Los informantes de la red de espionaje global. Hedges, Solzhenitsyn y los 'gulags'

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En los últimos años (en realidad se remonta incluso a la década de los setenta), una red masiva de espionaje a ciudadanos, entidades, líderes políticos mundiales, etc, se ha puesto en marcha por parte de la conocida como NSA (Agencia Nacional de Seguridad) de EEUU y también la CIA en coordinación con otros organismos de inteligencia de los países de la OTAN y la colaboración de empresas de telecomuniciones y de Internet (plataformas “sociales” como Facebook) que posibilitan este espionaje masivo. Llevan tejiendo durante décadas una enmarañada red de vigilancia global sin precedentes vulnerando toda privacidad que se les ponga por delante. La RDA, paradigma para Occidente del control “totalitario” sobre la población, espiaba, básicamente, para garantizar su supervivencia política y también para evitar atentados y sabotajes terroristas en su territorio por parte de la CIA y el espionaje alemán federal, el neonazi BND. Pero ¿y las democracias otánicas? ¿quién las amenaza? ¿ese terrorismo “global” que ellas mismas han creado para controlar territorios y recursos? ¿La Rusia de Putin que les está desmontando el fraude criminal “yihadista” en Siria? ¿El régimen chino que supone una competencia económica “desleal” e intolerable a la hegemonía estadounidense?

Hoy, en Occidente, abundan esos controles policíacos que la propaganda del Oeste siempre ha achacado a los que fueron Estados socialistas del Este. Controles refinadamente modernizados, eso sí: cámaras de videovigilancia como setas en lugares públicos, con la excusa de combatir los delitos; implementación de registros totalitarios, humillantes y abusivos en los aeropuertos o, más moderadamente, en las estaciones de trenes; profusión de scaners para acceder a edificios públicos y otros tantos privados; acopio de nuestros datos particulares mediante ficheros públicos y privados…

En definitiva, tenemos un complejo arsenal de sistemas de seguridad y controles personales cada vez más estrictos y perfectos, que han crecido de forma exponencial gracias, entre otras cosas, a las falsas banderas terroristas. Todo por nuestra “seguridad”, nos dicen…pero no por ello van a seguir “evitando” las “amenazas terroristas”, porque ahí están…siempre latentes. Son “inevitables”. Los yihadistas son gente muy lista, aunque no hayan estudiado ni en un colegio de ratas. De vez en tanto nos lo recuerdan: “hay peligro de atentado…de ataque indiscriminado de los yihadistas”. Este, u otro país occidental, puede ser objetivo del “terrorismo islámico”…que ellos patrocinan y manejan a través de sus servicios de inteligencia. Nos anticipan la farsa criminal de Estado con antelación y, de esta manera, incrementan solapadamente, todavía más, el control sobre los ciudadanos. Quieren que tengamos el miedo en el cuerpo para que, los menos informados, apoyen medidas draconianas y dictatoriales.

Chris Hedges, periodista estadounidense, ganador del prestigioso premio Pullitzer, colabora en uno de esos medios que, aparentemente, están a la izquierda de la izquierda norteamericana, la (intuyo) publicación “troskista” Truthdig, Hedges, en esta nueva estrategia del “gran hermano global”, apunta algunas cosas muy interesantes y otras desafortunadas. De éstas últimas, utiliza el referente del pordiosero pseudointelectual, vanagloriado por Occidente, Alexander Solzhenitsyn (un nostálgico del zarismo más feudal, reaccionario, fanático religioso, maestro en elucubrar e inventarse datos) para buscar analogías entre la URSS y la Norteamérica actual en cuestión de control masivo ciudadano (lo que no quiere decir que no existieran abusos en la Rusia soviética, como en cualquier otro país del mundo).

De las primeras afirmaciones, altamente interesantes y reveladoras, Hedges dice lo siguiente en Truthdig: Un estado totalitario será tan fuerte como lo sea el número de sus informantes. Y Estados Unidos tiene una gran cantidad de ellos. Esos informantes leen nuestros mensajes de correo electrónico, escuchan, descargan y almacenan nuestras llamadas telefónicas. Ellos nos fotografían en las esquinas, en las plataformas del Metro, en las tiendas, en las carreteras y en los edificios públicos y privados. Nos rastrean a través de nuestros dispositivos electrónicos. Se infiltran en nuestras organizaciones. Ellos facilitan los “actos de terrorismo” cometidos por los musulmanes o bien otras manifestaciones de violencia a cargo de ecologistas radicales, activistas o anarquistas, señalando a estos disidentes con una cruz para luego enviarlos a la cárcel durante años.

Han acumulado perfiles detallados de nuestros hábitos, nuestros gustos, nuestras inclinaciones peculiares, nuestros registros médicos y financieros, nuestras orientaciones sexuales, nuestro historial de empleo, nuestros hábitos de compra y nuestros antecedentes penales. Almacenan esta información en las computadoras del gobierno. Permanecen allí, esperando, como una bomba de relojería, lista para ser utilizada en el momento en que el Estado decida criminalizarnos.

