Herejes en la ciencia (1). Robert Lanza: biocentrismo como explicación finalista del universo

 

 

Este científico norteamericano propone, entre otras, algunas premisas que pretenden cambiar el paradigma sobre nuestro universo y el propio ser humano como, por ejemplo, que la muerte, tal como la conocemos, sería sólo una ilusión creada por nuestra mente, mientras que la vida daría origen al universo y no al revés, como proponen las teorías evolutivas comúnmente admitidas por la ciencia. ¿Por qué me he metido en estos “embrollos” que buscan explicar otras “realidades” fuera de los círculos científico-materialistas…? Tal vez por la necesidad de satisfacer mi ansiedad existencial, debido a las circunstancias personales expuestas en este blog semanas atrás, lo que me ha impulsado a analizar y comprender que tal vez haya dogmas científicos que no sean tan consistentes como nos cuentan.

Robert Lanza (1956) es médico (no físico como erróneamente se puede leer en algunos sites de Internet) y director científico del Advanced Cell Technology, además de profesor adjunto en la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest (Carolina del Norte). Según la arriesgada teoría de Lanza la conciencia sería la creadora de toda realidad existente, de tal modo que la conciencia determinaría la forma y el tamaño de los objetos del universo” en contraposición al consenso científico que establece que la realidad existente de lo que hay es independiente de que haya, o no, un observador. Una de las tesis centrales de Lanza es que “si aceptamos la teoría de que el espacio y el tiempo simplemente son ‘herramientas de nuestra mente’, entonces la muerte y la idea de la inmortalidad existen en un mundo sin límites espaciales ni lineales”.

Lanza se apoya, para afirmar tales hipótesis, tanto en el añejo experimento de la doble rendija de Young como en la física cuántica. De esta última se hace eco del llamado entrelazamiento cuántico (o “acción fantasmagórica a distancia”, que señalaba Einstein) que consiste en que dos partículas elementales se comunican de forma instantánea independientemente de cuál sea su distancia. En cuanto al primer experimento (el de Young) se sabe que cuando varias partículas se lanzan hacia dos rendijas pueden hacerlo a través de una ranura o de la otra. Pero si ninguna persona observa o mide dicho experimento las partículas actúan como una onda y pueden ir a través de las dos rendijas al mismo tiempo. El mero acto de “observar” o “medir” hace que la función de onda colapse.

Tanto el comportamiento dual de la materia como onda-partícula como el llamado entrelazamiento cuántico estarían basados, según Lanza, en la percepción y la conciencia de una persona. De ahí que la conciencia sería, para Lanza, determinante a la hora de modelar la realidad física del universo y de nuestra propia existencia. Si la conciencia está asociada al cerebro, como propugna la ciencia oficial, entonces aquélla se extinguirá a la muerte del cuerpo físico, pero si el cerebro es una suerte de “antena receptora” de una conciencia “externa” ésta sería, según Lanza, “inmortal en un mundo sin fronteras espacio-temporales”.

El libro publicado por Lanza en 2009, Biocentrismo. Cómo la Vida y la Conciencia son las Claves para Entender la Verdadera Naturaleza del Universo, trata de explicar los fundamentos de esta aparente “teoría del todo” a través de siete principios biocéntricos, resumidos de la siguiente manera: .

  • La conciencia está detrás de la realidad
  • La percepción interior y exterior de una persona están vinculadas
  • El conportamiento cuántico de la materia está enlazado a un observador
  • La ausencia de conciencia determina que la materia esté en un estado de improbabilidad determinado
  • La vida crea al universo y no al revés
  • El tiempo no tiene sentido fuera de la conciencia
  • El espacio y el tiempo son dos creaciones de la conciencia. No son realidades independientes

Ahora bien, ¿Lanza (junto al astrofísico Bob Berman) desarrolla su hipótesis de forma convincente en su libro? Pues, lamentablemente, tengo que decir que la lectura del mismo me ha resultado decepcionante. Donde uno esperaba encontrar una densa y argumentada explicación sobre sus, en principio, atrayentes teorías (que no dejan por ello de serlo) sólo abunda un ejercicio biográfico de narcisismo en los seis primeros capítulos, así como en el duodécimo, que nada tienen que ver con su propuesta “biocéntrica”. ¿Eran para utilizar de relleno?. Uno esperaba que entrara en materia nada más empezar el libro y lo que te encuentras es una novela acerca de la vida y avatares de la infancia-juventud de Lanza que se extiende hasta bien entrado el mismo donde podemos ver cómo un joven Lanza se paseaba por la elitista Harvard y andaba entusiasmado y nervioso por aparecer en los despachos de los premios Nobel.

