Qué hubo realmente detrás de las ‘purgas’ en la URSS de Stalin

 

 

El año pasado se cumplieron 80 años de las llamadas “purgas o represiones masivas de 1937” en la URSS cuyo denominador común fue, sobre todo, la depuración política de elementos golpistas del partido (PCUS) y del Ejército Rojo de la Unión Soviética e, indirectamente, alcanzaron a ciudadanos que nada tenían que ver con los anteriores. Por ejemplo, en mayo de ese año, el mariscal Tukhachevsky y varios militares de alto rango fueron acusados ​​de “conspiración militar fascista” y fueron arrestados. En junio todos ellos fueron condenados a muerte.

La versión de la propaganda anticomunista occidental, a través de sus agentes culturales de la CIA, y la oficial de la Rusia post-soviética es que aquéllos eventos fueron la consecuencia de una supuesta “persecución política”, que tenía como eje el tantas veces mencionado “culto a la personalidad de Stalin”. El Dios Stalin, que quería convertirse en el Señor y Dueño de todo el territorio soviético, decidió reprimir a todos los que dudaban de su genio. Y sobre todo a aquellos que, junto con Lenin, crearon la Revolución de Octubre. Nada más lejos de la realidad, en lo que respecta al líder soviético.

El aspecto más ominoso de la historiografía occidental suele remarcar el episodio de los procesos de Moscú, 1936-1939, con un propósito declarado de presentar al socialismo soviético  –y a Stalin en particular- como un sistema criminal, despótico y arbitrario que sometió y ejecutó por la fuerza bruta a millones de personas. Sin embargo, la realidad no contada (hurtada y secuestrada) de Occidente es mucho más compleja que la simple y desvergonzada propaganda de los Estados que matan por petróleo. Al menos en la versión ofrecida por la página de más abajo, usada como fuente de esta entrada. Un análisis que es más neutral de lo que aparenta.

Se olvidan, los palmeros del gran capitalismo expoliador, de uno de los elementos esenciales de esa “represión” (contra los golpistas): aquel en el cual los depuestos reaccionarios zaristas y el imperialismo exterior no consintieron ni un solo minuto el ascenso al poder de los soviets y no hubo más remedio que utilizar a la policía, tribunales y cárceles, para contrarrestar la involución permanente que acechaba al primer Estado socialista del mundo. En particular, con la larga guerra civil azuzada desde dentro y fuera de la Rusia soviética y una vez terminada aquella mediante la ejecución, por los “blancos”, de miles de sabotajes, intentos de golpes de Estado y actos de terrorismo llevados a cabo tanto contra el propio jefe de Estado (Lenin) como contra militantes comunistas relevantes (Kirov) y de base así como contra los propios campesinos pobres, utilizando aquí la extorsión, la tortura y el secuestro.

En la URSS, en la década de los años treinta, había una emergencia política nacional que había que resolver drásticamente, donde el “trotskismo” de los Zinoviev y Kamenev era un capital desestabilizador que utilizaron las potencias imperialistas para tal fin. El trotskismo había dejado de ser una corriente política dentro del movimiento obrero socialista para convertirse en conspiradores, forajidos sin principios, en agentes del espionaje y, lo que es peor, en asesinos que actuaban bajo el paraguas de Occidente. Leon Trotsky, conviene no olvidarlo, en su exilio en México, hizo una petición al FBI para ser su confidente (documentos desclasificados de los federales).

La falsificación en Occidente en torno a hechos como los “procesos de Moscú” (juicios que se llevaron a cabo contra sectores involucionistas políticos y mlitares de la URSS), y, en particular contra la imagen de Stalin, ha sido, en líneas esenciales, la fabricación de una gran operación de propaganda que respondió a los presupuestos demonizadores de la guerra fría. Pero es que incluso desde las filas de algún “disidente”, como el ex agente de inteligencia soviética, Alexander Orlov (de la NKVD), huido de la URSS a finales de 1930, no tuvieron inconveniente en reconocer que se estaba preparando un golpe de Estado en la URSS en aquellos años. Orlov reconoció que entre los conspiradores había representantes en la dirección del NKVD y el Ejército Rojo en la persona del mariscal Mikhail Tukhachevsky. Stalin tuvo conocimiento de ello y no le quedó más remedio que ejecutar a los golpistas.

