Las operaciones paralelas de Gladio: Desmagnetizar, COINTELPRO y CHAOS para neutralizar a la izquierda occidental (1)

 

 

Para entender el manejo e instrumentalización de organizaciones terroristas de extrema izquierda por la CIA y el Mossad israelí en los años setenta, que se expondrá en siguientes entradas, hay que remontarse años antes a lo que fueron las operaciones paralelas al Gladio original, es decir, a la época de los primeros años 50 del siglo XX donde se empezó a gestar un “plan de choque” de Occidente para luchar contra el comunismo bajo la falsa premisa de una hipotética “invasión” del Pacto de Varsovia que nunca se iba a producir. Ello condujo a otros procedimientos clandestinos que fueron utilizados para socavar tanto la influencia izquierdista como a personajes políticos que eran demasiado comprensivos con la anterior ideología.

Durante décadas, a partir principalmente de los años 50, se gastaron millones de dólares para financiar las llamadas operaciones encubiertas de la CIA, el FBI, la DIA (el servicio secreto del Pentágono) la NSA y docenas de agencias de inteligencia, quiénes se involucraron a fondo en la manipulación, provocación y penetración en las organizaciones de izquierda en todo el mundo (terroristas o no). De este modo, se fue construyendo y procesando el concepto de enemigo de una manera tan simple que este mecanismo de coerción psicológica iba a funcionar como un reloj suizo entre el ciudadano medio de las “democracias occidentales”. ¿Quién no iba a temer al “terrorista” o al “extremista”?

En primer lugar, la CIA lanzó el plan Demagnetize, en 1952, que consistía en “desmagnetizar” (o desactivar) a los principales partidos comunistas de los países occidentales, en particular, al más potente de todos ellos (el italiano) pero también a otras organizaciones izquierdistas del resto de Europa, con el fín de reducirlos a meros comparsas en un sistema político derechizado y pro atlantista.  Los métodos a utilizar fueron los clásicos que se solían emplear en toda operación subversiva clandestina de los servicios de inteligencia: operaciones terroristas de tipo paramilitar, guerra psicológica, infiltración en partidos políticos y organizaciones sindicales, propaganda anticomunista, etc.

El objetivo con el plan Demagnetize era conseguir que el ala prosoviética de los partidos comunistas fuera redimensionada y aislada. Para ello se utilizaron cláusulas secretas en la Alianza Atlántica (OTAN), para limitar la soberanía de los países integrantes de la misma y crear las condiciones para la ejecución de dichas operaciones, que en la práctica significaban la presencia de agentes encubiertos de la CIA o de los servicios secretos de países de Europa occidental organizando operaciones clandestinas. El contenido de las cláusulas de la OTAN es desconocido pero se sabe que algunas de las claves utilizadas fueron las ya conocidas redes paramilitares “stay-behind” de Gladio financiadas por EEUU y el Reino Unido, cuyas unidades fueron entrenadas por instructores militares de los marines y boinas verdes de EEUU y también por fuerzas especiales del SAS británico.

Al igual que Demagnetize, el llamado COINTELPRO (Contrainteligencia) del FBI, fue un operativo de matriz “interna”, implementado en los años 50 para buscar espías soviéticos en EEUU, aunque en realidad su objetivo principal fue aniquilar a movimientos radicales y pacifistas de Norteamérica a través de la infiltración, el camuflaje y la provocación. Dicho programa aunque se remonta al siglo pasado puede decirse que sigue presente hoy día. El COINTELPRO consistió, básicamente, en una gran variedad de ilegalidades muy graves cometidas por el FBI y que están ampliamente documentadas. Desde las lejanas operaciones directas contra los Black Panthers y movimientos pacifistas en los años sesenta, hasta el más que importante papel jugado por el FBI en los asesinatos de los dos hermanos Kennedy o en los de Martin Luther King Jr y Malcolm X.

En episodios más cercanos en el tiempo el FBI se ha involucrado en el asesinato de líderes independentistas (Filiberto Ojeda Ríos en Puerto Rico), en la organización de actos terroristas como el de las Torres Gemelas en 1993, en el atentado contra el edificio federal de Oklahoma en 1995, en el secuestro de las cámaras de seguridad del Pentágono durante el 11-s, en encerronas y redadas masivas contra ciudadanos musulmanes de EEUU a los que incitaba a radicalizarse (todo ello con ocasión de la implantación de la Patriot Act) e incluso se sabe de la participación del FBI en el exterior con el asesoramiento al régimen ucronazi para luchar contra la resistencia del Donbass.