Lo peor de todo es que muchos ciudadanos siguen creyendo que si les espían, según lo relatado por Hedges, no deja de parecerles la cosa más inofensiva del mundo. Hedges no lo tiene tan claro y apunta que los ciudadanos saben  que están siendo observados e ingenuamente creen que si ellos “no han hecho nada malo” nada les pasará, pero son incapaces de comprender esta lógica oscura y aterradora. Y, sin embargo, el denunciante-chivato está a la vuelta de la esquina. Se nos invita a señalar al tipo “sospechoso de algo”, hay que estar en alerta y avisar al gobierno del enemigo, aunque esa incitación a la delación alcance limites grotescos, sobre todo en los USA pero también aquí, en España, donde se ha llegado al paroxismo con la llamada “violencia de género”.

Por ejemplo, Hedges, cita el caso de las estaciones de tren de EEUU En cualquier estación de Amtrak (la compañía de ferrocarril estadounidense), y respecto de los pasajeros que esperan o personas que pasean por allí, señala Hedges que, se invita a decir a las autoridades (por parte de los chivatos), quiénes pueden “estar en un área no autorizada”; quiénes “están en actitud  de ‘vagabundeo’ mirando a empleados y clientes”; aquellos que “expresan un nivel inusual de interés en las operaciones, equipos y personal” de la estación; aquellos otros que vistan inapropiadamente para las condiciones climáticas, como es el “llevar un abrigo voluminoso en verano”; quién está, particularmente, muy nervioso o ansioso; quien “entorpece la libertad de otro individuo que está paseando” (sic) o aquel otro que “esté especialmente instruido sobre cómo hacer valer sus derechos cuando hable ante funcionarios de inmigración”. Suena a patético, pero es tan real como la vida misma. Hedges pone el dedo en la llaga de la denuncia cuando afirma que Nuestras cárceles están llenas de personas que cumplen largas condenas en base a declaraciones falsas que los informantes proporcionaron a cambio de salir ellos bien parados (normalmente delincuentes).

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EL DEMENTE ZARISTA Y GRAN FABULADOR ALEXANDER SOLZHENIJSTYN

Sin embargo, el idealismo político de Hedges le lleva a correlacionar el llamado Gulag soviético con la actual ola de fascismo delator estadounidense, citando a un personaje de la guerra fría que ha dominado como nadie el arte de la cizaña y el embuste: el “célebre” disidente ruso Alexander Solzhenitsyn. A pesar de que Hedges glosa las bondades de su panfleto, Archipiélago Gulag, y de la persona del propio ex “disidente” ruso, éste estuvo lejos de ser un icono defensor de la democracia y la anti-tiranía. Solzhenitsyn hoy hubiera sido un firme defensor de la política exterior norteamericana (incluidos sus instrumentos de tortura y control del ciudadano). Y del pasado…bien claro dejó el ruso cuál era su posicionamiento político. Solzhenijstin fue un partidario de negociar con el III Reich la rendición soviética y entregar la URSS al nazismo y, al igual que Allen Dulles (el primer jefe de la CIA) no escondió sus simpatías hacia el nacionalsocialismo con frases cínicas, vejatorias y humillantes para el sacrificado pueblo soviético del tipo “si los nazis no hubieran sido tan brutos y altivos difícilmente habríamos tenido que conmemorar el vigésimo quinto aniversario del comunismo ruso”. Como dice Nikolai Yakovlev, en su libro La CIA contra la URSS Entre 1957 y 1958, deambulaba por las calles de Moscú un individuo (Solzhenitsyn) poco notable y poseído por la febril pasión de medrar. Según sus propias palabras, estaba tratando de establecer contactos con  quienes pudieran remitir a Occidente y publicar allí sus libelos contra su propio país. La mercancía que ofrecía era de ínfima calidad.

Entre esa mercancía de estercolero que escribió el ruso está la “loada” (y “nobelizada”) Archipiélago Gulag, un manual de ficción anticomunista, repleto de falsedades, absolutamente anti-histórico (pero usado, paradójicamente, como modelo “histórico” para demonizar a la URSS) y disparatado, donde, sin elementos objetivos críticos datables, científicos, el “disidente” ruso se dedicó a fabular lo que le dio la real gana acerca de millones de muertos causados por el “terror rojo” (110 millones, nada menos), propaganda que luego fue utilizada por la CIA para intensificar la “guerra fría” anticomunista en los años terroristas de Gladio. Como es sabido, historiadores como Viktor Zemskov, y otros, desmontaron totalmente la fábula de los cien millones de muertos del comunismo una vez desaparecida la URSS y obtenido el acceso libre a los archivos de la KGB, donde se cuantificaba la “represión” durante los años 1917-1990. Zemskov goza del estatus de historiador independiente, pero lo es a medias ya que a pesar de que rebajó drásticamente la cifra millonaria de Sholzhenitsyn a una decenas de miles de represaliados, tampoco se ajusta a la verdad. Zemskov consideraba como “víctimas de la represión política” a todos los que fueron arrestados alguna vez por los organismos de seguridad del Estado soviético (incluyendo miles de oficiales zaristas y la nobleza imperial quiénes actuaron abiertamente en contra de la Revolución rusa, con todo tipo de métodos a su alcance, incluida la insurrección armada mediante el terrorismo). Por lo tanto, Zemskov no es el investigador imparcial que pudiera parecer a primera vista pero, eso sí, muy a su pesar, minimizó y vapuleó sin remisión los “cien millones de muertos” que se han considerado siempre como el eje medular propagandístico occidental en contra de la URSS (en un país que tenía ciento y pico millones de habitantes, no lo olvidemos) y, por ende, contra el comunismo.

