Las operaciones paralelas de Gladio: Desmagnetizar, COINTELPRO y CHAOS para neutralizar a la izquierda occidental (y 2)

 

Atentado del neofascista Ordine Nuovo en la Piazza della Loggia, 28 de mayo de 1974, Brescia, Italia, durante una protesta sindical y antifascista. El ataque terrorista mató a ocho personas e hirió a 102. La bomba se colocó dentro de un cubo de basura en el extremo este de la plaza. Ejemplo de la estrategia de tensión de la Operación CHAOS-Gladio

 

Como parte de la operación CHAOS se desarrolló el llamado “Proyecto 2”, que consistía en el uso de agentes para fortalecer y desarrollar la “Izquierda Maoísta”, proyecto donde, específicamente, los agentes de la CIA se encargaron de alentar la propagación de esa ideología (maoísmo). Algo muy lógico, si tenemos en cuenta que en aquel momento había un conflicto dentro del campo comunista entre la URSS y China, que asumió las características de conflicto armado (entre Vietnam y Camboya, por ejemplo). El objetivo principal era, por lo tanto, insertarse como una cuña en el choque entre pro-soviéticos y maoistas para profundizar en la fractura comunista, apoyando, obviamente, a estos últimos. Así pues, los estrategas occidentales de la “tensión”, en el contexto de la operación CHAOS, sugirieron que agentes infiltrados se involucraran en la Nueva Izquierda estudiantil para desarrollar una izquierda, sobre todo maoísta, en oposición al comunismo pro-soviético

En Italia, la Operación CHAOS para activar el “maoísmo” fue llevada a cabo por la Oficina de Asuntos Confidenciales de Viminale (el Ministerio del Interior), que era la competidora del Servicio Secreto de Defensa (el SID). Se utilizó para ello al movimiento fascista Avanguardia Nazionale, la organización de los terroristas Stefano delle Chiaie y Mario Merlino. Los neofascistas de Avanguardia se “disfrazaron” de “maoístas” promoviendo el uso de propaganda maoista con carteles por toda Italia. Por supuesto, no se puede olvidar el papel decisivo jugado por la Logia Masónica P2 en la Operación CHAOS de Italia, quién desplegó su poder durante todo el período que abarcó la “estrategia de tensión”, es decir, cuando ocurrieron las masacres impunes en los años de plomo

Todo ello se hizo bajo la dirección de Federico Umberto D’Amato, hombre fuerte de la CIA en Italia y estrecho colaborador de Angleton. D’Amato, que se enorgullecía de ser agente de la CIA, ocupó el cargo de superintendente en la Secretaría Especial para el Pacto Atlántico y en la Oficina de Seguridad del mismo nombre, siendo miembro igualmente de la Logia Masónica P2 de Licio Gelli. D’Amato fue acusado de ser el verdadero director de la estrategia de tensión en Italia y hábil maniobrador de los grupos de extrema izquierda y extrema derecha en los años de plomo.

Otros personajes como Robert Leroy (Francia) y Jean Thiriart (Bélgica), ambos ex miembros de las Waffen SS de Hitler, estuvieron inmersos en la Operación CHAOS utilizando la fachada maoísta. El primero estableció relaciones con la Embajada de China en Berna, se apropió de la “licencia maoísta” y junto a Gerard Bulliard (un colaborador del SID, la inteligencia de defensa de Italia) participó en una reunión del llamado Frente Marxista Clandestino Revolucionario Leninista, en octubre de 1967.

El segundo (Thiriart) fundó el movimiento Jeune Europe que primero respaldó a la organización terrorista francesa OAS en su guerra contra el anti-colonialismo y luego se unió al “tercermundismo”, buscando una extraña alianza entre la vieja Europa y los jóvenes países no alineados que emergían de la descolonización. En realidad, Jeune Europe era una organización de extrema derecha que, aparentemente, luchaba por crear una tercera fuerza entre EEUU y la URSS, cuando lo que verdaderamente pretendía era debilitar las posiciones pro-soviéticas con nuevos arreglos semánticos como el uso del esperpéntico término de “nazimaoísmo”, que llegó a tener cierto predicamento entre algunos movimientos estudiantiles de los 60.

