El genocidio silencioso: las víctimas de la contrarrevolución de 1989 en la RDA (y 2)

 

 

LA CACERÍA CONTRA ACADÉMICOS Y JUECES DE LA RDA

 

El profesor Weissbecker, uno de los autores de la ola de suicidios en la RDA, es quien escribe sobre una de esas miles de víctimas, colega suyo, el Profesor Gerhard Riege, quien había trabajado, en la RDA, desde 1965 como profesor de derecho constitucional en la Universidad de Jena y fue un académico extremadamente popular y respetado. Aunque fue elegido democráticamente en 1990 como rector de su universidad (Jena) no le permitieron seguir en su puesto, siendo despedido por motivos políticos (su pertenencia comunista al SED).

Riege, se suicidó el 15 de febrero de 1992 colgándose en el jardín de su vivienda, debido a la feroz campaña de odio desatada contra él por partidos políticos y medios de comunicación. Riege dijo, antes de suicidarse,: No tengo la fuerza necesaria para luchar y vivir, le tengo miedo a un público cuya opinión es creada por los medios y contra la cual no puedo defenderme, tengo miedo al odio que se ha ido propagando desde el Bundestag (Parlamento alemán)

El científico Otto König (1929-1990) se licenció en química en la Universidad Friedrich Schiller de Jena, donde se graduó en 1951 como químico. Posteriormente, encontró trabajo en la gran planta química de Piesteritz (que llegó a dar empleo a 10 mil trabajadores), donde trabajó hasta 1960 como gerente de pruebas. Desde 1961 hasta 1963, König dirigió su propio departamento en Piesteritz. Este salto profesional fue acompañado por la entrada de König al Partido Socialista Unificado de la RDA, el SED, en 1961. Asímismo, ascendió y ocupó durante muchos años el cargo de Director General de la VEB Kombinat Agrochemie Piesteritz, fue miembro del Consejo de Investigación de la RDA y recibió los más altos honores estatales del país.

Cuando llegó la contrarrevolución de 1989, como resultado del cambio político, se cuestionó el trabajo de König sólo porque había militado en el SED, por lo que puso fin a su vida el 22 de enero de 1990.

El caso del destacado científico Armin Ermisch, (1935-1995), neurobiólogo por la Universidad Karl Marx de Leipzig, Profesor de Neurobiología, Zoología General y Biología Celular, es otro ejemplo, como el de Otto König o el de Hans Schmidt (el que sigue a continuación), de cómo la persecución implacable del nuevo neohitlerianismo alemán llegó a todos los espectros de la sociedad de la RDA, incluido el científico. El curriculum de Ermisch, que incluye una veintena de publicaciones o “papers”, se puede consultar aquí y no creo que haya duda acerca de la injusticia que se cometió contra este gran científico por parte del revanchismo de la RFA.

La causa de la defenestración de Ermisch no fue otra que el delito de haber pertenecido, como tantos otros ciudadanos de la RDA al Partido comunista, el SED, por lo que, consumada la contrarrevolución de 1989, fue despedido de su puesto de profesor en la Universidad de Leipzig. La maquinaria de coacciones y desmemoria histórica puesta en marcha en la nueva Alemania hizo que Ermisch no recibiera ninguna declaración de solidaridad de sus colegas, ni en Leipzig ni fuera de Alemania, como tampoco de sus alumnos, que le dieron la espalda. Ermisch recurrió su expulsión a un tribunal de Dresde quien, después de un litigio de cuatro años, validó la afrenta de su separación de la Universidad. El 1 de noviembre de 1995 Ermisch decidió poner fin a su vida suicidándose.

La reparación de la injusticia cometida contra Ermisch fue la creación en 1997 del Premio Fundación Armin Ermisch para jóvenes científicos. De esta forma se maquillaba, a duras penas, la indignidad del crimen cometido contra Ermisch varios años antes.