Un ejemplo de infiltración a gran escala de los servicios federales de EEUU en este país fue la Convención “hippie” de Chicago, de 1968, que degeneró en una “guerra de guerrillas” y violencia donde un buen número de los “alborotadores” estaba compuesto por infiltrados de agencias federales. Todo lo que pareciera subversivo (desde hippies hasta neoizquierdistas) era terreno abonado para operaciones de sabotaje y minado de todos esos grupos “antisistema”.

La otra operación relacionada con Gladio, la más importante, que la CIA activó en 1967 fue la llamada Operación CHAOS, que se convirtió en una colosal máquina de provocación e infiltración dirigida a encender la mecha del caos, el desorden y la violencia en los momentos que se creyeran propicios. Si a ello unimos que el imperio estadounidense se iba a embarcar en guerras “impopulares” como la de Vietnam era la hora de obtener apoyo patriótico convirtiendo las protestas pacíficas en violentas. De este modo, alimentaron el complejo militar-industrial que el presidente republicano Dwight Eisenhower había denunciado en 1959.

Por otra parte, para la Casa Blanca, el Pentágono y Langley (la sede de la CIA) no se podía considerar como “razonable” que hubiera personajes demasiado nacionalistas o proclives a tender puentes con el Este socialista, Cuba o con formaciones comunistas. Ejemplos los tenemos en el presidente francés Charles De Gaulle y sus pocas simpatías por la OTAN cuando decidió salir de la estructura militar integrada en 1967, Willy Brandt, Canciller socialdemócrata de Alemania, que se deslizaba peligrosamente hacia la Ostpolitik (o concordia con el Este Socialista de Europa), los arriesgados “saltos al vacío” de líderes como el democristiano Aldo Moro demasiado dialogante con el Partido Comunista de Italia y la izquierda en general (la apertura al llamado Compromiso Histórico) o el Primer ministro sueco, Olof Palme, que se mostraba muy fraternal con Cuba, la URSS y los palestinos.

De este modo, agentes “especiales” y encubiertos penetraron en los movimientos clandestinos, estudiantiles y juveniles con la intención declarada de descarrilar el pacifismo original de esos movimientos y provocar una espiral de radicalismo violento que aterrorizase y mediatizase a la opinión pública. Pero CHAOS no se limitó al territorio de los Estados Unidos, ni mucho menos, ya que se extendió a los aliados más importantes de la OTAN, como Gran Bretaña, Alemania Federal, Francia e Italia. España, a pesar de que no pertenecía a la Alianza Atlántica, también formó parte del entramado CHAOS.

El dato significativo es que CHAOS se mantuvo en vigor exactamente en el período correspondiente a la “estrategia de tensión”, a excepción de EEUU donde “oficialmente” se cerró en 1975. ¿Simple coincidencia? Presumiblemente, la CIA y otras importantes agencias de inteligencia de EEUU exportaron el modelo “CHAOS” a Europa y otros países, beneficiándose de la colaboración de los “colegas” de inteligencia de los países aliados, que, para este fin, se “sumergieron” en el verdadero entorno de la Nueva Izquierda. Hoy dicho programa guarda enormes similitudes con un nuevo modus operandi de las agencias de inteligencia: la infiltración y “radicalización” expréss de musulmanes en Europa para cometer atentados terroristas, como el reciente ocurrido en Estrasburgo.

 

LOS ORÍGENES DEL CAOS Y SUS CONSECUENCIAS 

 

El 7 de diciembre de 1963, en el tercer piso del pabellón principal de la sede de la CIA de Langley (Virginia), se reunieron el Jefe de Estado Mayor del Ejército, William Westmoreland, el jefe ejecutivo de los servicios especiales militares, el jefe de contrainteligencia de la CIA, James Jesus Angleton y su superior directo y director de la Agencia John McCone, el secretario de Estado Dean Rusk y el secretario de Defensa Robert McNamara. Los presentes coincidieron en la necesidad de “responder” a la amenaza comunista y definieron las líneas de lo que luego se conocerá como la Operación CHAOS.