Otro activo conspirador santificado por la progresía de Occidente fue el ya mencionado Leon Trotsky, quien antes de evitar ser capturado optó por huír de la URSS. En los años 80 del siglo XX, en los Estados Unidos se desclasificaron archivos del enemigo más importante de Joseph Vissarionovich (Stalin). De estos documentos quedó claro que Trotsky tenía una amplia red de conspiración clandestina bien ramificada en la Unión Soviética. Desde su exilio en México, Lev Davidovich instó a su pueblo a que tomara medidas decisivas para desestabilizar la situación en la Unión Soviética, hasta la organización y ejecución de actos terroristas masivos. ¿Se imaginan que hubiera ocurrido en la URSS de estar Trotsky o alguno de los otros conspiradores golpistas cuando Hitler invadió el país en 1941? La capitulación hubiera sido inmediata y hoy se hablaría alemán en Moscú y en el resto de Europa.

De los propios archivos desclasificados en Rusia, a raíz de la disolución de la URSS en 1990, se deduce igualmente de que hubo una amplia conspiración contra Stalin. Testimonios del golpe donde se detallaban los planes militares de los conspiradores contados al detalle. No era una invención de “alguien” cercano al poder para lavar la cara a Stalin sino de gente muy bien informada como fue el caso del Comisario Adjunto de Defensa Tukhachevsky y otros golpistas.

 

ANTECEDENTES: LA NEP UN EXPERIMENTO CAPITALISTA CORRUPTO. TROTSKY: AGENTE TERRORISTA AL SERVICIO DE LAS POTENCIAS CAPITALISTAS

 

A principios de la década de 1920, surgió una discusión en la dirección del Partido Bolchevique sobre el destino de la construcción del socialismo en el país. El prominente especialista sobre la era Stalin, doctor en Ciencias Históricas, Yuri Nikolayevich Zhukov, hace una afirmación sorprendente: “Incluso después de la victoria de la Revolución de Octubre, Lenin, Trotsky, Zinoviev y muchos otros no pensaron seriamente que el socialismo triunfaría en la atrasada Rusia. Miraron con esperanza a los industrializados Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia”. Zhukov señala que “Líderes bolcheviques como Zinoviev sólo creían que la revolución era posible en Alemania. Y una vez que esta triunfara Rusia se uniría a ella para poder construir el socialismo”.

En el verano de 1923, Stalin le escribió a Zinoviev: “incluso si el Partido Comunista de Alemania cae del cielo, Rusia no lo sostendrá”. Stalin era la única persona con liderazgo que no creía en la revolución mundial. Él creía que nuestra principal preocupación era la Rusia soviética.

¿Qué ocurrió a continuación?, continua Zhukov: La revolución en Alemania no tuvo lugar e implantamos el NEP. Unos meses después, el país estaba al límite de la explosión social. Las empresas estaban cerrando, había millones de desempleados y los trabajadores que habían acumulado ahorros recibieron del 10 al 20 por ciento de lo que recibieron antes de la revolución. Los campesinos fueron conminados a pagar impuestos en especie que no pudieron pagar. El bandidaje había aumentado en todos los ámbitos: político y social.

Existía una situación económica sin precedentes: los pobres, para poder pagar impuestos y alimentar a sus familias atacaban a los trenes. Surgieron grupos de delincuentes incluso entre los estudiantes: para aprender y no morir de hambre se necesitaba dinero. Eso es lo que resultó ser el NEP: un instrumento que corrompió al partido y a los cuadros soviéticos. El soborno estaba por todas partes. Cualquier servicio, desde el presidente del Consejo del pueblo hasta un policía, aceptaba un soborno. Hasta los directores de las plantas fabriles arreglaban sus propios apartamentos a expensas de las empresas, a precio de lujo. Y así desde 1921 hasta 1928.

Mientras tanto, Trotsky y su mano derecha en el campo de la economía, Preobrazhenski, concibieron transferir la llama de la revolución a Asia y formar cuadros en nuestras repúblicas orientales, construyendo allí fábricas con urgencia para “constituir” un proletariado local.

