¿Quién imita a Hollywood?

Stephane Audran, en Hay que matar a B

Stephane Audran en Hay que matar a B, de José Luis Borau

Cuando a finales de los años sesenta, en los setenta y principios de los ochenta las producciones cinematográficas españolas oscilaban entre la casposidad imposible de Paco Martínez Soria, Pajares y Esteso, las astracanadas de Gracita Morales o José Luis López Vázquez, el humor paleto del landismo y los Ozores, el destape postfranquista o los homenajes a las cantarinas del momento (Rocío Dúrcal), algunos directores intentaron salirse del folclórico guión cazurro de Españolandia llevando a la gran pantalla algunos proyectos-imitaciones de los thrillers de acción que se hacían en aquélla época en los estudios de Hollywood. Que el resultado fuese productivo en términos de calidad es otro cantar. Pero es innegable que hubo un intento (en algunos casos muy digno) de darle un toque “americanizado” y proyección internacional a aquellas películas. Algunas veces fue un calco, tanto en el aspecto meramente argumental como de reparto (actores de cierta entidad procedentes de USA junto a algunos pocos españoles), aunque sin llegar (ni mucho menos) a disponer de los presupuestos astronómicos de los estudios norteamericanos, ni tampoco, en general, de los a veces imaginativos guiones de aquéllos. Lo cierto, es que no hubo precisamente muchos directores que intentasen dar algo de lustre y modernidad a un cine español que, salvo las joyas de Berlanga, empezaba a ser endémicamente costumbrista, con ribetes de fascismo paleofranquista, peineta y naftalina.

Antonio Isasi Isasmendi

Antonio Isasi Isasmendi

Uno de aquellos directores que se arriesgó a dar el salto hacia delante, el primero en la práctica, y de los más apañados, fue Antonio Isasi-Isasmendi, quien tiene en su haber no muchos títulos cinematográficos, algunos de ellos con el marchamo de superproducción “a la americana”. Quizás el más destacable sea Las Vegas 500 Millones (1968), cuya temática es ineludiblemente “yankee” cien por cien.  Isasmendi, logra facturar un aceptable cine de entretenimiento y acción, con el buen oficio que se presume de un artesano, sin llegar a tener el brio de otros directores más experimentados y consagrados en este tipo de cine que tan en boga estaba en el país del Tío Sam.  Para Las Vegas Isasmendi contó con una nómina de buenos actores (Lee J. Cobb, Jack Palance) y otros como Gary Lockwood (2001 una Odisea del Espacio) o  la irresistible rubiaca alemana Elke Sommer, ofreciendo todos un acabado más que interesante. Menos atrayente es, en mi opinión, Un Verano para matar (1972), película para la que Isasmendi se hizo con los servicios de nada menos que Karl Malden, además de Raf Vallone o la preciosa Olivia Hussey. Aquí el argumento, a pesar de estar dotado de cierto dinamismo en las escenas de acción,  es bastante inconexo y torpe, a veces atropellado.  Los exteriores, localizados en Nueva York, Roma y, sobre todo, Madrid no acaban de encontrar un hilo argumental común. Las secuencias casi al final de la película en la plaza de toros de las Ventas son entre cañís y surrealistas. El resto de actores olvidables, sobre todo Chris Mitchum, uno de los hijos del gran Robert Mitchum, al que se le asigna casi el papel principal pero que no da la talla ni tenía madera para ser un actor de mediana clase, salvo para poner carita de play-boy, mientras que Karl Malden, a pesar de su contrastada valía, nadie sabe que pintaba ni en Nueva York, ni en Madrid. Me ahorro contar, lógicamente, el absurdo final. Con todo, tampoco es para tirar al basurero. Se deja ver, sin más. Estambul 65 (1965), otra obra de Isasmendi con proyección internacional contó con el anodino Horst Bucholz y el detestable Klaus Kinski, no teniendo mayor interés.

Elke Sommer, en Las Vegas 500 Millones

Elke Sommer, en Las Vegas 500 Millones

Un director que hizo una sóla incursión en esta suerte de cosmopolitismo cinematográfico fue José Luis Borau, director de la apabullante Furtivos (1975), una de las mejores películas españolas de todos los tiempos. Pero un año antes Borau había realizado Hay que matar a B, una excelente pieza de intriga cuyo leit motiv argumental tomaba como referencia un imaginario país sudamericano. Y, de nuevo, un reparto multinacional en el que Borau contó con un plantel de actores norteamericanos y europeos quienes ofrecen un sorprendente (o no tanto) recital interpretativo: tanto por la parte americana, Darren McGavin inmenso, Patricia Neal y el veteranísimo Burgess Meredith, como por la europea, en concreto la bella actriz francesa Stephane Audran, que está igualmente sobresaliente. Borau logra dotar a esta película de una eficacia narrativa notable y una acertada intensidad romántica entre los dos principales protagonistas. En definitiva, un  “thriller” de poco presupuesto pero de una sobriedad formal digna de los mejores que se rodaron en el formato de serie B, que no es poco.

