Nacido para matar: cine negro realizado con oficio

En los años cuarenta, el cine negro de Hollywood tuvo una serie de obras indiscutidas que impartieron magisterio en dicha causa (Forajidos, El Halcón Maltés, El Sueño Eterno, La Ciudad Desnuda, La Dama desconocida, Callejón sin salida…etc). En la siguiente década el género empezó a declinar, aunque todavía se hicieron algunos modélicos “thrillers” de excelente factura. Me vienen a la memoria películas como Los Sobornados, de Fritz Lang, brutal retrato, sórdido, de las cloacas políticas, los gángsters y otros que actuaban al margen de la legalidad,  El Cuarto Hombre, de Phil Karlsson (a pesar de un insípido y poco estimulante John Payne  -no confundir con John Wayne-) o esa Brigada 21 de William Wyler, brillante análisis psicológico de las turbulentas relaciones entre policías y lumpen, con unos lustrosos Kirk Douglas y Eleanor Parker.


Robert Wise, autor de esta buena obra de cine negro del año 1947 (en inglés, Born to kill), hizo otros eficientes trabajos realizando incursiones en varios géneros, decayendo un tanto al final de su carrera, pero con dignidad. Algunas películas suyas como la oscarizada, cursilona y ñoña Sonrisas y Lágrimas me produjo arcadas, mientras que sus primeras obras me dejaron buen sabor de boca como, por ejemplo, El Ladrón de Cadáveres (Boris Karloff, como siempre espléndido) o Nadie puede vencerme (con el sensacional Robert Ryan). Otras intermedias, como la espléndida Marcado por el Odio o el rutilante musical West Side Story se sitúan entre lo mejor del director norteamericano.


La planificación de la intriga en Nacido para Matar es convincente desde el primer recorrido delictivo de la trama, su desarrollo, así como en su fase conclusiva. La película está bien estructurada en cuanto a puesta en escena, la narración está resuelta con habilidad y el enfoque dramático es el adecuado. Por otra parte, la naturaleza psicológica de los personajes (de perfiles simétricos) y las relaciones entre ellos, en las que se ocultan la naturaleza de sus propósitos bajo una envoltura de mentiras y falsas apariencias, se articulan lógicamente.

Sin embargo, si hablamos del reparto, esto ya es harina de otro costal. Al menos en lo que respecta al actor principal, Lawrence Tierney (nada que ver con la diosa olímpica Gene Tierney),  que va de tipo duro y psicópata, pero que fue un actor, en mi opinión, escasamente carismático y bastante limitado, por lo que la película se resiente en este aspecto. Nada idóneo para encarnar al personaje principal, salvo para poner cara almidonada, hierática y poco más. La actriz Claire Trevor está algo mejor aunque tampoco brilla en exceso, mientras que el gran Walter Slezak (al igual que en su papel de la película Venganza, de Edward Dimytryk) es lo más sobresaliente del film, junto a Elisha Cook Jr. un secundario  que hizo papeles de villano un tanto pintoresco (por su apariencia física escuchimizada). Con la salvedad antes señalada, este Nacido para Matar es cine negro realizado con muy buen oficio.

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