas referencias en varios cuadernos escritos por el propio Spadolini en el curso de algunas conversaciones privadas que mantuvo con el ex Presidente de la República y ex Ministro del Interior, Francesco Cossiga.

Las notas, que datan de octubre de 1990, fueron descubiertas antes del verano por la magistrada Antonia Giammaria, asesora de la propia Comisión Fioroni, y contienen elementos importantes sobre el contexto en el que se produjo la tragedia de Aldo Moro y sobre la posible implicación de los servicios secretos israelíes y estadounidenses. El hecho de que los documentos en cuestión se guardaran en un armario blindado, y no en los archivos personales de Spadolini, sugiere que el contenido de dichos documentos estaba clasificado o sujeto a altas restricciones.

Las notas resumen la decepción de Spadolini por el nombramiento de Moro como jefe de gobierno. Spadolini también informa sobre la posición socialista que sugirió a raíz del descubrimiento de los documentos de Moro una iniciativa de los servicios estadounidenses o israelíes. “Hay muchos documentos secretos porque se refieren a aspectos delicados de la política. No recuerdos ni nada más que correspondencia o, como en este caso, informes de entrevistas grabadas”, según explicó Cosimo Ceccuti, director de la Fundación Spadolini.

Ferdinando Imposimato Presidente honorario de la Corte Suprema de Casación y juez de instrucción del caso Moro, publicó un libro titulado La Repubblica delle stragi impunite (Newton Compton 2012), donde aborda la estrategia de tensión, el enigma de via Sicilia, las bombas de Piazza Fontana de 1969, las masacres de 1974 (tren Italicus y Piazza Della Loggia en Brescia), la masacre de Bolonia, el ataque del Addaura y la masacre de via Capacci.

Imposimato, a pesar de que deja entrever (en su libro 55 días que cambiaron Italia) la reiterada arma de distracción masiva de la participación soviética en el “caso Moro”, deja claro que hubo contactos entre las Brigadas Rojas y los servicios secretos israelíes y estadounidenses para desestabilizar Italia”. Entre 1971 y 1973, ambas agencias de inteligencia se pusieron en contacto con los brigadistas Mario Moretti y Alberto Franceschini, ofreciéndoles armas, financiamiento y cobertura de diverso tipo, pidiendo a cambio intensificar su compromiso de desestabilizar la situación política italiana. Este programa se implementaría a través de acciones políticas y militares más llamativas de las Brigadas Rojas.

Imposimato en la sección del libro titulada “Los días de Judá” especifica que el 7 de octubre de 2008 fueron a verle a su despacho en Roma, el teniente Mario Paganini, el brigadier Giovanni Ladu y otros miembros de la Guardia di Finanza (GdF, la militarizada Hacienda Pública italiana) de Novara. “Ladu había escrito un breve memorial en el que afirmaba haber estado con otros miembros de la GdF, del 24 de abril al 8 de mayo de 1978, en la víspera del asesinato de Aldo Moro y el descubrimiento de su cadáver en el Renault rojo estacionado en Via Caetani, Roma, para supervisar el apartamento de la prisión donde se encontraba el presidente de la Democracia Cristiana”. Imposimato le preguntó a Ladu por qué había dejado pasar todos estos años sin haber hecho antes esta revelación sin que ello implicase “desestabilizar” el orden político.

Ladu respondió: “No he dado este paso antes por varias razones. En primer lugar, porque guardé, junto con otros funcionarios que saben mis propias cosas, silencio y secreto sobre lo que había sucedido y lo que habíamos visto y oído. En segundo lugar, en el momento de los acontecimientos yo era muy joven y temía las posibles consecuencias no solo sobre mi carrera, sino también sobre mi seguridad y la de mi esposa “.

En la entrevista entre Ferdinando Imposimato y Giovanni Ladu, se señala que algunos funcionarios de la GdF tenían deberes de observación. Llevaban camisetas y uniformes negros y se activó una cámara “a través de la cual vimos la fachada del apartamento de lo que entendimos que era la prisión de Aldo Moro”. Varios guardias llegaron a Roma y estuvieron bajo las órdenes de siete oficiales uniformados. Algunos de ellos, incluido Ladu, entraron en un edificio cerca del edificio que debían revisar. El ex soldado indica que “En la tarde del 24 de abril, todos hicimos una inspección fuera del estudio en la calle número 8 de Via Montalcini para examinar el apartamento desde afuera y revisar los contenedores de basura como nos dijeron que hiciéramos “.

El brigadier de la Guardia di Finanza también reconstruye otro episodio: “La vigilancia se dirigió a otro edificio donde se instaló un monitor conectado a una videocámara dentro del vestíbulo de entrada a través de Via Montalcini 8. Se conectó un segundo monitor a la cámara instalada cerca de la iluminación de una farola. Había micrófonos de amplio rango colocados en el apartamento del lugar de detención del Honorable (Aldo Moro) conectados a las grabadoras. Recuerdo que dos de estas cintas las encontré dentro de uno de los dos contenedores de basura que vaciamos y personalmente se lo entregué al representante de carabinieri que estaba allí con nosotros “.

