La Escuela de idiomas Hyperion de París, la central eléctrica terrorista “roja” de la CIA y el Mossad para Europa (3)

 

 

 

LA INTELIGENCIA ISRAELÍ Y NORTEAMERICANA DETRÁS DEL SECUESTRO Y ASESINATO DE ALDO MORO (1)

 

A pesar de las campañas de descrédito en Italia contra el juez Calogero y otros magistrados tratando de socavar la pista sobre la instrumentalización del terrorismo “rosso” por parte de la inteligencia norteamericana y el Mossad israelí, con la complicidad de gran parte de los aparatos de seguridad italianos, si hay una “verdad” que se acerca a lo que fue el entramado Gladio en Italia, es la señalada anteriormente; la que ha provocado que el “establishment” occidental tenga que echar mano de la maledicente frase de “teorías de la conspiración” o bien buscar pistas falsas provenientes del Este socialista (“enrevesados complots soviéticos, checos o de la RDA”), para reflotar de vez en cuando la “guerra fría”.

Las certezas que sugieren la participación de la inteligencia occidental e israelí en el manejo del terrorismo europeo y en el crimen del presidente de la Democracia Cristiana de Italia, Aldo Moro, ocurrido el 9 de mayo de 1978, han sido confirmadas reiteradamente por testigos de primera mano (desde brigadistas arrepentidos hasta hombres claves de la política italiana). Giovanni Galloni (ex vicepresidente de la Democracia Cristiana, ex Ministro de Educación y ex vicepresidente del Consejo Superior de la Magistratura, CSM) fue uno de los que reveló las sospechas sobre el trasfondo turbio del secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, confirmando la hipótesis de un papel activo de la CIA y el Mossad en ese crimen. Galloni, que era un hombre de plena confianza de Moro,  dijo:

“No puedo olvidar una charla con Moro unas semanas antes de su secuestro: discutimos sobre las Brigadas Rojas y las dificultades para encontrar sus guaridas. Y Moro me dijo: “Mi preocupación es esta: que conozco con seguridad la noticia de que tanto los servicios secretos estadounidenses como los israelíes se han infiltrado en las Brigadas Rojas, pero no hemos sido advertidos de esto, de lo contrario les habríamos detectado “.

Galloni, agregó, a propósito de su amigo personal, Aldo Moro, que “en los 55 días de cautividad de Moro tuvimos muchas dificultades para contactar con los servicios secretos estadounidenses, dificultades que no encontramos durante el secuestro del general Dozier”. Recordar que el general estadounidense de la OTAN, James Lee Dozier, fue “secuestrado” en Verona por las “Brigadas Rojas” el 17 de diciembre de 1981 y liberado sin una herida de bala tras un asalto de las fuerzas especiales del NOCS (un grupo especial de la policía italiana) el 28 de enero de 1982.

El “secuestro” de Dozier recordaba y mucho al que cuatro años antes (1977), en España, habían “realizado” los GRAPO con el teniente general Emilio Villaescusa el mismo día (24 de enero) que, casualidad,  asesinaron a 5 abogados  comunistas en la calle Atocha, dentro de la estrategia de tensión de Gladio. La “acción” de los GRAPO, no está de más recordarlo, fue un “secuestro” de guante blanco (igual que el de Antonio María Oriol un mes antes) donde la policía española liberó a ambos sin disparar un sólo tiro mientras los “grapos” abrían educadamente la puerta al “comando policial” dirigido por el comisario cloaquero franquista Roberto Conesa.

La forma rápida y aparentemente “brillante” de la liberación de Dozier despertó fuertes sospechas sobre la posibilidad de que los secuestradores fueran infiltrados por los servicios secretos estadounidenses. Galloni confirma estas sospechas, revelando una especie de política de doble estándar por parte de los servicios secretos de EEUU: en el caso del “secuestro” de Dozier tuvieron una actitud colaborativa, mientras que en el caso del secuestro de Moro se negaron a colaborar en absoluto.