José Antonio de La Loma fue otro mañoso en el cine de acción que siempre miró de reojo hacia el imperio, aunque a mi entender está bastante por debajo de los anteriores (Isasmendi o el ocasional Borau), siendo, por otra parte, el más prolífico de todos. Más conocido por productos “quincalleros” de delincuentes como el Vaquilla o el Torete, De La Loma se asomó de lleno con bastante éxito al cine de suburbio, marginación, chabolismo y pandilleros irreformables (no necesariamente en clave de denuncia), como la saga Perros Callejeros (y también en su versión femenina, Perras Callejeras, una película bestialmente infumable). Pero lo más interesante de este director estuvo en alguna obra con sabor americano, en particular su Metralleta Stein (1975), donde no cuenta tanto con actores e ideas provenientes de fuera (salvo la presencia del actor norteamericano John Saxon) como reforzar más el carácter “español” de la trama y de los personajes, aún a sabiendas de que siempre sobrevuelan las hechuras de las producciones policíacas hollywodienses. No está nada mal el conjunto y además los actores son  creíbles, tanto el americano (que no era un superstar, pero defiende con solvencia su papel de líder sanguinario de una banda de atracadores españoles) como un atípico y brillante Paco Rabal haciendo de enérgico y veraz comisario de policía. Más voluntarioso, aunque cumpliendo como siempre, resulta Frank Braña (un habitual del spaghetti western -La Muerte Tenía un Precio-) así como los demás acompañantes. 

Karl Malden en Un Verano para matar

Karl Malden en Un Verano para matar

Del resto de la filmografía “internacional” de De La Loma Jugando con la muerte (1982) es una pretensión de “thriller” de altura que termina resultando un fiasco del que no se salva, aquí sí, un reparto internacional de cierto nivel (Max Von Sydow y George Peppard, entre otros), mientras que Goma-2 (1984) es una alucinante recreación de un ex miembro de ETA metido a camionero, dispuesto a buscarse la justicia por su mano para hacer frente a los desmanes de una banda organizada de agricultores franceses que se dedican a destrozar, y quemar, camiones españoles. Algo que era muy habitual, por cierto, en los años ochenta. Una versión del justiciero Charles Bronson pero en vez de utilizar un revólver,  el ex de la banda armada usará la especialidad expeditiva de la “casa”: goma 2, procedente de un zulo que un integrante de ETA le ha donado “generosamente”, en recuerdo por los “viejos tiempos”. La verdad es que no sabes como tomarte esta película, si a choteo o darle algún barniz de seriedad…porque nada es creíble en toda la historia contada por De La Loma, aunque aquélla estuviera insertada en un contexto de efervescente actualidad política (ETA y las revueltas de los agricultores franceses contra los camioneros españoles).

De La Loma contó para Goma-2 nuevamente con caras conocidas (aunque de tercera o cuarta línea) para hacer más “sólida” esta cosa: el mexicano Jorge Rivero hace lo que puede para meterse en el pellejo del vengador camionero vasco, exhibiendo músculo, apellido euskaldún y poco más. Willie Aames, más conocido por su participación en la exitosa e insufrible serie setentera Con Ocho Basta, aquí es que no pega ni con engrudo como cuñado del “terminator” vasco y menos que viva en una feria ambulante de caballitos y coches de choque. No sé, es como sacar a un jinete de un rodeo americano y ponerle a cantar sevillanas o el cara al Sol, por decir algo suave. Actor suena muy fuerte para definir al tal Aames. ¿Adivinan quien es la mujer de Rivero en la película?. Se trata de Ana Obregón. Sí, la barbie icónica de los posados veraniegos, ya en declive, hacía sus pinitos como actriz en los ochenta. Afortunadamente, es asesinada pronto en la película y tiene un final acorde con su repelente personaje: muere carbonizada, como dios manda, en un camión. Lo mejor que se puede decir de Richard Jaeckel es que no sabes a ciencia cierta que demonios hacía por allí el actor de Doce del Patíbulo. Aldo Sambrell va de sicario malo y es tan mal actor que corre la misma suerte que Anita, aunque la espera se hace demorar más de la cuenta. Si Margaux Hemingway, que no fue una buena ni fructífera actriz (mi recuerdo sobre ella es en la sensacionalista Lipstick -Lápiz de Labios-), está para encasillarle de miembro en activo de ETA que me lo expliquen porque no lo pillo. Fachada y apellido de abuelo ilustre, no más. Termino. Lee Van Cleef hace de abogado, chulo y matón, pero está más soso que una avellana después de navidad y se atisba de forma alarmante una decadencia irreversible. Rematadamente mala. De todas formas, hay que agradecerle a De La Loma que en un momento álgido de violencia política en este país, los años de plomo del terrorismo de Estado-GAL y ETA, sólo se ciñera a un “thriller” convencional, fallido, pero “thriller” a secas.