El “nazimaoísmo”, donde se elogiaba indistintamente a Hitler y Mao, provenía básicamente de algunos transfugas neofascistas de Ordine Nuovo, Avanguardia nazionale y del movimiento juvenil del pacciardismo (idea tomada de Randolfo Pacciardi un ex combatiente en la guerra civil española con las Brigadas internacionales que luego fue firme partidario de la entrada de Italia en la OTAN y creador de un movimiento ultraderechista). Uno de los representantes del nazimaoísmo fue Enzo Maria Dantini, de los muchos neofascistas que fueron “reclutados” en la red Gladio. Los nazimaoístas fundaron la organización Lotta di Popolo que fue bien aceptada en el Movimiento Estudiantil. Este grupo de extrema derecha se apropió de símbolos y consignas de la izquierda radical.

En 1965, en la Rumania de Nicolae Ceausescu, Thiriart se reunió con Chou En Lai, la mano derecha del presidente chino Mao. El resultado de las reuniones se desconoce, pero lo cierto es que en Italia muchos jóvenes convergieron desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. Rumanía, en aquel momento, quería dar la sensación de ser el Estado socialista más “autónomo” del Pacto de Varsovia y no depender “tanto” de Moscú ya que mantenía excelentes relaciones con la República Popular China. Sin embargo, años después se descubrió que el hermano de Ceaucescu estaba dirigiendo una especie de diplomacia paralela con norteamericanos e ingleses.

Según el magistrado italiano Carlo Palermo, el movimiento “maoista” de Thiriat mantuvo relaciones con hombres de la organización terrorista francesa OAS y, como es sabido, estos también fueron importantes aliados de la CIA. Incluso, militantes de la Jeune Europe como el luego jefe de las Brigadas Rojas, Renato Curcio, intentaron promover la orientación maoísta en el Partido Comunista de Italia.

De este modo, la Operación CHAOS se constituyó como un elemento de propagación de todo tipo de alianzas “antisistema” entre rocambolescas y extrañas, como era la fusión entre la extrema derecha, la extrema izquierda e incluso el nacionalismo árabe. En Italia, algunos personajes que se encontraban a la extrema derecha como Claudio Orsi y el Conde Loredan intentaron amalgamar todo ese cóctel ideológico y fundaron dos asociaciones “culturales”: la Asociación Italia-Libia para promover las relaciones con la Libia de Gadafi y La Asociación Italia-China para el contacto con los grupos maoístas. De algún modo, las directrices de la organización de Thiriart coincidían con las desarrolladas por las estructuras de la CIA y la OTAN, al menos con respecto a las relaciones con el maoísmo.

 

EL GOBIERNO EN LA SOMBRA IMPULSA LA ESTRATEGIA DE TENSIÓN EN LOS AÑOS SETENTA Y OCHENTA

 

Algunos de los más prominentes halcones neoconservadores del CSIS (Centro de Estudios Estratégicos Internacionales), el think tank diseñado para controlar férreamente la política exterior de EEUU y garantizar la hegemonía política global del imperio mediante golpes de Estado y el control y manejo de organizaciones y atentados terroristas. De izda a dcha: Henry Kissinger, Alexander Haig, William Colby y Clare Boothe Luce

 

Durante los años setenta y ochenta, kissingerianos, neoconservadores y los “halcones” más o menos republicanos de EEUU se reunieron principalmente en torno al CSIS (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales), un grupo de expertos belicistas capaz de influir profundamente en las orientaciones de la política exterior de los Estados Unidos. Los fundamentos de estos “expertos” en estrategia militar y la geopolítica eran: la hegemonía mundial de los Estados Unidos, el predominio del elemento “angloparlante” y, por lo tanto, el eje EEUU-GB y la alianza militar con Israel (por lo tanto, pro sionista). El CSIS no es (era) una institución cultural o universitaria inocua y, desde su seno, nacen las cumbres de la DIA (la agencia militar de inteligencia del Pentágono), la CIA y la OTAN.