Las revelaciones de Galloni confirman plenamente lo que siempre se ha denunciado y apoyado desde los círculos críticos que explican el terrorismo italiano como una matriz creada en los bajos fondos de la inteligencia occidental, es decir, que el caso del secuestro, detención y asesinato de Aldo Moro fue planeado y ejecutado a través de la infiltración de la CIA y el Mossad en las llamadas “Brigadas Rojas”, para evitar que se llevase a cabo el plan de Moro de pilotar un gobierno de coalición o “unidad nacional” de la Democracia Cristiana con el Partido Comunista. Y la Escuela Hyperion fue desde donde, probablemente, se organizó todo el complot ya que servía de fachada operativa-refugio clandestino a las Brigadas Rojas.

Galloni agrega a la entrevista otros detalles importantes, como la observación de que “todos los magistrados que trabajaron en la investigación sobre el secuestro de Moro dijeron que las declaraciones de las Brigadas Rojas no eran del todo convincentes. Los brigadistas interrogados nos dicen que nos contaron todo, pero sabemos que no es así…Algo les ha mantenido en silencio. Queda por saber qué es lo que querían encubrir y surge la pregunta también en relación con el papel desempeñado por los servicios secretos italianos, que respondieron primero ante los colegas estadounidenses de la CIA y sus superiores antes que a los jueces italianos”

El ex vicepresidente de la Democracia Cristiana y del CSM, en sus muchos viajes a los EEUU, entre 1978 y 1984, afirmó que “Escuché que la CIA estaba extremadamente preocupada por Italia, por el hecho de que si los comunistas llegaban al gobierno los EEUU no pudieran poner bases militares en Italia, una cuestión de vida o muerte para ellos (los americanos), de tal forma que para impedir ese ascenso al poder de los comunistas hubiera sido justificable.”

Galloni, también dijo que “el asesinato del periodista Mino Pecorelli, vinculado a los servicios italianos “ocultos” (el SID y la Logia P2) y a la CIA y editor de la revista “Observatore Politico”, pudo haber sido motivado por las cosas que el periodista pudo revelar”. Pecorelli, como se ha dicho en las entradas anteriores, puso de manifiesto la estructura Think-tank-Hyperion de la CIA y el Mossad para el manejo del terrorismo rojo de las Brigadas Rojas (entre otras organizaciones terroristas) y sacó a la luz muchas turbiedades del asesinato de Aldo Moro.

Las revelaciones de Galloni sobre la participación de los servicios secretos estadounidenses en el secuestro de Moro también están respaldadas por un testimonio del periodista de L’Unitá Luigi Cancrini, quien en un artículo en el mencionado periódico de 7 de julio de 1990 informó sobre las confidencias que le hizo el criminólogo Franco Ferracuti, profesor de psicología jurídica en la Universidad de Sapienza, un hombre vinculado a los servicios secretos, la Logia masónica P2 y parte de la comisión del Ministerio del Interior de Francesco Cossiga que fue creada a raíz del secuestro de Moro. El profesor le reveló a Cancrini que las reuniones de la Comisión “no sólo fueron frecuentadas por los norteamericanos, sino que fueron dirigidas sustancialmente por dos funcionarios de la CIA”.

A pesar de todo, las declaraciones de Galloni fueron, como era de prever, ignoradas tanto por la derecha neofascista berlusconiana y de la Democracia Cristiana como por una parte de la “izquierda” liquidacionista acomodaticiai italiana, la heredera del PCI, quiénes han convergido perfectamente para negar cualquier interpretación del secuestro y asesinato de Moro, que no sea atribuirlo exclusivamente en clave de una ideología “terrorista-revolucionaria” de las llamadas “Brigadas Rojas”.

Representantes del “establishment” italiano, al más alto nivel, como el infausto ex ministro del Interior durante el secuestro de Moro, Francesco Cossiga, y otro de similar calaña, Paolo Guzzanti, intentaron blindar a toda costa la farsa oficial del caso Moro. El primero, mediante una larga carta que escribió al periódico “L’Unitá” en la que ridiculizó a Galloni hablando de “los recuerdos siniestros de Galloni”, afirmando que en el momento del secuestro de Moro Galloni no le comentó nada acerca de las preocupaciones de Aldo Moro por la infiltración de CIA-Mossad en las “Brigate” por lo que no le resultaban fiables y las desautorizaba, a pesar de ser Galloni la mano derecha de Aldo Moro en la Democracia Cristiana.