Este fue el cine de acción, o más exactamente una parte de él, que se hizo hace muchos años por estos pagos. Con sus múltiples defectos y algunas que otras virtudes. 

 

  1. plared

    También parcialmente de acuerdo. Y quizás no me explique bien, quería decir que la de Boreau, no estaba mal. Y ya se que no trata de casinos y demás parafernalia, simplemente ponía eso como ejemplo de lo que se solía hacer. Igual pues no anduve muy fino al explicarme.. Me refería básicamente a que utilizaban actores conocidos americanos de fiesta por Europa…..Y por lo general el argumento era ese

    En cuanto a Isasmendi La huida, no estaba nada mal, aunque es de finales de los cincuenta, no deja de ser,una buena muestra del cine negro. Y por esa época bastantes la acompañaban. aunque bien es verdad que en su mayoría rodadas en la región de Cataluña. Lo que se ha dado en llamar el cine negro catalán. Que no era para tirar cohetes, pero bastante digno y que se deja ver……..

    Luego fue degenerando la cosa……. Hasta el día de hoy, en el que prácticamente estoy separado de cualquier cosa patria, salvando alguna excepción………

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  2. plared

    Antonio Isasi-Isasmendi, particularmente me parece bastante malo y sus producciones que dan pena. Pero bueno, intentar copiar el estilo americano si que lo hizo, con resultados mas bien nefastos.

    Hay que matar a B, es otra cosa, sin perder ese aire a producción cutre no en vano es serie b de esas que producían como churros con algún actor americano en horas bajas de fiesta por Europa acompañado de cierta sofisticacion. Juego, casinos y coches que por aquí me da que no se veían mucho. Y por supuesto matones de pandereta y algún golpe casi perfecto planeado al milímetro….

    Pues quedo bastante potable, alejándose de la media de este tipo de aventuras, que podrían variar en el tema, pero básicamente se basaban en eso. De de la Loma i comento. Ese tipo sabia dirigir mas o menos lo que tu o yo. Quizás hasta menos. Aun así por esos misterios de la vida, realizo muchas peliculas, alguna hasta con presupuestos mas que decentes.

    En cuanto alo que dices, el cien español siempre ha intentado copiar del americano. Incluso ahora, cuando las voces defendiendo el patrio se alzan, sigue haciendo lo mismo sin ningún rubor. A la vez que se critica el americano, se fusila sin miramientos. Eso si, en versión cutre, pero cutre de verdad.

    Aquí prácticamente solo brillamos en dramas de altura y cuando son censurados. Sera que eso nos estimula,, tipo furtivos. O cuando nos dedicamos al esperpento patrio, tipo berlanga. Es lo que hay y dudo que cambie después de tanto tiempo. Cuidate

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    • uraniaenberlin

      No voy a decir que tu apreciación es exagerada….pero tampoco creo que es para destrozar el global de las películas de esos directores (aunque a De la Loma….había que eslomarle…porque tiene cada castaña que válgame; a estas alturas el global de sus películas constituyen un cine viejísimo que no podría ocupar videoteca alguna). No es un cine, el que he mencionado, para paladear como obras maestras, eso está claro, sino para ponerle en su justo contexto histórico. Entre la porquería infame que se estilaba en España en aquella época al menos esos directores tuvieron algo de audacia para plantear otras propuestas, muy limitadas, pero fuera del circuito de las “ozoradas” y otras hierbas. Si me dan a elegir Almodóvar o Isasi…ni lo dudo, en favor del segundo.

      Respecto de Hay que matar a B, tengo que decirte que no es una historia de casinos y juego (esa es Las Vegas 500 millones)…sino más bien un retrato amargo de tintes pesimistas y de perdedores y..sinceramente no tiene nada de cutre. Todo lo contrario.

      ¿Cómo ha evolucionado el cine español de entonces hasta ahora, si miramos solamente este tipo de cine -el de acción-? Más medios técnicos y de dinero para hacer cosas que igualmente siguen buscando en los patrones que marca el cine norteamericano, incluidos todos sus defectos, efectos y lacras (si antes se abusaba del zoom, ahora parecen videojuegos con movimientos de cámara mareantes y a golpe de videoclip, con la maldita steady-cam al hombro). Por tanto, parcialmente de acuerdo contigo

      Un saludo

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