Hans Schmidt, nacido el 20 de junio de 1943 en Wroclaw (Polonia) fue uno de esos casos de purga político-académica que uno consideraría de los más siniestros que se llevaron a cabo en la nueva Alemania. El brillante historial de Schmidt se puede resumir de la forma que sigue. Después de asistir a las escuelas primarias y secundarias en Marksuhl y Eisenach (Bachillerato), Schmidt trabajó en el Consejo de distrito y en el Banco central alemán en Eisenach. Finalizó sus estudios universitarios en 1967, especializándose en los campos de estadística y procesamiento de datos en la Facultad de Economía de Berlín-Karlshorst, donde realizó una disertación en 1970 sobre “cuestiones básicas de la distribución de los ingresos nacionales en el socialismo”. Más tarde trabajó como asistente principal y profesor universitario en el Departamento de Economía de la Universidad Humboldt de Berlín Oriental (RDA). Durante este tiempo completó estudios adicionales en la Universidad de Leningrado. En 1980 fue nombrado profesor de economía política en la Universidad de Humboldt.

A partir de 1989 y con los cambios producidos tras la anexión de la RDA a la RFA no parecía que Schmidt fuera a ser apartado por las purgas de la Alemania “unificada”, a tenor de un informe de la Universidad Libre de Berlín de 1992, que decía “el Dr. Hans Schmidt, actualmente profesor de economía en la Universidad Humboldt de Berlín, es uno de los más respetados economistas de la antigua Alemania del Este, situándose al mismo nivel de conocimientos que los que imparten otros profesores en las universidades occidentales”. Incluso el centro de Ciencias de Berlín para la investigación social y la Facultad de Economía de la Universidad de Viena reconoció el alto nivel teórico de su trabajo, su dedicación y sus actividades de publicación de fama internacional.

Sin embargo, el Dr. Schmidt, como muchos otros científicos y profesores de la RDA, se topó con los nazis de la antigua RFA y fue expulsado de la actividad académica mediante una artimaña vengativa que no respondía a criterios de competencia profesional, de los que Schmidt estaba sobrado como bien señalaban los informes anteriores, sino que subyacían motivos, para no variar, de índole política. Su verdugo fue nada menos que un antiguo criminal de guerra nazi, Wilhelm Krelle, que había sido nombrado, después de la desaparición de la RDA, decano del Departamento de Economía de la Universidad Humboldt en la Berlín unificada.

Krelle había pertenecido, en la Alemania nazi, a la división de las SS-Sturmbannführer en Grecia (una unidad de asesinos nazis especialistas en matanzas de civiles) que estuvo involucrada en bárbaros crímenes de guerra en Italia. A pesar de ello, Krelle, como tantos otros criminales nazis, desarrolló su actividad en la RFA con total normalidad e, incluso, en sus años de vejez fue galardonado con la Gran Cruz del Mérito de Alemania y, en el colmo de la infamia, fue premiado con un doctorado honoris causa por la Universidad Humboldt de Berlín. Krelle nunca había ocultado sus intenciones contra el profesor Schmidt ya que había declarado públicamente que “no permitiría que los marxistas volvieran a la Universidad” y “eliminaría al Dr. Schmidt de la Universidad Humboldt a cualquier precio y bajo cualquier circunstancia”. No le asesinó como hubiera querido en “sus buenos tiempos” de las SS, por la vía criminal, sino que lo hizo por la vía civil gracias al apoyo que le otorgó el Estado neohitleriano reunificado.

Después de una larga disputa legal de cuatro años, que se tornó agotadora y degradante, donde se cuestionó el trabajo de Schmidt, y que no estuvo exenta de consecuencias para la salud del académico de la ex RDA, el 8 de mayo de 1996 Hans Schmidt decidió poner fin a su vida saltando desde el piso 13 del edificio de apartamentos donde vivía.

Mientras tanto, el nazi Wilhelm Krelle, como tantos criminales acogidos-protegidos en la RFA, murió plácidamente en su villa de Bonn el 23 de junio de 2004, bien pensionado a la edad de 88 años. Nunca tuvo que responder a preguntas desagradables sobre su participación en crímenes de guerra y de lesa humanidad y menos sobre su persecución al profesor Schmidt.

