Elecciones o el decorado teatral de la farsa ‘democrática’

PAYASOS

ELIJA A SUS CANDIDATOS PARA EL VERTEDERO MÁS PRÓXIMO

He tomado prestado parte del título de esta entrada a propósito de un artículo de Samir Amin, prestigioso economista marxista egipcio, que aporta algunas claves para totalizar las miserias del sistema capitalista y sus “partenaires” políticos. Los llamados comicios legislativos son la gran falacia histórica que sustenta el llamado “pluripartidismo” que, aunque está enraízado tradicionalmente en Europa y otros países, su orígenes son muy claros y conocidos. Amin, hace referencia a ello en el artículo en cuestión, Los padres fundadores de los Estados Unidos inventaron este decorado teatral, con la intención expresada, y con una lucidez perfecta, de evitar que la democracia electoral se convirtiese en un instrumento utilizado por el pueblo para poner en tela de juicio el orden social, fundado sobre la propiedad privada (y la esclavitud!). Y, en particular, en EEUU se implementaron variables políticas mediante las cuales la Constitución americana estaría basada en la elección de un Presidente (una suerte de “Rey elegido”) que concentraría poderes esenciales. Mientras que El “bipartidismo”, al cual conduce naturalmente la campaña electoral presidencial, tiende progresivamente a pasar a ser lo que fue en adelante: la expresión de un “único partido” – por supuesto el del capital de los monopolios desde el final del siglo XIX – que se dirige a “clientelas” que piensan distinguirse las unas de las otras.

Argumenta Samin, con toda lógica, que La farsa democrática se manifiesta entonces a través de una posible “alternancia” (en este caso de los Estados Unidos: los Demócratas y los Republicanos), sin que esto pueda satisfacer las exigencias de una alternativa válida (ofreciendo la posibilidad de nuevas opciones radicalmente diferentes). Y sin perspectiva de alternativa válida posible, la democracia no existe. La farsa está basada en la ideología del “consenso” (!), negador por definición del conflicto serio de los intereses y visones del futuro. La invención de las “primarias” que invitan el conjunto del electorado (¡sus componentes que denominan de derecha o de izquierda!) a expresarse para la elección de cada uno de los dos falsos adversarios acentúa aún más el desvío aniquilador del alcance de las elecciones.

EEUU ejemplifica, de este modo, un modelo paradigmático de democracia que es, de facto, la antidemocracia o la plutocracia, el gran negocio electoral de las élites económicas concentrado en una urna que, para más inri, es electrónica, por lo que el pucherazo no es tan difícil de conseguir a poco que algún experto del “sistema” (político) acceda y manipule el código interno del soporte informático (¿se acuerdan del amaño electoral que gestó George Bush para salir reelegido cuando todas las “papeletas” las tenía el candidato demócrata Al Gore, el del “calentón güebal”, que diría LCC?). Europa, lógicamente, no le va a la zaga al imperio y las similitudes “electorales”, con algunas pequeñas diferencias, se basan también en el consenso (algo más amplio, puesto que aquí se permite la concurrencia, al circo electoral, de una gran variedad de formaciones minoritarias….que no van a tener nunca una posibilidad real, democrática, de acceder al poder).

Por otra parte, la limpieza electoral es un tema que no es objeto de controversia en Occidente, en sus comicios claro, puesto que en los de los “otros”  (los que celebran sus enemigos declarados) hay siempre fraude o aparecen irregularidades. En las elecciones-farsa occidentales, en cambio, siempre dan por buenos sus resultados, a pesar de que las anomalías y los tongos han estado presentes y han sido evidentes, como en el caso americano antes comentado. Aquí mismo no se han quedado atrás con aquel manipulado referéndum de la OTAN de 1986 (un pucherazo histórico) o en otra consulta reciente, promovida por el Reino Unido, que hacía referencia a la autodeterminación de Escocia, donde hubo un descarado fraude del unionismo inglés que fue silenciado mediante un oportuno apagón informativo. En contraposición, elecciones como las venezolanas han sido un punto de referencia inexcusable (“negativo”) para los defensores de la “pureza” electoral capitalista.