Ferdinando Imposimato recibió correos electrónicos de otro misterioso personaje que repite la misma versión de los hechos, llamado Oscar Puddu, un probable pseudónimo, quien relata que “La operación Moro estuvo prevista para que interviniera un comando de ocho personas pertenecientes a los GIS (Grupos de Intervención Especial) de los Carabinieri y se realizaría el 8 de mayo de 1978, pero se canceló el día anterior”. Imposimato dice que tal vez se implementó un trabajo masivo de desorientación e intimidación sistemática hacia aquellos que sabían la verdad. La versión contenida en el libro de Imposimato está respaldada por una entrevista publicada el 19 de agosto de 2010 (firmada por Laia Vantaggiato), realizada a Franco Piperno, ex líder de Autonomia Obrera.

En un artículo en el Corriere della Sera del 1 de marzo de 2010, Paolo Brogi escribe: “Fue en Via Gradoli 96, interior 11, segundo piso, donde vivieron en la primavera de 1978, durante el secuestro de Moro, los brigadistas Mario Moretti y Barbara Balzerani. Lucia Mokbel, que era la inquilina de al lado, en el interior 9, convivía con Gianni Diana, quien trabajaba para un administrador de bienes raíces y empresas que estaban en manos de los servicios secretos. Los mismos servicios secretos que tenían apartamentos en Via Gradoli a nombre de una empresa fantasma. Mokbel contó que había escuchado a las tres de la mañana el tictac de una transmisión en Morse que venía del departamento adyacente, es decir, la guarida de las Brigadas Rojas”

Varios agentes de policía llamaron a varias puertas del edificio el 18 de marzo en una operación de control durante la cual identificaron a numerosos inquilinos, mientras que muchos apartamentos se encontraron sin personas viviendo en los mismos y, por lo tanto, al no tener la autorización para forzar las puertas, se limitaron a pedir información a los vecinos presentes. Pero Lucía Mokbel agregó que había entregado a los policías una nota en la que decía que había escuchado señales en Morse desde el apartamento adyacente la noche anterior. Pero esa nota, que debía entregarse al Comisionado Elio Cioppa (quien luego fue miembro de la Logia masónica P2), nunca se encontró.

Según el escritor comunista Sergio Flamigni “Moretti y los otros carceleros describieron la celda de la prisión de Moro como una madriguera (según Braghetti, una celda de noventa centímetros de ancho y dos metros de largo, según Maccari, de un metro de largo y dos metros de ochenta metros de largo), donde el prisionero no podía andar, a lo más levantarse y dar un par de pasos, porque en ese espacio tenía que haber una cama, una mesita de noche, un inodoro químico y un recipiente con agua.

Era una celda completamente insonorizada y sin aire por la cual un ventilador pasaba aire a través de un tubo de dos metros a través de un agujero en la puerta (pero el ventilador solo funcionaba unas pocas horas al día). Todo esto confirma que ese encarcelamiento podría haber servido para un secuestro a corto plazo, no para una detención de 55 días, y mucho menos para un cautiverio que durase de 6 o 9 meses como los brigadistas planearon inicialmente”.

Steve Pieczenik, un experto “antiterrorista” negociador de rehenes del Departamento de Estado de EEUU, es decir, un alto funcionario de Washington, se reconoció asímismo como uno de los cerebros del crimen de Aldo Moro. En el libro de entrevistas Matamos a Moro. Después de 30 años, un protagonista emerge de la sombra, este siniestro y turbulento personaje de Gladio reconoció que “Yo puse en práctica la manipulación estratégica que condujo a la muerte de Aldo Moro para estabilizar la situación de Italia”.

Dice Pieczenik que “Los brigadistas podrían haber tratado de condicionarme diciendo que cumplirían con sus demandas. Pero mi estrategia fue que no debía de funcionar de esa manera, que iba a ser yo el que iba a decidir que había que matarlo a costa de ellos. Esperaba que se dieran cuenta del error que estaban cometiendo y que si hubieran liberado a Moro ese movimiento habría hecho fracasar mi plan. Hasta el final tuve miedo de que liberasen a Moro. Y esto habría sido una gran victoria para ellos”.

Realmente habilidosa la estrategia de tensión formulada por Pieczenik, con medias verdades y otras trapacerías (la supuesta “victoria brigadista”) tratando de realzar el “status” de las Brigadas Rojas como grupo con objetivos político-militares propios cuando sólo era una maquinaria engrasada de violencia para ser utilizada a discreción por Gladio.

Con todo, esta “confesión” de Pieczenik es tremenda y ha sido sistemáticamente ignorada en la sociedad italiana y por parte de los teóricos de la inexistente “conspiración soviética” (por razones obvias). Pieczenik afirmó haber fingido iniciar una negociación con las Brigadas Rojas cuando ya se había decidido que la vida del estadista era el precio a pagar. Pieczenik no tiene problemas en decir que: “Mi receta para desviar la decisión de las Brigadas Rojas fue manejar una relación de fuerza creciente e ilusión de negociación. Para obtener nuestros resultados, tomé el control de todos los comités psicológicamente, y les dije a todos que yo era el único que no había traicionado a Moro por el simple hecho de no haberlo conocido “.