El director de operaciones de CHAOS en la CIA para Europa fue James Jesus Angleton, ex agente de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos, antecesora de la CIA) durante la II Guerra Mundial. Angleton, un anticomunista paranoico que incluso llegó a tildar de “izquierdista” a Kissinger, fue uno de los primeros en utilizar a neofascistas como arma de choque en contra de los comunistas y el que liberó, “in extremis” al príncipe fascista de Mussolini, Valerio Borghese, quien había sido comandante de la unidad submarinista X MAS, antes de que los partisanos italianos le ejecutaran, ya con la II Guerra Mundial casi terminada.

Borghese, figura inquietante y envuelta en un misterio, fue mencionado entre los responsables de la masacre de Portella della Ginestra de 1947 (que terminó en el asesinato de varios sindicalistas y niños), en el asesinato del presidente Kennedy y en el intento de golpe de Estado en Italia, en 1970. Borghese, al igual que Angleton, fue uno de los fundadores del servicio secreto israelí Mossad. Muchos de los hombres de Borghese fueron reclutados en la organización Gladio de la OTAN.

En relación con los regímenes fascistas europeos, la agencia fantasma portuguesa Aginter Press, se convirtió en un verdadero centro de reclutamiento del terrorismo negro. Esta “agencia de colocación” de terroristas de ultraderecha, de la que ya se habló en otra entrada anterior, fue casi con certeza el instrumento de la CIA, o uno de ellos, para poner en práctica la operación CHAOS de infiltración en los grupos de la “nueva izquierda” (maoístas, troskistas, anarquistas) con el fín de radicalizarlos y llevarlos al terreno de la violencia terrorista.

Por recordar brevemente a Aginter, ésta agencia demostró ser un instrumento esencial de la “estrategia de tensión” como central eléctrica “negra” y había sido fundada por antiguos militantes de la organización terrorista colonialista francesa OAS en Lisboa, capital de un país entonces gobernado por un régimen fascista (Salazar). Esta central terrorista estuvo bajo la cubierta de la OTAN y fue un instrumento para orientar a la extrema derecha internacional en un sentido pro-israelí.

 

THEODORE G. SHACKLEY, EL “DIABLO RUBIO”, AGENTE DE LA CIA Y ACÉRRIMO ANTICOMUNISTA. CRIMINAL, TERRORISTA, TRAFICANTE DE ARMAS Y DROGAS

 

Una idea precisa de lo que fue la Operación CHAOS la proporciona uno de los más siniestros agentes de la CIA, el siniestro Theodore G. Shackley, apodado “el diablo o el fantasma rubio”, con su “Tercera opción”. ¿Qué era la “tercera opción” según Shackley? Pues que entre la guerra y la paz debe haber un estado de tensión creado artificialmente gracias a operaciones especiales. Shackley era un veterano de CIC, el Cuerpo de Contra Inteligencia del servicio secreto del ejército estadounidense. A principios de la década de 1960, le fue asignado el primer puesto importante en Miami por la Agencia, donde dirigió la estación local y organizó un grupo de fanáticos cubanos anticastristas sin escrúpulos contratados para derrocar al gobierno de Fidel Castro.

El grupo de “operaciones especiales” creado por Shackley estuvo involucrado en la invasión fallida de la Bahía de Cochinos y en la operación Mangosta. Shackley se destacó siempre como un probado anticomunista. Según el investigador estadounidense Paul L. Williams, Shackley fue uno de los más infames agentes de la CIA que ayudó a establecer el tráfico de heroína en el Sudeste de Asia durante la guerra de Vietnam y supervisó la Operación Fénix, que supuso poner en marcha un genocidio computerizado de cerca de 40.000 sudvietnamitas civiles “sospechosos” de colaborar con el VietCong. En América del Sur, Shackley tomó parte activa en la Operación Cóndor, organizando escuadrones de la muerte para exterminar a la izquierda latinoamericana. En Chile, por ejemplo, se asoció con el conocido terrorista de Gladio Stefano Delle Chiaie para intentar el asesinato del presidente chileno Salvador Allende.