Stalin propuso una opción diferente: la construcción del socialismo en un solo país. Al mismo tiempo, no estableció un plazo sobre cuándo se construiría el socialismo. Él dijo: vamos a construirlo y después de varios años especificó: es necesario crear industria pesada en 10 años. De lo contrario, nos destruirán. Esto fue pronunciado en febrero de 1931. Stalin no estaba equivocado. Diez años y 4 meses después Alemania atacó a la URSS”.

Una vez que la NEP fue eliminada se introdujo la colectivización forzosa y la industrialización masiva. Esto dio lugar a nuevas dificultades y serios problemas. El campesinado, tradicionalmente conservador y reaccionario, provocó revueltas masivas y los trabajadores de algunas ciudades se mantuvieron en huelga, insatisfechos con el escaso sistema de cupones de distribución de alimentos. En resumen, la situación sociopolítica interna se volvió a deteriorar de forma notable. Y ayer, como hoy, como señala el historiador Igor Pykhalov: “opositores del partido de todos los colores se convirtieron en activistas para “pescar en aguas revueltas”. Líderes políticos y otros cuadros más los nostálgicos zaristas ansiaban venganza en la lucha por el poder, por lo que se volvieron inmediatamente más activos”.

Así pues, la primera piedra de toque de la contrarrevolución se puso en marcha. En primer lugar, se activó el movimiento clandestino trotskista, que tenía una vasta experiencia de actividad subversiva secreta desde la Guerra Civil. A fines de la década de 1920, los trotskistas se unieron con los antiguos camaradas de armas de Lenin, Grigory Zinoviev y Lev Kamenev, que estaban ya de por sí descontentos porque Stalin los había desplazado del poder debido a su manifiesta incompetencia política.

La llamada “oposición derechista”, fue organizada por personajes como Nikolai Bujarin, Abel Yenukidze y Alexei Rykov. Estos criticaron duramente a los líderes “estalinistas” por la “colectivización  organizada de forma improcedente en las aldeas”. También hubo grupos de oposición más pequeños. Todos ellos tenían una cosa en común: el odio por Stalin, contra el que estaban dispuestos a luchar con cualquier método subterráneo, aprendido de los tiempos revolucionarios de la era zarista y la brutal Guerra Civil.

En 1932, casi todos los opositores se unieron en un solo bloque de la derecha trotskista, como se llamaría más tarde. En la agenda estaba el inmediato derrocamiento de Stalin. Se consideraron dos variantes. En caso de una guerra con Occidente, se daba por hecho que dicho conflicto contribuiría a la derrota del Ejército Rojo en todos los sentidos, y de este modo se tomaría el poder del caos resultante. Si la guerra no se llevaba a cabo entonces se consideraría ejecutar un golpe de Estado “palaciego”.

Yuri Zhukov subraya: “Directamente a la cabeza de la trama estaban Abel Yenukidze y Rudolf Peterson, un colaborador en la Guerra Civil que participó en operaciones punitivas contra campesinos insurgentes en la provincia de Tambov, comandó el tren blindado de Trotsky y, a partir de 1920, fue comandante del Kremlin en Moscú. Querían arrestar de inmediato a todos los “estalinistas”, el propio Stalin, Molotov, Kaganovich, Ordzhonikidze y Voroshilov”.

Los conspiradores lograron atraer al comisario adjunto del Pueblo para la Defensa, el mariscal Mikhail Tukhachevsky, quien se había sentido ofendido por Stalin por no ser capaz de apreciar las supuestas “grandes habilidades” del Mariscal. El Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, Henry Yagoda, también se unió a la conspiración: Yagoda era un vulgar arribista sin principios que en algún momento pensó que la silla bajo la que se sentaba Stalin se iba a tambalear de un momento a otro, por lo que se apresuró a acercarse a la oposición.

En cualquier caso, Yagoda cumplió aplicadamente sus obligaciones con los opositores, obstaculizando cualquier información sobre los conspiradores que periódicamente llegaba a la NKVD. Y tales señales, como luego se supo, regularmente cayeron sobre la mesa del Jefe de la Cheka del país, pero cuidadosamente las escondió “debajo de la alfombra”.