Entre las personalidades más eminentes e influyentes de esta “reserva de cerebros” se distingue naturalmente el “maestro de la diplomacia” Henry Kissinger, miembro y fundador de Bilderberg y la Comisión Trilateral, el Almirante Alexander Haig, ex Asesor de Seguridad Nacional en el la primera administración de Nixon y, después en la posición militar más alta de la OTAN entre 1974 y 1979, el director de la CIA William Colby o la ex embajadora en Roma Clare Boothe Luce, una visceral anticomunista que cultivó excelentes relaciones con el ex ministro de Defensa de Italia, Randolfo Pacciardi, y con el embajador Edgardo Sogno, viejos conocidos del jefe de la Logia Masónica P2 Licio Gelli.

En 1969, los halcones Kissinger y Haig, en nombre de la Administración Nixon, instaron al Gran Maestro masón Licio Gelli para que “seleccionara” a 400 oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas italianas con el fín de formar parte de un ejército de reserva de cara a ejecutar un posible golpe de estado en Italia (en 1970 y que finalmente no se llevó a cabo). De hecho, la posición geográfica de Italia en medio del mar Mediterráneo, lo convirtió en un punto clave para los “estrategas del CSIS”.

Uno de los episodios más inquietantes y siniestros que salió a la luz, pero del que apenas se ha hablado, es un documento militar de alto secreto, el Manual de Campo 30-31 B. Una copia de dicho documento fue encontrada en 1980 en el doble fondo de una maleta de la hija de Licio Gelli, jefe de la Logia masónica P2, Maria Grazia Gelli. En él se mostraban la pautas a seguir para la realización de todas las operaciones secretas antes descritas (Gladio, Chaos, terrorismo “rojo”, etc).

El Manual de Campo 30-31 B consistía en la capacitación e instrucción de miembros de fuerzas especiales militares y de cuerpos de élite enmarcados en los servicios de inteligencia militar de los Estados Unidos para operaciones secretas. Dichas operaciones habían sido firmadas por el general William Westmoreland, ex Jefe del Estado Mayor del Ejército durante la Guerra de Vietnam quien junto con el director de contraespionaje de la CIA James J Angleton, Director de la Operación CHAOS, elaboró nuevas directrices de inteligencia de EEUU tanto para su propio país como para Europa occidental. En Turquía, España e Italia este documento circuló durante algunos años o se sabía que existía.

Citemos un extracto muy significativo del contenido del Manual de campo 30 – 31 B:

“Podría ocurrir que los gobiernos de países amigos (de EEUU) demuestren cierta pasividad o indecisión con respecto al derrocamiento de un potencial gobierno comunista o de de inspiración comunista, y que reaccionen con un vigor inadecuado a las propuestas transmitidas por las Agencias de los Estados Unidos. Tales situaciones ocurren especialmente cuando la insurgencia intenta adquirir una ventaja táctica al abstenerse temporalmente de acciones violentas, cultivando así un falso sentido de seguridad dentro de la autoridad del país amigo. En estos casos, los Servicios del Ejército de los EEUU. Deben utilizar los medios para lanzar operaciones particulares destinadas a convencer a los gobiernos de los países amigos y a la opinión pública de la realidad del peligro de la insurgencia y de la necesidad de acciones para oponerse.

Con este fin, los Servicios del Ejército de los EEUU deben intentar penetrar en la insurgencia a través de agentes en particular y misiones especiales en general, con la tarea de formar grupos de acción entre los elementos más radicales. Cuando ocurre el tipo de situación presentada anteriormente, dichos grupos insurgentes, que operan bajo el control de los Servicios del Ejército de los EEUU, deben utilizarse para lanzar acciones violentas o no violentas, según las circunstancias (…).

“En los casos en que la infiltración de estos agentes en el grupo de orientación de insurgencia no se haya implementado de manera efectiva, los efectos anteriores se pueden lograr creando y manipulando a organizaciones de extrema izquierda”.

