Hana, tedio cinematográfico a la japonesa

hana

MATAR O NO MATAR DE ABURRIMIENTO…ESA ES LA CUESTIÓN

Estoy algo cansado de Gladio y OTAN, así que voy a hacer un alto en el camino, que decía aquel periodista deportivo apodado Butanito, y vuelvo por donde (a veces) solía (el cine), pero por derroteros menos convencionales. Me explico. Sabiendo de mi aversión al cine actual ramplón, mediocre, indigente, de ese Hollywood de hojalata, controlado por la CIA y el sionismo, cada vez más cercano al telefilm basura y a la desvergonzada propaganda del imperio, decidí acercame (a instancias de un colega de trabajo, practicante de un “arte marcial” japonés llamado Aikido, lo de “arte” vamos a dejarlo), al exotismo oriental de una “japonesada” relativamente reciente que trataba sobre samurais y demás leyendas niponas (tema recurrente en el cine japonés) que, sinceramente, poco estímulo y seducción, de partida, me reportaban. Aunque tengo que decir que he visto algunas otras de “japos” (de la misma temática) que me dejaron algo mejor sabor de boca, pero con moderación (por ejemplo, La Espada Oculta, un ejercicio de contenida relajación espiritual, o ese divertimento de charcutería en serie llamado Zatoichi, del amigo Kitano). Supongo que no seré objetivo, pero los temores se confirmaron.

Esta Hana me ha parecido, como propuesta cinematográfica digamos “alternativa” al cine occidental,  siendo sinceros, una gansada de tres al cuarto, hiperaburrida, narrativamente limitada (aunque ya sé que el cine de “allá” es dado a la austeridad narrativa), tanto a nivel argumental como visual. Pobretona, en líneas generales. A pesar de que en el universo fílmico del extremo oriente hayan dejado, al parecer, inconmensurables obras de arte gentes como Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi y otros. Pues, con todo, su cosmovisión de la realidad local, de las leyendas y ritos tribales del medievo japonés, me ha dejado siempre frío como el Ártico. Y a pesar de que este film ha estado laureado (que no premiado) en todos los festivales habidos y por haber…Pero es que Kore-eda (el director de Hana) ofrece, en mi opinión, una propuesta ininteligible y entiendo que no apta para los no iniciados. Dos horas de tostonazo y medio que logró que me durmiera plácidamente en la última media hora…así que no pude enterarme como terminaba la cosa que, supongo, era la parte más interesante…

El rollo de los samuráis a mí me queda lejano en el tiempo y en el espacio, el idioma que hablan (a pesar del doblaje, supongo que mal traducido, como siempre) es muy primario, casi de la época del cretácico o más atrás (sé que exagero). La trama..o lo que sea..ah si…a un chico le dejan sin su viejo y, claro, como todo guerrero nipón del gremio que se precie, jura venganza, honor y sangre. Así que estás esperando a ver cuando toma carta de naturaleza el tema vengativo, es decir, a ver si empiezan a rodar de una vez cabezas, pies y manos juntas con su correspondiente tomate frito Orlando…pero nada de nada. El aburrimiento, cansinamente, sigue su curso, fotograma a fotograma, mientras el notas anda de chabolo en chabolo con dos espadas, sólo para chulearse.

La acción en Hana no avanza, es perezosa, pausada hasta la obstinación (o desesperación) va a ritmo de mercancías (tampoco pides ese bodrio detestable de las actuales películas rodadas a ritmo de videoclip, con esa superposición agitada de imágenes de provocadora y mareante violencia, pero sí exiges un poco más de garbo). En fin, todo muy “japonés” y costumbrista….aldeanos que van y vienen sin ton ni son, una chica con un crío que andan más perdidos que en Jurassic Park…y pare de contar. ¿Todo es negativo en esta Hana?. Bueno, realmente no es del todo cierto. Hay una escena de humor negro que vale por toda la película: un pasaje donde un samurai con poca pericia se intenta hacer el harakiri (esa refinada técnica japonesa de irse al otro barrio)…y va un tipo que pasaba por allí y le suelta “pero hombre, mira que no afilar bien el cuchillo; esta gente de hoy en día ya no sabe hacer bien las cosas”, mientras el otro andaba desangrándose como un cochino por san martin. En fin…cosas de japos. Pero no diréis que no tenía gracia

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