Por otra parte, sería casi motivo de rechazo la lectura de su libro al ver como Lanza da pábulo al gurú de la Nueva Era, Deepak Chopra, haciendo comentarios elogiosos de sus teorías en la portada y contra-tapa del libro. Ello a pesar de que el propio Lanza advierte en la introducción que “no os preocupéis, no hay nada de Nueva Era en esta obra“ y también en el capítulo octavo apunta lo siguiente: “La teoría cuántica, dice Lanza, se ha convertido, desgraciadamente, en una especie de comodín para intentar dar un respaldo científico a todo tipo de insensateces en el movimiento de la Nueva Era”. Entonces ¿en qué quedamos?, Lanza huye, con toda lógica de la peste de la Nueva Era pero al mismo tiempo permite que Chopra, un vendedor de esoterismo y religiosidad new-age, ponga sus créditos en su libro. Hasta Raymond Moody (el “padre” de las experiencias cercanas a la muerte, descalifica a ese movimiento).

La crítica aquí, por tanto, no iría por la idea central en sí de Lanza (descalificada en los círculos de la ciencia oficial, pero tan legítima como cualquier otra) sino por la ausencia de un convincente desarrollo teórico (no demostrativo, porque el propio autor ya dice al final del libro: “se trata de conclusiones provisionales especulativas”) Sus premisas pueden ser asumibles (y algunas de ellas son, sin duda, atrayentes), pero Lanza no explora debidamente acerca de los diversos estados de conciencia e incluso podría haberse adentrado en el terreno de la neurociencia para confrontarla, algo que hace que se debilite, en cierta forma, su argumento. El hecho de dedicar un capítulo entero (el octavo) al experimento de la doble rendija, con algunas variables metodológicas, aporta menos de lo que parece a su teoría, aunque es la parte digamos más científica para sostener su tesis de la conciencia como generadora de la realidad. Otro de los recursos criticables de Lanza consiste también en plantear preguntas “difíciles” al llamémosle dogma oficial pero no exigírselas a él mismo con su “biocentrismo”.

Otro medio empleado por Lanza que resulta bastante molesto, aunque ya sería secundario, es su reiteración por el uso de analogías superfluas con las que apostilla el final de una determinada frase aludiendo a cualquier cosa que se le ocurra (sea un actor o una fruta), como si tratara de hacerse el “interesante”, intentando introducir un plus de originalidad postiza a su discurso, algo que es prescindible y a veces hasta resulta incómodo. Lo mismo sucede para explicar su teoría de la conciencia con el ejemplo del árbol que cae en un bosque. La idea de que no hay sonido en ausencia de conciencia para percibirlo es una abstracción-elucubración, a modo de realidad holográfica, cuanto menos discutible.

En definitiva, si aceptamos como válido el discurso general de Lanza, es plausible como dice el también controvertido físico Dean Radin (a cuenta del “observador” y la “conciencia”) que La medición cuántica es un problema ya que viola la doctrina comúnmente aceptada de la realidad objetiva, que asume que el mundo en general es independiente de la observación. La noción de que la conciencia puede estar relacionada con la formación de la realidad física ha sido asociado más con la magia medieval y las ideas New-Age que con la ciencia sobria. Como resultado, es más seguro para la carrera de un científico evitar relacionarse con temas tan dudosos y subsecuentemente los experimentos que examinan  estas ideas son difíciles de encontrar en la física.

