El mito de la Stasi: un fraude histórico orquestado por dos agencias del crimen occidental: la CIA y el BND (y 8)

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EL FRENTE MEDIÁTICO-LITERARIO CONTRA LA STASI: PANFLETOS A CARGO DE PSEUDOHISTORIADORES E INTOXICADORES DE LA CIA

Dadas las circunstancias históricas en que se desarrolló el proceso de construcción del socialismo en la RDA no resulta llamativo, una vez ajusticiado el Estado alemán oriental, que existiera en su contra una abrumadora presencia de literatura anti-RDA, en concreto anti-Stasi, en forma de artículos (panfletos) de opinión periodísticos de ideología ultraderechista, pero también desde los púlpitos socialdemócratas o trotskistas, o bien en forma de libros de ciencia-ficción que nos hablaban de los “terribles crímenes” de la Stasi y el control masivo que ejercía este servicio de seguridad, supuestamente, sobre los ciudadanos de la RDA. Por ejemplo, se puede conseguir sin dificultad todo un repertorio de chismología de salón “del que dijo y qué dijeron” en StasiLand, de Anna Funder; un bodrio británico llamado The Firm: The Inside Story of the Stasi de un tal Gary Bruce (no han superado todavía lo de Kim Philby y el resto de espías aristócratas de Cambridge) o basura netamente neohitleriana a cargo de un halcón reaganiano, llamado John O. Koehler (Stasi: The Untold Story of the East German Secret Police) libelo que parece sacado de la Escuela de terrorismo y asesinatos de la CIA de Fort Bragg.

Frente a toda esta apisonadora anti-RDA y anti-Stasi (de unas proporciones de linchamiento ideológico que ni siquiera ha tenido paralelismos para con la Alemania nazi) apenas, por no decir nada, existen un puñado de estudios objetivos y veraces de lo que fue y representó la RDA, no digo ya trabajos realizados por personas cercanas al comunismo, sino por estudios independientes. Existen publicaciones (no estrictamente libros) como el parco folleto de cincuenta páginas de Brunhilde (Bruni) La Motte y John Green Stasi Hell or Workers’ Paradise? Socialism in the German Democratic Republic – What Can We Learn from It? (¿Infierno de la Stasi o Paraíso para los trabajadores? Socialismo en la RDA. Lecciones que debemos aprender), un documento independiente donde ni hablan de paraíso socialista, ni de “opresiva” Stasi, ni tampoco de la desvergonzada propaganda anticomunista y donde también no dejan, todo hay que decirlo, en buen lugar a Stalin (en una breve cita al principio), pero no hablan mal de la RDA, que nadie se llame a engaño. Es un documento de una honestidad fuera de toda duda. Existen otro tipo de reseñas más dispersas (y breves), a cargo de Hilary Keenan, pero más centrados en la historia de la RDA y el muro antifascista (The legend behind the Wall)

Este déficit de literatura sobre la RDA, para contrarrestar la masiva manipulación histórica sobre el servicio secreto alemán oriental, la Stasi, ha posibilitado que se obstruyan, invisibilicen, oculten y, en menor medida, relativicen, los innumerables crímenes fascistas que la CIA, el BND, el MI6, la OTAN y otros servicios de espionaje europeos han perpetrado en su territorio y en numerosas partes del mundo durante toda la época de la guerra fría y después de ella: desde golpes de Estado en otros países hasta intentos de “putsch” en Europa, pasando por la protección a prófugos nazis con terribles crímenes bajo sus espaldas, la ejecución de atentados terroristas a través de la red clandestina Gladio y el Gladio “islámico”, asesinatos y desapariciones forzosas de opositores políticos y un largo etcétera ya señalado en las entregas anteriores.