El segundo, el neofascista de Forza Italia, Guzzanti, rusófobo y antisoviético militante, montó un circo en el Parlamento italiano llamado Comisión Mitrokhin (en honor al comediante-farsante ex espía ruso Vassily Mitrokhin, un personaje oscuro comprado por el servicio secreto británico en el exterior (el MI6) para fabricar fábulas antisoviéticas, y cuyos testimonios-falsedades (en realidad obra del historiador oficial del MI6, Christopher Andrew) se utilizaron  para acusar a la KGB de estar detrás del atentado contra el Papa Juan Pablo II (ocurrido en mayo de 1981) y prácticamente de toda la estrategia de tensión política ocurrida en Italia en los años de plomo, incluido el manejo del terrorismo de las Brigadas Rojas.

Guzzanti, que es editorialista en “Il Giornale”, medio propiedad de la familia Berlusconi de la que también es director adjunto, rechazó las revelaciones de Galloni ya que decía eran el resultado de una tesis falsa difundida entonces por el servicio secreto soviético KGB, según él, el verdadero infiltrado en las “Brigadas Rojas” y el que ordenó y dirigió el secuestro y asesinato de Moro. Lo de Guzzanti fue un “show” propagandístico de la extrema derecha, para contrarrestar las fuertes evidencias sobre los nexos Gladio-aparatos del Estado italiano-Brigadas Rojas-CIA.

En cuanto a Cossiga, hay que decir que no era sorprendente que Galloni no le hubiera contado las preocupaciones de Moro, especialmente si Galloni era depositario de las confidencias del estadista asesinado ya que ambos, Moro y Galloni, conocían el papel de Francesco Cossiga como jefe de Gladio y, por lo tanto, el Ministro del Interior (Cossiga) era el primer enlace directo con los servicios secretos estadounidenses de la CIA.

Del neofascista Guzzanti y su tesis “kagebiana” sobre la muerte de Moro, interviniendo los soviéticos en el control y manejo de las Brigadas Rojas, hay que decir que no resiste un análisis mínimamente serio y se queda en una burda teoría de la conspiración que se lanzó muy seguramente desde las cloacas de inteligencia para ser publicitada por sus amanuenses político-mediáticos y pseudohistoriadores como Gianluca Falanga (el último en rescatar dicha tesis) con el único fin de oscurecer la trama Gladio de la CIA-Mossad.

Y, en cualquier caso, suponiendo que Moro hubiese sido secuestrado por un servicio secreto adversario de la CIA, ¿Cómo era posible que ésta, la CIA, y las innumerables agencias de seguridad italianas (SISDE, SID, SIFAR, SISMI, DIGOS, etc), no supieran nada al respecto y no pudieran encontrar el lugar de confinamiento del secuestrado tras 55 días?. No lo podían encontrar por una sencilla razón: porque Aldo Moro estuvo cautivo en un complejo de apartamentos propiedad del SISMI (la inteligencia militar de Italia).

Quizás lo más significativo en torno al crimen de Aldo Moro es que cuatro años antes de su muerte, durante una visita a los EEUU, cuando era ministro de Asuntos Exteriores, Moro, leyó el acto fundacional del Compromiso Histórico con el Partido Comunista ante el Secretario de Estado Henry Kissinger y un oficial de inteligencia desconocido. La viuda de Moro, años después, resumió las amenazantes palabras de Kissinger ante lo declarado por su marido: “Debe abandonar la política de unirse a las fuerzas comunistas del país o lo pagará muy caro”.  Advertencia que también le hizo el presidente de EEUU, Jimmy Carter.

