Mino Pecorelli, el titán que desenmascaró la Operación Gladio en Italia y la red secreta Think-tank (1)

 

Carmine “Mino” Pecorelli

 

Los primeros en mencionar la existencia de una “central subversiva” llamada Hyperion, cuyo nombre en clave era Think-tank, bajo la que se escondía la fachada de una “Escuela de Idiomas” en París (de la que se hablará en siguientes entradas más a fondo junto a sus protagonistas políticos) fueron, en 1974, nada menos que el “célebre” ex Primer Ministro italiano, Giulio Andreotti, quien destapó la red Gladio, y otro personaje igualmente sórdido, Guido Giannettini, periodista, agente de los servicios de inteligencia militares italianos del SID (Servicio de Información de Defensa) y militante neofascista que estuvo implicado en el atentado de Piazza Fontana de 1969, en Milan.

Giannettini, habló ampliamente sobre este centro parisino en un memorándum de cuarenta páginas manuscritas que escribió durante un vuelo a Italia, en las que afirmó, entre otras cosas, que en los primeros meses de 1973 se iba a establecer en París un centro terrorista de extrema izquierda controlado por los servicios secretos israelíes. Su nombre en clave, era T.T. (Think-Tank).

Para Giannettini, los actos de terrorismo organizados por esta “central eléctrica” (sic) habrían respondido a la necesidad del Mossad y del gobierno israelí de prevenir las tendencias proárabes y antiisraelíes en distintos países. Los instrumentos manejables del Mossad en el extranjero habrían o, según Giannettini, los partidos socialistas y las formaciones revolucionarias de la izquierda extraparlamentaria. Giannettini atribuyó la “estrategia de tensión” de los años 70-80 fundamentalmente al Mossad y a las facciones pro israelíes que existían dentro de los servicios secretos de la OTAN, incluida la CIA.

La inteligencia israelí, de hecho, se habría intentado poner en contacto, repetidamente, con miembros de las Brigadas Rojas como Francesco Marra, Marco Pisetta y Silvano Girotto, puesto que, en paralelo con los servicios norteamericanos y los afines a la OTAN (BND, MI6, SISMI, etc), el Mossad se relacionó tanto con el terrorismo “negro” de Ordine Nuovo como con terroristas de las Brigadas Rojas.

También la información de Giannettini fue corroborada por el gran periodista italiano CarmineMino” Pecorelli (basándose en un informe del servicio de inteligencia francés, el SDECE -Servicio de Documentación Exterior y Contraespionaje-). Pecorelli trabajaba en un medio relativamente “modesto”, L’Observatore Politico, pero muy influyente, y hacía un periodismo de investigacióni que no estaba dispuesto a pasar por el filtro de la automordaza. Pecorelli no era un periodista cualquiera ya que era miembro de la todopoderosa Logia Masónica P2 de su jefe, el agente de la CIA Licio Gelli, y disponía de estrechos vínculos con políticos al más alto nivel como era el caso del democristiano Giulio Andreotti (ambos, Gelli y Andreotti, pilares centrales de la red Gladio).

También Pecorelli tenía contactos, además del SDECE francés, con los servicios de inteligencia de Italia, en concreto a través de la amistad que tenía con el que había sido ex director del SID (Servicio de Información de Defensa), Vito Miceli, miembro del parlamento italiano por el neofascista MSI que estaba siendo investigado por el golpe de Estado de Valerio Borghese (1970) y por pertenencia a la organización ultraderechista Rosa dei Venti.

Según la información de inteligencia de que disponía Pecorelli, en la estructura “think-tank”, “trotskistas pro-americanos y el Mossad, el servicio ultrasecreto de Israel, trabajan juntos para evitar que el componente pro-árabe prevalezca dentro de los movimientos extraparlamentarios europeos”. Aunque Pecorelli se centró en la importante contribución del Mossad a la estructura antes descrita, es evidente que la CIA u otros servicios de inteligencia estadounidenses y de los países de la OTAN, incluidos los de España (aunque no pertenecía entonces a dicha organización militar) también participaron en ella.

Un punto importante a resaltar es que la IV Internacional o Think Tank troskista tendría su sede en Bruselas, es decir, nada menos que en la ciudad donde está ubicado el Cuartel General de la OTAN lo que no era precisamente la mejor opción para crear una organización presuntamente “revolucionaria” y que iba a basarse en posiciones antiamericanas y anti-OTAN. Esto significaba básicamente dos cosas:

PRIMERO: que la T.T (Think Tank) no era, como era lógico, realmente “revolucionaria”, sino una estructura al servicio de la estrategia de una matriz americano-israelí de inteligencia

SEGUNDO: que los otros servicios secretos de la OTAN podrían haber tenido fácilmente relaciones con la T.T. En definitiva, lo que se pretendía era insertar un caballo de Troya en una izquierda occidental cada vez más antisoviética, hostil a los partidos comunistas occidentales y en una línea progresivamente “desmarxistizada”, así como impulsar la creación de un reservorio útil para ejecutar operaciones terroristas de falsa bandera.