Ahora bien, la interesante propuesta de Lanza con su Biocentrismo se queda en un trabajo un tanto anémico, especulativo y se recrea demasiado en el simple retrato biográfico de su persona, más unas pinceladas acertadas o discutibles sobre la conciencia y algún que otro apunte científico (cita en varias ocasiones a uno de sus mentores, el físico John Wheeler, con axiomas como “Nada existe hasta que es observado”). En su lugar, el biocentrismo es la correcta interpretación del universo, pero sin apoyarlo suficientemente.

Con todo, si deja algo bien claro Lanza (y que suscribo) es una certera cuestión: que el llamado “problema duro” de la conciencia (como lo define el filósofo David Chalmers) no puede ser resuelto por la ciencia porque es, en sí, irresoluble a pesar de que las explicaciones científicas intenten buscar su origen en las reacciones neuroquímicas del cerebro. Pero lo cierto es que ninguna disciplina científica ha sido ni es capaz de explicar cómo la conciencia, algo inmaterial y subjetivo, puede surgir de la materia cerebral, salvo recurrir a vagos experimentos de laboratorio que no prueban de ninguna manera la relación causa-efecto (cerebro-mente subjetiva). Y, en este sentido, es donde ganaría enteros el biocentrismo.

La teoría biocéntrica es demasiado “ambiciosa” y sólo proporciona respuestas provisionales, discutibles, aunque también habría que decir que muchas teorías sobre el universo apuestan por el valor de “verdad” (a pesar de su eventualidad) y podrían calificarse perfectamente de fantasmagóricas y extravagantes. Por ejemplo, en cosmología, la teoría de cuerdas y,…por qué no, el origen mismo del universo (el canonizado y teísta Big-Bang) que fue inventado por un cura, Lamaitre, y un ruso exiliado en EEUU, George Gamow, teoría que como alguien ha dicho podría definirse perfectamente de “creacionismo disfrazado de ciencia…ficción”. ¿Cómo si no creer que algo pueda haber surgido de la nada? Si hubiera una porción de “nada” en el universo actual éste no podría existir (los juegos matemáticos de la “singularidad inicial” son discutibles)

Es cierto que el Big-bang es la teoría que, en apariencia, y a la luz de lo observado, mejor explica los fundamentos del universo pero…tiene importantes lagunas ya que fenómenos principales sobre los que se apoya como son el corrimiento hacia el rojo y la radiación de fondo de microondas se han demostrado insuficientes para explicar cómo funciona el Cosmos. Por otra parte, ningún punto inicial ha sido identificado como origen del universo y además no todas las galaxias están viajando a la misma velocidad o en las trayectorias que se podría esperar después de un big bang.

Robert Lanza, desde la ciencia, ha desafiado a la ortodoxia y eso le ha convertido de inmediato en ser etiquetado con el ya consabido repertorio del lobby “escéptico”, es decir, estamos ante un “pseudocientífico”, “charlatán”, “anticientífico” impostor y…súmenle otros más. Puede que su teoría (que no es original) pueda achacársele reminiscencias “espiritualistas” o de tener relación con las filosofías orientales pero, en cualquier caso, el biocentrismo de Lanza da una perspectiva diferente para repensar el mundo que nos rodea y nos propone salir de las trincheras de un cientifismo dogmático que prefiere seguir encerrado en su torre de marfil materialista y reduccionista.

  1. Joselito Jarama

    sueltan por la infecta tele la palabra maltrato y/o condenado x maltato Y YA SOBRA TODO EL MUNDO
    cuando JAMAS ha habido condena alguna por maltrato,ademas de numerosas contraedicciones que o bien,hacen que el padre sea un monstruo y la madre una incoinsciente mujeriega/borracha o sinó tenemos que dar por buena la version,MAS QUE OBVIA de que esta señora,la cual del coco no debe estar bien del todo,ha sido asesorada por AUNTENTICOS BUITRES DESCEREBRADOS

    ESPERO QUE SE LE CAIGA EL CULO A LA GRANADOS Y TODA LA CAMARILLA ED CHUPOPTER@S Y P OR SUPUESTO,JUANA A CUMPLIR LA CONDENA QUE LA LEY LE IMPONGA,que será absolutamente ninguna y a pasar por caja por los platós de tlevision.Asco de país…la gente lo quiere arreglar en las urnas JAJAJAJAJA SOMOS SUBNORMALES,.DE VERDAD

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