Las atrocidades de la OTAN, la CIA y el Mossad: cincuenta años de falsas banderas (2). De Madrid a Noruega pasando por Berlin, Lockerbie y Londres (y IV)

breivik

22 de Julio de 2011, Noruega: la masacre de Breivik, el tonto útil al servicio del terrorismo de falsa bandera

Después de la cadena sostenida de brutales atentados terroristas en varias partes del mundo en los años que van de 2001 a 2010 (Nueva York, Madrid, Londres, Bombay, Bali…) aparece en escena un crimen masivo en un país nórdico que era considerado modelo de convivencia, no demasiado hostil hacia el sionismo, poco o nada antiamericano, perfectamente integrado en la OTAN y donde la vida cotidiana transcurría sin sobresaltos. Pero es que a veces las falsas banderas ocurren hasta en las “mejores familias”. Bien que lo supieron en la Europa de los años setenta y ochenta del siglo XX. ¿Qué ganaban o a quien pretendían intimidar los criminales ejecutando una masacre en un país como Noruega? Tal vez como señala Webster Tarpley el hecho de que Noruega quisiera realizar un cambio de rumbo en su política exterior, “independiente” de EEUU, “incluido el inminente reconocimiento diplomático de un Estado palestino como parte de un acercamiento general con el mundo árabe” y de que el país nórdico no estaba por la labor de seguir en la coalición guerrera imperialista otaniana para unirse al bombardeo de la finalmente masacrada Libia, pudieron haber sido los detonantes de esta “false flag”.

A este respecto, los principales miembros del gobierno de Noruega, una coalición progresista de izquierdas, fueron los primeros en no justificar los bombardeos de la OTAN, pidiendo que se diese paso a las negociaciones antes que a las bombas: “La solución a los problemas en Libia son políticos, no pueden ser resueltos sólo por medios militares”, había dicho el primer ministro noruego Jens Stoltenberg (paradójicamente -o no tanto, porque quizás estuviera en el “ajo” del 22-j- hoy Stoltenberg es el jefe militar terrorista de la OTAN)  en  una conferencia en Oslo el 13 de mayo de 2011. Curiosamente, el edificio ministerial donde estaba la oficina de Stoltenberg fue uno de los más afectados por las explosiones de Oslo. Noruega se iba a retirar a primeros de agosto de ese año de cooperar con la agresión militar a Libia. Es más, el alejamiento de las opciones “guerreristas” tuvo también su eco en las palabras de otro miembro del gobierno, Baard Vegar Solhjell, del Partido Socialista, quien dijo que “Noruega debe aplicar sus esfuerzos para encontrar una solución pacífica en Libia”.

Los atentados de Oslo y la masacre en la isla de Utoya fueron la culminación de otra estrategia criminal muy probablemente, de nuevo, bajo la batuta del tridente satánico EEUU-Israel-Reino Unido. Para ello se puso en práctica otro operativo clásico “antiterrorista” previo a los ataques de falsa bandera. Un simulacro se había iniciado, dos días antes de los atentados, por la policía noruega como parte previa, o coartada, de lo que finalmente ocurrió en Oslo y en la isla de Utoya. El tonto elegido esta vez para la tragicomedia noruega no fue un musulmán que estaba en nómina del espionaje judío, ni tampoco unos pringados árabes de un locutorio cualquiera o unos juerguistas que invocaban, al mismo tiempo, a la guerra santa y a los putiferios, sino un tipo marca de la casa que respondía, extrañamente, a una ideología radical cristiana anti-musulmana, sionista y de extrema derecha: Anders B. Breivik. Sin duda, una hábil maniobra ‘psy-op’  para pillar con el pie cambiado a medio mundo. Una estratagema de distracción para ocultar las motivaciones centrales de los atentados. La cuestión medular era, esta vez, que Noruega necesitaba “reconducir” su política exterior, mientras que en un segundo plano, no menos importante, quedaba el demonizar (indirectamente) al “ogro islámico” de la mano de un integrista de extrema derecha.

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El pistolero “solitario” noruego fue capaz, él solo, de hacer una pirueta imposible: planificar el ataque con un coche bomba cargado con media tonelada de explosivos (repito, él solo) para activarlo en el entorno de los edificios ministeriales del centro de Oslo y, posteriormente, viajar cómodamente en clase business hasta la isla de Utoya, en Noruega, situada a unas decenas de kilómetros de la ciudad, donde asesinó a cerca de 80 personas, sin que la policía le tosiera en hora y media. No consta, tampoco, una sola imagen grabada de Breivik, su sombra o su vehículo  en las inmediaciones de los edificios gubernamentales que fueron objeto del primer atentado. Una zona en la que debía haber, necesariamente, abundantes cámaras de seguridad. O es que resulta que también fallaron como en Londres. Vamos, digo yo que, al menos, algún vigilante gordito debía haber por allí. Lo más probable es que ni el propio Breivik llegó a aparecer en aquel lugar, sino que se limitó a hacer de sicario en la isla Utoya. El acceso a la, supuestamente, zona restringida del gobierno noruego bien pudo ser ejecutada por servicios de inteligencia con credenciales para ejecutar allí mismo la operación terrorista. Lo demás son fábulas que sonrojarían a Mortadelo y Filemón.

