11-M (1). La construcción de un gran fraude de Estado

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La masacre del 11 de marzo de 2004 en territorio español es el mayor atentado terrorista en suelo europeo (si excluimos el atentado aéreo de Lockerbie, otra operación de bandera falsa del Mossad y la CIA) desde la matanza en la estación de tren de Bolonia, ocurrida en 1980, donde perecieron 85 personas. Este acto fue perpetrado por la rama terrorista de la OTAN Gladio utilizando a una organización neofascista, los llamados Núcleos Armados Revolucionarios, en colaboración estrecha con el servicio de espionaje italiano SISMI (Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare), dentro de la estrategia de tensión que la OTAN tenía previsto, a través de sus redes “stay-behind”, para neutralizar, física o psicológicamente, a la izquierda comunista europea. Esto está tan absolutamente documentado y demostrado que no admite réplica alguna.

Al margen del resultado final de víctimas mortales y heridos, el 11-m posee un trasfondo muy turbio con hedor a cloacas del Estado. Lo que nos ha contado la oficialidad, desde las secuencias previas y posteriores al atentado, es un presupuesto insostenible, intragable, no verídico y una fabulación que no resiste el más mínimo análisis. Aquí, quede claro, ni se van a barajar hipótesis de “peones negros”, “amarillos” o “verdosos” (en lo que respecta a sus motivaciones políticas), ni tampoco conspiraciones oficiales basadas en AlQaeda u otras organizaciones terroristas creadas y financiadas por el espionaje norteamericano y europeo. El 11-m guarda siniestras similitudes, tanto con el 11-s,  el 7-j de Londres, la masacre de Noruega, así como con aquella lejana matanza italiana de Bolonia y otras tantas que perpetró la OTAN-Gladio en Europa durante más de tres decenios.

La historia del Gladio europeo anticomunista y el más reciente hermano gemelo del anterior, el Gladio B islámico, necesariamente ha de ser tenida en cuenta para evaluar el conjunto de acontecimientos que fueron sucediéndose desde el  gran crimen del 11-m, entre otras cosas, para descartar de plano la versión oficial, aunque muchos sigan pensando que unos moritos maestros en el trapicheo y el chivateo policial, una inexistente “banda armada” y una inventada “trama” asturiana ejecutaron el 11-m. Esto no es sino la mayor burla de la “democraCIA” desde el pasteleo que hicieron en el 23-F el CESID (hoy CNI), el Rey y la clase política española.

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Los hechos y antecedentes históricos, constatados, del terrorismo de Estado de Gladio, las operaciones de bandera falsa y otras actuaciones terroristas de la inteligencia europea (BND, MI6), israelita (Mossad) y norteamericana (CIA) son suficiente aval para trabajar la hipótesis de un 11-m realizado por servicios de inteligencia del exterior con apoyo en el interior. En la entrada que hice acerca del Gladio-B estarían algunas de las claves para este crimen masivo.

El atentado terrorista del 11-m en Madrid se llevó por delante a muchas personas inocentes, trabajadores modestos en su gran mayoría, cuya actividad cotidiana se desarrollaba en el cinturón obrero de Madrid, puesto que los políticos (esa banda organizada de corruptos y ladrones), los jueces estrella y la aristocracia financiera suelen viajar en coche blindado pagado por todos y eso de rozarse con la “chusma” es “inaceptable”. El resultado fue brutal: 191 muertos, más otras víctimas colaterales no cruentas que fueron posteriormente rehenes de una farsa judicial, escogidas como oportunas cabezas de turco, aunque algunos de ellos fuesen sujetos de la peor especie (soplones policiales de conveniencia, manejados oportunamente como marionetas). Otros purgaron cárcel para luego ser absueltos, sin repararles el “error”.

Las irregularidades, desde el mismo momento de la tragedia, fueron tan clamorosas que, lógicamente, llevaron a un proceso judicial completamente viciado, repleto de pruebas falsas, manipuladas o, simplemente, hubo ausencia de ellas, así como testimonios de testigos (sobre todo policiales) entre fantasiosos y absurdos que sirvieron para dictar sentencias condenatorias. En general, en el 11-m, se puede hablar de:

1) Falsificación, manipulación y destrucción deliberada de pruebas (los trenes)

2) Chivatos de la policía y del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), más terceros incluidos como cabezas de turco, de origen marroquí y español, manipulados para ser utilizados como cebos a la hora de construir una patraña terrorista 

3) La ocultación-borrado-manipulación del, presumiblemente, verdadero explosivo utilizado en el atentado (el militar C4). Los destrozos en los cadáveres, llenos de mutilaciones, no los provoca un explosivo convencional, según los expertos. Y, por otra parte, los daños tan “limpios” observados en el metal de los coches del tren no se ajustarían a una explosión tipo goma2 Eco o Titadyne como los propagadores de mentiras de una y otra parte han repetido hasta la saciedad, sino a un explosivo de tipo militar.

4) Sospechosa rapidez en la captura de los “terroristas” (dos días después del atentado y en la jornada de “reflexión” electoral)

5) Disparatadas chapuzas con aroma a pruebas policiales prefabricadas y falseadas para distraer la atención del gran público (la rocambolesca mochila de Vallecas, el automóvil “plantado” Skoda Fabia y la furgoneta Kangoo, a la que inspeccionaron ocularmente sin ver nada en su interior, perros incluidos, y luego resultó – una vez trasladado el vehículo al llamado complejo policial de Canillas- que en la Kangoo había abundantes objetos tales como detonadores, dinamita y una cinta coránica)

6) La fea costumbre que tienen los terroristas islámicos, una vez cometidos los “atentados”, de ir dejando por el camino pruebas de su “participación” en los mismos. En el caso español, la ya mencionada anteriormente “casette coránica” en la furgoneta Kangoo (más otros útiles de “trabajo”) o, en el caso de Marwan Alshehhi, uno de los supuestos secuestradores del 11-s, el “olvido” de un ejemplar del Corán en un coche de alquiler encontrado en el aeropuerto Logan de Boston.

7) El operativo policial de Leganés donde se produce un oscuro y rocambolesco “suicidio” de siete “terroristas”.

8) Falta de huellas dactilares o ADN de los acusados en el escenario del crimen de Atocha.

9) Cámaras de seguridad que no grababan permanentemente, salvo, curiosamente, unas imágenes que captaron las explosiones de los trenes desde unas escaleras mecánicas, en la estación de Atocha.

10) La teatral  fábula-montaje de la “profanación” de la supuesta tumba del “GEO” Torronteras, donde no han sido capaces, después de casi diez años, de detener a los autores de dicha profanación, con la misma eficacia con la que detuvieron a la “trama” asturiana o detectaron el “pisito” franco de Leganés.

11) Imputaciones y declaraciones contradictorias de testigos en el juicio del 11-m, que actuaron conforme al guión establecido, algunos de los cuales declararon en contra de los acusados (Zougam) para sacar evidente beneficio propio.

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