Entre los servicios secretos estadounidenses e israelíes se pensó que podían crear una zona de influencia utilitarista de la extrema izquierda (la trotskista) porque, en su mayor parte, estaba en contra de la URSS y del Pacto de Varsovia (como demostró abiertamente esa “izquierda” en la “primavera de Praga” de 1968 y en 1989 con la caída en dominó de los países socialistas). En este sentido fue posible influir en un sentido pro-americano y “reclutar” a elementos izquierdistas. Mientras tanto, por el lado israelí pretendían llevar a esos militantes de extrema izquierda a posiciones pro-israelíes y alejarlos de las pro-árabes y pro-palestinas que, ciertamente, estaban muy extendidas. No hay que olvidar que buena parte de los principales líderes juveniles del “mayo francés” eran de origen judío.

El uso de Pecorelli del término “trotskistas” tenía su lógica. Durante la Guerra Fría muchos trotskistas que conspiraron contra la URSS de Stalin se refugiaron en los EEUU, país donde, en cierto modo, el propio Trotsky había echado raíces y el Partido Comunista estadounidense, tras la campaña maccarthista de los años 40, fue encauzando su ideología hacia el “trotskismo” y la “Nueva izquierda”, influido por intelectuales como Herbert Marcuse.

Alrededor de 1968, se podría afirmar que el “reclutamiento” de trotskistas por parte de la inteligencia americana y judía había sido masivo. A principios de los años setenta, la difusión del llamado “neoconservadurismo” en los Estados Unidos aumentó, en respuesta a la ola de movimientos izquierdistas de los años 60. No sorprende, por ello, descubrir que el fundador del neoconservadurismo fue Leo Strauss, un antiguo trotskista, quien sustituyó el concepto de “revolución permanente” por el de “guerra permanente”.

Muchos neoconservadores de hecho eran veteranos de las luchas de los años 60, ex trotskistas con raíces judías. Comenzaron a oponerse precisamente a esas luchas con las que se habían comprometido anteriormente y, sobre todo, a abandonar la posición pro-árabe de gran parte de la izquierda radical. ¿Fueron ellos los que llevaron a las facciones trotskistas mencionadas anteriormente a posiciones pro-americanas y pro-israelíes? Ciertamente, no es insólito sostener que la T.T. pudiera constituir la fase de transición de los “sesentayochoyistas” trotskistas, anarquistas y libertarios a los neoconservadores y neoliberales, en definitiva, a la transición de la Nueva Izquierda a la Nueva Derecha.

Otro hecho de singular importancia, en ese mismo año de 1973, fue la creación de la llamada Trilateral, un organismo que reunía a políticos, diplomáticos, industriales, financieros, militares y periodistas, unidos por un credo común tecnócrata, neoliberal y pro-occidental. El promotor de la organización fue David Rockfeller, de la poderosa familia de magnates petroleros y financieros, vinculado al ala “liberal” del Partido Republicano estadounidense. La Trilateral presentó un documento que denunciaba el “exceso de democracia” que trajo consigo el “mayo de 1968” y que, por lo que se refería al control de los medios de comunicación, fue sin duda la inspiración del Plan de Renacimiento Democrático para Italia con la cubierta de la Logia Masónica P2 de Licio Gelli, mediante la que se blindaban las posiciones extremistas pro-americanas y atlantistas. Los propios servicios secretos probablemente sólo eran instrumentos que seguían las directivas de la Trilateral-Rockefeller.

Parece que, en esos mismos años, algunos militantes e intelectuales de extrema izquierda se habían beneficiado de becas de la Fundación Rockfeller (como en EEUU lo fue Herbert Marcuse, el padre de la Nueva Izquierda). Entre ellos, estaría el reconocido profesor izquierdista Toni Negri, admirado entre otros (en su momento) por el filósofo español Gabriel Albiac, personaje que estuvo en la luchas antifranquistas y hoy milita en el neoconservadurismo. Negri era líder de la organización Autonomía Obrera vinculada al llamado Movimiento de los 77, que también se convirtió en un reservorio del terrorismo rojo en Italia. El propio Pecorelli, en un artículo, insinuó que el profesor Negri seguía un guión escrito por los servicios secretos italianos.

Según la tesis de Pecorelli (y de los agentes del SDECE, el espionaje francés), la T.T.-Hyperion pro-americana y pro-israelí era una verdadera “central eléctrica” terrorista. donde la CIA y el Mossad habrían manipulado el terrorismo rojo. De esta manera, la estructura “think-tank” se habría traducido en operaciones de desestabilización de alto voltaje llevadas a cabo por Washington y Tel-Aviv. En particular, sobresalieron dos de ellas y en el mismo año (1973):

OPERACIÓN VOLAR A CARRERO BLANCO. La primera víctima de renombre del Think-Tank habría sido el almirante Luis Carrero Blanco, presidente del gobierno español con Franco y anteriormente enlace de la CIA en el servicio de espionaje que él había fundado, el SECED. Carrero se había opuesto a que las bases militares de EEUU en territorio español se utilizaran para apoyar la guerra de Israel (Yom Kipur) contra sus vecinos árabes (guerra que se produjo unos meses antes de llevarse a cabo su asesinato) y tampoco Carrero estaba dispuesto a ser un vasallo dócil de EEUU en política exterior. Según Pecorelli, el atentado contra Carrero fue un “trabajo” planificado por la inteligencia israelí (con la segura colaboración de la CIA), que habría utilizado a ETA para la realización del atentado.