El loco solitario que ejecutó a sangre fría a 77 jóvenes noruegos es la monserga vendida al mundo por los falsimedios, quienes han minimizado u ocultado que testigos supervivientes de la masacre en la isla vieron a varios individuos disparar “disfrazados” con uniforme de la policía (incluido el sionista Breivik) o, al menos, a uno más que “no iba vestido de policía, tenía un cabello espeso oscuro, de aspecto nórdico, con una pistola en la mano derecha y un fusil en la espalda” (Alexander Stavdal, testigo). La incredulidad alcanza cotas verdaderamente asombrosas al tratar de explicar el por qué de la tardanza de la policía en llegar a la isla. La justificación que dieron las autoridades y la propia policía de por qué hubo una demora tan escandalosa (de hora y media) a la hora de intervenir en Utoya fue un insulto a la inteligencia y un canto al encubrimiento del crimen por parte de los aparatos del Estado noruego. ¿Por qué, sino, comenzaron a realizarse ejercicios antiterroristas un par de días antes de los atentados? Algo que fue, incluso, presenciado por numerosos testigos noruegos. Asímismo, otros ciudadanos señalaron que las explosiones también se oyeron en subterráneos y las zonas de alcantarillado.

Es obvio que la teoría de más de un “tirador” suponía entrar en un terreno resbaladizo e incómodo para sostener el bulo de un “hombre sólo”. Era dar carta blanca a una conspiración que no podían tolerar. A pesar de ello hay vías de agua por todas partes y resulta sorprendente, cuando no chirriante, cómo el matarife Breivik, durante la masacre, llamó a la policía y dijo “misión cumplida”. ¿Era un ataque de vanidad criminal para hacerse “famoso” a posteriori, o se trataba más bien de un desliz de un idiota asesino que sabía, o creía saber, que tenía el respaldo de la policía y de alguien más “arriba”?

Sospechar y poner en tela de juicio que un ejercicio policial “simulado” antiterrorista coincida “casualmente” con la ejecución real del atentado (y van…..) parece que sólo puede deberse al azar, puesto que para los grandes estrategas de las mentiras mediáticas pensar lo contrario es irracional y de “conspiranoicos”. Igual que si contrapones a la versión oficial noruega el hecho de que Breivik no actuó solo y que no es más que el resultado de haber forjado otro chivo expiatorio, un extremista manipulado al que le dieron rienda suelta a sus delirios islamófobos. Incluso desde medios tan alejados de Europa, como los pakistaníes (Pak Tribune), no se creían el pufo terrorista oficial y se preguntaron al día siguiente: ¿Evento terrorista o falsa bandera utilizada como distracción?, mientras que otras tesis apuntaban, razonablemente, a un Gladio conjunto de la CIA, el Mossad y el MI5 británico.

Sea como fuere, Breivik sirvió solamente como gran pretexto de la operación terrorista que ejecutaron, en Oslo y Utoya, el propio “fanático” noruego y otros bajo la batuta, muy probablemente, de servicios secretos extranjeros como el Mossad y la CIA, en complicidad, por enésima vez, de las cloacas policiales (esta vez noruegas). El “experimento” de Oslo y Utoya fue una operación Gladio a la antigua usanza (aquí utilizando a un supuesto ultraderechista islamófobo), atentado cuyas motivaciones estarían en deslegitimar y amedrantar a la titubeante clase política noruega aunque también podría servir perfectamente como excusa para afianzar la estrategia de tensión contra el Islam en Europa (en atención a la supuesta ideología del extremista noruego) por parte de la conspiradora elite americano-sionista. Los de siempre, para no variar.

  1. KIK

    Bueno no descubrimos el Mediterráneo diciendo que el terrorismo de estado es el pan nuestro, y lo peor, no te engañes, es que no sirve ABSOLUTAMENTE PARA NADA denunciarlo, la credulidad de la gente es total, y cuentan con ello, recuerdo comentar cosas sobre “Gladio” el atentado de la estación de Bolonia …. Aldo Moro…. y todo ese bonito cuento de las “Brigadas rojas”….y no se lo cree nadie, ni gente de izquierda !!….. y que decir de la Grecia de los Coroneles….. en fin como decía creo que Simon Bolivar…. es arar en el mar.

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    • uraniaenberlin

      Si, con esa perspectiva “pesimista” estoy, más o menos, de acuerdo ya que, como bien dices, la gente se cree todo lo que no significa pensar “al margen”. Pero tengo la sensación de cada vez la gente se traga menos la propaganda de Estado. Es una minoría diría que exigua…ya que los grandes medios del régimen son una apisonadora…Pero qué más quieren algunos…existe Internet ¿no? Pues apaguemos la desinformación de los telediarreos y demás morralla mediática….y empecemos a cambiar de paradigma

      PD. Siento lo de los comentarios en el “spam”. WordPress no funciona como debería

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