Por ejemplo, no ha habido elección bajo el mandato del “chavismo” que no haya estado sometida al escrutinio más feroz donde la certeza, elucubrada por Occidente, consistía en que siempre había un “incontestable” amaño gubernamental. Por supuesto, lo que sobrevolaba no era otra cosa que el típico bulo fabricado, interior y exteriormente, para echar del poder (como fuese) al bolivarianismo. Ahora, recientemente, cuando las tornas han cambiado y han “ganado” los de Washington, todo ha ido de “maravilla”. Pero, mira por dónde, la “legitimidad” del “triunfo” opositor venezolano está lastrada, además de por el permanente involucionismo violento llevado a cabo todos estos últimos años por la oposición (con ayuda de EEUU y Europa), por las sospechas de fraude electoral masivo cometido por el bloque ganador del MUD, utilizando maniobras sucias tales como personas fallecidas que votaron, ciudadanos “analfabetos” a los que le pagaron para dejarse ayudar, además de la compra de votos a ciudadanos extranjeros e incluso hasta un sospechoso recuento de un millón de votos nulos…entre otras irregularidades. Un hecho muy grave sobre el que los medios controlados no van a gutir, sino en sentido contrario, y por el que el presidente Nicolás Maduro debería proceder (de confirmarse) a la anulación completa e inmediata del resultado electoral.

Samir Amin, por retomar la mascarada “democrática” occidental, pone como ejemplo de antidemócrata a Jean Monnet, el laureado por Europa como “fundador de la nueva democracia en el viejo continente” (soplón de la OSS/CIA) y a cuyo nombre figuran cátedras y aulas universitarias repartidas por toda Europa. Para Amin  Monnet era un auténtico antidemócrata (¡razón por la cual se lo celebra en Bruselas como el fundador de la “nueva democracia europea”!), perfectamente consciente de lo que quería (copiar el modelo estadounidense), desplegó todos sus esfuerzos – una tradición escrupulosamente aplicada en la Unión Europea – para desposeer las Asambleas elegidas de sus poderes en el beneficio de “Comités de tecnócratas”. La Europa de los mercaderes, para ser más exactos, subordinada total al imperialismo estadounidense.

En definitiva, apunta Amin, en los regímenes llamados formalmente democráticos los conflictos electorales podrían tener la apariencia de un funcionamiento democrático real. Pero progresivamente, con la sustitución de la dominación del capital de los monopolios por la diversidad de los bloques capitalistas, esta apariencia se difumina. El virus liberal (título de una de mis obras) hizo el resto: alinear progresivamente a Europa con el modelo de los Estados Unidos. La sumisión a la farsa democrática es interiorizada por un discurso auto calificado de “post modernista” que, simplemente, se niega a reconocer la importancia de los efectos destructivos.

Entonces…si no hay elecciones…¿no hay democracia?. La cuestión a plantear debería ser otra: ¿Qué “elecciones” se articulan bajo esa democracia? ¿Quiénes son sus actores, qué engranajes son utilizados –Ley D’Hondt- y quiénes los tutelan realmente?  La democracia del capitalismo es una falsificación de la democracia real porque sirve a los intereses de las clases dominantes, los complejos multinacionales y financieros y, en definitiva, al aumento de prerrogativas para una serie de actores económicos y políticos privilegiados, siempre en detrimento de aquellos que están permanentemente empobrecidos. De este modo, la farsa del sistema capitalista, por excelencia, es la farsa electoral, concebida para hace creer que el pueblo es quien escoge a sus gobernantes, mediante el sufragio “universal, secreto, libre y directo”. Nada más lejos de la realidad. En cada proceso electoral del Estado capitalista (la llamada, ampulosa y retóricamente, “fiesta de la democracia”) se configuran todos los instrumentos represivos posteriores que van a estar al servicio de las, ya mencionadas anteriormente, clases dominantes, a pesar de que la demagogia populachera de la politiquería reinante hace creer a muchos que realmente están ante un “cambio”  de políticas (que no, lógicamente, del sistema) cuando lo que en realidad se está escenificando es una mascarada en favor de los grandes grupos de presión económicos.

