El capitalismo está colapsando desde la desigualdad: ¡Rusia culpable!

 

 

 

El capitalismo está colapsando desde la desigualdad: ¡Rusia culpable!

 

Un artículo de Finian Cunningham

 

Las nuevas cifras publicadas esta semana (la anterior) sobre la obscena desigualdad en los sistemas capitalistas muestra cómo el sistema económico occidental se ha vuelto más que nunca profundamente disfuncional. Sin duda, la depravada explotación que efectúa el sistema capitalista representa la mayor amenaza para las sociedades y la seguridad internacional. Sin embargo, los líderes occidentales están preocupados por otras amenazas inexistentes, como es el caso de Rusia.

Tomemos como ejemplo a la primera ministra británica Theresa May, quien durante esta semana estuvo dando una charla en un lujoso banquete celebrado en Londres. May dijo a los allí congregados, mientras bebían costosos vinos, que “Rusia está amenazando el orden internacional del que dependemos”. Sin proporcionar un sólo fragmento de evidencia, la líder británica afirmó que Rusia estaba interfiriendo en las democracias occidentales para “sembrar la discordia”. La retórica grandilocuente de May es un caso clásico de estudio de eso que los científicos del comportamiento llaman “actividad de desplazamiento”, es decir, cuando los animales se encuentran en peligro y a menudo reaccionan mostrando un comportamiento inusual o haciendo ruidos extraños.

De hecho, May y otros líderes políticos occidentales saben que se están enfrentando a un peligro que amenaza su orden mundial, no admitiéndolo abiertamente como tal. Ese peligro proviene de los altos niveles explosivos de desigualdad social y pobreza dentro de las propias sociedades occidentales, lo que lleva a una creciente ira, resentimiento, descontento y desilusión entre las masas de ciudadanos. Ante el colapso inminente e inminente de sus sistemas de gobierno, líderes occidentales como May buscan ayuda en la verborrea contra Rusia para señalar a a este país como una amenaza.

Esta semana, el banco europeo Credit Suisse publicó cifras que muestran que la brecha de riqueza entre ricos y pobres ha alcanzado niveles verdaderamente grotescos y absurdos. Según ese banco, el 1% más rico de todo el mundo ahora posee tanta riqueza como la mitad de la población de todo el planeta. Los Estados Unidos y Gran Bretaña se encuentran entre los principales países para residentes multimillonarios, mientras que estas dos naciones también han alcanzado las mayores cotas de desigualdad del mundo.

Los datos que dicen cuán disfuncional se ha vuelto el sistema capitalista siguen llegando sin interrupción. Es imposible ignorar la realidad de un sistema que se encuentra en muy mal estado. Sin embargo, los políticos británicos y estadounidenses en particular -salvo excepciones notables como Jeremy Corbyn y Bernie Sanders- son audaces para bloquear esta realidad mientras se dedican a perseguir fantasmas de lo más ridículos. (esta práctica tiene, de alguna manera, mucho sentido).

La semana pasada, un informe del Instituto de Estudios Políticos de Estados Unidos encontró que solo tres de los hombres más ricos de Estados Unidos, Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffet, poseen el mismo nivel de riqueza que la mitad más pobre de la población estadounidense. Es decir, el valor monetario combinado de estos tres individuos, que se calcula en 250 mil millones de dólares, es equivalente al que poseen 160 millones de ciudadanos.

Además, el estudio también estima que si la administración Trump lleva adelante sus previstos planes fiscales, la brecha entre la elite rica y la gran mayoría de ciudadanos se ampliará aún más. Este y otros estudios han llegado a la conclusión de que más del 80% de los beneficios fiscales del presupuesto de Trump se destinarán a enriquecer al 1%  de privilegiados que se sitúan en la cúspide del poder adquisitivo estadounidense.

Todos los gobiernos occidentales, no solo los de May o Trump, han puesto en práctica en las últimas décadas una tendencia histórica de desviar la riqueza de la mayoría de la sociedad hacia unas pocas élites económicas. La carga tributaria ha cambiado incesantemente de los trabajadores con alto poder económico hacia los trabajadores ordinarios, que además han tenido que lidiar con la disminución de salarios, así como ver un considerable deterioro de los servicios públicos y el bienestar social.