Sin lugar a dudas, nos encontramos ante un manual preparado para las llamadas operaciones de falsa bandera (“operaciones bajo falsa bandera”), de “desestabilización para estabilización” que hoy día sigue plenamente vigente y encuentra similitudes extraordinarias con otros actores de matiz ideológico diferente e igualmente manipulable: los llamados “yihadistas” islámicos.

Existe, pues, en ese Manual de Campo una referencia clara y cristalina a la implementación de la estrategia de tensión en los países aliados, a fin de difundir un clima de terror, desorden y violencia que convenza a los gobiernos y a la opinión pública sobre la necesidad de una respuesta adecuada, en definitiva, dar un giro derechista a sus políticas y crear un clima favorable a las guerras imperiales.

Entonces resulta muy obvio que los “grupos de acción” mencionados en el Manual de Campo son muy similares a los “grupos paralelos” de extrema derecha de los que habló Cavallaro. Sólo que en el primer caso se hace referencia a la formación o germinación de “grupos de acción” de “izquierda” o “comunistas”, pero controlados por agentes del Servicio Militar de los EEUU quiénes se infiltrarán en la cabeza de estos “grupos de insurgencia”, pudiendo así dirigir operaciones bajo “falsa bandera”.

Sin embargo, la “penetración” en grupos no creados por la inteligencia no siempre se logra con éxito, por lo que no se excluye que se explote a estos grupos. De acuerdo con esta otra opción, los servicios especiales del ejército podrían “negociar” con los “rojos” para poder usarlos en su beneficio. De este modo hay una superposición casi perfecta de las modalidades operativas entre las fuerzas militares especiales de los Estados Unidos, bajo la dirección de los servicios del Pentágono, y las de grupos paramilitares como GLADIO, insertada en la red “stay-behind” de la OTAN,

En definitiva, operaciones como CHAOS de la CIA, COINTELPRO del FBI, las directivas Westmoreland y el Manual de Campo 30-31 B de las fuerzas militares especiales estadounidenses sirvieron como fuente y alimento de una amplia gama de procedimientos terroristas para ser utilizados en contra de la izquierda. Los servicios secretos estadounidenses, también con la colaboración de los servicios secretos de la zona euro de la OTAN (Italia, Francia, Bélgica, Reino Unido, Alemania, España), se comprometieron, a su vez, a infiltrarse en la extrema izquierda con el fin de provocar su descrédito y golpearla hasta atomizarla.

Como reconoció William Colby, jefe de la Estación de la CIA en Roma y luego en Saigón (Vietnam) y director de la Agencia entre 1973 y 1976: “Italia fue el laboratorio más grande jamás creado para operaciones clandestinas de la CIA”

 

 

Licencia Creative Commons  ESTE ARTÍCULO SE PUEDE REPRODUCIR POR CUALQUIER MEDIO, SIEMPRE QUE SE CITE LA FUENTE ORIGINAL (BERLÍN CONFIDENCIAL) TAL COMO ESTABLECE LA LICENCIA CREATIVE COMMONS. DE LO CONTRARIO QUEDA PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN

 

FUENTES:

http://diquadila.splinder.com/post/21833945
La guerra secreta de Estados Unidos para subvertir la democracia italiana Arthur E. Rowse
Puppetmasters: El uso político del terrorismo en Italia por Philip Willan.
Operation CHAOS. Matthew Sweet

  1. Olga

    Estos días he estado leyendo e incluso compartiendo tus artículos sobre “Gladio”, y quiero además de darte las gracias, felicitarte por tu mágnifico trabajo. Un abrazo afectuoso.

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    • berlinconfidencial

      Hola Olga

      Gracias por todo. Me alegro de que te haya gustado porque, ciertamente, me ha llevado un tiempo confeccionar toda esta información que ya se sabía, pero me temo que en España a un nivel muy básico o simplemente ni se conocía.

      Un abrazo
      Saludos cordiales

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