Terrorismo manufacturado por Occidente: creando falsas banderas para el Nuevo Desorden Mundial (2)

11 de septiembre de 2001: Nueva York, Pentágono y Shanksville

Joachim Hagopian nos recuerda, a propósito del 11-s, el autoatentado de falsa bandera más emblemático en lo que va de siglo XXI, que Ya se ha escrito mucho sobre el 11 de septiembre exponiendo las docenas de fallas en la falsa narrativa del Estado profundo. Los Estados Unidos crearon a Osama y a Al Qaeda y los hicieron efectivamente aliados mediante dos guerrillas de poder separadas (Afganistán y los Balcanes), en dos décadas consecutivas. La planificación del 11 de septiembre se hizo con mucho tiempo de antelación, en particular en el asunto de los “terroristas”, cuando la CIA proporcionó pasaportes gratuitos en Jeddah, Arabia Saudita, para que 15 saudíes pudieran viajar libremente de su país natal a América. El ex Cónsul General Michael Springmann en aquélla ciudad sostiene que fue “repetidamente conminado a emitir más de 100 visas a solicitantes que fueron considerados no cualificados”.

El control de terroristas como viejos conocidos de los aparatos de inteligencia de Occidente es una constante que se ha ido repitiendo a lo largo del tiempo en todos los ataques de falsa bandera. Respecto del 11-s, Hagopian es certero como pocos: Como en todos los actos terroristas importantes de este siglo, la CIA y la comunidad de inteligencia internacional tienen una larga historia de conocimiento del paradero de terroristas que han estado estrechamente vigilados. El principal secuestrador del 11-s, el que dijeron que había volado desde el aeropuerto Logan, en Boston, hasta la Torre Norte, Mohamed Atta, de 33 años de edad, resulta además que no era un fundamentalista islámico en absoluto, sino un bebedor y cocainómano. La evidencia demuestra que era un protegido que conocía a la CIA y los aparatos de la seguridad alemana. Además, dos años antes del 11 de septiembre, se informó que a un empleado del Pentágono se le ordenó retirar todos los documentos que indicaban que Atta era un terrorista.

El periplo del terrorista Atta a sueldo de la CIA es bien conocido: Atta se trasladó desde Napolés, donde residía, a EEUU, concretamente a Florida donde fue a “tomar lecciones de vuelo” en un aeropuerto local famoso por ser uno de los que utilizaba la CIA en sus viajes frecuentes a Suramérica para llevar cocaína a EEUU. Mientras que del resto de chivos expiatorios saudies se sabe que Tres de los cuatro presuntos pilotos secuestradores del 11 de septiembre fueron graduados (sic) en la misma escuela de aviación del aeropuerto de Venice. La CIA facilitó clases de vuelo para los árabes que ingresaron en los Estados Unidos, en 1999, en varios estados incluyendo California, Arizona, Oklahoma y Florida. Eso sí, lo que se dice aprender a volar…no pasaron ni la prueba de los avioncitos de papel.

Chapuzas, anomalías, criminalidad y desvergüenza oficial se dieron la mano en la historia oficial del 11-s.. Así, Hagopian señala que Las listas de las aerolíneas que proporcionaban los nombres completos de los pasajeros y número de asientos a bordo de los cuatro aviones el 11 de septiembre fueron obtenidas en el juicio del supuesto secuestrador Zacarias Moussaoui detenido pocas semanas antes del 11 de septiembre. Estas listas indicaban que ninguno de los terroristas identificados el 11 de Septiembre estaban incluso a bordo de esos vuelos. La pregunta que surge entonces es cómo llegaron a bordo de los aviones o es que nunca existieron esos vuelos.

La historia del pasaporte “mágico” de las Torres Gemelas es digna de entrar en los anales de la astracanada de las false-flag. Como es conocido, un par de días después del ataque, repentinamente, un pasaporte intacto y sin mancha alguna, perteneciente a un presunto terrorista del 11-s, milagrosamente se encontró en un bloque lejos de la zona cero. El hallazgo de una tarjeta de identificación casi de forma instantánea está previsto en estos “operativos” para que la publicidad de los medios de comunicación dominante pueda culpar de inmediato a los violentos terroristas musulmanes, algo que se ha hecho muy común en casi todas las operaciones de falsa bandera de los últimos tiempos. Pero, como he reiterado varias veces, dicho modus-operandi de los “olvidadizos terroristas” se está convirtiendo, al igual que el de los “terroristas” fichados previamente por la policía o las agencias de espionaje occidentales, en una burla tan demencial como no digna de ser cuestionable por los mass-media.