Lo más probable es que la trama fue derrotada debido a los impacientes trotskistas. Cumpliendo con las instrucciones de su líder, Trotsky, sobre el terror, contribuyeron al asesinato de uno de los hombres de Stalin, el primer secretario del comité del partido regional de Leningrado, Sergei Kirov, quien recibió un disparo en el edificio Smolny el 1 de diciembre de 1934.

Stalin, quien cada vez estaba más alarmado por las informaciones que hablaban de una conspiración, tomó cartas en el asunto a raíz del asesinato de Kirov y puso en práctica medidas de represalia. El primer golpe cayó sobre los trotskistas. En el país hubo arrestos masivos de aquellos que al menos una vez estuvieron en contacto con Trotsky y sus asociados. El éxito de la operación también se vio facilitado en gran medida por la circunstancia de que el Comité Central del Partido tomó bajo estricto control las actividades de la NKVD. En 1936, toda la “plana mayor trotskista-zinóvievista” fue condenada y destruida. Y a fines del mismo año, el Comisario del Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos, Yagoda, fue removido de su cargo y fusilado en 1937.

Luego, llegó el turno para otro conspirador, el mariscal Tukhachevsky. Como escribe el historiador alemán Paul Carell, refiriéndose a fuentes de la inteligencia alemana, el mariscal planeó un golpe el 1 de mayo de 1937, cuando gran parte del equipo militar y las tropas se dirigían a Moscú para participar en el desfile del Primero de Mayo. Bajo la tapadera del desfile, era factible llevar unidades militares leales a Tukhachevsky hasta la capital.

Sin embargo, Stalin, que ya sabía de estos planes, posibilitó que Tukhachevsky fuera aislado, por lo que a finales de mayo fue arrestado y junto con él, una relación completa de comandantes de alto rango del Ejército Rojo. Así, la trama trotskista derechista fue completamente liquidada a mediados de 1937.

 

LA DEMOCRATIZACIÓN DE STALIN: ELECCIONES LIBRES. LA RESISTENCIA DE LA NOMENKLATURA DIRIGE LA REPRESIÓN Y EL TERROR

 

Según varios informes, Stalin iba a detener la represión en curso contra los golpistas en previsión de que el asunto se fuera de las manos. Sin embargo, en el verano del mismo año de 1937 se encontró con otra fuerza hostil inesperada: los “barones regionales” de entre los primeros secretarios de los comités regionales del partido. Las cifras de los “nuevos rebeldes” eran muy alarmantes para los planes de Stalin de democratizar la vida política del país, porque las elecciones libres planificadas por Stalin amenazaban a muchos de ellos con la inminente pérdida de poder.

Espera…¿elecciones libres convocadas por Stalin? Nos dicen en el artículo de referencia que, efectivamente, se hablaba de ¡elecciones libres!. No al uso capitalista para restaurar a la burguesía y sus privilegios de clase dominante, entendámoslo, sino en el sentido de desconcentrar el poder del partido para reducirlo a la mínima expresión ya que se estaba convirtiendo en una nomenklatura de déspotas privilegiados con capacidad de tomar decisiones por encima del mismo Stalin y, por ende, del pueblo. Primero, en 1936, por iniciativa de Stalin, se adoptó una nueva Constitución, según la cual todos los ciudadanos de la Unión Soviética sin excepción, incluidos los llamados del “antiguo régimen”, que anteriormente habían sido privados de sus derechos de voto, recibirían los mismos derechos civiles. Y, además, como escribe Yuri Zhukov:

“Se asumió que, simultáneamente con la Constitución, se aprobaría una nueva ley electoral, en la que se formularía el procedimiento para la elección de varios candidatos alternativos, y el nombramiento de candidatos para el Consejo Supremo, que estaba programado para el mismo año, comenzaría inmediatamente. Los modelos de papeletas ya habían sido aprobadas y un montante de dinero fue asignado para la propaganda y las elecciones”.

Zhukov cree que a través de esta decisión, Stalin no sólo quería llevar a cabo la democratización política, sino también eliminar del partido a la “nomenklatura”, que, en su opinión, era demasiado elitista y se había distanciado demasiado de la vida del pueblo. Stalin quería dejar al partido sólo el trabajo ideológico y otorgar todas las funciones ejecutivas reales a los Soviets de diferentes niveles (elegidos alternativamente de forma democrática) y al gobierno de la Unión Soviética, así que en 1935 el líder soviético expresó una importante idea: “Debemos liberar al partido de toda actividad económica”.