Un grupúsculo de disidentes en la RDA, sobredimensionados, todos ellos calculadamente victimizados, han sido expuestos a los ojos del mundo como paradigma de la represión masiva de la Stasi y la RDA. Mentira tras mentira y engañosas “verdades a medias” se han convertido en una gigantesca falsificación histórica. Porque ¿como obvian que el co-autor de Stasi Hell or Worker’s Paradise? John Green es un inglés que se marchó a vivir a la RDA al igual que muchos progresistas británicos que viajaron a la República Democrática Alemana y la mayoría regresaron a su país favorablemente impresionados del sistema político de la RDA?¿Cómo explicar que por cada tres fugados de la RDA, muchos de ellos embobados por el lujo capitalista o comprados a golpe de marcos por los servicios de inteligencia del Oeste, un alemán occidental ingresaba en la RDA para garantizarse unos derechos sociales (pensiones) que no existían en la RFA? ¿Es que acaso no hay o no hubo disidencia en el Oeste? ¿Y los refugiados chilenos de la dictadura pinochetista mencionados en otro capítulo? Pero da igual, les da exactamente lo mismo a los correveidiles del neoliberalismo y la socialdemocracia capitalista: sólo hay “StasiLand”, mientras que los crímenes, mentiras, abusos, el olvidado nazismo y los cadáveres de la RFA, la OTAN, Gladio y la CIA están oportunamente escondidos debajo de las alfombras de Berlín y Washington.

 

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No es de extrañar que para apuntalar el neoliberalismo del Nuevo des-orden mundial sigan insistiendo, después de veinticinco años, en su ridícula y agresiva campaña anticomunista sacando del desván de la guerra fría literatura de saldo para el “ignaro medio” occidental, para frenar el avance político de las opciones más antineoliberales y anti-imperialistas. De ahí que figure en los estantes de las librerías verdadera porquería ideológica ante la que Goebbels sería un aprendiz de primaria. La de Koehler, antes mencionada, basa sus fuentes en “los archivos de inteligencia de Estados Unidos y la Stasi, además de en extensas entrevistas con víctimas de la opresión política, ex oficiales de la Stasi, y funcionarios del gobierno de Alemania Occidental”. Todo un compendio de datos amañados, filtrados selectivamente, disidentes más o menos reales o voluntades y mercenarios, que supuestamente trabajaron para la Stasi, comprados, con el objetivo de deformar la opinión de un público dispuesto a consumir literatura fantasiosa y ser susceptible de creer a machamartillo las “verdades” de un halcón ultraderechista del Pentágono.

Pero resulta que la credibilidad del pájaro Koehler es ya de partida inexistente, puesto que en su curriculum figura que fue al mismo tiempo jefe de Associated Press (agencia periodística de desinformación creada por la CIA) en Berlín Oeste durante la Guerra Fría, director de comunicación de Ronald Reagan y además oficial de Inteligencia del Ejército de EE.UU. ¿Qué se puede esperar de lo que diga un fabulador de la peor especie en un libro saturado de invenciones fascistas, patrañas, propaganda anticomunista y parcialidad a partes iguales? Los vínculos de la prensa controlada y las agencias de espionaje occidentales siempre han resultado muy provechosos.

Según Koehler, que cita a otro estafador profesional y mentiroso patológico como el “cazanazis”, ya fallecido, Simon Wiesenthal: “la Stasi fue peor que la Gestapo y la KGB juntas”. Con este delirio conspiranoico Wiesenthal se retrataba como un hábil y trapacero orquestador de mentiras, además de un repugnante sionista. Más respeto que este personaje trilero me infunden los cazanazis alemanes Beate y Serge Klarsfeld, por cierto acusados de trabajar para la Stasi, a pesar de que son acérrimos defensores del Estado de Israel. A Koehler y Wiesenthal les traicionó el subconsciente y realmente lo que quisieron decir es que los suyos (el Mossad, la CIA y el estructuralmente nazi BND) eran peores que las SS y la Gestapo juntas que, por cierto, hay que reincidir siempre en ello, las cruces gamadas estaban hasta en los retretes de las oficinas de espionaje norteamericanas y europeas.

En fin, que la campaña militar anti-Stasi ha alcanzado también a personajes pintorescos como el historiador nazi David Irving, un payaso negacionista apuntado a última hora a la propaganda anti-RDA que se inventó que la Stasi daba apoyo a grupos neonazis en Alemania Federal en los años setenta y ochenta. El frente de guerra anti-Stasi se ha convertido, desde la “caída” del muro, en una religión que ha calado muy hondo en las mentes de muchos, por una simple razón goebbelsiana: repitiendo una mentira mil veces, en mil lugares diferentes, de forma continua y permanente a lo largo del tiempo, acaba convirtiéndose en una verdad absoluta, aunque sea la “verdad” más tramposa, falsa y embustera de la historia, pero al fin y al cabo es una “verdad” para una parte importante de una ciudadanía adormecida y lobotomizada por los medios de desinformación. A pesar de los pesares, y parafraseando a Erich Honecker, “la RDA no se construyó en vano”.

 

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