La desaparición de las pruebas del crimen de Nueva York se hicieron con suma celeridad, como un guión ajustado a toda falsa bandera que tenga cierta envergadura terrorista. Aquí ya tuvimos constancia, en el 11-m, del latrocinio de convertir en chatarra, a las 48 horas, los trenes que fueron objeto de las explosiones gracias, al parecer, a la orden recibida por un alto mando policial encubridor del crimen que nunca fue investigado judicialmente por el nefasto juez del Olmo, instructor del atentado de Madrid.  En el 11-s, se sustrajeron de la escena del crimen rápidamente todos los escombros no pulverizados de fragmentos de viga de acero de las Torres Gemelas, los cuáles fueron enviados a China antes de cualquier análisis forense. La destrucción intencional de la evidencia donde miles de personas murieron es, en sí mismo, un crimen de la más alta magnitud.

Otra culpabilidad criminal que cita Hagopian se refiere al gran perpetrador genocida, Dick Cheney, vicepresidente de EEUU, quien se aseguró de que se ordenara la paralización de todos los sistemas de defensa aérea de la costa este de los Estados Unidos y de que los militares estadounidenses que defendían nuestras costas estuvieran participando activamente en simulacros al sur de Carolina del Norte para no estar disponibles hasta después de las 10:45. Mientras tanto, un importante ejercicio militar, el Global Guardian, que se programaba normalmente cada año en octubre, se canceló misteriosa y anticipadamente, sin duda para no interferir con la agenda de los neoconservadores. El presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Henry Shelton, que no estaba entre los miembros del equipo conspirador, fue trasladado a una reunión de la OTAN en Hungría, sustituyéndole en su lugar el general Richard Myers.

Otro arquitecto clave del 11-s, prosigue Hagopian, fue Paul Bremer, quien dos años después conduciría desastrosamente al saqueo de Irak durante la primera fase de ocupación de Estados Unidos. En la mañana del 11-s, Bremer, en lugar de asistir a una reunión programada en su lugar de trabajo en la Torre Sur del World Trade Center, fue de los primeros cabezas parlantes que, en las televisiones, apuntó con el dedo a Osama Bin Laden, mientras 200 colegas de su compañía estaban siendo asesinados en las WTC. ¿Y cómo podemos olvidarnos de ese anuncio prematuro de la infame reportera de la BBC mientras el Edificio 7 todavía estaba en pie con sus 47 pisos de altura detrás de ella, mientras estaba contando su caída…20 minutos antes de que se desplomara?. Este edificio, cuya caída libre en menos de siete segundos no pudo ser explicada tan sólo por un pequeño incendio en una de sus plantas. Larry Silverstein, el propietario del World Trade Center acababa de comprar recientemente una póliza de seguro contra aviones que volasen cerca de sus edificios por un importe de 4.600 millones de dólares. Silverstein dio la orden de demolición.

Los testigos del crimen del 11-s fueron otra de las bazas desfalsificadoras del gran bulo oficial, como relata Hagopian cientos de testigos oyeron claramente innumerables explosiones previamente a la demolición controlada. A pesar de que el debate gira acerca de los explosivos de demolición convencionales como la causa del derrumbe de las WTC, lo más probable es que dicho desplome de las WTC se pareció más a un ataque con un arma de energía dirigida. Desafortunadamente, el movimiento Truther se ha fracturado en dos campos: los defensores de la energía libre de la ingeniera Judy Wood y los arquitectos e ingenieros por el 11-s. La Dra. Wood sostiene que el volumen de un millón de toneladas de acero de ambos edificios de 110 pisos debería haber producido muchos más escombros en volumen que lo que finalmente produjo el derrumbe. Lo que todos no dudan es de la interpretación falsa de la Comisión 11-s, afirmando que los incendios en los niveles más altos de la torre no podrían nunca haber producido suficiente calor para derretir el acero de las Torres y fundirlo, tanto como para derribar a los edificios más altos del mundo en 11 y 9 segundos. Y no es necesario que cientos de arquitectos y científicos nos digan que es imposible.