Moro quedó tan conmocionado por las amenazas, según un asistente, que enfermó al día siguiente y acortó su visita a los EEUU diciendo que estaba acabado para la política. No obstante, Moro siguió adelante al igual que la presión de EEUU para “sugerirle” que abandonara toda pretensión de alianza con los comunistas, como sucedió en 1976, cuando el Senador estadounidense Henry Jackson emitió una advertencia similar durante una entrevista en Italia. Poco antes de su secuestro, Moro se decidió a escribir un artículo respondiendo a sus críticos de EEUU, pero finalmente no lo publicó.

Durante el cautiverio de Moro, la policía italiana se inventó lo ininventable afirmando haber interrogado a millones de personas y haber efectuado miles de registros en viviendas en toda Italia. Pero el juez inicial que investigaba el caso, Luciano Infelisi, dijo que no tenía policía a su disposición y que estaba realizando la investigación con un solo mecanógrafo y sin siquiera un teléfono en la sala. Agregó, además, que no recibió ninguna información útil de los servicios secretos durante el tiempo de la investigación.

Otros magistrados investigadores indicaron en 1985 que el motivo de la inacción de los aparatos de inteligencia italianos con el secuestro de Aldo Moro era que todos los oficiales policiales y de inteligencia involucrados en la investigación pertenecían a la poderosa Logia masónica P-2 (Gladio) y, por lo tanto, actuaban a las órdenes de Licio Gelli (el jefe de la P2) y la CIA. Gladio, la Mafia y Washington tenían el aparato perfecto para ejecutar la acción terrorista contra Aldo Moro con un grado de profesionalidad militar y el día después no dejar rastro.

De hecho, Alberto Franceschini, uno de los “líderes” brigadistas, se quedó sorprendido cuando el supuesto comando de las “Brigadas Rojas” secuestró a Aldo Moro y asesinó a sus cinco guardaespaldas (sin provocar un rasguño al dirigente democristiano), diciendo que “Nunca pensé que mis camaradas tuvieran la capacidad operativa de llevar a cabo una operación militar tan compleja. Siempre nos recordamos a nosotros mismos como una organización formada por jóvenes inexpertos”.

Alberto Franceschini es probablemente uno de los jefes de las Brigadas Rojas más confiables y que más verdades ha dicho del entramado terrorista. El único que acusó a Mario Moretti y Giovanni Senzani, otros “jefes” brigadistas, de ser agentes de la CIA y de captarle para la organización. Franceschini, en una entrevista realizada el cinco de septiembre del año pasado afirmó con contundencia que “Israel utilizó a las Brigadas Rojas para desestabilizar Italia y debilitarla a nivel geopolítico. Aldo Moro fue asesinado con el apoyo del Mossad israelí quien había contactado con miembros de las Brigadas Rojas como Renato Curcio y otros”. Lo que en cierta forma confirma la tesis del periodista Mino Pecorelli de la red secreta Think-tank pro-israelí en la que estaban implicados los brigadistas de la Escuela de idiomas Hyperion, de París. Y al mismo desmiente la teoría de que el Mossad contactó con los brigadistas “sin éxito”.

Franceschini, junto a Renato Curcio, Margherita Cagol y Roberto Ognibene fue miembro fundador de las Brigadas Rojas. Franceschini decidió a “abrir el dossier Mossad” hablando con el escritor y periodista Antonio Ferrari, que lo entrevistó para el “Corriere della Sera”. El ex líder brigadista de 71 años pagó su factura con justicia y dice que entonces, en los “años de plomo”, había “cosas que no se podían decir”.

Franceschini, en la entrevista, habla abiertamente de las infiltraciones que tuvieron las Brigadas Rojas ¿Nombres? El omnipresente Mario Moretti, teóricamente el líder de las Brigadas Rojas durante el secuestro de Moro. “De él, de sus atrevidos giros, de sus continuos viajes por Francia, durante mucho tiempo casi nada se ha sabido”. Franceschini lo retrata como “un hombre que se creía Lenin”, un terrorista “víctima de un gran ego”. Según Franceschini, probablemente Moretti sólo era “el cartero de las preguntas respondidas por otros”.