La encomiable labor del ultra-zarista Solzhenitsyn como feroz agitador imperialista al dictado de EEUU, país donde se exilió en 1974, le llevó incluso a hacer apología criminal de la intervención militar de EEUU en Vietnam o a incitar a la invasión de Portugal para abortar la fallida “revolución de los claveles” (fallida por el resultado a que llegó, posteriormente, donde de revolución pasó a ser involución de la OTAN) de modo que este país evitase entrar en el “Pacto de Varsovia”. La sintonía del “exiliado ruso” con el franquismo español fue otra de sus hazañas ideológicas. Tanto que lo hizo bien a gusto en diciembre de 1976 cuando fue entrevistado en TVE por el periodista José María Iñigo, en su programa “Directísimo”. Solzhenitsyn no habló de la reciente democracia española pro-estadounidense ni alabó el cambio de régimen o la recuperación de las libertades. Más al contrario hizo un discurso a favor del régimen de Franco, defendiendolo sin ambages, justificando incluso los últimos fusilamientos del dictador. Todo ello apoyándose en la perversidad del socialismo de la URSS y criticando a los “progresistas” españoles que pedían mayor rapidez en las “reformas” de la “transición”. Solzhenitsyn fue una operación de la CIA que le sobrepasó con creces, tanto que incluso un genocida como Henry Kissinger dijo de él que: “si sus concepciones ideológicas pasaran a ser la política nacional de los Estados Unidos, nos enfrentaríamos a una considerable amenaza de conflicto bélico”. Solzhenitsyn era un paranoico ultraderechista que causaba, incluso, desasosiego entre la clase política más reaccionaria de EEUU.

Hay que recordar al trotskista Hedges que esos chivos expiatorios de los que habla y que purgan cárcel en EEUU o en Europa (por miles), que han sido recluidos en Guantánamo o torturados en cárceles secretas como Diego García, Polonia o Rumanía, más el añadido patronazgo occidental sobre organizaciones terroristas radicales islámicas o las falsas banderas con sus centenares de muertos, son un Gulag peor que el soviético. Y aún cuando Solzhenitsyn viera cometer abusos de los carceleros rusos, fantaseó lo que quiso sobre todo ello y luego se convirtió en uno de los más duros y peores propagandistas del ultraconservadurismo que tuvo EEUU.

De este pope, respetado e idolatrado por determinaa carcundia “democrática” mundial, nadie podía osar cuestionar su “verdad” anticomunista y menos en los años setenta, época de gran publicidad de su panfleto antisoviético. Tanto que incluso el periodista musical español Carlos Tena (Popgrama, Caja de Ritmos, Aunbabuluba) cuenta una anécdota, cuando presentaba en RNE un programa musical (Para vosotros jóvenes, en el mismo año 1976 de la entrevista al publicitado disidente ruso), donde tuvo la ocurrencia de hacer una gracia anti-Solzhenitsin que le costó suspensión de empleo y sueldo y amenazas de la prensa ultraderechista de la época. Lo cuenta el propio Tena: Habiendo sido Alexander Solzhenitsin entrevistado en la TV bajo unas luces cenitales y en ambiente tétrico, dediqué mi programa a los (entonces conocidísimos y populares) Payasos de la Tele: Gabi, Fofó, Fofito y….Solzhenitsin, lo que me costó un mes de empleo y sueldo, amenazas en El Alcázar, ABC, etc..

  1. Pingback: Nueva Operación Gladio B en Francia: el terror vuelve a las calles | Tribulaciones Metapolíticas
  2. Ayala

    Amigo, hace escasos días estuve en el blog de SAR contestando sus divagaciones socialdemócratas y buenrrollistas, que no esconden su siniestra finalidad, otro fichaje podemita: el validador del marco teoríco estadounidense de las primaveras de colores y la destrucción europea, ya desde los motores de las mayores fábricas de coches, ya desde los ejercitos de emigrantes lanzados por Turquia con la complacencia norteamericana, comenzando en tiempos en los que entonces estaban los syrizos haciendo que negociaban Y por supuesto validando el nazismo en Ucrania, eso sí siempre de “buenrrollo” con el “si pero no” tan caro al lenguaje socialdemócrata.
    Ahora vemos que lo que predijimos en base a los hechos, supera la predicción, ¡que fichajes podemiles! un militar promovido por la OTAN, SAR, Pérez Royo. Esto ya no es “deja vu” esto es una repetición como farsa del psoe cuando estaba gobernando..

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