En la serie sobre el 11-s, en este mismo blog, prácticamente no hice ninguna alusión a la participación en el complot terrorista americano de la organización criminal de inteligencia israelí, Mossad. Y lo cierto es que su papel fue determinante a la hora de llevar a buen término la trama, máxime cuando sus agresivas huellas dactilares aparecen y han aparecido en todas las operaciones de falsa bandera del mundo. Dice Hagopian que No es casualidad que el Washington Times publicara un artículo el 10 de septiembre de 2001 informando de que un grupo de 60 oficiales del Ejército de los Estados Unidos, en Fort Leavenworth, acabase de publicar un estudio llamando a la agencia de inteligencia de Israel (el Mossad) “Un “comodín” despiadado y astuto que tiene la capacidad de señalar como objetivo a las fuerzas armadas estadounidenses y hacer que parezca un acto terrorista palestino / árabe”. Menos de 24 horas más tarde, el Mossad hizo suya esa advertencia profética jugando un papel clave en el asesinato de 3.000 estadounidenses.

La evidencia de la participación sionista del Mossad en Nueva York el 11-s contiene varios puntos de singular importancia. Algunos de ellos incluyen la famosa furgoneta repleta de agentes del Mossad israelíes que fueron capturados después de que intentaran hacer estallar el puente George Washington. Fueron detenidos pero luego misteriosamente fueron liberados incluso después de que perros de la policía de Nueva York detectaran rastros de explosivos en su furgoneta. Unas semanas después del 11 de septiembre, otra camioneta con agentes israelíes fue detenida en Pennsylvania teniendo en su posesión un video de la ciudad de Chicago con fotos ampliadas de la Torre Sears. La policía local de la ciudad se puso en contacto con el FBI y pronto los espías del Mossad fueron puestos en libertad. Luego tenemos a los “estudiantes de arte del Mossad ” un grupo de israelíes que había alquilado un piso cercano a una de las torres gemelas meses antes del ataque, donde aparecieron explosivos preenvasados. Y, por supuesto, no podemos olvidar a los israelíes que bailaron en un parque de Nueva Jersey celebrando cómo los frutos de su trabajo se hacían efectivos en la zona cero.

La comedia de Shanksville, los “héroes de hojalata” del vuelo 93 “estrellado” en las afueras de aquella localidad, es otra falla desvergonzada que quedó rápidamente al descubierto. Y lo señala Hagopian, desde otro punto de vista (respecto de la entrada/s que hice sobre aquel “suceso”): El hecho de que ninguna parte de los cuerpos de los pasajeros, así como que el lugar de impacto fuera auténtico, en el vuelo 93 de Pennsylvania, indica aún más el encubrimiento. Era una zona pequeña que aparecía como una puesta en escena con muy pocos restos de avión, nada que se pareciese a cualquier otro accidente aéreo similar de los que se han registrado en el mundo. La evidencia sugiere de que al menos uno de los cuatro aviones “secuestrados” voló a la Base Aérea de Westover en Chicopee, Massachusetts, y existe una fuerte probabilidad de que las conversaciones de teléfonos móviles que se produjeron dentro de los aviones en realidad fueron grabadas desde el suelo dentro de la base de Westover y no desde el avión.

Hagopian hace un paréntesis en el nudo gordiano del 11-s, para….no irse de él, hablando de que El precedente de culpar falsamente a los terroristas musulmanes por un trabajo interno ya se había establecido ocho años antes usando exactamente la misma escena del crimen, después de que se implementase una “actualización de seguridad” de medio billón de dólares. El trabajo interno del 11-S, entonces, fue completado. A continuación vino la aprobación de la inconstitucional Ley Patriota y otro trabajo interno se generó con el envío de ántrax a políticos de alto perfil que potencialmente se oponían a esa ley draconiana. Huelga decir que una vez más las tácticas subversivas de los federales (el FBI) funcionaron y, sin debate, el proyecto de Ley Patriota fue definitivamente aprobado. El único senador de los Estados Unidos de perfil altamente democrático que votó en contra de la guerra de Irak fue Paul Wellstone. Apenas dos semanas antes de las elecciones, el senador, su esposa, su hija y otros cinco ocupantes fallecieron mientras viajaban a bordo de un pequeño avión, supuestamente a causa de un accidente. Tres días antes de su muerte, Wellstone había denunciado públicamente unas palabras que le había dicho el vicepresidente Dick Cheney semanas antes: Si usted vota en contra de la guerra en Irak, la administración Bush hará todo lo que sea necesario para evitarlo. Habrá graves consecuencias para usted y el Estado de Minnesota (por el que era senador).