La trampa y el subsecuente engaño capitalista se conciertan mediante un poderoso mecanismo difusor de todos conocido: la propaganda masiva a través de prensa, radio y televisión, lobbys mediáticos que, normalmente, poseen vínculos con el poder político dominante y, también, el financiero. Así, garantizan que el discurso hegemónico manipule y corrompa a los que se acercan al mercado electoral. Si, además, el sistema promueve su farsa de la mano de sus “intelectuales” orgánicos o tertulianos (esa indigente secta de decrépitos opinólogos, cretinos y chusma despreciable mantenedora del “statu quo”)  la feria electoral completa el círculo de farsantes. El engaño del derecho a “elegir y ser elegido” no es más que otro artificio fraudulento del sistema para servir a ese mismo sistema o, lo que es igual, a EEUU, a Bruselas y a los dictadores financieros. 

No es infrecuente, por otro lado, que una vez terminada la pachanga pre-electoral y su correspondiente arsenal de demagogia populista, de teatral “acercamiento” al pueblo, con su repertorio de besos, abrazos, salutaciones, guiños, regalos, promesas, mensajes “izquierdo-progres” (que, una vez acabada la farsa, se fundirán con los de sus contrincantes políticos derechistas) o esos debates falsificados a los que no permiten concurrir a las formaciones minoritarias (por tanto, hábilmente, mantienen al sistema atado y bien atado) y, por qué no, la compra de votos.…todo vuelva a su cauce: es decir, el día después la gente se cabreará nuevamente con los políticos y la gran opereta capitalista volverá a funcionar como un reloj suizo.

Señala el pensador Amin que La sumisión a la farsa democrática es interiorizada por un discurso auto calificado de “post modernista” que, simplemente, se niega a reconocer la importancia de los efectos destructivos de aquélla. Qué importan las elecciones, lo esencial ocurre en otra parte, dicen: en la “sociedad civil” (un concepto confuso) dónde los individuos habrían pasado a ser lo que el virus liberal afirma que son – ¡mientras que no lo son! – los sujetos de la historia. La “filosofía” de gente como  Negri, expresa esta abdicación. En realidad, el pensamiento filosófico del italiano Toni Negri, el espejo ideológico en el que probablemente se mira Pablemos, ha ido dando tumbos desde que mostró, en los años setenta, su infantil e inocente apoyo a la “lucha armada” del grupo terrorista de “ultraizquierda” Brigadas Rojas (que, para el que no lo sepa, se trataba de una organización enteramente creada por la CIA y los servicios secretos italianos del SISMI para reclutar comunistas-cabezas de turco que hicieran el trabajo sucio de la “revolución” en la mafiosa Italia democristiana, con objeto de demonizarles como parte de la estrategia de tensión de Gladio contra la izquierda). Ello le supuso a Negri que el Estado fascista italiano le tendiese una encerrona y pasase por la cárcel, debido a que era considerado poco menos que el intelectual orgánico de las “Brigate Rosse”…Negri terminó siendo un intelectual de la prestidigitación y el discurso más inane.

Así pues, resumiendo: los procesos electorales, en las democracias de EEUU y la OTAN de Gladio, no son otra cosa que el comienzo del fin de la democracia.

[Actualización 24-oct-2016: ¿No es un síntoma de farsa democrática el pasteleo que organizaron el CNI y la vieja guardia galosa del PSOE para evitar que el fracasado Pedro Sánchez no se saliese con la suya? Es decir, que se quitara de enmedio la negra influencia del socialfascismo encabezado por el ex jefe de los GAL, Felipe González, y sus secuaces y optara por otras opciones políticas menos, vamos a llamarlas así, desvergonzadas? Ahí está el resultado: había que subir al pedestal del poder de nuevo a la gran corrupción y delincuencia organizada, atar los cabos sueltos (si es que había alguno) del biparticidio.]

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