Pieczenik explica que Moro, durante su cautiverio y en un momento de desesperación hizo revelaciones muy importantes para sus carceleros sobre políticos como Andreotti. Fue en ese preciso momento cuando Cossiga y yo dijimos que teníamos que empezar a activar la estrategia de tensión para las Brigadas Rojas. Abandonar a Moro y hacerlo morir con sus revelaciones. Además, los carabineros y los servicios de seguridad no lo encontraron o no quisieron encontrarlo “.

Las famosas cartas de Moro, descubiertas entre otros por el periodista Mino Pecorelli y el general de carabineros Alberto Dalla Chiesa. Durante la preparación del documental francés “Les derniers jours de Aldo Moro”, el periodista Emmanuel Amara solicita a Pieczenik si quiere ser entrevistado, dando su aprobación el norteamericano. La entrevista se reporta en el libro mencionado. Uno de los relatos más inquietantes de Pieczenik es el que sigue: “Comprendí inmediatamente cuáles eran los deseos de los actores en el campo de juego. La derecha quería la muerte de Aldo Moro, las Brigadas Rojas lo querían con vida, mientras que el Partido Comunista, dada su posición de estabilidad política, se mantenía al margen”.

Esta afirmación, de un personaje tan relevante como Pieczenik, es decisiva para esclarecer y desmontar, una vez más, a los teóricos del complot soviético y el Este socialista (la RDA) en el asesinato de Aldo Moro, como es el caso del infame pseudohistoriador de la inteligencia italiana, Gianluca Falanga. Si realmente los servicios secretos de los países socialistas deseaban la muerte del líder democristiano utilizando supuestamente a un brazo terrorista de extrema izquierda afín a su credo…¿Cómo se casa con el hecho de que, como así se ha demostrado, las Brigadas Rojas (las que, obviamente, desconocían que estaban infiltradas) quisieran salvaguardar la vida de Moro?

A continuación, Pieczenik, afirma hechos (nada creíbles)  como que “Francesco Cossiga, por su parte, quería sano y salvo a Moro”, lo cual es falso porque Cossiga, Ministro del Interior en 1978, como jefe de Gladio, sabía que la CIA había instrumentalizado a las Brigadas Rojas para decidir el destino fatal de Moro. Además, Cossiga afirmó lo siguiente a la BBC cuando Moro fue asesinado: “La muerte de Aldo Moro aún pesa mucho sobre los demócrata-cristianos, al igual que la decisión a la que llegué […] de sacrificar prácticamente a Moro para salvar a la República”

Dice Pieczenik, “muchas fuerzas dentro del país tenían programas claramente diferentes, lo que creó una perturbación, una interferencia muy fuerte en las decisiones tomadas en los niveles más altos. Mi primer objetivo fue ahorrar tiempo, mantener a Moro con vida el mayor tiempo posible. El tiempo necesario para que Cossiga recuperase el control de sus servicios de seguridad, calmara a los militares, impusiera firmeza a una clase política inquieta y restaurase un poco de confianza en la economía”.

Y aquí sí, Pieczenik dice una verdad insoslayable: “era necesario evitar que los comunistas de Berlinguer ingresaran en el gobierno, poner fin a la capacidad de dañar a las fuerzas reaccionarias y antidemocráticas de la derecha y era deseable que la familia Moro no iniciara una negociación paralela, evitando el riesgo de que Moro fuera liberado antes de la fecha de vencimiento. Pero me di cuenta de que, al llevar mi estrategia a sus últimas consecuencias, manteniendo a Moro con vida el mayor tiempo posible, no me quedaría más remedio que sacrificar al rehén por la estabilidad de Italia. Esperé treinta años para revelar esta historia. Espero que sea de utilidad. Lamento la muerte de Aldo Moro. Le pido perdón a su familia y siento pena por él, creo que nos habríamos llevado bien, pero tuvimos que utilizar a las Brigadas Rojas para matarlo “.

 

 

 

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FUENTES:

http://diquadila.splinder.com/post/21833945

La guerra secreta de Estados Unidos para subvertir la democracia italiana, Arthur E. Rowse

Puppetmasters: El uso político del terrorismo en Italia, Philip Willan.

Terrore Rosso, de Pietro Calogero, Carlo Fumian, Michele Sartori

http://diapason.typepad.com/diapason/brigate_rosse/

http://www.storiain.net/storia/hyperion-e-i-misteri-italiani-della-strategia-della-tensione/

https://comedonchisciotte.org/strane-alleanze-parte-prima/

http://tueriesdubrabant.winnerbb.com/t2114-organisation-hyperion

https://www.lettera43.it/it/articoli/politica/2015/10/13/sequestro-moro-lombra-di-mossad-e-cia/157207/

http://www.pmli.it/gallonimorosapevabrinfiltrate.htm

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