Una amenaza tan grave de este tipo se correlacionaría con lo que el destacado periodista Seymour Hersh descubrió en 2009: que en 2002 Cheney lideraba un escuadrón secreto de asesinatos de la CIA. Al igual que el ántrax fue utilizado criminalmente para dar el visto bueno a la Ley Patriota, la muerte de Paul Wellstone suponía una amenaza directa para cualquier líder político que se opusiera con determinación a la agenda de guerra neocon para invadir Irak, al trabajo interno del 11-s, a su guerra contra el terror y al desmantelamiento de la Constitución de los EEUU.

La narrativa de un “avión” de pasajeros impactando, el 11-s, en el Pentágono (haciendo una pirueta imposible a ras de suelo en vez de lanzarse en picado) fue otra de las obras criminales del eje sionista-americano-saudí, donde se desplegó toda una pantomima oficial verdaderamente ridícula, sólo apta para los menos preparados. Apunta Hagopian que un agujero del tamaño de un misil quedó como rastro en la fachada central del Pentágono, donde un avión hubiera sido imposible que lo hubiera atravesado. Curiosamente, a finales de octubre de 2000, menos de un año antes del 11 de septiembre, hubo un ejercicio de simulación de un avión de pasajeros que se estrelló contra el Pentágono.Mientras tanto, en la mañana del 11 de septiembre, justo cuando Estados Unidos disparó uno de sus propios misiles contra el edificio del Pentágono, a pocos kilómetros de distancia se reunió George Bush en el Hotel Ritz Carlton con la familia saudita de Bin Laden. Más tarde, mientras no se veía un solo avión en el cielo de América, los Bin Laden eran libres para volar con seguridad en el espacio aéreo estadounidense. Bush incluso autorizó un avión especial para recoger dos docenas de parientes de Bin Laden en diez ciudades diferentes de Estados Unidos, mientras que el país seguía siendo una zona de exclusión aérea para el resto de nosotros. Aparte de los estrechos lazos con la familia saudita, este trato preferencial para los familiares de un supuesto acusado asesino de 3.000 estadounidenses sugiere fuertemente que Osama Bin Laden realmente no tuvo nada que ver con los ataques. Era demasiado obvio que hubo un arreglo pre-planeado convenientemente culpando a él y a Al Qaeda con el objeto de comenzar la falsa guerra contra el terror.

Sería interminable reseñar, como bien refiere Hagopian, la lista de anomalías del 11-s, por lo que, para cerrar este capítulo del gran crimen estadounidense, nuestro articulista reflexiona sobre las motivaciones del mismo: con cualquier acto de terrorismo, la primera pregunta que se debe hacer es ¿quién puede ganar con la ejecución de una operación de falsa bandera a una escala tan grande? Definitivamente no iba a ser un amigo de Bush que parasitaba en una cueva afgana y que acabó muriendo de una enfermedad renal. Efectivamente, el barbas saudí, terrorista y agente de la CIA, no murió en la celebrada operación teatral de los “seals” en Pakistán, en mayo de 2011, una farsa antológica que el primo de Osama, Obama, endilgó a todo el mundo que estuviese dispuesto a agotar su credulidad hasta el límite de lo practicable.

Bin Laden, el 11 de septiembre, día de los atentados en Nueva York-Pentágono-Pennsylvania, estuvo ingresado en un hospital militar de Rawalpindi (Pakistán) aquejado de una grave enfermedad renal y su muerte natural tuvo lugar en diciembre de 2001 en algún lugar de las montañas de Tora Bora (Afganistán). La opereta de su falsa muerte en 2011, no datada independientemente, no confirmada por ningún medio gráfico, fue un timazo mundial de los que hacen época por burdo y grotesco. Dicen que los militares estadounidenses, después de asesinar a Laden, enviaron su cuerpo al mar como manda la tradición islámica. En serio, tanta deferencia con todo un enemigo público es para mear y no echar gota, la verdad. ¿Una hazaña de esa envergadura y no nos mostraron el tan codiciado trofeo?. Pero es que así funcionan las falsas banderas, sin ningún decoro al sentido común. La escenificada muerte de Bin Laden en mayo de 2011 fue una tramoya idéntica a la que en años anteriores había puesto en práctica la CIA con multitud de videos y audios falsos del terrorista (utilizando a dobles de Laden) para seguir alimentando al “monstruo” y la guerra sin fín contra el “terror”.

El conocido analista de inteligencia George Friedman escribiendo para un conocido sitio web de la CIA, stratfor.com, el mismo día en que se produjeron los atentados del 11 de septiembre, dejó claro explícitamente: El gran ganador hoy, guste o no, es el estado de Israel. No hay duda de que hoy Israel ha sentido una gran satisfacción.

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