Los canallas de Valencia

Escribo (a vuelapluma) esta entrada entre indignado (pero de verdad de la buena, no como ese movimiento light tan en boga que está en la mente de todos) y estupefacto ante otra nueva exhibición de brutalidad y saña policial contra unos estudiantes (menores de edad en su mayoría) y profesores, que se han limitado a reivindicar uno de los derechos más elementales que existe en esto que llamamos democracia, como es el de ejercer la protesta o, en su caso, la huelga, principios consagrados en la “Iluminada” Constitución monárquica. Ha ocurrido en la Comunidad Valenciana, bastión de la corrupción, la delincuencia política y el entronizamiento del fascismo más emergente, tanto a través del caudillismo político de esa camorra valenciana “ppopular”, como de sus sucursales de extrema derecha y, visto lo visto (aunque no debería extrañarnos) de sus fuerzas policiales. Aún recuerdo la sangría que hizo la guardia pretoriana de la alcaldesa y los nacionales (de Franco, mediante) en el barrio del Cabanyal.

 

El nivel de violencia policial exhibido hoy y ayer en Valencia creo que no tiene precedentes en Europa, ni siquiera me atrevería a decir que en Grecia, donde el pueblo griego ha reventado las calles a golpe de barricadas y cócteles molotov en los últimos meses. A tanto han llegado estos “servidores del Estado”, que incluso han puesto el grito en el cielo asociaciones como Jueces para la Democracia y unos oportunistas y mendaces “socialistas” (ellos, que repartieron vandalismo policial en Madrid al gusto de Rubalcaba). Las espurias justificaciones para dar pábulo a la cobardía y espiral de violencia enfermiza de sus gorilas de placa (escondida) y uniforme, por parte de la Delegada represiva del Gobierno en Valencia y de un semianalfabeto jefe de policía llamando nada menos, éste último, que “enemigos” a un puñado de estudiantes (en un alarde de pestilente lenguaje cuartelero-franquista), nos indica por donde transita esta degradante democracia de los banqueros y chulos empresarios, de la manipulación mediática, del terrorismo policial. 

 

Empieza a tomar cuerpo una creciente idea de que se está fraguando una criminalización de las protestas en la calle y la orden es despejarla como lo hacía el potable asesino Fraga durante la “transición”, es decir, a garrotazo limpio, caiga quien caiga. Y, quizás, a tiros si las cosas se tuercen para el sistema y la guerrilla urbana empieza a tomar una  necesaria entidad. Porque el pacifismo es una cosa que queda estupenda en el papel mojado de los libros de historia, para eruditos de sainete y burgueses desclasados (hoy he retomado a los clásicos marxistas..se nota ¿no?). Pero lo cierto es que los cambios políticos y sociales con enjundia vienen de la mano de las rebeliones populares activas. Porque esto ya está pasando de castaño oscuro. Los empresarios se mean (y ríen) en nuestra cara, el gobierno de turno se ofrece como bufones de aquéllos y el ciudadano parece ser que tiene que seguir aguantando estoica y espartanamente, como gilipollas perdidos, como le apalean vivo en la calle; prohibido salir, quédense en casita o de compras al Corte inglés. Parece ser que que en la purulenta España de corruptos a izquierda y derecha, como decía Alfonso Sastre “´sólo vale la voz de los legalmente privilegiados”. Y, siguiendo a este enorme autor teatral, vale la pena aportar la extraordinaria lucidez de sus palabras: “La producción consciente de terror sólo se realiza desde el Estado […] Los pobres, los explotados son terribles. Causan pavor con sólo aparecer a la puerta de una fiesta. Más terror producen si levantan su puño amenazador. Espanto si ponen una bomba, el arma de los pobres, como dijo Sartre”. En fin, una declaración de principios revolucionaria en toda regla, demasiado bolchevique para mi gusto, dirían algunos. Sastre incide, además, en una tesis medular que muchos compartimos: “una cosa son las palabas, los discursos parlamentarios y otra muy distinta los hechos y la producción de desigualdad material y continua y el exterminio físico o moral de las voces disidentes”.

 

Resumiendo, en la penúltima entrada ya lo afirmé con meridiana claridad, nos van a apretar las clavijas y recortar la cabeza… y si pueden nos ahogarán, pero muchos ya empiezan a estar hartos de estos miserables fascistas y sus lacayos de uniforme. Si nos pisotean de esta manera, si siguen vulnerando nuestros derechos, es un deber moral salir y batallar, combatir, vencer o morir. 

    • Ander

      Pues no, me niego a aceptarlo. No nos resignemos; ¡hagamos algo!
      Aunque la verdad, no sé el qué. Sólo sé que no debemos quedarnos quietos viendo pasar (y sufrir) una larga (ni siquiera mediana ni corta) represión.

      Me gusta

  1. Sergio

    Viendo el abuso y violencia que ejerce la policía contra gente indefensa y sólo por protestar me hace GRITAR MÁS ALTO. Cuanto más se pasen, MÁS NOS PASAREMOS NOSOTROS, y nos avala una causa justa y digna.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s