Otro caso llevado a las más altas cotas de indecencia revanchista y depuración fascista de la Alemania “reunificada” fue el del ex juez de la RDA Otto Fuchs. Este valeroso juez, en la RDA, había llevado a juicio a varios criminales de guerra nazis. En una mañana de enero de 1992 agentes de policía de la “renovada” Gestapo asaltaron el apartamento del matrimonio Fuchs en la Grunaer Strasse 12, de Dresde, y arrestaron a Otto Fuchs, con su mujer Martha presa de un ataque de nervios que requirió su hospitalización. No era extraña la reacción de la mujer de Otto Fuchs puesto que pensó en su subconsciente que habían vuelto de nuevo los nazis (los malos) a Alemania, como en 1933, puesto que la señora Fuchs, judía, en la II Guerra Mundial había estado prisionera en un campo de concentración y, además, había sido esterilizada por las SS, dentro de su programa de genocidio planificado contra los judíos.

El “crimen” de Otto Fuchs, para la Alemania neohitleriana, es que había iniciado entre abril y junio de 1950, junto con otros jueces de la RDA, procesos sumarios que abarcaron 3.385 juicios contra criminales de guerra nazis, en la prisión de Waldheim, en la RDA. En cuatro casos se dictaron sentencias absolutorias, en 32 casos se impusieron penas capitales y de éstas, en 24 casos, se hicieron efectivas. La RDA tuvo que soportar, aunque no lo crean, presiones internacionales para “detener” la justicia anti-nazi y al final la RDA cedió parcialmente a las presiones concediendo la libertad a algunos criminales de guerra.

Según la opinión de un tribunal Federal de la Alemania unificada los juicios de Waldheim representaron un “abuso grosero del poder judicial de la RDA”, por lo que había que iniciar juicios políticos contra los que pretendieron impartir verdadera justicia contra los asesinos del régimen de Hitler. Era otro ejemplo de cómo la Alemania “reunificada” estaba no sólo blanqueando al nazismo, sino al igual que hizo la RFA, seguía protegiendo y no juzgando a miles de asesinos nazis. No faltó tampoco el apoyo del sicariato literario para deslegitimar los juicios de Waldheim, como fue el caso del historiador alemán Wolfgang Eisert, quien escribió un libelo repugnante (Die Waldheimer Prozesse: der stalinistische Terror 1950 : ein dunkles Kapitel der DDR-Justiz) para apoyar la tesis anticomunista, reaccionaria y delirante de que aquellos procesos fueron producto del “terror estalinista”.

La fiscalía de Leipzig (que en realidad eran lacayos neohitlerianos de Alemania Occidental enviados por el gobierno a la antigua ciudad germano oriental) acusó a Fuchs de “asesinato” al haber sentenciado a muerte a personas “inocentes”. Pero de inocentes no tenían nada los condenados por Fuchs, sino que en la RDA estaban haciendo lo que no hizo la RFA durante décadas con sus criminales nazis, es decir, juzgarlos y, en su caso, condenarlos y ejecutarlos. Mientras tanto, Alemania Federal (la anterior y la actual) daba y sigue dando lecciones de autoridad moral, hablando de que la justicia antinazi de la RDA no fue nada más que “propaganda de la dictadura comunista”. Eso sí, la RFA fue un oasis “democrático” donde criminales o colaboradores nazis entraron por la puerta grande a altos puestos de poder (como Cancilleres, Presidentes, Ministros o asesores) en el período comprendido entre 1949-1990 o bien ese Estado federal neofascista reclutó a numerosos criminales de la Gestapo y las SS para su servicio secreto, el BND. Pero la RDA era el Estado “orwelliano” del espionaje masivo con su “Stasi”.

Gracias a la acción de su abogado, Otto Fuchs fue liberado provisionalmente por un corto período de tiempo. Pero para no permitir a los jueces la satisfacción de ver como era humillado a través de una “muerte procesal lenta y dolorosa”, Otto Fuchs y su esposa decidieron poner fín a sus vidas, saltando ambos desde el balcón del séptimo piso de su apartamento el 13 de febrero de 1992. Sus cuerpos quedaron completamente destrozados. La prensa revanchista de Alemania sacó todo lo peor del amarillismo y la difamación posible calificando a Otto Fuchs como el “juez de la muerte que escapó a la justicia con un suicidio”.