Sin embargo, dice Zhukov, Stalin reveló sus planes demasiado pronto. Y en el Pleno del Comité Central de junio de 1937, la nomenklatura, principalmente los primeros secretarios, dio un ultimátum a Stalin: o lo dejaba todo como estaba, o él mismo sería destituido. Al mismo tiempo, los “nomenklaturistas” hicieron referencia a las conspiraciones recientemente descubiertas de los trotskistas y los militares. Exigieron no solo restringir los planes de democratización, sino también fortalecer las medidas de emergencia, e incluso introducir cuotas especiales represivas masivas en todas las regiones, decían, para acabar con los trotskistas que habían escapado del castigo. Yuri Zhukov dice a este respecto:

“Los secretarios de los comités regionales, comités territoriales y comités centrales de las empresas nacionales solicitaron que se aplicaran los llamados “límites”. Es decir, el número de aquellos a quienes se podía arrestar y fusilar o enviar a lugares remotos. Una futura “víctima del régimen”, acusado de crear una organización fascista letona, Robert Eikhe, fue el más entusiasta en aplicar dichas medidas. En aquellos días Eikhe era el primer secretario del Comité del Partido Siberiano Occidental y solicitó el derecho a fusilar a 10.800 personas. En segundo lugar, Nikita Khrushchev, el posterior Secretario General del PCUS y presidente revisionista de la URSS, quien encabezó el Comité Regional de Moscú, estableció su propia “marca”: “sólo” 8.500 personas. En tercer lugar, el primer secretario del comité regional de Azov-Mar Negro (hoy el Don y el Cáucaso del Norte) Evdokimov puso la suya: fusilar a casi 7 mil.

Medio año después, cuando Khrushchev se convirtió en el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Ucrania,  uno de sus primeros despachos enviados a Moscú fue una solicitud para permitirle fusilar a 2.000 personas.

Stalin, según Zhukov, fue rehén de esa “nomenklatura” y no tuvo más remedio que aceptar las reglas de este siniestro juego, porque el partido en ese momento tenía demasiada fuerza y no se le podía desafiar directamente.  De este modo, la Gran Represión dio la vuelta al país, cuando los verdaderos participantes en la conspiración fallida pero también simples personas sospechosas, fueron ejecutados. Está claro, y esto no puede ser objeto de discusión, que muchos de “aquellos que no tuvieron nada que ver con las conspiraciones” se les metió en el saco de la “purga” masiva impulsada por la nomenklatura.

Fue, el anterior, uno de los “logros” criminales de la amplia red de conspiradores: crear un Estado de sospecha global y amenaza permanente a la nación soviética tras una cruel y larga guerra civil y los centenares de actos de sabotaje y terrorismo en el país de años anteriores. Todo ello con la inestimable colaboración y apoyo injerencista exterior de países como EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia, la fascista Polonia. Japón, Finlandia y Serbia, entre otros.

Sin embargo, conviene puntualizar para no caer en la propaganda de las cifras de los neoliberales, troskistas y la extrema derecha mundial hablando de “decenas de millones de víctimas inocentes”. De acuerdo con Yuri Zhukov:

“En nuestro instituto (Instituto de Historia de la Academia Rusa de Ciencias) trabaja el Doctor en Ciencias Históricas Viktor Nikolayevich Zemskov quien, como parte de un pequeño grupo investigador, revisó y verificó en los archivos de la KGB durante varios años cuál era el verdadero alcance de la represión, ni mucho menos basado en las cifras barajadas por el anticomunista Oeste. Inmediatamente se lo echaron en cara.

En 1935, un total de 267.000 personas fueron arrestadas y condenadas bajo el artículo 58, de las cuales 1.229 personas fueron sentenciadas a muerte, y en 1936, respectivamente, 274 mil y 1.118 personas fueron fusiladas. En el año 1937, más de 790,000 personas fueron arrestadas y condenadas bajo el Artículo 58, más de 353.000 fueron fusiladas, en el año 1938, más de 554.000 fueron arrestadas y más de 328,000 fueron fusiladas. En el año 1939, unos 64 mil fueron condenados y 2.552 personas fueron sentenciadas a muerte, en el año 1940, aproximadamente, 72 mil fueron arrestadas y 1.649 personas fusiladas.

