El Asesino Anda Suelto: bagatela de perra gorda en los cincuenta

Budd Boetticher fue, en los años cincuenta, un especialista en rodar western de bajo presupuesto, para los que contó varias veces con su actor fetiche, el veterano y acartonado Randolph Scott, un imitador de John Wayne pero sin llegar al carisma del vaquero de Ford. En 1956, Boetticher decidió cambiar de registro y meterse en el género policíaco negro con un torpe y olvidable thriller llamado El Asesino Anda Suelto (The Killer is Loose). La verdad es que, se mire como se mire, no he podido sacar nada de masa cinematográfica a este film, cuya virtud más destacable es tener un título llamativo que oculta infinidad de lagunas narrativas y no responde, ni de lejos, a lo que uno esperaba de un drama policíaco donde suelen entrar en juego personalidades conflictivas, sociópatas peligrosos o mujeres  desesperadas.  Se nota que el artesano Boetticher no estaba en su medio natural y la cinta naufraga por todas partes. La historia da la sensación de ser más teatral (en origen era así) que cinematográfica, resultando una película sorprendentemente mala, a pesar de que la historia prometía una trama más que interesante. Pero desde el primer momento las cosas no funcionan y el trazado argumental no puede ser más previsible. La película está aquejada de una alarmante falta talento en la dirección, no vislumbrándose, tampoco, realismo compositivo alguno en los actores. 

Joseph Cotten y Rhonda Fleming

Había material, creo yo, para hacer algo más que un producto de un acabado fílmico tan pobretón y que de alguna manera trata de reinventar artificiosamente el género “noir”. Pero a este “Asesino” le falta precisamente ese componente reflexivo y pesimista de los “thrillers” oscuros americanos de la posguerra. Sus elementos sombríos, su irónica acidez, el fuego interior (y exterior) de sus femmes fatales o el inteligente moldeado psicológico de sus personajes más inicuos (gangsters, policías corruptos y otros esmerados rufianes), los cuales dotaban de una inusitada autenticidad aquel oclusivo submundo de impávida sordidez. Aquí, en cambio, Boetticher se las ha ingeniado para ofrecer una paupérrima imitación de aquél cine, tanto es así que a uno le han dado buenas ganas de salir pitando del sofá durante algunos momentos de la proyección .

Budd Boetticher

Se podía esperar, como contrapartida, algo más de tensión en el capítulo actores, pero como he dicho más arriba también naufragan en una película donde hay vías de agua por todas partes. Se contó con un actor de renombre (y garantía), el gran Joseph Cotten (El Tercer Hombre, Ciudadano Kane) para el papel del detective Sam Wagner, pero Cotten no da a su personaje la necesaria hondura; está cogido por los pelos y con pinzas de plastilina. Ni él mismo se cree al prosaico y rutinario policía Wagner, persiguiendo a un aborrecible (y no sólo por su caracterización como el “malo” de la peli) Wendell Corey, que interpreta al vengativo Leon “Foggy” Poole,  un tipo que da tanta grima que sólo piensas a ver cuando le dan matarile con la mayor de las urgencias. Está lejísimos de otros “malvados” que actuaron en películas con formato de serie B, donde incluso algún director hacía una utilización subversiva, solapada, de buscar cierta empatía del villano con el espectador (por ejemplo, en la intensa He Walked by Night, de Anthony Mann, director que no figuraba en los títulos de crédito pero que fue, por así decir, su  autor “intelectual” y material). La pulcra pero sosa Rhonda Fleming, la mujer del detective Wagner, hace de perseguida por el tontalán Poole, pero la verdad es que luce poquito y su presencia no termina de levantar la película. Ni siquiera la fotografía de Lucien Ballard aporta algo positivo, que no sea subrayar la mediocridad y pesadez de este film. Olvidando, que es gerundio.

    • uraniaenberlin

      De Boetticher mejor quédate con sus western y, si acaso, un thriller “negro” más afortunado que este: La Ley del Hampa de 1960. Pero siempre queda la opción de ver esta curiosidad desde otra óptica más complaciente e igual encuentras virtudes que yo no he visto.

      Saludos y hasta la siguiente. Cuídate.

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