Otto Fuchs dejó, antes de morir, una carta de despedida que decía: “Mi esposa no sobreviviría a la separación de mí. Les aseguro que en mi división judicial solo condenamos a los criminales de guerra y estoy seguro de que no debemos avergonzarnos de ningún veredicto. Pero ahora quieren convertirme en un criminal en un juicio espectáculo. (…) Hoy día, después de incontables crímenes nazis, muchos se sienten como si fueran personas completamente inocentes. La represión fue de tal magnitud que algunos incluso presentan a Auschwitz como una mentira. Bajo tales condiciones y la presunción de que los jueces provienen de los Länder de Alemania Occidental, donde la no persecución de los crímenes nazis era una práctica común, podemos esperar poca comprensión de nuestros juicios sobre tales crímenes”.

Otro co-demandado por “asesinato”, inculpado al igual que Otto Fuchs, fue Otto Jürgens, de 87 años, quien fue condenado no por “crímenes” específicamente probados, sino por sus convicciones ideológicas. Otto Jürgens, que había sido detenido y torturado en 1933 por la Gestapo, fue condenado por un tribunal alemán a dos años de libertad condicional y al pago 6.000 marcos de multa, así como a asumir las costas judiciales. En sus alegaciones finales Jürgens dijo, Otto Fuchs debería haber estado sentado aquí. Los criminales nazis condenados en Waldheim habían merecido sobradamente su castigo. Mi firme voluntad en ese momento fue estar siempre del lado de la ley y de la verdad democrática”.

Gerhard Feldbauer (1933) periodista, historiador y ex diplomático de la RDA, reivindicó la figura de Otto Fuchs señalando que: “Yo mismo recordé los juicios de la RDA donde numerosos criminales de guerra alemanes fueron condenados por asesinato masivo en Italia. Uno de esos asesinos de las SS en Italia fue Wilhelm Krelle (el criminal “académico” que expulsó al profesor de la RDA, Hans Schmidt, de la Universidad Humboldt de Berlín, en 1992) quien cometió crímenes de guerra en Italia. Pues bien, en la República Federal de Alemania, al igual que sucedió con Krelle, gran cantidad de criminales nazis salieron indemnes de recibir cualquier castigo. Para procesos iniciados contra los nazis en el extranjero las autoridades alemanas de la República Federal negaron la extradición. En cambio, jueces de la RDA como Otto Fuchs que impartieron justicia condenando a criminales nazis fueron llevados, tras la anexión de la RDA a la RFA, como convictos ante tribunales penales de Alemania Occidental.”

Apartándome un poco del eje central de la temática de esta entrada sobre los suicidios en la RDA, pero siguiendo la argumentación de Feldbauer (la RFA como protector de criminales nazis), reseñaré tres casos de genocidas nazis que cometieron atrocidades en el frente occidental y que fueron respaldados totalmente por Alemania Federal:

(a) Uno de ellos fue el general de las SS Heinz Lammerding, ordenante de las masacres en las localidades francesas de Tulle (noventa y seis civiles) y Oradour Sur Glane (toda la población menos cinco personas fueron asesinadas, incluyendo niños y mujeres, en total 645 personas). Una vez finalizada la II Guerra Mundial y capturado Lammerding por los británicos, éstos se negaron a enviarle a Francia como reclamaba este país para ser juzgado y decidieron llevarle a Düsseldorf (RFA), sin duda, en un acuerdo pactado con la Alemania del Oeste. En Francia se inició un proceso judicial contra Lammerding quien fue condenado a muerte “en absentia”. Francia solicitó la extradición del criminal nazi a la RFA, pero este país no sólo se negó a extraditarle sino que incluso le dio la oportunidad de rehacer su vida y ser un empresario de éxito. La muerte del criminal de guerra nazi Lammerding en 1971 congregó en su funeral, ante la total complacencia de las autoridades de Alemania Federal, a un numeroso grupo de ex miembros de las SS para rendirle honores.