La narrativa semioficial propagada durante largo tiempo en determinados círculos de un Carrero Blanco como supuesta “garantía de continuidad” del régimen, que suponía un estorbo para poner en marcha el proceso de una “transición democrática” en España, es el cuento de navidad que muchos se han tragado con un embudo. Carrero era un estorbo, sí, pero para EEUU e Israel y sus planes de otanizar y “sionizar” España, respectivamente. La aproximación más correcta para entender la “voladura” de Carrero en diciembre de 1973, sería precisamente la operación señalada por Pecorelli (“Think-Tank”), esto es, la de una ETA instrumentalizada que fue contactada por agentes externos para ejecutar un plan con el que quitar de en medio un personaje opuesto a los intereses de Gladio (EEUU e Israel).

A todo lo anterior habría que señalar un matiz muy importante que fue revelado desde dentro de la organización terrorista vasca y que corrobora, en buena medida, lo dicho por Pecorelli. Eva Forest (la mujer del dramaturgo Alfonso Sastre), entonces integrante de ETA-militar y del comando que “voló” a Carrero dijo que “la idea de matar a Carrero Blanco fue sugerida a ETA por personas ajenas a la organización. Algunas de ellas eran extranjeras”. Este testimonio, creíble, ha quedado oscurecido en el tiempo, pero es muy significativo. La “Operación Ogro” fue una entretenida película de aventuras de Gillo Pontecorvo.

OPERACIÓN CUARTEL DE LA POLICÍA DE MILÁN. La otra operación terrorista de importancia, primera en su ejecución, de “Think-Tank” se llevó a cabo en Italia, mediante un ataque contra el cuartel general de la policía de Milán, ocurrido en mayo de 1973, atentado que se atribuyó a la extrema izquierda pro-israelí y que ocasionó 4 muertos y 52 heridos. Uno de los implicados en aquel atentado, Gianfranco Bertoli profesaba ser anarquista y frecuentaba la consulta de un autodenominado médico anarquista milanés, agente de un servicio secreto israelí. Bertoli había visitado Israel, se había alojado en un kibutz (comuna agrícola israelí) y estaba en posesión de una granada de mano fabricada por Israel.

Sin embargo, la matriz “roja” de Pecorelli, en este caso, era menos convincente ya que la misma figura de Bertoli, primero informador del SIFAR (Servicio de Información de las Fuerzas Armadas) y luego del SID (el de Defensa), era equívoca. Su nombre figuraba en una lista de “gladiadores” de la organización paramilitar “stay-behind” de la OTAN y frecuentaba también los círculos de terroristas neofascistas de Ordine Nuovo en el Véneto.

Tal como se desprende de las investigaciones sobre la masacre de Piazza Fontana (1969) y la del Cuartel General de la Policía de Milán, los neofascistas venecianos fueron infiltrados en gran medida por los servicios de inteligencia militar de los Estados Unidos. Además, entre estos elementos de Ordine Nuovo, a pesar de profesar ideología neonazi, también había posiciones pro-israelíes. Parece que un grupo de militantes de la organización neofascista había sido entrenado en campos libaneses bajo el control de los israelíes y las milicias cristianas maronitas

Las objeciones a Pecorelli, meramente “técnicas”, surgen del hecho de que el periodista supuso que la CIA, el Mossad y la Oficina de Asuntos Reservados de Italia de Viminale (Ministerio del Interior)  necesitaban crear organizaciones de extrema derecha para llevar a cabo ataques que se atribuyeran a la extrema izquierda. Pero aquéllas, ya existían y se remontaban al clandestinismo neofascista mussoliniano, organizaciones que se sabía estaban dispuestas a emprender acciones terroristas como la que realizaron en Portella Della Ginestra, en 1947 asesinando a 11 personas e hiriendo a una treintena dentro de una campaña de intimidación contra el Partido comunista italiano. Para ello, los neofascistas y la mafia (Salvatore Giuliano) contaron con el apoyo de la CIA, la Iglesia Católica y la Democracia Cristiana de Italia.

Los norteamericanos, tras el fín de la Segunda Guerra Mundial, utilizaron a los neofascistas en una función anticomunista y buscaron el apoyo de las altas esferas del ejército en las que se privilegiaba a los que estaban en posiciones estrictamente derechistas o con un pasado fascista.

 

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FUENTES:

http://diquadila.splinder.com/post/21833945
La guerra secreta de Estados Unidos para subvertir la democracia italiana Arthur E. Rowse
Puppetmasters: El uso político del terrorismo en Italia por Philip Willan.
http://diapason.typepad.com/diapason/brigate_rosse/
http://www.storiain.net/storia/hyperion-e-i-misteri-italiani-della-strategia-della-tensione/
 https://comedonchisciotte.org/strane-alleanze-parte-prima/
 http://www.cogitoergo.it/niente-di-nuovo-sotto-lo-stesso-sole/

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