Tal vez, añade Ferrari, la sugerencia fue hecha por el profesor Giovanni Senzani, “autor de numerosas maldades terroristas”, que la comisión Moro ha identificado como vinculadas a nuestros servicios secretos”. Franceschini denuncia sin vacilar el papel de la escuela parisina “Hyperion” y de su anfitrión, Corrado Simioni. Luego ataca las maniobras francesas, las sospechas de los ingleses, y la certeza -estas son sus palabras- de que “las Brigadas Rojas mantenían relaciones con el Mossad, el servicio secreto israelí”.

El Mossad se puede decir que llegó silenciosamente a las Brigadas Rojas en todas las fases de sus incursiones terroristas. Patrizio Peci, el más conocido arrepentido brigadista, habló largo y tendido de ello con el general de carabineros Carlo Alberto Dalla Chiesa, luego asesinado por la mafia en Palermo. Franceschini lo confirma y añade: “No nos pidieron que matáramos, sino que hiciéramos lo que quisiéramos. Ofrecieron armas y asistencia. Su objetivo declarado era desestabilizar Italia”. La función del Mossad sería no dirigirles sino controlarles a distancia.

Como dice el historiador Sergio Flamigni, “La verdad de la masacre de Vía Fani (el asesinato profesional de los cinco guardaespaldas de Aldo Moro) y el secuestro y el asesinato del líder democristiano, cuyo cuerpo apareció en Vía Caetani, constituyeron una operación internacional en la que el secreto de estado en varios países continúa en vigor. En otras palabras, la participación de poderes aliados entre sí se mantiene oculta. Este no es un crimen doméstico, sino un complot internacional. Los tiradores que realizaron 49 de los 90 disparos sobre los guardaespaldas de Moro nunca han sido identificados”.

Y es interesante resaltar lo de “poderes aliados” puesto que ello desmonta el bulo de la participación soviética o de la RDA en dicho complot. Con lo de aliados Flamigni se refiere, obviamente, a potencias occidentales con intereses de inteligencia comunes, no a la ridícula teoría de la “cámara compensatoria” que algunos han pretendido ver como una extraña alianza entre potencias de ideología opuesta para “garantizar el equilibrio geopolitico post-Yalta”.

¡Cómo la URSS a través de su KGB se iba a “conchabar” con la CIA para asesinar a Moro, mientras la agencia americana intentaba socavar a la Unión Soviética y al Este socialista y trataba de impedir con su red Gladio el auge del comunismo en Europa Occidental!. Que los soviéticos participasen junto a la CIA en el crimen, o bien en solitario o en asociación con la Stasi (como han propagado algunos personajes delirantes como Gianluca Falanga) para “liquidar” a Moro, es simplemente esperpéntico.

Los brigadistas, en definitiva, no eran nada más que marionetas de muy bajo perfil, aficionados cuyos hilos los movían otros. Dos días después del crimen de Aldo Moro, un oficial del servicio secreto le dijo a la prensa que los perpetradores parecían que tenían todas las habilidades de haber sido entrenados como un comando especial, claramente de origen militar.

 

 

ESTE ARTÍCULO SE PUEDE REPRODUCIR POR CUALQUIER MEDIO, SIEMPRE QUE SE CITE LA FUENTE ORIGINAL (BERLÍN CONFIDENCIAL) TAL COMO ESTABLECE LA LICENCIA CREATIVE COMMONS. DE LO CONTRARIO QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN

 

 

 

FUENTES:

http://diquadila.splinder.com/post/21833945

La guerra secreta de Estados Unidos para subvertir la democracia italiana, Arthur E. Rowse

Puppetmasters: El uso político del terrorismo en Italia, Philip Willan.

Terrore Rosso, de Pietro Calogero, Carlo Fumian, Michele Sartori

http://diapason.typepad.com/diapason/brigate_rosse/

http://www.storiain.net/storia/hyperion-e-i-misteri-italiani-della-strategia-della-tensione/

https://comedonchisciotte.org/strane-alleanze-parte-prima/

http://tueriesdubrabant.winnerbb.com/t2114-organisation-hyperion

 

Un Comentario

  1. Pingback: VARIADET | conspiracionpirata

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