(b) El segundo criminal de guerra, Joachim Peiper, dio las órdenes para ejecutar la masacre de Malmedy (Bélgica), donde 80 soldados norteamericanos, prisioneros de la Wehrmacht, fueron asesinados uno a uno mediante disparos efectuados a bocajarro. Tras un juicio donde fue condenado a muerte por un tribunal norteamericano, posteriormente se le conmutó la pena por la de cadena perpetua y luego fue liberado. Tras una estancia apacible en Alemania Occidental, donde estuvo trabajando como empleado en Porsche y Volkswagen, Peiper fue delatado como criminal de guerra y hostigado por lo que se vio obligado a emigrar a Francia con su familia a un pequeño pueblo (Traves) donde creía que iba a estar a salvo. Sin embargo grupos franceses de la resistencia antinazi dieron con su paradero y se colocaron carteles denunciando la presencia de Peiper en el pueblo. En la noche del 15 de julio de 1976 un grupo de personas  asaltó la casa de Peiper disparándole y lanzando cócteles molotov sobre la vivienda. Peiper murió carbonizado.

(c) El tercer genocida, Erich Priebke, salió, al igual que Lammerding, airoso de sus crímenes, esta vez en Italia. Priebke, como comandante de las SS en Italia, estuvo implicado en la matanza de las fosas ardeatinas, en Roma el 24 de marzo de 1944, donde bajo sus órdenes fueron asesinados 335 civiles italianos. Priebke se había fugado, como miles de nazis, a Sudamérica con la ayuda del Vaticano y la inacción de EEUU y Alemania Occidental, y se estableció en Bariloche (Argentina), una pequeña ciudad al sur del país que congregó a una importante comunidad alemana, todos fieles del régimen nazi.

Priebke fue director del Colegio alemán en Bariloche, un centro educativo pro-nazi en el que se enseñaban valores del nacionalsocialismo y estaba prohibido hablar mal de Hitler. Dicha institución contó con el apoyo de las autoridades locales del peronismo y luego de la dictadura de Videla, las cuales asistían a celebraciones y otros eventos del Centro, con la complicidad de la embajada de la RFA en Buenos Aires, que conocía sobradamente el paradero de muchos criminales nazis refugiados en el país sudamericano, entre ellos Priebke, quien finalmente fue extraditado por Argentina en 1995 a Italia y tras un juicio-farsa (con varias apelaciones), se le impuso un cómodo arresto domiciliario que se mantuvo hasta su muerte natural a los 99 años en 2013.

 

EPÍLOGO AL GENOCIDIO SILENCIOSO CONTRA LA RDA

 

El número de víctimas (sobre todo anónimas) de la RDA, a raíz del “cambio político”, sería interminable, por lo que, a modo de conclusión final, citaremos a Gerhard Uhe, primer secretario del SED en el distrito de Perleberg (suicidio: 7-11-1989), Erwin Primpke (sucidio: 7-12-1989), Gerhard Lange, General del Ministerio del Interior de la RDA y director del MfS en Suhl, (suicidio: 30-1-1990). Otras víctimas que desempeñaban trabajos comunes, no vinculados al Estado (ni siquiera pertenecían al SED), como Renate Wittke, secretaria del editorialista, profesor de Literatura soviética y miembro de la Asociación de Escritores de la RDA, Leonhard Kossuth, no pudieron soportar la pérdida de su trabajo. Wittke se suicidó lanzándose al paso de un tren el 8 de noviembre de 1990. Otros, como el médico Rudolf Mucke, alemán oriental, paradójicamente opositor al gobierno de la RDA en la contrarrevolución de 1989 y miembro de Alianza 90/Los Verdes, fue acusado de haber pertenecido a la Stasi. Se suicidó lanzándose desde un puente ferroviario en Treptow-NeuKölln el 15 de enero de 1995.

La élite política reaccionaria de Alemania ha guardado silencio ante este crimen, equiparable, en resultados, a los que cometió su antecesor, el nazismo contra la disidencia interior, mientras que sus medios e historiadores han intentando deslegitimar esos suicidios. Y lo han hecho cargando las tintas, cómo no, contra la RDA diciendo que aquellas muertes no deben de ser un “contrapeso” a las que el “régimen comunista” ocasionó a los que cruzaron ilegalmente la frontera antifascista de Berlín, que es lo que hace, por ejemplo, el historiador Udo Grasshoff en su libro “In einem Anfall von Depression: Selbsttötungen in der DDR”.