Referirse a los Estados Unidos o Gran Bretaña como “democracias” es un término inapropiado, por absurdo. Son, en la práctica, plutocracias; sociedades dirigidas por y para un estrato elitista donde los ricos son obscenamente cada día más ricos. Economistas inteligentes, como los autores del informe citado anteriormente, se dan cuenta de que el actual estado de cosas es insostenible. Moralmente, e incluso desde un punto de vista de la economía empírica, la distorsión de la riqueza dentro de las sociedades occidentales, y a nivel global, está conduciendo a un desastre social y político.

En esta tesitura, debemos reconocer el trabajo pionero, vigente, de Karl Marx y Friedrich Engels, que hace más de 150 años identificaron el principal fracaso del capitalismo como fue la polarización de la riqueza entre unos pocos y la gran mayoría. Una falta de poder de consumo de las masas debido a la pobreza crónica inducida por el capitalismo daría lugar al eventual colapso del sistema. De este modo, hemos llegado a un punto de la historia donde un puñado de individuos posee tanta riqueza como la mitad del planeta.

La desigualdad, la pobreza y la negación de una existencia digna a la mayoría de la población es una clara muestra  que condena al capitalismo y su modelo de organización de sociedad para beneficio privado de unos pocos. El sufrimiento humano, las dificultades, la austeridad y el potencial deterioro que fluyen de este estado de cosas constituye la crisis de nuestro tiempo. Sin embargo, en lugar de un debate público serio y luchar para superar esta crisis, nuestras élites nos obligan a centrarnos en falsos problemas, incluso con tintes surrealistas.

La política estadounidense se ha visto estancada por una interminable disputa de las élites sobre si Rusia se inmiscuyó en las elecciones presidenciales afirmando que los medios rusos continúan interfiriendo en la democracia estadounidense. Por supuesto, los medios controlados por las corporaciones estadounidenses, que son una parte integral de la plutocracia, otorgan credibilidad a este circo. Lo mismo ocurre con los medios europeos controlados por las grandes corporaciones.

Después, tenemos al presidente Donald Trump de gira mundial reprendiendo e intimidando a otras naciones para que inviertan más dinero en la compra de productos estadounidenses y se dejen engañar sobre la supuesta generosidad norteamericana en los intercambios comerciales. Trump también está preparado para comenzar una guerra nuclear con Corea del Norte porque este último país está siendo señalado como una amenaza para la paz mundial, basándose en que la nación norcoreana está construyendo sus propias defensas militares. Lo mismo ocurre con Irán. Trump califica a Irán como una amenaza para la paz en Medio Oriente y está advirtiendo sobre un posible enfrentamiento.

Esta es la misma arma de distracción absurda que la expuesta por Theresa May criticando a Rusia por “amenazar el orden mundial del que todos dependemos”. Al decir “nosotros”  May realmente se está refiriendo a las élites, no a la masa de trabajadores que sufren el capitalismo y a sus familias. May y Trump están actuando para “manipular a la opinión pública”, manipulación que está siendo llevada al absurdo. O, más crudamente, están lavando el cerebro a la gente.

¿Cómo pueden Corea del Norte o Irán ser presentados de manera creíble como amenazas globales cuando los estadounidenses y británicos están apoyando un bloqueo genocida y una masacre aérea en Yemen? La desconexión total de la realidad es una demostración de cómo un pernicioso sistema de control del pensamiento está siendo soportado por la gran mayoría de los ciudadanos.

La mayor escisión que existe hoy día es la desigualdad obscena de riqueza y recursos que el capitalismo ha engendrado en el siglo XXI. Esa disfunción monstruosa también está causalmente relacionada con el hecho de que Estados Unidos y sus aliados occidentales, como Gran Bretaña, están aumentando la beligerancia y las guerras en todo el planeta. Todo es parte de su negación elitista de la realidad. La realidad de que el capitalismo es la mayor amenaza para el futuro de la humanidad.

¿Podemos permitir que estas élites políticas, mentalmente deficientes y embusteras, así como sus medios, dicten todas estas locuras? ¿O podemos creer aún en que el pueblo hará lo correcto y los echará a un lado?

 

TRADUCCIÓN FINIAN CUNNINGHAM: BERLIN CONFIDENCIAL

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