En total durante el período de 1921 a 1953, 4.060.306 personas fueron condenadas, de las cuales 2.634.397 personas fueron encarceladas en campos de internamiento y diversas prisiones”.

Por supuesto, señala el articulista, estas son cifras terribles (porque cualquier muerte violenta también es una gran tragedia). Pero los millones que engordó Occidente para su propaganda de la guerra fría y “caliente” (omitiendo los suyos, que sí se cuantifican en millones, a través de guerras e invasiones ilegales desde el fín de la II Guerra Mundial) es pura y cruel obscenidad.

Sin embargo, en los años 30, en el curso de esta sangrienta campaña, Stalin finalmente logró controlar a los iniciadores del terror, los primeros secretarios regionales, dirigiendo contra ellos la represión, los cuales fueron liquidados uno a uno. En 1939, una vez que Stalin logró tomar el control absoluto del partido, el terror masivo impulsado por la “nomenklatura” inmediatamente se apagó. También mejoró notablemente la situación en el país y la gente realmente comenzó a vivir mucho de forma mucho más próspera que antes. Aunque por poco tiempo ya que la Alemania nazi, dos años después, se convirtió en la nueva pesadilla del país.

Stalin pudo haber retomado sus planes para sacar al partido del excesivo poder que había acumulado sólo después de la Gran Guerra Patriótica, a finales de la década de 1940. Sin embargo, en ese momento una nueva generación de la misma nomenklatura del Partido había crecido en la sombra. Fueron sus representantes quienes organizaron una nueva conspiración anti-Stalin, que fue coronada con éxito en 1953, cuando el líder soviético murió en circunstancias aún no aclaradas.

Puede resultar curioso, pero algunos afines a Stalin, sin embargo, intentaron poner en práctica sus planes después de la muerte del líder. Yuri Zhukov lo menciona:

“Después de la muerte de Stalin, el jefe del gobierno de la URSS, Malenkov, uno de sus colaboradores más cercanos, abolió todos los privilegios para la nomenklatura del partido. Por ejemplo, la emisión mensual de dinero (“sobres”), cuyo monto era dos o tres o incluso cinco veces superior al salario medio. Elevó los salarios de los empleados de los organismos estatales en 2 o 3 veces. El ataque a la línea de flotación de los derechos de la nomenklatura del partido, oculto a los ojos de los extranjeros, duró sólo tres meses. Los cuadros del partido, unidos, comenzaron a quejarse sobre la violación de sus “derechos” al Secretario del Comité Central Khrushchev”.

Además, es sabido. Khrushchev, en el famoso XXI Congreso del PCUS, en 1956, colgó el sambenito a Stalin de todas las culpas por la represión del año 1937 cuando él, el calvo traidor, había sido uno de los principales promotores y entusiastas de las ejecuciones masivas. Uno de los efectos colaterales del Congreso revisionista de Khruschev fue la contrarrevolución húngara de ese año que fue galvanizada, además de por la propaganda de la CIA, por las proclamas “anti-estalinistas” del nuevo hombre fuerte de la URSS.

Por otra parte, a los jefes del partido no solo les devolvieron todos los privilegios, sino que de hecho salieron indemnes del Código Penal, algo que en sí mismo comenzó a descomponer rápidamente el partido. Si bien hubo un período de estabilidad durante la época Brezhnev, fueron precisamente los líderes del Partido, sobre todo a mediados de los años 80, los que lo desintegraron produciéndose un golpe de Estado por Gorbachov y Yelstsin con la ayuda de la CIA, George Soros y los países de la OTAN para, finalmente, terminar muriendo la Unión Soviética.

Sin embargo, esta es otra historia completamente diferente. Ni tan diferente puesto que la caída de la URSS tuvo sus matices y elementos involutivos externos ya mencionados aquí, al margen de errores propios internos. Como es diferente esta versión totalmente desconocida para el gran público occidental, Queda a su criterio aceptarla o no.