Shackley además formó parte del llamado Safari Club, una alianza de inteligencia impulsada por el ex Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, cuya función primordial era la creación de grupos terroristas en todo el mundo: desde la RENAMO en Mozambique, hasta UNITA en Angola, pasando por los Contras en Nicaragua o los “mujaidines” de Bin Laden en Afganistán. También el “fantasma rubio” estuvo implicado en el atentado contra el Papa Juan Pablo II. Shackley junto a Giuseppe Santovito, jefe de la inteligencia militar italiana (SISMI) y Francesco Pazienza, el segundo que estaba al mando en el SISMI, más el Padre Félix Morlion, fraile dominico, espía de la CIA y fundador del servicio secreto vaticano Pro Deo, diseñaron la falsa “pista búlgara” para incriminar a los soviéticos. En definitiva, las actividades del “diablo o fantasma rubio” no eran muy diferentes a las de una asociación criminal: relaciones con la mafia italoamericana, terrorismo a gran escala, tráfico de armas y drogas, etc.

Mientras tanto. ¿Qué estaba ocurriendo en Europa?. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, los “amigos de los americanos” organizaron varias conferencias sobre la guerra “no ortodoxa” o “de baja intensidad”. Eventos como el realizado  en el Hotel Parco dei Principi de Roma (3 al 5 de mayo de 1965) organizado por el Instituto Pollio, fue una emanación directa del Estado Mayor del Ejército y de los servicios secretos italianos. En dicha conferencia, que trazará los inicios de la “estrategia de tensión” en Italia, participaron académicos e intelectuales de extracción tradicionalista y conservadora, políticos y diplomáticos con convicciones “atlantistas”, agentes secretos y extremistas de derecha. Incluso aparecieron nombres que luego fueron objeto de investigación por su implicación en atentados como la masacre de Piazza Fontana de Milan, en 1967. Entre ellos, el famoso agente de inteligencia “Zeta” de la Oficina D del SID (Servicio de Información de Defensa) Guido Giannettini, un neofascista convencido.

La “profesionalización” de la guerra “no ortodoxa” se llevó a cabo por agentes de la OAS, los terroristas coloniales franceses y elementos ultraderechistas de Aginter Press (la falsa agencia de noticias portuguesa que servía de reclutamiento para el terrorismo negro). Roberto Cavallaro, integrante de una misteriosa organización paramilitar y paragolpista de matriz “Atlántica” (es decir, de la OTAN), llamada Rosa dei Venti, declaró que en 1972, en Francia, terroristas de la OAS y Aginter Press fueron los responsables de la capacitación para ejecutar otra operación, BLUE MOON, impulsada por los estadounidenses de la CIA, probablemente dentro del programa CHAOS.

¿Y en qué consistió BLUE MOON?. En la distribución planificada de alucinógenos y drogas entre los círculos contestatarios juveniles que empezaron con las protestas sesentayochoyistas contra la guerra de Vietnam y el Mayo francés con el fín de “desintegrarlos” ideológicamente y convertirles en zombies adictos de las drogas. Los narcóticos abrieron otro capítulo de Gladio en el que empezaron a aparecer nombres conocidos como el gurú psicodélico de la contracultura Timothy Leary o el extraño y más misterioso Ronald Stark, traficante de drogas, criminal de alto perfil y presunto agente de una estructura de inteligencia estadounidense con mil identidades y mil relaciones.

Stark era una figura de referencia de la “mafia hippie” de la Hermandad Eterna, una especie de interfaz y “fachada” entre los servicios secretos estadounidenses y la Cosa Nostra. BLUE MOON fue, con toda seguridad, el manual exportable de la CIA hacia Europa para desactivar los movimientos de protesta juveniles contra el poder capitalista y sus guerras imperiales. Sin olvidarnos de que en zonas específicas de España (País Vasco o Galicia) se utilizó para desideologizar y eliminar el auge secesionista entre la juventud.

Lo que reveló Cavallaro confirmaría que la implementación de operaciones encubiertas tipo Gladio, Chaos o Blue Moon tenían como objetivo la “desestabilización” para llegar a la “estabilización” del marco político interno. En resumen, el desorden creado artificialmente como una premisa para la restauración de un orden social, institucional y económico.

 

 

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FUENTES:
Operation Gladio: the unholy alliance between the Vatican, the CIA and the Mafia, Paul L. Williams
La guerra secreta de Estados Unidos para subvertir la democracia italiana Arthur E. Rowse
Puppetmasters: El uso político del terrorismo en Italia por Philip Willan
Operation Chaos. Matthew Sweet

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