Se olvidan que la RDA estaba custodiando la soberanía del país mediante una frontera donde violentarla a la fuerza suponía enfrentarse a medidas coercitivas, se olvidan que antes de edificarse el “Muro de Berlín”  grupos criminales se introducían libremente en la RDA para efectuar operaciones de sabotaje y terrorismo, se olvidan de que una vez edificada la frontera fue violentada innumerables veces por agentes terroristas procedentes de Berlín Occidental, se olvidan que muchos soldados fronterizos de la Volkspolizei fueron asesinados por ello. En definitiva, se olvidan que la RDA proporcionó a los ciudadanos germano-orientales seguridad en protección social, pleno empleo y una vida digna y fueron despojados de repente de todo ello, además de ser, muchos de ellos, perseguidos penalmente, acosados, ridiculizados y difamados. Entonces, habría que preguntarse cuántos de esos ciudadanos estaban dispuestos a soportar esa carga revanchista y la desaparición del que hasta hace poco era su modo de vida.

La contrarrevolución encabezada por el criminal Gorbachov, Alemania Federal y EEUU masacró a sus oponentes políticos después de “derrotar” a la RDA, promoviendo la persecución y la exclusión social y política (salvo los que cambiaron de bando y chaqueta rápidamente para acomodarse al nuevo régimen), menospreciando la dignidad de los alemanes orientales, utilizando mentiras y campañas de odio, siendo enviados muchos de ellos ante unos tribunales de justicia que carecían de legitimidad alguna para juzgar supuestos delitos cometidos por una nación extranjera.

A los que verdaderamente había que haber juzgado, tras la caida de la RDA, era a los orquestadores y criminales que atentaron contra la soberanía de esa nación durante cuarenta años seguidos, en los que Alemania Federal, y su patrono norteamericano, conspiraron, un día sí y otro también, para liquidar cruentamente a la RDA utilizando toda suerte de medios delictivos y terroristas. Entonces, uno se pregunta qué se podía esperar tras la anexión por parte del Estado legatario del nazismo sino, una vez consumada la misma, efectuar un ajuste de cuentas contra quiénes combatieron a sus antecesores y los que aún pervivían en la RFA. Mientras tanto, la Wikipedia y los libros de historia se dedicaban a blanquear a los nazis del Oeste y ponían en marcha una medida campaña para acusar de “Estado totalitario y propagandista” a la RDA.

El periodista francés Gilles Perrault llegó a una conclusión que resumía, de alguna manera, cuál había sido la política de la RFA desde 1949 contra la RDA y, sobre todo, acerca de las condiciones que se dieron, a partir de la Alemania unificada, para los ciudadanos del Este: “La política de destrucción de la memoria histórica es, esencialmente, un crimen, un segundo asesinato de los que han sufrido el martirio a manos de los nazis. Sabemos por experiencia que el fascismo de Hitler fue absolutamente malvado. Si la llamada nueva Alemania niega la memoria de quienes la han combatido, ¿cómo uno podría soportar con angustia la verdadera naturaleza de esta Alemania?

Como dicen, tal vez ingenuamente, algunos alemanes que vivieron en la RDA, en un futuro lejano, cuando se desvanezca la todavía Guerra Fría contra la RDA, es de esperar que también se coloquen placas conmemorativas y se reconozca a las víctimas de la mal llamada “reunificación” alemana.

 

FUENTES:

http://totgesagtelebenlaenger.blogsport.de/zeitzeugenberichte/opfer-der-konterrevolution-19891990-teil-1/
http://totgesagtelebenlaenger.blogsport.de/zeitzeugenberichte/opfer-der-konterrevolution-19891990-teil-2/
http://www.dkp-online.de/uz/3847/s1502.htm
http://offen-siv.kommunistische-geschichte.de/die-konterrevolution-trieb-zehntausende-in-den-tod/
www.wikipedia.de

 

 

ESTE ARTÍCULO SE PUEDE REPRODUCIR POR CUALQUIER MEDIO, SIEMPRE QUE SE CITE LA FUENTE ORIGINAL (BERLÍN CONFIDENCIAL) TAL COMO ESTABLECE LA LICENCIA CREATIVE COMMONS. DE LO CONTRARIO, QUEDA PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN

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