 

FUENTE:

http://www.posprikaz.ru/2017/06/chto-zhe-na-samom-dele-stoyalo-za-massovymi-repressiyami-1937-goda/

 

  1. Pingback: Les mensonges sur l’URSS du temps de Staline (1924-1953) – A un homme qui dédia sa vie à la classe ouvrière ( 18/12/1878 – 05/03/1953) – Alba Malta North Africa Coordination
  2. Otro

    Interesante… Ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos (El otro dia leí la otra cara de Churchil en Astillas)
    Del tema personal quiza se trata de ser resilientes

    Me gusta

  3. Rafael granados

    ¡Estimado Berlin!:

    Efectivamente, el artículo es completamente correcto y la evidencia sobre las conspiraciones es impepinable.

    Pero permiteme antes que te da mi más sentido pésame por el fallecimiento de tu madre y he leído con gran interés tus artículos sobre la conciencia más allá de la muerte, algo que es plausible.

    En tu artículo presente citas al historiador Yuri Zhykov, un muy buen historiador ruso, que evidentemente es totalmente desconocido y ninguneado en Occidente.

    De hecho los sovietológos “occidentalizados” cómo el también ruso,Oleg Klevniuk( contratado evidentemente en Universidades norteamericanas ), lo atacan ferozmente, por deshacer todo el montaje Anti-Stalin.

    La otra bestia negra es el norteamericano Grover Furr, que sigue muy estrechamente la linea investigadora de Zhukov:

    Sus obras son significativas:

    *Les amalgames de Trotsky. les mensonges de Trotsky, les procès de Moscou par les preuves, la Commission Dewey, les conspirations trotskystes des années trente. Editions Delga: Paris, 2016.

    *Yezhov Vs. Stalin: The Truth About Mass Repressions and the So-Called ‘Great Terror’ in the USSR. Kettering, OH: Erythros Press & Media LLC, 2016.

    *Leon Trotsky’s Collaboration with Germany and Japan. (Trotsky’s Conspiracies of the 1930s, Volume Two). Kettering OH: Erythros Press & Media LLC, 2017.

    *”The Moscow Trials and the “Great Terror” of 1937-1938: What the Evidence Shows”(2010):

    https://msuweb.montclair.edu/~furrg/research/trials_ezhovshchina_update0710.html

    Es evidente que la “Leyenda negra de stalin” es otra de las grandes mentiras fabricadas por Occidente en el siglo XX.-excusa decir que muchos (pseudo)historiadores viven muy bien de “trincar” a base de esta mentira.

    Ejemplo hispánico:Jose Maria Faraldo, profesor de la UCM y supuesto especialista en la URSS y los paises del Este.Su ignorancia de la materia es proporcional a su anticomunismo y rusofobia visceral.

    *“”Stalin fue también un intelectual, pese a su brutalidad personal””(2013):

    https://es.rbth.com/blogs/2013/06/07/stalin_fue_tambien_un_intelectual_pese_a_su_brutalidad_personal_28669

    ¡¡Eso si ,el tio es de “izquierda moderada”!!.

    Un saludo muy cordial.

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    • berlinconfidencial

      Hola Rafael

      Gracias por tu comentario. La verdad es que sigo bastante tocado con el tema de mi madre pero intento seguir adelante como mejor puedo..

      De Stalin se han atrevido a hablar no sé si elogiosamente pero sí lo más imparcialmente posible los que citas. Precisamente, uno de los referentes de Grover Furr es el historiador ruso Zhukov que, quien junto a Zemskov, desmontaron de un plumazo toda la propaganda cochambrosa de Occidente sobre el período Stalin. No les interesa saber que el líder soviético era realmente un reformador, un socialista de verdad, que quería dinamitar las estructuras corruptas de la nomenklatura y democratizar el país. Pero Occidente ha falsificado con sus historiadores oficiales tanto la figura de Stalin como la de la URSS. Para ellos la única democracia-dictadura es la del capital y todo lo demás que no se ajuste al expolio capitalista de la sangre por petróleo de sus oligarcas no es democracia.

      Faraldo no es historiador de la URSS. Es un mercachifle manipulador más de la Rusia soviética donde todo se reduce a la ecuación clásica de Occidente: Stalin = gran terror, represión, sanguinario. Pretende equiparar la resistencia al ocupante nazi….con la del “ocupante soviético”. Es un tergiversador profesional de la misma calaña que Conquest.

      Saludos

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